
Crédito: José Agustín González Contreras
Ordonné prêtre à 72 ans, José Agustín prouve qu'il n'est
jamais trop tard pour répondre à Dieu
José Agustín González Contreras, de 73 años, fue ordenado
sacerdote en España tras una vida dedicada a la arquitectura. En una entrevista
con Aleteia, cuenta esta trayectoria inesperada que nos recuerda que nunca es
demasiado tarde para responder al llamado de Dios
Copiar el enlaceArchivar artículo
Compartir en :
Durante décadas construyó casas; ahora construye almas.
Ordenado sacerdote el 27 de noviembre de 2025 en Córdoba, España, el chileno
José Agustín González Contreras esperó más de 70 años antes de responder
plenamente al llamado del Padre. Una vocación que maduró pacientemente a lo
largo de una vida marcada por el trabajo, el duelo, el servicio y una profunda
fidelidad a Dios.
"Para Dios, nunca es demasiado tarde"
"Para Dios, nunca es demasiado tarde. Él llama en
cualquier momento de la vida. No existe una vocación tardía; simplemente, Dios
tiene su momento para cada uno". Estas son las palabras de José Agustín,
cuya historia es un hermoso ejemplo de ello. De hecho, para el padre José
Agustín, ordenado a los 73 años, estas palabras no son una mera fórmula, sino
el resumen de toda una vida.
Nacido en Chile en una familia católica, José Agustín creció
al ritmo de la vida parroquial. Desde muy temprana edad se involucró en el
movimiento scout y participó activamente en las actividades de su Iglesia. Sin
embargo, al llegar a la edad adulta, eligió un camino completamente diferente:
el de la arquitectura. Una profesión que lo apasionaba y en la que se realizó
rápidamente.
Así, tras varios años de trabajo en Venezuela, fundó su
propia empresa de construcción, sin imaginar que Dios lo llamaría, algún día, a
construir de otra manera. "Diseñaba los edificios y los construía yo
mismo. Todo iba a una velocidad increíble. Dios me bendecía constantemente y
nunca me faltó trabajo", recuerda el religioso con emoción.
"Ya no construía para los hombres, sino para
Dios"
El verdadero punto de inflexión se produjo en 2004, cuando a
José Agustín se le encomendó la restauración del seminario de la diócesis de
San Bernardo, en Chile. Al finalizar la obra, el obispo le propuso convertirse
en arquitecto diocesano. Sin saberlo, esta nueva responsabilidad transformaría
su vida. "Me di cuenta de que ya no construía la casa de tal o cual
persona… Construía la casa de Dios. Sentía que algo estaba pasando dentro de
mí, que Dios me pedía algo más", cuenta este hombre de setenta años.
Poco a poco, esa intuición fue creciendo. Al ingresar al
Instituto del Verbo Encarnado, José Agustín aceptó seguir los ejercicios
espirituales de san Ignacio de Loyola. Una experiencia decisiva que le sirvió
como una verdadera revelación en 2008. "Fue un impacto. A medida que
avanzaban los ejercicios, comprendí que Dios tenía un plan para mí, un plan que
había estado oculto durante mucho tiempo. Simplemente me decía: 'Abre los
ojos´". Quien a los 65 años creía que su vida estaba ya trazada, comprende
que el Señor lo llama ahora a una misión completamente diferente.
"El día más hermoso de mi vida"

José Agustín fue ordenado sacerdote
el 27 de noviembre de 2025 en Córdoba, España. José Agustín González Contreras
Sin embargo, a pesar de esta nueva certeza, el arquitecto no
ingresa de inmediato a la vida religiosa. Si bien la llamada de Dios ya es
clara, José Agustín considera que primero le espera otra misión. Su padre,
gravemente enfermo, lo necesita. Por lo tanto, el futuro sacerdote decide
posponer su compromiso para permanecer a su lado.
Una decisión que vive como una respuesta tanto al Evangelio
como a su vocación. "Había comprendido el plan de Dios, pero pensaba que,
ante todo, debía cuidar de mi papá por caridad. Lo acompañé durante ocho años,
hasta su último aliento".
Al día siguiente del funeral de su papá, José Agustín llama
a su director espiritual. "Simplemente le dije: Estoy listo". Esta
vez, ya nada detenía al futuro sacerdote. Unos meses más tarde, en 2015, se fue
de Chile a Italia y comenzó su formación. Rodeado de jóvenes seminaristas
procedentes de unos veinte países, descubrió una vida cotidiana exigente para
la que muchos pensaban que no estaba lo suficientemente preparado debido a su
edad.
Aunque algunos se preguntan si podrá seguir el ritmo de sus
compañeros, José Agustín está lejos de quedarse atrás. "¡Al final, eran
ellos los que tenían dificultades para seguir mi ritmo! Dios me ha dado una
energía increíble", cuenta el chileno con una sonrisa.
"Como arquitecto, construía con piedras. Ahora, Dios
me llama a construir su Reino con almas".
Después de tantos años de discernimiento, espera y
preparación, el día de su ordenación marca la culminación de un largo camino.
El nuevo sacerdote habla de una alegría difícil de describir, impulsada por la
certeza de haber respondido por fin al llamado de Dios.
"Fue el día más hermoso de mi vida. Me sentí totalmente
entregado a las manos de Dios. Hoy tengo 73 años y me siento lleno de energía
para cumplir la misión que Él me confía", confiesa el sacerdote antes de
agregar: "Como arquitecto, construía con piedras. Ahora, Dios me llama a
construir su Reino con almas".
Laura Marchais, Aleteia
Vea también