
Reparar las relaciones no es una solución para las crisis. Es una regla cotidiana. Trabajar en la reparación de las relaciones es algo absolutamente fundamental para que estas sean saludables. Esto se aplica a las relaciones románticas, pero también a las amistades, las relaciones familiares, profesionales y sociales. Para que una relación perdure y sea satisfactoria, debe existir la voluntad de reparar no solo los grandes daños, sino también los pequeños, cotidianos. Y eso conlleva más que una disculpa.
Heridas en el matrimonio

En las relaciones podemos hablar de tres tipos de heridas. Existen los errores: daños involuntarios, accidentales, resultantes de la falta de atención. Existen los malentendidos, cuando dos personas estaban convencidas de que entendían lo mismo, pero en realidad tenían en mente algo diferente.
Sin embargo, la experiencia demuestra que, tras cualquiera de estos escenarios, es posible reconstruir la relación y volver a una profunda satisfacción, siempre que se cumplan ciertas condiciones.
1Reconocer que has herido a alguien, aunque "no tuvieras malas intenciones"
La base del trabajo reparador es reconocer el hecho de que la otra persona ha resultado herida. Incluso cuando alguien está convencido de que no ha hecho "nada malo". En las relaciones íntimas no se trata de un proceso judicial y de determinar la culpa, sino de responder a la pregunta: "¿Me importa que mi acción te haya causado dolor?".
Muy a menudo, las personas se defienden con frases como: "no era mi intención", "no fue para tanto". El problema es que las intenciones no anulan los efectos. Si la otra persona sufre y su dolor es ignorado, la reparación no tiene por dónde empezar.
2Cuidado con la trampa de la vergüenza
El arrepentimiento se confunde a veces con la vergüenza. Y ese es un momento muy peligroso. Cuando decimos "me avergüenzo de ello", parece que estamos asumiendo la responsabilidad, pero a menudo no es así. "Soy horrible", "cómo he podido hacer algo así", "no puedo mirarme a la cara": todo esto sigue centrando la atención en uno mismo.
La vergüenza se convierte fácilmente en una forma sutil de narcisismo. La persona que ha herido sigue siendo el centro de atención, solo que ahora se centra en su propio sufrimiento y en la imagen que tiene de sí misma. En tal situación, no hay espacio para la empatía hacia la otra persona.
El verdadero trabajo comienza cuando alguien es capaz de asumir la responsabilidad adecuada por el daño causado y, al mismo tiempo, soportar la tensión de ser testigo del dolor ajeno, sin refugiarse en la defensa ni en la autocondena centrada en sí mismo. El arrepentimiento constructivo es una actitud del tipo "siento haberte causado sufrimiento, entiendo cómo te sientes".
3volver a valorar a la otra persona
Hacer daño, y especialmente hacerlo de forma consciente, siempre conlleva un mensaje muy doloroso: "no eras lo suficientemente importante para mí". Por eso, las disculpas, aunque sean sinceras, no bastan. Se necesita algo más: demostrar de forma real que la otra persona y la relación tienen valor.
Esto implica un cambio de actitud. La persona que ha herido debe convertirse en una especie de guardián de la relación. Alguien que la proteja con atención, disponibilidad y disposición a estar presente. A veces se trata de gestos muy sencillos: preguntar "¿cómo te sientes hoy?", "¿quieres hablar de ello?". A menudo, la otra persona responde: "No, ahora no". Pero el mero hecho de saber que el espacio está abierto es muy importante.
Es difícil, porque conlleva miedo. Miedo a que cada pregunta vuelva a provocar acusaciones o recuerde la culpa. Sin embargo, sin salir de la propia incomodidad, no es posible reconstruir la confianza.
4¿Por qué es tan difícil soportar el dolor ajeno?

Muchas personas se sorprenden por la magnitud del sufrimiento de la otra parte. "No pensé que dolería tanto", "pensé que no tendría tanta importancia". A menudo, en el momento en que se produce la herida, se produce una desconexión mental: no se piensa en las consecuencias, no se ve a la otra persona.
Enfrentarse al dolor de otra persona puede ser más difícil que enfrentarse a la ira. La ira se puede rechazar, racionalizar, considerar exagerada. El sufrimiento requiere detenerse y asumir la responsabilidad. Y sin asumir las consecuencias de los propios actos no hay verdadera madurez ni libertad.
5Las disculpas son necesarias, pero insuficientes
Por eso, las disculpas, aunque necesarias, a menudo no son suficientes. Hay formas de disculparse que sirven principalmente para recuperar la propia dignidad y el bienestar. Son maniobras de autodefensa.
Sin embargo, las disculpas sinceras demuestran que alguien realmente está presente en el dolor de la otra persona, y no solo quiere "cerrar el tema".
Bogna Białecka, Aleteia
Vea también Comunidad de amor servicial