sábado, 14 de febrero de 2026

7 perversiones del feminismo conservador: cuando desmontar lo woke no es suficiente

Las reflexiones de Ann Burns, fundadora de The feminine project, son un contundente argumento que recuerda que el problema del feminismo nunca será el adjetivo -progresista o conservador- sino el olvido y rechazo de la virtud esencial que comparte con toda ideología.

Frente a un feminismo woke, el de corte conservador corre el riesgo de olvidar toda alusión o raíz de la virtud en la feminidad: Ann Burns, de The Feminine Project, ofrece una alternativa.

Frente a un feminismo woke, el de corte conservador corre el riesgo de olvidar toda alusión o raíz de la virtud en la feminidad: Ann Burns, de The Feminine Project, ofrece una alternativa.

Desde hace meses -según algunos, incluso tras la pandemia- los grandes postulados woke estarían viéndose reemplazados por un “giro” o “pendulazo”, de modo que un hartazgo generalizado estaría llevando a la sociedad y especialmente a las nuevas generaciones a rechazar el discurso imperante y a profesar de forma reaccionaria su contrario. Sucede con el rechazo a los discursos transgénero, con la pérdida de apoyos y donaciones a los impulsores del Orgullo LGBT, con el incremento de la religiosidad entre las nuevas generaciones e incluso en mujeres jóvenes que, desvinculándose del feminismo, pasan a orbitar en torno al universo de las tradwifes o directamente a considerarse como tales.

Ann Burns, escritora en medios como Crisis, es una de esas jóvenes que se define orgullosamente como esposa y madre y reconoce que hasta no hace mucho disfrutaba de contemplar los intentos de reivindicar la feminidad en detrimento de un feminismo en descomposición.

Sin embargo, pronto empezó a ser consciente de que no bastaba con oponerse al feminismo.

“Como la feminidad parece estar hoy más `de moda´, me pregunto si realmente estamos reivindicando lo femenino o si, simplemente, estamos restaurando una vieja decadencia moral”, escribe la fundadora de The Feminine Project en su último artículo de Crisis.

Menciona varios ejemplos de corte conservador que se encuentran en plena promoción del regreso del sonado desfile de lencería de Victoria’s Secret o calendarios de chicas conservadoras MAGA que ha llegado a ser conocido como “Making America Hot Again”. Un “ardid antifeminista” que, en lugar de femenino, solo estaría impulsando lo que Burns cuestiona como una “pornografía suave”.

A lo largo de su artículo en Crisis, la escritora advierte de esta y otras 7 “perversiones” del nuevo “feminismo conservador” que, según ella, sobresale en detrimento de la verdadera feminidad.

1º La feminidad no es reaccionaria

Según Burns, los mencionados son solo algunos ejemplos que muestran que “no se celebra lo femenino”, sino que “simplemente intentamos ser más seductores que nuestros oponentes”.

Burns reivindica que, al contrario que el feminismo conservador, “la feminidad no es reaccionaria”:

“Todo el movimiento es reaccionario. Y la cuestión es que, a pesar de todos estos intentos de hacer que la feminidad sea "cool", parece haber un abismo de desconfianza entre los sexos. Los hombres están hartos de la farsa y todos se están volviendo locos”.

La esposa y madre subraya que la verdadera feminidad, lejos de ser reaccionaria, es “un don que nos dio Dios”, y por tanto “no es tóxica ni un problema”.

“Necesitamos la feminidad. Las mujeres son el corazón de la sociedad, y un corazón débil engendrará una cultura moribunda. En este momento, estamos presenciando lo que parece un cambio de rumbo. Los hombres están (con razón) hartos del feminismo y ansiosos por recuperar su rol. Para las mujeres, creo que la solución es bastante sencilla. Es importante que abracemos lo femenino y erradiquemos cualquier perversión tóxica de nuestras vidas”.

2º La maternidad sí es suficiente

Si bien se intenta celebrar a las mujeres como madres, continúa, los conservadores parecen creerse la mentira de que "la maternidad no es suficiente" al promover no la maternidad, sino a las madres que eligen trabajar, liderar y ocupar puestos de poder.

“La maternidad es un puesto de tiempo completo; es superior a una carrera; es una vocación. Sí, algunas mujeres deben trabajar, pero no deberíamos decirles que pueden hacerlo todo. Es una mentira, una mentira que hiere a las familias”.

3º María, modelo frente a la autocompasión

La escritora considera que una de las características más preciadas de la feminidad es su perseverancia, especialmente a la hora de sufrir o acompañar al sufriente.

