viernes, 20 de marzo de 2026

Tener autocontrol: no basta con solo apretar los dientes

¿Cuáles son las seis herramientas secretas que aumentan nuestra capacidad de autocontrol? Es más fácil de lo que parece y aquí te mostramos cómo lograrlo

El trabajo, los buenos hábitos, cuidar las relaciones, la oración, mantener el orden en casa... todo requiere una cierta dosis de autocontrol. El problema es que lo que resulta más fácil y agradable suele estar al alcance de la mano.

¿Ir a hacer ejercicio? En la tele está pasando un episodio de una serie. ¿Una pila de ropa para doblar? Una notificación en el móvil, seguro que es algo importante o interesante. ¿Preparar un batido de frutas saludable? Y justo al lado hay un paquete de galletas apenas empezado… Todo requiere esfuerzo de voluntad y, al cabo de un rato, ya estamos hartos. Perdemos el autocontrol.

La propia palabra "autocontrol" se asocia, para muchas personas, con alguien rígido, carente de espontaneidad y que se vigila constantemente a sí mismo. Con esfuerzo y coacción.

A veces, efectivamente, somos capaces de hacer algo solo gracias a la fuerza de voluntad y a apretar los dientes. El problema es que no se puede funcionar así durante mucho tiempo. El verdadero autocontrol consiste más bien en otra cosa. Se trata de elegir acciones acordes con lo que es importante para nosotros, y de organizar la vida cotidiana de tal manera que resulte más fácil llevar a cabo esas decisiones.

Arquitectura del comportamiento

Existe una regla sencilla: lo que tenemos a mano nos influye más que lo que está lejos. Por lo tanto, podemos facilitarnos la toma de buenas decisiones alejando físicamente de nosotros las cosas perjudiciales. Por lo general, es más fácil cambiar la situación que cambiarnos a nosotros mismos. Por eso vale la pena fijarse en nuestro entorno y pensar si nos ayuda a hacer lo que queremos.

A veces basta con un pequeño cambio. Ir al gimnasio directamente desde el trabajo, antes de que surja la tentación de volver a casa y tumbarse en el sofá. Poner una alarma en el móvil que nos recuerde que hay que empezar una tarea. Retirar del alcance de la mano las cosas que distraen, engordan o tientan en exceso. Esos pequeños detalles pueden reducir significativamente la necesidad de estar constantemente "vigilándonos".

Presta atención a cómo te hablas a ti mismo

Cuando intentamos ser disciplinados, es fácil caer en un monólogo interior lleno de críticas: "otra vez te ha salido mal", "¿por qué eres tan débil?". Esa forma de pensar suele empeorar la situación.

A veces resulta más útil recordar por qué ese asunto es importante para nosotros. O una frase breve que nos dé ánimos: "Ya has hecho cosas difíciles en la vida, también podrás con esto", "Esto pasará. Después estarás orgulloso de ti mismo". Hay quien escribe frases así y las deja en un lugar donde las vea a menudo. Es un simple recordatorio de por qué se están esforzando.

En lugar de centrarte en lo que no quieres hacer, haz otra cosa

Cambiar los hábitos rara vez consiste simplemente en dejar de hacer algo. Sobre todo porque entra en juego la regla de los "elefantes rosas". Tarea para los próximos 15 segundos: no pienses en elefantes rosas.

¿Lo has conseguido? No. Enseguida han empezado a trotar por nuestra cabeza manadas de elefantes rosas. Solo porque hemos empezado a centrarnos en no pensar en ellos.

En lugar de pensar en lo que no quiero hacer, es mucho más eficaz introducir otra acción en su lugar. Quien quiera reaccionar con más calma ante los comportamientos irritantes de los niños, puede adoptar una regla sencilla: antes de responder con enfado, me beberé un vaso de agua. Ese momento de pausa basta para que la reacción sea más tranquila.

Si tengo tendencia a picar entre horas, puedo deshacerme de todos los aperitivos poco saludables y, en su lugar, abastecerme, por ejemplo, de fruta pequeña y trocitos de verdura. Seguiré picando, pero de forma más saludable.

Y lo que es importante: hay que pensar en la actividad sustitutiva con antelación, para no tener que tomar decisiones en el calor del momento.

Bogna Białecka, Aleteia

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¿Qué haría San José con las pantallas en casa? Habla un informático padre de 6 hijos

José Antonio Castelbón, su esposa Alicia y sus hijos, van al Oratorio de Alcalá

José Antonio Castelbón, su esposa Alicia y sus hijos, van al Oratorio de Alcaládiócesis alcalá


José Antonio Castelbón es informático y padre de familia. Con su mujer Alicia y sus hijos acuden a misa al Oratorio de San Felipe Neri en Alcalá de Henares. Como padre e informático, habla con el servicio de prensa de esta diócesis sobre el impacto de Internet, las pantallas y la IA en los niños y la familia.

