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viernes, 24 de julio de 2026

El fundador de los hoteles Hilton lleva gastados más de 60 millones de dólares para monjas católicas

Creó el Fondo Conrad Hilton para Religiosas destinado a ayudar a las religiosas católicas en su labor. Y sólo pueden solicitar donativos las monjas.

Conrad Nicholson Hilton

Conrad Nicholson Hilton


    Conrad Nicholson Hilton es como se llamaba el bisabuelo de la famosa Paris Hilton. Fundador de la cadena de Hoteles Hilton, Conrad fue la enésima encarnación del sueño americano, del hombre que se hace a sí mismo y crea un imperio.

    Conrad empezó con su padre en un pequeño hotel de Nuevo México y, gracias a su trabajo y destreza en los negocios, logró que su apellido no sólo se asociara a su cadena de hoteles sino que fuera sinónimo de excelencia y lujo.

    Un fondo destinado a religiosas católicas

    Cuando falleció en 1979, estableció a través de su testamento una Fundación con su nombre para financiar diversas causas. La más importante de ellas el Fondo Conrad Hilton para Religiosas. Sentía una especial veneración por la labor de las religiosas católicas.

    Por eso, en el testamento, al crear el fondo escribía: “Estad atentos a la oportunidad de cubrir a los niños con el paraguas de vuestra caridad; sed generosos con sus escuelas (las de los niños), con sus hospitales y sus lugares de culto. Ayudad a sus protectoras y defensoras, las Hermanas, que dedican su amor y la labor de su vida al bien de la humanidad, que me interpelan especialmente a serviles de ayuda desde la Fundación”.

    Solo pueden solicitar ayuda las monjas católicas

    Así que si alguien va a solicitar dinero – algo que a muchos molestará en estos nuestros tiempos “aconfesionales” – debe saber que no se lo concederán si no es una monja católica. Sólo pueden solicitar ayudas los miembros de congregaciones religiosas femeninas de la Iglesia católica que hayan pronunciado sus votos.

    Durante los últimos 20 años, estas “mujeres especiales” han recibido unos 60 millones de dólares para financiar sus proyectos, la mayor parte de ellos en territorios de misión. Mucho dinero y muchos proyectos si se tiene en cuenta que nunca se conceden sumas superiores a los 15.000 dólares.

    Aliviar el sufrimiento y la miseria

    “Hay una ley natural, una ley divina – escribía Conrad en su testamento - que nos obliga a ti y a mí a aliviar el sufrimiento, la angustia y la miseria. La caridad es la virtud suprema y el canal a través del que se transmite la misericordia de Dios a la humanidad”.

    Y estaba convencido que el principal canal de esta caridad eran las religiosas. Mujeres que tenían, según él que sabía mucho de negocios, una habilidad increíble para estirar al máximo un dólar, por lo que las favoreció por encima de lo que él llamaba “instituciones de caridad, organizadas y profesionales con ejecutivos bien pagados y una gran lista de gastos”.

    Tres mujeres y cuatro hijos

    Muchos conociendo las andanzas de su biznieta Paris pueden llegar a pesar que Conrad Hilton era un santo varón… y, añadir después, cómo ha degenerado la familia. 

    La verdad es que Conrad no era un santo. Pero, en fin, cualquiera que rece ante Dios todos los días sabe que el primer pecador lo tiene uno por las mañanas ante el espejo…

    Así que Conrad vivió una vida ajetreada. Se casó tres veces, una de ellas con la en su momento famosa actriz Zsa Zsa Gabor. Y tuvo cuatro hijos. Y además fue un gran filántropo, una persona a la que no le eran ajenos los sufrimientos de los demás.

    Reza, es la mejor inversión que puedas hacer jamás

    Stephen White, uno de sus biógrafos, recuerda lo importante que fue para este hombre su fe, recibida de su madre una devota católica. 

    “Algunos se tiran por la ventana, algunos se rinden”, le decía su madre durante la Gran Depresión. “Otros van a la Iglesia. Reza, Connie. Es la mejor inversión que puedas hacer jamás”.

    En los momentos más oscuros, recuerda White, en los más difíciles de su vida, Hilton siempre encontró fortaleza y consuelo en su fe.

    Conrad Hilton, fundador de la famosa cadena hotelera

    Conrad Hilton, fundador de la famosa cadena hotelera

    En plena guerra de Corea, el 4 de julio de 1952, el día de la fiesta nacional norteamericana, Conrad Hilton publicó en revistas de todo el país una humilde oración por la paz y el perdón en un mundo sombrío, titulada “América de rodillas”. Una actuación que tuvo una respuesta increíble de la sociedad estadounidense.

