sábado, 17 de agosto de 2019

¿Qué dicen 3 doctores de la Iglesia sobre vestir modestamente?


Vestir con pudor

Sea en la Misa o en la piscina, todos estamos llamados a vestir modestamente, de manera apropiada a las circunstancias y de acuerdo a nuestro estado en la vida, puesto que lo que usamos retrata a los demás quiénes somos y qué estamos haciendo.

La forma de evaluar el acto moral de vestirse, como en toda teología moral, es mirar el acto en sí, la intención de la persona y las circunstancias que lo rodean. Por ello, te compartimos las reflexiones sobre la virtud de la modestia al vestir de tres doctores de la Iglesia: Santo Tomás de Aquino, San Francisco de Sales y San Alfonso María de Ligorio.

Santo Tomás de Aquino
Santo Tomás de Aquino entendió que la modestia es parte de la virtud de la templanza (véase Suma Teológica, II-II, Q. 160), que es la virtud que nos ayuda a moderar nuestros deseos.

En ese sentido, la templanza nos ayuda a no excedernos en nuestros deseos y a actuar de acuerdo con la razón. Por ejemplo, la usamos para no comer demasiado o muy poco y para ayudarnos a ayunar en días rápidos y comer alimentos de celebración moderadamente en días festivos. La humildad es un tipo de modestia interior: debemos ser honestos con nosotros mismos de que somos criaturas limitadas que necesitan a Dios.

Por ello, cuando Santo Tomás de Aquino habla de modestia al vestir, explica que la honestidad se refleja en nuestra indumentaria, y que esto se aplica a hombres y mujeres, niños y niñas. Lo que usamos retrata algo a los demás sobre quiénes somos y qué estamos haciendo.

Asimismo, Santo Tomás cita a San Ambrosio expresando que “el cuerpo debe ser adornado de forma natural y sin afectación, con simplicidad, con más descuido que esmero, no con ropa costosa y deslumbrante, sino con ropa ordinaria, para que no le falte a la honestidad y a la necesidad, sin embargo, no se agregará nada para aumentar su belleza” (ST, II-II, Q. 169, Art. 1). La forma en que nos vestimos debe ser hermosamente decorada.

San Francisco de Sales
Este santo tiene una explicación similar cuando habla de la elegancia en el vestido, y enfatiza que parecer limpio y ordenado demuestra respeto con uno mismo y con los demás:

“Estudia para ser ordenado y no permitas que nada de ti sea descuidado o desordenado. Es una afrenta para aquellos con los que se asocia el estar vestido de manera inadecuada, pero evite todas las presunciones, vanidades, galas y afectación. Adhiérase lo más posible a la modestia y la simplicidad, que sin duda son los mejores adornos de belleza y la mejor expiación por su deficiencia. (Introducción a la Vida Devota, III.25).

El punto interesante aquí es que vestir modestamente es tanto para hombres y mujeres, y debe enfatizar la belleza que Dios les dio. Si colocamos un marco agradable alrededor de una foto artística o una pintura increíble, cuánto más cuidado deberíamos poner en la forma en que vestimos nuestros cuerpos que han sido dados por Dios.

Si la modestia es una forma de templanza, entonces uno no está modestamente vestido cuando no se viste de manera moderada. Santo Tomás explica que una falta de moderación al vestir es no vestirse de acuerdo con las costumbres de nuestra sociedad y de acuerdo con nuestro estado en la vida. (ST, II-II, P. 169, Art. 1).

San Francisco de Sales también habla de seguir las costumbres de nuestra cultura: es modesto vestirse a la moda y no hacer una demostración de nosotros mismos vistiendo de una manera que se destaque.

Explica que “en cuanto al material y la moda de la ropa, la propiedad en estos aspectos depende de varias circunstancias, como el tiempo, la edad, el rango, aquellos con quienes se asocia; y varía en diferentes ocasiones” (Introducción a la Vida Devota, III.25). Lo que usamos debe coincidir con lo que estamos haciendo.

