martes, 13 de octubre de 2026

Pequeños cambios que pueden ayudarte cuando estás estancado

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Hay momentos en los que no estamos mal, pero tampoco sentimos que avanzamos. ¿Es realmente estancamiento o una invitación a mirar nuestra vida de otra manera?

¿Alguna vez has experimentado esa sensación de sentir que aunque todo está bien en tu vida, algo falta? Muchos tienen un trabajo estable, una familia, pero aún así se preguntan qué sigue. La monotonía en la rutina nos puede ayudar a observar con atención y ver que cambios podemos implementar en nuestra vida.

Sentirse estancado no siempre significa que nuestra vida esté mal. A veces significa que necesitamos reinventarnos y buscar nuevas formas de seguir creciendo y plantearnos nuevas preguntas, metas y propósitos.

Una ruta marcada por el liderazgo

El reconocido conferencista y autor de liderazgo John Maxwell, comparte que para ser un buen líder, es necesario mantener el crecimiento como un proceso continuo. Esta propuesta ayuda precisamente a ampliar la idea de progreso: no se trata únicamente de llegar a una meta, sino de convertirse progresivamente en una persona más preparada y consciente.

Avanzar no siempre implica un cambio radical

Basta con hacer pequeñas modificaciones en nuestra rutina diaria para lograr avanzar y tener un propósito que nos haga sentir la diferencia y continuar con nuestro progreso.

Para ello, es conveniente realizar estas cuatro preguntas que te ayudarán a tomar decisiones importantes que impliquen un nuevo desarrollo personal:

1¿Qué dejé de hacer que antes me hacía bien?

A veces no necesitamos incorporar algo nuevo, sino recuperar algo que abandonamos por cualquier motivo. Buscar la forma de regresar a aquello que nos gusta es un buen comienzo para salir del estancamiento. 

2¿Qué me gustaría aprender?

Maxwell propone que, continuamente, estemos aprendiendo sobre algún tema o área de nuestro interés. Puedes buscar un curso, un taller o una actividad que llame tu atención, dedicar unos minutos al día para leer y estudiar sobre el tema. 

Emprender también es aprender a no rendirse

Emprender también es aprender a no rendirse

Lea el artículo

3¿Qué estoy haciendo por costumbre, no por convicción?

Muy buena pregunta para provocar reflexión y saber en qué quieres enfocarte. La escritura es gran recurso para poner en práctica, pues será de utilidad para esclarecer nuestra mente.

4¿Qué pequeño cambio podría hacer esta semana?

No tienes que saturarte de nuevas actividades o hacer un cambio que ocupe todo tu tiempo, basta con añadir o cambiar pequeños hábitos que quieras incorporar en tu vida para ver el cambio real con constancia. 

La influencia de nuestro círculo cercano

Maxwell señala la importancia de tener cerca a personas que nos motiven y que nos ayuden a crecer, ya que las que nos relacionamos impactan en nuestra vida de manera positiva o negativa. Por ello, es necesario preguntarse: ¿las personas que me rodean, me ayudan a crecer o solamente mantienen todo como está?

Esto no significa abandonar a todas tus amistades o seres queridos para convivir exclusivamente con personas exitosas, sino tener cerca a personas que te dicen la verdad con cariño, te inspiran, te hacen preguntas que nunca te habías planteado, celebran tus avances, te ayudan a reconocer tus capacidades y que también están dispuestas a crecer. 

No todas las etapas de la vida están hechas para correr. Algunas están hechas para echar raíces, aprender y prepararnos para lo que viene.

Karen Hutch, Aleteia

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(Película completa)






¿Rezas mal? Pues tu pobre oración es fundamental para llevar a muchas almas del Purgatorio al Cielo

A veces podemos pensar que para ayudar a las almas del Purgatorio hace falta saber rezar muchas oraciones.

