miércoles, 3 de marzo de 2021

¿Soy consciente del daño que hago al hablar mal de otros?

PLOTKA


Hay dos "pecados de guante blanco", así los llama el Papa Francisco: la calumnia y la maledicencia. ¡Y es tan fácil caer en ellos!

«Pueblo pequeño, infierno grande», dice el refrán.

Cada vez estoy más asombrada por lo certera que ha sido, es y será la sabiduría popular. El otro día, un sacerdote contó el siguiente chiste: ”Una feligresa escuchaba una plática que animaba a soñar con el ideal de subir al Cielo de cabeza, sin pasar por el purgatorio. Pero ella confesó que le gustaría pasar, por lo menos, una hora en el purgatorio. El sacerdote, sorprendido, le preguntó por qué, a lo que ella respondió: ¡Para mirar quién está por allí!”. No me quedó ninguna duda de que esa mujer pertenecía a mi mismo ayuntamiento.

Daños en el día a día

En estas líneas, quería reflexionar despacito sobre los grandes pecados cotidianos de los que ninguno nos libramos. Se trata de los pecados de guante blanco, que son las dos variantes de la difamación: la calumnia y la maledicencia. Con la primera no hay ningún género de duda: la calumnia es algo negativo, considerado ilegal por todos. Pero, cuando llegamos a la maledicencia, nos encontramos que estamos bordeando la ley.

El punto 2477 del Catecismo de la Iglesia Católica trata este tema de la siguiente forma: ”El respeto de la reputación de las personas -dice- prohíbe toda actitud y toda palabra susceptibles de causarles un daño injusto. Se hace culpable de maledicencia el que, sin razón objetivamente válida, manifiesta los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran”.

Antonio Guillem | Shutterstock
Hablar mal de otros es un pecado para el que necesitamos tener una conciencia bien formada que nos avise.

Y ahí encontramos la línea que nos permite bordear la legalidad.

  • Primero, como lo que decimos es verdad, no tenemos sensación de infringir nada, de manera que no se irrita nuestra conciencia.
  • Segundo, si nos empeñamos, siempre podemos encontrar “una razón objetivamente válida” que nos justifique.

En esos casos, creo que es bueno que recordemos cómo define el Papa Francisco a estos pecados de guante blanco: atentado terrorista del que nunca en esta vida podrás calcular su daño.

La terrible experiencia del santo Cura de Ars

El Santo Cura de Ars pidió a Dios ser consciente de la maldad de sus pecados, y Dios se lo concedió. La impresión fue tan grande, que le hizo suplicar inmediatamente que le quitase semejante don. Dios también se lo concedió, pero le hizo conservar el recuerdo suficiente de esos instantes para llevarlo al arrepentimiento y a la contrición.

No nos vendría mal que el Santo Cura de Ars compartiese con nosotros algo de ese recuerdo terrible para darnos cuenta, o intuir al menos, el daño que hacemos de manera que, en adelante, nos cercioremos de que nuestras razones para señalar el defecto de alguien son ”objetivamente válidas”, antes de proceder a ello.

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Shutterstock
En la conversación, podemos caer en la maledicencia si no cuidamos nuestras palabras.

En caso contrario, conseguiremos que las víctimas de nuestros atentados sean conocidas por un defecto, por el error de una tarde, o por la desviación de seis meses. Y cargaremos sobre nuestras espaldas con el bien que esa persona nunca podrá hacer por haber sido lapidada socialmente.

Profundizando en esta cuestión, quizá nos vemos a menudo en una situación comprometida. Sabemos fehacientemente que alguien está difamando a otra persona, y nos surge la siguiente duda: ¿se lo decimos a la víctima, para que tenga más cuidado con quien la difama, o nos quedamos callados? Hagamos lo que hagamos, podemos tener sensación de deslealtad.

¿Avisaremos a la víctima de la maledicencia?

Yo, después de haberme visto a uno y otro lado del telón, creo firmemente que lo mejor que se puede hacer es callar. Porque, cuando la víctima de la maledicencia no lo sabe, es sólo eso, víctima, y Dios la defenderá, pues nos prometió que quien tiene sed de justicia será saciado. Mientras que, si se le pone al corriente del daño, es muy fácil que, además de víctima, se convierta en culpable. Culpable de malos pensamientos, rencor, ansias de venganza…, y de todo lo que le pueda nacer en el corazón a causa del dolor. Con esta segunda opción, la estamos alejando del Cielo.

Además, hay que tener en cuenta que, el 80% de las veces, estos atentados terroristas son pertrechados con la única motivación de entretener una tarde de aburrimiento, sin que existan grandes odios que los promuevan. Y la vida suele dar oportunidades para que terroristas y víctimas se encuentren en algún momento, pudiendo incluso, con el tiempo, llegar a ser buenos amigos.

El cuento del carpintero

Cuando me detengo a escudriñar mis pecados de guante blanco, me acuerdo del cuento del carpintero que trabajaba haciendo casitas de madera. Las hacía poniendo muchísimo cuidado en cada detalle. Y, finalmente, llegó el momento en que, tras muchos años haciendo casitas de madera, se encontró cansado, y le dijo a su jefe que quería retirarse. El jefe lo comprendió y, muy agradecido por sus años de servicio, le pidió que hiciera una casita más antes de marcharse.

