Dios es eterno desde siempre. Nosotros, sin embargo, vivimos en el tiempo, y en cada momento el Señor nos ama y nos envía el rayo de luz del Espíritu Santo
Él nos ama en todo momento, siempre, incluso cuando estamos
en pecado, como dice San Juan de la Cruz en el Cántico espiritual. Nos ama
y habita en nuestro corazón, porque no podríamos existir sin su presencia. El
papa Francisco nos lo recordó en Gaudete et exultate:
"A veces, la vida nos plantea retos mayores y, a través
de ellos, el Señor nos invita a nuevas conversiones que permitan que su gracia
se manifieste mejor en nuestra existencia, “para hacernos partícipes de su
santidad” (Hb 12, 10).
Otras veces se trata simplemente de encontrar una forma más
perfecta de vivir lo que ya hacemos: 'hay inspiraciones que nos hacen tender
únicamente hacia una perfección extraordinaria de las prácticas ordinarias de
la vida cristiana'.
Cuando estaba en prisión, el cardenal Francisco Javier
Nguyen van Thuan renunció a desgastarse con la ansiedad por su liberación. Su
decisión fue 'vivir el momento presente, llenándolo de amor'; así es como lo
ponía en práctica: 'aprovecho las ocasiones que surgen cada día para realizar
acciones ordinarias de manera extraordinaria'". (GE 17)
¿Por
qué perder el tiempo no es cristiano?
Todo es pasajero
Vivimos en un mundo en el que se margina a Dios, pero Él no
se deja marginar por nadie, ni siquiera cuando el ser humano decide no amar a
Dios. Dios no puede dejar de amar al ser humano y llama continuamente a su
puerta hasta que el hombre, cansado de oír los golpes, la abre y Dios entra
para quedarse con nosotros para siempre.
Las cosas terrenales son todas pasajeras. Solo nuestra alma
se vuelve eterna con Dios, ya que ha sido creada por Él. Dios crea para cada
persona un alma especial, única e irrepetible. Por eso, la Iglesia se opone a
la reencarnación, es decir, a la idea de que el alma migre de un lugar a otro,
de una persona a otra, mientras haya vida en la Tierra hasta el fin del mundo.
Esto no se ajusta al concepto cristiano del amor.
Pedir a Dios la gracia de vivir este momento
Este momento que ahora vivo, con ese amor con el que lo
vivieron los santos, Santa Teresita, Santa Teresa y, en particular, Santa
Isabel de la Trinidad. Por su parte, Santa Teresita nos enseña y nos dice:
"No recuerdo haber pasado nunca más de tres minutos sin pensar en el
Señor".
A veces, nos vemos tan absortos en tantas tareas, en tantos
quehaceres y en tantas preocupaciones que pasamos días enteros sin siquiera
acordarnos de Dios. Y esto ocurre porque no amamos lo suficiente. Quien ama no
puede olvidarse de la persona amada. Como también nos advierte Teresita:
"Pensar en una persona a la que amamos ya es rezar por ella".
Nuestra santidad no se construye fuera del tiempo, sino
dentro del tiempo. Es en este tiempo que Dios nos regala donde debemos realizar
las obras de amor, "para que los hombres, al ver vuestras buenas obras,
glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos".
Es el momento de reflexionar profundamente a lo largo de
nuestra vida sobre nuestro camino hacia Dios, para descubrir la grandeza del
amor y reconocer que, solos, no podemos nada, pero que con Dios lo podemos
todo. Y ese mismo Dios también nos necesita para que el Evangelio sea anunciado
y proclamado a todas las personas del mundo.
Dime
cómo usas tu tiempo, y te diré qué tipo de persona eres
Engendrar a Jesús en nuestra vida
Este texto de Gaudete et Exsultate es muy importante
para la santificación del tiempo y para comprender que nos realizamos en el
tiempo, siguiendo el ejemplo de la propia persona de Jesús, que crecía en el
tiempo, en sabiduría y en gracia. Que la Virgen María, nuestra Madre, que
durante nueve meses llevó en su seno al Verbo Eterno, nos ayude a comprender
que nuestra santificación consiste en engendrar a Cristo Jesús en nuestra vida.
Debemos vivir en el tiempo, y no fuera de él.
El punto álgido de nuestro apostolado se produce cuando
participamos en la Eucaristía, momento en el que decimos: "Por Cristo, con
Cristo, en Cristo. A Él sea dada gloria y alabanza por siempre". ¿Cómo
vivimos nuestro tiempo? ¿Cómo realizamos las obras del Señor y, sobre todo,
cómo nos realizamos nosotros mismos dentro de ese espacio que llamamos tiempo?
En todo momento Dios nos acompaña y nos indica el camino que
debemos seguir. ¡Seamos capaces de transformar nuestro tiempo cronológico en un
kairós de Dios y en el anuncio vivo de la Palabra del Señor!
Por fray Patrício Sciadini, carmelita descalzo
Vea también La Liturgia, la manera de la Iglesia para vivir y santificar el tiempo
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