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lunes, 2 de febrero de 2026

¿Por qué estamos casi todos tan fatigados? La Biblia nos ofrece una respuesta…

Los horarios de sueño irregulares, las comidas inconsistentes o las pantallas alteran el reloj interno del cuerpo.

El agotamiento, en muchos sentidos, no es un defecto, sino una señal de que nos hemos desviado de los ritmos que Dios diseñó.

El agotamiento, en muchos sentidos, no es un defecto, sino una señal de que nos hemos desviado de los ritmos que Dios diseñó.

Ritmos frenéticos y acelerados, consultas disparadas por estrés, problemas del sueño y ansiedad... Uno de los grandes temas del presente en conversaciones y consultas es la del ritmo de vida actual, sus peligros y si se trata de algo natural a la persona o si, por el contrario, es una condición creada de forma artificial y forzosa en la Modernidad. Delphine Chui ofrece algunas respuestas en el Catholic Herald en su artículo ¿Por qué estamos todos agotados? El Génesis nos da una pista: 

Ya seas un padre o una madre que compagina el trabajo con el cuidado de sus hijos, un joven adulto que intenta mantenerse a flote o un profesional que mantiene un trabajo extra junto con un trabajo a tiempo completo, el cansancio parece haberse convertido en nuestro lenguaje común. Cada vez más, la respuesta automática a "¿Cómo estás?" es una sola palabra: exhausto.

En una era de conveniencia, comodidad y tecnología, es evidente que la crisis de agotamiento no es solo fisiológica, sino también cultural. Desde la invención de la bombilla eléctrica práctica por Thomas Edison en 1879, que liberó la actividad humana del ciclo solar, hemos ido desvinculando nuestros ritmos cotidianos de los ritmos de la naturaleza, pero ¿a qué precio?

Somos criaturas

La iluminación artificial, la calefacción, el control de temperatura y el trabajo a turnos han creado un entorno donde nuestras señales naturales de vigilia y sueño pueden ignorarse o anularse por completo. De hecho, la mayoría de las personas hoy en día pasan aproximadamente el 90% de su tiempo en interiores bajo luz artificial y rara vez reciben las señales de la luz natural que anclan nuestro reloj biológico interno.

Pero desde las primeras páginas de las Escrituras, vemos que Dios comenzó la noche y el día como un ritmo deliberado de la creación. Esto nos recuerda que la vida humana debe vivirse dentro de ciertos límites, que el descanso es parte integral del mundo y que difuminar la frontera entre la luz y la oscuridad no es solo impráctico, sino un rechazo silencioso de nuestra condición de criaturas (Génesis 1:3-5).

Dios diseñó nuestro ritmo circadiano, el reloj interno de 24 horas que sincroniza nuestro comportamiento y fisiología con el ciclo del día y la noche. Sin embargo, la interrupción del sueño causada por la exposición a la luz azul después del atardecer, como la de las farolas, las bombillas LED, los televisores, los portátiles y las pantallas de los teléfonos, ya no solo es común, sino la norma.

En pocas palabras, la luz del día mantiene nuestro cuerpo alerta y activo, mientras que la oscuridad estimula la producción de melatonina y nos prepara para un descanso reparador. Cuando desdibujamos estas señales al pasar las noches en habitaciones muy iluminadas o mirando pantallas que emiten luz azul antes de dormir, nuestros relojes biológicos fallan. El resultado es un desajuste circadiano, que hace que muchos nos sintamos cansados, pero con energía.

Mientras que nuestros antepasados vivían bajo el sol, utilizando los tonos ámbar del crepúsculo para señalar no solo el final de la jornada laboral, sino también una transición fisiológica hacia el descanso, nosotros vivimos preparados para una productividad constante. Antes de la iluminación artificial, la actividad humana se regía por el ciclo natural de luz y oscuridad. El trabajo y las reuniones se realizaban a la luz del día, mientras que las noches se caracterizaban por la luz del fuego. Por eso, la luz de las velas y la iluminación ámbar no solo son estéticamente relajantes, sino también biológicamente restauradoras. Producen menos luz azul, lo que permite que el reloj interno del cerebro registre la noche e inicie los procesos hormonales que conducen a un sueño reparador.

