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martes, 17 de marzo de 2026

Riky Maiky (23) llegó sin esperanza al Hogar Nazaret: hoy, como psicólogo, transforma vidas en Perú

También es vicepresidente del centro de acogida y rescate de menores, y testimonia el proceso de sanación que tiene lugar en la obra del padre Ignacio María Doñoro. 

Riky Maiky, responsable de la clínica de psicológica y vicepresidente del Hogar Nazaret.

Riky Maiky, responsable de la clínica de psicológica y vicepresidente del Hogar Nazaret.

En los 15 años de andadura desde su fundación en 2011 en el Amazonas peruano, el Hogar Nazaret del padre Ignacio María Doñoro ha rescatado a más de 2.500 niños de una pobreza extrema que afecta desde lo moral y emocional hasta lo material. Uno de esos niños, hoy jóvenes, es Riky Maiky. Tras años viviendo en el Hogar, es hoy el vicepresidente de la Fundación, fomentando así la toma de decisiones y participación entre quienes más conocen la iniciativa.

Presentado en el sitio web de la Fundación Hogar Nazaret como su vicepresidente y neuropsicólogo, Maiky destaca también por ser el "hijo mayor" el Hogar Nazaret, con lo que conlleva eso de figura referencial.

Del vacío a la esperanza gracias al Hogar Nazaret

Su primer contacto con el Hogar Nazaret tuvo lugar durante la adolescencia, tras una infancia marcada por la carencia y las dificultades de una familia disfuncional.

Desde la misma juventud, Ricky vivía un vacío y tristeza que le hacía vivir sin rumbo. Fue entonces cuando, tras conocerle, el padre Ignacio comenzó a invitarle al Hogar, pero solo recibía negativas en respuesta.

En no pocas ocasiones, el padre Doñoro ha relatado que todo el miedo, el rencor, el rechazo o las dudas con el hogar cambian en cuanto se hace ver a los internos la caridad, el afecto, la cercanía. Y Ricky no fue una excepción. El día de su cumpleaños, el sacerdote se acercó y le regaló dos tartas. Era la primera vez en su vida que el joven podía celebrar su fiesta de ese modo, y el joven cuenta que, tras sentirse importante para otra persona, no pudo negarse a recibir ayuda y a ayudar.

Aquel fue el primer paso del joven hacia el Hogar Nazaret, donde su vida cambiaría para siempre, donde encontró en el sacerdote “un padre” y en el Hogar, otra familia. Padre, familia y hogar que no solo le devolvieron la esperanza, sino que, tras años de atención y acogida, terminaron por elevar y sanar a su familia. 

“Fue un momento muy especial. Había perdido todas las esperanzas, tenía miedo y había renegado no solamente conmigo mismo, sino también con mi familia e incluso con Dios. Pero, en el fondo, sentía que era alguien especial para Dios, que algo iba a suceder”.

Hoy, el joven se ha convertido en un símbolo de éxito y esperanza al graduarse en Psicología, especializado en Neuropsicología Clínica en la Universidad Internacional de la Rioja.

Habla con Religión en Libertad sobre la realidad actual del Hogar Nazaret, su impacto sanador en niños y menores y las historias que mejor reflejan el proceso desde que se entra al Hogar hasta que, como él, se convierten en inspiración en eventos y entrevistas.

-¿Cuándo comprendiste que estos niños no solo sobrevivían, sino que sanaban por dentro?

-No fue un momento espectacular. Al principio llegan con el corazón endurecido por el miedo, siempre en alerta. Eso se ve en la mirada y en el cuerpo. Con el tiempo, sin que ocurra nada extraordinario, empiezan a relajarse: te miran a los ojos, se dejan abrazar, hablan de cosas sencillas. Para un niño herido, eso es inmenso. Ahí comprendí que Dios actuaba de manera discreta, devolviendo la confianza poco a poco. En Hogar Nazaret no solo se ayuda a vivir: Dios comienza a sanar por dentro, como la Virgen María guarda y cuida la vida en silencio.

- Los primeros niños que llegaron hoy son adultos que cuidan de otros. ¿Qué se necesita para que un niño herido llegue a amar así?

-Algo sencillo y exigente: que alguien se quede. Un niño no aprende a amar con discursos, sino comprobando que no será abandonado. En Nazaret encuentran una familia estable, una fe vivida en lo cotidiano y personas que permanecen. Descubren que su vida vale y que Dios no los ha olvidado. Cuando se sienten amados, el miedo pierde fuerza y nace el deseo de cuidar. Por eso Nazaret no depende de una persona concreta, sino de Dios y de una familia que permanece.

