sábado, 27 de junio de 2026

¿Sirve rezar para que gane tu selección? Sacerdotes responden qué espera Dios de los aficionados

Con el Mundial 2026 a la vista, varios sacerdotes aclaran si es correcto pedir a Dios la victoria de un equipo… y cuál debería ser la verdadera oración.

El fútbol un deporte de masas en todo el mundo.

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    Con el Mundial de Fútbol de 2026, que tiene en México una de sus sedes, vuelve una pregunta que muchos creyentes se hacen cada vez que se acerca un gran torneo: ¿es correcto pedirle a Dios que gane nuestra selección o nuestro equipo?

    Unos sacerdotes lo aclaran

    La respuesta de varios sacerdotes consultados por distintos medios católicos es clara: sí se puede rezar por ello, pero siempre entendiendo qué es realmente la oración y cuál es la voluntad de Dios.

    El padre Salvador Barba, sacerdote de la Arquidiócesis de México, recuerda que Dios escucha todas las oraciones de sus hijos y que nadie debe sentirse avergonzado por presentarle también sus ilusiones deportivas.

    "Sí se vale pedir, sí se vale orar, pero siempre sujetos a la voluntad de Dios y al esfuerzo del hombre", explica.

    Porque el resultado de un partido no depende de una intervención milagrosa, sino del trabajo, la preparación, el talento y las decisiones que toman los propios jugadores sobre el terreno de juego.

    Cura y exgerente de C.F. Monterrey

    En la misma línea se pronuncia el padre David Jasso, hoy sacerdote, pero que antes de ingresar en el seminario fue gerente deportivo del Club de Fútbol Monterrey y participó en los títulos conquistados por los Rayados en 2009 y 2010.

    Según explica, es perfectamente legítimo pedir a Dios por el propio equipo, pero nunca convertir el resultado de un partido en una medida de la propia fe.

    Padre David Jasso, exgerente de C.F. Monterrey de México

    Padre David Jasso, exgerente de C.F. Monterrey de MéxicoCaptura FB

    "Si pedimos a Dios por nuestro equipo y no gana, no por eso debemos achacarle a Dios el resultado", afirma. 

    Después de todo, recuerda, en ambos vestuarios y en ambas aficiones suele haber creyentes rezando exactamente por lo contrario.

    Dios no está para decidir un marcador

    Los sacerdotes coinciden en desmontar una idea muy extendida: pensar que Dios toma partido por una camiseta.

    El padre José de Jesús Aguilar lo expresa de forma rotunda: "Ni Dios, ni la Virgen ni los santos tienen como misión ayudar a meter goles o impedir que la pelota entre en la portería".

    La oración, explica, no sustituye el entrenamiento, la estrategia o el esfuerzo personal. Lo que hace es fortalecer el corazón de quien reza, darle serenidad, esperanza y capacidad para afrontar tanto la victoria como la derrota.

    En este sentido recuerdan el propio ejemplo de Jesucristo en Getsemaní. Jesús pidió al Padre que, si era posible, apartara de Él el cáliz del sufrimiento, pero añadió inmediatamente: "No se haga mi voluntad, sino la tuya". Para los sacerdotes, esa es también la actitud que debe acompañar cualquier petición relacionada con el deporte.

    Rezar por algo más importante que un gol

    Más que pedir un resultado concreto, los sacerdotes animan a orientar la oración hacia intenciones de mayor alcance.

    Que no haya violencia en los estadios. Que los jugadores no sufran lesiones. Que las familias puedan disfrutar del torneo con seguridad. Que el deporte sea una ocasión de encuentro entre los pueblos y no de enfrentamiento.

    El padre Salvador Barba considera que esa debería ser la gran intención del Mundial de 2026: que sirva para estrechar lazos entre personas y países y que la pasión futbolística nunca se convierta en odio o división.

    También el padre Jasso destaca que el fútbol puede ser una auténtica escuela de virtudes cuando se vive con equilibrio: enseña el trabajo en equipo, el juego limpio, el respeto al rival, la aceptación de las decisiones del árbitro y la humildad tanto en la victoria como en la derrota.

    "El fútbol es lo más importante... de lo menos importante"

    Los sacerdotes concluyen recordando una frase muy conocida en el mundo del deporte: "El fútbol es lo más importante de lo menos importante".

    Por eso, animan a disfrutar del Mundial sin perder de vista la verdadera jerarquía de las cosas. Rezar por un equipo es legítimo; convertir el resultado de un partido en una cuestión de fe, no.

    Porque, como resume el padre Barba, Dios siempre escucha nuestras oraciones. Pero su respuesta busca nuestro bien, no necesariamente satisfacer cada uno de nuestros deseos deportivos.

    ReL

    Vea también      Oración y Meditación del Católico




    Consagró la empresa al Corazón de Jesús y tuvo éxito

    Kamay Ni Hesus Church, Quezon Province Phillippines

    Alfonso González Arocha viajó a Filipinas para inaugurar un nuevo centro operativo. Regresó convencido de que su empresa necesitaba algo más que una estrategia

    Qualfon comenzó en Filipinas con unos 50 empleados. Después de años, más de la mitad del equipo original sigue en la empresa. Su fundador lo dice sin rodeos: el punto de inflexión fue cuando consagró la empresa al Sagrado Corazón de Jesús.

