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sábado, 25 de octubre de 2025

Las parejas hablan más con ChatGPT que entre ellos: 6 formas de reordenar la comunicación en familia

 «Una buena pareja no se encuentra, se construye… Y es difícil hablando 37 minutos a la semana»

Algunos estudios reportan menos de una hora a la semana de comunicación en pareja, mientras que solo una

Algunos estudios reportan menos de una hora a la semana de comunicación en pareja, mientras que solo una "sesión" en ChatGPT puede abarcar 13 minutos.

En un reciente artículo, el sacerdote Thomas G. Morrow, alertaba de que un matrimonio promedio dedica la cifra -asombrosamente baja- de entre 27 y 37 minutos semanales a hablar entre ellos. Otros comentaristas de medios especializados como Focus on the Family reportan investigaciones que afirman que la pareja promedio dedica menos de cuatro minutos al día a una conversación “significativa”.

Este último dato no solo coincide con los datos de Morrow, sacerdote con un doctorado por el Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia: De ser ciertos ambos, arrojan una realidad preocupante para el matrimonio, y es que cada uno de los cónyuges pasaría más tiempo hablando con ChatGPT que con su propio compañero de vida: según una estadística sobre el uso de esta inteligencia artificial difundida este 2025, una “sesión” promedio de ChatGPT dura unos 13 minutos, y son en torno a 800 millones de usuarios activos que lo usan cada semana.

Resumiendo: si los datos no están sujetos a equívoco, la cifra nada descabellada de dos o tres “sesiones” de ChatGPT por semana ya es más tiempo del que muchos dedican a hablar con su marido o mujer cada semana.

Para el sacerdote, la conclusión también es evidente si como matrimonio se desea eludir las crisis, alejamientos o malentendidos: “No encuentras una buena pareja, la construyes”. Y buena parte de ese trabajo, es con una charla de por medio, pero desde luego es difícil lograrlo hablando 37 minutos por semana. 

John Gottam, psicólogo estadounidense, profesor emérito de psicología de la Universidad de Washington, experto e investigador de la predicción del divorcio, la estabilidad matrimonial y la terapia de pareja, ofrece una nueva forma de reorganizar la relación de los esposos en seis sencillos y concretos pasos que permiten elevar a seis las horas de comunicación semanales. Así o desglosa:

1º Al menos los buenos días antes de irse…

“Dos minutos cada día laboral, antes de despedirse, para contarse mutuamente cómo será el día. (10 minutos por semana laboral)”.

2º Y saludar al volver

El especialista habla de, al menos, 20 minutos al día para reunirse al final de la jornada laboral. “Recomiendo un abrazo de al menos cinco segundos. Los abrazos son una gran muestra de solidaridad e intimidad”, indica Gottam, que no alcanza las dos horas semanales entre lunes y viernes.

3º Demostrar admiración o aprecio.

Lo que puede hacerse siguiendo sencillos ejemplos como: "Muchísimas gracias por lavar los platos anoche cuando estaba tan cansado" o "Admiro tu honestidad" (35 minutos a la semana).

4º Un abrazo antes de dormir

El especialista recomienda dedicar cinco minutos para un abrazo antes de dormir, algo a su juicio “importantísimo” como muestra de cariño que también debe ser verbal e ir acompañado de comentarios como “mi gran esposo”, “mi maravillosa mujer” o similares.

5º El gran momento: dos horas semanales para una cita

“Podría ser en casa, en el sofá, con una botella de vino y una vela encendida, salir a dar un paseo, o a un restaurante a comer o cenar, pero hacerlo como mínimo cada 15 días.

“Recuerda tu noviazgo. ¿No fue genial prepararte y salir con tu pareja, solos? Sé que a veces el esposo dirá: "No necesitamos eso. Vivimos juntos". Pero prácticamente todos los consejeros matrimoniales dicen: "¡Sí lo necesitas!". Cuando una pareja está de novios, tenemos que rogarles que salgan menos. Cuando están casados, ¡tenemos que pedirles que salgan más!”, agrega Gottam.

6º Chequeo rutinario, al menos una hora a la semana

En último lugar, aconseja invertir en tiempo para construir intimidad y resolver conflictos en un ambiente relajado. Por ejemplo, "Siento haberte gritado el miércoles", "Muchas gracias por ponerle gasolina a mi coche", "Me sentí triste cuando mi madre fue grosera contigo" o "¿Hay algo que pueda hacer esta semana para que te sientas mejor?".

“Si tu pareja dice algo que no te gusta o con lo que no estás de acuerdo, no es momento de discutir. Podrías decir: "Creo que sabes cómo me siento al respecto" o "Sabes que creo que deberíamos llevar al niño a terapia, pero si no quieres, te seguiré la corriente", menciona Gottam, que concluye: “Es bastante difícil hacer eso [encontrar una buena pareja] si solo dedicas 37 minutos a la semana a comunicarte”, finaliza. 

José María Carrera Hurtado, ReL

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viernes, 3 de mayo de 2024

Ante la crisis en el matrimonio, el amor es la mejor opción

Casal ao por do sol

A pesar de lo mucho que ayudan las terapias a los matrimonios averiados por los conflictos, el ingrediente principal
sigue siendo el amor

El recurso más importante que tenemos para una genuina rehabilitación en un matrimonio es el amor que los llevó al compromiso inicial. Ciertamente, los distintos modelos de terapia psicológica, con su gran diversidad de efectivas herramientas, son útiles para ayudar a resolver los problemas emocionales, de comunicación o de fenómenos internos aún no resueltos.

