Queremos llevar el amor del Hijo de Dios a todos los hombres. Ha permitido que le abran el Corazón con una lanza para que esté abierto para todos. Que el Corazón de Jesús nos ayude a ser sus testigos. Para ello invocamos la ayuda de la Madre de Dios, Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús.
Reseñamos «Los Pecadores», con mucho blues y muchos vampiros: ambas cosas fascinan, pero aquí no sirven al bien.
La música de 'Los pecadores' es excelente, merece el Oscar que ganó.
Los Pecadores es una película más que peculiar y meritoria, que mezcla costumbrismo social en el Misisipi de los años 30 con gore, vampiros y una impresionante banda sonora de blues. Ha ganado 4 Oscar de los 16 a los que aspiraba. Nunca una película tuvo tantas nominaciones, y por eso nunca "perdió" en tantas. Pero los 4 Oscar que ha conseguido están bien merecidos. También tiene mérito aspirar a las estatuillas doradas con una película que mezcla géneros, pero dando primacía al terror. El terror puede ganar el Oscar, nos han demostrado.
Su música magnífica, evocadora, hermosa, a veces triste, a veces triunfante, que no se construye solo con blues de raíces africanas sino con bailes irlandeses y folk, merecía efectivamente el Oscar a la Mejor Banda Sonora que obtuvo.
Luego tenemos a Michael B. Jordan interpretando a dos personajes a la vez, dos hermanos gemelos, cada uno con su propia personalidad. ¡Yo ni me di cuenta de que eran el mismo actor hasta que me lo dijeron! Así obtiene su Oscar a Mejor Actor Protagonista. El Oscar a la Mejor Dirección de Fotografía es justificado también, como se ve en el videoclip que colocamos a continuación, un alarde de travelings, cámaras que hacen cosas asombrosas y juegos entre las escenas diurnas y las nocturnas, cada una con sus matices.
Estos cinco minutos de blues que enlazan el pasado, el futuro y las distintas culturas probablemente han dado 2 Oscar a Los Pecadores... de Fotografía y de Banda Sonora. Desde ese momento, la película cambia de género...
Menos convincente es el Oscar a Mejor Guion Original, para su guionista y director Ryan Coogler. Me asombra no haber encontrado a nadie aún comparando Los Pecadores con Abierto hasta el Amanecer(de 1996, ¡hace ya 30 años!, de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino). Tratan de lo mismo: tras media película realista-costumbrista, en un bar de etnia minoritaria, hay mucha música, chicas que se contonean con poca ropa (no hay una Salma Hayek en Los Pecadores) y luego estalla el caos con montones de vampiros y algo de gore.
Pero la película de 1996 era un entretenimiento gamberro con un giro sorpresa y Los Pecadores tiene pretensiones culturales, reivindicativas, de raíces... Algunos dirán que la masa blanca, con su mente colmena, que intenta absorber y capturar a los alegres negros que se sentían libre y vivos bailando en su establo-bar, es un símbolo de los blancos imponiendo su cultura a los negros. Pero esos blancos también son de una etnia concreta, son irlandeses, bailan ceilidh maravillosamente aprovechando su mente colmena... y eso no parece una crítica, sino un cumplido, un reconocimiento que hace el filme. Unos y otros despliegan belleza en el baile y la música.
Dicho todo esto, yo no recomendaría a mis hijos adultos jóvenes ver la película. Les diría que se vean el videoclip en que se abren los fronteras entre los mundos y entran músicos de distintas eras, y luego la llegada de los vampiros y las peleas, porque les gustan las escenas de acción. Y ya.
Porque ambas cosas, vampiros y música, deberían acercarnos a Dios, y aquí ambas se usan para distraernos, para alejarnos de Él. No es serio.
Los cristianos, Cristo, la Iglesia, parecen no tener nada que aportar en Los Pecadores, ni en la denuncia social ni en la vida sobrenaturalFILM LOS PECADORES
Vampiros amorales, sin reflexionar sobre la vida perdurable
Si hay un lazo sobrenatural a través de la belleza entre los músicos de distintas eras, sugiere la mejor escena musical, sólo puede ser posible con un Dios que valore la belleza y la ligue al bien y a la bondad, y que aporte una vida perdurable. La belleza de la música es un eco de una Belleza más grande que está más allá de este mundo.
