sábado, 8 de agosto de 2026

Pareja: ¿cada quien ama de diferentes formas?

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Medir el cariño de la pareja según nuestras reglas causa distanciamiento. De ahí surge la necesidad de aprender a reconocer las mil formas en que el amor se manifiesta 

Uno de los errores más frecuentes en la vida de pareja consiste en creer que el amor solo es verdadero cuando se expresa de la forma en que nosotros lo esperamos. Sin darnos cuenta, vamos construyendo un pequeño reglamento interior: si me ama, recordará mi cumpleaños; si me ama, me dirá palabras cariñosas; si me ama, me acompañará a donde yo quiera; si me ama, tendrá ciertos detalles, ciertas atenciones, ciertos gestos que, para mí, significan amor.

La trampa de las expectativas universales

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El problema comienza cuando convertimos esas expectativas en una medida universal. Entonces dejamos de mirar lo que el otro sí hace y comenzamos a contabilizar únicamente lo que no hizo. El amor se vuelve examen, la convivencia se convierte en tribunal y la pareja termina defendiendo su afecto como si tuviera que presentar pruebas ante un juez.

Ella puede pensar: "Si olvida una fecha importante, si no me regala algo, si no me dice que me ama, entonces no me ama". Él puede sentir: "Si no aprecia mi esfuerzo, si no me prepara algo con cariño, si no agradece lo que aporto o no reconoce lo que hago, entonces tampoco me ama". Ambos pueden estar amándose y, al mismo tiempo, sentirse profundamente decepcionados. No porque falte amor, sino porque cada uno espera recibirlo en el idioma que conoce.

Los diferentes lenguajes del afecto

Pero el amor tiene muchos lenguajes. Algunas personas aman con palabras; otras, con el silencio de la fidelidad. Unas demuestran su afecto con regalos; otras, resolviendo dificultades. Hay quien abraza, quien acompaña, quien cuida, quien escucha, quien trabaja, quien permanece. Hay amores que son como campanas y se escuchan a lo lejos; otros son como raíces, casi invisibles, pero sostienen el árbol entero.

Aprender a amar también significa aprender a descubrir la manera particular en que el otro nos ama. No se trata de renunciar a expresar lo que necesitamos ni de aceptar indiferencias, desprecios o malos tratos. El amor verdadero jamás exige que confundamos abandono con libertad o desconsideración con autenticidad. Pero una cosa es pedir afecto con honestidad y otra muy distinta imponer al otro la obligación de amarnos conforme a nuestro propio criterio.

La madurez de abrazar la diferencia

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Cuando decimos: "Si no haces esto, no me amas", muchas veces no estamos hablando del amor del otro, sino de nuestra propia expectativa. Estamos diciendo: "No me amas como yo quiero". Y esa diferencia es enorme, porque el amor no es una coreografía en la que el otro debe aprender todos nuestros pasos para no equivocarse. Es más bien un encuentro entre dos libertades, dos historias, dos sensibilidades y dos formas distintas de entregar el corazón.

La madurez en la pareja comienza cuando dejamos de perseguir una demostración perfecta y aprendemos a reconocer las pequeñas señales que antes ignorábamos. Tal vez no dijo la frase esperada, pero estuvo presente. Tal vez no compró el regalo, pero cuidó de nosotros. Tal vez no respondió como imaginábamos, pero permaneció cerca cuando más lo necesitábamos.

El amor no es un contrato de equivalencias exactas, sino una disposición para reconocer el bien que el otro nos entrega. Amar es también agradecer esa forma irrepetible con la que alguien elige hacernos el bien. No todo amor se parece al nuestro. No todo cariño toma la forma de nuestras expectativas. Y, sin embargo, puede ser sincero, profundo y constante.

Quizá una de las mayores pruebas de amor consiste precisamente en dejar al otro ser quien es. Reconocer su estilo, recibir su modo y comprender que el amor no siempre llega vestido como lo soñamos. A veces entra sin ceremonia, se sienta a nuestro lado y, en silencio, nos acompaña durante toda la vida. Porque el verdadero amor es incondicional y no admite expectativas personales y mucho menos juzga el modo de amar.  

Guillermo Dellamary, Aleteia

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