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    Cuando José tenía más o menos 7 años, un profesor de su colegio le contó que, por cada Acordaos que rezara a la Virgen María, un alma del Purgatorio subía al Cielo. Sin hacer demasiados cálculos y con una fe que le sobrepasaba, dedicó a partir de entonces y durante años, los diez minutos escasos del recreo de las mañanas al rezo vertiginoso de decenas de esas imploraciones. Por cada oración, un alma. Cuantas más oraciones, más almas. Claro y simple. Así lo veía José. 

    Muchísimos años después, una persona muy versada en Teología, le dio la pésima noticia de que eso no era así y José le preguntó qué creía él, como teólogo, que la Virgen hizo con esos miles de Acordaos rezados por un niño con tanta fe. Ambos se quedaron callados, pero el silencio de José, ya cincuentón, se tiñó de tristeza, pero por poco tiempo… 

    Los años fueron pasando y, gracias a buenos y santos sacerdotes, verdaderos maestros espirituales y al ejemplo de gente buena que Dios puso su lado, José fue conociendo y adentrándose en nuevas formas de oración propias de adultos, como la meditación y la contemplación. También fue entendiendo y experimentando cómo Dios le hablaba a través de palabras dichas por otros, de hechos que acontecían en su vida y, cómo no, a través de la maravillosa creación del Señor. 

    Sé que todo esto que he contado hasta ahora no es nada excepcional. Muchos de los que estéis leyendo este artículo os sentiréis identificados con José, pero aquí viene lo excepcional: esa semilla que el Señor puso en el alma del pequeño José fue germinando sin él darse cuenta y, la afirmación tan poco delicada del teólogo, hizo que la llamada que tuvo de niño de rezar por las almas del Purgatorio aflorara y llenara su alma y se interesara ardientemente en cómo poder ayudarlas y así aprendió muchas cosas que compartimos someramente: 

    • A veces podemos pensar que para ayudar a las almas del Purgatorio hace falta saber rezar muchas oraciones, conocer bien la doctrina o tener una gran vida espiritual. Sin embargo, la enseñanza de la iglesia Católica nos muestra que cualquier cristiano puede ofrecer a Dios sus oraciones, sacrificios y buenas obras por los difuntos. El Purgatorio es la purificación final de quienes mueren en la amistad de Dios, pero todavía necesitan ser purificados antes de entrar plenamente en la alegría del Cielo. Por eso, nuestras oraciones pueden convertirse en una verdadera obra de misericordia. 
    • No importa tanto que nuestra oración sea larga o complicada, sino que sea hecha con fe, humildad y amor. Podemos rezar un Padrenuestro, un Avemaría, un Rosario, asistir a Misa, ofrecer una pequeña mortificación, hacer una obra de caridad o simplemente decir: «Jesús, por tu misericordia, ten compasión de las almas del Purgatorio». La Iglesia enseña expresamente que podemos ayudar a los difuntos mediante la oración, especialmente mediante el sacrificio de la Eucaristía, y también mediante las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia. 
    • En esta misión podemos sentirnos acompañados por la Virgen María. No es María quien salva por sí misma a las almas, pues la salvación procede de Jesucristo, pero podemos pedirle que interceda por ellas ante su Hijo. Hay una arraigada tradición de muchos siglos unida al escapulario y a la Virgen del Carmen y plasmada en arte sacro (como el cuadro de Goya que reproducimos en el artículo) donde se reconoce a la Virgen María, Madre de la Misericordia, consolando a las almas del Purgatorio y elevando muchas al Cielo. 
    • Por eso, aunque pensemos que no sabemos rezar bien, nunca deberíamos pensar que nuestra oración es inútil. Una oración sencilla, un Avemaría rezado con amor, una Misa ofrecida por los difuntos o un pequeño sacrificio ofrecido a Dios pueden ser una expresión verdadera de caridad. Podemos pedir a la Virgen María que nos enseñe a amar a las almas del Purgatorio y que presente nuestras pobres oraciones ante Jesucristo. Quizá nuestra oración sea pequeña a nuestros ojos, pero puede convertirse, en las manos de Dios, en un acto de amor por alguien que espera llegar a la plenitud del Cielo. 