“Una madre desea eliminar el dolor y el sufrimiento de sus seres queridos, más que nada. Pero no puede; en cambio, persevera. Sostiene sus cuerpos magullados y febriles y capea la tormenta en serena calma. El corazón de la madre permanece tierno cuando el mundo es frío y amargo. Sufre con su amado”, escribe Burns.

Menciona como “ejemplo supremo” a la Virgen María.

Desde su fíat hasta su paso por la cruz, explica, “toda su vida estuvo marcada por el amor y la receptividad. Nunca pidió que el sufrimiento desapareciera. Al contrario, permitió que su corazón fuera traspasado. La Santísima Madre, nuestra Mater Dolorosa , es nuestro ejemplo de verdadera feminidad”.

Frente a ella, observa que el nuevo feminismo conservador adolece del engaño prometeico de tratar de huir del sufrimiento a toda costa, de modo que la queja, la insistencia y el victimismo aparecen rápidamente cuando no estamos dispuestas a cargar con nuestras cruces.

“Muchas mujeres han adoptado una mentalidad anticonceptiva en lugar de aprender a confiar en la abundancia de Dios. Es una fuerte tentación abdicar, huir, cuando las cosas se ponen difíciles. Pero en la feminidad de una mujer, ella guarda otro secreto: puede permanecer glorificando a Dios y confiando en su providencia.

4º La compasión se fundamenta en la caridad

En este sentido, la escritora se refiere a la compasión injustificada como a otra “perversión tóxica”:

“Las mujeres estamos conectadas con las relaciones, y es fácil manipular nuestras emociones. Puede parecer inofensiva, pero la compasión injustificada puede generar aprobación o justificar conductas pecaminosas. La compasión debe tener sus raíces en la caridad”.

5º El control no es fruto de la feminidad

Del mismo modo, observa que al mismo tiempo que se rechaza el empoderamiento feminista, “muchas mujeres se ven tentadas a entrometerse, a controlar a sus esposos, hijos adultos y a quien puedan”.

“Es parte de la maldición de Eva (Génesis 3:16). Y encima, murmuran. Todos estos son rasgos tóxicos que destruyen la familia y hieren profundamente las almas. La intromisión, el control y el chisme no son frutos de la feminidad; son productos de nuestra naturaleza caída que debemos esforzarnos por eliminar. En cambio, el corazón femenino es radicalmente receptivo. Es una fuente de bondad, reverencia y compasión”.

6º La caricatura de la mujer herida: sus peligros

La escritora aborda en último lugar la “letalidad” de una perversión “tan aceptada como normalizada” en los medios, música y la narrativa femenina, y es la extensión de la creencia entre muchas mujeres de que no son amadas.

Una creencia especialmente peligrosa para la feminidad, ya que “cuando una mujer actúa creyendo que no la aman, se desespera. Siente envidia y se obsesiona consigo misma. Es una extraña forma de orgullo que rechaza el amor de su Padre Celestial y dice: “No, te equivocaste al crearme´”.

Como consecuencia, Burns advierte de que la mujer que asume este error puede buscar validación y aprobación por todos los medios, generalmente alejados de toda virtud y bondad:

“Esta herida en su corazón obstaculiza su capacidad de amar, cuidar y atender los deberes de su vocación. Puede obsesionarse con su apariencia física, vestirse con inmodestia, perseguir la vanidad, el poder y las cosas efímeras de este mundo. Al final, siente que tiene mucho que demostrar, una mentalidad que lleva a muchas mujeres a traicionar su feminidad”.

Concluye orientando la mirada de la mujer hacia la virtud y la feminidad frente a una creencia que es “triste y sumamente problemática”:

“Es fundamental que una mujer busque sanación de cualquier herida que la haya llevado a esta falsa creencia; tal vez no tuvo un buen padre, o tal vez experimentó un trauma terrible, o tal vez se avergüenza de su feminidad. Sea lo que sea, debe llegar a conocer y aceptar el amor de Cristo. Cristo está más cerca de nosotras que nosotras mismas”.

7º No se debe demostrar nada a nadie solo ser fieles a la feminidad

A modo de conclusión, Burns remarca que las mujeres no necesitan demostrar su valía en la vida, ni siquiera ante un mundo insensible, ya que “el valor de una mujer proviene de Dios, que la amó hasta la existencia y le dio el don de la feminidad, un don resplandeciente, destinado a ser compartido, a brillar y a resucitar una cultura en decadencia”:

“Sí, hay muchas perversiones tóxicas, y debemos estar alerta. No se trata de sumarse al caos. Se trata simplemente de ser fieles a nuestra misión. Así que, deshazte de tus rasgos tóxicos. Acepta el don que Dios te dio”. 