Pero los vampiros son símbolos de la falsa vida perdurable, requieren evitar el sol (como se ve en la película) y perder libertad (con su mente colmena) y ansia de sed de sangre (la película no la define del todo, pero los muestra violentos y amorales). Al final, un vampiro ofrece al joven músico, ya envejecido, la posibilidad del vampirismo, pero él se aferra a su música, no por fe, sino por adicción. Resuena un poco absurdo. Es "blues" porque sí, "triste porque suena bien"...
Nuestro joven músico genial es hijo de un pastor evangélico, sin interés alguno en la fe. Podría usar su música para Dios (incluso sin dejar el blues). Podría, tras ver que existen los vampiros, decidir que es necesaria la comunidad, Dios, el bien, para enfrentarse a ello. No hace nada de eso, se aferra a su blues, yo y mi guitarra y algo de alcohol. Es todo lo contrario de Taliesin en el Ciclo de Pendragon: Taliesin es un bardo que usa sus dones para dejarnos vislumbrar a Dios; aquí, por el contrario, el don del bardo y su música es usada para distraernos de Él.
Los Pecadores nos muestra cómo se rasga el velo con los ancestros y la belleza, pero no lo remite a Dios ni a una verdadera vida perdurable.LOS PECADORES
La película es, en general, bastante amoral. Los cristianos en su capilla parecen tontos e irrelevantes. Los criminales que están intentando poner en marcha su negocio se van a enriquecer logrando que los pobres se alcoholicen y distraigan con música.
Hay varias escenas de sexo, "aquí-te-pillo-aquí-te-mato", todas para mayores de 18 años, sin que el amor parezca pintar gran cosa en ellas. Para los enemigos (humanos, del Ku Klux Klan) no hay perdón ni acuerdo posible, solo matanza. Dios no sirve para nada. Los rituales afroamericanos de brujería y protección parece que tampoco sirven para casi nada. Y todo el rato dicen palabrotas y groserías.
Lástima, porque la música y la batalla de vampiros tiene su gracia. Se quedará en curiosidad. Por eso no me gustó, es un mundo de ficción desaprovechado, sin profundidad.
Los vampiros, siempre sedientos, existen para enseñarnos que no basta con ir tirando, aunque sea con música bonita, que necesitamos vida en abundancia, un agua que quite la sed para siempre.
Pablo Ginés, ReL
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También es vicepresidente del centro de acogida y rescate de menores, y testimonia el proceso de sanación que tiene lugar en la obra del padre Ignacio María Doñoro.
Riky Maiky, responsable de la clínica de psicológica y vicepresidente del Hogar Nazaret.
En los 15 años de andadura desde su fundación en 2011 en el Amazonas peruano, elHogar Nazaret del padreIgnacio María Doñoroha rescatado a más de 2.500 niños de una pobreza extrema que afecta desde lo moral y emocional hasta lo material. Uno de esos niños, hoy jóvenes, esRiky Maiky. Tras años viviendo en el Hogar, es hoy elvicepresidente de la Fundación, fomentando así la toma de decisiones y participación entre quienes más conocen la iniciativa.
Presentado en el sitio web de la Fundación Hogar Nazaret como su vicepresidente y neuropsicólogo, Maiky destaca también por ser el "hijo mayor" el Hogar Nazaret, con lo que conlleva eso de figura referencial.
Del vacío a la esperanza gracias al Hogar Nazaret
Su primer contacto con el Hogar Nazaret tuvo lugar durante la adolescencia, tras una infancia marcada por la carencia y las dificultades de una familia disfuncional.
Desde la misma juventud, Ricky vivía un vacío y tristeza que le hacía vivir sin rumbo. Fue entonces cuando, tras conocerle, el padre Ignacio comenzó a invitarle al Hogar, pero solo recibía negativas en respuesta.
