El periodista Tom Ball se hizo pasar por un hombre en busca de ayuda y entró durante una semana en la Cienciología. Esto es lo que descubrió.

Tom Cruise, uno de los rostros más conocidos de la Cienciología en el mundo.
Un test de personalidad de 200 preguntas, un curso de apenas 35 libras y la promesa de encontrar un nuevo rumbo en la vida. Así comenzó la incursión del periodista Tom Ball, del diario The Times, en la Cienciología, una experiencia que le permitió conocer desde dentro algunas de las prácticas y creencias más controvertidas del movimiento fundado por L. Ron Hubbard.
Ball relata su experiencia en un extenso reportaje publicado por The Times bajo el título «Lo que vi cuando me infiltré en la Cienciología».
Durante una semana se hizo pasar por una persona que buscaba orientación personal y acudió a la sede de la organización en Edimburgo, presentada como Hubbard Academy of Personal Independence (HAPI).
Lo que comenzó como un aparentemente inocuo programa de «superación personal» terminó introduciendo al periodista en un universo en el que escuchó hablar de vidas pasadas de hace billones de años, supuestas curaciones espirituales, saunas capaces de elevar el coeficiente intelectual y técnicas para identificar a personas consideradas «supresivas».
El test de personalidad como puerta de entrada
Ball entró en el centro diciendo que quería conocer mejor la Cienciología. Allí le ofrecieron una prueba gratuita de personalidad diseñada por Hubbard y compuesta por 200 preguntas.
Tras responderlas, un miembro de la organización le mostró un gráfico que supuestamente describía su personalidad. Según aquel diagnóstico, el periodista era una persona «profundamente deprimida, irresponsable y nerviosa».
Después de explicarle que acababa de regresar al Reino Unido tras vivir varios años en el extranjero y que no sabía qué hacer con su vida, le recomendaron un curso denominado «Altibajos», uno de los programas de «superación personal» de la organización.
Costaba unas 35 libras. Ball pagó y comenzó inmediatamente.
Vidas pasadas de hace billones de años
El periodista asegura que, a partir de ese momento, entró en «un mundo de fantasía donde las reglas de la realidad convencional dejaban de aplicarse».
Durante su estancia conoció a un hombre que afirmaba recordar vidas pasadas vividas hacía billones de años y contempló algunos de los ejercicios realizados por los miembros.
También le explicaron que, si se entregaba completamente a las enseñanzas de la Cienciología, algún día podría alcanzar un extraordinario dominio sobre el tiempo y el espacio.
La figura de Hubbard estaba omnipresente. Cuando Gillian Brown, responsable de relaciones públicas del centro, negó ante Ball que la Cienciología fuera una secta porque, según ella, estas suelen organizarse alrededor de una figura mesiánica, ambos se encontraban sentados bajo un retrato del fundador y rodeados por libros escritos por él.
Una sauna de 1.500 libras para elevar el coeficiente intelectual
Uno de los aspectos que más llamaron la atención del periodista fueron las prácticas de carácter pseudomédico desarrolladas por Hubbard.
John Gourlay, subdirector del centro y vinculado a la Cienciología desde la década de 1970, le mostró un vídeo en el que se sostenía que el 70% de las enfermedades podían curarse «abordando el espíritu».
Gourlay aseguró además que había conseguido aumentar su coeficiente intelectual en 17 puntos gracias a una práctica conocida como «ciclo de purificación», que incluía permanecer en una sauna cinco horas diarias durante varias semanas.
El centro de Edimburgo dispone de una sauna destinada a este programa, cuyo precio asciende, según el relato de Ball, a 1.500 libras.
Cuando el periodista explicó que padecía desde hacía años un dolor de hombro que no había conseguido solucionar mediante fisioterapia, quiropráctica o acupuntura, le propusieron probar otra técnica ideada por Hubbard.
El procedimiento, denominado «asistencia», pretende ayudar al organismo a recuperarse de enfermedades, lesiones y traumas mediante la supuesta apertura de los flujos de energía entre el cuerpo y el espíritu.
Una chica de 15 años practicaba las técnicas
Fue entonces cuando apareció uno de los aspectos más llamativos de la investigación.
Gourlay explicó al periodista que una adolescente de 15 años realizaba algunas de estas prácticas. Según relató, existían diferentes técnicas, incluida una destinada supuestamente a conseguir que una persona ebria recuperara la sobriedad.
Los menores aparecieron también en otros momentos de la estancia de Ball.
El periodista pasó buena parte de la semana estudiando textos de Hubbard bajo la supervisión de una joven de 18 años, que incluso le telefoneaba cuando llegaba tarde a las sesiones.
En el aula había además un «e-meter», un aparato utilizado por la Cienciología que registra variaciones de resistencia eléctrica mientras la persona sostiene dos cilindros metálicos.
Ball asegura que presenció cómo la supervisora utilizaba el aparato con un chico de 15 años mientras leía una serie de palabras y observaba sus reacciones.
«Personas supresivas»: identificar y desconectarse
El curso «Altibajos» escondía además un contenido mucho más concreto de lo que su nombre sugería.
El manual enseñaba a identificar dentro del entorno social y familiar a las llamadas «posibles fuentes de problemas» y «personas supresivas».
El periodista tuvo que redactar ejercicios señalando a personas conocidas que pudieran encajar en esas categorías. Según su impresión, el método empujaba al alumno a plantearse el distanciamiento de amigos o familiares considerados perjudiciales.
Ball observó además que buena parte de quienes trabajaban en el centro tenían su vida estrechamente vinculada a la organización: comían juntos, algunos estaban casados entre sí, otros compartían vivienda y varios tenían trabajos externos para complementar sus reducidos ingresos.
«Nunca has trabajado en periodismo, ¿verdad?»
A medida que avanzaba la semana, la presencia de Ball comenzó a despertar sospechas.
El periodista recuerda que Hubbard mostró durante su vida una profunda desconfianza hacia posibles infiltrados de los medios de comunicación y de los servicios de inteligencia y dejó instrucciones sobre cómo identificarlos y combatirlos.
Ball buscaba continuamente excusas para abandonar el aula, recorrer el edificio y conversar con diferentes miembros. Gillian Brown comenzó a fijarse en su comportamiento.
Hasta que un día lo miró intensamente y le dijo:
«Haces muchas preguntas. Nunca has trabajado en periodismo, ¿verdad?»
Ball trató de quitar importancia a la pregunta con una sonrisa. Pero para entonces tuvo la sensación de que su tapadera estaba a punto de caer.
Después de una semana dentro, el periodista había pasado de pagar 35 libras por un curso de desarrollo personal a conocer un sistema cerrado de creencias en el que convivían los test psicológicos, las doctrinas de Hubbard, las promesas de capacidades extraordinarias, las prácticas pseudomédicas y la identificación de personas de las que el adepto debería alejarse.
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