El pecado es una falta de amor hacia Dios y pueden tomar
muchas formas, pero el pecado de la pereza, que es capital, algunas veces se
puede convertir en grave
Nadie está exento de cometer pecado. Desde la "mentira
blanca" hasta un asesinato - o algo peor -, Hay que cuidar nuestros
pensamientos, palabras, obras u omisiones porque, dependiendo de las
circunstancias, la acción pecaminosa puede convertirse en grave. Ese es el caso
de la pereza.
El
“demonio del mediodía” que pone a prueba la fe en Dios
La pereza
No hay pecado que sea mínimo El Catecismo de la Iglesia
católica cita a san Agustín:
«El hombre, mientras permanece en la carne, no puede evitar
todo pecado, al menos los pecados leves. Pero estos pecados, que llamamos
leves, no los consideres poca cosa: si los tienes por tales cuando los pesas,
tiembla cuando los cuentas. Muchos objetos pequeños hacen una gran masa; muchas
gotas de agua llenan un río. Muchos granos hacen un montón. ¿Cuál es entonces
nuestra esperanza? Ante todo, la confesión...» (San Agustín, In epistulam
Iohannis ad Parthos tractatus 1, 6) (CEC 1963).
Así es que, todas nuestras acciones cuentan, para bien o
para mal. En cuanto a la pereza, podemos tener una noción bastante cercana a lo
que se refiere: puede ser sentir desgano, flojera, tedio, aburrimiento o falta
de motivación para hacer las cosas que se nos encomiendan por obligación o,
incluso, por gusto - ¿qué adulto no ha sentido pereza para asistir a una
fiesta? -.
Pero para saber a qué se refiere exactamente, el Catecismo
define así los pecados capitales:
Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros
vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la
gula, la pereza. (CEC 1866).
En cuanto a la pereza, menciona que "La acedía o
pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror
por el bien divino" (CEC 2094).
Combate
la pereza cada día con estos diez consejos
De capital a grave
Ahora bien, ¿qué vicios genera la pereza que puedan
convertir en grave este pecado?
La acedía nos aleja de Dios - ¿qué mal más grande que ese? -
porque tenemos flojera para rezar, para ir a Misa -que es en sí mismo un pecado
mortal - , o no queremos visitar al Señor en el sagrario para no perder tiempo,
o no guardamos los mandamientos porque creemos que han pasado de moda, y menos
queremos irnos a confesar.
Pero con el prójimo ocurre que no queremos cumplir con
nuestras obligaciones, o perdemos el tiempo, o descansamos en el trabajo muchas
veces, o nos olvidamos de cumplir nuestras responsabilidades con nuestra
familia constantemente, o preferimos nuestra comodidad a esforzarnos para que
alguien más se beneficie - casi siempre -. Recuerda a san Agustín: muchos
pecaditos hacen uno grande.
O cuando nos da pereza ayudar a alguien en peligro... o nos
perjudicamos a nosotros mismos con vicios y acciones en contra de nuestro
cuerpo. Cada quien podría sacar su propia lista. Por eso, aunque se trate de
perder por un momento nuestra comodidad, aprovechemos para hacer una obra que
nos mortifique y ofrezcámosla a Dios para que sirva para nuestra salvación.
Mónica Muñoz, Aleteia
Vea también Pecados Capitales, breve explicación








