lunes, 7 de septiembre de 2026

Gibson habla de Dios, el fin de la vida y «La Resurrección»: «Hay que prepararse para cuatro cosas»

Mel Gibson revela cómo «La Resurrección» ha cambiado su vida espiritual y habla sin rodeos de la Providencia, el perdón, el cielo y el infierno.

Mel Gibson, durante una reciente entrevista ante un auditorio en Londres. Foto: captura Inspire Me Podcast.

Mel Gibson, durante una reciente entrevista ante un auditorio en Londres. 


    Más de veinte años después de revolucionar el cine religioso con La Pasión de Cristo, Mel Gibson vuelve a colocar a Jesucristo en el centro de su carrera cinematográfica. Pero esta vez el proyecto parece haberle llevado todavía más lejos.

    Mientras ultima La Resurrección de Cristo, su ambiciosa continuación de La Pasión, el cineasta ha concedido una extensa entrevista a Raymond Arroyo en la que habla con una franqueza poco habitual sobre Dios, la Providencia, el sufrimiento, la Virgen María, el perdón, el cielo y el infierno.

    Y reconoce que sumergirse durante años en la Resurrección de Jesucristo también le ha cambiado espiritualmente.

    «Tienes que cambiar», responde cuando Arroyo le pregunta directamente si ahora es espiritualmente diferente. Gibson recurre a una imagen muy gráfica: «No puedes jugar en un arenero sin acabar con arena encima».

    «No existen los accidentes»

    Gibson lleva alrededor de dos décadas trabajando de una u otra forma en la continuación de La Pasión de Cristo. Solo la escritura del nuevo proyecto, explica, pudo ocupar cerca de diez años.

    La dificultad estaba en convertir en imágenes una realidad que, según reconoce, resulta casi imposible de abarcar: no solo la Resurrección, sino su significado dentro de toda la historia de la salvación.

    «Tienes que profundizar e intentar encontrar el corazón del asunto, quizá algunos granos de verdad», explica sobre el efecto que este proceso ha tenido en él.

    El director está convencido, además, de que el momento elegido para el estreno no es casual.

    Cuando Arroyo le pregunta si considera «providencial» que la película llegue precisamente ahora, Gibson responde tajante:

    «No existen los accidentes. Así que sí, creo que lo es».

    El cineasta reconoce que llegó a pensar que había tardado demasiado en realizarla. Han pasado más de dos décadas desde La Pasión. Sin embargo, ahora interpreta de otra manera esa espera.

    «Pensaba: “Esto es demasiado tarde, 23 años después”. Pero probablemente sea justo el momento adecuado. No son mis tiempos».

    «La Pasión no es el clímax»

    Gibson también revela cuál es la idea fundamental que le llevó a embarcarse en un proyecto tan complejo.

    Para muchos espectadores, La Pasión de Cristo parecía haber llevado el relato evangélico hasta su punto culminante. Arroyo se lo plantea directamente: ¿por qué era necesario continuar?

    «Porque no es el clímax», responde Gibson.

    La Pasión, explica, constituye un acontecimiento gigantesco, pero forma parte de una historia todavía mayor.

    «Lo realmente asombroso es que alguien pueda volver a la vida por su propia fuerza y poder después de haber muerto públicamente y que después vuelva a aparecer públicamente».

    Gibson insiste también en la existencia de numerosos testigos de Cristo resucitado: «No fueron únicamente los apóstoles». Hubo muchas personas que, señala, «fueron testigos y dieron testimonio de aquello».

    La magnitud de esta cuestión explica que la nueva producción haya sido mucho más complicada que La Pasión. Ahora ha tenido que «ampliar muchísimo el lienzo» para abordar por qué debía suceder todo aquello, sus consecuencias y «su naturaleza salvífica».

    Primera escena divulgada de la película La Resurrección de Cristo, de Mel Gibson, que se estrenará en mayo de 2027

    Primera escena divulgada de la película La Resurrección de Cristo, de Mel Gibson, que se estrenará en mayo de 2027LIONSGATE

    Abraham, David y toda la historia de la salvación

    La película promete así ir bastante más allá de una reconstrucción de los acontecimientos inmediatamente posteriores al sepulcro.

    Sin revelar demasiados detalles, la entrevista apunta a un recorrido por grandes acontecimientos de la historia de la salvación, con referencias a personajes como Abraham y David.

    Para Gibson, existe una conexión profunda entre todos ellos que desemboca finalmente en Cristo.

    Al referirse a los libros del Antiguo Testamento y la Septuaginta, afirma que existe en ellos una dimensión profética que «se cumple en una sola persona».

    El proyecto ha sido tan complejo que el cineasta llega a calificarlo de «monstruo» y de «empresa gigantesca».

    «¿Cómo podría alguien no cambiar después de implicarse en algo así?», se pregunta.

    Las conversiones provocadas por «La Pasión»

    La conversación permite también a Gibson volver la vista hacia el fenómeno que supuso La Pasión de Cristo.