    La vida de algunos santos contiene testimonios especialmente llamativos sobre esta realidad. Uno de los más conocidos es el del Padre Pío. Según el relato conservado, una noche se le apareció un hombre que dijo llamarse Pietro Di Mauro y afirmó haber muerto en un incendio en el convento en 1908. El alma le pidió a Padre Pío que ofreciera por él la Santa Misa. Posteriormente, según este relato, se comprobó en los registros la existencia del hombre y las circunstancias de su muerte. También se cuenta que otra alma, perteneciente a un religioso que había sido novicio en aquel convento, se presentó ante Padre Pío y le pidió ayuda porque se encontraba en el Purgatorio. El mensaje que aparece repetidamente en estos relatos es muy sencillo: las almas pedían oración, Misas y ayuda espiritual. 

    Pero además de con el padre Pío, José tuvo la enorme suerte de toparse con Santa Gertrudis la Grande, una monja benedictina del siglo XIII, precursora de las devociones por la Divina Misericordia y por las almas del Purgatorio. En sus escritos y en las narraciones sobre sus experiencias espirituales aparecen numerosas escenas en las que contempla a las almas beneficiándose del ofrecimiento de sus oraciones por ellas. A Santa Gertrudis se atribuye además esta conocida oración: 

    «Padre Eterno, yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de tu Divino Hijo, Jesús, en unión con todas las Misas celebradas hoy en todo el mundo, por todas las santas almas del Purgatorio, por los pecadores de todas partes, por los pecadores de la Iglesia universal, por los de mi propia casa y por los de mi familia. Amén.» 

    Esta oración se ha difundido tradicionalmente con la afirmación de que cada vez que se reza, libera a mil almas del Purgatorio. Aunque esto no forma parte de la doctrina oficial de la Iglesia, José la reza junto a su esposa y a sus hijos después de cada santa Misa con la certeza de que esa oración, al igual que los Acordaos que rezaba de niño, conmueven profundamente el corazón de nuestra Madre y cuenta con la certeza de que se encargará de interceder ante su Hijo.

    Gonzalo de Alvear, ReL

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    en el Espíritu Santo





    viernes, 9 de octubre de 2026

    El «peregrino católico coreano» que transformó su vida en Compostela y cocina para otros caminantes

    Lee decidió regresar al lugar que había conocido durante sus peregrinaciones jacobeas: Hornillos del Camino.

    Su testimonio refleja uno de los valores más característicos de la tradición jacobea y de la hospitalidad cristiana.

    Su testimonio refleja uno de los valores más característicos de la tradición jacobea y de la hospitalidad cristiana.


      La historia de Pedro Lee es la de un cambio de vida marcado por la fe, la sencillez y la experiencia del Camino de Santiago. Este coreano de nacimiento y español de adopción, que se define a sí mismo como un "peregrino católico coreano", ha dejado atrás los años de agotamiento en Madrid para comenzar una nueva etapa en una pequeña localidad burgalesa por la que pasan miles de peregrinos cada año. Diario del Viajero cuenta su historia.

      Durante años, Lee dirigió un restaurante asiático en la capital. Sin embargo, el incremento de los gastos y la exigencia del negocio llegaron a afectar seriamente a su salud. Para reducir costes, incluso tuvo que pasar algunos fines de semana durmiendo en el propio establecimiento, una situación que acabó provocándole un profundo desgaste físico y personal.

      Un espacio de acogida

      Tras cerrar aquella etapa, decidió regresar al lugar que había conocido durante sus peregrinaciones jacobeas: Hornillos del Camino, una localidad emblemática de la ruta francesa hacia Santiago de Compostela. Allí había adquirido una vivienda pensando en el descanso y la jubilación, pero terminó convirtiéndola en el punto de partida de un nuevo proyecto vital.

      En las antiguas escuelas del pueblo ha abierto Nanumi, un restaurante que fusiona la gastronomía coreana y española. Más allá de su oferta culinaria, el establecimiento se ha convertido en un espacio de acogida para quienes recorren el Camino de Santiago, muchos de ellos en búsqueda de experiencias espirituales, culturales y humanas.

