
Los laicos son la Iglesia católica, por eso, como miembros
activos tienen una gran misión y muchos ministerios en los que pueden
desempeñar su labor pastoral
Dentro de la Iglesia católica existen los ministerios
laicales que son servicios de determinados laicos puede realizar como una labor
a la comunidad cristiana de carácter eminentemente pastoral, como proclamar o
introducir las lecturas de la misa, animar los cantos de las celebraciones,
distribuir la comunión, ayudar al sacerdote en el altar, ser catequista, llevar
la comunión a los enfermos, …
Se basan en una concepción de la Iglesia como misterio de
comunión: todos somos Iglesia y todos tenemos, como células del cuerpo místico
de Cristo, una función. Por eso no solo los sacerdotes o religiosos ejercen
ministerios, sino también los laicos.
Un único cuerpo en Cristo
Se puede leer en la primera Carta a los Corintios que todos
formamos un único cuerpo en Cristo (1 Cor 12,12 y ss).
Todos nos necesitamos y debemos poner al servicio de los
demás los dones, funciones, carismas y ministerios que el Señor, el
Espíritu y la misma Iglesia ha suscitado y sigue suscitando.
Por tanto la Iglesia desde sus orígenes ha aprovechado una
importante variedad de servicios, funciones y tareas que reciben el nombre
genérico de ministerios; todo de cara a la misión. Es por esto que la Iglesia
es definida también como “ministerial”, tal y como se deduce de las
cartas paulinas (Rm 12,6-8).

Los tres tipos de ministerios
Según el Nuevo Testamento los ministerios eclesiales pueden
ser de tres tipos:
a) Los queridos por Jesús: Los apóstoles -pastores y
evangelistas- (Lc 6,13; Lc 10,1);
b) Los inspirados por la acción del Espíritu Santo. Son los
ministerios señalados en las cartas paulinas: el ministerio de apóstol, de
profeta y de maestro, etc. (1 Cor 12,28; Ef 4,11).
c) Los elegidos por la Iglesia: los “colaboradores” de San
Pablo, que no son otra cosa que los responsables de las comunidades cristianas
(Rm 16,3; 1 Tes 3,2; 2 Cor 8,23; 1 Tes 5,12; 1 Cor 16,16).
Los ministerios que suscita el Espíritu hacen a la comunidad
y esta es la que los discierne, como vemos en la elección de los primeros
diáconos (Hech 6,1-6).
Ahora bien, Dios ha querido no solamente la existencia de
ministerios en todas y cada una de las comunidades, sino que además ha querido
también la diversidad y la creatividad de acuerdo a las necesidades que se iban
presentando (Hech 1,21-26; 6,1-3).
Signo de vitalidad en la Iglesia
Los ministerios laicales son signo de vitalidad de la
Iglesia, un don del Señor a la comunidad de creyentes y una exigencia de
fidelidad a la vocación de servicio que debe caracterizar a los seguidores de
Jesús de Nazaret.
Estos ministerios están intrínsecamente relacionados con el
ministerio ordenado pero no son una prolongación del ministerio ordenado. Se
fundamentan en la gracia bautismal; ésta es la condición indispensable para el
ministerio, y los fieles participan en la vida y misión de la Iglesia desde su
condición de laicos.
Los ministerios laicales tienen su dignidad; y esto
significa señalar su propio lugar dentro de la Iglesia.
Claro, el servicio del ministro laico necesita una
capacitación especializada, una competencia demostrada y una específica
aceptación pública al interior de la misma Iglesia.
Es el llamamiento de la Iglesia lo que convierte el carisma
personal en ministerio eclesial.
El ministerio laical es un elemento fundamental en la
estructuración y organización de la comunidad cristiana, la cual tiene derecho
a poseer los ministerios y ministros que necesita.

Algunos
consejos para los lectores que apoyan en Misa
Lea
el artículo
Buena voluntad y formación necesaria
Para acceder al ministerio se necesita el estímulo y
formación por parte de la comunidad, la aceptación y envío por la autoridad
eclesial legítima.
Los ministerios laicales tienen una duración temporal, a
diferencia del ministerio ordenado.
La Iglesia, a través del Concilio Vaticano II y de muchos
documentos, aboga por el redescubrimiento de la identidad de los laicos y su
misión en la Iglesia y en el mundo.
El primer texto oficial que nombra los ministerios de los
laicos es la carta apostólica Ministeria quaedam del año 1972, en la que
Pablo VI afirma que los ministerios pueden confiarse a los laicos de manera que
dejan de estar reservados a los candidatos al sacramento del Orden.
Entre otros documentos tenemos, por ejemplo, el
Catecismo de la Iglesia (1994) que al hablar de los fieles cristianos (nn.871-873) reconoce que entre los bautizados se da una
verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y acción, pero existen diversos
ministerios, carismas y dones.
Algunos, incluso, pueden ser llamados a colaborar con los
pastores (n. 910). Todo para la común edificación del único cuerpo de Cristo.
También tenemos la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi (Del papa Pablo VI, del año 1975).
Este documento ya señala (n. 70), que los seglares, en
primer lugar, tienen como vocación específica la evangelización en medio del
corazón del mundo, en los complejos ámbitos de la política, de lo social,
de lo económico, de la cultura, de la ciencias y de las artes. Y están llamados
a ejercer ciertos ministerios dentro de la Iglesia.
Y en la exhortación apostólica del papa Juan Pablo II Christifideles Laici del año 1988 podemos comprender
mucho mejor qué son los denominados "ministerios y funciones
laicales".
Los ministerios y sus diferencias
A partir de esta exhortación se podría hacer la siguiente
distinción:
a) Ministerios sacramentales y públicos: tienen como base el
sacramento del orden.
b) Ministerios estables no sacramentales o instituidos: los
principales, hoy, son lector y acólito.
c) Ministerios laicales ocasionales, ejercidos en
circunstancias determinadas y puntuales: voluntariado de caridad, catequistas,
sacristanía, etc;
Estos ministerios denominados “laicales”, tanto los
ocasionales como los estables, ayudan a concretar las cuatro dimensiones
tradicionales de la Iglesia: caridad (diakonia), comunión (koinonia),
evangelización (martyria) y culto (leiturgia).
Son ministerios importantes y necesarios y expresión del
sacerdocio común bautismal de los fieles y de la riqueza de manifestaciones del
Espíritu para la edificación de la Iglesia.
Henry Vargas Holguín, Aleteia
Vea también Los diversos grupos de Laicos que viven la Espiritualidad MSC