ReL

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Ascética de gimnasio

 La mortificación más evangélica es el amor al prójimo: que sea el otro, en mayúscula y en minúscula, quien te ocupe el corazón.

El ejercicio de la voluntad está bien porque nos libera de esclavitudes, pero la clave está en el para qué, so pena de esclavizarnos a nuestro propio ego.

El ejercicio de la voluntad está bien porque nos libera de esclavitudes, pero la clave está en el para qué, so pena de esclavizarnos a nuestro propio ego.4


    Veo cada vez con más frecuencia iniciativas o propuestas de autorrealización que implican un sacrificio considerable (especialmente durante la cuaresma). No son pocas las personas que, tanto para un cambio físico, como para intentar hacerse ricos, someten su propia voluntad a duras prácticas o incluso castigos. Tampoco son pocas las personas que critican estas prácticas calificándolas de retrógradas, y sin saberlo, tal vez tienen razón.

    Levantarse a las 5 de la mañana, ducharse con agua fría… y tantas otras medidas con las que se pretende castigar al cuerpo, ya se citaban en el Levítico y en el Éxodo. Siguiendo un orden canónico también aparecen en el Salmo 35 del Rey David, los 40 días del propio Jesús, y citas como la de San Pablo: “Castigo mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre…” Pero ¿los influencers de hoy están hablando de lo mismo que San Pablo a los Corintios?

    En ambos casos se trata de un ejercicio virtuoso sobre la voluntad humana para liberarla de malos hábitos y sometimientos mundanos. La prudencia, la fortaleza y la templanza pasan a ser los amos de llaves del corazón, hay vicios que ya no entran, queda espacio limpio y libre. Pero ahora la cuestión es ¿con qué lo llenamos? Tenemos delante el músculo más importante del cuerpo, listo para ser ejercitado, y es entonces cuando los influencers toman la dirección contraria a más de dos mil años de tradición apostólica.

    Materialismo, naturalismo, cientifismo, utilitarismo, tecnocracia, hedonismo, transhumanismo… estos imagino que serían los clubes a los que se apuntarían los ascetas de gimnasio, y todos comparten una norma de acceso: reducir o directamente eliminar cualquier eco a lo espiritual. El fin último de todo esfuerzo es volverse a llenar de uno mismo. Muchas veces de manera inconsciente, nadie les ha mostrado otro camino. Me gusta pensar que ya han conseguido la parte difícil, solo falta explicar ¿para qué tanto sacrificio?

    En el Éxodo, Moisés estuvo 40 días sin comer pan ni beber agua, y no lo hizo para autorrealizarse, sino para estar con el Señor y prepararse para recibir las Tablas de la Ley (Éxodo 34, 28). El Rey David se vestía de saco y se afligía con ayuno, no para ser más fuerte en batalla, sino para ofrecerlo por sus enemigos cuando enfermaban (Salmo 35, 13).

    Años más tarde los grandes santos de la iglesia han dado continuidad al ejemplo apostólico. “La mortificación del cuerpo es necesaria para que el alma se eleve libremente a Dios”, decía Santo Tomás. Pienso que la renuncia, ese educar la propia voluntad hasta el punto de mortificarse de manera habitual, es la manera de limpiar el corazón, ordenar amores y sacar la basura. Y en ese nuevo espacio, pedirle a Dios que entre

    En este ejercicio creo que juegan un papel muy importante las jaculatorias. No es lo mismo decirse a uno mismo “tú puedes” cuando cierras la nevera sin alimentar tu estómago pero alimentando tu ego, que cerrar la nevera elevando un pensamiento al cielo: “No solo de pan vive el hombre”. Creo que hay una diferencia abismal entre negarle la mirada a una joven semidesnuda diciéndose “Bien, no caeré”, o en ese cambio de mirada buscar a la Virgen: “Bendita sea tu pureza”.

    La ascética sin mística es como sacar una a una las hojas sucias de una piscina, y luego bañarse lleno de barro. Al sacar las hojas, en realidad no se ha vaciado nada: el corazón, aunque limpio por el ejercicio virtuoso, sigue lleno de uno mismo. Para luego, al tirarse lleno de barro, ser de nuevo uno mismo quien se llena de egoísmos con distinto nombre. El cristiano, en mi opinión, con las hojas saca también agua, sabe que se vacía también de sí mismo y clama para que sea el otro, en mayúscula y en minúscula, quien ocupe su corazón.

