La oración es fundamental para alcanzar la unión con Dios, por eso hay que combatir al demonio que estará listo para distraernos y mantenernos lejos del Señor
Cuando consultamos el Catecismo de la Iglesia católica
encontramos un gran apartado que nos habla ampliamente de la oración, donde nos
expone que se trata de un combate espiritual. ¿Y a quien hay que combatir? a
nosotros mismos y al demonio que desea separarnos de Dios:
"La oración es un don de la gracia y una respuesta
decidida por nuestra parte. Supone siempre un esfuerzo. Los grandes orantes de
la Antigua Alianza antes de Cristo, así como la Madre de Dios y los santos con
Él nos enseñan que la oración es un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros
mismos y contra las astucias del Tentador que hace todo lo posible por separar
al hombre de la oración, de la unión con su Dios" (CEC 2725).
León
XIV insta a no confundir la oración con una técnica psicológica
Orar y vencer obstáculos
El Catecismo agrega:
"Se ora como se vive, porque se vive como se ora. El
que no quiere actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo, tampoco podrá
orar habitualmente en su Nombre. El 'combate espiritual' de la vida nueva del
cristiano es inseparable del combate de la oración" (CEC 2725).
Ahora bien, encontraremos obstáculos como el "no tener
tiempo" y creer que orar depende de nosotros, sin contar con que viene del
Espíritu Santo. O bien, podemos desalentarnos por no entregarnos completamente
o creer que Dios no nos escucha. Por eso, para vencer los obstáculos,
entendamos que "Es necesario luchar con humildad, confianza y
perseverancia" (CEC 2728).
También habrá dificultades
Otro punto que añade el Catecismo es que enfrentaremos
dificultades, como la distracción. Por eso, hay que estar atentos para no caer
en las redes de las distracciones:
"...basta con volver a nuestro corazón: la distracción
descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado. Esta humilde toma
de conciencia debe empujar al orante a ofrecerse al Señor para ser
purificado" (CEC 2729).
Pero para quienes sinceramente quieren orar, está la
"sequedad". Dice el Catecismo que "es el momento en que la fe es
más pura, la fe que se mantiene firme junto a Jesús en su agonía y en el
sepulcro" (CEC 2731).
La
oración que hacía santa Teresita en tiempos de sequedad espiritual
Y luego, vienen las tentaciones
Estas tentaciones son la falta de fe y la acedia.
En el primer caso "cuando se empieza a orar, se
presentan como prioritarios mil trabajos y cuidados que se consideran más
urgentes".
Nos dejamos llevar por nuestras preocupaciones y dejamos de
lado lo verdaderamente importante. Así, "la falta de fe revela que no se
ha alcanzado todavía la disposición propia de un corazón humilde: «Sin mí, no
podéis hacer nada» (Jn 15, 5)" (CEC 2732).
En el segundo caso, está la tentación de la acedia, que
abre la puerta a la presunción. El Catecismo aclara :
"Los Padres espirituales entienden por ella una forma
de aspereza o de desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la
ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón" (CEC 2733).
El remedio eficaz
¿Y cuál es el remedio para estas tentaciones? Leemos:
"Quien es humilde no se extraña de su miseria; ésta le
lleva a una mayor confianza, a mantenerse firme en la constancia" (CEC 2733).
Roguemos al Señor la humildad que nos hace falta, la
confianza filial en su providencia y la constancia para perseverar en la
oración y acogernos a su infinito amor.
Mónica Muñoz, Aleteia
Vea también Oración: Maneras, Modos, Métodos y Estilos de comunicarse con Dios



