viernes, 20 de febrero de 2026

Ayuno y abstinencia: El camino de penitencia que transforma el corazón en la Cuaresma

Cada año, cuando comienza la Cuaresma, la Iglesia invita a millones de fieles en todo el mundo a entrar en un tiempo sagrado de recogimiento, penitencia y preparación para el misterio central de la fe cristiana: la Pascua del Señor. En este itinerario espiritual, el ayuno y la abstinencia ocupan un lugar privilegiado, no como meras prácticas externas o normas formales, sino como instrumentos de conversión interior que conducen al encuentro renovado con Dios.


Estas prácticas, profundamente arraigadas en la tradición cristiana, no pueden comprenderse únicamente desde una perspectiva disciplinaria o normativa. Su significado es mucho más profundo: constituyen un acto consciente de amor, humildad y arrepentimiento, mediante el cual el creyente reconoce su fragilidad, su necesidad de la gracia divina y su deseo sincero de cambiar de vida.



La Iglesia propone el ayuno y la abstinencia no como una carga, sino como una oportunidad de transformación espiritual. En un mundo marcado por la inmediatez, el consumo y el individualismo, estas prácticas recuerdan al cristiano que la verdadera plenitud no se encuentra en la satisfacción de los deseos materiales, sino en la comunión con Dios.

“El verdadero ayuno no consiste solo en privarse de alimentos, sino en renunciar al pecado y volver el corazón a Dios.”

Una llamada universal a la penitencia y al arrepentimiento

El ayuno, entendido como la reducción voluntaria de la cantidad de alimentos, y la abstinencia, que consiste principalmente en privarse de comer carne en determinados días —especialmente los viernes de Cuaresma—, tienen su fundamento en la propia condición humana marcada por el pecado y la necesidad permanente de conversión.

Las Sagradas Escrituras recuerdan con claridad que todos los hombres están llamados al arrepentimiento.


El apóstol San Juan afirma que negar el pecado es negar la verdad misma, mientras que San Pedro, en su predicación tras Pentecostés, exhorta a los fieles a convertirse para recibir el perdón y comenzar una vida nueva. Esta llamada no pertenece únicamente a una época concreta, sino que constituye una exigencia permanente en la vida cristiana.


En coherencia con esta enseñanza, el Código de Derecho Canónico establece que todos los fieles están obligados, conforme a la ley divina, a realizar actos de penitencia, particularmente en los viernes de cada año y de manera especial durante la Cuaresma. Esta obligación no debe interpretarse como una imposición meramente jurídica, sino como una invitación amorosa a participar en el camino de purificación que conduce a la verdadera libertad espiritual.


La penitencia, en este sentido, no es un castigo, sino una medicina para el alma. Es el reconocimiento humilde de la propia debilidad y el deseo sincero de restaurar la relación con Dios, rota o debilitada por el pecado.


La disciplina del cuerpo como camino hacia la libertad del espíritu


El ayuno y la abstinencia representan, además, un ejercicio concreto de dominio propio que ayuda al creyente a ordenar sus deseos y a fortalecer su voluntad. Al renunciar voluntariamente a algo bueno y legítimo, como el alimento, el cristiano aprende a liberarse de la esclavitud de los impulsos desordenados y a crecer en libertad interior.


Esta disciplina no tiene como finalidad el sufrimiento por sí mismo, sino la transformación del corazón. Al experimentar la privación, el creyente toma conciencia de su dependencia radical de Dios, fuente de toda vida y de todo bien. El ayuno se convierte así en una escuela de humildad, en la que el cristiano reconoce que no puede salvarse por sus propias fuerzas, sino únicamente mediante la gracia divina.


Desde los primeros siglos del cristianismo, los fieles han practicado la penitencia siguiendo el ejemplo del propio Jesucristo, quien, antes de iniciar su vida pública, se retiró al desierto durante cuarenta días para orar y ayunar. Este gesto, cargado de profundo significado espiritual, constituye el modelo que la Iglesia propone a sus hijos, especialmente durante el tiempo cuaresmal.


Al imitar a Cristo en su ayuno, el cristiano se une a su sacrificio redentor y participa de su victoria sobre el pecado y la tentación. El esfuerzo personal, sostenido por la gracia, se convierte así en un medio eficaz para crecer en virtud y acercarse más plenamente a Dios.


La conversión del corazón, el verdadero sentido de toda penitencia

No obstante, la Iglesia enseña con claridad que el valor del ayuno y la abstinencia no reside únicamente en el acto exterior, sino en la disposición interior que lo acompaña. El Catecismo de la Iglesia Católica subraya que la llamada de Cristo a la conversión se dirige ante todo al corazón del hombre, a esa dimensión profunda donde se decide el sentido de la vida.