Por ejemplo, no usaría botas de jardinería y jeans llenos de barro para asistir a la Misa de Pascua, ni trabajaría en el jardín con mi vestimenta de Pascua. Deberíamos vestirnos con la ropa adecuada para saber dónde estamos y qué estamos haciendo, puesto que hacerlo de otra manera sería vestirse deshonestamente y, por lo tanto, ser inmodesto.

Santo Tomás explica que también es inmodesto tener un apego excesivo a lo que usamos, es decir, que tiene más importancia la ropa que usamos que aquello que es realmente importante.

Por ejemplo, si gastamos en ropa más dinero del que se debería, nos estamos enfocando excesivamente en la comodidad de la misma, independientemente de si son necesarias para la ocasión; así como también si pasamos demasiado tiempo pensando y prestando atención a cómo nos vestimos y cómo nos vemos. Podríamos estar demasiado preocupados sobre si nuestra ropa está de moda, o si contrariamente, somos completamente flojos en el vestir.

Es una cortesía para los demás vestirse apropiadamente, bañarse y tener el cabello limpio. Debemos tener humildad en la forma en que nos vestimos, no buscando exagerar o decrecer, sino estar conformes con nuestra forma de vestir de acuerdo con nuestros medios, y no anhelar más de lo que tenemos o necesitamos.

En el artículo 2 de la pregunta 169 de la Segunda Parte de la Suma Teológica, Santo Tomás profundiza en la discusión sobre “el adorno de las mujeres”, donde analiza cómo los hombres y las mujeres pueden inducirse a la lujuria de manera intencional o no.

Primero cita la carta de San Pablo a Timoteo enfatizando la moderación en la vestimenta: “Que las mujeres sepan revestirse de gracia y buen juicio, en vez de adornarse con peinados rebuscados, oro, joyas o vestidos caros. Que se adornen más bien con buenas obras, como corresponde a mujeres que se tienen por piadosas” (1 Timoteo 2: 9-10).

Cuando una mujer está casada, es modesto y correcto que se vista para mostrarle a su esposo su amor por él y su cercanía. De la misma forma, el esposo debe vestirse de manera que complazca a su esposa; de lo contrario, estaría siendo inmodesto.

San Francisco de Sales comparte esta opinión y añade: "La esposa puede adornarse para complacer a su esposo, y es lícito que las doncellas deseen agradar a los ojos de sus amigos". (Vida devota, III.25)

En ese sentido, Santo Tomás también habla sobre mujeres solteras y termina con un punto sobre los hombres: “Pero aquellas mujeres que no tienen esposo ni desean tener uno, o que están en un estado de vida inconsistente con el matrimonio, no pueden, sin cometer pecado, desear dar placer lujurioso a los hombres que las ven, porque esto es incitarlos al pecado. Y si de hecho se adornan con esta intención de provocar a otros a la lujuria, pecan mortalmente; mientras que si lo hacen por frivolidad o por vanidad en aras de la ostentación, no siempre es mortal, sino a veces venial. Y lo mismo se aplica a los hombres a este respecto”. (ST, II-II, P. 169, Art. 2)


San Alfonso María de Ligorio
La intención importa. Ciertamente es pecaminoso inducir a lujuria a alguien o desear darle placer lujurioso a otra persona. Aquí es donde los hombres y las mujeres deben tener cuidado con el vestido.

San Alfonso María de Ligorio analiza esta idea más específicamente que Santo Tomás, especialmente en lo que respecta a cómo la costumbre local en el vestido cambia lo que uno podría considerar un vestido modesto. San Alfonso habla de la moralidad de una mujer que “se adorna a sí misma” y “descubre sus senos”, lo cual era una moda en su época. Explica que si una mujer se viste de acuerdo con la costumbre local y no conoce a nadie en particular a quien pueda llevar a la lujuria, y además no tiene intención de llevar a nadie a desear la forma en que se viste, entonces no está pecando.

