Se trata del Señor de Santa Teresa, el Cristo más antiguo elaborado en México, cuya creación se sitúa entre 1545 y 1550.

Al mirar hacia arriba, descubrió que el Cristo estaba renovado y cubierto de humedad, como si sudara.
En el silencio del Monasterio de San José de las Carmelitas Descalzas, en Tlacopac (Ciudad de México), una de las imágenes más antiguas y veneradas del país ha recuperado su esplendor. Desde la Fe cuenta su historia.
Se trata del Señor de Santa Teresa, considerado el Cristo más antiguo elaborado en México, cuya creación se sitúa entre 1545 y 1550. Tras dos meses de intervención especializada, la restauradora Claudia Alejandra Garza Villegas ha devuelto a la escultura su dignidad original, respetando su historia material y su profundo valor devocional.
Un método adaptado
Según explica Garza, "la creación de esta imagen se remonta aproximadamente entre 1545 y 1550 y, a partir de ella, comenzaron a elaborarse muchos otros Cristos con esta misma técnica".
El Señor de Santa Teresa es el primer Cristo realizado en México con la técnica de caña de maíz, un método indígena adaptado por los evangelizadores en los primeros años de la colonización. La técnica combina pasta de caña triturada, papel amate y policromía, dando como resultado una imagen ligera y hueca, ideal para las procesiones del México virreinal.

La imagen se remonta aproximadamente entre 1545 y 1550.
Hoy se conservan más de 300 Cristos de caña, algunos enviados incluso a Europa durante el periodo virreinal.
La historia de esta imagen está marcada por un episodio extraordinario ocurrido en Ixmiquilpan (Hidalgo) en 1621. Las Carmelitas relatan que el Cristo estaba deteriorado, ennegrecido y sin rostro. El párroco incluso consultó al arzobispo sobre si debía ser enterrado.
Pero el 19 de mayo de ese año, mientras el sacerdote oraba, las campanas comenzaron a sonar solas. Un vecino, al pasar bajo la imagen, sintió gotas caer sobre él. Al mirar hacia arriba, descubrió que el Cristo estaba renovado y cubierto de humedad, como si sudara. Al día siguiente, la imagen continuó exudando agua y, en un momento, "se le abrió el costado derecho, del cual brotó sangre y agua".
Este hecho quedó recogido en La milagrosa renovación del Cristo de Santa Teresa, del Dr. Alfonso Alberto de Velasco.
Tras el milagro, el arzobispo ordenó trasladar la imagen a la Ciudad de México. El pueblo se resistió con palos y herramientas para impedir su salida. Cuando finalmente se intentó mover el cofre, este se volvió tan pesado que nadie podía levantarlo. Solo después de prometer que el Cristo sería tratado con dignidad, el cofre recuperó su peso normal.
En 1626, el arzobispo Juan Pérez de la Serna entregó la imagen al recién fundado Monasterio de San José de las Carmelitas Descalzas, donde ha permanecido 400 años bajo su custodia.
La imagen ha sobrevivido a múltiples acontecimientos, incluido el gran terremoto de 1845 que desplomó la cúpula del Templo de Santa Teresa la Antigua sobre ella. Por ser hueca, la escultura quedó aplastada, pero fue restaurada por artistas de la Academia de San Carlos, quienes estudiaron la técnica ya casi olvidada.
Para las religiosas, el Señor de Santa Teresa es más que una obra de arte: "Para nosotras significa todo", afirma la hermana Pilar de la Cruz.
Relatan incluso que, cuando intentaron trasladarlo a una nueva capilla, varios albañiles no pudieron moverlo. Solo dos hermanas lograron levantarlo después de decirle que volvería a su lugar original: "Él se hace pesado cuando no quiere que lo lleven a otra parte".
La intervención incluyó: eliminación de materiales añadidos en restauraciones previas, limpieza integral, afinamiento de resanes, consolidación estructural, reintegración cromática con técnica de rigattino, recuperación de zonas con pasta de caña original, los tonos azulados y violáceos, lejos de ser deterioro, forman parte del diseño original para representar los golpes de la Pasión.
El 26 de marzo de 2026, tras concluir la restauración, el obispo Carlos Enrique Samaniego López bendijo la imagen y presidió la ceremonia en la que el Cristo fue colocado nuevamente en su cruz, ante la emoción de las Carmelitas.
Cada año, especialmente el primer domingo de octubre, peregrinos de Ixmiquilpan viajan al monasterio para venerar al Cristo, manteniendo una tradición de siglos.
La hermana María de la Paz resume el sentido de esta presencia: "Cristo está aquí esperando a todos los que quieran venir".
El Señor de Santa Teresa, con casi 500 años de historia, continúa siendo un puente entre arte, fe y memoria, y gracias a esta restauración podrá seguir acompañando a generaciones futuras.
ReL
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