El carpintero, comprometido por la petición de su jefe, respondió que sí, pero no hizo la casita con el mismo mimo que acostumbraba. Al entregar la casita al jefe una vez terminada, éste le sonrió y le dio las llaves de la misma, porque esa casita era para el carpintero, en agradecimiento a su excelente trayectoria. Y así, como esas casitas de madera, me imagino la caridad, a la que me encantaría dar toda la exquisitez de mi guante blanco.

Mar Dorrio, Aleteia

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10 aspectos de la industria porno que los consumidores desconocen y que de saberlo no lo aceptarían

Tráfico de personas, al abuso de menores, adicción, baja autoestima…

«No estoy en venta»: imagen de una campaña en Arizona contra la prostitución y la pornografía.

 Nos han dicho que hay toneladas de plástico en el océano. En respuesta, los países están diciendo “no” a las tazas de café de un solo uso y a las pajitas de plástico no reciclables. También se ha hecho público que muchas empresas utilizan prácticas laborales poco éticas para fabricar ropa de moda rápidamente: si se fabrican artículos baratos en China o Bangladesh, muchos consumidores quieren saber por quién y si esa persona recibió un salario justo. Entonces, ¿por qué no se mantienen esos estándares en la industria del porno? La pornografía y su efecto negativo en las personas están ampliamente denunciados en la comunidad científica y, sin embargo, vive en esta extraña categoría de ambivalencia, evitada en la conversación diaria, pero ampliamente aceptada como un tipo de “autoayuda”, denuncia la asociación norteamericana Fight the New Drug.

En realidad, la pornografía no agrega nada saludable o positivo a la vida, las relaciones o el mundo de los consumidores. Es más hay suficientes elementos para denunciar este lucrativo negocio: desde el tráfico de personas, al abuso de menores… y, sin duda, muchos de los consumidores, no solo no saben, si no lo rechazarían si lo supieran.

1. La pornografía está vinculada al tráfico sexual

Quizás el argumento más convincente para no consumir pornografía es el vínculo directo entre la industria del porno y el tráfico sexual.

No estamos hablando solo de niños en Tailandia vendidos como esclavos sexuales o de una mujer joven engañada en un burdel con la promesa de un trabajo. El tráfico sexual adopta muchas formas y se puede encontrar en todos los países. A veces, las víctimas son físicamente libres de ir y venir, pero el traficante las mantiene en servidumbre mediante el fraude, la violencia física y la intimidación psicológica. Hay actores porno forzados o coaccionados a realizar actos sexuales en los platós habituales de pornografía. La pornografía también da carta de ciudadanía al trauma y al abuso que sufren las víctimas de tráfico sexual mientras están esclavizadas.

2. La pornografía está vinculada a la explotación infantil

El año pasado, un hombre estadounidense que vivía en Filipinas fue arrestado por abusar de niños en su casa y transmitirlo en vivo a clientes en Estados Unidos, Canadá, Europa y Australia. La mayoría de las víctimas rescatadas eran menores de 12 años. Historias similares como esta suceden a diario en todo el mundo.

Existe el género “porno adolescente”, uno de los términos más buscados en las principales páginas web que ofrecen estos contenidos durante los últimos cinco años. Los actores mismos no suelen ser menores de edad, pero el contenido sexualiza el abuso de menores. Una historia común en esta categoría involucra a una adolescente que es aprovechada por un hombre mayor. Esta es una fantasía tóxica que alimenta el abuso real y finalmente lo vuelvo normal.

3. La industria del porno a menudo se aprovecha de los actores

La industria del porno no cuida precisamente a sus actores. Por supuesto, muchos afirman haber tenido experiencias positivas, mientras que muchos denuncian haber sufrido abusos por parte de otros profesionales de la industria. El mundo del porno no opera con los estándares y regulaciones habituales de protección de los actores. Ese es, quizás, el secreto más grande y oscuro de la industria del porno: no todo lo que sucede está consensuado.

Una popular y galardonada actriz porno, Nikki Benz, fue una de las primeras artistas en hablar sobre su propio abuso y denunciarlo en 2016, y lo hizo al describir el ataque sorpresa que sufrió mientras filmaba una escena en la que protagonista masculino le pisoteó la cabeza y la estranguló, incluso después de que ella gritara “corte” durante la filmación.

4. Los consumidores no pueden saber realmente si la pornografía que se ve está consensuada o no

Mucha gente cree que si una persona está actuando en una película porno, ese consentimiento fue confirmado. Esta es una suposición que no se puede confirmar verdaderamente.

En un intento por establecer el consentimiento entre actores y productores, muchas sesiones comienzan y terminan con entrevistas a los actores. En cámara, describen y aceptan los actos en los que participarán, y una vez finalizada la filmación, filman un acuerdo en el que todo fue de acuerdo con su consentimiento o, de lo contrario, el metraje del día se destruirá.

