miércoles, 5 de agosto de 2026

La épica del laicado fiel... que no siempre se entiende

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El camino de santidad de un padre con niños pequeños es distinto del de un monje, y requerirá ayudas especiales

El camino de santidad de un padre con niños pequeños es distinto del de un monje, y requerirá ayudas especiales


    Hay artículos que se lanzan y parecen demoledores porque están llenos de datos, fechas, citas, testimonios, notas a pie de página, comparaciones, análisis concienzudos, argumentos rebuscados… El lector termina apabullado y convencido de que ha asistido a una autopsia científica. Sin embargo, basta que el forense haya confundido el órgano que está diseccionando, por ejemplo, el cerebro con el corazón, para que el diagnóstico sea por lo menos erróneo.

    Eso ocurre con algunos análisis recientes que se han lanzado en algunos foros y revistas digitales sobre determinadas realidades eclesiales nacidas en el siglo XX. 

    No porque algunos hechos sean falsos. Tampoco porque en la Iglesia no hayan existido gravísimos abusos de autoridad —negarlo sería una injusticia hacia las víctimas—, sino porque se pretende explicar un tipo de realidades espirituales confundiendo una parte por el todo, huyendo de la necesaria visión sobrenatural y utilizando categorías inadecuadas. Vamos, algo así como medir la temperatura en kilómetros.

    Por supuesto que hay fallos, todos los fallos humanos posibles, exceso de celo, soberbia intelectual, un concepto errado de la autoridad, ganas de quedar bien ante el superior, afectividades enfermas… Nada nuevo bajo el sol. 

    Pero, juzgar realidades espirituales que tienen frutos reconocibles a nivel personal e institucional por fallos humanos puntuales es, cuando menos, injusto. 

    Entonces, generalizamos y empezamos a confundir una cosa con otra. 

    Dirección espiritual con manipulación de la conciencia. Obediencia con chantaje emocional. Formación con adoctrinamiento. Unidad con uniformidad. Carisma con culto al fundador. Familia espiritual con sectarismo. Libre compromiso con forzada abducción… Y precisamente ahí empieza el error.

    Porque existe una pregunta previa que rara vez se formula: ¿desde dónde vive un religioso su relación con Dios? Y otra radicalmente distinta: ¿desde dónde la vive un laico? Evidentemente, no tienen la misma respuesta.

    Durante siglos, la vida contemplativa estuvo ligada casi exclusivamente al monasterio. Quien deseaba entregarse totalmente a Dios abandonaba el mundo. Abandonaba su profesión, su patrimonio, su familia de origen y la posibilidad de fundar otra nueva en la carne, su autonomía y entraba en un convento. 

    Allí era perfectamente lógico que existiera una obediencia muy intensa, una regla común, una autoridad muy cercana, una organización prácticamente familiar y, a la vez, jerarquizada. Todo ello respondía a una forma muy concreta de vivir el Evangelio.

    Sin embargo, en el siglo XX, como el Espíritu sopla donde quiere, siempre buscando lo mejor para la salvación de las almas, se aviva en la Iglesia una intuición radicalmente distinta. Una intuición que no invita a apartarse de un mundo querido por Dios pero que, abandonado a sí mismo, termina descomponiéndose.

    Invita, exactamente, a lo contrario: a permanecer en él, como la sangre que no abandona el cuerpo para que éste no muera. Invita a encontrarse con Dios precisamente allí, donde cualquier otro solo ve una oficina, un laboratorio, un taller, un hospital, una universidad o una cocina. Entonces, la contemplación deja de tener como escenario principal el claustro. Ahora, su escenario natural pasa a ser el tráfico, la consulta médica, el aula, el despacho, la fábrica, la huerta, el bar de la esquina o el vertedero municipal. Esto lo cambia absolutamente todo.

    Pero esto no se logra por ciencia infusa. Quien intenta ser contemplativo en medio del mundo y fermento en la masa necesita una intensa vida interior. Intensa porque nadie a su alrededor comparte ese espíritu y el entorno tira, a veces con violencia, hacia abajo. 

    No hay campanas que avisen. No hay rutinarios horarios monásticos que cumplir. No hay lecturas “elevadas” durante el yantar. No hay silencio conventual ni un abad próximo que te guíe. 

    Hay reuniones, hipotecas, niños pequeños o adolescentes, guardias, clientes, facturas, atascos, el sueldo que no llega, follones familiares varios, televisión, móvil, internet, tentaciones, pecado y desorden… 

    Y, precisamente por eso, necesita formación continua, dirección espiritual, examen de conciencia, sacramentos y acompañamiento

    No porque alguien quiera dominar su conciencia, controlarlo o someterlo, sino porque pretende ofrecerle los medios necesarios para vivir una vida ordinaria con una aspiración extraordinaria: amar a Dios y al prójimo hasta la extenuación, amando al mundo apasionadamente.

