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sábado, 20 de noviembre de 2021

Matrimonio: Por qué no tenemos relaciones sexuales

COUPLE



Tres opciones para solucionar un problema que cada vez es más frecuente en las parejas. No dejes pasar el tiempo sin poner remedio

Últimamente nos están llegando muchos casos al Instituto Coincidir, pidiendo acompañamiento para solucionar una cuestión tan íntima y personal como son las relaciones sexuales en un matrimonio.

Vienen buscando ayuda porque necesitan solucionar sus diferencias, bien por falta de comunicación o por una comunicación defectuosa y/o destructiva para cada uno de ellos.

Una buena comunicación necesita no sólo saber qué decir y a quién, sino cómo decirlo y cuándo. Por ello, en una relación de pareja no sólo estaremos hablando de dos tipos de comunicación (verbal y no verbal o gestual), sino que entra en juego otro tipo de comunicación mucho más íntima y exclusiva como es una relación sexual.

Vivimos en una sociedad en la que a veces lo urgente hace que no nos demos cuenta de lo importante. No sólo los compromisos laborales inundan nuestra agenda, sino las salidas con amigos, actividades extraescolares, organización en la casa, atender a los niños, practicar algo de deporte, ver alguna serie, etc… y llegamos agotados al finalizar el día, lo que puede provocar un espaciamiento, a veces inconsciente, de los encuentros íntimos de la pareja.

En esos encuentros íntimos se  genera una hormona, la oxitocina, que es la hormona del vínculo. Esta hormona hace que nos sintamos más unidos a nuestro cónyuge cuando mantenemos una relación sexual, unión en el sentido de plenitud.

¿Qué está pasando?

Tanto el hombre como la mujer hemos sido creados con deseo sexual, para amar y ser amados. Cuando uno se enamora, se enamora de toda la persona, no sólo de un cuerpo bonito. La persona es todo, por eso una relación sexual en el matrimonio es la expresión máxima del amor entre un hombre y una mujer.

“Por eso, dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne”.

Mc 10, 12-16

La ausencia de este tipo de relaciones en una pareja puede ser muy variada, desde la distancia física por cuestiones laborales a que exista algún tipo de dificultad física o problema psicológico (depresión, estrés, ansiedad, adicción), etc.

Igual que cada persona pasa por diferentes momentos o crisis evolutivas, un matrimonio puede pasar también por ciertas dificultades en su relación, incluidas las relaciones sexuales y su forma de vivirlas.

Una relación sexual en un matrimonio es la consecuencia de conocerse íntimamente un hombre y una mujer. Es mucho más que un mero acto físico, es la donación y la entrega de dos personas que se conocen y se quieren. Es un encuentro con el otr@, en el que te digo que te amo también con el cuerpo, siendo en esa fusión de TÚ y YO en NOSOTROS, una sola carne, un matrimonio.

El hecho de que este gesto desaparezca en la vida de una pareja, como ya hemos dicho, puede devenir por diferentes causas, por eso en un matrimonio es vital detectar qué está pasando y buscar soluciones.

Tres opciones para arreglar el problema

A veces, la solución pasa por acudir a un especialista. Otras, necesitaremos salir de la rutina para  preparar esos momentos. Y otras muchas, practicar para dialogar de manera constructiva con nuestro cónyuge, dejando a un lado los reproches, los silencios y las faltas de respeto, buscando momentos juntos en los que podamos reencontrarnos y reconocernos en el momento actual, en definitiva, pasando tiempo juntos. Esto no significa que automáticamente resurja la espontaneidad, pero sí sabemos que el roce hace el cariño y a veces, ese roce viene de la mano de las palabras, de los gestos de ternura, del tiempo que dedicamos al otro y de reconocer la valía y dedicación del espos@, de sentir admiración y de hacer cosas por nuestro cónyuge.

Como dice Gary Chapman en su libro los cinco lenguajes del amor, “el número de maneras para expresar el amor dentro de un lenguaje del amor sólo lo limita la imaginación de cada uno”.

El paso del tiempo que puede causar mella en las personas, la fuerza de la gravedad en los cuerpos, las manías o las mochilas de cada uno, no son impedimento para acercarnos a nuestro espos@. A veces, habrá que adaptar nuestra forma de demostrar el cariño, hablando por ejemplo de cómo estás, de cómo estoy, de qué necesito de ti y qué necesitas tú de mi. Escuchando atentamente al otr@, acogiendo. Así, poco a poco irá surgiendo el reencuentro.