Causa de las terapias de pareja

therapy of couple

En las terapias de pareja, se busca reencontrarse con el amor. Sin embargo cuando ya no hay amor por parte de ambos queda muy poco por hacer, porque el ingrediente principal se ha terminado de alguna manera.

Aunque se puede hacer renacer por ambos, eso va a implicar un esfuerzo muy grande y recursos terapéuticos muy especiales, que muchas parejas no están dispuestas a trabajar.

En cambio, si ambos declaran que sigue habiendo amor entre ellos, a pesar de que digan que ha escaseado o que queda muy poco, en realidad sigue vivo ese amor y como bien dice la sabiduría popular: “donde hubo fuego y brasas quedan, un soplido y vuelve a encender”. Con amor todo resulta mucho más fácil, incluso para el terapeuta. 

Sin el amor se complican mucho las cosas, a pesar de las buenas técnicas psicoterapéuticas. Porque a pesar de tantos avances el amor es insustituible. Pues es cierto que una pareja puede dejar las peleas a un lado, bajar su resentimiento o -por simple conveniencia- aprender a tolerarse y a convivir pacíficamente entre ellos, ya sin el afecto y las atenciones que brinda el verdadero amor.

Preguntas importantes

Sí, es cierto que las terapias ayudan de cualquier forma, eso es innegable y por ello es un recurso que hay que buscar. Pero lo más importante de todo, es preguntarnos y ¿Qué ha pasado con mi amor? ¿Dónde ha quedado? ¿Qué ha sucedido en mi corazón para dejar de amar?

Y la respuesta ya no suele estar en el territorio psicológico, ni en el ego. Sino en la consciencia espiritual que se tiene, en la visión de la vida que estamos teniendo.

En la incapacidad de superar el sufrimiento o el dolor, o quizás hasta de no poder perdonar y comprender los errores que hemos cometido los dos.

Amarme para amar al otro

couple

La falta de amor a uno mismo, hace que perdamos la visión del otro, y nos centramos tanto en el papel de lo que me han hecho, de ser la víctima de las infidelidades o atropellos de la pareja, que no hay manera de romper con los sentimientos de enojo tristeza o miedo y la única solución es alejarse del monstruo en que se ha convertido el ser que antes tanto se amaba.

Culpamos a la pareja de lo que nos sucede, nos culpamos en exceso también a nosotros mismos y olvidamos que el amor a los demás parte del amor a uno mismo. Por ahí, debemos de empezar. A perdonarnos a nosotros mismos, a superar la culpa que venimos arrastrando y no acusar a la pareja de lo que me pasa a mí misma por la falta de amor que ahora me tengo.

Un amor que viene de Dios

Así que un remedio infalible es recurrir de nuevo a la fuente misma del amor, y fortalecer nuestra vida interior y relación con la pareja, con el verdadero amor de Dios que si nos va a permitir vencer nuestro ego, nuestro dolor y sufrimiento y recuperar la alegría de la vida conyugal y el gozo de la familia.

Sin dejar de apoyarnos en los recursos terapéuticos, si así lo deseamos, pero no te olvides de orar y dejar que humildemente que  Dios restaure el amor.


Guillermo Dellamary, Aleteia

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jueves, 14 de julio de 2022

¡Reconectar con tu pareja puede ser una aventura! Aunque, tal vez, no como la imaginas


 

— Mi novia me quiere dejar, dice que estoy todo el día pensando en fútbol…

—¿Y hace mucho tiempo que están juntos?

— Dos Libertadores y un torneo corto.

Si los hombres pusiéramos para nuestras relaciones el mismo empeño que ponemos para el fútbol, yo creo que habría muchísimos menos divorcios. Porque los hombres somos extraordinariamente creativos para seguir al club de nuestros amores y para alentar a la selección de nuestro país. Pero, para el amor romántico… Bueno, más o menos poco. Muchas veces, no tenemos tiempo para «el amor» y nuestras relaciones caen en la rutina, en el desgaste propio de la vida en común. Y se va apagando eso que hemos dado en llamar «la llama del amor».

Y no es que las mujeres sean ajenas tampoco a esta realidad. Cuando las esposas se convierten en mamás, su marido pasa a segundo o tercer plano, porque (naturalmente) los niños la mantienen ocupada en forma exclusiva durante todo el día y parte de la noche. Entonces, lógicamente, las mujeres terminan exhaustas. Tampoco les queda tiempo para «el amor» y sus relaciones caen en la rutina, en el desgaste propio de la vida en común. Y se va apagando eso que hemos dado en llamar «la llama del amor».

Una iniciativa para «romper la rutina»

Mantener encendida «la llama del amor» parece ser una obsesión del mundo moderno. Y para ello, esta campaña de «The Adventure Challenge»un manual de citas para parejas, amigos, para la intimidad conyugal, etc, parece ser la herramienta ideal. Un manual (o agenda) que incluye 50 ideas de citas «románticas» para parejas o esposos. O 50 ideas de citas «divertidas» para grupos de amigos, con el fin de fortalecer los vínculos, además de una cámara tipo Polaroid para registrar los momentos y agregarlos a la «agenda» de citas. De esta forma, se guarda un un registro de todo lo que se hizo. Es algo que parece extraordinariamente atractivo.