“Una mujer piensa que algunas personas en general se escandalizarán por ella, pero no cree que alguien en particular se escandalice por ella, y no tiene la intención de incitar a la lujuria, ni estaría complacida por su lujuria (aunque ella estaría contenta de ser elogiada por ser hermosa), entonces no está obligada a abstenerse de la ornamentación, incluso la ornamentación superflua, como el maquillaje o descubrir sus senos si esa es la costumbre local, y no sería un pecado mortal para ella realizar esto. Sin embargo, es un pecado mortal si el descubrimiento de los senos o la ornamentación eran vergonzosos en sí mismos y estaban dirigidos a provocar lujuria. (Teología moral, Libro 2, Tratado 3, Sobre la caridad, Capítulo 2. 55)

Tenemos que ver si estas formas de vestir se ajustan a nuestras costumbres locales y cuáles son nuestras intenciones al usarlas. De la misma manera, los hombres y las mujeres también deben evaluar el creciente descuido en la vestimenta, y si esa costumbre es apropiada o adecuada para la comprensión de la modestia de las tradiciones católicas.

Es casi imposible establecer reglas duras y rápidas sobre lo que es modesto cuando las costumbres y circunstancias locales siempre están en constante cambio. Pero una aplicación razonada de todos estos principios a cada situación debería ayudar a uno a tomar una decisión moral sobre qué ponerse.

Para Santo Tomás de Aquino, San Francisco de Sales y San Alfonso María de Ligorio, la moda local guía la forma aceptable y modesta de vestir tanto para hombres y mujeres.

Una mujer puede vestirse de una manera que en otras culturas puede ser entendida como inmodesta, siempre y cuando no tenga intención de provocar lujuria. Los hombres también deben considerar esto, en cuanto a si la forma en que se visten provoca lujuria.

Incluso más allá de evitar la lujuria en otras personas, todos estamos llamados a cuidar cómo nos vestimos y a considerar lo que es apropiado y se ajusta a nuestras costumbres. Asimismo, no debemos destacar, sino encajar en nuestra sociedad de una manera hermosa y con decoro.

Traducido y adaptado por Carla Marquina García. Publicado originalmente en National Catholic Register.

ACI Prensa

Hablemos de sexo y lo que sentimos (y ocultamos) las mujeres

Hablemos de sexo y lo que sentimos (y ocultamos) las mujeres


Hace unos días una buena amiga me hizo llegar este artículo (recomiendo leerlo más de una vez), que por muchas razones se quedó dando vueltas en mi mente y en mi corazón. Hoy por fin he podido ordenar un poco mis pensamientos y reflexiones sobre este tema del que creo que aún poco se habla.

El artículo está en inglés, lleva como título Let´s talk about sex and what we keep hush hush (Hablemos de sexo y lo que mantenemos oculto). Es un artículo escrito anónimamente (me puedo imaginar el por qué) que habla un poco sobre la doble vida (sé que suena duro) que llevan algunas (muchas) chicas católicas por miedo al qué dirán y por miedo a sus propias sensaciones y deseos.

Al ver el anterior párrafo de alguna manera suena inquisitorio: chicas, doble vida, deseos. Creo que es importante mantener estos términos no con la intención de juzgar sino con la de exponer lo que pasa cuando la religión se vuelve una postura y no una relación vivida con Dios.

El artículo habla sobre chicas católicas, solteras (no es que las casadas nos libremos de esto) que ocultan para sí mismas y se llenan de culpa y vergüenza por las tentaciones de la carne a las que muchas veces ceden: masturbación, pornografía, relaciones sexuales antes del matrimonio.

Es tal el grado de desagrado que sienten con ellas mismas y el peso de sentirse juzgadas, que si es que se lo confiesan a alguien sería a un sacerdote, cosa que lamentablemente es poco frecuente.

