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lunes, 2 de febrero de 2026

¿Por qué estamos casi todos tan fatigados? La Biblia nos ofrece una respuesta…

Los horarios de sueño irregulares, las comidas inconsistentes o las pantallas alteran el reloj interno del cuerpo.

El agotamiento, en muchos sentidos, no es un defecto, sino una señal de que nos hemos desviado de los ritmos que Dios diseñó.

El agotamiento, en muchos sentidos, no es un defecto, sino una señal de que nos hemos desviado de los ritmos que Dios diseñó.

Ritmos frenéticos y acelerados, consultas disparadas por estrés, problemas del sueño y ansiedad... Uno de los grandes temas del presente en conversaciones y consultas es la del ritmo de vida actual, sus peligros y si se trata de algo natural a la persona o si, por el contrario, es una condición creada de forma artificial y forzosa en la Modernidad. Delphine Chui ofrece algunas respuestas en el Catholic Herald en su artículo ¿Por qué estamos todos agotados? El Génesis nos da una pista: 

Ya seas un padre o una madre que compagina el trabajo con el cuidado de sus hijos, un joven adulto que intenta mantenerse a flote o un profesional que mantiene un trabajo extra junto con un trabajo a tiempo completo, el cansancio parece haberse convertido en nuestro lenguaje común. Cada vez más, la respuesta automática a "¿Cómo estás?" es una sola palabra: exhausto.

En una era de conveniencia, comodidad y tecnología, es evidente que la crisis de agotamiento no es solo fisiológica, sino también cultural. Desde la invención de la bombilla eléctrica práctica por Thomas Edison en 1879, que liberó la actividad humana del ciclo solar, hemos ido desvinculando nuestros ritmos cotidianos de los ritmos de la naturaleza, pero ¿a qué precio?

Somos criaturas

La iluminación artificial, la calefacción, el control de temperatura y el trabajo a turnos han creado un entorno donde nuestras señales naturales de vigilia y sueño pueden ignorarse o anularse por completo. De hecho, la mayoría de las personas hoy en día pasan aproximadamente el 90% de su tiempo en interiores bajo luz artificial y rara vez reciben las señales de la luz natural que anclan nuestro reloj biológico interno.

Pero desde las primeras páginas de las Escrituras, vemos que Dios comenzó la noche y el día como un ritmo deliberado de la creación. Esto nos recuerda que la vida humana debe vivirse dentro de ciertos límites, que el descanso es parte integral del mundo y que difuminar la frontera entre la luz y la oscuridad no es solo impráctico, sino un rechazo silencioso de nuestra condición de criaturas (Génesis 1:3-5).

Dios diseñó nuestro ritmo circadiano, el reloj interno de 24 horas que sincroniza nuestro comportamiento y fisiología con el ciclo del día y la noche. Sin embargo, la interrupción del sueño causada por la exposición a la luz azul después del atardecer, como la de las farolas, las bombillas LED, los televisores, los portátiles y las pantallas de los teléfonos, ya no solo es común, sino la norma.

En pocas palabras, la luz del día mantiene nuestro cuerpo alerta y activo, mientras que la oscuridad estimula la producción de melatonina y nos prepara para un descanso reparador. Cuando desdibujamos estas señales al pasar las noches en habitaciones muy iluminadas o mirando pantallas que emiten luz azul antes de dormir, nuestros relojes biológicos fallan. El resultado es un desajuste circadiano, que hace que muchos nos sintamos cansados, pero con energía.

Mientras que nuestros antepasados vivían bajo el sol, utilizando los tonos ámbar del crepúsculo para señalar no solo el final de la jornada laboral, sino también una transición fisiológica hacia el descanso, nosotros vivimos preparados para una productividad constante. Antes de la iluminación artificial, la actividad humana se regía por el ciclo natural de luz y oscuridad. El trabajo y las reuniones se realizaban a la luz del día, mientras que las noches se caracterizaban por la luz del fuego. Por eso, la luz de las velas y la iluminación ámbar no solo son estéticamente relajantes, sino también biológicamente restauradoras. Producen menos luz azul, lo que permite que el reloj interno del cerebro registre la noche e inicie los procesos hormonales que conducen a un sueño reparador.