    Un año más tarde un hotel Hilton acogió el Primer Desayuno Nacional de Oración. Desde los años ochenta el desayuno que tiene lugar el primer jueves de febrero se celebra en el hotel Hilton de Washington. Y es un honor acompañar al presidente de Estados Unidos a este desayuno. Por lo menos lo fue para el anterior presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, en época del presidente Obama. 

    Justo Amado, ReL

    Vea también     El mito de las Riquezas
    de la Iglesia católica




    sábado, 25 de abril de 2026

    El llanto viral de una monja cubana que da de comer a 80 niños: se necesita un milagro cada día

    La hermana Odita se las ingenia cada mañana para conseguir comida en su guardería de la Habana Vieja.

    La hermana explica que muchos de ellos provienen de hogares con dificultades económicas severas.

    La hermana explica que muchos de ellos provienen de hogares con dificultades económicas severas


      En una pequeña guardería de La Habana Vieja (Cuba), comienza el reto cada día de alimentar a decenas de niños. Una religiosa cubana se ha convertido inesperadamente en símbolo de la gratitud y la vulnerabilidad que atraviesan tantas familias en la isla

      La hermana Odita, de la congregación de las Hermanas del Amor de Dios, apareció en un vídeo agradeciendo la llegada de alimentos donados para los ochenta pequeños que atienden en ese centro. Su voz temblorosa y sus lágrimas no hablaban solo de cansancio, sino de alivio.

      Guarderías como refugios

      El vídeo, difundido por el creador de contenido Álvaro Cuadrado junto a la Fundación Hambre Cero, se viralizó rápidamente. No por su espectacularidad, sino por la sinceridad de una mujer que, desde la fe y el servicio, sostiene un proyecto que intenta proteger a niños que viven en situaciones de extrema fragilidad

      La hermana explica que muchos de ellos provienen de hogares con dificultades económicas severas, algunos marcados por la ausencia de uno de los padres. En ese contexto, la guardería se convierte en un refugio donde reciben alimento, acompañamiento y un espacio seguro para crecer.

      La religiosa describía con sencillez el desafío cotidiano: conseguir lo necesario para cocinar. En un país donde la escasez es parte del día a día, cada comida servida es casi una victoria. Por eso, la llegada de donativos no es solo un gesto material, sino un recordatorio de que no están solos. 

      "Saber que hay personas que todavía se acuerdan de nosotros" —decía— es lo que la emocionó hasta las lágrimas. Para ella, ese apoyo es una señal de esperanza en medio de una realidad que golpea especialmente a los más pequeños.

      La guardería, ubicada en la calle Muralla, forma parte de una red de iniciativas impulsadas por comunidades religiosas y organizaciones humanitarias que intentan responder a la creciente inseguridad alimentaria en Cuba

      En los últimos años, estas instituciones han asumido un papel esencial: distribuyen alimentos, organizan comedores, recogen donaciones y acompañan a familias que no logran cubrir sus necesidades básicas. Su labor se ha vuelto indispensable para miles de personas.

      Diversos estudios recientes señalan que una parte significativa de los niños cubanos vive en condiciones de pobreza alimentaria severa, y que la mayoría de la población percibe el momento actual como uno de los más difíciles en décadas. En este contexto, la solidaridad —tanto dentro como fuera del país— se ha convertido en un salvavidas para muchas familias.

      en anuncia la excarcelación de 51 presos


      Más allá de las cifras, lo que el testimonio de la hermana Odita pone de manifiesto es la dimensión humana de la crisis: el esfuerzo silencioso de quienes cuidan, la dignidad de quienes resisten y la importancia de cada gesto de apoyo.  

      ReL



      viernes, 11 de julio de 2025

      Anna María, monja de clausura a los 30 años: "He encontrado un lugar donde me siento completa"

       


      Mientras en Milán los Institutos Religiosos Femeninos se vacían, ¡Anna Maria ha decidido ir contra corriente!

      Con poco más de treinta años, Anna Maria acaba de hacer su profesión solemne en el Monasterio de las Clarisas Capuchinas en Milán. Ha elegido la meditación, despertarse al amanecer, las oraciones, las lecturas y mucho más. Junto a ella viven nueve hermanas, algunas de ellas ancianas, de hasta 89 años.

      “No soy un ángel, no soy mejor que nadie. Pero he encontrado un lugar donde me siento completa”, compartió al Corriere della Sera.

      Cuando le preguntaron si extrañaba algo, respondió: “Toda elección implica renuncias. Pero si estás construyendo algo en profundidad, las dudas son una oportunidad para fortalecer la confianza y la fe, no para huir. A veces, para entender que la vida no se agota en las cosas, hay que quedarse donde uno está”.

      Los sueños de adolescencia, el fin de una relación y el Camino de Santiago

      De adolescente, Anna Maria soñaba con tener un novio, casarse y una casa llena de niños. “Siempre he tenido una idea muy fuerte de comunidad. De una familia amplia, abierta”. Pero su relación terminó después de cuatro años.