Llevan una carga tan fuerte sobre los hombros, que las termina por conducir a una doble vida porque pareciera que no queda otra salida. Es decir, a los ojos de la comunidad católica a la que pertenecen aparentan pureza, incluso son partícipes de iniciativas sobre el tema, pero tras bambalinas la historia es distinta.

1. Una carga demasiado pesada
1. Una carga demasiado pesada


Llevar esto a cuestas resulta siendo una carga muy pesada a todo nivel, espiritual, psicológico y social. Creo que sucede esto en primer lugar por el tabú que nosotros mismos como cristianos aún tenemos sobre el sexo. No terminamos de entender cómo algo tan hermoso y placentero puede resultar una bendición en un momento y en otro algo tan nocivo y esclavizante que nos puede llegar incluso a impedir vivir la vida en toda su plenitud.

No vamos a entrar a tratar de desenredar ese misterio en este post, lo que vamos a tratar de hacer es proporcionar algunas reflexiones que nos puedan ayudar a ser más auténticas en nuestra vida. Aceptar con mayor naturalidad las reacciones de nuestros cuerpos y ser humildes en reconocer esas fragilidades que no tienen algunas, sino todas, porque todas compartimos la misma naturaleza.

2. Tan solo somos humanas
2. Tan solo somos humanas

Somos mujeres, a las que el creador les ha dado la encomienda y el gran regalo de llevar en el vientre otra vida. No somos seres espirituales asexuados. Vivimos un ciclo reproductivo que necesitamos conocer y reconocer para entender mejor quiénes somos, cómo varían nuestras emociones y también nuestros deseos.

Necesitamos entender que las relaciones sexuales producen placer, un placer hermoso y que no hay nada de malo con saber y reconocer esto. Como todo lo que produce placer, es atractivo, se puede desordenar y eso no te hace ni más ni menos que nadie. Saber que puedes confiarle esto a un sacerdote en confesión y que de ninguna manera tienes que entrar en detalles al confesarlo porque Dios ya los conoce.

Que la única manera de combatir el desorden es de la mano de Dios, porque nuestras propias fuerzas son escasas. No se trata de nunca tener pensamientos impuros, sino aceptarnos con naturalidad entendiendo por qué se presentan y lo que ocasionan a nuestro organismo. Entender que si se está profundamente enamorado, la naturaleza y el mismo amor generan una atracción hermosamente irresistible.

3. El sexo es hermoso, pero no es lo más hermoso
3. El sexo es hermoso, pero no es lo más hermoso

Tener relaciones sexuales con quien amas es hermoso, pero también puede ser desastroso. Así como tener relaciones sexuales pasajeras puede ser altamente placentero, pero luego las consecuencias de esos actos pueden ser altamente perjudiciales.

Puede que un par de jóvenes que se aman profundamente y que seguramente se casarán cedan a la tentación y se amen más puramente que un matrimonio en el que ambos se buscan solo por necesidad o incluso por utilizarse mutuamente. Esas intenciones radican en el corazón del hombre. Y se necesita no solo sabiduría para reconocerlas sino fortaleza y ayuda para volverse a levantar.

La sexualidad es hermosa, pero también compleja. Necesitamos entender eso, necesitamos entender nuestra propia fragilidad para con humildad aproximarnos al Señor y pedirle, mediante la intercesión de Nuestra Madre, no solamente que nos ayude a conquistar la pureza sino a tener compasión con nosotros mismos (lo que de ninguna manera significa condescendencia) y llevar esta batalla de su mano.

4. Aprende a conocerte
4. Aprende a conocerte

Para entender un poco mejor nuestras sensaciones es importante conocer nuestro cuerpo. Conocer sobre los métodos naturales de planificación familiar (te recomiendo esta conferencia sobre el tema) no solo tiene sentido para ser responsable con nuestra fecundidad y poder decidir sobre cuántos hijos podemos y queremos tener.