El problema con estas entrevistas, particularmente las entrevistas finales, es que los actores intérpretes o ejecutantes han admitido haber mentido en ocasiones. Desafortunadamente, existen muchos incentivos para hacerlo. Si sienten que han sido abusados durante el rodaje, no sería seguro abordar esas quejas con su agresor presente en la habitación. Además, aceptar que el rodaje se realizó de acuerdo con su consentimiento garantiza que se les pague por el trabajo y permite seguir trabajando en otras películas.

5. La pornografía puede convertirse en una adicción u obsesión

El consumo continuo de pornografía puede convertirse en un hábito fuerte e intenso. La pornografía afecta el cerebro, el cual motiva a hacer cosas humanas naturales que lo ayudan a sobrevivir, como comer para mantenerse con vida, y una vez comido el cerebro recompensa al cuerpo con dopamina, una especie de químico que da placer para sentirse bien. La dopamina fomenta la repetición del buen comportamiento, pero el cerebro no siempre recompensa las cosas correctas. Cuando una persona está mirando pornografía, engaña a su cerebro para que bombee dopamina como si estuviera viendo una pareja potencial.

A medida que los consumidores de pornografía se vuelven insensibles a las sobrecargas repetidas de dopamina, buscan ese sentimiento una y otra vez. Es un hábito, pero puede convertirse en mucho más que eso.

6. El consumo de pornografía puede escalar a contenido más extremo

La pornografía no solo se convierte en un hábito intenso, que quita tiempo y atención de la vida diaria, sino que también llega a ser un comportamiento que engancha: una persona que desarrolla un fuerte hábito de consumir pornografía con el tiempo desarrolla una tolerancia y una insensibilidad, y para que la dopamina fluya nuevamente, el consumidor busca material más duro o incluso violento, algo que antes podía considerar como inaceptable o “repugnante”, como pornografía infantil.

7. La pornografía cambia la forma en que los consumidores ven a otras personas

Si cree que todo lo que ve en su teléfono o computadora a puerta cerrada permanece oculto, piénselo de nuevo. El consumo de pornografía se filtra en todos los aspectos de la vida de un consumidor, incluido el cambio de ver a los hombres y las mujeres en el mundo.

En un sentido sexual, la pornografía puede alterar las preferencias sexuales de un consumidor hasta el punto de que una persona ya no pueda responder sexualmente de la misma manera a su pareja. La investigación también ha encontrado que ver pornografía afecta las actitudes y creencias hacia las mujeres y las relaciones. Uno de esos estudios concluyó que “en promedio, las personas que consumen pornografía con más frecuencia tienen más probabilidades de mantener actitudes tolerancia a la agresión sexual y participar en actos reales de agresión sexual”.

Obviamente, no todos los que ven pornografía se convertirán en agresores o violadores, pero estos resultados deberían llevarnos a cuestionar su relación con la pornografía. ¿Cómo pudo pasar esto?

Tanto los hombres como las mujeres son cosificados en la pornografía, simples cuerpos con un único propósito: dar y recibir placer sexual.

8. La pornografía debilita la confianza de los consumidores en sí mismos

El consumo de pornografía se ha correlacionado con niveles más altos de insatisfacción corporal. En un estudio, un grupo de universitarios que consumían pornografía calificaron cómo se veían a sí mismos en términos de satisfacción corporal, satisfacción en la relación y bienestar emocional general. Resulta que los chicos que ven porno tienen una menor sensación de seguridad emocional. Es más probable que sientan ansiedad en las relaciones y se retraigan más que los chicos que no consumen pornografía.

Las mujeres también informan una falta de confianza en sí mismas e incluso el odio hacia sus cuerpos después de ver pornografía. Esto no es demasiado sorprendente, considerando cómo la pornografía presenta cuerpos idealizados o mejorados y representaciones inexactas de la sexualidad, lo que hace que los consumidores masculinos y femeninos se sientan poco atractivos e inadecuados.

9. La pornografía es un veneno para las relaciones románticas

Hay un bulo extendido que afirma que ver pornografía en pareja es útil para las relaciones románticas. La realidad es todo lo contrario. Los investigadores han descubierto que el consumo de pornografía hace que muchas personas estén menos satisfechas con la apariencia física, el desempeño sexual, la curiosidad sexual y el afecto de su propia pareja. Con el tiempo, los consumidores tienden a ser menos comprometidos en sus relaciones, menos íntimos con su pareja y menos satisfechos con su vida romántica y sexual. En otras palabras: ver contenido sexualmente explícito puede dañar tu vida sexual real.

10. La pornografía es una fantasía y simplemente no vale la pena

Como miembros de la sociedad, valoramos la verdad y los hechos. Esperamos honestidad en los entornos académicos y no nos gustan los informes falsos, el fraude o la corrupción. Entonces, ¿por qué se consiente la pornografía? La investigación ha demostrado claramente cómo construye fantasías y dice mentiras descaradamente sobre el amor, el cuerpo humano y el sexo, y sus consecuencias pueden ser dramáticas.

Según la pornografía, las mujeres están ansiosas por tener sexo en cualquier momento, en cualquier lugar y con cualquier persona. Según la pornografía, todo lo que los hombres quieren en una relación es sexo, y tienen derecho a ello, incluso si se requiere la fuerza. La pornografía promete satisfacción inmediata, excitación sin fin e intimidad fácil, pero al final, ninguna de las tres es verdad.