    En este contexto, tampoco es de extrañar que, por ejemplo, una esposa corriente, madre de unos cuantos hijos, empleada en una tienda, tenga más nariz católica y sepa más teología que su párroco. Eso, puede escocer.

    A los que siguen sin entenderlo, confesarse con un sacerdote que vive el mismo espíritu o recibir dirección espiritual, les parece una forma de secuestro de la conciencia. Sin embargo, esta conclusión es tan absurda como sostener que cuando te falla la vista se debe acudir al traumatólogo o que un deportista profesional de élite, porque tenga un entrenador exigente, es una víctima de explotación laboral.

    Por supuesto que cualquier realidad humana puede degenerar. También la dirección espiritual. También la obediencia. También la amistad. También la familia. También el matrimonio. También el periodismo, volviéndose sensacionalista, tendencioso y, no infrecuentemente, inexacto. Pero el abuso no define la naturaleza de aquello que ha sido abusado (abusus non tollit usum).

    Un marido puede convertirse en un maltratador. Eso no convierte el matrimonio en una forma de maltrato. Un médico puede convertirse en un criminal. Eso no convierte la medicina en un arte del crimen organizado. 

    Seguro que ha habido algunos fundadores que machacaron vidas. Eso exige justicia. Reparación. Purificación. Pero, utilizar esos casos para lanzar juicios retrospectivamente hacia cualquier realidad eclesial cuyo fin, de una manera o de otra, sea promover la santidad entre los laicos, presupone que toda forma de autoridad espiritual termina inevitablemente en un autoritarismo invasor de la intimidad. Es un razonamiento generalizador y, por ello, falso.

    Los que comparten el error están convencidos de que una intensa vida espiritual convierte automáticamente a un laico o laica en un fraile o monja disfrazados de ciudadano corriente y, si no, es imposible. 

    Cuando ocurre exactamente lo contrario. Cuanto más auténtica es esa vocación, más profundamente laico se vuelve quien la vive. No huye del mundo, lo consagra. No abandona las realidades temporales, las santifica desde dentro. No cambia de escenario, cambia de mirada. Lo que era plano y en blanco y negro, ahora es en 3D y en color. Lo que era un estorbo ahora es la materia.

    Quizá el defecto de fondo del análisis sea otro. Durante siglos, la Iglesia supo perfectamente qué era un monje. Qué era un fraile. Qué era una religiosa. Qué era un sacerdote. Pero todavía estamos aprendiendo qué significa ser laico plenamente contemplativo sin dejar de ser plenamente laico.

    Y mientras no se comprenda por completo esa novedad, muchos seguirán interpretando esa vocación con una visión mundana o con categorías heredadas del convento. Verán religiosos donde nunca los hubo. Verán intrusismo o robo de vocaciones por no dejar a Dios ser libre. 

    Verán sectas u obediencias monásticas oscuras donde solo existe libérrimo compromiso. Verán perversos mecanismos de control donde otros encuentran ayuda para vivir el Evangelio en medio de una sociedad que, precisamente, empuja agresivamente en la dirección contraria.

    No es extraño. Siempre resulta tentador interpretar una realidad nueva con categorías antiguas. Pero precisamente eso sería contrario al horizonte abierto por Cristo: reducir la santidad a una casta reunida en torno al templo mientras el mundo sucumbe. 

    “A vino nuevo, odres nuevos”. Quiso la conversión y la santidad de todo y de todos. Para eso tomó nuestra carne y nuestras llagas, no como un fantasma toma su sábana, ni como un rey su trono, sino como un Dios que se encarna en un útero de mujer, trabaja en una carpintería y muere como un delincuente en una cruz.

    Tal vez el problema no sea que algunos, sobre todo desde fuera pero también desde dentro, no hayan entendido un carisma concreto, sino que todavía no han entendido con nitidez qué significa “llamada universal a la santidad”

    Porque, quizá el gran redescubrimiento espiritual del siglo XX no haya consistido en apartar más gente del mundo para que así puedan ser más santos sino, al modo de los primeros cristianos, en comprender que el mundo puede ser santificado desde dentro, viviendo para hacer de la creación una ofrenda a Dios tal como Él la pensó.

    José Carlos Súbtil, ReL

    Vea también    Los Laicos y la Liturgia




    martes, 4 de agosto de 2026

    El mensaje del Papa a miles de jóvenes en Medjugorje pide que renuncien a la «felicidad pasajera»

    Ha comenzado el 37º Mladifest en el Festival Internacional de Oración de Jóvenes allí celebrado, con dos nuncios representando a León XIV.

