martes, 16 de junio de 2026

El sorprendente mensaje de Donald Trump relacionando el Sagrado Corazón, Reagan y el comunismo

«El amor de Jesucristo ha sido el pilar de nuestra identidad y forma de vida», asegura el mensaje, sobre EEUU como país.

Donald Trump y su esposa Melania en 2017 ante el Juicio Final en la Capilla Sixtina del Vaticano

Donald Trump y su esposa Melania en 2017 ante el Juicio Final en la Capilla Sixtina del VaticanoL


    Fue una semana curiosa en la historia de las relaciones entre Iglesia y Estado. El 8 de junio el Papa León XIV era aplaudido 7 minutos en el Congreso de los Diputados, donde hay una mayoría de socialistas, comunistas e independentistas de izquierdas.

    El 10 de junio, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que siempre se ha declarado ateo y nunca felicita la Navidad ni la Pascua, fue a una misa inolvidable en la Sagrada Familia de Barcelona con la cúpula de su Gobierno (y con el Papa).

    Y, saltando el Atlántico, al día siguiente, el 11 de junio, Donald Trump, un protestante poco devoto publicaba en la web de la Casa Blanca un mensaje lleno de erudición con apreciación por la contribución católica a la historia americana, por la consagración del país (que cumple 250 años) al Sagrado Corazón y por la conexión entre esta devoción y la caída del comunismo, a través de su predecesor Ronald Reagan.

    El 12 de junio de 1987, Día del Sagrado Corazón, coincidió que Ronald Reagan visitaba Berlín y Juan Pablo II visitaba la Polonia comunista y ambos hablaban de la libertad y el espíritu humano trascendente.

    Como Trump no es ningún experto en Historia, es evidente que alguien en la Casa Blanca ha buscado datos y fechas. Pero se trata igualmente de un gran reconocimiento a la importancia del catolicismo en un país considerado tradicionalmente protestante.

    Según datos del Pew Research Center (Religious Landscape Study 2023‑24), en EEUU el 19% de los adultos se identifica como católico y el 40% como protestante. Esto equivale aproximadamente a 50 millones de católicos y 105 millones de protestantes, tomando como base una población adulta de unos 258 millones de personas en 2024.

    Publicamos a continuación el detallado mensaje de Donald Trump publicado en la web oficial de la Casa Blanca.

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    Mensaje presidencial de los obispos católicos estadounidenses en conmemoración del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos.

    11 de junio de 2026

    Hoy, Melania y yo nos unimos en oración a los obispos católicos reunidos en Orlando, Florida, mientras consagran los Estados Unidos de América al Sagrado Corazón de Jesús con motivo de nuestro 250 aniversario de la Independencia de Estados Unidos, un momento trascendental en nuestra historia nacional y un conmovedor recordatorio de que Estados Unidos siempre ha sido guiado por la mano amorosa de Dios.

    Incluso siglos antes de la fundación de Estados Unidos como nación, este país era tierra de oración, lugar de milagros y hogar de algunos de los cristianos más fieles y devotos que jamás hayan existido. Desde los heroicos grupos de misioneros, colonos y exploradores cristianos que conquistaron lo desconocido para difundir el Evangelio, hasta los sacerdotes, capellanes y feligreses que forjaron nuestro espíritu en cada generación posterior, el amor de Jesucristo ha sido el pilar de nuestra identidad y forma de vida.

    Inspirado por este orgulloso legado de fe, pocos años después del fin de la Guerra de Independencia, el obispo John Carroll —el primer obispo católico de los Estados Unidos y primo del Padre Fundador católico Charles Carroll— consagró nuestra joven República a María, la Madre de Dios.

    Hoy, este grandioso legado de fe en Estados Unidos alcanza otro hito histórico cuando los obispos católicos estadounidenses consagran nuestra nación al Sagrado Corazón de Jesús, durante el cual celebrarán con oración los abundantes dones que Dios ha otorgado a esta nación, fundada en las verdades evidentes de que nuestro Creador ha dotado a todas las personas con el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

    Y tras la consagración de hoy, el 12 de junio, los cristianos de Estados Unidos y de todo el mundo celebrarán la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, una gozosa celebración del amor infinito de Dios por toda su creación.