- En Nazaret hay un camino concreto de acogida y sanación. ¿Cómo es ese proceso?

-Nada se improvisa porque cada niño es sagrado. Todo empieza creando seguridad: un lugar donde nadie hiere ni abandona. La rutina devuelve calma, los vínculos sostienen y, cuando el niño está preparado, se acompaña el dolor con respeto. Todo se confía a Dios y a la Virgen María, que sabe custodiar heridas sin forzar. El objetivo es devolver la dignidad y ayudar a descubrir que la historia no termina en el sufrimiento.

- ¿Qué historia muestra claramente que este camino da fruto?

-Recuerdo a un joven que llegó lleno de rabia y sin confiar en nadie. El acompañamiento fue largo y difícil, pero alguien se quedó. Dios se quedó. Hoy cuida de los más pequeños con una delicadeza que conmueve. Ese cambio no lo produce una técnica, sino el encuentro con un amor que no abandona.

- Desde dentro, ¿qué es lo más duro y lo más hermoso de esta misión?

-Lo más duro es escuchar historias que muestran hasta dónde puede llegar la crueldad humana. Lo más hermoso es comprobar que esas heridas pueden sanar: ver a niños volver a confiar, a reír, a perdonar. Ahí se reconoce el paso de Dios.

- ¿Qué dirías a quien duda si su ayuda cambia algo?

-Que no ayuda a una institución abstracta, sino a la vida de un niño. A veces un gesto pequeño permite dormir en paz, ir al colegio o creer que su vida importa. Quien quiera conocer y colaborar puede hacerlo desde [el sitio de] Hogar Nazaret. Detrás de cada ayuda hay una vida real.

- Para terminar, ¿qué sembró el padre Ignacio María Doñoro para que Nazaret siga adelante?

-Sembró una forma viva de ser Iglesia: hogar, presencia fiel y amor que permanece. Nos enseñó a cargar con la cruz del otro y a confiar esta obra a Dios y a la Virgen María. Esa semilla sigue dando fruto.

Cientos de niños salvados en Hogar Nazaret

Hogar Nazaret se define como una obra de apoyo especial a niñas y adolescentes que viven en la más extrema pobreza moral, emocional y material. Tras ser rescatados, allí encuentran una vida nueva, un entorno seguro y la posibilidad de estudiar y formarse hasta llegar a la universidad.

En la actualidad, Hogar Nazaret tiene seis proyectos activos que se desarrollan en dos espacios. La Casa para niños en Carhuapoma es un cortijo actualmente en ampliación que alberga a más de 130 niños y que se complementa con una escuela de fútbol y un huerto para prácticas agrícolas. La Casa para niñas en Bellavista, réplica de El Rocío (Almonte, Huelva) con las dos ermitas la original y el santuario actual, es el gran proyecto del Hogar Nazaret. En un entorno hostil, se apuesta por convertir a la mujer en agente de cambio en su entorno, atendiendo a más de 170 niñas. Entre su labor, destacan 6 proyectos:

  • Autosostenibilidad

La Fundación Santa Teresa de Calcuta es una finca agraria y ganadera que nos ayuda a conseguir alimento de calidad para los niños y asegurar una fuente de fondos independiente.

  • Educación

Contamos con dos colegios con residencia públicos de gestión privada uno para niñas y otro para niños. Intentando reconstruir a familias disfuncionales.

  • Vivienda

Necesitamos terminar las obras y seguir gestionando nuestros hogares de acogida la “Casa de niñas Nuestra Señora del Rocío, Bellavista” y la “Casa de niños del Corazón Inmaculado de María, Carhuapoma”.

  • Vida saludable

Escuelas de fútbol y vóley que sean capaces de darle un propósito, un lugar seguro y espacio social saludable a niños y adolescentes.

  • Convenios

Una vez que ingresan en el Hogar, que es una familia para siempre, continúan sus estudios universitarios en: Francisco de Vitoria (Madrid), Universidad Internacional de la Rioja y la Sedes Sapientiae (Nueva Cajamarca, Perú).

  • Salud mental

Convenio con la Clínica Emooti. Ofreciendo un tratamiento para trastornos con ansiedad, THD y otros problemas de salud mental. Brindamos apoyo a los niños y sus familias.

