martes, 2 de junio de 2026

¿Qué pasa en la familia cuando los hijos mayores crecen y se van?

familia

Hay una frase que se escucha en muchas familias cuando los hijos se hacen mayores: "Con nosotros eran más duros"; que expresa lo mismo que "con los pequeños sois mucho más permisivos"

Estas dos frases son una de esas afirmaciones que parecen evidentes para quien las pronuncia y que suelen dejar a los padres sin demasiadas ganas de defenderse. Quizá porque, en parte, es verdad. Aquí hay algunas verdades que llegan a ocurrir en la familia cuando los hijos crecen.

La crianza en el tiempo

familia- hijos

Los años pasan. Los padres cambian. Aprenden. Se equivocan. Descubren que algunas batallas merecen la pena y otras no. Los padres primerizos rara vez tienen tiempo para preguntarse qué es realmente importante. Educan muchas veces con la urgencia del que está aprendiendo mientras camina.

Pero también es verdad otra cosa: cada momento de una familia necesita cosas diferentes. No es igual educar a un niño de cinco años que a un adolescente. No es igual una casa llena de hijos pequeños que una en la que algunos ya han hecho las maletas y han comenzado su propia vida.

Y ahí aparece una situación de la que hablamos poco, porque suele ocurrir que cuando los hijos mayores ya viven fuera: todavía quedan hermanos pequeños en casa. 

Entonces los que se fueron vuelven los fines de semana, en vacaciones o en celebraciones familiares. Siguen sintiendo aquella casa como propia, porque lo es. Pero ya no del mismo modo. Y esa diferencia, si no se entiende, puede generar muchos conflictos.

Cuando los hijos crecen

Es muy fácil comportarse como una madrastra cuando no es tu hijo. Es muy fácil corregir cuando la responsabilidad última la tienen otros. Es muy fácil señalar lo que se está haciendo mal cuando uno no está sosteniendo el día a día de esa casa.

Los hijos que ya se han marchado siguen perteneciendo a la familia y siempre será así. Pero necesitan volver con una conciencia nueva. Aunque aquella siga siendo su casa, ya tienen un hogar distinto. Han salido de la política interior de la familia para habitar una especie de política exterior afectuosa y cercana.

Especialmente en las familias numerosas, esta frontera puede volverse difusa. Uno corrige una cosa. Otro añade una observación. Un tercero explica cómo habría que hacerlo. Al final, el hermano pequeño recibe tres o cuatro correcciones sobre el mismo asunto en una sola tarde.

Y lo que nace no es el deseo de mejorar. Nace el rebote. La necesidad de defenderse. Ese pequeño subidón de soberbia que aparece cuando uno siente que todo el mundo le está diciendo cómo tiene que vivir.

Pentecostés en la familia

Por eso, esta etapa merece una reflexión propia. Ahora que acabamos de pasar Pentecostés, los apóstoles pueden enseñarnos algo. Ellos eran hombres distintos, con temperamentos distintos, llamados a una misma misión. Seguramente tenían motivos para corregirse unos a otros, para discutir estrategias o para recordar quién había entendido mejor las palabras del Maestro.

La unión con María en el hogar

Antes de salir al mundo, los encontramos reunidos junto a María. Y ahí está la clave. Porque todo es más fácil cuando pasa por el corazón de María. Las madres y los padres que viven esta etapa, los hijos pequeños que todavía crecen bajo su techo, los hijos mayores que habitan ese territorio intermedio entre quedarse y marcharse...Todos necesitamos aprender a pasar nuestras palabras por el corazón de María antes de pronunciarlas.

Preguntarnos si esa corrección ayuda o solo descarga una impaciencia. Si ese consejo ha sido pedido o simplemente queremos tener razón. Si estamos construyendo comunión o defendiendo nuestro pequeño reino.

Las familias necesitan autoridad. Pero también necesitan delicadeza. Y hay momentos en los que el mayor acto de amor no consiste en decir una cosa más, sino en guardar silencio, sonreír y confiar en que la gracia para educar sigue estando donde Dios la puso: en los padres.

Mar Dorrio, Aleteia

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Diez principios de fe con los que Christian Gálvez anima a ir a ver a León XIV y a escucharle

 El popular presentador televisivo debe a su esposa su reencuentro con Dios: ambos presentarán a León XIV en el Santiago Bernabéu.

Christian Gálvez, durante una reciente entrevista televisiva.

Christian Gálvez, durante una reciente entrevista televisiva.


    Christian Gálvez, uno de los rostros más populares de la televisión española (doce años al frente de Pasapalabra), y su esposa Patricia Pardo, conductora de Vamos a ver (también en TeleCinco, casa común de ambos), serán quienes conduzcan el acto de León XIV en el estadio Santiago Bernabéu, que tendrá lugar el lunes 8 de junio.