Yo, como futuro licenciado en Ciencias de la Familia, debería estar saltando en una pata festejando semejante iniciativa, ¿verdad? Pues sí… pero no. ¡Que conste en actas que soy una persona bien romántica! Que 25 años después de conocer a quien hoy es mi esposa, le sigo regalando flores en San Valentín y fiestas de guardar (y espontáneamente cualquier día no reglamentario), que me gusta organizar citas románticas y sigo queriendo inventar cosas divertidas y creativas para que hagamos juntos.

Pero mira primero el video de la campaña, luego seguimos charlando sobre esta «llama del amor»

El amor romántico es bueno… en ciertas dosis

Una vez dicho eso, me gustaría explicarte por qué estas iniciativas – que son geniales en cuanto a mantener viva la llama del amor – tienen una cierta dificultad en cuanto a la realidad conyugal. Mi punto de vista es que el llamado «amor romántico» que este tipo de iniciativas fomentan y las películas de Hollywood nos repiten hasta el cansancio, hacen creer que lo principal dentro de una relación es esa «chispa», esa «llama del amor». Si bien coincido que es un ingrediente importante, el amor romántico no tiene que ocupar un lugar primordial dentro de la relación.

Me explico por qué. El romanticismo dentro de la relación es importante. Somos seres bio-psico-espirituales con un componente emocional importantísimo, que no hay que menospreciar… ni aumentar demasiado. ¿Qué significa esto? Que cuando voy a hacer una tarta, el azúcar es un ingrediente importantísimo, pero no el único ni el más importante.

Es importante en relación con los demás: la harina que le dará la estructura, la levadura o el polvo de hornear que le darán esponjosidad, el huevo y la leche que le darán ligazón, la vainilla o la naranja que le darán el perfume, y el azúcar, que le dará la dulzura, sin duda.

Extrapolando a la vida matrimonial, yo puedo ser romantiquísimo. Puedo ser un Cyrano de Bergerac para con mi esposa, pero si dejo todo desordenado, si ella tiene que estar detrás mío limpiando los desastres que hago para ser romántico, ella va a terminar pidiendo menos romanticismo y más limpieza.

Entonces, ¿cuáles son esos elementos que le dan estructura, ternura, ligazón, perfume y dulzura a la vida conyugal?

El diálogo conyugal

Las cuatro dimensiones del diálogo conyugal pueden ser esos elementos. El diálogo conyugal, para que sea fructífero y nos haga crecer en la santidad conyugal tiene que tener al menos estos cuatro «ingredientes, estas cuatro dimensiones.

Diálogo de comunicación: es el diálogo que establecemos para llevar adelante nuestra vida en común. Es el diálogo más frecuente y el más necesario. Nos ayuda a «ponernos al día» con el otro, y saber en qué anda, qué necesita, cuáles son sus miedos e inquietudes. Necesitamos este diálogo, no menos de 15 minutos por día. Y en un horario donde los niños (o las tareas del hogar) no nos interrumpan, para que sea efectivo. Un café sentados después de cenar o una «escapadita» a nuestra habitación harán este diálogo posible. Este diálogo nos dará estructura y ayudará a cimentar nuestra alianza.

Diálogo espiritual: comienza con el diálogo sacramental, fuente de toda Gracia. Pero no se detiene allí. Incluye las oraciones que hacemos en familia, por supuesto, y todos nuestros ámbitos de piedad. Pero también debe ser un diálogo profundo, un diálogo en el que podamos expresar nuestros ideales e ilusiones como personas y como matrimonio. Y ponerlos en las manos de la Sagrada Familia para que puedan fructificar. Es el diálogo que nos hace salir de nosotros mismos e intercambiar corazones con nuestro cónyuge, para que demos fruto y ese fruto sea abundante. Este diálogo aportará el perfume, la esencia de nuestro matrimonio.

Diálogo físico: el diálogo que hace al matrimonio ser matrimonio. Es el diálogo en el que realmente nos convertimos en «una sola carne», en el que nuestra fisiología nos hace uno en cuerpo, pero también en alma. De estos actos de amor surgen nuestros hijos y tiene que estar por esa causa siempre centrado en el amor: «yo me entrego a tí para que tú me disfrutes» y no «yo te tomo a tí para mi propio disfrute». De ese modo, sabiendo que es un acto de amor y de entrega, nuestros hijos se sentirán amados desde el primer momento. Este diálogo le dará ligazón a nuestra relación.

Diálogo afectivo: es el diálogo que hace sentir amado al otro. Es el diálogo por el que demuestro afecto. Este diálogo afectivo será el que me permitirá demostrarle al otro mi amor, mi cariño, mi ternura, mediante gestos, actos, regalos, caricias, etc. Y aquí tenemos al azúcar.

Amor y romanticismo, en dosis exactas

 ¿Y cuánta azúcar? Bueno ahí es donde considero que entra la libertad individual y el gusto particular de cada pareja. Si cada persona es un mundo, cada pareja es un universo. Querer poner una «talla única» para cómo estas quieran «vestirse» es precisamente el problema de estas «agendas».

¡No se puede hacer una receta que cuadre a todos! Y, una vez que se acaban las recetas que nos gustaron, ¿cómo hacemos para seguir manteniendo «viva la llama del amor»? ¿Vamos a estar constantemente inventando actividades románticas y divertidas hasta que nos caigamos exhaustos?

Todos comprendemos que si alguien está en una relación por el físico del otro, estamos en una relación egoísta, que usa al otro para el propio placer. ¿Y si estamos sólo por las emociones? ¿No sería también usar al otro para «sentirme bien»?

