jueves, 5 de marzo de 2026

La fe del actor de Hollywood Jordi Mollá: «Las iglesias son el único sitio donde me siento seguro»

El actor catalán asegura: «Dios es lo más grande que me ha pasado en la vida».

"Lo tengo más claro que el agua: lo único que realmente existe es Dios", asegura Mollá.

Jordi Mollá es uno de los actores españoles más internacionales. Nació el 1 de julio de 1968 en Barcelona, España, y es conocido por películas como Riddick (2013), Dos policías rebeldes II (2003) y Criminal (2016). 

El actor de Hollywood lleva además 27 años pintando, con más de 200 exposiciones a sus espaldas. Un artista global cuya devoción por la belleza le hace no renegar nunca de su fe. La Contra de La Vanguardia lo acaba de entrevistar. 

Del cine y la pintura... a Dios

"Al salir de ver La espía que me amó mi madre vio que tenía un ojo rojo. En urgencias el médico preguntó: '¿Qué ha hecho su hijo estas últimas horas?'. 'Ir al cine', respondió mi madre. Y él dijo: 'Su hijo no ha pestañeado en tres horas'. Se me habían reventado un montón de venas. Eso era el cine para mí", recuerda sobre su pasión de niño por gran pantalla.

Y, luego, fue la pintura. "Apareció como sistema de supervivencia. Tenía que rodar en París, no conocía a nadie y tenía muchos días libres. Escribí mi primer libro y empecé a dibujar. La pintura se convirtió en un amigo secreto. Es íntima. No necesita a nadie. Es un diálogo", afirma.

De familia obrera, Mollá pasó varios años en Hollywood siendo una auténtica estrella, hasta que se apartó de todo ello. "No quería esa vida. Despertarme sin saber si estaba en California o en Hamburgo. Ese ritmo te puede traer consecuencias fuertes. Decidí hasta dónde quería llegar. No fue fácil. Yo podría haber sido mucho más famoso de lo que soy, no tengo ninguna duda. Pero no quise", reconoce.

Y, sobre "lo más revelador que le ha ocurrido" en la vida, el actor lo tiene claro: "Mi encuentro con Dios. Mi madre quería ser monja. Cuando tenía siete años casi la pierdo. Me refugié en Dios para que sobreviviera. Desde entonces siempre ha estado conmigo. Incluso en los peores momentos escucho una voz que me dice: 'Yo voy contigo'. Eso es lo más grande que me ha pasado en la vida".

Soy un gran creyente

En una entrevista anterior para El Periódico, Mollá hablaba así de su fe: "La iglesias son el único sitio donde me siento seguro". Para él, decía, el trabajo creativo es un proceso meditativo: "Absolutamente. Y religioso. Sí, soy un gran creyente".

"Para mí lo único que existe es Dios. La gente se sorprende y dice, 'No lo entiendo, ¿estás de coña?', pero no me importa. Lo tengo más claro que el agua: lo único que realmente existe es Dios. Y los humanos, pues humanos son. Yo experimento a Dios a través de otras personas".

"La gente lo malinterpreta, tiene mucho miedo de la creencia. Se politiza, se deshumaniza. Cuando uno habla de Dios, todo el mundo tiembla", afirmaba.

ReL

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Frutos espirituales que recibes con la confesión frecuente

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Un sacramento dador de vida es la Confesión y acercarse con frecuencia permite que el alma reciba muchos frutos espirituales que Dios le regala

No hay nada más reconfortante que una buena confesión. Y aunque lo sepamos, el miedo nos paraliza y lo pensamos mucho antes de volver a reconciliarnos con el Señor. Sin embargo, para quien se confiesa con cierta frecuencia los frutos espirituales que Dios le regala le ayudan a caminar con paso firme hacia la santidad.

El perdón de los pecados

Nuestro Señor Jesucristo murió en la cruz para rescatarnos del abismo en el que nos tenía el pecado. Su sacrificio es único y se actualiza en cada sagrada Eucaristía. También es verdad que, quien crea en Él se salvará. Pero, ojo, la salvación es un don gratuito que Dios otorga a quien pone todo de su parte.

Y también es cierto que, nuestra debilitada condición humana está pronta para pecar, por eso es necesario pedir perdón a Dios. Jesús mismo dejó para eso el sacramento de la Reconciliación (Jn 20, 21-23).

El Catecismo de la Iglesia católica dice:

 "Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra El y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones" (CEC 1422). 

Los frutos espirituales

Ahora bien, no es necesario tener pecados mortales para confesarnos. Quien se confiesa con regularidad recibe muchos beneficios que redundan en frutos espirituales como estos:

1. Nos unimos más a la Iglesia porque el mismo Cristo nos reintegra a la comunidad:

 "a los pecadores que son perdonados los vuelve a integrar en la comunidad del pueblo de Dios, de donde el pecado los había alejado o incluso excluido" (CEC 1443) . 

2. Recuperamos la gracia perdida, pero también "nos libera y facilita nuestra reconciliación con los demás" (CEC 1455).

3. "La confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu" (CEC 1458).

4. Nos sentimos impulsados a ser misericordiosos:

Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso (CEC 1458)

5. Al devolvernos la gracia, el perdón de Dios "nos une con Él con profunda amistad" , además "tiene como resultado la paz y la tranquilidad de la conciencia, a las que acompaña un profundo consuelo espiritual" (CEC 1468).

6. Y algo más: cada vez que nos confesamos aumenta en nosotros "el acrecentamiento de las fuerzas espirituales para el combate cristiano" (CEC 1496).

No dudes más y confiésate más a menudo.

Mónica Muñoz, Aleteia

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