    Bien, ¿cómo aplico esto ahora a mi caso hoy? ¿Cuál es la ascética de un padre de familia? Decía San Josemaría que “la mortificación es la oración de los sentidos”, y por supuesto que están todas las renuncias a nivel individual y privado, pero pienso también que los padres de familia podemos poner el foco en santificar lo cotidiano

    Decía el cardenal Nguyen Van Thuan que la mortificación más evangélica es el amor al prójimo. En esta línea, intentar que nuestras tareas del día a día, nuestros actos de amor por nuestra familia, llamen la atención de Dios. No por su complejidad, no por extraordinarios, sino por la purificación de su ejecución. Y luego, viviendo en esta dinámica, es Él quien brinda nuevas oportunidades; a veces un niño llorando a las 3 de la mañana, una lavadora por la noche, un despertarte tú, pasar frío tú, cansarte más tú... para que tu mujer sea protagonista en tu corazón, para que tu hijo se sienta amado cuando crees que no lo merece. Y al final del día, cuando todos están en la cama menos tú, no llevar la cuenta de nada: “Siervos inútiles somos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”.

    Una vez leía que un testimonio de un padre de familia que me sigue ayudando mucho. Al llegar a casa cansado del trabajo oía desde el rellano el griterío de sus hijos, imaginaba que debía estar todo por hacer, cenas, duchas… pero él entonces ponía la llave en la puerta y abría diciéndose a sí mismo: “Este es mi cuerpo que será entregado por vosotros”. Pues que así sea, el momento de entregarse santamente es ahora, ¡ya! ¡Ánimo, familias!

    Albert Schaefer, ReL

    Vea también   Vivir la Cuaresma cada día (de los 40)...



    viernes, 13 de febrero de 2026

    ¿Es posible dar gracias a Dios por perder la salud?

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    Nadie quiere sufrir, pero cuando se presenta la enfermedad pareciera imposible dar gracias a Dios por la desgracia de perder la salud, sin embargo, se puede

    La salud es el bien más preciado que puede poseer el ser humano. Con ella, todo puede alcanzarse porque el cuerpo está en óptimas condiciones para luchar y lograr sus objetivos, por eso, cuando llega la enfermedad puede ser menos que imposible que alguien en su sano juicio dé gracias a Dios por ella.

    Sin embargo, se puede y tiene una razón muy profunda que nos conviene entender para cuando llegue el momento.

    Una oportunidad divina

    En la actualidad, la ciencia busca la manera de evitar el sufrimiento a toda costa. Los cuidados paliativos buscan que el enfermo no sienta dolor. Por supuesto, Dios no quiere que el hombre sufra, por eso Jesús curaba a los enfermos. Además, la ciencia ha sido un remedio maravilloso para mitigar los efectos de las enfermedades graves.

    Pero también debemos considerar que, cuando llega la enfermedad y la persona la acepta como parte del plan divino para su salvación, obtiene una enorme oportunidad de hacer el bien a través de sus padecimientos.

    Basta con recordar que muchos grandes santos y místicos pasaron parte de sus vidas en medio de sufrimientos y dolores corporales.

    Dice el Catecismo de la Iglesia católica:

    "[La enfermedad] Puede también hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él" (CEC 1501).

    Unirnos a su pasión

    El plan original de Dios era que el hombre y la mujer no murieran, por lo tanto, la enfermedad es solo una consecuencia del pecado (CEC 1505).

    Así es que no es un castigo de Dios. El cuerpo se deteriora y va perdiendo fuerza. Y si le agregamos la edad, entenderemos que es parte del fin natural de la persona.

    Pero para quien tiene fe y cree en las promesas del Señor, entiende que es la oportunidad propicia para unirse a su pasión, como leemos en el Catecismo:

    "Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con Él y nos une a su pasión redentora" (CEC 1505).

    En el dolor y la enfermedad, es posible agradecer a Dios por permitirnos adelantar algo de nuestro purgatorio en vida, además, podemos ofrecer nuestros padecimientos por alguna intención especial.

    Que Dios nos ayude a aceptar las enfermedades y tener paciencia en los sufrimientos.

    Mónica Muñoz, Aleteia

    Vea también     Espiritualidad del enfermo y
    de los que lo rodean