      A sus 65 años, Lee asegura haber encontrado en el entorno rural la tranquilidad que no tenía en la gran ciudad. Rodeado de campo abierto y del constante paso de peregrinos, comparte ahora con los visitantes no solo sus platos, sino también una historia de superación personal vinculada al Camino.

      Su testimonio refleja uno de los valores más característicos de la tradición jacobea y de la hospitalidad cristiana: la capacidad del Camino para transformar vidas y crear lugares de encuentro entre personas de diferentes culturas unidas por una misma ruta. 

      En el caso de Pedro Lee, la peregrinación no terminó al llegar a Santiago. Se convirtió en el inicio de una nueva vocación de servicio junto a los peregrinos que, como él en otro tiempo, recorren los senderos de la fe y la esperanza.

      ReL

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      «Dios se sentó en mi regazo»: la experiencia mística de un intelectual que investigaba sobre Jesús

      Lázár Kovacs, intelectual y estudioso cinematográfico, cuenta la experiencia mística que le ató a Dios

      Lázár Kovacs, intelectual y estudioso cinematográfico, cuenta la experiencia mística que le ató a Dios


        Lazar Kovacs Akos es un respetado intelectual húngaro y profesor universitario. Es un estudioso del cine y, actualmente, un católico de fe firme. Ha sido presidente de la Asociación Cinematográfica Católica Húngara, es miembro de Signis (la Asociación Mundial de Comunicación Católica), habla inglés y alemán (estudió en Oxford y en Austria), además de su húngaro natal, y tiene titulaciones universitarias de filosofía, teología y cinematografía.No siempre fue católico. Hubo un tiempo que estuvo muy alejado de la fe, investigando en la espiritualidad oriental, en el budismo, en filosofías herméticas o vitalistas... Era intelectual, se hacía preguntas, buscaba.

        Hoy, como católico, no renuncia al conocimiento, la razón o el intelecto, pero considera que la fe es más fuerte y transformadora.

        "No sé si Dios me ama, pero creo que Dios me ama. La fe es más fuerte que el saber. Yo antes pensaba que el saber era lo más importante, pero la fe es más importante", explica en un testimonio que graba en vídeo para el Congreso Internacional Eucarístico de Budapest.

        "La fe puede mover montañas, acallar mares, levantar a los muertos", añade.

        Una búsqueda espiritual: orientalismo, eclecticismo...

        Explica cómo llegó a él la certeza de la fe.

        "Yo estaba leyendo El Señor, de Romano Guardini. Estaba investigando sobre Jesús, después de un largo viaje [intelectual] sobre el budismo, las obras de Béla Hamvas, de todo..."

        La mención a Béla Hamvas dice mucho de la amplitud investigadora de Lazar Kovacs.

        Béla Hamvas (1897–1968) fue un filósofo y escritor inagotable, vitalista y ecléctico, interesado por tradiciones herméticas como las de René Guénon, el misticismo europeo y el pensamiento oriental.

        Tenía una librería hasta que en 1948 el nuevo régimen comunista se la quitó y le prohibió publicar cualquier cosa. Pero no dejó de escribir y a veces de publicar anónimos.

        Obrero eléctrico en esta nueva etapa, Béla Hamvas continuó traduciendo del sánscrito, hebreo, griego e investigar -siempre autodidacta- sobre cábala, zen y sufismo. Esas fueron las confusas aguas espirituales donde Lazar inició su investigación.

        Un libro de Guardini para meditar sobre Jesús

        Cuando Lazar decidió centrarse en explorar la figura de Jesús, acudió a un libro muy especial. El Señor, de Romano Guardini, lo escribió este sacerdote alemán (de familia italiana) a raíz de su experiencia con jóvenes católicos inquietos en las universidades alemanas de los años 20 del siglo XX.

        Lo publicó en 1937. Consiste sobre todo en meditaciones sobre aspectos de la vida de Jesús. Se suele leer "en sorbos", en fragmentos, un capítulo al día, mientras se medita lo que dice.

        Experiencia mística, solo en la biblioteca

        "Yo estaba sentado, solo, en la Biblioteca Széchenyi, cuando de repente quedó claro que Dios estaba allí, conmigo", describe Lazar su experiencia mística, cuando tenía el libro en las manos.