En no pocas ocasiones, el padre Doñoro ha relatado que todo el miedo, el rencor, el rechazo o las dudas con el hogar cambian en cuanto se hace ver a los internos la caridad, el afecto, la cercanía. Y Ricky no fue una excepción. El día de su cumpleaños, el sacerdote se acercó y le regaló dos tartas. Era la primera vez en su vida que el joven podía celebrar su fiesta de ese modo, y el joven cuenta que, tras sentirse importante para otra persona, no pudo negarse a recibir ayuda y a ayudar.
Aquel fue el primer paso del joven hacia el Hogar Nazaret, donde su vida cambiaría para siempre, donde encontró en el sacerdote “un padre” y en el Hogar, otra familia. Padre, familia y hogar que no solo le devolvieron la esperanza, sino que, tras años de atención y acogida, terminaron por elevar y sanar a su familia.
“Fue un momento muy especial. Había perdido todas las esperanzas, tenía miedo y había renegado no solamente conmigo mismo, sino también con mi familia e incluso con Dios. Pero, en el fondo, sentía que era alguien especial para Dios, que algo iba a suceder”.
Hoy, el joven se ha convertido en un símbolo de éxito y esperanza al graduarse en Psicología, especializado en Neuropsicología Clínica en la Universidad Internacional de la Rioja.
Habla con Religión en Libertad sobre la realidad actual del Hogar Nazaret, su impacto sanador en niños y menores y las historias que mejor reflejan el proceso desde que se entra al Hogar hasta que, como él, se convierten en inspiración en eventos y entrevistas.
-¿Cuándo comprendiste que estos niños no solo sobrevivían, sino que sanaban por dentro?
-No fue un momento espectacular. Al principio llegan con el corazón endurecido por el miedo, siempre en alerta. Eso se ve en la mirada y en el cuerpo. Con el tiempo, sin que ocurra nada extraordinario, empiezan a relajarse: te miran a los ojos, se dejan abrazar, hablan de cosas sencillas. Para un niño herido, eso es inmenso. Ahí comprendí que Dios actuaba de manera discreta, devolviendo la confianza poco a poco. En Hogar Nazaret no solo se ayuda a vivir: Dios comienza a sanar por dentro, como la Virgen María guarda y cuida la vida en silencio.
- Los primeros niños que llegaron hoy son adultos que cuidan de otros. ¿Qué se necesita para que un niño herido llegue a amar así?
-Algo sencillo y exigente: que alguien se quede. Un niño no aprende a amar con discursos, sino comprobando que no será abandonado. En Nazaret encuentran una familia estable, una fe vivida en lo cotidiano y personas que permanecen. Descubren que su vida vale y que Dios no los ha olvidado. Cuando se sienten amados, el miedo pierde fuerza y nace el deseo de cuidar. Por eso Nazaret no depende de una persona concreta, sino de Dios y de una familia que permanece.
- En Nazaret hay un camino concreto de acogida y sanación. ¿Cómo es ese proceso?
-Nada se improvisa porque cada niño es sagrado. Todo empieza creando seguridad: un lugar donde nadie hiere ni abandona. La rutina devuelve calma, los vínculos sostienen y, cuando el niño está preparado, se acompaña el dolor con respeto. Todo se confía a Dios y a la Virgen María, que sabe custodiar heridas sin forzar. El objetivo es devolver la dignidad y ayudar a descubrir que la historia no termina en el sufrimiento.
- ¿Qué historia muestra claramente que este camino da fruto?
-Recuerdo a un joven que llegó lleno de rabia y sin confiar en nadie. El acompañamiento fue largo y difícil, pero alguien se quedó. Dios se quedó. Hoy cuida de los más pequeños con una delicadeza que conmueve. Ese cambio no lo produce una técnica, sino el encuentro con un amor que no abandona.
- Desde dentro, ¿qué es lo más duro y lo más hermoso de esta misión?
