La escritora franco-española publica su primer libro, una carta de gratitud a la madre biológica que la entregó en adopción.

Beatriz Muñoz Estrada-Maurin publica un testimonio personal sobre la maternidad que ha vivido y conocido en circunstancias singulares.
Beatriz Muñoz Estrada-Maurin es traductora desde hace más de quince años, madre de seis hijos y, según sus propias palabras, siempre será “una niña abandonada” frente a la madre que nunca ha conocido.
Un año después de morir su madre adoptiva -y tres años después de la de su padre adoptivo- escribió de un tirón, en apenas uno o dos meses, Para ti, mamá desconocida (Fonte-Monte Carmelo), un libro que es ante todo un “gracias”: gracias por la vida que otra mujer (su madre biológica) decidió no interrumpir, y gracias a la familia que la acogió después.
En esta entrevista con Religión en Libertad, la autora repasa el origen del libro, el porqué de su título y lo que ha aprendido sobre el valor de toda vida, “deseada” o no.
-Escribí este libro de un tirón, en apenas uno o dos meses, exactamente un año después de que falleciera mi madre. Mi padre nos había dejado tres años antes. Ese “gracias” lo llevaba dentro desde hacía mucho tiempo, sin saber muy bien en qué se convertiría. Al final se convirtió en un libro.
![Beatriz Muñoz Estrada-Maurin ha escrito 'Para ti, mamá desconocida' con prefacio de la Madre Anne, priora de la abadía cisterciense francesa de Nuestra Señora de las Nieves [Notre-Dame des Neiges].](https://imagenes.religionenlibertad.com/files/vertical_image_mobile/uploads/2026/08/04/6a7228258c152.jpeg)
Beatriz Muñoz Estrada-Maurin ha escrito 'Para ti, mamá desconocida' con prefacio de la Madre Anne, priora de la abadía cisterciense francesa de Nuestra Señora de las Nieves [Notre-Dame des Neiges].
»En paralelo a esas pérdidas, ese “gracias” se ha ido alimentando también del dolor que siento cada vez que veo cómo nuestra sociedad afirma, sin ninguna conciencia, que las vidas que ya están de camino en el seno de una madre no tienen valor alguno. Eso me entristece profundamente. Mi ramo de gracias hunde ahí sus raíces: “deseada” o no, mi vida no contaba menos que las demás, y tuve la suerte de nacer de un vientre y en una época capaces de acogerme.
-Aquí respondo quizá a la pregunta de qué deseo transmitir, o qué le diría a una mujer que se plantea tener ese niño: lo único que deseo transmitir es mi experiencia del valor de una vida, y de ningún modo un juicio. Yo no soy nadie para juzgar a nadie; por eso era importante para mí dejar claro que esto no es un manifiesto.
»La vida puede ser tremendamente dolorosa, a veces se nos escapa sin remedio: ¿cómo me atrevería yo a juzgar los actos de los demás? Tengo suficiente con los míos. Lo que deseo, porque es la parte que me ha tocado, es dar gracias y gritar a pleno pulmón que la vida es un precioso regalo, y que darla es un don inconmensurable.
-Ese título es ya de por sí una historia. Creo, o así lo interpreto hoy, que ese “gracias” se convirtió en ramo entre las manos de una niña pequeña. A pesar de ser hoy una mujer adulta -todavía en la cuarentena, madre de seis hijos-, frente a esa madre desconocida siempre seré una niña abandonada. Por eso ese ramo, que no necesita palabras.
»Me han preguntado mucho por qué juntar ese “mamá” tan íntimo y cercano con ese “desconocida”: ¿no podría haber escrito “madre”? Pues no. Porque a esa mujer que me dio la vida la llevo en mis propias entrañas, y ahí permanecerá siempre, en un sitio que es solo suyo, sin robarle espacio a la madre que compartió conmigo las alegrías y las penas de la vida.
»En el título de la edición española ha desaparecido el ramo [bouquet] respecto a la edición original francesa, pero es solo una impresión, porque está ahí desde las primeras páginas. Cuando preparábamos la edición española, un amigo me dijo que los mejores títulos eran los breves, y a mi editor le gustó la idea [Para ti, mamá desconocida vs Pequeño ramo para una mamá desconocida].
-No. Me he sentido muy serena. Era como si cada palabra encontrara por fin su sitio, y con cada palabra, cada emoción. No me ha dolido escribir: los dolores estaban ahí antes que las palabras. Al contrario, creo que al ponerlos por escrito esos sufrimientos pudieron por fin quedarse quietos y respirar serenamente. Cuando uno escribe, encontrar la palabra que transmite exactamente lo que se siente procura una gran felicidad.
»Esto ya lo había sentido traduciendo, porque llevo más de quince años traduciendo libros. Pero cuando lo que traduces es lo que llevas dentro, la sensación de libertad y de satisfacción es muchísimo mayor. De hecho, este mes se publica en Francia mi segundo libro -el primero fue este-, que es más bien un ensayo. Y ya estoy metida en otra historia, con varias más pendientes.
-Creo que los momentos en los que imagino las preguntas de mi madre biológica. Porque en el fondo todo eso son conjeturas mías. Conjeturas legítimas, porque todos necesitamos conjeturar en esas zonas oscuras de nuestra vida: sin nadie que nos cuente qué ocurrió, necesitamos contárnoslo nosotros mismos. Pero he sentido mucho pudor al hacerlo, porque no quería imponer a mi madre biológica mi interpretación de una historia que compartimos sin compartirla.
»Otro momento que me ha dejado huella fue cuando surgió esa página en blanco con tan solo tres puntos suspensivos. Fue algo que llegó con la naturalidad de un dolor que ha encontrado la paz. Fue muy fuerte, y también impactó a mis hijos.
»Por todo ello agradezco mucho a mis editores la publicación de este libro y a ti, Daniel, tu apoyo a su difusión, pues mi gran deseo es que llegue a manos de mi madre biológica.
-Soy una mujer, esposa y madre, cristiana. Esa última coma puedes quitarla o ponerla, el resultado será siempre el mismo. En el libro no hablo abiertamente de mi fe, porque me parece que ese “gracias” se puede oír con oídos de todo tipo, creyentes o no. De hecho, una prima mía del alma, con quien comparto muchas risas y penas pero no mi fe, me decía hace poco que le había emocionado mucho leer el libro.
»Pero que no hable de mi fe no quiere decir que no respire en cada una de esas palabras. Porque ese camino no lo he recorrido sola.
-Me siento incapaz de hacer el resumen del camino que he andado. Me quedo con lo que ha escrito la madre Anne: mi libro es un canto a la vida, el canto de una voz que pudo no resonar nunca y que, sin embargo, se salvó de ese silencio.
- Un reportaje sobre la abadía cisterciense de la que es priora Madre Anne, autora del prefacio del libro.
»Siento que es mi deber cantar también por aquellos que no tuvieron, y que no tienen, voz para hacerlo.
-Evidentemente, he ido encontrando mis propias respuestas, y estoy convencida de que el hecho de ser madre me ha ayudado muchísimo. Seguiré buscando y profundizando, el camino continúa. La historia de mi hijo adoptado también ha sido muy importante en todo esto.
Daniel Alcocer, ReL
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