La frontera entre el trabajo y el hogar

La tecnología se creó para simplificarnos la vida. En muchos sentidos, lo ha hecho. Podemos realizar operaciones bancarias, hacer la compra, socializar, entretenernos y estudiar desde la comodidad de nuestros teléfonos. Pero ya no existe una frontera física entre el trabajo y el hogar, los recados y el descanso. Todo lo que necesitamos está en nuestro bolsillo, pero esa comodidad tiene un coste oculto. Siempre estamos conectados. Vivimos 24/7.

El resultado es que perdemos la separación natural entre las actividades que antaño moldeaban la vida humana. Ya no hay tiempo de viaje que distinga el trabajo del descanso. El descanso dominical, nuestro sabbat, se ve erosionado por el comercio dominical, el entretenimiento y las largas listas de tareas. En lugar de esperar una semana para el siguiente episodio de televisión, nos damos atracones de temporadas enteras de una sentada, entrenando constantemente nuestro cerebro para buscar la siguiente dosis de dopamina en lugar de saborear la pausa. El placer de la anticipación ha sido reemplazado por el agotamiento del consumo perpetuo.

La epidemia de agotamiento no se limita a la falta de sueño. Es un cansancio más profundo que surge de la estimulación constante sin renovación.

Para muchas personas, un solo trabajo ya no es suficiente. Con el auge de los trabajos extra y el trabajo por contrato, la frontera entre el trabajo y la vida personal se ha difuminado aún más. Los horarios largos e irregulares, incluyendo tardes, fines de semana y festivos, crean una disrupción circadiana crónica, especialmente para quienes tienen horarios variables a diario.

El agotamiento se retroalimenta. Los horarios de sueño irregulares, las comidas inconsistentes y el uso de pantallas antes de dormir alteran aún más el reloj interno del cuerpo, creando un círculo vicioso de fatiga y descanso fragmentado y desalineado.

En generaciones anteriores, los ritmos semanales ofrecían pausas naturales. Los domingos se reservaban para el culto y el descanso, y las tardes para pasar tiempo en familia. Hoy en día, las expectativas culturales, las exigencias digitales y el entretenimiento se combinan para crear un ritmo implacable que impide que nuestro sistema nervioso se reajuste por completo.

¿Qué hacer?

Entonces, ¿cómo abordamos esta epidemia de agotamiento? Debemos reaprender a adaptarnos a nuestros ritmos naturales y al descanso intencional. Esto comienza recuperando la oscuridad nocturna, reduciendo la exposición a la luz artificial brillante y a las pantallas por la noche, utilizando una iluminación más cálida y, cuando sea útil, herramientas como gafas con filtro de luz azul para favorecer la relajación natural del cuerpo.

También significa buscar la luz por la mañana y salir al exterior poco después de despertar, ya que la luz del día es uno de los pilares más fuertes del reloj circadiano. Requiere restablecer ritmos regulares, incluyendo horarios de sueño y vigilia constantes que permitan al cuerpo anticipar el descanso en lugar de resistirlo.

También debemos proteger los espacios de descanso, adaptando nuestros hogares y hábitos para honrar el sueño reparador y la mentalidad y la práctica del sabbat, a la vez que resistimos la presión cultural de ser incesantemente productivos. Finalmente, debemos reaprender la pausa, reconociendo que el descanso no es pereza, sino fidelidad a nuestra naturaleza.

El agotamiento, en muchos sentidos, no es un defecto, sino una señal de que nos hemos desviado de los ritmos que Dios diseñó. Luz y oscuridad, trabajo y descanso, comunión y quietud son los patrones que conducen al verdadero florecimiento.

Delphine Chui, ReL

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a solas en silencio.





martes, 2 de diciembre de 2025

“En tu agotamiento, Dios está listo para amarte”: El mensaje de un sacerdote para las mamás cansadas

 


En un reel compartido por Ascension Press y los Frailes Franciscanos de la Renovación, el Padre Mark-Mary Ames presentó una situación que escucha continuamente y que puede resultar muy familiar:

“Soy mamá, esposa, tengo cuatro hijos menores de seis años. Estoy luchando mucho con la pereza. Estoy luchando mucho con la flojera, estoy luchando con la disciplina. Estoy luchando con la gula…”.