-Lo más duro es escuchar historias que muestran hasta dónde puede llegar la crueldad humana. Lo más hermoso es comprobar que esas heridas pueden sanar: ver a niños volver a confiar, a reír, a perdonar. Ahí se reconoce el paso de Dios.
- ¿Qué dirías a quien duda si su ayuda cambia algo?
-Que no ayuda a una institución abstracta, sino a la vida de un niño. A veces un gesto pequeño permite dormir en paz, ir al colegio o creer que su vida importa. Quien quiera conocer y colaborar puede hacerlo desde [el sitio de] Hogar Nazaret. Detrás de cada ayuda hay una vida real.
- Para terminar, ¿qué sembró el padre Ignacio María Doñoro para que Nazaret siga adelante?
-Sembró una forma viva de ser Iglesia: hogar, presencia fiel y amor que permanece. Nos enseñó a cargar con la cruz del otro y a confiar esta obra a Dios y a la Virgen María. Esa semilla sigue dando fruto.
Hogar Nazaret se define como una obra de apoyo especial a niñas y adolescentes que viven en la más extrema pobreza moral, emocional y material. Tras ser rescatados, allí encuentran una vida nueva, un entorno seguro y la posibilidad de estudiar y formarse hasta llegar a la universidad.
En la actualidad, Hogar Nazaret tiene seis proyectos activos que se desarrollan en dos espacios. La Casa para niños en Carhuapoma es un cortijo actualmente en ampliación que alberga a más de 130 niños y que se complementa con una escuela de fútbol y un huerto para prácticas agrícolas. La Casa para niñas en Bellavista, réplica de El Rocío (Almonte, Huelva) con las dos ermitas la original y el santuario actual, es el gran proyecto del Hogar Nazaret. En un entorno hostil, se apuesta por convertir a la mujer en agente de cambio en su entorno, atendiendo a más de 170 niñas. Entre su labor, destacan 6 proyectos:
Autosostenibilidad
La Fundación Santa Teresa de Calcuta es una finca agraria y ganadera que nos ayuda a conseguir alimento de calidad para los niños y asegurar una fuente de fondos independiente.
Educación
Contamos con dos colegios con residencia públicos de gestión privada uno para niñas y otro para niños. Intentando reconstruir a familias disfuncionales.
Vivienda
Necesitamos terminar las obras y seguir gestionando nuestros hogares de acogida la “Casa de niñas Nuestra Señora del Rocío, Bellavista” y la “Casa de niños del Corazón Inmaculado de María, Carhuapoma”.
Vida saludable
Escuelas de fútbol y vóley que sean capaces de darle un propósito, un lugar seguro y espacio social saludable a niños y adolescentes.
Convenios
Una vez que ingresan en el Hogar, que es una familia para siempre, continúan sus estudios universitarios en: Francisco de Vitoria (Madrid), Universidad Internacional de la Rioja y la Sedes Sapientiae (Nueva Cajamarca, Perú).
Salud mental
Convenio con la Clínica Emooti. Ofreciendo un tratamiento para trastornos con ansiedad, THD y otros problemas de salud mental. Brindamos apoyo a los niños y sus familias.
[Es posible formar parte de Hogar Nazaret y colaborar como rescatador, de forma puntual o recurrente, a través de su sitio web]
Catalina Davis es la autora del libro La gran prisión. El precio oculto de las terapias alternativas, donde destapa su poder de manipulación.
Al principio el Reiki y la Nueva Era parecen dar paz, pero es un engaño absoluto, dice Catalina Davis.
Catalina Davis creció buscando refugio en la magia y en todo tipo de prácticas esotéricas que, para ella, eran una forma de escapar del vacío afectivo de su hogar y del dolor que le dejó el acoso escolar.
Aquella búsqueda inocente de alivio terminó convirtiéndose en un camino que la arrastró, durante años, hacia un territorio cada vez más oscuro, atrapándola en lo que describe como las seductoras promesas de la Nueva Era.