    El vuelo a Filipinas cambió algo más que el plan de negocios

    Sagrado Corazón - ternura

    Se suponía que iba a ser un viaje de negocios como cualquier otro. Alfonso González Arocha, fundador y presidente del consejo de Qualfon Corporation, voló en 2006 a Filipinas para inaugurar el primer centro operativo de su empresa en ese país. En el mundo de los negocios, esos momentos suelen describirse en términos de expansión, mercado, costos y escala. Él recordó algo diferente.

    En una entrevista con PRO Network, contó que fue precisamente en ese momento —de camino a un nuevo país, a un nuevo equipo y a un gran riesgo profesional— cuando, junto con sus colaboradores, sintió el deseo de encomendar la empresa al Sagrado Corazón de Jesús.

    "Durante el viaje a Filipinas, donde íbamos a inaugurar nuestro primer centro operativo, el Señor puso en nuestros corazones el deseo de consagrar la empresa al Sagrado Corazón de Jesús, por intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, de San José y bajo la protección del arcángel Miguel. Aterrizamos en Filipinas con el corazón lleno de alegría", recuerda González Arocha.

    "No entendíamos del todo lo que eso significaba"

    González Arocha no contaba con una teología ya definida sobre la gestión de la empresa. Admite que no todo les resultaba claro. No entendían del todo lo que significaba ser una "empresa consagrada". Sin embargo, sabían que debían dar un paso de fe. "Con obediencia, nos preparamos para la consagración", dijo.

    En Filipinas invitaron a dos sacerdotes locales que los ayudaron a vivir ese momento. No querían que se percibiera como una estrategia de mercadotecnia o un eslogan religioso pegado al logotipo corporativo. Se trataba de un acto de entrega: poner el trabajo, a las personas, las decisiones y el futuro bajo el cuidado del Corazón de Jesús.

    En ese entonces, Qualfon comenzaba sus operaciones en Filipinas con un grupo de unas 50 personas. Tras dos décadas, más de la mitad de ellas sigue trabajando en la empresa.

    "Es hermoso que de esas 50 personas —me refiero al año 2006— más de la mitad siga con nosotros en esta empresa consagrada al Sagrado Corazón de Jesús. A partir de ese fundamento, la empresa se ha transformado", destaca González Arocha.

    Una empresa que se preocupa por las personas

    Qualfon pasó de tener un pequeño inicio en Coahuila, México, a convertirse en una empresa global del sector de BPO, es decir, la gestión de procesos de negocios. La empresa opera, entre otros lugares, en Filipinas, México y Estados Unidos, atendiendo principalmente a clientes de América del Norte. La empresa comenzó en la década de los 90 como proveedor de Internet en colaboración con IBM, para luego transformarse en un centro de servicios para grandes empresas.

    Sin embargo, lo más interesante es cómo la propia empresa habla hoy sobre su misión. En el sitio web de Qualfon se lee que se trata de apoyar la "verdadera vocación" y el potencial de cada persona. En la misión de la empresa aparece la frase: "Queremos ser los mejores en lo que hacemos y hacer que la vida de cada persona sea un poco mejor cada día".

    Por supuesto, uno puede encogerse de hombros y decir: "Qué linda frase". Pero en esta historia, esa frase tiene un peso muy concreto. Si la empresa ha sido confiada al Corazón de Jesús, el empleado no puede ser únicamente un "recurso".

    El cliente no puede ser solo un "contacto". El jefe no puede pensar en sí mismo únicamente como alguien que genera resultados. En este modelo de gestión, la persona se vuelve verdaderamente importante y valorada.

    ¿Negocios católicos? ¡Claro que sí!

    Negocio-empresa-consagrar-Sagrado-Corazón

    El testimonio de González Arocha conmovió a los empresarios católicos en las redes sociales. Bajo las publicaciones aparecieron comentarios de dueños de empresas que escribían que ellos también habían consagrado sus negocios al Sagrado Corazón de Jesús o a Jesús por intercesión de la Virgen de Guadalupe. Algunos dirigen un teatro en México, otros tienen empresas familiares y otros más, pequeñas iniciativas locales.

    Y es bueno que esta historia cause impacto. Pero hay que tener cuidado de no reducirla a un simple mensaje: "consagra tu empresa y tendrás éxito". El Corazón de Jesús no es un talismán mágico. Quizás funcione más bien como un espejo.

    Si una empresa está entregada a Dios, el dueño debe hacerse con mayor frecuencia preguntas incómodas. ¿Trato a las personas como me gustaría que me trataran a mí? ¿Mi ambición no está devorando la vida familiar de los empleados? ¿El éxito financiero no se ha convertido en el único lenguaje con el que describo el sentido del trabajo?

    Un empresario católico necesita lecturas sólidas, como la encíclica "Rerum novarum" de León XIII, para evitar caer tanto en el modelo socialista —donde "estés de pie o acostado, te tocan quinientos zlotys"— como en la carrera «por encima de los cadáveres" hacia el éxito comercial. ¡El negocio católico es un compromiso!

    Miriam Wysock, Aleteia 

    Vea también    La Liturgia de la Iglesia católica