      Fue entonces cuando decidió hacer el Camino de Santiago: “Caminaba, lloraba, pensaba y hacía amistad, especialmente con dos chicas y un fraile. Cada noche celebrábamos la Eucaristía. Sentía que no estaba sola”.

      La universidad, el voluntariado y sus primeras experiencias en monasterios

      De vuelta en Milán, se graduó, comenzó a trabajar en la Fundación Don Gnocchi y se dedicó al voluntariado en la cárcel de Bollate. En cuanto a su vida personal, “salía, intentaba volver a enamorarme. Pero siempre había algo que faltaba. Como un nudo que no se desata”.

      Fue entonces cuando comenzaron sus primeras visitas a monasterios, como el de Santa Clara en Gorla y el de las Clarisas Capuchinas en Brescia. “Buscaba un espacio donde poder escuchar lo que el ruido tapa. Un día me dije: deja de pensar tanto. Déjate amar”. Un año después, ¡Anna Maria tomó la decisión definitiva de entrar!

      ¡Acordémonos de rezar por las vocaciones!

      Eleonora Vescovini, ChurchPOP

      Vea también     Qué hay que hacer para NO tener vocaciones



      sábado, 26 de octubre de 2024

      Triple de asistencia a misa y numerosas conversiones: el fenómeno de estas monjas en la universidad

       Las jóvenes y deportistas religiosas se han ganado a los estudiantes
      con una fe valiente y pública

      Monjas como Kelly Grace O’Ryan han revolucionado la fe católica
      en la Universidad del Gran Cañón en tan sólo unos meses
       



      Las religiosas de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María llegaron a la Universidad del Gran Cañón, Arizona (EE.UU), en 2021 y, en sus primeros 18 meses, ya pudieron empezar a realizar su misión en este centro con más de 25.000 alumnos. En ese corto espacio de tiempo estas jóvenes religiosas sin complejos lograron triplicar la asistencia a la misa dominical y propiciar la conversión de numerosos estudiantes.

      Estas monjas, con las hermanas Clare Marie Bailey y Kelly Grace O´Ryan, pertenecen al Holy Spirit Catholic Newman Center, el centro desde el que junto a varios sacerdotes atienden espiritualmente a los católicos pero también a los cada vez más numerosos estudiantes sin religión o de otras confesiones cristianas que se van acercando a ellas.

      En un reportaje publicado por el periódico de la Universidad del Gran Cañón y que recoge The Catholic Sun. Vestidas en todo momento con su hábito es fácil reconocer a las monjas jugando al fútbol, al frisbee o incluso haciendo atletismo junto a otros estudiantes. Pero también verlas rezando el Rosario en grupo o directamente anunciando el Evangelio.

      Son monjas bastante en buena forma que también se llevan a los jóvenes a caminatas por la montaña o a retiros espirituales. Y los frutos son ya evidentes.

      Monja en el campus de una universidad

      Uno de los estudiantes, Chapman Koster, asegura “siempre pensé en las monjas como salen en las películas, como ancianas estrictas con las reglas: ‘me voy al cielo, pero la vida es basura y si eres feliz es que estás pecando’. Pero en esas caminatas hace mucho calor, subes estas montañas y van con esos hábitos que no sé si son transpirables…”.

      En definitiva, estas monjas cambiaron su percepción sobre la Iglesia y sobre todo de la fe porque en ellas vio alegría, paz y esperanza. Este joven creció como cristiano bautista en Sudáfrica. En Semana Santa será oficialmente católico. “Realmente han cambiado mi vida, estoy feliz”, asegura Chapman.

      La primera vez que vio a estas monjas estaban corriendo por el campus y pensó: “tienen unos votos que suenan miserables: sin matrimonio, sin sexo, sin dinero. ¿Por qué harían eso? Pero ahora vi que son realmente felices”.

      “No todos los católicos son buenos, pero algunos tenían mucha alegría, esperanza y paz, y yo no tenía nada de eso. Aunque no me ha faltado nada en la vida, porque vengo de una familia rica, me di cuenta que esto no es algo que se pueda comprar”, afirma el estudiante que muy pronto será católico.

      Monja haciendo deporte con jóvenesEl deporte, y la buena forma de las monjas, es uno de los elementos que llama la atención a los universitarios. Foto- Ralph Freso.

      Estas religiosas afirman convencidas que están en el campus para compartir a Dios a cualquiera que quiera aceptarlo. “Tenemos una misión mayor que el fútbol, vemos al Señor obrando en las almas todos los días, especialmente en los estudiantes universitarios en un momento tan importante de su vida donde se descubren a sí mismos y al mundo”, afirman.