Yoga, Reiki, registros akáshicos, eneagrama, cristales, regresiones, coaching cuántico… técnicas que se han normalizado como herramientas de bienestar, pero que la autora invita a mirar con espíritu crítico. Davis charla con Religión en Libertad sobre su nueva obra y los peligros de todos estos falsos dioses.
-¿Por qué publicar este libro ahora?
-Dios manifiesta Su amor en todo momento y pienso que este libro es una respuesta a la confusión espiritual de hoy. En un mundo que busca la paz en técnicas de relajación, yoga o mindfulness, este libro nace para recordar que el ser humano no necesita 'vaciarse', sino dejarse llenar del Amor de Dios.
-Y, ¿por qué habría que leerlo?
-La Escritura dice: "Mi pueblo perece por falta de conocimiento" (Os 4,6). Todos atravesamos infiernos interiores y la respuesta que les damos nos acerca o nos aleja de Dios. Ante el dolor, surge la necesidad de 'anestesiarlo'; es una reacción humana buscar una salida al sufrimiento. Pero así como algunos buscan refugio en escapes equivocados, hoy existe también un mercado de espiritualidad que promete ayuda, pero en realidad te aleja del Camino, la Verdad y la Vida que es Jesucristo.
»Lo sutil de estas terapias es que se presentan como algo positivo, pero si yo hubiera conocido las consecuencias que hay detrás de la Nueva Era, jamás habría comenzado. Por eso, confío en que mi testimonio sea una herramienta para el correcto discernimiento sobre cuál es la decisión que debemos tomar ante los problemas que estamos atravesando.
-¿Qué fue lo primero que te hizo sospechar de que detrás de las terapias alternativas había un “precio oculto” que pagar?
-Sentía una sensación de desgarro interno, de desazón. Si tenía todo lo que había soñado ¿Por qué no era tan feliz como predicaba? Comencé a vivir en incoherencia y poco a poco mi vida se fue desmoronando. Un día el Señor me salvó y tuve una conversión tipo San Pablo pero lo que hará que se me caiga la venda de los ojos será descubrir, después de un discernimiento con un exorcista, que a raíz de estas prácticas había quedado poseída por el maligno.
-¿Qué te llevó a dedicarte a combatir todas estas terapias?
-El día de mi conversión el Señor puso en mi corazón acercar Su Amor a todas las personas que como yo, buscan a Dios, pero en los lugares equivocados. Con el tiempo, tras dar mi testimonio, me di cuenta de que se acercaban a mí muchas personas que sufren muchísimo por haber estado en dichas terapias; fue entonces cuando comprendí que era el momento de saltar al campo de batalla.
»De esa entrega nace el Movimiento Creo y, en la actualidad, los inicios de la fundación de la Orden de las Santas Llagas la cual tiene como misión acompañar a quienes atraviesan un infierno interior, para que, mediante la contemplación de la Pasión de Cristo y una espiritualidad petrina, descubran el amor y la misericordia de Dios e inicien un camino ascético y penitencial que los conduzca a una conversión profunda, a vivir con radicalidad el Evangelio, a la sanación de sus heridas y a un verdadero resurgir espiritual.
»Aprovecho la oportunidad para invitar a los lectores a ser parte activa de esta lucha y me gustaría destacar que sea para el movimiento laico como para la Orden que está en proceso de fundación estamos acogiendo nuevas vocaciones. ¿Quieres unirte a nosotros? ¡Te esperamos!
Hasta no hace mucho, Catalina Davis era conocida por su experiencia en el hackeo mental y la Nueva Era.archivo
-¿Las personas formadas, inteligentes y críticas también pueden caer en estas terapias? ¿por qué?
-Absolutamente. De hecho, es muy factible que las personas inteligentes y críticas caigan, porque el deseo de saber más te engancha: empiezas y no puedes parar. Muchas de estas terapias se presentan con una supuesta base científica que cautiva a las mentes más estudiosas, pasando de una técnica a otra sin apenas darse cuenta.