Es en primer lugar una herramienta para poder conocer lo que pasa en tu cuerpo. Saber que las hormonas que inundan tu torrente sanguíneo van a tener algún efecto en lo que sientes y este efecto responde a un ciclo para el que puedes prepararte. Entendiendo esto es mucho más sencillo hacerse cargo. Entender tu naturaleza de mujer y no enfrentarte a ella sin sentido es mucho más beneficioso de lo que crees a todo nivel.

5. La misericordia de Dios es real
5. La misericordia de Dios es real

Dios te creo mujer, te creo por sobreabundancia de amor. Entiende nuestra naturaleza frágil y su misericordia es real. Él aborrece el pecado, pero ama al pecador. Te va a amar siempre, ten la seguridad de eso. Más allá de cumplir «las reglas» empieza a construir una relación con Él.

Anda, visítalo, habla sinceramente con el Señor, aliméntate de Su cuerpo, frecuenta el sacramento de la reconciliación, mantente a su lado. En cada caída busca volver a Él, una y otra vez, confiadamente, con paciencia y humildad. No estás en esta lucha sola.

Verás, que como lo dice el artículo, la fragilidad y la tentación de la carne son frecuentes. Muchas de tus amigas seguramente pasan por esto, porque todas lo pasamos. Comparte tus experiencias y encuentra valor en las amistades verdaderas, esas que te llevan a Dios para calmar tu espíritu, y encontrar el valor para volver al camino, una y otra vez.

Escrito por Silvana Ramos, Catholic-Link

viernes, 16 de agosto de 2019

Informe sobre la violencia contra los cristianos en India: 110 mujeres y 89 niños heridos en 6 meses


Los nacionalistas hindúes son los responsables de la inmensa mayoría de los ataques contra los cristianos en India
Los nacionalistas hindúes son los responsables
de la inmensa mayoría de los ataques contra los cristianos en India 

En India se producen numerosos casos de discriminación e incluso violencia contra los cristianos. De hecho, el Foro Cristiano Unido (UCF) ha informado que en el primer semestre de 2019 se han producido 158 episodios violentos contra los cristianos en 23 estados de la India. En total 110 mujeres y 89 niños han resultado heridos.
Según recoge la agencia Fides, entre los 158 incidentes registrados por la línea de ayuda, 130 se refieren a ataques o intimidaciones y amenazas por parte de grupos violentos que han golpeado a los fieles reunidos pacíficamente en la iglesia o en centros de oración. "Esto significa que practicar la propia fe se está convirtiendo en una causa de inseguridad en el 90% del territorio indio", se queja el foro.
La "inacción" de las autoridades
El comunicado de la UCF añade que “la violencia sin castigo se ha convertido en norma en un país en el que ningún partido político ha adoptado una postura firme contra la intimidación de las minorías religiosas", denuncia el comunicado de la UCF.
Resultado de imagen de cristianos india
Otra tendencia preocupante, denunciada por la organización, es la negativa de la policía a archivar el "First Information Record" (FIR), es decir, la denuncia contra los autores de la violencia. "Sólo en 24 de los 158 incidentes se ha registrado un FIR contra los perpetradores", lo que evidencia la "inacción policial" en 11 estados gobernados por partidos seculares, y en 12 estados donde hay partidos marcadamente hindúes.
Entre los estados donde se informa acerca de la violencia contra los cristianos, Uttar Pradesh sigue siendo testigo del mayor número de incidentes, con 32 incidentes de violencia denunciados, seguido de 31 incidentes en Tamil Nadu. "El modus operandi seguido en todos estos episodios es siempre el mismo: una multitud acompañada por la policía irrumpe durante la oración gritando consignas, golpeando a los fieles, incluyendo a mujeres y niños. Luego los pastores son arrestados o detenidos por la policía por cargos falsos de conversiones fraudulentas", explica el UCF.
"Nadie debe ser perseguido por su fe"
"Estos casos están tan extendidos que nadie tiene tiempo de condenarlos, ni los políticos, ni la sociedad civil ni los líderes religiosos", añade el Foro. La UCF también observa un aumento constante de la violencia contra los cristianos a partir de 2014. "En 2014 hubo unos 150 incidentes, en 2015 y 2016 hubo unos 200. En 2017 y 2018, hubo 250 y 300 casos respectivamente. En 2019 hubo un promedio de 26 accidentes por mes".
"Nadie debe ser perseguido por su fe. Es preocupante ver que estos horrendos actos sectarios continúan incluso después de una serie de indicaciones dadas al gobierno por el Tribunal Supremo. La policía y los gobiernos locales, responsables de la ley y el orden, deben actuar rápidamente contra cualquiera que promueva la violencia masiva", dice Tehmina Arora, directora de la unidad india de Alliance Defending Freedom (ADF), una asociación comprometida con la protección de los derechos de los cristianos.
Según los medios de comunicación locales, estos actos anticristianos a menudo son llevados a cabo por grupos extremistas hindúes y son fomentados por "discursos de odio religioso"promovidos en la web y en las redes sociales. Según el ADF, los sentimientos y actos anticristianos en la India han aumentado desde que el gobierno federal fue dirigido por el Partido Nacionalista Hindú del Primer Ministro Narendra Modi, que acaba de iniciar su segundo mandato en 2019. En la India hay 966 millones de ciudadanos hindúes, es decir, el 80% de la población india, que es de 1.300 millones de personas; mientras que hay 172 millones de musulmanes (alrededor del 14%) y 29 millones de cristianos (2,3%).


