Harold Figueras y Mariela Villanueva son los iniciadores de Jesús y María Restauran Mi Familia; en sus retiros, muchos sanan su relación de pareja y con Dios.

Harold Figueras y Mariela Villanueva ante la catedral de Lima, Perú; desde Perú impulsan los encuentros de Jesús y María Restauran Mi Familia
Esta es la historia de Harold Figueras y Mariela Villanueva, un matrimonio que ha contado en Aciprensa la historia de cómo Dios restauró su matrimonio y les llevó a impulsar una iniciativa para ayudar a otras familias.
Ambos se conocieron en 1998 en un contexto laboral, como tantas personas. Él trabajaba como ingeniero y ella como abogada. Mariela había crecido en una familia católica, y durante un tiempo incluso fue a misa diaria, pero Harold era ateo y un tanto anticlerical en ocasiones. "Para mí casarme por la Iglesia era simplemente cumplir una formalidad social", admite.
El 2 de septiembre de 2000 recibieron el sacramento del matrimonio en Barranco (Perú), aunque según cuentan, llegaron al altar sin ser conscientes de qué era aquello que estaban prometiendo.
Heridas antiguas y una crisis económica
Pasó el tiempo, y las heridas que traían desde la infancia comenzaron a aflorar: abandono, soledad, orgullo, incapacidad de hablar de lo que dolía, etcétera.
Destacan la ausencia total de Dios en su matrimonio como el principal problema. “Empezamos nuestra vida juntos sin Dios como centro. Ese fue el primer gran error”, explica Harold. Por otro lado, la crisis económica de Venezuela no ayudó.
Harold viajaba constantemente entre Lima y Caracas hasta que un día simplemente dejó de regresar a Perú.
Mariela dio por hecho que él había empezado una nueva vida con otra mujer. Ella se quedó sola en Lima con una hija pequeña.
La fe sencilla de la niña
Como es evidente, el matrimonio tampoco había educado en la fe a sus hijos. Sin embargo, una de ellas pidió hacer la Primera Comunión. Al ver la fe sencilla y verdadera de su hija, Mariela quiso volver a acercarse a Dios y frecuentar los sacramentos que había abandonado.

Mariela y Harold en una foto de 2024; impulsan retiros y encuentros de conversión y reparación familiar
Entrevistada en 2019 en MisionerosDigitales.com, Mariela lo recordaba así:
- »Estuvimos 5 años separados, incluso en países distintos. Nuestro matrimonio estaba realmente muerto. Tenía mucho dolor el ver crecer a mi hija sin una familia y sobre todo verla esperar a su papá. Ilusionarla con que venía y nunca llegaba. Yo ya estaba cansada y había decidido rehacer mi vida, cuando un día mi hija con 7 añitos trae un rosario y me pide que le enseñe a rezar. A la semana me pide hacer la primera comunión; quería ella sentir a Jesús en su corazón.
- »En mi interior había una batalla. Luego de ser una persona con un estilo de vida de oración diaria, había abandonado mi vida espiritual, ni a misa dominical iba. Pero a medida que mi hija se preparaba para la Primera Comunión, sustituimos el cuento de las noches por el rezo del rosario. Ella siempre lo ofrecía por la unidad de su familia y las almas del purgatorio.
- »Un domingo en misa ella me mira y se acerca al lugar donde estoy sentada y me dice: “mamá, ¿por qué no comulgas? Sabes lo importante que es y no lo haces”. Cuando ella me dice eso, todo mi ser se estremeció. Miré el confesionario. Estaba el sacerdote solo y me fui a confesar.
- »De allí en adelante, mi vida comenzó a llenarse de bendición. Mi corazón se llenó de esperanza, comencé a vivir una reforma de vida guiada por el Espíritu Santo: rezo del rosario diario, eucaristía diaria, adoración eucarística diaria una hora, confesión una vez a la semana, ayuno, lectura de la palabra y lectura de vida de santos. [...] Una noche en oración tuve una visión y sentí en mi corazón que mi esposo regresaría a casa... pero primero tenía que regresar a Dios.
En el ocultismo y lo sobrenatural
Mientras tanto, Harold descendía por otro camino. Buscando prosperar económicamente, comenzó consultando el tarot y adentrándose en el mundo del ocultismo. Después probó con la santería cubana y finalmente una práctica de brujería que utiliza restos humanos y sacrificios de animales.
Un abrazo que lo cambió todo
La pareja se reencontró en Venezuela para poner fin a su matrimonio. Ambos iban con una idea preconcebida de lo que sería la conversación: él, con una lista de reproches, y ella, arrastraba el dolor de una relación fallida y quería firmar el divorcio. Sin embargo, al verse, se abrazaron y perdonaron mutuamente.
Harold tenía miedo de la reacción de su mujer y sus hijas, pero afirma que le abrazaron como si solo hubiera salido a comprar el pan, en un perdón y un nuevo comienzo que recuerda al de la parábola del hijo pródigo.
Harold acompañó a Mariela a una iglesia, aunque quedándose fuera por las reticencias que conservaba con la fe. Luego logró vencerlas, entró y se confesó con un sacerdote que le invitó a un retiro espiritual en el que cambiaría su vida, se reconcilió con Dios y volvió a su matrimonio. Allí empezó una nueva vida para ambos.
El camino no fue fácil. “La restauración dura toda la vida. No termina cuando el esposo regresa. Empieza allí”, afirma Mariela.
Ambos entendieron que el matrimonio es un camino juntos hacia la santidad. Han pasado ya quince años desde entonces.

