lunes, 23 de febrero de 2026

Rezar ante un crucifijo: la indulgencia plenaria que puedes obtener los viernes durante Cuaresma


 

Los viernes durante la Cuaresma, hay una hermosa manera de obtener una indulgencia plenaria: rezar una oración ante un crucifijo.

La Cuaresma es el momento en el año en que los católicos nos concentramos especialmente en el arrepentimiento de nuestros pecados, en la penitencia y en la búsqueda de reconciliación con Dios.

Además de ser un tiempo de ayuno, oración y limosna que nos prepara para la Semana Santa, es también un tiempo en el que la Iglesia Católica ofrece distintas formas de obtener una indulgencia plenaria.

¿Qué es una indulgencia plenaria?

Según el Manual de las Indulgencias, una indulgencia plenaria es la remisión total “ante Dios de la pena temporal por los pecados ya borrados en cuanto a la culpa”, y puede ganarse para uno mismo o para un difunto que se encuentre en el purgatorio.

Rezar el Vía Crucis y el Santo Rosario, asistir a la adoración eucarística, o leer o escuchar la Sagrada Escritura son otras formas de acceder a estos tesoros de misericordia.

Sin embargo, existe otra alternativa poco conocida para obtener una indulgencia plenaria los viernes de Cuaresma: rezar la oración “Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús” ante un crucifijo.

Según el Manual de las Indulgencias, cuarta edición:

“Se concede indulgencia plenaria al fiel cristiano que rece piadosamente la oración: “Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús” ante la imagen de Cristo crucificado, después de la Comunión, en cualquier viernes del tiempo de Cuaresma o en el Viernes de la Pasión del Señor”.

Además, se puede obtener una indulgencia parcial si se reza cualquier otro día del año como acción de gracias después de la comunión.

Oración a Jesucristo crucificado ante el Crucifijo (“Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús”):

Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:
en tu presencia me postro de rodillas,
y con el mayor fervor de mi alma te pido
y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firmísimo de enmendarme;
mientras con gran afecto y dolor
considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,
teniendo ante mis ojos aquello que ya el profeta David
ponía en tus labios acerca de ti:
“Me taladran las manos y los pies,
puedo contar todos mis huesos”.

Además de esta oración, los fieles deben cumplir las tres condiciones habituales para obtener la indulgencia plenaria.

¿Cuáles son las tres condiciones habituales para una indulgencia plenaria?

  1. Confesarse
  2. Comulgar
  3. Orar por las intenciones del Papa (la Iglesia sugiere un Padrenuestro y un Avemaría).

La persona también debe estar completamente desapegada del pecado para obtener la indulgencia plenaria. Si no lo está, la indulgencia será parcial.

¡No desperdiciemos este tesoro de misericordia!

churchpop

 Vea también     Listado de las Indulgencias


¿Cómo ayudar a tu hijo a resistir la presión social?

¿Cómo explicar a tu hijo que lo esencial está en otra parte, sin negar sus frustraciones? ¿Cómo ayudarle a afrontar los retos, sintiéndose bien consigo mismo?

Zapatillas deportivas carísimas, bolsos de lujo, consolas de videojuegos, vacaciones en la nieve o al otro lado del mundo... Desde muy pequeños, los niños se enfrentan a diferencias sociales que a veces son difíciles de aceptar. En la escuela, en el patio o en las redes sociales, estas diferencias pueden influir mucho en las relaciones entre los niños. Aquí unas formas de ayudar a tu hijo con la presión.

Comparaciones, pequeños comentarios, sensación de "ser diferente"... Para muchos padres, hay una pregunta que se repite constantemente: ¿cómo dotar a su hijo de los recursos necesarios para afrontar la mirada de los demás y explicarle que no todo se reduce a lo que uno posee?