[Es posible formar parte de Hogar Nazaret y colaborar como rescatador, de forma puntual o recurrente, a través de su sitio web]

ReL

Vea también    Liturgia de la Admisión  y Promesas de Admisión de Asociados MSC




jueves, 6 de noviembre de 2025

Pediatra y abadesa: la Madre Eufrosina Goyda cuida a los huérfanos bajo las bombas en Ucrania

Su testimonio de vocación y el trabajo de las religiosas de la Sagrada Familia en guerra

La Madre Eufrosina, superiora de las Hermanas de la Sagrada Familia, explica su experiencia de vocación

La Madre Eufrosina, superiora de las Hermanas de la Sagrada Familia, explica su experiencia de vocación

Siempre digo que tengo dos vocaciones de las que nunca he dudado: la medicina y la vida monástica. En el hospital, atiendo a niños y padres, veo su dolor y sus victorias. Y como abadesa, tengo la oportunidad de dedicarme más a la comunidad y a otras áreas de servicio", explica Eufrosina Goyda en el portal de la Iglesia Católica de rito griego en Ucrania.

Eufrosina Goyda es la superiora de las Hermanas de la Sagrada Familia, una congregación que cuida a huérfanos y niños vulnerables, fundada hace un siglo en la Galitzia ucraniana (una región bastante católica, que antaño perteneció al Imperio Austrohúngaro). Explica a Khrystyna Potereyko algo de su experiencia de vocación y también del esfuerzo de servir hoy a los huérfanos de guerra y los niños desplazados por la invasión rusa.

La religiosas de la Sagrada Familia miran a su historia fundacional en 1911: mujeres jóvenes católicas comprometidas a servir a los enfermos y a los niños, bajo el impulso de Teresa Teklia Józefiv, que había sido ella misma una huérfana acogida por un sacerdote. Crearon unos orfanatos con enfoque a la vez monástico y maternal. Como tantas iniciativas católicas en Ucrania, fueron arrasados por la persecución comunista que duró décadas. Pero las religiosas  volvieron: hoy sirven en escuelas y hospitales, en un orfanato y en parroquias, participan en emprendimientos sociales, apoyan a familias y ayudan a los militares. También rezan a Dios a diario por la paz en Ucrania.

"Es inherente al monacato oriental: un monasterio es un lugar donde la hermana, ante todo, transforma su vida, se libera del pecado y aprende a vivir con Dios en oración. Y solo entonces, ya transformada, es capaz de ir al encuentro de la gente y cumplir su misión", explica la Madre Eufrosina. Ellas trabajan con huérfanos, con familias y en la educación de niños y jóvenes.

Vocación en el oficio médico

Eufrosina Goyda habla de su vocación monástica, entrelazada con la sanitaria.

"Crecí en una familia cristiana practicante. Incluso en la clandestinidad, mis padres traían sacerdotes, rezábamos en las casas y, desde niña, viví la fe. De niña le contaba todo a Dios con sinceridad en oración, con gran confianza", explica.

"De joven, soñaba con ser médico. Aunque mis padres se oponían, con la ayuda de Dios entré en la facultad de medicina. Fue allí donde un sentimiento aún más profundo comenzó a resonar en mi corazón: Dios me llamaba a un ministerio especial. En mi residencia estudiantil me encantaba ir a la iglesia y orar todos los días. Dios me inspiró para leer las Sagradas Escrituras y comulgar con frecuencia. Trabajé como enfermera en un hospital infantil. Nació en mi corazón el deseo de comprender y amar a todos, de hacer el bien desinteresadamente. Esta fue la base de mi vocación".

"Mientras me preparaba para ingresar a la Academia de Medicina, con muchos amigos, no me faltaba nada en el aspecto humano, pero sentía un vacío en el corazón, sobre todo después de las fiestas. Una vez incluso lloré y oré diciéndole al Señor que, si Él quisiera, estaría dispuesta a servirle, que me mostrara qué debía hacer. Y Él me condujo a la Congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia, donde ya no me falta nada y me siento feliz", añade. Las conoció por un folleto que habían difundido ellas con una oración por las familias.

Eufrosina, como estudiante de medicina y ya religiosa; hoy es pediatra y abadesa

Eufrosina, como estudiante de medicina y ya religiosa; hoy es pediatra y abadesaUGCC.UA

"Al mismo tiempo, sentí que la medicina también era mi camino. Después de la escuela, trabajé como enfermera y luego ingresé en una Academia de Medicina, donde elegí la especialidad de Pediatría. Hice prácticas en Donetsk y Kiev. Vivía en un monasterio y, al mismo tiempo, me formaba como médico. Y para mí, estas no son dos vocaciones diferentes, sino un solo camino. La oración, la vida monástica y la profesión médica se fusionaron en armonía".