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martes, 2 de marzo de 2021

Descubre por qué los niños necesitan rutinas diarias

 

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Las rutinas nos ayudan a establecer horarios y, además, garantizan un buen equilibrio entre las actividades. Por lo tanto, ayudan al niño a desarrollarse a nivel físico y emocional

“La rutina diaria es para los niños lo que las paredes son para una casa, les da fronteras y dimensión a la vida. La rutina establecida da una sensación de seguridad, da un sentido de orden” (R. Driekurs, 2003).

La forma de organizar el tiempo y la manera de relacionarnos con el espacio son muy importantes en nuestra vida diaria. Los niños necesitan gozar de unas rutinas y hábitos para poder sentirse seguros en su entorno. Las rutinas nos ayudan a establecer horarios y, además, garantizan un buen equilibrio entre las actividades. Por lo tanto, ayudan al niño a desarrollarse a nivel físico y emocional.

Es bueno implementar hábitos y rutinas desde temprana edad, pues ayudan a formar el carácter, dan seguridad reduciendo el nivel de incertidumbre, aumentan la autonomía y la confianza, mejoran la capacidad de organización… Además, son muy útiles para algo tan importante como son la convivencia y la cooperación en casa, pues evitan enfados y tensiones innecesarias.

Las rutinas ayudan a los niños en el difícil cometido de aprender a gestionar mejor los cambios de tarea y a adaptarse a las diferentes situaciones. Además, contribuyen a interiorizar la existencia de unas normas que deben respetarse. Todo ello irá, poco a poco, conformando su sujeto interior.

La oración, la alimentación saludable, el orden en el sueño y la higiene son los primeros hábitos que tienen que aprender los niños. Durante los primeros años de vida, los padres tenemos un papel primordial en fomentar las rutinas y hábitos que acompañarán a nuestros hijos a lo largo de toda su vida.

¿Cómo establecer rutinas?

Utiliza una agenda o una pizarra que el niño pueda ver. Elige un lugar visible de la casa para colocarlo y para que sea posible completarlo juntos.

Explícale cada actividad antes de que se realice. Las actividades pueden ir acompañadas de dibujos, pegatinas o colores para que resulten más fácilmente identificables a los ojos del niño.

Planifica la semana de lunes a domingo. El fin de semana puede ser un buen momento para evaluar los logros de la semana ya concluida, establecer los nuevos compromisos y rehacer o reforzar los puntos débiles.

Establece horarios para cada actividad y marca su tiempo. En muchas ocasiones, resulta conveniente que ciertas actividades vayan marcadas por el tiempo. Nos podemos apoyar en relojes convencionales o en relojes de arena especiales para niños. La ventaja del uso de relojes de arena con distinta duración y de diferentes colores, es que los niños pueden asociar colores a diferentes situaciones.

Establece reglas cortas, claras y concisas. Las normas tienen que ser bien comprendidas por parte del niño, para que entienda que es lo que tiene que hacer.

Escucha y dialoga con los niños para empatizar. Cada niño es único y por ello debemos atender y escuchar a nuestros hijos. También tendremos que explicarles las normas establecidas. No todos los niños tienen el mismo ritmo: las rutinas que les propongamos deben adecuarse a su edad y personalidad. Además, si nuestros hijos empatizan con nosotros y captan la importancia de cumplir con las rutinas, comenzarán a realizarlas por sí solos sin que se lo tengamos que repetir una y mil veces.

Se constante. Para que los hábitos funcionen, debemos ser constantes y estables: nosotros también necesitamos organización. Las rutinas ayudan a largo plazo en la familia. Proporcionan tranquilidad y seguridad. Una vez que se ha establecido una rutina, es necesario hacer un seguimiento de ella y, en caso de que no se cumpla, recordar a nuestros hijos cuáles eran sus compromisos. De esta manera, nuestros hijos acrecentarán la virtud de ser perseverantes y responsables.

A través de las rutinas y los hábitos, conseguiremos niños seguros, que acepten los límites y que tengan un perfecto y organizado conocimiento de su entorno. Esto evitará futuros problemas de conducta.

La adquisición de hábitos y rutinas en la infancia fomenta la automatización de pautas y hace que, con el tiempo, esos hábitos se conviertan en valiosas virtudes que nos acompañarán a lo largo de nuestra vida.

Miriam Esteban Benito, Aleteia

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Cómo un Hogar de Cristo cambia la vida

 


Asistamos a un Hogar de Cristo en las Villas de Buenos Aires y comprendamos cómo es posible salir del consumo de drogas y otros problemas

Los vínculos, la mesa común, la libertad, la cercanía con la familia y los afectos, y en ese día a día la vida de Fe, ayudan a que aquellos que padecen adicciones puedan ir dejándolas y mejoren sustancialmente su calidad de vida. No una afirmación de deseo o una intuición observacional producto de una impresión, sino que es el fruto de una investigación llevada adelante por investigadores de la Universidad Católica Argentina en conjunto con la Federación Familia Grande Hogar de Cristo.