El problema es que en nuestras relaciones no son todo magia. Más allá de esa «llama del amor», también hay cotidianeidad, también hay rutina, también hay crisis, también hay dificultades, también hay pruebas y también podemos estar mal. Si basamos nuestras relaciones solamente en sensaciones de bienestar, podemos caer en una relación inmadura y que a la primera dificultad quede destruída.

¡Pero tampoco quiero que creas que estoy en contra de estas iniciativas! Soy consciente que dos años de matrimonio digieren hasta la última de las mariposas del estómago y que la dulzura nos tiene que acompañar en nuestro matrimonio.

Por eso es que considero que es importante mantener la llama del diálogo (en sus cuatro dimensiones) encendida, que incluye, pero no en forma exclusiva la dimensión afectivo-sentimental. El romanticismo, los sentimientos son un condimento importante, por supuesto, pero nunca deben ser el ingrediente principal de nuestras relaciones. Una relación basada en los sentimientos corre el peligro de que, cuando los sentimientos desaparezcan, la relación vuele por los aires.

¿Cuál es la dosis exacta de dulzura? ¡Pues la que cada pareja determine! De acuerdo a sus necesidades, de acuerdo a su idiosincrasia, de acuerdo a su estado vital. Por ejemplo, pueden poner dos «citas románticas» por mes, si ven que eso es lo que les gusta, y que cada cita sea una invención del otro para sorprender y estimular la novedad. (Si es que es eso lo que les gusta, naturalmente, hay parejas a las que les gusta la planificación y la expectativa a partir de programas conocidos, naturalmente)

No descuidar los otros diálogos

Para que este diálogo afectivo nos dé toda su dulzura, tendremos que tener atención en los otros diálogos, que nos van a dar estructura, ligazón y perfume. Descuidar cualquiera de los diálogos en detrimento de los otros hará que el matrimonio se hipertrofie en alguna dimensión.

Por ejemplo, un matrimonio donde haya sólo diálogo de comunicación, será un matrimonio parecido a una empresa. Se manejarán con soltura los temas cotidianos, pero que carecerá de otras dimensiones. Un matrimonio que se centre sólo en el diálogo físico será un matrimonio en el que (casi sin duda) se comience a usar al otro para el disfrute físico y carecerá de estructura y de dulzura.

Un matrimonio que se dedique sólo al diálogo espiritual, puede ser que crezca en virtudes… durante un tiempo. San Pablo lo dice claramente: «No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo y por algún tiempo, a fin de poder dedicarse con más intensidad a la oración; después vuelvan a vivir como antes, para que Satanás no se aproveche de la incontinencia de ustedes y los tiente» (I Corintios 7,5).

Consecuentemente, un matrimonio que se dedique sólo al romanticismo, va a caer, tarde o temprano, en el aburrimiento. Si hacemos del romanticismo un mandato y nos quedamos con la obligación de ser románticos, es muy probable que hasta esos momentos mágicos se conviertan en rutina. Ya no le encontremos gracia a una salida a cenar a la luz de las velas.

Si los otros diálogos no están allí, no vamos a tener de qué hablar, ni vamos a tener sueños o proyectos compartidos. No vamos a tener la tensión sexual que nos hace interesarnos en el otro y amarlo en cuerpo y alma, ni vamos a tener una visión espiritual de qué aferrarnos en nuestras dificultades. ¿Para qué serviría una cena a la luz de las velas en una pareja que le falten todas esas dimensiones? ¡Para nada!

No caer en la rutina ni en el sentimentalismo

Entonces, si bien no me opongo a estas iniciativas que buscan revitalizar a aquellas relaciones que han caído en la rutina y que han perdido la motivación de estar juntos, tampoco creo que sea adecuado fomentar de tal modo el amor romántico que nos haga caer en el sentimentalismo propio de esta época.

Casi todas las películas románticas de Hollywood terminan en la boda. Y no se ocupan de la cotidianeidad de la vida conyugal, que es lo que hace la mayor parte de la vida conyugal. Querer revivir el «enamoramiento» – tal como lo conocemos – previo a casarnos, nos hace correr el riesgo de basar nuestro compromiso sólo en las sensaciones placenteras que nos provoca el romance.

Y esa «novedad», esa sensación placentera es muy difícil de mantener en el tiempo, porque al convivir nos volvemos… ¿cómo lo diría? El romanticismo propio de Hollywood lo llamaría «predecibles y aburridos», pero yo lo llamaría «estables y confiables». Hay un abismo de diferencia entre ambos puntos de vista.

Si somos conscientes de esta diferenciación, si tenemos un diálogo conyugal fluido que abarque toda la realidad conyugal, entonces sí ¡por supuesto, bienvenidas estas «agendas románticas»!
























sábado, 31 de octubre de 2020

Pareja: No podemos cambiar al otro pero sí iluminar su vida

 BIKE


Los nuevos desafíos a los que nos enfrenta el amor de pareja

Cuando uno entra en una relación lo hace con ciertos talentos o hábitos incorporados que si son buenos, al compartirlos con el otro se convierten en una fuerza amorosa que motivan a la acción y al crecimiento.

Por ejemplo, si uno de los dos tiene más facilidad para hacer ejercicio con una rutina establecida que ha practicado por años eso puede convertirse en un impulso positivo para que el otro se sienta motivado por sus bondades a considerar adquirir este tipo de hábitos que le ayuden a buscar una mayor calidad de vida en la dimensión física.