"Hay dos amores que, unidos, obran milagros: el amor de Dios y el de una madre. Lo veo todos los días en el hospital", asegura hoy.

Enfermos que mejoran de forma sorprendente

Como muchos otros médicos con fe, la Madre Eufrosina ha visto signos asombrosos de la acción de Dios en el hospital.

"Más de una vez tuve que presenciar algo difícil de explicar científicamente. Por ejemplo, cuando a una niña le dieron una semana de vida y todos se preparaban para despedirse. Y no solo sobrevivió, sino que se desarrolló mucho mejor de lo que predijeron los médicos", comenta.

Le impresionó un ejemplo de amor familiar que da vida. Una mujer que no conseguía quedar embarazada, cuando por fin lo consiguió, tuvo que pasar 9 meses en el hospital, monitorizada, siempre bajo amenaza de aborto y complicaciones. "El bebé nació con discapacidades del desarrollo e inmediatamente terminó en cuidados intensivos. Y entonces comenzó un año de su amor abnegado. La madre no dejó a su hijo ni un instante: día y noche, en una pequeña sala, entre operaciones, crisis e incertidumbre. Estaba agotada, a veces lloraba, pero no se quejaba. Todas las noches, después del trabajo, venía su esposo. Era la lealtad familiar lo que mantenía unidos, tanto al niño como a nosotros, los médicos. Han pasado varios años, y cada vez que veo a esta familia, a su hijo que corre y ríe, quiero abrazarlos como a las personas más cercanas. Para mí, son un ejemplo de amor incondicional que da vida a pesar de todo".

"A través de la medicina veo aún más profundamente cómo Dios obra en la vida humana. No siempre actúa como deseamos, sino siempre como es necesario para la salvación. Y mi gratitud reside en poder ser su colaborador: sanar no solo el cuerpo, sino también tocar las heridas del alma", explica.

La Madre Eufrosina disfruta como pediatra y ve a Dios actuar en los hospitales y el amor maternal

La Madre Eufrosina disfruta como pediatra y ve a Dios actuar en los hospitales y el amor maternalUGCC.UA

El trabajo con las familias

Su congregación, con comunidades en Leópolis, Kiev, Hoshev, Chortkiv, Ternopil y una oficina en Francia, dedican mucho esfuerzo a la catequesis de niños y jóvenes y a la organización de grupos de fe y retiros, con muchos campamentos cuando llega el buen tiempo. "No tenemos vacaciones en verano, porque trabajamos todo el verano", dicen ellas con una sonrisa.

Antes de la guerra, organizaban encuentros para familias, para que los esposos pasaran un rato juntos, aprendiendo herramientas de matrimonio y familia, con los niños a mano. Pero con la guerra estos encuentros casi han desaparecido. Muchos monasterios están llenos de desplazados, casi siempre mujeres solas con niños o ancianos. Los hombres están en el frente o trabajan duro en retaguardia: es difícil reunir a las familias. Pero en cuanto puedan, quieren retomar esos encuentro: fortalecer las familias es fortalecer la sociedad.

La catequesis y los campamentos tienen sus gastos, y muchos niños, especialmente los de campo, son muy pobres para cubrirlos. Por eso, las religiosas pusieron en marcha una empresa social: producción de pasta artesana para comer y cultivo de champiñones y setas. No fue fácil empezar, pero hoy ambas iniciativas son estables y sustentan un gran monasterio y una casa de retiro. Eso implica pagar también el transporte a los pueblos, ayudar a familias en apuros y, con la guerra, tratar de ayudar a militares heridos o en circunstancias precarias.

"Hay familias a las que ayudamos regularmente y otras que reciben apoyo puntual. Durante la guerra, la asistencia a los militares adquirió un enfoque especial: les proporcionamos ropa de alta calidad, alimentos y el equipo necesario, y también participamos en el tratamiento de los heridos. Nuestra ayuda no se basa en solicitudes formales. Las hermanas simplemente comparten lo que conocen durante su ministerio pastoral, y nosotras intentamos responder", detalla la Madre Eufrosina.

En el orfanato

Desde 2007 la congregación mantiene un pequeño orfanato en Bibrka. "Oficialmente, el número de residentes no debería superar los 10, pero en la práctica puede variar. El estado proporciona alojamiento a los graduados, pero las hermanas suelen apoyarlos incluso después de que se marchan de casa", explica.