    La Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús de este año también conmemora, apropiadamente, el aniversario de uno de los días más trascendentales en la larga y tensa lucha de la civilización occidental contra el comunismo ateo.

    El 12 de junio de 1987, el presidente Ronald Reagan pronunció su histórico discurso en la Puerta de Brandeburgo en Berlín, Alemania, en el que imploró al secretario general soviético Mijaíl Gorbachov que «derribara este muro».

    Hacia el final de su discurso, el presidente Reagan identificó lo que llamó "la distinción más fundamental de todas entre Oriente y Occidente: el mundo totalitario produce atraso porque ejerce una violencia tan grande contra el espíritu, frustrando el impulso humano de crear, de disfrutar, de adorar".

    El presidente Reagan recordó la construcción, por parte del gobierno comunista de Alemania Oriental, de una imponente torre de televisión en la década de 1960. «Prácticamente desde entonces», dijo Reagan, «las autoridades han estado trabajando para corregir lo que consideran el principal defecto de la torre, tratando la esfera de cristal de la cima con pinturas y productos químicos de todo tipo. Sin embargo, incluso hoy, cuando el sol incide sobre esa esfera, esa esfera que se alza sobre todo Berlín, la luz dibuja la señal de la cruz. Allí, en Berlín, como en la propia ciudad, los símbolos de amor, los símbolos de devoción, no pueden ser reprimidos».

    Ese mismo día, a poco más de 320 kilómetros de distancia, el Papa San Juan Pablo II, líder de la Iglesia Católica Romana, pronunciaba un discurso en su Polonia natal.

    En la península de Westerplatte, lugar donde, en una extraordinaria muestra de heroísmo, una fuerza aislada de unos 200 soldados polacos resistió durante 7 días contra aproximadamente 4000 soldados alemanes que atacaban por mar, tierra y aire en los primeros días de la Segunda Guerra Mundial, el Papa interpeló a un grupo de jóvenes polacos: «Cada uno de ustedes, jóvenes amigos, también encuentra su propio "Westerplatte" en la vida. Un conjunto de tareas que deben emprender y cumplir. Una causa justa por la que no pueden simplemente dejar de luchar. Un deber, una obligación, de la que no pueden eludir. No pueden desertar. Finalmente, un cierto orden de verdades y valores que deben ser defendidos, como en Westerplatte, en uno mismo y a su alrededor. Sí, defendidos, por uno mismo y por los demás».

    El Papa San Juan Pablo II concluyó citando las palabras de un mártir polaco: «Más terrible que la derrota de las armas es la derrota del espíritu humano».

    Gracias al liderazgo moral del presidente Reagan y del papa San Juan Pablo II, al trabajo incansable y la determinación de hombres y mujeres libres de todo el mundo, y al testimonio moral de millones de personas que sufrieron prolongados padecimientos en los Estados cautivos, las fuerzas impías del comunismo soviético fueron vencidas, y el espíritu humano triunfó.

    Hoy, casi cuatro décadas después, nuestra nación y nuestra cultura se enfrentan a un nuevo conjunto de ideologías amenazantes que buscan, una vez más, expulsar a Dios de nuestra sociedad.

    Pero hoy, mientras los obispos católicos consagran los Estados Unidos de América al Sagrado Corazón de Jesús en este 250 aniversario de nuestra Independencia, nos comprometemos nuevamente, al igual que el presidente Reagan y el papa San Juan Pablo II, a defender nuestra identidad espiritual y nuestra gran herencia civilizatoria.

    Ante todo, oramos para que Estados Unidos continúe, durante los próximos 250 años y más allá, siendo una tierra de fe, un país de milagros y una luz y gloria para todas las naciones.