»También es un hecho que las personas inteligentes tienen sed de Dios y en esa búsqueda pueden caer en este tipo de redes. Incluso los ateos caen en esta 'espiritualidad laica' donde Dios es algo abstracto; un espacio donde no necesitas creer en nada para meditar o poner la mente en blanco, desvinculando totalmente la espiritualidad de la religión.
»Recuerdo que una vez me llamó un médico para preguntarme sobre ciertas terapias que él mismo practicaba. Le propuse un ejercicio: 'Imagina que soy un colega tuyo y que vas a darme una respuesta puramente científica sobre esta técnica que aplicas'. No fue capaz de explicarme nada que estuviera fuera de un contexto energético y espiritual. Ahí radica el peligro: en cómo estas prácticas logran disfrazarse de ciencia para seducir a la razón.
-¿Qué papel juega la vulnerabilidad personal previa para caer en estas terapias?
-Es una pregunta delicada, pero esencial. La vulnerabilidad no es una falta de inteligencia o un defecto; todo lo contrario. Nuestra vulnerabilidad es de las cosas que más le complacen a Dios, porque si nos amparamos en Él en esos momentos de debilidad, Él puede hacerse fuerte en nosotros. Sin embargo, cuando estamos lejos de Dios y atravesamos un infierno personal —una enfermedad, un duelo, una crisis o una profunda soledad—, el dolor se vuelve insoportable y surge la necesidad urgente de anestesiarlo.
»Ahí es donde estas terapias encuentran su puerta de entrada, presentándose como un 'oasis' inmediato. El papel de la vulnerabilidad es clave porque, en ese estado, bajamos las defensas del discernimiento. Buscamos alivio, y estas corrientes nos ofrecen una falsa paz que no exige conversión, sino solo 'sentirse bien'.
»El problema es que, mientras el mundo aprovecha esa fragilidad para venderte un producto espiritual, Dios la usa para ofrecerte Su Misericordia. La vulnerabilidad es el campo de batalla donde se decide si buscaremos un parche temporal o la sanación verdadera en Jesucristo.
-¿Hay grandes diferencias entre los distintos tipos de terapias alternativas o todas comparten patrones similares?
-Hay grandes diferencias y es vital saber distinguirlas. Por un lado, existen terapias que no tienen ningún tipo de riesgo, como pueden ser los estímulos naturales. El problema surge cuando a cualquier terapia psicológica o médica se le añade una espiritualidad no cristiana; ahí es donde comienza a convertirse en un riesgo. Pero el peligro real aparece cuando nos metemos de lleno en terapias energéticas y espirituales, como el Reiki o las Constelaciones Familiares o jugamos con fuego acudiendo a Mediums o tarotistas.
»En estas prácticas existen invocaciones a espíritus y se abren puertas que pueden conducirnos a lugares de grave riesgo espiritual. Aunque todas parezcan ofrecer 'bienestar', no todas tienen la misma raíz ni las mismas consecuencias; hay una diferencia abismal entre lo que sana el cuerpo y lo que pone en peligro el alma
"En estas prácticas existen invocaciones a espíritus y se abren puertas que pueden conducirnos a lugares de grave riesgo espiritual".archivo
-¿Qué testimonios te han impactado más y por qué?
-Lo que más me sorprende es el mínimo común denominador en casi todos los casos: la persona sale de estas terapias con la vida literalmente destrozada. Todos entran buscando una salida a un infierno personal o simplemente por una recomendación de 'bienestar'. Sin embargo, después de un tiempo, empiezan a sentirse mal o sienten que todo su interior comienza a derrumbarse. Es en ese punto de quiebre donde la venda de los ojos se cae.
»Lo más impactante es ver cómo esa persona, que buscó alivio en tantas puertas falsas, encuentra por fin la verdadera paz y un descanso profundo cuando tiene un encuentro personal con Jesús. No es una técnica lo que los sana, es el encuentro con una Persona que los restaura por completo.
-¿Hay un perfil común entre quienes terminan atrapados o es un fenómeno transversal?
-Es un fenómeno absolutamente transversal. No hay un perfil único porque el hambre de Dios no entiende de clases sociales, niveles académicos o ideologías. Todos, desde el profesional con varios títulos hasta la persona más sencilla, compartimos la misma sed de trascendencia.