Transmitir valores sin negar los deseos

Happy mother and teenager kid girl

"Son situaciones muy frecuentes", confirma a Aleteia Anne-Claire de Pracomtal, terapeuta familiar, coach y cofundadora de la plataforma "IAMSTRONG" para acompañar a adolescentes y padres en dificultades. Para ella, no existe una respuesta única, sino una palabra clave: el equilibrio. "Hay ciertas cosas que contribuyen a la integración de un niño en un grupo y a su bienestar en la escuela. Ignorarlas por completo puede ser contraproducente", señala.

En otras palabras, no se trata ni de ceder a todas las demandas ni de rechazarlo todo por principio. El reto es encontrar un equilibrio, teniendo en cuenta tanto las necesidades emocionales del niño como las realidades y los valores familiares.

Oportunidades para reflexionar

En este sentido, la especialista insiste en la importancia del discurso parental, especialmente en lo que se refiere al dinero. Las peticiones de los niños, a veces insistentes, a veces torpes, suelen ser oportunidades formidables para hacerles reflexionar.

Florence, madre de dos hijas, cuenta: "A mi hija mayor le gustan los bolsos de lujo, de marcas que no puedo permitirme comprar. Recuerdo el día en que me suplicó que le comprara un bolso Lancel. Le expliqué simplemente que no podía permitírmelo y que yo misma no tenía bolsos ni ropa de marca".

En lugar de cerrar la discusión, optó por la transparencia, detallando los gastos del hogar y proponiendo a su hija adolescente una alternativa. "Le dije que podíamos buscar un bolso de segunda mano". Un compromiso que permitió a su hija sentirse escuchada, al tiempo que le abrió la puerta a otras formas de consumo.

"Reflexionar sobre el valor de las cosas es fundamental. Las preguntas de los niños son una buena oportunidad para transmitirles nuestros valores, procurando que no se sientan marginados."

Compras concientes

En otros casos, a veces, comprar un par de zapatos caros o de moda también puede tener sentido si eso ayuda al niño a sentirse mejor, más integrado y más seguro de sí mismo. "Pero esta compra se puede plantear de otra manera. Se puede hacer con motivo de un cumpleaños o para recompensar los esfuerzos realizados. Así, el niño entiende que no es algo que le corresponde por derecho, sino una elección", señala Anne-Claire.

Así es como Alice, madre de dos niños de 5 y 12 años, observa esta presión social. "Ambroise ha entrado este año en sexto curso y los videojuegos ya ocupan un lugar importante en las conversaciones con sus compañeros. Aunque defiendo limitar el uso de las pantallas en casa, creo que no se le puede aislar de todo".

Por miedo a que su hijo se sintiera marginado, acabó comprándole una Nintendo Switch "para que pudiera ser como todos los demás". "Se lo ha ganado. Ha sido admitido en un colegio muy prestigioso, saca buenas notas y me ayuda en casa", justifica la madre, añadiendo que el adolescente no abusa del tiempo frente a la pantalla.

Sin embargo, no ha cedido a sus peticiones de tener un teléfono móvil. "Por supuesto, me habla de ello, pero yo simplemente le explico que tendrá uno el día que realmente lo necesite, como algunos de sus amigos que lo utilizan para avisar a sus padres cuando van solos del colegio a casa". Unas normas claras, explicadas y asumidas que permiten al niño comprender que cada cosa llega a su debido tiempo.

Encontrar su lugar sin doblegarse ante la mirada de los demás

Pero, ¿qué hay de la mirada de los demás? Como explica Aurore, puede ser tan pesada que a veces influye en las decisiones de los niños. Eso es lo que ocurrió el día en que su hija de 11 años se negó a ponerse un abrigo que al principio le gustaba. "Clémence me explicó que a sus amigas no les gustaba ese estilo. No la obligué a ponerse el abrigo, pero le dejé claro que no sería libre si se doblegaba a los deseos y anhelos de sus amigas", explica, con la esperanza de que, con el tiempo, su hija comprenda que seguir a los demás nunca debe significar desaparecer.

Anna Ashkova, Aleteia

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