Ante estas palabras, el sacerdote lanza una pregunta directa: “¿Estás cansada?”

Luego explica:

“La respuesta que solemos proponer es: soy perezosa, necesito trabajar más. Soy glotona, necesito ser más disciplinada”.
“¿De dónde vas a sacar esa fuerza?”.

Como si hablara directamente a las muchas mujeres que se sienten así en la maternidad, añade:

“No te queda gasolina en el tanque. Estás realmente cansada. ¿Hay alguna forma de descansar un poco más?”.

Reconoce que, quizá, descansar no sea la solución inmediata ni algo posible en esta etapa de la vida.

Entonces plantea una pregunta profunda:

“¿Estás permitiendo que el Señor simplemente te ame en tu pobreza y en tu entrega?”

La publicación indica:

“Incluso en tu agotamiento, Dios está listo para amarte justo donde estás”.

Muchos usuarios indicaron en los comentarios que necesitaban escuchar exactamente este mensaje—¡yo incluida!

“Wow, siento que me hablas directamente, especialmente porque tengo 4 menores de 6 años. Y siento todas estas cosas. Feliz de tenerlos aquí @cfr_franciscans”.

“¿Has estado escuchando mis confesiones durante los últimos 10 años? 😂😭”.

“Los sacerdotes misericordiosos que escuchan mis confesiones siempre son así, y eso me hace sentir tan amada, vista, y cambia totalmente mi tendencia a ser tan dura conmigo misma. 😭 Gracias”.

“¡Necesitaba ver esto esta noche! ¡Nada más de lo que veo en mi teléfono se acerca a esto! Es hora de dejar el teléfono, meditar esta pequeña joya de video y dormir un poco. 🔥❤️”.

Que este mensaje sea también para ti: invita a Dios a cada rincón de tu vida, incluso a los más cansados.

Caroline Perkins, churchpop

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lunes, 10 de julio de 2023

¿Sientes que no puedes más? Haz estas sencillas cosas

Mężczyzna odczuwający zniechęcenie do modlitwy


El escritor Claudio de Castro sugiere oraciones y actuar con coraje, pero también algo más relacionado con la Eucaristía

«Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo les daré alivio».

Mateo 11, 28

Suele pasar, la vida no es sencilla. Para muchos de nosotros está llena de retos, dificultades y problemas de los que no sabemos cómo salir, tenemos miedo y vivimos angustiados. Lo he visto más de lo que te imaginas.

A menudo me escriben nuestros lectores. Recibo frases que me hacen reflexionar, abrazarlos con mi cariño y orar por ellos.

«Ya no puedo más».
«Por favor dígame qué puedo hacer».
«No sé cómo enfrentar mis problemas personales, me sobrepasan».
«Mi vida es un sufrimiento constante».

Siento tanta empatía… Me duele ver que hay personas, amadas infinitamente por Dios, cuyas vidas son tan difíciles. Quisiera abrazarlas más con cada palabra, cada gesto y decirles que todo eso pasará y van a estar bien.

¿Qué hacer?

2 cosas fundamentales

Lo he pensado mucho y por mi experiencia he llegado a esta conclusión: Necesitamos dos cosas fundamentales: oraciones, que oren por nosotros y actuar con coraje y determinación para salir adelante.

Podemos ayudarte.

¿Sabías que en Aleteia hay una red de oración? «Miles de personas testimonian con sus mensajes las gracias recibidas, tras confiar a los 550 conventos sus inquietudes, esperanzas y consuelo».

Te dejo un escrito que te lo explica. Es sencillamente maravilloso.Y, ¿qué me corresponde hacer?

Busca también ayuda fuera de ti

Ahora pasemos a lo que debemos y podemos hacer por nuestra cuenta.

Si lo necesitas, busca ayuda profesional o un director espiritual que te oriente y guíe por el camino de santidad.

Las cargas son muy pesadas para llevarlas solos. Apóyate en tu familia.

Hay algo que suelo recomendar con insistencia. Los que me escriben lo saben bien. Y es porque he visto sus incontables frutos. Estoy convencido que ayuda y muchísimo. Es tan sencillo y está a tu alcance. Visitar a Jesús Sacramentado.