Del mismo modo, uno podría acercarse a una iglesia aun cuando su dimensión espiritual no esté muy desarrollada si su compañero tiene una vida de fe más activa o comience, aunque sea algo que le cueste, a “amigarse” con la idea de la confrontación en la comunicación si para el otro es normal ser directo con las palabras.

Queriéndolo o no vamos tomando del otro aspectos que nos complementan y que nos empujan a hacer posible una vida compartida, pero proponerse madurar ese amor de modo consciente para que llegue a su máximo potencial y sea revelado totalmente, requiere de luchas con esfuerzo como pareja donde la humildad, el amor y el respeto son básicos.

Un amor maduro permite vivir con estabilidad en la relación. Deja de lado preocupaciones y se quitan tensiones si ese amor ha sido capaz de desarrollar buenos hábitos que colaboran a ordenar ciertos comportamientos, a generar una comunicación más fluida y un entendimiento mutuo. En suma, cuando uno se convierte junto al otro en una mejor persona.

Proponerse desafíos juntos

Cuando nos desafiarnos el uno con el otro, nos damos una excelente oportunidad para crecer. Estos desafíos se ponen en acción cuando trazamos metas enfocadas en desarrollar nuevos hobbies o características determinadas con el objetivo de mejorar aspectos personales que nos llevan a convertirnos en la mejor versión que podemos ser.

Mucho de esto es el resultado de asumir lo mejor de cada uno y contemplar la posibilidad de crecer en nuevas dimensiones como trabajar en un aspecto de la comunicación, tomar una responsabilidad con algún acto de servicio, instruirse intelectualmente sobre algún tema, o cualquier aspecto que estemos “flaqueando”.

Para esto es importante hacerle saber a la otra persona que, sobre todas las cosas, es amada. Decida o no perseguir ese desafío concreto e independientemente de los resultados, siempre será querida. Al mismo tiempo será bueno poder transmitirle la confianza de que si se lanza a ello estará a la altura de ese desafío y que uno siempre estará a su lado.

Tener una actitud de apertura

Aceptar los desafíos de tu pareja con un espíritu de humildad entendiendo que siempre hay espacio en uno para crecer a causa del amor es crucial. Muéstrate abierto sobre las áreas en las que quieres desafiarte y pregúntale a tu compañero qué podrías hacer para que haya más armonía y qué cosas podrías estar haciendo mejor. Ábrete a ser corregido por él.

Durante el proceso, asegúrate de comunicar con la mayor claridad posible cuáles son los objetivos sobre los que están trabajando y esto te llevará a facilitar un punto de encuentro en el otro: “Los exhortamos también a que reprendan a los indisciplinados, animen a los tímidos, sostengan a los débiles, y sean pacientes con todos” (1 Tesalonicenses 5,14).

Buscar una sincronización amorosa

La relación es un camino de santificación en la que uno se convierte para el otro en un camino al cielo. Esto se podría pensar como la relación de Cristo con la Iglesia: cuando Cristo se entrega por ella, lo hace para santificarla y lo hace con amor, gracia y sin condiciones (Efesios 5,25-26).

Si en Cristo está esa fuente de amor que pretendemos, es importante seguir su ejemplo y pedirle a Dios alinear nuestras metas con Su voluntad para que podamos estar sincronizados con ellas. Los desafíos no están exentos de dificultades y con la gracia divina podremos encontrar las fuerzas para levantarnos si nos caemos y ánimo para seguir adelante.

El Señor estará porque ha dicho: “allí donde haya dos o más reunidos en mi nombre yo estaré con ellos” (Mateo 18, 20). Pidan el uno por el otro, den gracias y hagan preguntas. Él estará porque Su Espíritu Santo está en nosotros. Estar dispuestos a escucharlo y ser guiados por él cada día nos ayuda a cumplir los buenos propósitos para los dos.

Apoyarse mutuamente

Si los desafíos se dan en un contexto de amor nos permiten madurar sin sentirnos juzgados. Es muy difícil motivar a alguien para crecer si se siente “señalado”, “castigado”, “forzado” u “obligado”. Evita los juicios o la comunicación pobre que transmite un mensaje como si fuera un ultimátum o una orden en lugar de un llamado a la gracia.

Cada vez que tengas que sugerirle algún cambio al otro, recuerda que lo más importante es el amor y el respeto. Si no eres capaz de comunicarte con esos valores, mejor no decir nada hasta que puedas encontrar el modo de hacerlo. Si la otra persona tiene miedo, como ocurre con la violencia, difícilmente podremos esperar que el cambio sea genuino.

Una vez propuestos los desafíos, concéntrate en hacer lo mejor para ser un ejemplo para el otro y continuar apoyándolo para que siga avanzando. Su progreso será el de los dos: “Dejemos entonces de juzgarnos mutuamente; traten más bien de no poner delante de su hermano nada que lo haga tropezar o caer” (Romanos 14,13).