HOGARES DE CRISTO
Prensa Hogares de Cristo

Respuesta al consumo de sustancias psicoactivas

La Familia Grande Hogar de Cristo en la Argentina –aunque hay una mirada de admiración, respeto y afecto no se trata de la iniciativa fundada por san Alberto Hurtado en Chile- es una red de centros barriales que tienen como finalidad dar respuesta integral a situaciones de vulnerabilidad social y consumos problemáticos de sustancias psicoactivas. Nació en 2008 en barrios populares de la capital con el impulso de sacerdotes de la pastoral villera y el entonces Arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio.

Para la Semana Santa de aquel año el cardenal Bergoglio daba uno de los primeros signos que marcó a fuego la historia del Hogar lavando los pies de los jóvenes que allí comenzaban a recuperarse, y como recordaban durante la presentación de este estudio, el hoy Papa Francisco proponía dos principios para estos Hogares hoy presentes en 19 provincias. Por un lado recibir la vida como la vida viene, puesto que toda vida tiene un lugar, toda vida es sagrada y valorada. Y por el otro, acompañar cuerpo a cuerpo, poniendo en práctica la parábola del Buen Samaritano, sentándose en una mesa a compartir, a sentir en familia el abrazo de un Jesús cercano.

Desde esos principios, y con un trabajo profesional, interdisciplinar, creativo, y con un profundo sentido de caridad cristiana, se fue creando una experiencia de fe en contextos de vulnerabilidad que hoy está presente en más de 190 centros barriales en todo el país. Y se fueron lavando muchos pies a imagen de Jesús y el hoy Papa Francisco, y en el camino, sanando muchas heridas y cambiando vidas y familias.

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Nadie se salva solo

Y la experiencia, y sus frutos, fue objeto de una completa investigación liderada por la Dra. Ann Elizabeth Mitchell, de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), que no sólo indaga y encuentra resultados que confirman las bondades del funcionamiento de los hogares, sino que también inspira y da pautas para proponer caminos similares en otras circunstancias.

Con entrevistas en profundidad y grupos focales, el equipo de investigación aplicó la metodología QuIP, un protocolo de evaluación del impacto cualitativo que permitió ir identificando en la narración de los jóvenes y adultos recibidos en los hogares los motores y motivos de los cambios desde su ingreso.

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Por ejemplo, si alguien expresaba que estaba consumiendo menos drogas, en su explicación se podía ir identificando los motivos, y tras reconocer la importancia de verbalizar y reconocer la problemática, y escuchar cómo otros la padecen y la encaran, confirmar la importancia de las sesiones grupales de trabajo. Aunque no se expresó en la presentación a la que asistió Aleteia, la experiencia del Hogar, y los hallazgos de esta investigación confirman: nadie se salva solo.

El Hogar, cambia la vida

Pero más allá de la reducción en el consumo, identificada en la amplia mayoría del campo investigado, se advierten otros cambios positivos sustanciales en la calidad de vida, particularmente en las necesidades básicas y la salud. Estas conclusiones ayudan a ratificar el camino del Hogar proponiendo alternativas y soluciones concretas, pero también trabajando con el Estado y otras organizaciones facilitando el acceso a programas ya existentes. También se advirtieron cambios positivos en las relaciones, en la educación, en la perspectiva laboral, en la inserción ciudadana, etc. El 60% de los cambios fueron atribuidos de manera explícita al Hogar de Cristo, y en un 15% de manera implícita. El Hogar, cambia la vida.

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La investigación también identificó cambios negativos, aunque en menor porcentaje, particularmente relacionados con la salud corporal – en algunos casos, quienes van dejando el consumo de sustancias pueden ir identificando cambios en su cuerpo como el sobrepeso.

Otros hallazgos cualitativos valiosos, que pueden proponer alternativas de tratamiento en centros similares, es el valor de la libertad en el tratamiento. En algunos casos, quienes llegan al Hogar ya han pasado por otros espacios de recuperación, pero en el Hogar encuentran por ejemplo la posibilidad de tener un vínculo más fluido con sus afectos, e incluso estar más conectados con lo que ocurre en las calles. Aunque la metodología no apuntaba explícitamente a indagar esta variable, ni compara con resultados de otros estudios, la indagación da cuenta del éxito de esta estrategia de libertad y cercanía con la familia, al menos en la percepción de los entrevistados.

El trabajo durante la Pandemia

En el Hogar de Cristo, sintetiza el estudio, la dimensión relacional y espiritual se convierte en el eje de la trasformación. En los Hogares hay misas, muchos momentos de oración, peregrinaciones… Pero la importancia de la espiritualidad en el Hogar de Cristo no se limita a estas prácticas, sino a como éstas transforman las relaciones y los vínculos.

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Desde la fe y el camino que encaran en el Hogar, los jóvenes y adultos, se escuchó en testimonios, ven los contextos que les eran adversos de otra manera, se entienden a sí mismo ante ellos desde otra mirada, y se proponen cambios e incluso se involucran en cambios para los demás. Aunque no fue parte de la presentación, un testimonio posterior compartido por el padre Pepe di Paola dio cuenta de cómo los jóvenes del Hogar se involucraron durante la Pandemia en la atención de los comedores. Buscando ser protagonistas de un cambio que ellos necesitaban, también fueron protagonistas de cambios que los demás necesitaban. Nadie se salva solo.