¿Por qué te lo sugiero?

  1. Jesús es el hijo de Dios.
  2. Es Todopoderoso. Nada hay imposible para Él.
  3. Es un gran amigo, el mejor de todos.
  4. Está vivo en la Eucaristía y en cada hostia consagrada.
  5. Habita el Sagrario, es allí un prisionero de amor por ti.
  6. Le ilusiona verte, que lo visites.

Jesús merece lo mejor de nuestra parte, nuestro amor y compañía. Una sobrina me ha enviado ilusionada esta foto desde una iglesia en Granada, España, donde le ha dejado mis saludos a Jesús.

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La respuesta en Jesús Eucaristía

En mi país hay una parroquia a la que me encanta ir a diferentes horas del día. Y es que tienen allí una capilla de adoración perpetua. Es la parroquia de Santa Eduvigis.

He escuchado cómo Jesús irradia su paz alrededor y transforma tantas vidas. Un día llegué a las 3 de la tarde, Hora de la Divina Misericordia. Hice este video para ti:

¿Hay en tu país adoración perpetua? Me han sorprendido todas las gracias que ofrece Jesús a los que lo visitan con humildad y devoción.

Abundan los frutos de conversión, paz interior, santidad y la fortaleza espiritual que obtenemos de la adoración eucarística.

Vayamos a adorar a Jesús Sacramentado y a reparar por tantas infidelidades
y ofensas a su Sacratísimo Corazón.

¡Bendito y alabado sea por siempre, mi Jesús Sacramentado!



Queridos obispos, qué bonito sería organizar capillas de adoración perpetua en cada país, provincia, y pueblito del mundo, donde Jesús pueda ser visitado, acompañado, amado, adorado, y se haga reparación por la indiferencia a su amor y por los graves pecados del mundo. ¡Sería maravilloso!

¡El buen Dios les bendiga!


Claudio de Castro, Aleteia

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antes de irse a dormir y así fortalecer la familia


Si sientes que no puedes más, reza esta oración de san Agustín



"Hay días en que la carga nos desgasta los hombros y nos sentimos agotados..."

Dios de vida,

hay días en que la carga nos desgasta los hombros y nos sentimos agotados;

en que el camino parece monótono e interminable,

y el cielo, gris y amenazante;

en que nuestra vida carece de música,

nuestro corazón está solo y nuestra alma ha perdido su arrojo.

Inunda el camino con tu luz, te suplicamos;

dirige nuestra mirada a donde el cielo está lleno de promesas.


Por san Agustín
Oración publicada en el libro Oraciones del mundo de Juliet Mabey







lunes, 6 de septiembre de 2021

6 formas de mejorar tu día cuando la vida se siente pesada o monótona

 

OVERWHELMED


¿Alguien necesita un energizante mental estos días?

Con los últimos días de agosto y los cambios para la vuelta al colegio asentándose, es momento de una rápida revisión de tu salud mental. ¿Qué tal estás? ¿Has caído un poco en la rutina? ¿Se te están haciendo muy largos los días?

Si sientes un poco de insatisfacción con la vida y empiezas y terminas los días con más frustración que tranquilidad, necesitas un energizante mental. Aquí tienes algunas formas de convertir esos días sosos en experiencias más significativas y agradables.

Pide ayuda con algo que hayas estado postergando

Pedir ayuda es algo difícil de hacer. Sin embargo, esta importante habilidad de la vida es esencial para nuestro crecimiento personal además de para la salud y el bienestar de las comunidades de las que formamos parte. Además, si vives cada día con grandes tareas pesadas de abordar, esa carga afectará a tu humor y a la atmósfera de tu día, lo hará más cargante y más oscuro. Disponer de un poco de ayuda para aliviar esa carga acechante quizás termine aligerando todo el resto del día.

Alégrale el día a otra persona

Una apuesta segura para abrirte camino entre las grises nubes a tu alrededor es centrarte en otra persona. ¿A quién podrías enviar una tarjeta sorpresa donde decirle a esa persona que la tienes presente?  ¿Quizás podrías compartir una limonada o un café helado con esa persona que en los medios sociales parece estar viéndolo todo desde un prisma gris? ¿En la puerta de quién podrías dejar un bonito crisantemo para despertarle una pequeña sonrisa revitalizante? Ayudar a otra persona puede hacer que tú también pongas tu ansiedad en perspectiva, todos salen ganando.