Las religiosas de la Sagrada Familia en Ucrania trabajan con huérfanos y niños en general

Las religiosas de la Sagrada Familia en Ucrania trabajan con huérfanos y niños en generalUGCC.UA

"Los niños viven [con las religiosas] como una familia normal: van a la escuela, tienen responsabilidades y asisten a clubes. La comunidad cuenta con atención de enfermería y apoyo de sacerdotes y residentes locales. Los niños más pequeños suelen tener entre 3 y 8 años. Los grupos son mixtos: niños y niñas de diferentes edades". De nuevo, tienen un coste económico, pero "personas anónimas traen comida u otros artículos necesarios".

La congregación, con tantas tareas distintas, sabe que la oración es la base que lo unifica todo. "Las hermanas desempeñan diferentes tareas, pero todas son fruto de la oración, el amor a Dios y el apoyo mutuo en la comunidad. Una buena gestión también es fundamental: cada ministerio principal cuenta con una hermana de apoyo, de modo que, si es necesario, otra hermana pueda reemplazarla, ya sea temporalmente o incluso por un período más largo. Gracias al ambiente de confianza, amor y comprensión mutua, estos reemplazos se realizan con facilidad, ya que las hermanas siempre comparten su experiencia y conocimientos".

Los retos de la guerra

La guerra ha afectado todos los ámbitos de la vida de la comunidad. La abadesa, como superiora, debe tomar decisiones difíciles: si dejar a las hermanas en lugares peligrosos o reubicarlas, pues se trata de su seguridad y de su vida. El mayor reto es acompañar a las personas en su dolor y pérdida, compartir el sufrimiento y, al mismo tiempo, mantener la fe y la confianza en Dios.

Vocación: cómo servir a Dios

A los jóvenes que buscan su camino en la vida les dice: "No hay que temer a los caminos difíciles. La vida es un regalo, pero solo se abre cuando uno está dispuesto a aprender, trabajar, crecer y asumir responsabilidades. Es importante construirla sobre valores sólidos, sobre Dios. La vida cristiana no limita, sino que abre la profundidad y la verdadera libertad. Quien ora, busca y aprende a amar encuentra su felicidad".

A quienes exploran la posibilidad de una vocación monástica les explica: "El miedo a lo desconocido es natural, pero no debes dejar que te detenga. Si el Señor te llama, debes dar el paso. No tenía todas las respuestas a mis veinte años, pero sentí el llamado y fui. Algunas dificultades pasan, otras se pueden aprender a superar. Lo principal es confiar en Dios".

En el caso de su congregación, "cada hermana tiene espacio para desarrollarse: en la educación, el servicio o la profesión, incluyendo la medicina. Aquí se enseña a no temer a los errores y a ser paciente en el camino hacia la meta".

Se puede ayudar a las víctimas de la guerra en Ucrania a través de Cáritas Española (web aquí), Bizum 00089 o SMS con la palabra Cáritas al 38014 (seis euros).

ReL

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sábado, 22 de marzo de 2025

Una madre china les confió a sus hijos y no dudaron: hoy acogen y dan de comer a 98 niños en Madrid

 

José, Leo y los niños siempre están faltos de ayuda, por eso agradecen la más pequeña colaboración.lOS CHICOS DE JOSÉ Y LEO

La película provida "Más Cinco", dirigida por Luis C. Lagos, llega a los cines españoles el próximo viernes 28 de marzo de 2025. Es una cinta esperanzadora que da a conocer cinco grandes historias de generosidad, entre ellas la de José y Leo.

Hace 12 años,  una madre que no llegaba a todo, inmigrante china, les confió a sus hijos, para poder atender su trabajo. Así empezaron.  Hoy acogen durante el día a niños de personas sin recursos, les dan de comer, les ayudan con los deberes, les ofrecen actividades extraescolares y, en verano, incluso se van juntos de vacaciones.

Siempre hay un plato y un espacio

"Ayudamos a madres con la conciliación familiar. Damos de comer a niños que se han quedado sin beca de comedor y a mamás que no han conseguido una guardería pública, y que tienen que ir a trabajar. Siempre hay un espacio donde cuidar a un niño y un plato de comida para dar", comenta Leo a ReligiónEnLibertad.