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Hay dificultades, puesto que el propio estudio identifica importantes grados de deserción en el itinerario. La situación de extrema vulnerabilidad, en gran medida la situación de calle, afectan la continuidad de los procesos de cambio. Los Hogares de Cristo, en muchos casos arraigados a comunidades parroquiales, no pueden solos. Nadie se salva solo. Pero su método de trabajo, humilde y dispuesto al aprendizaje permanente, inspira y profesionaliza la labor de la Iglesia en la atención de las adicciones.

La Federación Familia Grande Hogar de Cristo quiere hacer las cosas bien, lo mejor posible. Y los frutos son visibles y hasta demostrados en estudios científicos.

Esteban Pittaro, Aleteia

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Cómo comunicarse con Dios

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Una guía para orar que empieza por el desasosiego y la humildad y desemboca en la confianza de un hijo en el amor de su Padre todopoderoso

¡Qué difícil decir nada sobre cómo iniciar y perseverar en la oración! ¿Cómo recomendar pasos, dar criterios, ofrecer consejos?  Es tal la intimidad de la comunicación con Dios que nadie debería poder atreverse a proponer casi nada sobre este importante asunto.

Sin embargo, se ha escrito tanto y tan oportuno y provechoso…

Leyendo a Jacques Philippe, que pertenece desde 1976 a la Comunidad de las Bienaventuranzas, creo que podríamos descubrir el camino de infancia espiritual de santa Teresa de Lisieux. Y desde allí ver que entrar en oración es un paso que exige humildad, que precisa de un abajamiento por nuestra parte y de saber quiénes somos y ante Quién estamos.

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Es bueno invocar al Espíritu Santo para que sepamos, en silencio, a la escucha, andar serenamente atentos para oír lo que el Señor nos dice. No solo hablar, a veces parlotear.

También ir de la mano de María, intercesora de todas las gracias.

Y digo serenamente atentos porque todos hemos llegado a la oración ansiosos, preocupados, centrados en un tema, a veces incluso exigiendo con cierta desesperación que el Señor nos resuelva tal asunto. Y ese no es el modo pues la ansiedad podría ser una forma de desconfianza y quién sabe si también de orgullo.

Tranquilidad, confía…

Por tanto, hay que parar, sosegarse, respirar hondo, muy hondo y unirse a santa Teresa del Niño Jesús en aquella máxima que presidió su vida:

«Mi camino está hecho todo él de confianza y amor».

La oración para Jacques Philippe, siguiendo a santa Teresita, se inicia y discurre por un camino de confianza y abandono en el que se sabe que Dios nos conoce bien y nos ama.

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Nos conoce y sabe qué necesitamos antes de expresarlo. Y a menudo nos olvidamos de este extremo.

Es como ir a ver a un buen amigo, al Amigo. Hay que entrar suavemente, saludarle, mirarle, agradarle con nuestras primeras palabras. Ser cordial, llevar el corazón en la mano. Sin temor.

Adora, acoge

Y como es Dios qué mejor manera de empezar que adorarle y mostrarle nuestra disposición de cumplir su Voluntad. Sin forzarle, sin exigirle, sin tensión ni zozobra. ¡Es Dios y todo lo puede!

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Jeffrey Bruno

Y quizá también descubrir que podríamos estar ante el momento de la prueba, de la Cruz, y entonces solo cabe abrazarla con la consciencia de que es una oportunidad para ofrecer el dolor.

Llegar a la oración, por ejemplo ante el Santísimo, y no andar despacio dando los pasos oportunos es como tener prisa en que el Señor nos resuelva los problemas. No podemos ir a tiro hecho, atolondrados.

Es necesario andar con humildad y agasajarle, decirle que le amamos con todo el corazón. Y sin aspavientos, también presentarnos ante Él en una actitud de adoración, de penitencia, en actos de reparación.

Y también pedir, con delicadeza

Poco a poco, ya muy concentrados, ahí también caben las peticiones, las súplicas, la expresión de nuestros padecimientos y lágrimas. Y Él lo espera. Y Él pondrá aceite en nuestras heridas.

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Si alguien nos viniera a ver a casa y, con angustia y prisas, procediera de este modo nos dolería.

Entonces, ¿cómo no ser un buen amigo de Jesús y agradarle con nuestro trato delicado para darle gloria y hacerle la carga de nuestros pecados más llevadera, para reparar las muchas ofensas que sufre cada día?

Abandonarse en los brazos del Padre

Y acercarse poco a poco, sabiendo que Él es un Padre bueno que nos ama y cuida. Ahí entra la oración de abandono. La santa de Lisieux nos dice explícitamente:

Jesús no pide grandes hazañas, sino abandono y gratitud.

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Entremos en oración con este tenor, gratitud, esperanza, confianza, entregaToda irá bien si nos sentimos sus hijos muy queridos, si amortiguamos los temores y los cambiamos por serena confianza.

«La confianza, y sólo la confianza, debe llevarnos al amor» insiste santa Teresa.

El miedo no es buena guía. El apresuramiento lleno de preguntas y peticiones que a veces parecen reproches con pensamientos del tipo de “¿por qué me sucede esto a mí?” no es el camino.