Harold y Mariela en Colombia, con amigos de Jesús y María Restauran Mi Familia
Jesús y María Restauran mi Familia: para ayudar a matrimonios
Harold y Mariela se convertirían después en los impulsores de Jesús y María Restauran mi Familia, un itinerario familiar y espiritual que acompaña a matrimonios al borde de la ruptura. El camino que proponen comienza por la propia conversión y no por intentar cambiar al cónyuge.
Esta iniciativa trata primero de hacer caer en la cuenta a cada cónyuge cuáles son sus heridas y dificultades para amar a la otra persona, al mismo tiempo que dan herramientas para saber sobrellevarlas y sanarlas.
"Hay muchas comunidades matrimoniales que existen en los espacios eclesiales, pero normalmente trabajan con el matrimonio junto, con ambos esposos juntos, aunque puedan estar en crisis o al punto de la separación. Nosotros, en cambio, acogemos a aquel que desee salvar su matrimonio aunque su esposo/a no desee asistir o ya estén separados o divorciados", explicaban a Misioneros Digitales.
"Jesús y María Restauran Mi Familia presta el servicio a las personas solas que buscan salvar, recuperar y restaurar su vida familiar. La restauración matrimonial es una añadidura de Dios al ver nuestras vidas transformadas", detallan.
"Nuestros retiros están dirigidos a buscar internamente los errores que hemos aprendido al crecer y que repetimos en nuestras nuevas familias", explican. Cada cónyuge trae su mochila de errores al fundar un hogar.
"Tenemos retiros con personas que no están en regla con lo solicitado por la Iglesia. Les mostramos la importancia de esto y los encaminamos a regularizar su situación. En Jesús y María Restauran Mi Familia contamos, por ejemplo, con un programa llamado “Santifica un Hogar” que ayuda a través del préstamo de vestidos de novias donados", detallan.
Apoyados en la adoración
Harold y Mariela fomentan la adoración eucarística en sus retiros y encuentros. "La adoración eucarística produce cinco frutos en la persona que adora: conversión, sanación, liberación, restauración y santificación".
Y destacan la importancia del testimonio edificante. "La mayor motivación que encuentran es el testimonio de los hermanos que enfrentaron la misma situación y tienen ya un testimonio de restauración personal o matrimonial. El dejar de pensar en nosotros como únicas víctimas de lo que estamos viviendo y aceptar que somos parte del problema nos lleva a buscar salidas de salvación de toda nuestra familia".
Su testimonio quiere ser la muestra de que Dios puede hacer nuevas todas las cosas, también aquellas que parecen perdidas o que no tienen futuro. No pretenden dar fórmulas mágicas, sino sobre todo hacer caer en la cuenta a los esposos que antes de pedirle a Dios que cambie al otro tiene que dejarse transformar por Él.
- ReL
- Vea también Los cónyuges hacen de su matrimonio algo nuevo

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