Debemos adaptar nuestra forma de mostrar el cariño según lo necesite nuestro amor de pareja.

El dejar las cosas pasar no ayuda a regar esa intimidad, a nutrir nuestro amor más profundo para con la otra persona, ya que el distanciamiento físico, generalmente conlleva distanciamiento emocional y al revés ocurre lo mismo.

Por eso, si detectamos que algo no funciona en nuestra relación, estamos a tiempo de cambiarlo, a querer también se aprende y en el matrimonio necesitamos querer querer.

Ya lo dice el Papa Francisco en Amoris Laetitia, 142: “ Por algo será que un amor sin placer ni pasión no es suficiente para simbolizar la unión del corazón humano con Dios”.

Mercedes Honrubia García de la Noceda, Aleteia


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viernes, 7 de agosto de 2020

Sexo que hace feliz versus sexo que daña

© 

Relaciones de diálogo, donación, aceptación, dignificación, amor o en cambio de uso, posesión, egoísmo, poder, engaño, inmoralidad, adicción, violencia

En consultoría he atendido casos de frustración en la vida sexual de parejas que refiriéndose a ello recurren a la expresión “hacer el amor”.
Ciertamente existen disfunciones de la sexualidad susceptibles de atender, pero viene al caso aclarar la errónea interpretación de que el “amor se hace”, cuando lo profundamente cierto es que en las relaciones íntimas el amor humano “es”.       
“Es” cuando en las relaciones íntimas comparece la encarnación trasparente, noble y entregada de la persona enamorada que puede ser don de sí, y aceptación del otro.
Cuando se ofrece una compañía verdadera que nace de la honestidad contenida en una relación trasparente en palabras y obras, como telón de fondo de una intención amorosa encarnada.
Cuando por el amor, las personas nos autoposeemos para donarnos con lo propio de nuestra naturaleza. Y cuando por nuestra dinámica más excelente -el amor- nada nos dignifica tanto como sabernos y sentirnos amados.
Por ello en la expresión de la sexualidad, el auténtico amor se apoya en el propio conocimiento de nuestros errores y debilidades, para esforzarnos en anteponer la predilección por la persona amada y la unión con ella, a la tentación de convertirla en posesión sometida a un insaciable yo.
Así, el amor es, cuando:
  • El sexo se vive dentro del matrimonio y abierto a la vida responsablemente.
  • El amor que se siente por el otro nace del recto amor a sí mismo.
  • Las personas se encuentran enteramente comprometidas en su ser sin confundir el legítimo placer de la intimidad conquistada con la sola la pasión de amor.
  • Se trata el cuerpo del cónyuge según lo justo a la condición y dignidad de su persona.

COUPLE, BED, LOVE
fotosparrow | Shutterstock

En el tenebroso reverso de la moneda, cuando el amor solo “se hace”, en vez de una manifestación transparente, el cuerpo es la ocultación de la persona.
Entonces se actúa desde el espíritu de la doblez con la fingida manifestación amorosa del cuerpo como instrumento de poder y engaño.
Aparece pronto un impulso carnal desordenado, incontrolable y exagerado dejando al descubierto la deshonesta intención.
Como cuando:
  • Se buscan las relaciones sexuales al margen de un verdadero compromiso de por vida.
  • La sexualidad obedece más a impulsos y fantasías que a la realidad de una entrega personal.
  • Solo se busca la complacencia cosificando el propio cuerpo y el de la otra persona.
  • En las relaciones se busca ante todo sensaciones intensas con el más profundo egoísmo sin importar que se realicen contra natura.
En la codicia por el cuerpo ajeno las relaciones son siempre un monólogo, aun cuando varón y mujer voluntariamente participen.
Y en esas circunstancias es que se forma la espiral de la lujuria.