La frontera entre el trabajo y el hogar

La tecnología se creó para simplificarnos la vida. En muchos sentidos, lo ha hecho. Podemos realizar operaciones bancarias, hacer la compra, socializar, entretenernos y estudiar desde la comodidad de nuestros teléfonos. Pero ya no existe una frontera física entre el trabajo y el hogar, los recados y el descanso. Todo lo que necesitamos está en nuestro bolsillo, pero esa comodidad tiene un coste oculto. Siempre estamos conectados. Vivimos 24/7.

El resultado es que perdemos la separación natural entre las actividades que antaño moldeaban la vida humana. Ya no hay tiempo de viaje que distinga el trabajo del descanso. El descanso dominical, nuestro sabbat, se ve erosionado por el comercio dominical, el entretenimiento y las largas listas de tareas. En lugar de esperar una semana para el siguiente episodio de televisión, nos damos atracones de temporadas enteras de una sentada, entrenando constantemente nuestro cerebro para buscar la siguiente dosis de dopamina en lugar de saborear la pausa. El placer de la anticipación ha sido reemplazado por el agotamiento del consumo perpetuo.

La epidemia de agotamiento no se limita a la falta de sueño. Es un cansancio más profundo que surge de la estimulación constante sin renovación.

Para muchas personas, un solo trabajo ya no es suficiente. Con el auge de los trabajos extra y el trabajo por contrato, la frontera entre el trabajo y la vida personal se ha difuminado aún más. Los horarios largos e irregulares, incluyendo tardes, fines de semana y festivos, crean una disrupción circadiana crónica, especialmente para quienes tienen horarios variables a diario.

El agotamiento se retroalimenta. Los horarios de sueño irregulares, las comidas inconsistentes y el uso de pantallas antes de dormir alteran aún más el reloj interno del cuerpo, creando un círculo vicioso de fatiga y descanso fragmentado y desalineado.

En generaciones anteriores, los ritmos semanales ofrecían pausas naturales. Los domingos se reservaban para el culto y el descanso, y las tardes para pasar tiempo en familia. Hoy en día, las expectativas culturales, las exigencias digitales y el entretenimiento se combinan para crear un ritmo implacable que impide que nuestro sistema nervioso se reajuste por completo.

¿Qué hacer?

Entonces, ¿cómo abordamos esta epidemia de agotamiento? Debemos reaprender a adaptarnos a nuestros ritmos naturales y al descanso intencional. Esto comienza recuperando la oscuridad nocturna, reduciendo la exposición a la luz artificial brillante y a las pantallas por la noche, utilizando una iluminación más cálida y, cuando sea útil, herramientas como gafas con filtro de luz azul para favorecer la relajación natural del cuerpo.

También significa buscar la luz por la mañana y salir al exterior poco después de despertar, ya que la luz del día es uno de los pilares más fuertes del reloj circadiano. Requiere restablecer ritmos regulares, incluyendo horarios de sueño y vigilia constantes que permitan al cuerpo anticipar el descanso en lugar de resistirlo.

También debemos proteger los espacios de descanso, adaptando nuestros hogares y hábitos para honrar el sueño reparador y la mentalidad y la práctica del sabbat, a la vez que resistimos la presión cultural de ser incesantemente productivos. Finalmente, debemos reaprender la pausa, reconociendo que el descanso no es pereza, sino fidelidad a nuestra naturaleza.

El agotamiento, en muchos sentidos, no es un defecto, sino una señal de que nos hemos desviado de los ritmos que Dios diseñó. Luz y oscuridad, trabajo y descanso, comunión y quietud son los patrones que conducen al verdadero florecimiento.