        "Él me escuchaba, Él no estaba muerto y yo no estaba solo. En esta soledad total y absoluta, Él se sentó en mi regazo. O hizo que yo me sentara en su regazo. Y estallé en lágrimas. Fue el momento más feliz de mi vida, supongo", explica este intelectual.

        "Diría que Dios se hartó de mis extravíos, mis luchas, mi egoísmo, y decidió tirar de la manta, sacarme de esa cosa oscura y apestosa en la que estaba", añade.

        "Creo que dos minutos de felicidad [con Dios] pueden dar luz a los años de oscuridad que tuve que sufrir, la que yo mismo me preparé, y a otros a mi alrededor".

        Se abre este mundo... y el que vendrá

        Tener fe no le cerró la mente ni la visión, sino al contrario. "Creo que nunca el mundo estuvo tan abierto para mí como ahora. Y espero que se abrirá y ampliará aún más cuando yo muera. No tengo miedo de morir", afirma.

        Se queda un momento pensativo, y se emociona sin palabras, como pensando en las cosas hermosas que piensa encontrar o reencontrar en el Cielo.

        Mientras tanto, en la tierra, se siente cuidado por Dios. "Él es mi Padre en el Cielo, sabe lo que necesito, me alimenta y me sostiene. Es bueno ser hijo de un Padre así. No podría pedir más. Su misericordia con nosotros es increíble", asegura.

        Y finaliza con una exhortación: "Este es mi mensaje, seamos misericordiosos unos con otros y con Dios, incluso si Él parece estar escondido. Tenemos que darle la oportunidad de que esté presente en nuestras vidas".

        Vea más abajo






        En húngaro con subtítulos en inglés


        miércoles, 7 de octubre de 2026

        Fue candidata de extrema izquierda… y hoy es católica

         


          Isabel Gómez, española de 48 años, comparte su sorprendente camino desde una vida completamente alejada de la fe y vinculada a movimientos de extrema izquierda, el feminismo y posiciones proaborto, hasta su conversión al catolicismo. 

          El primer gran cambio llegó con su maternidad: durante la ecografía de su primer hijo, escuchar su corazón a las ocho semanas la hizo cuestionar profundamente lo que hasta entonces creía sobre el aborto.  

          ReL

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          El viaje más difícil de su vida: acompañar a su esposa con Alzheimer



            Manuel López-López nació y creció en la posguerra española, con todo lo que implica su impacto en aquella generación, marcada por una profunda fractura social. En su juventud, centrada en el deporte y una prometedora carrera como ingeniero naval, irrumpió una joven mexicana, Lita. 

            La conexión entre ambos fue inmediata, y sus vidas empezaron pronto a recorrer un largo viaje juntos. Se casaron, tuvieron tres hijos y viajaron por todo el mundo, pero su principal objetivo siempre fue crear una familia y educar a sus hijos en los principios morales y éticos que habían recibido. Principios y sentido de trascendencia.

            ReL

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            martes, 6 de octubre de 2026

            Los comunistas la encerraron en aislamiento y la Sagrada Familia vino a visitarla y la llenó de amor

            Cuando la carmelita Irén Szita tenía 25 años la encarcelaron los comunistas... en su celda, vivió una experiencia mística

            Cuando la carmelita Irén Szita tenía 25 años la encarcelaron los comunistas... en su celda, vivió una experiencia mística


              La persecución comunista contra los cristianos no fue en Hungría tan dura como en Checoslovaquia y, desde luego, no llegó a los niveles de horror de Rumanía, pero pese a ello envió a miles de clérigos a las cárceles. Entre ellos, a la hermana Irén Szita, a la que encerraron con 25 años.Sobre esas persecuciones, los libros del sacerdote historiador Gyula Havasy daban una primera retahila de cifras ya en su edición de 1990: 600 sacerdotes encarcelados bajo los regímenes de Rákosi (1945 a 1956) y Kádár (1956 a 1965), 2.000 monjas y 800 monjes detenidos, 59 órdenes religiosas disueltas, prohibición de los movimientos católicos de laicos, 10.000 religiosas y 1.500 monjes dispersados o exclaustrados...