Leo y José empezaron hace doce años acogiendo a niños en su casa.youtube

En el local que tiene en la zona de Ciudad Lineal, en Madrid, la asociación "Los Chicos de José y Leo" -como les llamaba la gente del barrio cuando les veían aparecer por allí- despliega, cada día, platos, vasos, cubiertos... para alimentar a casi un centenar de bocas. Al terminar, se recogen los cacharros y se preparan las mesas para hacer los deberes con los pequeños

"Atendemos a gente sin recursos o que no tiene a nadie que se ocupe de sus hijos. El 90% son madres solteras y, casi la totalidad, extranjeras. Tenemos niños chinos, cuyas familias no saben todavía español, les ayudamos a pedir becas y con la burocracia", comenta Leo.

"Hay muchos niños que no se pueden costear una actividad extraescolar, por eso, siempre, en el mes de octubre, les preguntamos a los niños que cuál sería la ilusión de su vida. Y suelen decir, pues... patinar, montar a caballo, o lo que sea... A día de hoy, llevamos a la piscina a 14 niños, viene al local un profesor de boxeo, otro a dar baloncesto...", añade. 

"Hacemos un poco de padres secundarios. Si tu hijo te dijera que quiere montar en bici, le intentarías ayudar, pues nosotros igual. Intentamos que sea una familia grande, que sepan que nos preocupamos por ellos, que tengan sus necesidades cubiertas, que con todo lo que les pase sepan dónde acudir", explica Leo.

La gran labor que realiza esta familia está cada vez más demandada. Reciben peticiones de distintos barrios. "Esta semana tuvimos 32 llamadas de petición de ayuda, no tenemos manos. Por las mañanas, nos apañamos, pero, por las tardes, para hacer deberes, estamos muy limitados. Tenemos una profesora contratada pero no podemos costear más", dice Leo.

Corrió la voz y más madres pidieron su ayuda

El origen de esta asociación fue bastante casual. "Hace 12 años, una madre china nos pidió ayuda con sus dos hijos. Me los llevé a casa y le dije que cuando ella pudiera viniera a recogerlos. Poco a poco, se corrió la voz y se fueron sumando más madres. Ahora tenemos 110 niños, y empezó todo en nuestra propia casa, donde llegamos a tener 32", añade. 

A José y Leo también les ayuda su hijo, que cursa cuarto de la ESO, y que desde bien pequeño se ha criado con esta gran familia. "Aparece bastante por aquí, viene las tardes a ayudarme, a llevar a los niños al parque. Es un voluntario más. Se ha criado prácticamente con ellos. El otro día me dijo: 'yo no recuerdo haber tenido un juguete propio, ¿no, mamá?'", dice Leo.

Para este matrimonio, aparecer en una película como "Más Cinco" supone todo un reconocimiento a su labor con los niños. "Estamos orgullosos y muy contentos de aparecer en la película. Estamos deseando también conocer a las otras entidades que intervienen en la peli, todo el mundo aporta a la sociedad", relata.

José, Leo y los niños siempre están faltos de ayuda, por eso agradecen la más pequeña colaboración. "Se nos puede ayudar de muchas formas, humanitaria y económicamente. Somos una entidad muy pobre. Vivimos de lo que los padres colaboran para pagar gastos. Nos cobran 2.000 euros al mes por el local, y tenemos que pagar a un profesor y a dos psicólogas", explica. 

La asociación no recibe ninguna ayuda pública. "Comemos, porque mi marido va tres días a recoger excedentes de Mercadona y con las aportaciones de los padres, los que pueden pagar, porque cada vez hay más padres que no pueden pagar", asegura Leo.

Jose, en el docudrama Más Cinco... Jose y Leo protagonizan una de las cinco historias reales de la película

Jose, en el docudrama Más Cinco... Jose y Leo protagonizan una de las cinco historias reales de la película

Esta gran familia crece con los años y se crean fuertes vínculos. "Tenemos el contacto de todos los niños que pasan por aquí y suelen estar muy contentos y muy agradecidos. En julio nos vamos de vacaciones con ellos. Este año estamos haciendo campaña para poder ir al norte de Palencia. Muchos, si no estuvieran con nosotros, se quedarían solos en casa", comenta.

"Los Chicos de José y Leo" están deseando crecer, aunque, por el momento, no sea tan fácil. "Tenemos la idea de alquilar un piso, muchas madres no pueden coger trabajos, porque saldrían tarde y no se podrían hacer cargo de los hijos. Nuestro local es una nave de 300 metros cuadrados que ya se nos queda pequeña. Vamos a tener que alquilar otro o decir que no a las madres, aunque, a esto último, siempre me niego", concluye Leo.

J.C., ReL

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