La penitencia auténtica implica una transformación radical de la persona. No se trata solo de modificar conductas externas, sino de reorientar toda la existencia hacia Dios. Es un retorno sincero al amor divino, acompañado del rechazo consciente del pecado y del firme propósito de vivir según el Evangelio.


Esta conversión interior se manifiesta naturalmente en signos visibles, como el ayuno, la oración y las obras de caridad. Estas prácticas no son fines en sí mismas, sino expresiones concretas de un corazón que desea amar más plenamente a Dios y a los demás.


La penitencia, en su sentido más profundo, es un acto de esperanza. Es la certeza de que, a pesar de las caídas y debilidades, la misericordia de Dios permanece siempre abierta para quien se acerca a Él con humildad y confianza. Es la respuesta libre del hombre al amor infinito de su Creador.


En definitiva, el ayuno y la abstinencia constituyen mucho más que una tradición o una norma disciplinaria. Son un camino de purificación, una escuela de libertad interior y una oportunidad privilegiada para renovar la relación con Dios. A través de estas prácticas, el cristiano aprende a desprenderse de aquello que lo aleja del Señor y a abrir su corazón a la acción transformadora de la gracia.



En el silencio del sacrificio y la renuncia, el alma descubre una verdad profunda: solo Dios basta. Y es precisamente en esa entrega, humilde y sincera, donde comienza la verdadera Pascua del corazón.

ewtn

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jueves, 19 de febrero de 2026

España se muere: aunque los nacimientos repuntan un poquito (1%), las defunciones crecen más (2,5%)

Datos de natalidad del INE sobre 2025: España lleva desde 2015 con más muertes que nacimientos; el Estado financia abortos, no maternidad.

Una pareja muestra la ecografía de su bebé... en España hay un pequeño repunte de natalidad, que no compensa los fallecimientos

Una pareja muestra la ecografía de su bebé... en España hay un pequeño repunte de natalidad, que no compensa los fallecimientos

Desde 2015, en España hay más muertes que nacimientos, y ahora, con los datos del INE, sabemos que 2025 no ha sido la excepción.

Los datos provisionales publicados este miércoles por el Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que en 2025 hubo un total de 321.164 nacimientos, frente a 446.982 fallecimientos. La diferencia da un saldo vegetativo de la población negativo, de 122.167 personas.

Casi todas las comunidades tienen más muertes que nacimientos, excepto la comunidad de Madrid (saldo positivo de 2.134 personas), la región de Murcia (509) y las ciudades autónomas de Melilla (215) y Ceuta (32).

Aunque los nacimientos repuntaron un poquito (un 1% respecto a 2024, 3.159 nacimientos más) y rompieron la tendencia a la baja, los fallecimientos crecieron mucho más (un 2,5% más que en 2024).

Los aproximadamente 320.000 bebés que nacieron en 2025 quedan muy lejos de los 420.000 que nacieron en 2015, o los 466.000 de 2005.

Además, las madres cada vez son mayores (lo que indica que probablemente no tendrán otro hijo). Mientras que en 2015 el 7,8% de los nacimientos fueron de madres de 40 años o más, en 2025 ese porcentaje se elevó hasta el 10,4%.

En 2025 los mayores incrementos en el número de nacimientos (con respecto a 2024) se registraron en Comunidad de Madrid (3,3%) y País Vasco (3%), mientras que los mayores descensos se registraron en las ciudades autónomas de Melilla (-10,1%) y Ceuta (-6,6%), y en Islas Baleares (-2,6%).

Solo Galicia y la región de Madrid dan ayudas a la maternidad

Según el informe RedMadre 2025, la comunidad de Madrid dedica 65 millones de euros a ayudas a la maternidad, y la de Galicia dedica 31,6. El resto de las Comunidades Autónomas y entidades locales españolas, todas sumadas, dedican sólo 4,8 millones a ayudas a la maternidad. Son datos del Mapa de la Maternidad 2025 que cada año presenta la Fundación RedMadre (en este caso con los datos de 2024).

De las diputaciones, sólo 5 diputaciones informan de dar ayudas a las embarazadas: Almería, Guadalajara, Toledo, Alicante y Badajoz. Son más generosas las únicas 14 capitales de provincia que destinan ayudas: Madrid (527.000 euros), Zaragoza (80.000), Burgos (63.000), Almería (35.000), Barcelona (33.000), Valladolid (21.000), Córdoba (20.000), Guadalajara, Cáceres y Badajoz (10.000 cada una), Alicante (7.000), Palencia (4.400) y cantidades menores de 3.000 en Teruel y Segovia.

En total, las ayudas de las administraciones públicas españolas para las embarazadas suman 101 millones de euros... pero concentradas casi todas en Galicia y Región de Madrid.