    La conversión de Christian Gálvez a la fe ha sido uno de los acontecimientos más notorios del catolicismo español en los últimos años, dada su popularidad y la franqueza con la que ha hablado de Cristo y de la Iglesia. Vivió alejado de la religión durante buena parte de su vida, y de hecho fue el pasado 22 de mayo cuando recibió el sacramento de la Confirmación en la iglesia de Santa Cruz de Liáns, en Oleiros (La Coruña). Eso le ha lanzado a escribir libros de fe de gran éxito editorial.

    La revista Hola! le entrevistó recientemente sobre su matrimonio con Patricia Pardo y el impacto que ello tuvo en su retorno a Dios

    De dicha conversación es posible extraer algunos principios que caracterizan la forma en la que ahora confiesa y habla con diligencia sobre su catolicismo vivo.

    Seis ideas sobre la fe...

    • "La fe, para mí, es una forma de mirar el mundo. No desde la perfección, sino desde la esperanza. Es entender que incluso en los momentos más oscuros hay algo que te sostiene, aunque no siempre puedas explicarlo".
    • "En un mundo donde todo va tan rápido y parece que vivimos obligados a opinar, producir y correr constantemente, mi relación con Jesús me recuerda quién soy cuando se apaga el ruido. Me da serenidad, perspectiva y, sobre todo, esperanza. No porque la vida sea más fácil, sino porque siento que no camino solo".
    • "La aparición de Patricia en mi vida fue uno de esos momentos que te obligan a mirar hacia arriba y preguntarte si algunas personas no llegan a ti por casualidad, sino por propósito o destino. En una etapa muy concreta de mi vida, ella fue luz, calma y refugio. Y, de alguna manera, también me reconcilió con muchas cosas, incluida la fe. A veces Dios no se manifiesta con grandes señales. A veces lo hace poniendo a la persona correcta en tu camino".
    • "Parece que cuando alguien conocido habla abiertamente de su fe automáticamente se convierte en titular, casi como si fuese algo excepcional o inesperado. Pero yo nunca he entendido la fe como una estrategia de imagen ni como una etiqueta pública. Forma parte de quién soy, igual que mis valores, mi manera de entender la familia o la vida".
    • "Intento vivir la fe con naturalidad. Sin esconderla, pero también sin convertirla en una bandera constante. Al final, creo mucho más en el ejemplo que en el discurso. En cómo tratas a los demás, en cómo amas, en cómo afrontas los momentos difíciles o en cómo educas a tus hijos. Si algo de eso puede inspirar a alguien, sería maravilloso. Pero prefiero que mi fe se intuya en mis actos antes que en un eslogan".
    • "Perdonar no significa justificarlo todo. Significa entender que todos somos imperfectos, que todos fallamos y que nadie debería ser condenado para siempre por una caída. A mí la fe me recuerda constantemente eso: que necesitamos más compasión y menos juicio".

    ...y cuatro ideas sobre el encuentro con León XIV

    • "Sus cartas apostólicas están dejando mensajes muy potentes sobre la esperanza, la educación, el diálogo y la necesidad de construir una Iglesia que acompañe más. Hay una idea suya que me llega especialmente: que la misión de la Iglesia no es sobrevivir, sino comunicar el amor de Dios. Creo que resume perfectamente el momento que estamos viviendo".
    • Christian Gálvez, en una reciente entrevista sobre su fe.
    • "Le pediría una cosa muy simple: que no deje nunca de tender puentes hacia quienes se sienten lejos de la Iglesia o incluso decepcionados con ella. Porque creo que hay muchísima gente deseando volver a creer… solo necesita sentir que alguien les abre la puerta".
    • "Creo que la visita del Papa puede servir para recordarnos que todavía hay espacio para la reconciliación, para la espiritualidad y para mirar al otro con más humanidad. Ojalá, cuando pase toda la euforia mediática, quede en muchas personas la necesidad de volver a hacerse preguntas importantes. Quiénes somos. Qué sentido tiene lo que hacemos. Qué legado dejamos. Y, sobre todo, cómo tratamos a los demás mientras estamos aquí".
    • [Razones para ir a escuchar al Papa.] "No hace falta tener una fe perfecta, ni saberse todas las respuestas, ni encajar en ningún estereotipo para acercarse a algo así. A veces basta simplemente con tener curiosidad, necesidad de esperanza o ganas de sentir algo diferente en medio de tanto ruido. Y también le diría algo importante: que no tenga vergüenza de creer. Seguir buscando verdad y la trascendencia quizá sea el acto más valiente que existe".
    ReL