»Lo que sí existe es un estado común: la búsqueda de paz en medio del ruido. Estamos en una sociedad que nos ha desconectado de lo sagrado y nos ha dejado con un vacío en el pecho. Por eso, cualquier propuesta que use palabras como 'energía', 'sanación' o 'equilibrio' resulta atractiva para cualquiera que esté sufriendo o buscando respuestas.
-¿Qué señales de alerta debería reconocer una persona antes de involucrarse en una terapia de este tipo?
-Hay señales muy claras, especialmente en el lenguaje. Cuando escuches hablar de 'seres de luz', 'canalización' o 'limpiezas energéticas', la cosa pinta mal. Son términos que parecen inofensivos, pero que esconden una visión del mundo donde Dios es una fuerza impersonal y no un Padre. Otras señales de alerta son palabras como 'vibración', 'desbloqueo de chakras', 'registros akáshicos' o el uso de 'cuarzos y péndulos' con fines espirituales.
»También debemos sospechar cuando nos prometen un bienestar inmediato sin necesidad de conversión, o cuando nos dicen que nosotros mismos somos 'dioses' que solo necesitan despertar su poder interior. Los sacramentos, la oración frecuente y el Evangelio nos liberan; estas terapias, aunque prometan paz, terminan creando dependencia y oscuridad. Y mucho cuidado con las terapias alternativas que hablan de Jesús o de libros y talleres de "Un Curso de Milagros", nada tienen que ver con la Revelación cristiana.
-¿Por qué cree que estas prácticas generan tanta fidelidad, incluso cuando no funcionan?
-La realidad es que, en muchos casos, estas prácticas generan una sensación de bienestar inmediato o, cuando esto no ocurre, se evita reconocer el fracaso por miedo a perder lo que es su mayor gancho: el sentido de pertenencia. Somos seres profundamente sociales; necesitamos sentirnos parte de algo, ser escuchados y tener un espacio donde compartir nuestra historia. La Nueva Era lo hace fenomenal en este aspecto: solo tienes que escribir en Internet lo que te sucede y, de inmediato, encontrarás un grupo que está pasando por lo mismo y que se reúne cada semana para 'trabajarse' esas heridas.
»Es un círculo de apoyo muy seductor. Te sientes comprendido, validado y parte de una comunidad que habla tu mismo idioma. Por eso la gente se queda; no solo por la terapia en sí, sino porque ahí han encontrado la tribu que quizás no han hallado en otros lugares. Ese vínculo humano es tan fuerte que, a veces, nubla el discernimiento sobre si lo que están haciendo realmente les ayuda o solo los mantiene cautivos.
-Si pudieras dar un solo consejo a alguien que está considerando iniciar una terapia alternativa, ¿cuál sería?
-Las terapias de este tipo son como una ruleta rusa. Tienes el arma en la mano; quizás dispares una vez y no pase nada, pero ¿vale la pena correr el riesgo de que justo te toque la bala? Cuando está en juego tu paz espiritual y tu libertad, la apuesta es demasiado alta.
-¿Cómo puede ayudar la fe a salir de estas terapias?
-Más que hablar de 'fe' en abstracto, me gustaría hablar de Jesús. Él es quien desciende a tus infiernos más profundos, tal como lo hizo en el Sábado Santo, para rescatarte de tus abismos existenciales y conducirte a la Luz Pascual. Lo único que nos pide es estar abiertos a que esto suceda.
»Muchas veces, quienes practican estas terapias —como me ocurrió a mí— cargan con prejuicios hacia la Iglesia que les impiden ver la realidad y Dios respeta tanto nuestra libertad que no entrará en nuestra vida si no se lo permitimos. Por eso, mi último consejo es: si realmente buscas la Verdad, ¡ábrele las puertas a Cristo! No tienes absolutamente nada que perder y, en cambio, tienes toda una vida de plenitud que ganar. ¡El Amor Siempre Vence!