Delphine Chui, ReL

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miércoles, 6 de agosto de 2025

¿Nervioso? guía práctica para vencerlos con audacia

nervios

Los nervios forman parte de nuestra vida, pues es una reacción inevitable del cuerpo, pero ¿qué pasa cuando aparecen en el peor momento? Te ayudamos a vencerlos

Seguramente, en más de una ocasión has experimentado esa sensación que invade todo tu cuerpo con mariposas que pasan por tu estómago y aquellos pequeños temblores en las piernas, manos y ojos, o bien sudoración en frío. Todo eso y más es parte de los tan terroríficos nervios. 

Pero… ¿por qué sentimos nervios?

nervios y ansiedad

Cuando nos sentimos nerviosos, nuestro cuerpo empieza a experimentar una serie de reacciones físicas y emocionales, preparándonos para una situación de estrés o peligro. 

Este estado de huida, libera adrenalina, lo que genera que nos sintamos de tal forma y a su vez se eleva el cortisol. Aumentando la frecuencia cardiaca, al igual que comienza la tensión muscular, de forma que sintamos que nos paralizamos.

Por ello, te compartiremos algunas medidas que puedes tomar para vencer los nervios cuando tienes una presentación importante, un examen o en cualquier situación que te pueda hacer sentir vulnerable. 

Pero antes…

Es importante que comprendas que los nervios no son malos en sí, al contrario nos ayudan a protegernos y es ahí donde ocurre la magia del cuerpo humano creado por Dios. Ya que,  el cerebro se comunica con el sistema nervioso para comunicarle que está en peligro y que debe protegerse o hacer algo al respecto. 

Ahora sí, aquí tienes esta pequeña guía que te salvará de un ataque nervioso en momentos importantes.

1Introduce a tu cuerpo en un modo de relajación

Existen formas de anticiparse a los nervios, por lo que si vas a tener una presentación delante del público o  una competencia, puedes realizar ejercicios de relajación,  días u horas antes del evento. 

Realiza la técnica 4, 7, 8. Esta técnica consiste en inhalar durante 4 segundos, retener la respiración durante 7 segundos y exhalar durante 8 segundos.

Así como también dite a ti mismo que todo está bien y no hay peligro, respira profundo, también puedes crear una playlist de música relajante, así como también escuchar una meditación guiada. 

2Escribir y dibujar

Un buen ejercicio para calmar los nervios es descargar todos esos pensamientos de ansiedad que te generan nervios, por lo que puedes tener un diario y escribir todos tus sentimientos, ante cualquier situación. 

De esta forma descargarás tu mente y además puedes dibujar en algún espacio de tu cuaderno, desde líneas, hasta garabatos. Existen ciertos ejercicios con técnicas de garabatos para despejar la mente y tranquilizarte.

3Oración

Por supuesto que la oración no puede faltar en esta guía, pues la oración es la base de todo y el mejor antídoto ante cualquier situación. Si no sabes como empezar por nervios, inicia con la oración que el Señor nos enseñó: el Padre Nuestro.

De ahí puedes rezar un misterio o si el tiempo lo permite el Rosario, al igual que platicarle a Dios como te sientes en ese momento y pedirle que calme todos esos sentimientos de nerviosismo. 

Finalmente, puedes escuchar oraciones guiadas en aplicaciones o YouTube, las cuales te ayudarán si no sabes hacia donde dirigir tus nervios. Los Salmos de la Biblia nos pueden ayudar a orar de forma concreta.

4Ayuda profesional

Si detectas que todas los días vives bajo un constante sentimiento de alerta, ocasionada por los nervios y la tensión, sin saber aparentemente por qué, puedes consultar a un terapeuta que te ayude a entender tus emociones y que genera un estado nervioso continuo. 

Esperamos que esta pequeña guía, puede ayudarte a calmar esos nervios que nos acompañan en diferentes situaciones de nuestra vida. Siempre estarán ahí, porque son parte de nuestro cuerpo, pero podemos aprender a controlarlos. Recuerda que los nervios no son malos y que podemos utilizarlos a nuestro favor. 

Karen Hutch, Aleteia 

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