No es el tono pues Él sabe másy lo ve todo con una perspectiva inmensamente amplia de la que nosotros carecemos. Él sabe mejor qué necesitamos y qué no nos conviene. Y puede que el dolor deba transformarse en ofrenda.

Infancia espiritual

Entonces debemos aminorar nuestras dudas y despojarnos del cinismo que a veces se nos engancha después de haber vivido muchos sinsabores.

Entonces solo cabe hacerse niños. Y los niños se acercan a sus padres, heridos, pero tranquilos pues su padre, su madre lo puede todo.

Y a veces no creemos que nuestro Padre lo pueda todo. La infancia espiritual es el camino, confiar como niños, con la inocencia de los niños que se abandonan en los brazos de su papá.

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Porque así san Pablo nos señala que nos hemos de dirigir a nuestro Padre: ¡Abba, Pater!, en términos muy tiernos, llamándole papaíto.

“Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos la adopción de hijos. Y porque ustedes son hijos, Dios ha enviado el Espíritu de Su Hijo a nuestros corazones, clamando: ‘¡Abba! ¡Padre!’ Por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios” (Gálatas 4:4-6)

¡Somos hijos! Y no extraños. Hijos pequeños que ponen su confianza en Dios sin prisa, sin desapego. Sin traer nada en las manos. Niños que buscan el abrazo de su Padre porque saben que su Padre los espera con misericordia y ternura.

«En verdad os digo, que quien no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él» (Lucas, 17: 17.)

Ignasi de Bofarull, Aleteia

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Cuaresma: De la ceniza volando al cielo

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Un camino espiritual nos conduce desde nuestra fragilidad a los brazos del Padre del cielo

Con el miércoles de ceniza comenzó un nuevo camino por el desierto.

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¿Por qué necesito la ceniza para caminar? Es extraño. Podría comenzar sin necesidad de que nadie pusiera ceniza en mi cabeza. No me embellece, todo lo contrario. La ceniza me habla de muerte, de olvido, de fuego consumido, de vida destruida, de soledad, de desamparo.

¡Cuánta muerte me conmueve en este año de pandemia! ¿Qué necesidad tengo de revestirme de ceniza?

Ceniza para recordar

El oro, la plata, las joyas, las pieles, el maquillaje, la luz. Todo eso me embellece, resalta lo que está vivo. Y yo quiero comenzar con fuerza este tiempo, no sintiéndome muerto.

Porque esas cenizas bendecidas me hablan de la muerte. ¿Para qué las necesito? Y entonces leo una poesía que me da algo de luz sobre este inicio de mi Cuaresma:

«Son hojas verdes mis días. Hojas que caen cada otoño.
Son árboles que se elevan y raíces que se entierran.
Es pasado mi presente y mi futuro es historia.
Desandar no puedo nunca, sólo andar nuevos caminos.
Aprender siempre es posible, desaprender duele hondo.
Olvidar sucede a veces, otras el recuerdo hiere.
No sé bien cómo se empieza de nuevo a tejer los días.
Tras las derrotas crueles, tras la muerte que da vida.
Alguien me recuerda entonces que sólo morir me salva y el que ama da la vida.
En eso consiste entonces volver a nacer de nuevo.
En morir un poco siempre para volver a dar vida».

Es entonces que comprendo el sentido de estas cenizas. Un día fueron ramos de olivo verdes tendidos a los pies de Jesús. Cuando entraba en Jerusalén dispuesto a entregar la vida. Ahora son ceniza bendita.

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Me recuerda lo que es mi vida. Hoy un brote verde, mañana queda sólo el olvido.

Quizás por eso me viene bien recibir la ceniza. Porque tengo una tendencia exagerada al olvido. Ya no me acuerdo de las derrotas y creo que voy a vencer siempre. Ramos verdes, hojas verdes firmes en la rama.

La ceniza me muestra que mi vida es caduca y muere. La vida que no se entrega y muere para dar vida, no merece la pena.

Me revisto de esa ceniza que no embellece. Me hace más humilde, más pobre. Es una ceniza extraña que llena de luz mi alma. Necesito comenzar así este tiempo de desierto, de Cuaresma, estos cuarenta días.

No soy Dios, sino hijo

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Sin esta realidad del amor que se entrega, muere y da la vida, no tendría sentido caminar descalzo el desierto de Cuaresma. No me olvido entonces de lo importante: no soy Dios, soy sólo hombre. Soy pobre. Y no puedo hacerlo todo solo.

Camino descalzo por este desierto cubierto de ceniza. Recuerdo entonces que soy niño, que soy hijo, que soy necesitado. Y que tengo una nostalgia de infinito pegada al alma.

Al recibir la ceniza escucho que soy polvo y que en polvo me convertiré. Y entonces dejo de afanarme por tantas cosas que me quitan la paz.

Descansaré en Dios

¿Para qué me agobio tanto? Cada día tiene su propio afán. No quiero vivir preocupado porque tiendo hacia Dios y un día descansaré en sus brazos.

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Ese pensamiento me libera de esta vida que quiere presionarme para que venza siempre y llegue a la meta antes que ninguno. La vida son dos días y quiero vivirlos con alegría, sin miedo, sin angustias.

