viernes, 4 de septiembre de 2026

No creía en Dios, pero quiso saber si Dios existe al casarse con el hombre de su vida... ¡y lo supo!

Ségolène no vivía un ateísmo hostil, pero sí sincero al que quería poner remedio si recibía buenas razones.

Ségolène no creía en Dios, pero sí quería saber si existía o no y estaba dispuesta a aceptar iniciativas para saberlo.

Ségolène no creía en Dios, pero sí quería saber si existía o no y estaba dispuesta a aceptar iniciativas para saberlo.


    Había sido bautizada, pero ahí debió quedar todo porque Ségolène reconoce que, desde su infancia y hasta alcanzada una joven edad profesional, "no creía en Dios".

    Una inquietud persistente

    Eso sí, reconoce que "quería saber si Dios existe" por una razón: "Es algo que está en mi interior. Deseaba saber qué pasa después de la muerte si Dios existe".

    Y al cabo del tiempo apareció una razón menos metafísica para resolver esa duda: "Encontré al hombre de mi vida y tenía que comprometerme". La experiencia era que en su "entorno más próximo" se estaban "separando numerosas parejas": "Así que me asusté... Me dije que el matrimonio era un compromiso tan enorme que necesitaba prepararme para contraerlo".

    ¿Cómo? Buscó por internet preparaciones al matrimonio y reparó en una que proponía la Iglesia

    La boda

    Su novio y ella la siguieron y la consideró "hiperinteresante y muy completa". Ambos apreciaban cuanto habían aprendido sobre "antropología humana" y "cuestiones de filosofía".

    Pero surgió un problema:

    • "Al final se nos dijo que si queríamos casarnos por la Iglesia debíamos transmitir la fe a nuestros hijos. Y yo no tenía fe".

    Ambos decidieron "buscar a Dios" y tal mentalidad -y que ambos eran católicos bautizados y habían recibido la formación precisa- les permitió casarse por la Iglesia, como contó Ségolène a Découvrir Dieu [Descubrir a Dios].

    El monasterio

    Al cabo de un tiempo se trasladaron a vivir a Lyon (Francia) y se unieron a un pequeño grupo que reflexionaba sobre Dios y sobre las implicaciones en la vida diaria -por ejemplo, el trabajo- de creer en Él y ser cristiano: 

    • "Y el sacerdote que animaba este grupo tuvo la buena idea de que pasásemos un fin de semana en un monasterio. Nos pareció bien porque no podía perjudicarnos esa perspectiva".

    Hubo las dificultades de alguna acompañante que se decía cristiana pero era "detestable". Esto le sentó muy mal a Ségolène en una circunstancia con objetivo trascendental: "Si ser cristiana era eso, no me gustaba en absoluto". Y no era un buen arranque para un fin de semana tan previsto como decisivo para su fe.

    Pero en el monasterio ella comprendió que la respuesta estaba en los monjes, así que asistió a sus oficios y a su canto: "Quedé auténticamente tocada por el canto de los monjes en aquel ambiente de paz".

    ¿Algo ficticio?

    ¡'Tocada' de verdad!...

    • "Auténticamente de forma repentina fui envuelta por un amor embriagador, como si alguien me abrazase muy fuerte. Y me sentí amada con gran intensidad de pies a cabeza. No hay palabras para expresar lo que viví. Aquello me sorprendió muy notablemente".

    Ségolène es una persona de actitud racional y poco inclinada a lo puramente emotivo, así que antes de sacar conclusiones consideró la posibilidad de que lo vivido "quizá podía haber sido un sueño, una experiencia inducida por el entorno".

    Pero... "lo vivido" regresó varias veces: "Y al llegar la sexta ocasión, comprendí". Y la comprensión se tradujo en dirigirse a Dios:

    • "De acuerdo, Dios, tú existes. ¡Y además nos amas! Eres un Dios de amor, un Dios que ama".

    ¡La prueba!

    Lo sucedido en aquel fin de semana en dicho monasterio la había hecho creyente, le había dado la fe de la que antes no presumía. Una auténtica sacudida que llevaba buscando desde antes de casarse: "A partir de aquella experiencia, mi vida cambió. Empecé a rezar".

    Sorprendentemente, su primera oración puede parecernos en exceso desafiante. Así la describe:

    • "Escucha, Señor, puesto que existes. Tengo una amiga que no consigue tener hijos. ¡Si se queda embarazada, te prometo recibir el sacramento de la Confirmación!"

    Un mes después, esa amiga acudió a verla y le dijo que estaba embarazada desde hacía mes y medio: "¡Y hacía mes y medio desde que yo había estado en aquel monasterio!", confiesa con el mismo asombro con el que recibió entonces tal noticia.

    Ségolène cumplió su promesa y recibió el sacramento de la Confirmación. Y, añade, recibió además "muchos regalos del Señor".

    La fe de hoy

    "Mi vida ha cambiado completamente", concluye: "Sé que Dios existe. He respondido a la pregunta '¿Existe Dios?' que me planteaba desde pequeña. Hoy tengo la certeza de que Dios existe y además de que Él me ama y me cuida cada día".

    Añade que a aquella inquietud infantil sobre la existencia de Dios se había sumado, en sus etapas adolescente y juvenil, la inquietud por "la vida posterior a la muerte": "Hoy sé que hay una vida eterna llena de amor. Confío en Dios y se lo entrego todo, y eso me aporta una fuerza inmensa para avanzar y para superar las pruebas del camino".

    ReL

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