      A la pregunta de por qué rezan el Rosario en público en el campus o por qué se dejan ver con el hábito hablando con jóvenes o haciendo deporte ellas lo tienen claro. Se trata de hacer comunidad, “es ese cuidado constante el uno del otro, deseando que el otro llegue al cielo”.

      De hecho, estas monjas reconocen que hacen esta exhibición pública de su fe para anunciar que están ahí, para todos. “La Iglesia es una familia y las familias no sólo leen juntas, así que estamos aquí para vivir la vida juntos”, agregan. Por ello, es frecuente que allá donde vayan, ya sea el supermercado o la gasolinera siempre haya alguien que les pide rezar por algún ser querido.

      Además, se muestran contentas porque son ya los propios estudiantes los que saliendo de la tranquilidad de la capilla o de la residencia universitaria están anunciando a otros miles de jóvenes que Cristo es el centro de sus vidas.

      No organizan grandes fiestas ni espectáculos para atraer a gente. Hay noches de estudio bíblico, misa, oración, alguna comida al aire libre y alguna excursión a la montaña. Y así es como van llegando con preguntas: “¿para qué está mi vida? Sí, tal vez un trabajo de 9 a 17, pero tiene que haber más”.

      Y cuando al encontrarse con Dios empiezan a tener respuesta –afirman estas religiosas- “vemos una transformación. Sus rostros son diferentes. Es esa paz, la alegría, un nuevo amor y pasión. Es vivir la vida, no caminar a través de ella soñando despierto, ya que gran parte de nuestra cultura ha anestesiado a nuestros jóvenes para que caminen dormidos por la vida. Y cuando el Señor entra es como pasar del blanco y negro al color. Cobran vida, se despiertan y comienzan  a experimentar la libertad, la paz y el gozo del Señor”.

      Los jóvenes católicos en el campus universitarioNi las religiosas ni los jóvenes se esconden en el campus sino que hacen profesión pública de su fe. Foto- Ralph Freso.

      La hermana Clare asegura que esto es precisamente lo que vivió cuando tuvo este encuentro con Cristo. Se sentía sola hasta que experimentó la libertad y la alegría de vivir con Dios.

      “Sentí que estaba arrastrándome con los ojos vendados por la vida, y luego fue como si estuviera volando. Era como si esto fuera para lo que fuimos creados”.

      En un momento dado, cuando una compañera de la escuela secundaria falleció Grace utilizó la gracia que había recibido y deseaba compartirla con sus amigos, que tanto sufrían en ese momento. “Quería darles eso más que nada”, aseguró. Y ahí fue “donde se plantó la semilla” de su propia vocación a la vida religiosa”.

      J. Lozano, ReL

      Vea también    Nueva Evangelización


      jueves, 15 de septiembre de 2022

      A raíz de la Guerra de Secesión muchos dejaron de apedrear a las monjas católicas: hubo 640 heroínas


       

      En Washington, enfrente de la catedral de San Mateo, se descubrió en 1924 un monumento "a quienes confortaron a los moribundos, atendieron a los heridos, llevaron esperanza a los prisioneros, dieron de beber al sediento... en memoria y honor de las religiosas de diferentes congregaciones que prestaron sus servicios como enfermeras en los campos de batalla y en los hospitales durante la Guerra Civil americana de 1861-1865".

      Para ser más precisos, fueron 640 religiosas de 21 congregaciones, según recoge en un estudio el historiador Pat McNamara. Y gracias a ellas cambió completamente la percepción de la sociedad norteamericana sobre la Iglesia católica.

      La líder sufragista de aquellos días, Mary Livermore, es muy clara al respecto: "Ni soy católica, ni defiendo las instituciones monásticas de esa Iglesia, pero no puedo olvidar mi experiencia durante la Guerra de la Rebelión. Nunca me tropecé con esas religiosas católicas en hospitales, transportes o barcos sin apreciar su devoción, su lealtad, su disponibilidad. No se daban aires de superioridad ni de santidad, no rehuían ningún deber, ni buscaban el lugar más fácil, ni encizañaban a nadie. Los hombres, enfermos y heridos, las veían llegar por la mañana y su mirada se entristecía al verlas partir por la noche".

      Piedras, incendios, insultos

      Como señala McNamara, antes de la Guerra Civil el ambiente en Estados Unidos era muy hostil contra la Iglesia, y de hecho en determinadas zonas las monjas salían a la calle sin hábito. En Indiana les tiraban piedras, en Nueva Inglaterra las amenazaban con quemarles el convento y en algún caso lo hicieron, y en Nueva York a más de una la abofetearon insultándola como "maldita p... papista".