Cecilia Zinicola, Aleteia 

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viernes, 18 de septiembre de 2020

El amor de pareja peligra cuando dejan de hablar en serio, mirándose a los ojos… pero hay solución

Nacho Tornel, experto en mediación de pareja, anima a prevenir las rupturas

El fuego del amor debe cuidarse, alimentarse y avivarse... vale la pena luchar para evitar la ruptura de pareja -- foto de Manuel Meurisse en Unsplash

"Nuestro principal confidente -no el único, pero sí el principal-, la persona con la que nos desahoguemos, tiene que ser la persona con la que compartimos nuestra vida", explica Nacho Tornel, experto en mediación de pareja. Los matrimonios ganan fortaleza al hablar las cosas en profundidad, con intimidad y densidad, y se debilitan cuando dejan de hacerlo. 
Este veterano mediador denuncia que "estamos ante una mentalidad muy rupturista donde parece que no pasa nada [al romper un matrimonio] y sí pasa, mucho". La ruptura de una familia daña al hombre, a la mujer, a los niños, a los amigos y parientes... Incluso en casos de infidelidad vale la pena trabajar duro por recuperar la confianza y la unidad familiar. Nacho Tornel compara la infidelidad con un cáncer: hace daño, puede matar... pero es curable.
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Nacho Tornel lleva 18 años trabajando con parejas en conflictos
Nacho Tornel es Licenciado en Derecho y experto en mediación familiar en Madrid. Es máster en Matrimonio y Familia y desde hace 18 años trabaja con parejas en crisis que buscan una solución a sus problemas. Su libro  Enparejarte (Planeta) daba muchas pistas para mejorar en el arte feliz -pero dedicado- de vivir el noviazgo y matrimonio a través de cuatro capítulos basados en la comunicación, el compromiso, el respeto y la actividad. 

El mediador habló de estos temas con Marisol Nuevo Espín en la revista Hacer Familia (al poco de presentar su libro en 2019) animando siempre a cuidar la relación de pareja y a evitar en lo posible la salida de la ruptura, que es siempre muy dañina.
- ¿Cómo falla la comunicación cuando estamos pasando por un bache?
- La comunicación es medular, y aunque sea evidente, a veces es lo que más rápido perdemos de vista en una relación de pareja. Cuando una pareja empieza a entrar en crisis y se atasca es porque ha empezado a descuidar ese flujo diario de comunicación que debe tener. "¿Cómo voy a tener yo tiempo todos los días para dedicárselo a mi marido, a mi mujer?" ¿Cómo no vas a tenerlo? Tiempo de verdad, del de comunicar de una manera densa, profunda, mirando a los ojos. Cuando eso falla, empezamos como a desconectar, comenzamos a mirar en paralelo y no en convergente.
- ¿Cómo se asegura esa convergencia?
- A diario debe haber ese rato donde estamos nosotros dos solos, hablamos, nos comunicamos, nos volcamos, desahogamos y desaguamos el uno del otro y con esto nos aseguramos de esa complicidad y esa confianza tan necesarias para la buena salud de la pareja. Con eso ya estamos poniéndonos una vacuna bárbara para todo lo que venga.
- ¿Qué pasa cuando ese distanciamiento ya se ha producido y nos da vértigo quedarnos a solas?
- El primero que lo percibe ha de ser quien levante la bandera roja. Muchas veces estamos como esperando. "Que diga algo, que haga alguna cosa; ha habido oportunidades que no ha aprovechado". Seguro que sí, pero da tú el paso; estás invirtiendo en lo mejor que tienes: tú relación de pareja. No nos hagamos los 'dignos', hay que romper esa barrera cuanto antes. No hay que tener miedo, hay que ser humilde, sencillo, y decir "bueno, si él o ella no se ha dado cuenta, pues me he dado cuenta yo y lo digo".
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- ¿Qué consejos son los fundamentales para evitar que la falta de confianza se instale en la pareja?