Para mis compañeros sacerdotes

Para mis compañeros sacerdotes


LOS SACERDOTES UN DON DE DIOS
“Recordamos los 160 años de la muerte del santo Cura de Ars, a quien Pío XI presentó como patrono para todos los párrocos del mundo. En su fiesta quiero escribirles esta carta, no sólo a los párrocos sino también a todos ustedes, hermanos presbíteros, que sin hacer ruido ‘lo dejan todo’ para estar empeñados en el día a día de vuestras comunidades. A ustedes, que, como el Cura de Ars, trabajan en la ‘trinchera’, llevan sobre sus espaldas el peso del día y del calor (cf. Mt 20,12) y, expuestos a un sinfín de situaciones, ‘dan la cara’ cotidianamente y sin darse tanta importancia, a fin de que el Pueblo de Dios esté cuidado y acompañado. Me dirijo a cada uno de ustedes, que, tantas veces, de manera desapercibida y sacrificada, en el cansancio o la fatiga, la enfermedad o la desolación, asumen la misión como servicio a Dios y a su gente e, incluso con todas las dificultades del camino, escriben las páginas más hermosas de la vida sacerdotal”.
Con estas palabras comienza el papa Francisco una carta dirigida a todos los sacerdotes que entregan su vida, cada día y por amor a Dios, a Cristo Nuestro Señor, en servicio de los fieles a ellos encomendados. Y con estas líneas quiero unirme a la oración del Papa, bien consciente de que el trabajo y las fatigas, las alegrías y las penas de esos sacerdotes saltan de sus corazones al de Dios, y que apenas los ven y aprecian otras personas. En no pocos casos, ni siquiera sus propios Obispos, pero ellos miran cara a cara a Dios, a Él se entregan en cuerpo y alma, y elevan su mirada al Cielo en el momento de cerrar los ojos a los horizontes de la tierra.
A mi memoria vienen ahora, entre muchos otros con quienes me he encontrado a lo largo de mi vida, estos tres sacerdotes con quienes viví momentos difíciles en su vida de servicio a Dios y a los hombres, en Cristo Jesús.
El presbítero ya bien entrado en años a quien cerré los ojos al encontrármelo muerto en su cama. Vivía solo, en una residencia de ancianos. Nos veíamos todas las semanas, charlábamos un rato, abría su alma, rezábamos por la Iglesia y por la paz  del mundo, además de pedir al Señor que moviera el corazón de tantos pecadores, para que se arrepintieran, pidieran perdón y descubrieran el Amor de Dios.
Estaba un poco apenado porque nadie le iba a visitar, pero no perdía la sonrisa: sabía que el Señor estaba con él y me invitaba a rezar para que sus compañeros de parroquia no acabasen sus vidas como la estaba rindiendo él, y para que el Señor enviase más vocaciones al seminario.