Toma vitamina D 

Muchos no recibimos suficiente cantidad de esta vitamina esencial, así que haz un esfuerzo para estar en los niveles adecuados. Puedes hacerlo de forma oral, ingiriendo un complejo vitamínico, o puedes probar con una inmersión corporal completa dando un paseo bajo el sol. Sinceramente, mejor haz las dos cosas. Es increíble lo que pueden conseguir un pequeño chute vitamínico y algo de aire fresco a la hora de mejorar un humor huraño o un estado mental ofuscado. 

Cambia algo en tu rutina

Prueba con un camino más largo de vuelta a casa del trabajo o con irte a dormir media hora antes. Apaga el móvil a las 20h o no lo utilices para ninguna cosa que no sea enviar mensajes hasta el mediodía. Hacer un pequeño cambio, en especial si te aporta más descanso o te ayuda a despejar o poner en orden la cabeza, puede permitirte reformular tu día en parte o por completo.

Presta más atención a tus responsabilidades diarias

Dedica un poco más de tiempo a una tarea que hagas mecánicamente. Quizás sea un proyecto que tengas en el trabajo o quizás una tarea del hogar. Las cosas pequeñas que hacemos tienen una importancia tremenda y cuanto mejor atendamos las tareas mundanas que no parecen trascender mucho, mejor preparados estaremos para abordar las responsabilidades más grandes y aparentemente más serias que tengamos.

Valora la belleza en las pequeñas cosas del día

¿Puedes recordar la imagen de esa toalla de manos color blanco crudo con ese potente aroma floral que colgaba en el baño de tu tío Andrés con un mensaje que leía “Párate a oler las rosas” y con una rosa bordada? ¿No? ¿Igual solamente me fijé yo? Bueno, creo que sabes adónde quiero llegar con esto. Párate a oler esa rosa, pierde unos cuantos minutos acariciando al perro del vecino, desvíate por esa calle donde está ese precioso jardín cuidado con tanto esmero… Y luego, al terminar la jornada, toma nota de la belleza que has percibido durante el día. ¿Un compañero de trabajo ha sido especial e inusualmente amable hoy? Ahora que lo pienso, esa cuadrilla de chiquillos en bici desprendía una tranquilidad y una alegría deliciosas. Fijarte en las pequeñas cosas de la vida te ayudará a desarrollar un hábito de gratitud que puede ayudar a sobrellevar los múltiples altibajos de la vida.

Cecilia Pigg, Aleteia 

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miércoles, 11 de noviembre de 2020

¿Te sientes agobiada y mal por no llegar a todo?

 

Busy - Mom - Mother - Baby - Work


¿Vives agobiada? Es normal. Si eres mujer, madre, amiga, hija y trabajas fuera de casa es normal que a veces no sepas por dónde empezar.

¿Qué mujer no se ha sentido nunca culpable por no estar haciendo suficiente? Por no consagrar bastante tiempo a sus hijos o a su esposo, por no estar disponible para echar una mano en la escuela o ir a ver a una amiga enferma, por no administrar impecablemente su casa o su trabajo… ¡la lista podría alargarse hasta el infinito! ¿Cómo ordenar las prioridades?

¿Qué es lo más importante?

“Cuando estoy en la oficina”, suspira Sophie, madre de tres chicos, “me reprocho no estar con mis hijos; y cuando estoy con ellos pienso en todo lo que no he hecho en la oficina”.

Dorothée, con cinco hijos entre 5 y 12 años, lamenta que su maternidad se desarrolla a expensas de su pareja: “Ya casi no tenemos momentos a solas. Cuando mi esposo vuelve por la tarde, estoy tan cansada que solo tengo ganas de una cosa: ¡dormir!”.

Está claro que ninguna mujer puede estar disponible las 24 horas del día y 7 días a la semana.

Además, ¡el Señor no pide tanto! Nunca nos exige cosas imposibles.

Cuando tenemos la impresión de deber realizar mil tareas a la vez, es porque nosotras las añadimos. Además de tenemos que hacer, tendemos a querer hacer más, nuestros propios proyectos.

