miércoles, 10 de junio de 2026

Cómo Dios nos responde a todos los asuntos cotidianos

oración

Confiar en Dios, implica tener una vida íntima con aquel que nos ama, donde reina la esperanza y donde ocurre una transformación para el que confía y espera en ÉL 

Aveces pensamos que la intervención divina tendría que llegar con señales extraordinarias, como si Dios necesitara romper el cielo para hacerse presente en nuestra vidas con milagros. Sin embargo, más bien parece que muchas veces su modo de operar es más discreto, más íntimo, más parecido a una brisa que a un rayo.

Orar es saber esperar y confiar

La oración nace precisamente de esa confianza. Oramos porque somos frágiles, porque necesitamos consuelo, porque no alcanzamos a ver todo el panorama. 

Pedimos, suplicamos, agradecemos, lloramos, esperamos. Y en ese acto tan humano se abre una comunicación espiritual profunda: el alma reconoce que no se está solo, que hay un Padre que escucha, aunque no siempre responda como nosotros queremos.

Dios en todos los detalles

Nuestra fe cristiana nos enseña que Dios cuida desde las cosas grandes hasta las más pequeñas, y que su providencia no elimina nuestra libertad, sino que puede servirse de nuestras decisiones, encuentros, palabras y gestos para realizar sus planes. El amor de  Dios permite a sus criaturas cooperar libremente con su providencia, de modo que no somos marionetas, sino colaboradores de su obra. Por eso la intervención divina no debe entenderse como una imposición. 

Dios no invade nuestra libertad; la ilumina

Dios no nos obliga a amar; mas bien nos inspira a hacerlo. No nos quita siempre las dificultades; nos da fuerza para superarlas. No responde necesariamente concediendo todo lo que le pedimos; muchas veces responde transformando nuestra manera de ver las cosas: la transformación del corazón de que quien reza es la primera respuesta a nuestra petición.

Ahí aparece una experiencia psicológica maravillosa. La persona que ora con fe plena deja de vivir como si todo dependiera únicamente de sus fuerzas. Descansa interiormente. Aprende a decir: "Señor, pongo esto en tus manos". Esa entrega no es pasividad, sino confianza activa. El creyente sigue trabajando, decidiendo, esforzándose, pero ya no se carga una pesada piedra sobre los hombros. La compartimos con El.

Y cuando el miedo nos deja de afectar, la mente respira mejor. Las preocupaciónes pierden poder. La mente deja de vivir atrapado en fantasmas. No porque desaparezcan todos los problemas, sino porque aparece una mayor certeza, se es más fuerte que el problema que enfrentamos: vivimos con su compañía.

La oración: una conversación íntima con Dios

La ciencia no puede "demostrar" la acción de Dios como si se tratara de medir una sustancia en un laboratorio. Pero si es muy importante: saber que toda vivencia religiosa sana; en especial aquella que se vive desde la confianza, en el amor genuino, con esperanza.

La oración, entonces, no es algo mágico para relacionarse con Dios. Es una conversación íntima. Es abrir una ventana interior para que entre su luz. Es reconocer que la voluntad divina no siempre coincide con la nuestra pero sí con encontrar el  bien superior.

Dios nos transforma y nos da lo que necesitamos

hombre - feliz

A veces pedimos que cambien las circunstancias, y Dios cambia mejor nuestra forma de verlas. Pedimos que se borre el problema, y Dios mejor fortalece nuestras actitudes. Pedimos una señal, y aparece una persona bondadosa. Pedimos una salida, y llega una paz inesperada. Pedimos un milagro visible, y sucede primero uno discreto y de repente dejamos de tener miedo.

Quizá Dios interviene mucho más de lo que creemos, pero de manera tan sutil que sólo la sensibilidad logra reconocerlo. Está en la intuición que nos advierte, en la palabra que consuela, en la fuerza que no creíamos tener, en la puerta que se cerró para protegernos, en la pequeña alegría que llega cuando el alma estaba desesperada.

Orar es vivir acompañados.

Es confiar sin exigir.

Es pedir sin imponer.

Es aceptar que Dios responde a su modo.

Y cuando una persona aprende a ponerse de verdad en las manos de Dios, descubre una nueva libertad: ya no se necesita dominarlo todo, porque sabemos que el Amor sostiene incluso aquello que todavía no comprendemos. 

Guillermo Dellamary, Aleteia

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Cuando los Chatbots incitan a los niños a actos peligrosos

 

La soledad en la era de los algoritmos. ¿Por qué las relaciones con los Chatbots pueden ser peligrosas para los niños? Los especialistas responden

"Suena a aventura. Veamos a dónde nos lleva este camino", respondió el Chatbot a una usuaria que confesó que estaba pensando en ir sola al bosque. El problema es que, momentos antes, la "chica" había admitido que oía voces en su cabeza.