      Tras la derrota del Sur y la vuelta a casa, los soldados, antes predispuestos contra la Iglesia y cargados de prejuicios por la animadversión protestante, habían visto el verdadero rostro de la Iglesia y esa hostilidad menguó notablemente.

      La hermana Antonia

      Así habló un soldado de la hermana Antonia: "En medio de aquel mar de sangre, realizó las tareas más repugnantes con aquellos pobres soldados. Parecía un ángel, y muchos jóvenes soldados deben la vida a sus cuidados y a su caridad. ¡Feliz el soldado que, sangrando y herido, escuchaba junto a sí sus palabras de consuelo y ánimo! La adoraban los Azules (del Norte) y los Grises (del Sur), protestantes o católicos. Le concedimos el título de El ruiseñor de América. Su nombre fue muy conocido en todas las unidades del Norte y del Sur".

      Y a pesar de que los celos de algunas enfermeras luteranas o evangélicas, normalmente al mando, les trajeron algunos problemas, la fuerza de su caridad pudo con todo. En 1897, cuando murió la hermana Antonia, fue enterrada con honores militares.

      "Las religiosas católicas disolvieron prejuicios y predicaron con su ejemplo silencioso", concluye McNamara, tras evocar la frase que le dijo a una de ellas un soldado herido educado en la aversión a los católicos, y que se encontraba por primera vez con una monja: "Pensaba que los católicos eran lo peor del mundo. Pero si usted es católica... ciertamente a partir de ahora tendré una mejor opinión sobre los católicos".

      C.L., ReL

      Vea también     Cartas a un escéptico en materia
      de religión (pdf)





























      miércoles, 9 de marzo de 2022

      Ucrania: Las monjas no se rinden

      ACN-20220307-125129.jpg



      Se refugian en el sótano, duermen con sus hábitos. Están listas para salir del convento si hace falta. Rezan y acogen a varias familias. Es su manera de "luchar" por la paz

      Magda Kaczmarek, responsable de los proyectos de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) para Ucrania, está en contacto permanente con la Iglesia local y los colaboradores de proyectos a los que ACN apoya desde hace muchos años.

      Entre otros, también mantiene un estrecho contacto con numerosas congregaciones femeninas de la zona de guerra. “Las religiosas están llenas de miedo y preocupación, pero también saben que cuentan con el apoyo de la oración y la solidaridad mundial”, informa.

      Kaczmarek, conmovida, habla de una conversación con una religiosa de un convento del norte de Ucrania. El nombre de la religiosa y el lugar deben permanecer ocultos por razones de seguridad, pero, según los medios de comunicación, en este lugar se está librando una batalla feroz. De noche, las hermanas han tenido que refugiarse varias veces en el sótano, y duermen con sus hábitos para poder salir corriendo de sus celdas en cualquier momento. Además, de noche se apagan todas las luces del convento para no ser blanco de ataques aéreos.

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      Jóvenes en el refugio antiaéreo en Ucrania

      En los últimos días, las religiosas han tratado de proseguir con su vida conventual en la medida de lo posible. Sin embargo, el teléfono móvil es ahora un compañero constante incluso en la liturgia de las horas, informa Kaczmarek: “Así se las puede avisar más rápidamente si comienza otro ataque”.

      Sin embargo, incluso el sótano del convento se ha vuelto demasiado inseguro debido a los feroces combates, por lo que, por la noche, las religiosas se refugian ahora en un refugio antiaéreo. Varias bombas ya han caído cerca del convento, matando a una joven familia, describe Magda Kaczmarek. “Las hermanas han acogido en su convento a tres familias que temían por sus vidas”.

      Esta no es una tarea nueva para las religiosas, pues ya antes del inicio del ataque de las tropas rusas a finales de febrero, muchas personas acudían a ellas; también familias afectadas por la guerra iniciada en 2014.

      Las hermanas se ocupan de la atención pastoral de los heridos y sus familias: esa era y sigue siendo especialmente ahora una misión muy importante. Para muchas personas, las religiosas son también un signo de esperanza y orientación. Muchos vecinos aseguran: “Nos quedaremos mientras estén aquí las hermanas. Cuando ella se vayan, nos iremos también nosotros”.

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      Religiosas en el refugio antiaéreo

      A pesar de la deprimente situación, también se vislumbran pequeños rayos de esperanza. “Las religiosas reciben mensajes de todo el mundo diciendo que la gente piensa en ellas y reza por ellas, también experimentan una gran solidaridad por parte de los amigos y vecinos del convento, a pesar de que estos también se vean muy afectados”, informa la jefa de proyectos de ACN.

      Las religiosas describen que ahora sienten la oración de los Salmos en su propia carne, informa Kaczmarek: “Los ruegos por protección de la guerra y las promesas de la cercanía de Dios les infunden fuerzas”. Una de las hermanas cuenta que nunca ha rezado tantos rosarios como ahora.