Queremos hacer demasiado, mientras que el Señor nos pide solamente aquello que podamos cumplir apaciblemente cada día.

Para discernir las decisiones que debemos tomar, prestemos atención a Dios, escuchémosle: Él nos habla en el silencio de la oración (cotidiana), en su Palabra (para disfrutar sin moderación) y a través de nuestros hermanos (en particular nuestro esposo).

¿Qué va primero?

El tiempo que pasamos con nuestro cónyuge no es tiempo robado a nuestros hijos, más bien al contrario, ya que ellos son los primeros beneficiados. Ellos son los que más necesitan unos padres que se aman.

Sin embargo, el amor no se da de una sola vez, el día de la boda, como una casa preciosa entregada llave en mano. Nos casamos para amarnos: ¡está todo por hacer!

Construir el amor, día tras día, requiere tiempo y disponibilidad.

Para empezar, es esencial que unas reglas simples delimiten claramente el espacio de los padres en la casa:

  • Tienen derecho a cenar a solas sin verse interrumpidos cada cinco minutos.
  • No se entra en su dormitorio sin llamar antes a la puerta.
  • Su cama no es la de los niños…

¿Los niños nos acaparan? Busquemos un medio de respirar, de disfrutar de un tiempo los dos. No siempre es fácil, pero es posible en la inmensa mayoría de los casos. Pero hay que quererlo realmente.

¡Cuántas madres que sueñan con un fin de semana con su esposo encuentran mil pretextos para no llegar a realizar esta idea! No hay suficiente dinero, los niños son demasiados o demasiado pequeños, los abuelos viven demasiado lejos, etc.

Organicémonos con la familia para cuidar de nuestra prole mutuamente. No es necesario irse muy lejos para disfrutar de ese tiempo a solas: incluso quedándose en casa, se puede disfrutar del placer de conversar sin interrupciones, ir a misa a un monasterio cercano, hacer un picnic en el bosque o cenar a la luz de las velas. En resumen: salir de la rutina.

Tener algo que dar

Llevadas por su generosidad, hay demasiadas mujeres que han olvidado cuidar de sí mismas: en cuanto se conceden un tiempecito de “vacaciones” –sin hijos, sin marido–, la culpabilidad viene a torturarlas. ¡Ya basta! Hagamos callar a esa culpabilidad, no para comportarnos con terrible egoísmo, sino para ejercer hacia nosotras mismas la caridad más elemental, que exige que sepamos recargar nuestras pilas.

Cada una es responsable de ver qué es lo que necesita: oración, por supuesto, y un mínimo de silencio y de soledad. Pero también lectura o dibujo, pilates, natación, visitas a museos o paseos por el campo.

Estos ratos de reencuentro con nosotras mismas nos permiten, luego, ser mejores esposas y madres. No olvidemos el consejo de san Bernardo:

Sólo damos aquello que rebosamos: si quieres ser un canal, antes debes ser un embalse”.

Christine Ponsard,  Edifa Aleteia

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miércoles, 27 de mayo de 2020