- La confianza es la expresión más directa de la buena comunicación. La confianza, evidentemente, ni se compra, ni se vende, ni se alquila. Nuestra pareja debe conocer quiénes componen nuestro mundo de relaciones, dónde nos movemos. El clásico ejemplo de: "¡Bah! ¿Para qué le voy a hablar de esta compañera de trabajo, si no la conoce?" Cuéntale si resulta que has coincidido un par de veces con ella y habéis hecho alguna gestión y luego habéis acabado tomando algo. No pasa nada por contarlo y no tienes por qué tener miedo a levantar sospechas. Por el contrario, si no cuentas cosas y aquello, de alguna manera, se va alimentando, se genera una 'bolsa de aire' que no nos permite estar limpios del todo. La confianza nos lleva a hacer equipo, a tener complicidad, de saber que le puedo contar lo que sea. Nuestro principal confidente -no el único, pero sí el principal-, la persona con la que nos desahoguemos, tiene que ser la persona con la que compartimos nuestra vida.
- Hoy se pone en duda que el amor pueda ser para siempre. ¿Cómo trabajamos esa capacidad para comprometernos?
- El compromiso en la pareja no está pasando por una buena racha. Actualmente tiene unas connotaciones negativas equiparables a 'comprimido', 'constreñido' o 'contrariado'. Creo que debemos reflexionar. Uno no sale adelante de los problemas por mero 'brazo', 'músculo' o por mero hacer. No, a veces hay que pararse a pensar y decir: "Contigo para siempre. Voy a estar a tu lado, ahora y siempre". Eso da una seguridad, una alegría, una paz, enormes, alguien que verdaderamente 'queme las naves' por ti.
- Entonces, el propio compromiso afianza el compromiso...
- El compromiso tiene esa capacidad potencial de generar fuerza, de uno y una dispuestos a luchar por su relación todos los días de su vida. Esa es la seguridad del compromiso. Hay otra seguridad, que nadie nos puede brindar, que es la de ser fiel hasta la muerte; lo que tienes es la convicción de que quieres luchar, de que vas a poner los medios, de que lo quieres, en un 'sí' para siempre. Si caes en la trampa del abandono, del decir, "bueno, será que esto no sería lo mío", estás diciendo 'no' a un proyecto de vida en común donde los dos habéis apostado muy duro por ser felices juntos. Estamos ante una mentalidad muy rupturista donde parece que no pasa nada y sí pasa, mucho. Cimentemos bien ese compromiso, pensemos de verdad que vale la pena la pelea.
La infidelidad causa un gran daño, pero una pareja puede sobrevivir a ello y sobreponerse, aunque necesitarán mucho tiempo, mucho esfuerzo y decisión; Nacho Tornel lo explica en esta entrevista con HacerFamilia
- ¿Puede sobrevivir una pareja a una infidelidad?
- Sí se sobrevive. Una infidelidad es un cáncer, pero en muchas ocasiones es curable. Aquí estamos en lo mismo. ¿Es un tumor? Sí, pero no tiene por qué ser mortal, es superable, aunque muy lento. La pareja va a tener mucho tiempo por delante de curación y hay que estar preparado para recorrer un camino duro, áspero, cuesta arriba. En ese camino tenemos que encontrar como compañera a la sinceridad absoluta, que quiere decir que uno no oculta ya nada más.
» Sin embargo, no es normalmente una buena receta entrar al pormenor y al detalle de elementos que van a hacer mucho más daño que bien, por mucho que el cónyuge ofendido tenga un legítimo interés en conocer. Cuando se perdona algo así se demuestra la grandeza del corazón humano. Muchas veces hay que resetear la relación, y quizá resulta que ese reseteo hace que os queráis de una manera distinta, que os valoréis de otra manera, que os conozcáis de un modo diferente. En cada uno esa reconstrucción reproduce al final una escultura distinta a la que teníamos antes, que en ocasiones, incluso la mejora. Es un desafío enorme.
- Respeto y admiración son fundamentales. ¿Qué ocurre cuando flaquean?
- Cuando uno se enamora de una persona la admira. Descubres una ensoñación, un deslumbramiento. Evidentemente eso no puede durar para siempre, pero es necesario que exista ese sentimiento de admiración, de pasmo, de asombro, de mirada muy positiva hacia la persona con la que estás, siempre. Si abrimos la puerta a la crítica, al menosprecio interno, a la murmuración, al comentario negativo, entramos en una espiral negativa. Cuando uno deja que estos pensamientos aniden -por supuesto verbalizados son una profunda falta de respeto-, tiene que cuidar continuar viendo en la persona de la que se enamoró esos elementos que le llevaron a estar pasmado, asombrado y entusiasmado. Es un ejercicio de pensar, recordar, reflexionar con la cabeza y el corazón. Ahora lo vemos más nublado, qué ha pasado. ¡Trabaja en los porqués de esas nubes y no te resignes!
ReL