    Pablo J. Ginés, ReL

    Vea también    La vida consagrada:  secreto de la vida y de la libertad




    La trampa de creer que los demás son más felices que uno

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    ¿Qué pasa cuando nos comparamos emocionalmente con la felicidad de los demás hasta perder la paz? ¿Es acaso un impedimento para nuestra plenitud compararnos? Esto dicen los expertos

    En una época donde vemos diariamente fotografías de viajes, relaciones aparentemente perfectas, logros profesionales y vidas "ideales" en redes sociales, resulta fácil caer en la trampa de que otros viven mejor, tienen una relación amorosa perfecta, éxito o disfrutan más la vida que nosotros. 

    Pero ¿qué hay detrás de esa percepción? ¿Por qué tendemos a comparar nuestra realidad con la apariencia de felicidad ajena? Y, sobre todo, ¿cómo podemos dejar de vivir midiendo nuestra vida con la de los demás?

    Cuando queremos la felicidad del otro

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    El filósofo Montesquieu, escribió: "Queremos ser más felices que los demás, y eso es dificilísimo, porque siempre les imaginamos mucho más felices de lo que son en realidad".

    A lo que también explicó que, el hecho de compararnos emocionalmente no está mal, inclusive nos ayuda para poder trabajar en nosotros mismos y superarnos. El problema aparece cuando basamos toda nuestra energía en los demás, de modo que afecta nuestra autoestima. 

    Desde que somos pequeños aprendemos a medirnos: calificaciones, apariencia, éxito y popularidad. Humanamente vamos buscando referencias en los demás para entender el mundo y nuestro lugar en él. 

    Sin embargo, la comparación constante puede generar estrés crónico, impidiendo que vivamos plenamente. Y muchas veces no sufrimos por lo que nos falta, sino por lo que creemos que otros sí tienen.

    ¿Cómo dejar de medir nuestra vida con la de otros?

    La felicidad comienza cuando dejamos de competir emocionalmente con los demás. A continuación, te dejamos algunas recomendaciones de los expertos en salud mental para ayudarnos a mantener el enfoque. 

    1Practicar la gratitud diaria

    A causa de la rutina, nos olvidamos de darnos un espacio para agradecer a Dios por todo lo que tenemos, desde un día más de vida, hasta los pequeños detalles que forman parte de nuestro día a día. 

    Por lo que puedes empezar a hacerlo al despertar para comenzar tu día y al acostarte para concluir; dando gracias a Dios por los aprendizajes y por las personas que están en tu vida. Si lo prefieres puedes hacerlo por medio de la escritura en un diario. Este ejercicio te ayudará a ser más consciente.

    2Definir tus propias métricas de éxito

    Los especialistas señalan que cada persona lleva un proceso completamente distinto, por lo que, establecer tus propias métricas y estrategias para lograr lo que quieres te ayudará a fijarte más en ti y no en los avances de los demás. De esta manera lograrás mantener el enfoque y no la validación externa. 

    3Celebra tus propios logros

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    Puedes alegrarte por aquello que poco a poco vas consiguiendo. Cada paso cuenta y te acerca a tus metas por más pequeño que parezca. No olvides que cada persona tiene metas diferentes, por lo tanto no siempre serán los mismos resultados. 

    4Convertir la comparación en inspiración

    La psicóloga Andrea Klimowitz, explicó que podemos aprender de los demás, de modo que, no los veamos con intenciones de comparar sino más bien para aprender de ellos y expandir nuestros horizontes.

    5Alejate de estímulos que te hacen compararte

    En redes sociales, puedes ser más selectivo con el tiempo y tipo de contenido que consumes, de esta manera evitarás compararse de manera instantánea, manteniendo el enfoque de tu proceso.

    Comparte con personas, fuera de la pantalla, esto te permitirá compartir nuevas experiencias y así compartir de forma genuina sus progresos. 

    Quizá la verdadera paz no está en ser más felices que los demás, sino en dejar de usar la vida de los demás como medida de nuestra propia felicidad. 

    Karen Hutch, Aleteia

    Vea también     La Vivencia Familiar: el secreto
    de la felicidad