San José, cuya fiesta se celebra en marzo, es un modelo para todos los padres cristianos. "El marido y padre que todos querríamos ser. Entregado, justo, paciente, humilde…", enumera José Antonio. Pero ser un padre así en nuestra época tiene retos añadidos.

"Creo que los padres vivimos en un constante dilema, buscando hacer siempre lo mejor para nuestros hijos sin saber si lo estamos haciendo realmente", admite. 

Los consejos de sus hermanos se han sido útiles en su vida familiar. También una cosa que le dijo su padre aún de niño: "Me dijo que él no era mi amigo, que era mi padre. Es una cosa que no entendí “bien” hasta que tuve hijos. Un padre es muy diferente a un amigo, lo que no quita para que busquemos -o intentemos buscar- una relación de cercanía e intimidad con nuestros hijos. Pero si intentamos ser amigos de nuestros hijos, los dejamos huérfanos".

Como padre veterano, ya con 6 hijos y 45 años, se da cuenta de que "me he vuelto más consciente de mis limitaciones, y me he vuelto mucho más miedoso. Eso ha hecho que ponga muchas más cosas en manos de Dios".

La presión de la tecnología

"Ahora la presión social es muy fuerte con temas de móviles, redes sociales, ideología de género… Yo creo que una de las cosas en las que hemos encontrado más dificultad es en no dejarnos llevar por la corriente dominante", apunta.

"Tenemos cuidado con las cosas que se ven o se leen en casa. Intentamos enseñar a los niños el pudor y lo importante que es respetar la intimidad de los demás. En el día a día cotidiano ellos ven las muestras de cariño que sus padres tienen entre sí. Y además el haber tenido la suerte de tener hermanos y hermanas es también una escuela para ellos".

Sobre Internet pide precaución: "Si la gente supiera las personas que sus hijos pueden encontrar en los juegos online, o los contenidos que pueden ver, se espantarían. Desde mi punto de vista es muy imprudente dejar a un menor moverse por internet o por los juegos online libremente".

La familia Castelbón tiene dispositivos de control parental en todas las tablets, las consolas y los ordenadores. "Cada uno accede con su cuenta personal, vinculada a la mía. Y puedo ver todo lo que hacen con ellas. Además, en los juegos online, el chat sólo está activo para hablar con los amigos, y solo añaden como amigos a la gente que conocen", apunta.

Respecto a la Inteligencia Artificial, ve inevitable que los niños la conozcan y considera que, bien empleada, puede ser útil. "Existen herramientas a nuestra disposición para evitar un mal uso por parte de los niños. Usémoslas, y no tengamos miedo a revisar qué hacen los niños con los ordenadores y los móviles".

No le parece correcto regalar un móvil en la primera comunión. "Si ya nos cuesta a nosotros no ser esclavos de un móvil, imagina a un niño de siete u ocho años", dice.

Dios como padre paciente

"Me enfado mucho con mis hijos cuando no hacen lo que les pido. A veces me desespero porque tengo que repetirles todo cien veces, y no consigo nada. Luego voy a confesarme y veo que yo hago lo mismo, no hago las cosas que debo, y caigo en las cosas una y otra vez. Aun así, Dios siempre es paciente conmigo y no se enfada. Así que pienso que es así como debo ser con mis hijos… y vuelvo a empezar para intentar hacerlo mejor", explica José Antonio.

José Antonio y su esposa Alicia en Alcalá de Henares

José Antonio y su esposa Alicia en Alcalá de Henaresdiócesis alcalá

Sobre la entrega, la menor libertad de un padre de familia numerosa, dice: "Todos estamos llamados a entregar la vida, unos de una forma, otros de otra. Unos cuidando de nuestros hijos, otros de unos padres enfermos, otros rezando escondidos en una celda de un convento… esa es la paradoja del hombre, que es más libre cuanto más entrega de sí mismo. Que esto supone renuncias, por supuesto. Pero uno se va dando cuenta de que eso a lo que renuncia, y que le parecía importante, realmente era accesorio, y que se está quedando con lo realmente valioso".

Tener cinco niños moldea a una persona. "Mi mujer dice que he mejorado, pero es porque me mira con buenos ojos...", dice. "

Alicia es una mujer con los pies en la tierra y los ojos en el cielo. Su fuerza de voluntad, su claridad para discernir las cosas y su capacidad de entrega aún me siguen sorprendiendo tras 19 años. Y la paciencia que tiene conmigo".

ReL

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