      ACN ha contribuido a financiar la construcción de su convento y ha prestado un apoyo continuo, durante muchos años, con ayudas al sustento a estas religiosas, que agradecen a ACN su solidaridad y cercanía. La fundación pontificia internacional ha pedido a los conventos contemplativos de todo el mundo que recen por Ucrania. Un apoyo que no pasa desapercibido pese al miedo a morir en medio de los combates en Ucrania, señala Kaczmarek tras sus conversaciones con las hermanas: “Este apoyo hace que se sientan parte de la Iglesia y acompañadas por mucha gente”.

      En respuesta al estallido de la guerra en Ucrania, la fundación pontificia internacional ‘Ayuda a la Iglesia Necesitada’ (ACN) ha preparado un paquete de ayuda de emergencia por valor de 1,3 millones de euros. Según ha señalado el presidente ejecutivo de ACN, Thomas Heine-Geldern, esta ayuda beneficiará a los sacerdotes y religiosos que trabajan en parroquias, orfanatos y residencias de ancianos y que se ocupan de los desplazados en todo el país.

      Ayuda a la Iglesia Necesitada, Aleteia

      Vea también      La política como servicio - diez urgencias para los católicos




























      viernes, 18 de febrero de 2022

      Las monjas españolas se niegan a dejar Ucrania: «Cogimos la Biblia y el Espíritu Santo nos iluminó»

      Estas dominicas llevan la «Casa de los Niños»
      y aseguran no tener miedo a la guerra


      La comunidad de dominicas ha decidido quedarse en Ucrania
      y no abandonar a los niños y a las familias a las que cuidan


       

      La situación en Ucrania es más que incierta. Este jueves 17 de febrero el presidente de EEUU, Joe Biden, aseguraba que Rusia estaba a punto de invadir Ucrania y que no retiraba tropas de la fronteras. Los separatistas pro-rusos en Donbass por su parte afirmaban que las tropas ucranianas habían roto el alto el fuego en 4 ocasiones en 24 horas, con portavoces del Kremlin protestando. Estados Unidos expulsaba al número 2 de la embajada rusa en EEUU, mientras Rusia hacía lo mismo con el número 2 de la embajada americana en Moscú.

      En Kiev, las embajadas cerraban o dejaban al personal mínimo, y miles de extranjeros  abandonan el país ante la posibilidad de un inminente conflicto. 

      Sin embargo, hay quien tiene claro que no dejará Ucrania ni aunque hubiera guerra. Es el caso de las monjas dominicas españolas que desde 2001 llevan Dim Ditey, la 'Casa de los Niños', situada en un barrio muy pobre de Kiev y donde ayudan a numerosos pequeños de familias muy pobres y abandonados en la calle.

      Ante la decisión de salir o no Ucrania, la comunidad dominica se reunió para discernir qué debían hacer. Para ello decidieron abrir la Biblia y en oración ver lo que Dios quería de ellas en ese momento. La lectura no pudo ser más clara: “Quédate en el campamento…”.

      Estas religiosas llegaron en 1997 respondiendo al llamado del Maestro General de la Orden Dominica de atender a los pueblos eslavos tras la caída del bloque comunista. Viendo qué podían hacer para servir al pueblo ucraniano conocieron la dura realidad que vivían muchos niños y decidieron que sería en ellos en los que centrarían sus esfuerzos. Desde que abrieran el hogar han cuidado a cientos de ellos: católicos latinos, greco católicos, ortodoxos, protestantes…

      Niños del hogar Dim Ditey

      En una entrevista que publica la web de la Orden de Predicadores tres de las hermanas españolas que están en Ucrania, María, Antonia y Mª Jesús, relatan su testimonio en primera persona.

      “Estamos bien”, aseguran las religiosas, que confirman: “no tenemos miedo”.  Por ello, insisten que “en estas guerras largas y encalladas, es esclarecedora la respuesta de Jesús a los que le dicen que Herodes lo busca para matarlo: ‘id y decidle a este zorro: hoy y mañana seguiré echando demonios y haciendo curaciones, y pasado mañana terminaré. Por lo demás, seguiré mi camino hoy, mañana y pasado mañana, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén’ (Lc, 13 32-33)”.

      Por ello, su vida se guía por un sencillo consejo: “hoy y mañana… hagamos su obra”.

      “Estamos muy tranquilas. Lo que tenga que pasar, pasará. Hemos pasado situaciones parecidas. La ayuda de Dios da fuerzas. Sin duda, tienen más miedo los de fuera, que nos están hinchando a correos y a llamadas. Nosotras estamos tranquilas, estamos en manos de Dios”, afirmaban también las monjas dominicas en COPE.