    Decenas de miles de jóvenes procedentes de decenas de países se han congregado en Medjugorje para rezar en el Mladifest.

    Decenas de miles de jóvenes procedentes de decenas de países se han congregado en Medjugorje para rezar en el Mladifest.


      Del 1 al 6 de agosto tiene lugar en Medjugorje el 37º Mladifest (Festival Internacional de Oración de Jóvenes), que congrega a decenas de miles de jóvenes procedentes de 73 países del mundo bajo el lema en latín Ad fontem [A la fuente]. Las jornadas incluyen misas, confesiones, catequesis, conferencias y testimonios.

      El visitador apostólico Cavalli

      El párroco fray Zvonimir Pavicic les dio la bienvenida y luego recibieron un mensaje de León XIV a través del visitador apostólico para la parroquia, el arzobispo Aldo Cavalli, un nuncio de larga experiencia en todo el mundo y ahora consagrado en buena medida a la tarea de visitador apostólico en dicho lugar.

      "Su Santidad anima a los jóvenes a buscar sinceramente la Verdad que los hace libres, sin dejarse seducir por los engaños de una felicidad pasajera. De este modo, siguiendo a Jesús, cada uno podrá acoger incluso las preguntas más difíciles y las inquietudes del corazón como una oportunidad para discernir y crecer en la fe", dijo monseñor Cavalli. 

      Cientos de sacerdotes y miles de fieles en el arranque del encuentro en Medjugorje.

      Cientos de sacerdotes y miles de fieles en el arranque del encuentro en Medjugorje.Centro Medjugorje

      Y añadió que el Papa "exhorta a los jóvenes a dejarse guiar por el Espíritu Santo y a confiarse a la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, para convertirse en testigos luminosos de la Buena Nueva, promotores de la fraternidad y constructores de la paz en la sociedad".

      El nuncio Chullikatt

      Luego se celebró la misa y en ella el nuncio apostólico en Bosnia-Herzegovina, Francisco de Asís Chullikatt, añadió un reconocimiento al espíritu que lleva a tantos miles de personas hasta allí en estas fechas y su valor para la labor de la Iglesia:

      • "Quiero expresar un especial signo de cercanía y afecto a ustedes, queridos jóvenes... Su presencia es un signo luminoso de esperanza para la Iglesia: ustedes representan su rostro joven, su vitalidad y su futuro. Con su entusiasmo, su fe y su generoso deseo de seguir al Señor, testimonian que el Evangelio sigue hablando al corazón de las nuevas generaciones y que la Iglesia se renueva constantemente por la fuerza del Espíritu Santo".

      Hasta 518 obispos y sacerdotes concelebraron la misa, en cuya homilía monseñor Chullikatt recordó a Jeremías, San Juan Bautista y San Alfonso María de Ligorio como coincidentes en que "poner a Dios en el primer lugar significa llegar a ser verdaderamente libres y profundamente felices".

      Monseñor Chullikatt, durante su homilía a los fieles congregados en Medjugorje.

      Monseñor Chullikatt, durante su homilía a los fieles congregados en Medjugorje.Centro Medjugorje

      La verdad y la vocación que nos hacen libres

      "La Palabra de Dios nos plantea una pregunta decisiva: ¿qué es lo que realmente hace libre nuestra vida? ¿El éxito? ¿La aceptación? ¿El bienestar? ¿La imagen que los demás tienen de nosotros? ¿O la fidelidad al Evangelio?", añadió en su homilía.

      Y recordó que la "fuente" citada en el lema del encuentro es Cristo y por eso "el Santo Padre los invita a redescubrir, mediante la oración, la escucha de la Palabra de Dios y los sacramentos, la alegría del encuentro personal con Jesús, el único que puede saciar la sed del corazón humano y dar siempre la fuerza para comenzar de nuevo". Para ello no hay que buscar una felicidad pasajera sino "sinceramente la verdad, la única que hace libres".

      En ese sentido sostuvo que muchos de los presentes escucharán en Medjugorje "la voz del Señor que los llama al sacerdocio, a la vida consagrada o a dar un generoso testimonio cristiano en el mundo".

      El recuerdo a la blasfemia recién vivida

      Y todo ello, con una "fidelidad se hace aún más necesaria cuando la fe es objeto de burla, cuando los símbolos religiosos son profanados y cuando los lugares de culto son víctimas de actos de violencia y sacrilegio", señaló describiendo algunos elementos de la cultura contemporánea. Y recordó los "recientes actos de destrucción y profanación" recién vividos en el lugar.