Canarias, Baleares, la envejecidísima Asturias, Navarra y el País Vasco no destinan ni un euro a las embarazadas.

Dinero para abortar, no para tener hijos

Según recordaba RedMadre, si en 2017 abortaban 19 de cada cien embarazadas, en 2024 ya fueron 24,6. El Estado financia los abortos, no la maternidad.

En concreto, el Estado español dedica a pagar abortos 38 millones de euros con dinero de todos los españoles. En un país, insistimos, que desde 2015 tiene más muertes que nacimientos.

Lideran la triste clasificación de abortos Canarias, Asturias y Cataluña, donde se producen más de 400 abortos por cada 1.000 nacimientos. Como ya se ha señalado, Canarias y Asturias no dan ninguna ayuda a la maternidad, y en Cataluña sólo Barcelona da algo.

Asturias es un ejemplo de políticas suicidas: alta tasa de aborto y ninguna ayuda a la maternidad (datos de 2024), en una región envejecida, cuyos habitantes tienen hoy una media de edad de 46,5 años (hace diez años era de 44,3). A partir de cierto punto, simplemente, ya no hay apenas mujeres en edad fértil.

Pablo J. Ginés, ReL

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5 claves para vivir esta Cuaresma como ninguna otra


 

La Cuaresma no es solo un tiempo litúrgico que se nos regala antes de la Semana Santa para ponernos la ceniza en la frente y hacer propósitos; es una oportunidad de conversión y vuelta a lo esencial en nuestra vida. Durante 40 días, la Iglesia nos invita a detenernos, a mirar hacia adentro y a volver el corazón a Dios. Pero cada Cuaresma puede convertirse en una rutina si no la vivimos con intención.

Este año puede ser diferente, puede ser más profundo, más transformador, más real. Aquí te proponemos 5 claves espirituales para vivir esta Cuaresma como ninguna otra:

1. Vuelve al corazón, no solo a las prácticas

Ayunar, rezar y vivir la caridad, son 3 pilares fundamentales de este camino cuaresmal, sin embargo, pueden convertirse en actos externos que hacemos por costumbre. Lastimosamente la rutina puede impedir que Dios transforme nuestro interior y que la gracia actúe en nosotros. La verdadera conversión ocurre en el corazón, cuando entregamos con conciencia nuestra voluntad a Dios.

Esto no significa que tengamos que hacer todo bien, o todo perfecto; significa que seamos conscientes día a día de lo que necesita conversión en nuestro interior, que llenemos de sentido nuestras prácticas externas y que estas incidan directamente en lo que pasa dentro nuestro. La Cuaresma no es para cambiar de dieta, es para cambiar de dirección.

2. Practica un ayuno que te acerque a Dios

El ayuno no es castigo; es liberación. No se trata solo de dejar la comida, sino de identificar aquello que ocupa el lugar de Dios en nuestra vida.

Este año podemos intentar: ayuno de quejas, ayuno de críticas, ayuno de distracciones digitales, ayuno de palabras que hieren, ayuno de pereza. Cuando vaciamos espacio, Dios lo llena. El verdadero ayuno crea hambre de lo eterno.

3. Redescubre el poder del silencio

Vivimos rodeados de ruido: notificaciones, conversaciones, actividades, preocupaciones constantes. Pero Dios suele hablar en la brisa suave.

Dedica cada día unos minutos al silencio consciente; sin música, sin teléfono, sin prisa; en el silencio se ordenan los pensamientos, se revelan las heridas y se escucha la voz de Dios. El desierto cuaresmal no es un lugar físico; es un espacio interior.

4. Convierte el sacrificio en amor concreto

La caridad no es solo dar dinero; es dar tiempo, escucha, paciencia. Demos un paso más allá en esta Cuaresma preguntémonos: ¿Quién necesita hoy una muestra concreta de amor? Puede ser: un mensaje de reconciliación, una visita pendiente, un acto de generosidad silenciosa, una ayuda sin esperar reconocimiento. Dar no desde lo que nos sobra sino desde lo que nos cuesta, nos falta o nos es escaso.

“El amor no es pasivo, va al encuentro del otro; ser prójimo no depende de la cercanía física o social, sino de la decisión de amar. Por eso, el cristiano se hace prójimo del que sufre, siguiendo el ejemplo de Cristo, el verdadero Samaritano divino que se acercó a la humanidad herida. No son meros gestos de filantropía, sino signos en los que se puede percibir que la participación personal en los sufrimientos del otro implica el darse a sí mismo, supone ir más allá de cubrir necesidades, para llegar a que nuestra persona sea parte del don” (Mensaje del Papa León XIV para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo). 