      Además, agregaban: “estuvimos viendo qué podíamos hacer. No sabíamos qué hacer. Cogimos la Biblia, escuchamos la palabra de Dios y el Espíritu Santo nos iluminó diciendo 'aquí nos quedamos'. Volvimos a llamar a la Embajadora y lo entendió. Eso sí. Nos dijo que si pasa alguna cosa en el futuro, ella nos manda a los GEO, así que no nos preocupemos”.

      Tanques en la frontera entre Rusia y Ucrania

      Mientras la posibilidad de una guerra sigue estando muy presente estas dominicas siguen trabajando en Dim Ditey como si nada ocurriera. “Trabajamos normal, con las dificultades normales de la guerra y del COVID, en nuestro día a día con las familias, los niños y los jóvenes, subrayando el eje ‘niño-familia’, para evitar que la pobreza o el deterioro de relaciones de los padres, o las dificultades de madres solteras, los pongan en riesgo. Es un centro abierto de primera evangelización”, donde el 30% de los niños acogidos son católicos.

      Las hermanas Antonia, Mª Jesús y María piden rezar por el pueblo en el que viven. “Que recemos juntos por los padres de los niños que están en el frente, la línea, como se la llama familiarmente, por los mismos niños-adolescentes que al salir del centro encuentren trabajo, por tantos jóvenes que al no encontrarlo se enrolan voluntarios para llevar un sueldo de guerra a sus a sus casas para que ayude a sus familias”, solicitan las monjas.

      Sobre su realidad en Ucrania, señalan que ellas sufren por todas estas personas mientras viven “en una normalidad en alerta y muy cuidadas por nuestra embajadora, que entre otras cosas se educó en las dominicas de Valladolid. Nos llegan las consecuencias, y algunas las vivimos de rebote, pero la verdad es que estamos viviendo en las manos de la providencia y nos acarician, de tal manera, que no sabemos ni qué decir”.

      De hecho, aseguran que han sido “unas semanas de ir de emoción en emoción” por “si llega el caso extremo, como poder acoger en nuestra casa o ser acogidas en otra comunidad que vive en la frontera con Polonia”.

      “Ha habido momentos de tanta emoción que nos aturullábamos al rezar, y teníamos que quedarnos en silencio, dejando que el corazón se serenara y encontrara su propio latir con Dios”, afirman también.

      Por último, hacen un último llamamiento: “no sabemos lo que resultará de todo esto. Nosotras normalmente necesitamos ayuda para la comida de los niños, mantenimiento de luz y calefacción, ayuda para becas de las niñas, sobre todo, y ayuda para enfermedades raras, que muchas veces son consecuencias de Chernóbil, pues estamos a unos 100 o 120 km del lugar del accidente. Ahora estamos ayudando a una niña de 2 años que tiene una enfermedad rara parecida al ELA, pero que mejora y crece, aunque todavía hay que alimentarla por sonda, pero ya puede respirar sola algunas horas”.

      J.L. / ReL

      Vea también     Testimonio de Familias en Misión





























      lunes, 14 de febrero de 2022

      Mercedes, joven médica de 27 años que deja todo para ser monja carmelita: «Al rendirme hallé la paz»

            Tras una lucha ante la llamada de Dios
      ha ingresado en un monasterio de La Rioja


      Mercedes Khartabil, de 27 años, ingresó este pasado 5 de febrero
      en el monasterio de las carmelitas descalzas de Mansión de Paz (La Rioja)

       

      El pasado 5 de febrero Mercedes Khartabil, una joven médica de 27 años que estaba en sus años de residencia en la especialidad de Nefrología, ingresó en el monasterio de clausura de las carmelitas descalzas de Mansión de Paz, en La Rioja.

      Esta madrileña ha optado por la opción radical de dejarlo todo por Dios ante una llamada insistente que durante un tiempo le decía: “te quiero sólo para mí”.

      Al final Mercedes dejó su prometedora carrera en la medicina dejando atrás todo el esfuerzo que había realizado para llegar hasta ahí. Pero su decisión no ha sido una pérdida para ella, sino una auténtica ganancia.

      Con su entrada este monasterio carmelita riojano tiene ya 14 monjas de clausura. Mercedes es con sus 27 años la más joven, la siguiente tiene 39 años y desde hace 15 años no ingresaba ninguna hermana aquí por lo que su llegada ha sido una fiesta por partida doble.

      “Creo que todo se basa en la confianza, y a veces tiene que ser ciega. Yo confío mucho en Dios porque además he comprobado que no hacerle caso es fatal. Como tengo esa experiencia de haber estado tan triste por haber querido vivir mi vida ahora pienso: ‘Él sabrá, estaré bien donde Él me ponga”, afirma la ya postulante sobre su entrada en el Carmelo.