El cansancio, un mal de las parejas de hoy

No te voy a decir que vivir en pareja adelgace, porque no es así, pero sí es verdad que la vida en pareja consume energía. ¿Conclusión? Como te pille cansado o cansada, prepárate para cierta “inestabilidad atmosférica”.
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No te voy a decir que vivir en pareja adelgace, porque no es así, pero sí es verdad que la vida en pareja consume energía. ¿Conclusión? Como te pille cansado o cansada, prepárate para cierta “inestabilidad atmosférica”.
Esther Perel, psicoterapeuta especialista en terapias familiares y de pareja, con consulta privada en Nueva York, no duda en afirmar que “hoy en día, las parejas están demasiado ocupadas, demasiado estresadas, demasiado implicadas en la crianza de los hijos y demasiado cansadas para el sexo”. Lo afirma nada más comenzar la introducción de su best seller mundial “Inteligencia erótica” del año 2007. Y yo diría más: demasiado cansadas para hablar, demasiado cansadas para salir, demasiado cansadas para rezar, demasiado cansadas, incluso, para afrontar los momentos de dificultad que aparecen en toda relación.
El cansancio es uno de los mayores enemigos externos para toda pareja. Y, claramente, tenemos un problema aquellos que vivimos en una sociedad que nos impone unos horarios exigentes de trabajo, una movilidad cada vez más costosa en las grandes ciudades, un sinfín de actividades para ocupar a los hijos, un ocio sobresaturado de actividades y la sensación de que uno no se puede bajar de este tiovivo que no se para nunca.
Conversando alguna vez con mi madre, cuando yo estaba a punto de casarme, ella me explicaba que pocas veces había discutido con mi padre antes de la llegada de los hijos. Los hijos lo complican todo. Pero no por ellos mismos, ¡no! Los hijos son parte del sentido de una vida matrimonial, son la alegría de una casa y vienen a complementar una vida familiar intensa. ¡Es el cansancio! Es el sueño que uno empieza a adeudarle a su vida, es el tiempo de pareja que comienza a escasear, es el monopolio de las conversaciones, es la pérdida de pasión muchas veces en la vida sexual… Y todo se tiñe de gris.
Por eso es importante detectar con agudeza este cansancio que nos consume, hacernos conscientes de él y ponerle remedio en la medida de nuestras posibilidades. Y aunque una vida familiar es exigente, se pueden buscar caminos que ayuden a llevarla con éxito.
  • Uno de los primeros asuntos importantes es tomar conciencia de nuestro cansancio. Es importante preguntarnos, cuando discutimos en casa, cuando hay nervios, cuando se escapa algún grito… si se debe al cansancio. Tomar consciencia de eso también nos ayuda a relativizar ciertas cosas y a no hacer cargar con la culpa al otro.
  • Es importante que la pareja busque tiempo para ella. Hay que obligarse. Alguna cena fuera de casa. Alguna película o serie cuando los niños ya están acostados. Alguna salida al cine, o al museo, o con los amigos o, simplemente, a pasear un rato. Los hijos también tienen que aprender que toda historia de amor necesita sus tiempos y sus cuidados. El amor no se sostiene simplemente a base de voluntad y convicciones. Necesitamos detalles y momentos especiales. Y tiempo para el sexo, mimo para que no acabe siendo una actividad más en la agenda por eso de no pasar semanas sin un rato juntos en la cama. Porque cansados, es fácil caer en los extremos: o no tener ganas nunca de hacer el amor o, por el contrario, convertirlo en un mero desfogue que me ayude a descargar tensiones.
  • El trabajo tiene que acabar en algún momento. La familia necesita tiempo. Los niños, paciencia y juegos. Es necesario saber parar y poder dedicarse en cuerpo y alma al hogar en los ratos necesarios. No siempre es fácil pero hay que intentarlo. Difícil ser paciente, empático, tierno… cuando uno está agotado. El cansancio empuja el egoísmo: me lleva a pensar en lo que yo necesito.
  • Busca hobbies personales y tiempo personal que te ayude a desconectar. Somos uno, sí, pero no perdamos de vista que la pareja debe procurar también el bienestar de cada uno de sus miembros. Somos diferentes y cada uno tiene sus necesidades, sus tiempos, sus resortes y no es malo tener algún espacio o tiempo para la lectura personal, para hacer deporte, para dedicarlo a algo que me gusta y me construye. Una ducha, larga, pausada, a la luz de unas velas y con música relajante… ¡qué bien viene de vez en cuando!
  • Por último, no caer en la trampa de la tecnología y la televisión. El cansancio nos atrofia la capacidad para discernir aquello que es mejor para nosotros. El cansancio nos lleva a comer con desenfreno, muchas veces, y, también, a enfrascarnos en internet o en la tele sin mayor propósito de darle al cerebro un descanso intelectual que necesita. Y gastamos horas preciosas simplemente en ver lo que encuentro, en navegar de aquí para allá, en visionar vídeos absurdos o en jugar compulsivamente.
Cualquier vida en pareja o familiar que se precie es intensa y agotadora, muchas veces. Pero el agotamiento propio de una vida entregada al amor no es lo mismo que este cansancio traicionero propio de una vida saturada por imperativo legal. Ánimo y a por ello. Lo agradecerás.
Un abrazo fraterno – @scasanovam
Santi Casanova, Aleteia

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