Sin embargo, no se trataba de una adolescente, sino de una psiquiatra —Nina Vasan, de la Facultad de Medicina de Stanford— que se hacía pasar por una joven. Y la respuesta de la Inteligencia Artificial, en lugar de disuadirla de su intención, en realidad la animaba a adoptar un comportamiento arriesgado. Este es solo uno de los muchos ejemplos preocupantes que nos llevan a plantearnos la siguiente pregunta: ¿son realmente seguros los "compañeros" digitales para los jóvenes?

La ilusión de la cercanía

IA- niño

Los chatbots actuales son algo más que una simple herramienta. Se diseñan para que parezcan amigos: empáticos, atentos y siempre disponibles. Son capaces de decir: "He soñado contigo" o "Somos almas gemelas".

Puede parecer un juego inocente, pero para los niños y adolescentes suele ser algo más. Tratan a los chatbots como amigos, consejeros vitales e incluso parejas sentimentales. El cerebro joven aún se está desarrollando. La corteza prefrontal, responsable de la toma de decisiones, el control de los impulsos o la evaluación de situaciones sociales, aún no está completamente formada.

Como resultado, los jóvenes se involucran emocionalmente más rápido y traspasan los límites con mayor facilidad. Un chatbot que simula cercanía puede, por lo tanto, convertirse en algo más que una herramienta: puede convertirse en "alguien", en un sustituto de una persona. Pero, ¿es eso malo?

Una relación sin fricciones

A diferencia de las relaciones reales, las que se establecen con la IA carecen de tensiones. No hay conflictos ni necesidad de llegar a un acuerdo. El algoritmo aprende del usuario y responde de manera que éste permanezca en la conversación el mayor tiempo posible. La IA ha pasado de la fase experimental a la comercial. Cuanto más tiempo hablas con él, más gana la empresa.

El problema es que esa "relación sin fricciones" no enseña madurez. No desarrolla las habilidades sociales, no enseña a establecer límites ni a lidiar con el rechazo. Puede incluso consolidar ideas distorsionadas sobre la intimidad. En lugar de prepararnos para la vida entre personas, nos aleja de ella.

Cuando el algoritmo falla

Un estudio realizado por la organización Common Sense Media ha demostrado lo fácil que es inducir a los chatbots a dar respuestas inapropiadas.

En las conversaciones con los "adolescentes" aparecían contenidos relacionados con la violencia, el sexo, las autolesiones o las drogas. "Adolescentes" porque, en realidad, se trataba de investigadores (como la Sra. Nina Vasan) que comprobaban hasta qué punto se podían traspasar los límites y romper la autocensura de los algoritmos.

En algunos casos, los sistemas no solo no interrumpían las conversaciones peligrosas, sino que las fomentaban. Aún más inquietantes son las historias concretas. En Estados Unidos se han registrado casos en los que jóvenes —tras establecer un fuerte vínculo con la IA— agravaron sus problemas mentales e incluso intentaron suicidarse. Los chatbots, en lugar de orientarlos hacia la ayuda, podían reforzar los pensamientos destructivos, ofreciendo un "apoyo" acrítico.

Las medidas ante la IA

Inteligencia Artificial

Es cierto que, tras darse a conocer el problema, las grandes empresas han tomado medidas para minimizar ese riesgo. Por ejemplo, actualmente ChatGPT, ante la sugerencia de que una persona está harta de vivir, remite a una línea de ayuda psicológica.

Sin embargo, no todos los modelos funcionan así, y en algunos de ellos, con las instrucciones adecuadas, es posible eludir las medidas de seguridad. Para saber cómo "hackear" el sistema, basta con conocer una serie de palabras clave para buscar en Internet las estrategias adecuadas. ¿El resultado? Por ejemplo, instrucciones listas para quitarse la vida.

¿Quiénes son los más vulnerables?

Los más vulnerables son las personas que se enfrentan a dificultades psicológicas, como la depresión, la ansiedad, el TDAH o los trastornos del estado de ánimo. Para ellos, la "atención" inmediata y siempre disponible de la IA puede resultar adictiva.

El problema es que, en realidad, el chatbot no diagnostica ni ofrece terapia. Puede reforzar patrones de pensamiento erróneos y, como resultado, alejar aún más a la persona del difícil mundo real. En lugar de ser un puente hacia la ayuda, a veces resulta ser un callejón sin salida.

El papel de los padres, los profesores y toda la sociedad es fundamental. Porque, en última instancia, la cuestión no es si los jóvenes utilizarán la IA, sino si lo harán de forma constructiva, sin sustituir las relaciones con personas reales por la interacción con la IA.

Bogna Białecka, Aleteia

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