      Un amor que comenzó en la JMJ de Cracovia

      Unos días antes de ingresar Mercedes relató ante un grupo de amigos y conocidos su testimonio vocacional, y que ha recogido en vídeo Enriquísimo TV en su canal de Youtube.

      Mercedes Khartabil explicaba que aunque recibió la fe a través de su madre y de su abuela no tuvo “un encuentro personal con Cristo” hasta la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Cracovia en 2016. “A partir de ahí me encontré con el amor de Cristo y buscaba cómo corresponder ese amor”, decía.

      A partir de ese encuentro en la JMJ quería estar más cerca de Dios, ir más a la Iglesia, rezar ante Él. Pero confesaba también que “cuando uno intenta corresponder al Señor es inevitable que se generen dudas, y eso me pasó”.

      En las peregrinaciones que había hecho antes ya fuera a Santiago, Fátima u algún otro lugar  el grupo paraba en algún monasterio carmelita. Mercedes señalaba un hecho que le llamaba mucho la atención: “siempre que estábamos en el locutorio me removía por dentro. Veía a esas mujeres tan felices y eso me removía mucho, pero a la vez me sentía cohibida de expresarlo delante de todos”.

      Mientras esta lucha se producía en su interior esta joven seguía con sus estudios de Medicina. Estaba en sexto y pronto tendría que prepararse el MIR y elegir especialidad. “Me encantaba la Medicina, pero a la vez quería seguir al Señor hasta el extremo”, comentaba en su testimonio.

      En aquella etapa en una Javierada, peregrinación que se realiza al castillo en el que nació San Francisco Javier, su grupo paró nuevamente en un Carmelo, en este caso en el monasterio riojano en el que finalmente ha ingresado.

      “Estuvimos con las monjitas en el locutorio, pero me paso algo que nunca me había pasado en otro Carmelo. Las monjitas decidieron que después quien quisiera hablar en privado podría hacerlo. Hicimos una cola. Entré y por primera vez hable en privado con las carmelitas. Les confesé que tenía muchas dudas con la vocación”, explicaba.

      Visita al monasterio de carmelitas durante la Javierada

      Imagen de la visita del grupo al monasterio de carmelitas de camino a la Javierada de 2018

      Y es que sus dudas vocacionales siempre estaban relacionadas con las carmelitas puesto que esta inquietud no la sentía con otras congregaciones.

      Volvió a casa con paz, dispuesta a acabar Medicina, hacer el MIR y realizar Nefrología, que era lo que quería. Al final le tocó plaza de residencia en Alicante.

      El agobio y su lucha con Dios

      “Sentí claramente que el Señor me decía: ‘te quiero sólo para mí’. Pero me agobié”, contaba. En Alicante humanamente estaba contenta. Le gustaba su trabajo y conoció a buenos amigos. Pero en su interior seguía la lucha.

      De hecho, Mercedes afirmaba: “cada vez que iba al Sagrario sentía que Dios me llamaba. Yo lloraba. Llegué a un punto de llorar en la iglesia y decirle ‘cállate ya’. Y se calló, porque el Señor es respetuoso, pero me sentí muy triste”.

      Lejos de mejorar la situación iba a peor. Ya no lloraba sólo cuando rezaba en la iglesia, sino que quería llorar en todo momento. Y así fue como se fue alejando de la dirección espiritual, de la oración y en definitiva de aquel Dios que la llamaba.

      Sin embargo, el pasado verano vio que no podía seguir así. No sentía a Dios porque básicamente Mercedes reconocía que “lo había echado”. Volvió durante unos meses a Madrid y acudió a un retiro espiritual, en el que en el tercer día escuchó el Evangelio del joven rico. “Me vi muy identificada”, reconoció.

      La rendición de Mercedes

      En ese momento le dijo a Dios que le dijera lo que quisiera y no tardó en aparecer: “Inmediatamente lo volví a sentir muy fuerte: ‘te quiero sólo para mí’. Me volví a agobiar, pero no quise entrar otra vez en el círculo vicioso. Y le dije: ‘lo que tú quieras…’. En cuanto me rendí me vino una paz que no sé explicar”, relataba Mercedes en su testimonio.

      Al regresar del retiro escribió a las monjas carmelitas y se fue a pasar un fin de semana con ellas. Sobre aquella experiencia recordaba que “en todo momento me sentí con mucha paz. Sentí que era mi sitio y que iban a ser mi familia”.

      Volvió al trabajo a Alicante, pero para anunciar que lo dejaba, también tocaba informar a su familia de una decisión radical pero convencida. Dejaría su recién iniciada carrera en el mundo de la Medicina para rezar por la salud de las almas del mundo entero. Y así fue como finalmente, rendida y enamorada de Dios, Mercedes ingresó el pasado 5 de febrero en un monasterio carmelita.

      J.Lozano / ReL

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