Saber que soy polvo me recuerda que mi vida está en las manos de Dios, que no tengo el timón de mis días, que no soy todopoderoso, sino que he renunciado al poder desde mi cuna.

Esa sensación de pequeñez me hace alzar la mirada al cielo y suplicarle a Dios que me sostenga, que no puedo luchar contra mis propios demonios. Esos que habitan dentro de mi alma, esos que me hacen levantarme con ira cada vez que la cosas no son como yo pensaba.

La pequeñez es la condición de hijo que he recibido desde que nací. Si soy hijo necesito a un Padre todopoderoso que me dé la vida. Y como soy pequeño necesito la fuerza de esta ceniza que me recuerda quién soy. Comenta Albert Espinosa:

«Dentro de cualquier pequeño cobarde hay un gran valiente. Todo saldrá bien. Si la contemplas de cerca la vida a veces no tiene sentido. Hay que alejarse un poco y contemplarla desde lejos, con una gran sonrisa».

Una perspectiva de eternidad

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La Cuaresma me ayuda a alejarme un poco de mi vida para contemplarla con sentido. En ese arco que lleva de mi nacimiento a la muerte. Entonces los problemas no son tan graves. Y la vida es mucho más que el miedo presente.

Sólo necesito creer más en Jesús, en su Palabra y cambiar de vida, crecer, ser mejor. Para eso se me regala este tiempo.

Y la ceniza sólo me bendice. Es como esa mirada de Dios que se posa sobre mí para decirme lo valioso que soy ante sus ojos. No soy nada, soy pequeño y a la vez soy el tesoro más grande que puede contemplar Dios.

Por eso se ensancha mi corazón con la ceniza. Decía el papa Francisco:

«La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna«.

La ceniza me enseña a no estrechar mi horizonte. Lo abro, es mucho más amplio. Estoy hecho para el cielo mientras camino sobre el polvo del desierto rumbo a la Pascua.

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Carlos Padilla Esteban, Aleteia 


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lunes, 1 de marzo de 2021

Cuaresma: Cuando el ayuno ayuda a ser más generosos con los demás

 Holding Hands


Es difícil ver de inmediato el vínculo entre la caridad y la obligación bajo la forma de ayuno que la Iglesia pide a los cristianos durante la Cuaresma. Y sin embargo, ayunar puede ayudarnos a amar mejor al prójimo

Mientras que el ayuno que se imponían los judíos se consideraba sobre todo como una práctica ascética destinada a dominar su cuerpo, los cristianos le dieron pronto otro significado. Se convirtió esencialmente en un gesto de caridad fraternal: nos privamos de alimento para darlo a quienes pasan hambre. ¿No es eso lo que se vive aún hoy cuando, el Miércoles de ceniza, los feligreses se reúnen para comer un bol de arroz mientras depositan en una cesta el dinero de los alimentos no consumidos?

Por consiguiente, no faltan los cristianos que se preguntan hoy día si todos estos actos de caridad no son mucho más importantes que el ayuno al que la Iglesia les pide que se sumen durante la Cuaresma y algunos otros días del año. ¿No es la caridad fraternal el gran mandamiento del Señor, igual que el testimonio esencial que nos manda dar? “En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros” (Jn 13, 35).

Las múltiples ventajas del ayuno para el cuerpo y el alma

El ayuno es, no obstante, junto con la oración y la limosna, una de las tres actividades que el Señor nos pide con insistencia cumplir “en secreto” (Mt 6, 1-18) para complacer a nuestro Dios. Por eso, desde siempre, la Iglesia nos propone al comienzo de la Cuaresma adoptar una resolución en estas tres direcciones. Aquí tienes algunos consejos de reflexión para ayudarte a ayunar más.

El ayuno aligera tu cuerpo y tu mente: eliminas la grasa mala, concilias mejor el sueño y tienes la mente más ligera para leer y para rezar. El hambre que sientes los días de ayuno te obliga a pensar en las millones de personas que, en todo el mundo, no sacian su hambre: te sientes entonces obligado a hacer algo por ellos y dejar de “consumir” desconsideradamente.

Como buen alimento, puedes saciarte de la palabra de Dios durante el tiempo que habrías pasado dándote una buena comilona. Siguiendo a Pablo (2 Co 6, 5), puedes conseguir muchas gracias –sobre todo la conversión de los pecadores– ofreciendo a Dios tus ayunos como sacrificios que Le agradan. “Completo en mi carne lo que falta [misteriosamente] a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia”   (Col 1, 24).

Aunque no vayas a anunciar a los cuatro vientos tu rendimiento en este ámbito, vale la pena arrastrarnos los unos a los otros a ser generosos, decidiendo, por ejemplo, ayunar juntos –o al mismo tiempo– varias veces en Cuaresma. Puedes ayudar a tus hijos a privarse también ellos de un postre.

Pero conviene permanecer extremadamente benévolos con respecto a quienes no han comprendido aún la importancia del ayuno en sus vidas. Sería una lástima que un cristiano se impusiera un estricto ayuno pero se burlara de su vecino obeso, todavía incapaz por el momento de dominar su terrible apetito.

Abad Pierre Descouvemont, Edifa Aleteia

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