5. Camina hacia la Pascua con esperanza

La Cuaresma no termina en el sacrificio, sino en la Resurrección. No es un tiempo triste; es un camino hacia la vida. Cada renuncia tiene sentido porque conduce a la conversión, a la renovación, cada esfuerzo prepara nuestro corazón para la alegría, cada paso sincero nos acerca a la verdadera libertad, a Dios.

Vivir esta Cuaresma como ninguna otra no depende de hacer más cosas, sino de hacerlas con más sentido, sacrificio y autenticidad.

“Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección” (Mensaje del Papá León XIV para la Cuaresma 2026).

Luisa Restrepo, churchpop

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Hacer de la autocrítica una herramienta para progresar

hombre viéndose en el espejo

Distingue entre crítica constructiva y la desvalorización que puede transformar los comentarios internos incesantes en un motor de progreso en lugar de desánimo

A menudo se dice que no hay que dejarse invadir por pensamientos negativos y que solo hay que cultivar un discurso interior positivo. Sin embargo, no todos los pensamientos críticos son necesariamente malos. Algunos pueden favorecer la toma de conciencia de los propios errores y fomentar el cambio. El problema surge cuando esta autocrítica se vuelve invasiva, conduce al desánimo y se transforma en una desvalorización general de la propia valía. Este tipo de autocrítica tóxica acaba convenciéndote de que eres irremediablemente malo e incapaz de progresar.

El diálogo interno

amor propio

Durante mucho tiempo, la psicología ha destacado la importancia del diálogo interno positivo ("puedes hacerlo", "eres capaz"). De hecho, numerosos estudios confirman que este tipo de pensamiento refuerza la motivación y la confianza en uno mismo. Un estudio publicado en 2021 en Scientific Reports demostró que una autocrítica moderada también puede mejorar el rendimiento cognitivo. Ayuda a mantenerse alerta, a detectar los errores y a motivarse para mejorar.

Por el contrario, según este estudio, un exceso de pensamientos positivos puede llevar a sobreestimar las propias habilidades. Estos resultados nos recuerdan que el desarrollo personal también requiere la capacidad de reconocer los propios límites y fracasos, ya que, de lo contrario, se corre el riesgo de caer en un orgullo excesivo.

La frontera entre la corrección constructiva y la desvalorización

Por lo tanto, la cuestión fundamental no es si debemos silenciar nuestras críticas internas, sino determinar el papel que desempeñan en nuestra vida. ¿Favorecen el cambio o solo generan culpa y desánimo? Un estudio publicado en 2025 en BMC Psychology muestra que las personas que mejor gestionan los pensamientos críticos hacia sí mismas no tratan de silenciarlos, sino que aprenden a escucharlos con discernimiento y benevolencia.

"Si los pensamientos repetitivos se utilizan como indicaciones para actuar de manera diferente, pueden convertirse en un motor de transformación personal".

Los investigadores han identificado varias formas de crítica interna negativa: la que menosprecia las habilidades personales, la que anticipa constantemente el fracaso, la que se desconecta de las emociones y, por último, la más destructiva, la que cuestiona el valor mismo del individuo. Las personas psicológicamente sólidas no se identifican con estas voces y no las consideran verdades absolutas. Más bien las ven como pensamientos pasajeros, relacionados con una emoción, el cansancio o una situación concreta.

La voz que sabotea porque quiere proteger

Happy-man

Cuando el diálogo interno negativo toma el control, puede provocar un sentimiento constante e invisible de persecución. Estos pensamientos pueden llevar a la persona a sabotearse a sí misma, tanto en su vida personal como profesional. Sin embargo, la psicología destaca que esta voz casi siempre busca proteger al individuo contra el sufrimiento, el rechazo, la repetición de fracasos o el agotamiento. Sin embargo, las estrategias que emplea suelen ser inadecuadas y contraproducentes.

Por lo tanto, el primer paso hacia el cambio no es luchar contra esa vocecita interior, sino tomar conciencia. Se trata de identificar los pensamientos repetitivos, observarlos y formularlos con claridad. Si respondes a este diálogo interior con vergüenza o dureza, te cierras a cualquier evolución. Esto te mantiene fácilmente a la defensiva y refuerza los mismos patrones que deseas cambiar. Por el contrario, si estos pensamientos se utilizan como indicaciones para actuar de manera diferente, pueden convertirse en un motor de transformación personal.

Así pues, para convertir esa crítica interior en una aliada, comience por escribir los pensamientos negativos que le vienen a la mente. De hecho, los pensamientos no reconocidos son los más poderosos, por lo que escribirlos les quita parte de su poder. Este trabajo de clarificación favorece el distanciamiento y abre el camino a una respuesta más racional y equilibrada. De esta manera, el diálogo interno puede convertirse en una herramienta de ajuste y progreso, en lugar de una fuente permanente de desvalorización.

Bogna Białecka, Aleteia 

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