    El director recuerda que quiso representar de manera extremadamente realista el sufrimiento de Jesús porque las versiones cinematográficas anteriores le parecían demasiado suavizadas.

    «Hacían que pareciese fácil, y no lo fue», asegura.

    La violencia tenía para él un significado teológico: mostrar «la magnitud del sacrificio».

    «No fue simplemente pincharse un dedo con una aguja. Fue todo. Todo o nada, hasta la última gota. No hubo reservas. Fue el sacrificio completo del Cordero».

    Sin embargo, lo que más sorprendió a Gibson después del estreno fueron las consecuencias espirituales de la película.

    «Las conversiones. Eso es algo enorme», recuerda.

    Arroyo menciona casos de espectadores que después de verla llegaron a confesar delitos, así como el testimonio del actor Kevin James, que ha hablado de una importante conversión después de contemplar la cinta.

    Gibson confirma que el propio James se lo contó personalmente.

    El director cree que el éxito de La Pasión demostró también algo que Hollywood no había sabido percibir: «Había hambre» de películas capaces de abordar seriamente la fe.

    La Virgen María y «su gran virtud»

    Uno de los pasajes más personales de la conversación aparece cuando Arroyo pregunta a Gibson por el protagonismo que concedió a la Virgen María en La Pasión de Cristo.

    El cineasta destaca especialmente una virtud de María: la humildad.

    «No quería ocupar el primer plano; siempre permanecía detrás», explica.

    Recuerda también las tradiciones que presentan a María como una madre para los apóstoles y considera que precisamente «su gran virtud era la humildad».

    Pero Gibson se detiene especialmente en el sufrimiento de una madre que contempla la tortura y muerte de su hijo sin poder impedirla.

    «Imagínate que tienes que contemplar cómo torturan hasta la muerte a tu propio hijo delante de ti».

    Y añade un elemento decisivo: María no solo acepta aquel sufrimiento, sino que perdona.

    «Incluso los sufrimientos» pueden transformarnos

    El sufrimiento ocupa buena parte de las reflexiones personales de Gibson.

    Recuerda, por ejemplo, un viaje a Guatemala realizado cuando atravesaba dificultades personales. Allí contempló personas que sufrían problemas mucho más graves que los suyos y aquella experiencia cambió su perspectiva.

    «Mis problemas dejaron de parecerme importantes».

    Para el cineasta, contemplar el dolor ajeno puede sacar al hombre de sí mismo y enseñarle a agradecer lo que posee.

    Incluso aquello que nadie desearía.

    «Debes estar agradecido por lo que tienes, incluso por tus sufrimientos», afirma.

    Según Gibson, también esas experiencias pueden contribuir a transformar a una persona y «hacerte mejor».

    El consejo de su padre: «Preocuparse demasiado» muestra falta de fe

    La parte final de la entrevista se vuelve todavía más personal.

    Preguntado por el mejor consejo que ha recibido en su vida, Gibson responde con dos ideas:

    «Perdonar. Simplemente perdonar. Y no preocuparse».

    Ambas están profundamente vinculadas a su visión cristiana.

    Sobre el perdón, el cineasta reconoce que todos encontramos personas que pueden convertirse en enemigos y llegar a ser «brutales y despiadadas».

    Pero la respuesta no puede ser el odio.

    «Si no los perdonas, quien acaba sufriendo eres tú».

    La segunda enseñanza procede directamente de su padre.

    Gibson recuerda que este le reprochaba que se preocupase excesivamente. Él creía que preocuparse podía incluso ser una virtud, hasta que su padre le respondió que, en realidad, podía convertirse en un pecado.

    ¿Por qué?

    «Porque demuestra una clara falta de fe en la Providencia y en Dios».

    Una enseñanza que Gibson sigue considerando hoy «un consejo realmente bueno».

    «Muerte, juicio, cielo e infierno»

    La entrevista concluye con una pregunta aparentemente sencilla que termina provocando una de las respuestas más llamativas de toda la conversación.

    «¿Qué sucede cuando todo esto termina, Mel?», pregunta Arroyo.

    Gibson bromea inicialmente. ¿El final de la entrevista? ¿El final del día? ¿El final de la vida?

    Arroyo precisa entonces que se refiere al momento en el que «todo» termina.

    Gibson abandona las bromas.

    «Cuando todo termina hay cuatro cosas. Ya sabes cuáles son».

    Y las enumera:

    «Muerte, juicio, cielo e infierno».

    Son los cuatro novísimos de la tradición cristiana.

    «Eso es todo. Así que hay que prepararse para eso», concluye Gibson.

    Y todavía añade una última frase que conecta su propia preocupación por el destino eterno del hombre con la película en la que lleva tantos años trabajando:

    «Me alegro de que haya una Resurrección. Me alegro de que venga una Resurrección».

    ReL

    Vea también   Testimonios de fe y conversión




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