El joven que en su primer encargo pastoral, apenas ordenado sacerdote, que se encontró sólo atendiendo tres pequeños pueblos, que llevaban años abandonados prácticamente de atención sacerdotal. Le conocí en un momento en el que el demonio le tentaba con la desesperación y la conciencia de la inutilidad de sus esfuerzos: parecía que sus oraciones no llegaban al Cielo.
Fuimos juntos a  rezar a una ermita de la Virgen situada entre los tres pueblos, y abandonada desde hacía años. El rezo pausado de un Rosario sentados sobre las ruinas de la iglesita, le dio ánimos para seguir en la batalla. Al cabo de unos meses volví a verle, y me encontré con que ya había conseguido levantar los muros de la ermita, y el campanario lanzaba cantos de paz a los habitantes de aquellos campos: Santa María estaba de nuevo en su lugar y en el corazón de los fieles, y la serenidad y la paz, en el corazón del joven cura.
“En cuanto muera mi madre, cuelgo la sotana y me voy”. Guardé silencio ante aquel sacerdote de unos cincuenta años que estaba harto de los contratiempos de su tarea, de las incomprensiones que tenía con la curia de su diócesis. Faltaban sacerdotes y no habían encontrado ninguno para que le acompañara en sus labores. La atención a su madre le exigía mucho tiempo, y le creaba mucha tensión el no poder atender sacerdotalmente a la gente, como a él le gustaría.
Conversamos unas dos horas, a dos pasos del lecho de su madre que, en la cama, dejaba correr entre sus dedos las cuentas del rosario, con la cabeza ya casi del todo ida. Sabía que la Virgen la escuchaba, y eso le bastaba; y no había dejado de pedirle cada día que su hijo fuera fiel  a la llamada del Señor al sacerdocio.
Pocas semanas después, murió la madre. Todo el pueblo le acompañó en el funeral y en el entierro. Yo estuve a su lado hasta que dejó caer el último terrón de tierra en la tumba de su madre. En silencio volvimos a casa. Ya tenía preparadas las maletas para abandonar el lugar, y “colgar la sotana”.
Me dio las gracias por la compañía; y con una paz que no le conocía desde hacía tiempo, me dijo que las oraciones de su madre le habían llegado al fondo del alma. Y convencido de que su madre seguiría rezando por él en el Cielo, deshizo las maletas y volvió a estrenar su sacerdocio.
Los periódicos no suelen recoger hechos semejantes. No saben que estos acontecimientos son los que mantienen viva la presencia de Jesucristo en su Iglesia. Esa Iglesia que quiere anunciar íntegra la Verdad de Cristo, sin rebajar nada del misterio del vivir de Dios con nosotros y en nosotros, y sin acomodar esa Verdad a los cambios antropológicos y culturales del momento como algunos acomplejados laicos y eclesiásticos pretenden hacer hoy. 
Ernesto Juliá
Recemos juntos con el Santo Cura de Ars por la santificación de los sacerdotes:

Omnipotente y eterno Dios, mira el rostro de tu Divino Hijo y por amor a Él, ten piedad de tus sacerdotes. Recuerda que no son sino débiles y frágiles criaturas, mantén vivo en ellos el fuego de tu amor y guárdalos para que el enemigo no prevalezca contra ellos y en ningún momento se hagan indignos de su santa vocación.
Te ruego por tus sacerdotes fieles y fervorosos, por los que trabajan cerca o en lejanas misiones y por los que te han abandonado.
¡Oh Jesús! te ruego por tus sacerdotes jóvenes y ancianos, por los que están enfermos o agonizantes y por las almas de los que estén en el purgatorio.
¡Oh Jesús! te ruego por el sacerdote que me bautizó, por los sacerdotes que perdonan mis pecados, por aquellos a cuyas misas he asistido y asisto, por los que me instruyeron y aconsejaron, por todos para los que tengo algún motivo de gratitud.
¡Oh Jesús! guárdalos a todos en tu Corazón, concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad Amen.
Sagrado Corazón de Jesús, bendice a tus sacerdotes.
Sagrado Corazón de Jesús, santifica a tus sacerdotes.
Sagrado Corazón de Jesús, reina por tus sacerdotes.
María, madre de los sacerdotes, ruega por ellos.
Dadnos Señor vocaciones sacerdotales y religiosas.

martes, 13 de agosto de 2019

Los NUNCA del Matrimonio

Esposos: revisen juntos los 'nunca'

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Muere Paola Bonzi, la mujer invidente que salvó del aborto a 22.702 niños volcándose con sus madres

El mundo provida italiano está de luto tras el fallecimiento inesperado este viernes de Paola Bonzi a los 76 años de edad. Se encontraba de vacaciones en Brindisi junto a su marido cuando le sorprendió una rápida enfermedad que la llevó al coma y a la muerte de forma muy rápida. Invidente desde los 23 años, estudió magisterio y se especializó en la educación de niños con discapacidad.  

Deja dos hijos y cuatro nietos, y sobre todo deja huérfana la Clínica Mangiagalli de Milán, donde el 12 de noviembre de 1984 inauguró un Centro de Ayuda a la Vida, el primero incorporado a un hospital, donde a lo largo de casi treinta años ayudó a miles de madres con un embarazo imprevisto que encontraron en su calor humano y en los recursos coordinados por ella la razón para proseguir con él y dar a luz un hijo al que consideraban abortar.
En 2014, al cumplir tres décadas de entrega a esa tarea, recogió en un libro 53 de esas historias y lo tituló con una frase que resume su vida: Un día tras otro, un niño tras otro. Hasta sumar 22.702 niños que han llegado al mundo gracias a ella, una cifra ofrecida por la propia Paola en el último post que escribió en su perfil de Facebook, el pasado 29 de julio.
"Para que nazcan los bebés estamos dispuestos a todo", explicaba. Y al pedir ayuda para nuevos proyectos, resumía el impacto de esas historias de amor y vida sobre los mismos colaboradores del centro: "Es imposible compartir historias de lágrimas y luego cerrar la puerta e irse a casa... En estos años no solo hemos envejecido, sino que nos hemos convertido en personas distintas que ya no pueden vivir solo para sí mismas y para su familia, sino que han adquirido la sensibilidad que nos acerca al dolor de otros. La aventura ha sido maravillosa y no puede terminar".
Sin embargo, Paola "repetía siempre que los niños nacían gracias a sus madres, porque es en el corazón de la mujer donde reside el sí a la vida”: así lo afirmó Marina Casini Bandini, presidenta de los Centros de Ayuda a la Vida (que se multiplicaron tras el de Milán), al comunicar su muerte.
Según Giuliano Ferrara, director de Il Foglio, quien fue candidato con ella en las elecciones de 2008 en la lista ¿Aborto? No, gracias, "el sentido de Paola Bonzi por la vida, su capacidad (confirmada por los números) de transmitir a las demás mujeres la facultad de convertirse en madres, comienza en la soledad que conoció en sí misma, en un embarazo suyo lleno de dudas. Y entonces pensó, y luego puso en práctica, que 'lo primero es acoger y escuchar a la mujer' No quería que estuviesen solas".
C.L./ReL

10 cosas que le puedes EXIGIR a un sacerdote


por Estamos en Sus Manos