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miércoles, 27 de mayo de 2020

El cansancio, un mal de las parejas de hoy

No te voy a decir que vivir en pareja adelgace, porque no es así, pero sí es verdad que la vida en pareja consume energía. ¿Conclusión? Como te pille cansado o cansada, prepárate para cierta “inestabilidad atmosférica”.
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No te voy a decir que vivir en pareja adelgace, porque no es así, pero sí es verdad que la vida en pareja consume energía. ¿Conclusión? Como te pille cansado o cansada, prepárate para cierta “inestabilidad atmosférica”.
Esther Perel, psicoterapeuta especialista en terapias familiares y de pareja, con consulta privada en Nueva York, no duda en afirmar que “hoy en día, las parejas están demasiado ocupadas, demasiado estresadas, demasiado implicadas en la crianza de los hijos y demasiado cansadas para el sexo”. Lo afirma nada más comenzar la introducción de su best seller mundial “Inteligencia erótica” del año 2007. Y yo diría más: demasiado cansadas para hablar, demasiado cansadas para salir, demasiado cansadas para rezar, demasiado cansadas, incluso, para afrontar los momentos de dificultad que aparecen en toda relación.
El cansancio es uno de los mayores enemigos externos para toda pareja. Y, claramente, tenemos un problema aquellos que vivimos en una sociedad que nos impone unos horarios exigentes de trabajo, una movilidad cada vez más costosa en las grandes ciudades, un sinfín de actividades para ocupar a los hijos, un ocio sobresaturado de actividades y la sensación de que uno no se puede bajar de este tiovivo que no se para nunca.
Conversando alguna vez con mi madre, cuando yo estaba a punto de casarme, ella me explicaba que pocas veces había discutido con mi padre antes de la llegada de los hijos. Los hijos lo complican todo. Pero no por ellos mismos, ¡no! Los hijos son parte del sentido de una vida matrimonial, son la alegría de una casa y vienen a complementar una vida familiar intensa. ¡Es el cansancio! Es el sueño que uno empieza a adeudarle a su vida, es el tiempo de pareja que comienza a escasear, es el monopolio de las conversaciones, es la pérdida de pasión muchas veces en la vida sexual… Y todo se tiñe de gris.
Por eso es importante detectar con agudeza este cansancio que nos consume, hacernos conscientes de él y ponerle remedio en la medida de nuestras posibilidades. Y aunque una vida familiar es exigente, se pueden buscar caminos que ayuden a llevarla con éxito.
  • Uno de los primeros asuntos importantes es tomar conciencia de nuestro cansancio. Es importante preguntarnos, cuando discutimos en casa, cuando hay nervios, cuando se escapa algún grito… si se debe al cansancio. Tomar consciencia de eso también nos ayuda a relativizar ciertas cosas y a no hacer cargar con la culpa al otro.
  • Es importante que la pareja busque tiempo para ella. Hay que obligarse. Alguna cena fuera de casa. Alguna película o serie cuando los niños ya están acostados. Alguna salida al cine, o al museo, o con los amigos o, simplemente, a pasear un rato. Los hijos también tienen que aprender que toda historia de amor necesita sus tiempos y sus cuidados. El amor no se sostiene simplemente a base de voluntad y convicciones. Necesitamos detalles y momentos especiales. Y tiempo para el sexo, mimo para que no acabe siendo una actividad más en la agenda por eso de no pasar semanas sin un rato juntos en la cama. Porque cansados, es fácil caer en los extremos: o no tener ganas nunca de hacer el amor o, por el contrario, convertirlo en un mero desfogue que me ayude a descargar tensiones.
  • El trabajo tiene que acabar en algún momento. La familia necesita tiempo. Los niños, paciencia y juegos. Es necesario saber parar y poder dedicarse en cuerpo y alma al hogar en los ratos necesarios. No siempre es fácil pero hay que intentarlo. Difícil ser paciente, empático, tierno… cuando uno está agotado. El cansancio empuja el egoísmo: me lleva a pensar en lo que yo necesito.
  • Busca hobbies personales y tiempo personal que te ayude a desconectar. Somos uno, sí, pero no perdamos de vista que la pareja debe procurar también el bienestar de cada uno de sus miembros. Somos diferentes y cada uno tiene sus necesidades, sus tiempos, sus resortes y no es malo tener algún espacio o tiempo para la lectura personal, para hacer deporte, para dedicarlo a algo que me gusta y me construye. Una ducha, larga, pausada, a la luz de unas velas y con música relajante… ¡qué bien viene de vez en cuando!
  • Por último, no caer en la trampa de la tecnología y la televisión. El cansancio nos atrofia la capacidad para discernir aquello que es mejor para nosotros. El cansancio nos lleva a comer con desenfreno, muchas veces, y, también, a enfrascarnos en internet o en la tele sin mayor propósito de darle al cerebro un descanso intelectual que necesita. Y gastamos horas preciosas simplemente en ver lo que encuentro, en navegar de aquí para allá, en visionar vídeos absurdos o en jugar compulsivamente.
Cualquier vida en pareja o familiar que se precie es intensa y agotadora, muchas veces. Pero el agotamiento propio de una vida entregada al amor no es lo mismo que este cansancio traicionero propio de una vida saturada por imperativo legal. Ánimo y a por ello. Lo agradecerás.
Un abrazo fraterno – @scasanovam
Santi Casanova, Aleteia

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martes, 31 de marzo de 2020

¿Y si el secreto de las parejas que duran fuera el humor?

Las tensiones cotidianas, las peleas, los bajones de ánimo, la rutina… Todo esto puede influir negativamente en la serenidad de la pareja. ¿Y si el humor fuera un remedio imparable a los problemas de la vida conyugal?
SZCZĘŚLIWA PARA

El aburrimiento es el enemigo mortal de las parejas. Sin una comunicación para ajustarse a las evoluciones inevitables del uno o del otro, y sin inventiva, es difícil ver cómo una pareja puede aspirar a perdurar.
La rutina del día a día, el hábito monótono y aburrido no son, por lo general, elementos muy apreciados. Es cierto que hay excepciones: hay cónyuges que aman tanto su tranquilidad que se acomodan muy bien a una vida tranquila y sin turbulencias.
Existen “parejas somníferas” a las que les encanta la calma chicha de la paz, la ausencia de problemas, la comodidad de una dulce somnolencia. Sin embargo, por lo general a las parejas les viene bien poner un poco de sentido del humor en una vida que, de lo contrario, tendería rápido a la hibernación.

Algunas reglas del humor en la pareja

El humor es un comportamiento necesario en la vida de pareja. Es una forma de fantasía que es tan valorada en la vida social como en la vida familiar. Permite desdramatizar las situaciones, hace nacer sonrisas cómplices, reduce tensiones.
Sin embargo, el humor no es algo natural para todo el mundo. Hay personas tan serias que olvidan que dentro de cada uno de nosotros hay un niño que necesita jugar, relajarse, bromear.
¡Ni que decir tiene que hay distintos colores de humor!
Está el humor sarcástico de quienes caen en la burla fácil, a veces vulgar incluso, que encontramos a menudo en ciertos humoristas.
Está el humor evasivo, que es una elegante pirueta para no hablar de uno mismo o no responder a alguna pregunta seria.
Está el humor narcisista de quien busca complacer e impresionar y dar una imagen de sí mismo como una persona ocurrente y simpática.
Pero el humor que se valora es el humor astuto de quien relativiza el peso de las presiones de la vida. Es señal de que se posee cierta fuerza, ya que parece permitir no hacer un drama de las dificultades del día a día.Este humor aporta alegría y distensión en el seno de la pareja.
Resulta en particular reconfortante para el cónyuge que tiene necesidad de esta fuerza tranquilizadora. Ser chistoso, divertido, fantasioso son cualidades importantes siempre y cuando estén dentro de los límites de la razón.
Denis Sonet, Edifa - Aleteia

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