              Pero detrás de los números, hay historias de fe de personas concretas, como la de Irén Szita, carmelita que contó su testimonio en 2020 en una serie de vídeos preparatorios para el Congreso Eucarístico Internacional de Budapest. Habla de su experiencia en prisión, de cómo Dios le dio ánimos y de la hermosa experiencia mística que vivió más adelante estando en aislamiento.

              Presa con 25 años, otras mujeres acudían a ella

              "Yo tenía 25 años. Primero me sentenciaron a un año de prisión, y cuando pasó el año el guardián me dijo que la Seguridad Estatal me había sentenciado a otros 5 años", explica Irén Szita, cuya única culpa, ante el régimen comunista, era ser religiosa contemplativa.

              "Siempre sentí que si lo soporté no fue por mi frágil voluntad sino porque el Buen Dios me dio la fuerza", añade.

              "Dormíamos en literas y por las noches las presas se reunían a mi alrededor porque, no se cómo, notaban algo en mí, y yo les decía que se mantuvieran firmes y que el Buen Señor les ayudaría", recuerda.

              En la incertidumbre, acudió a Jesús

              Hubo un día en prisión en que se despertó en ella la incertidumbre. ¿Todo su sufrimiento servía para algo? ¿Así debía sacrificar su vida? "¿Había sido llamada a sufrir toda esa injusticia por amor a Jesús? Sentí un poco de incerteza", detalla, eligiendo las palabras con cuidado. "Entonces le pregunté a Jesús".

              Como respuesta, recibió de nuevo "una gran fuerza y certeza, estaba segura de que Jesús estaba conmigo y no me dejaría". Irén Szita cree que Dios le dio ese don para poder luego fortalecer ella a las otras mujeres que la acompañaban.

              Pero aún le faltaba una experiencia más de Dios que impactó en su estancia en prisión y para el resto de su vida.

              Con la Virgen, José y el Niño, en la celda

              "Pasé la Navidad más feliz de mi vida en estricto confinamiento solitario", señala.

              "Sentí como si mi celda se convirtiera en el Cielo. La Santa Virgen, San José y el Niño Jesús vinieron a mí desde el Cielo. Sentí como si estuvieran realmente allí. Estando a su lado hay una cascada de amor que fluye de ellos... las palabras no bastan para explicarlo", asegura.

              "Vinieron a mí sin que lo pidiera. Yo no les llamé, solamente pensé en ellos. Todo empezó cuando estaba pensando sobre la desgracia que tenía que soportar allí y me sentía muy descorazonada. Me pregunté cómo podría ser en el Cielo, cuando todos los santos están juntos", detalla.

              Y añade una frase parecida a la que han dicho otras muchas personas que han experimentado una experiencia mística: "Me gustaría que todo el mundo pudiera sentir ese amor, porque entonces no habría gente mala en el mundo", afirma.

              "No os olvidéis de Jesús"

              Su enseñanza en la prisión, y también hoy, fuera de la prisión, es que ninguna fuerza externa puede sacar a Jesús de la vida de los hombres: sólo cada hombre puede decidir abandonarle, dejarle fuera.

              "Jesús está en nuestras vidas, con nosotros, sufre, goza, todo... con nosotros, vive en nosotros. Sólo nosotros podemos dejarle. Os pido, queridos hermanos y hermanas, no os olvidéis de Jesús. Él es piadoso, tiene un corazón amoroso, y si le buscamos siempre estará con nosotros y nunca nos dejará", asegura con firmeza.

              El régimen comunista cayó en Hungría en 1989. János Kádar, su último jerarca, murió ese año y antes se confesó con un sacerdote. Después de 30 años sin comunismo, según el Eurobarómetro 2019, el 62% de los húngaros se declaran católicos, otro 13% son cristianos de distintas confesiones.

              Miniatura del video



              Pablo Ginés, ReL

              Vea también     Análisis de las Persecuciones