      "Precisamente en circunstancias como estas, el cristiano está llamado a no responder con odio ni con venganza, sino con la fuerza serena del Evangelio, dando testimonio de la verdad en el amor, del perdón en la justicia y de la esperanza en la paz", concluyó, y tras la misa tuvo lugar una adoración a Jesús en el altar.

      ReL

      Vea también    La espiritualidad de los jóvenes




      Nueve consejos para gestionar la ansiedad en el día a día

      MAN

      Estos consejos pueden ser útiles para mejorar nuestra calidad de vida y, como consecuencia, también la calidad de nuestras relaciones, trabajo y nuestro contexto familiar

      La ansiedad es un mecanismo de supervivencia ante situaciones que el cerebro percibe como peligrosas. Las sensaciones corporales son reacciones normales del cuerpo, no son perjudiciales en sí mismas, un mecanismo que está preparado para "salvarnos" del peligro no puede al mismo tiempo realizarnos ningún daño. Piensa lógica y racionalmente acerca de la ansiedad sin asustarte por sentirla. Comprender este mecanismo de la ansiedad es una buena base para aprender a gestionarla. Veamos algunos consejos.

      1Aceptar sin intentar huir

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      Si sabes esperar el tiempo suficiente, el miedo acabará por desaparecer. Esta es la clave para poner en práctica el control de la ansiedad. Intentar evitarla es la trampa que suele disparar las crisis: ¡enfréntala, comienza a tomar el control sobre ella!

      2Respiración lenta y profunda

      Es aconsejable utilizar la respiración para relajarse física y mentalmente e ir tomando el control de la situación. Si respiras pausadamente, te ayudará a equilibrar el organismo y recuperar las energías necesarias para hacer frente a tu día a día.

      3Interpretar correctamente

      Elimina los pensamientos negativos potenciando siempre una actitud positiva ante la vida. Esfuérzate por seguir adelante y saber que lo que piensas influirá en cómo te sientes.

      Quizás no puedas elegir lo que te ocurra pero si puedes decidir cómo reaccionar frente a ello.

      4Hablar y expresar

      Cuando se trata de combatir la ansiedad de una forma efectiva, uno de los aspectos fundamentales es que debes exteriorizar las sensaciones y miedos. Como ocurre con una olla a presión, necesitas válvulas de escape; si no le quitas la válvula para que suelte la presión llega un momento en el que explota. Expresa cómo te sientes a menudo, no esperes a estallar, cuenta tu malestar cuando éste aun sea de baja intensidad. 

      5Aprender a ser asertivo

      Busca constantemente el equilibrio entre los demás y tú. Tienes derecho a decir lo que piensas sin condicionarte por lo que pueda pensar la gente. Siéntete tú mismo, respetando siempre a los demás. Tienes derecho a tener tus propias ideas e ideales. 

      6Vivir lentamente

      Aprender a vivir más despacio. Evita el exceso de ocupación, el día solo tiene 24 horas. Organízate y prioriza en aquellas tareas verdaderamente importantes. Delega en otras personas, evita acumular tareas y no te responsabilices de lo que corresponde a otros. 

      7Descansar y realizar actividades que te gusten

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      Dedica tiempo suficiente a descansar y a tener las suficientes horas de sueño. El cuerpo humano necesita reponer energías día tras día. El descanso es necesario para darle un respiro a nuestra mente. El estado anímico es un equilibrio entre los aspectos negativos que tenemos a lo largo del día, preocupaciones, obligaciones, etc. y aquellas actividades que nos resultan agradables: dar un paseo, charlar con amigos, pintar, hacer manualidades, etc.

      Realizar actividades que resulten agradables para la persona, no resultan solo una afición sino una necesidad, todos necesitamos dedicar tiempo a actividades que nos hagan sentir bien. Además de mejorar nuestro estado anímico, sirven de ayuda para sentirnos menos ansiosos, pues son momentos donde nuestro estado interior es más favorable.

      8Estar activos físicamente

      El ejercicio físico elimina el exceso de activación de la ansiedad y favorece la relajación muscular. Pero no solo hacer deporte puede ayudarnos a sentirnos menos ansiosos, también realizar actividades que requieran movernos, como puede ser caminar, pasear, jugar con los niños, planear actividades, etc.  La pasividad alimenta la ansiedad.

      9Cuidar la alimentación

      Lo que comemos y cómo lo comemos tiene una influencia directa en nuestros estados de ánimo, realizar dietas equilibradas y variadas. Esto mejorará tanto la salud física como el bienestar emocional.

      Javier Fiz Pérez, Aleteia

      Vea también    Perdono a los que me hacían el bullying