KRYZYS SEKSUALNOŚCI
Dragana Gordic | Shutterstock

Entonces la persona es movida cada vez más por los placeres carnales sin ser capaz de pensar en las consecuencias o moralidad de sus actos.
Y esto por estar atado por una fuerte cadena en la que sus eslabones son el pecado, la inmoralidad, la falta de libertad… la adicción.
El lujurioso suele ocultar sus intenciones de apropiación y dominación del otro con una estudiada faceta de amabilidad y honorabilidad.
Pero una vez atrapada la presa, fácilmente abre la puerta a los fantasmas de la sospecha, la desconfianza, y el miedo. Lo peor es cuando llega a mostrar su patológica cara de violencia dispuesta al ultraje y la humillación.
Paradójicamente las personas de esta condición se animan a todo con tal de satisfacer sus impulsos, mientras que muestran una grave ausencia de virtudes que lo incapacitan para amar desde la verdadera fortaleza. De ahí su cobardía ante el compromiso y las consecuencias de sus acciones.
Cuando el amor es no hace falta la careta de la mentira, pues las personas se aman de verdad y conocen el inmenso valor del significado personal de la comunicación mediante el cuerpo.
Y son inmensamente felices.
Orfa Astorga, Aleteia

Vea también  Vivir una sexualidad plena en el matrimonio

sábado, 22 de febrero de 2020

Pareja: ¿Sexo como premio o castigo?


En el amor verdadero el sexo es un acto de donación sin condiciones

COUPLE

¿Sexo como recompensa y castigo? ¿Puede ser una herramienta para obtener lo que uno quiere de otro? ¿Puede utilizarse como una forma de condena por un enojo? ¿Es algo que tiene que ganarse? Aparentemente esto ocurre más de lo que pensamos.
El sexo está diseñado para que nos conectemos en un nivel íntimo con otra persona. Y el mejor sexo es el que está lleno de las mejores intenciones. Cuando uno pone al otro primero, quiere estar presente con todo lo que es y vivir ese momento íntimo con el fin de amarle.
Sin embargo, el sexo podría utilizarse para el mal cuando se convierte en un acto para manipular donde no hay sinceridad y se esconden otras intenciones de fondo. Vivido así acaba convirtiéndose en un arma para castigar ante una diferencia, o bien, como una recompensa de acuerdo a lo bien o mal que el otro se haya comportado con nosotros.
Muchas veces es la ira y otras veces es un sentido de control y poder sobre la otra persona. En uno u otro caso, el objetivo es obtener algo a cambio y al final es una forma de abuso no sólo perjudicial para la relación, sino también para la otra persona provocando un daño más profundo y deteriorando la forma en que mostramos y recibimos el amor en el matrimonio.

Hace menos agradable la experiencia

La persona a la que hemos elegido amar no podemos tratarla como un perro que recibe recompensas si hace algo que le pedimos. El sexo no será mejor si hay algún abuso. Las relaciones saludables y de mayor placer son las que se viven cuando uno ama a la persona con la que está comunicando con su cuerpo lo que tiene en su corazón y es fiel a ello.
¿Quién quiere tener un sexo malo en el matrimonio? ¿Quién quiere sentirse forzado o hacerlo porque se lo debe?
Si hay algo en cuestión, es mejor tratarlo por lo que es. Puede haber desacuerdos, pero no por eso se termina el amor en la intimidad. Lo mismo sucede cuando uno hace algo por el otro como una tarea o un favor. No por ello tiene que responder sexualmente.

Destruye la autoestima

Las emociones están involucradas en las relaciones. El sexo es más que pasar un momento divertido. Se trata de respetarse y valorarse mutuamente. Cuando esto se corrompe por utilizar el sexo para nuestros propios fines, la autoestima del otro fácilmente queda dañada.
La otra persona siente que está siendo castigada, que tienes un tipo de interés o actúas por conveniencia. Esto puede hacer que la persona se sienta inferior o incluso usada como ocurre en una relación abusiva.
El sexo es central en el matrimonio. Si este se vive de modo perverso, tendrá influencia también en otros aspectos de la relación y en cómo nos tratamos.

Genera resentimientos

Cuando el sexo es una forma de obtener lo que queremos como por ejemplo la atención, el compromiso o ciertos favores; los fines se centran en las ganancias y en una manipulación personal que pronto comenzará a gestar resentimientos en la pareja, ya que el único medio de conseguir algo es a través de las relaciones sexuales.
Incluso cuando las intenciones sean más auténticas, un comportamiento malo y contrario al amor hecho hábito, deja consecuencias negativas en esa relación. Al final te sentirás exhausto física y emocionalmente, y hasta enfadado con más quejas y menos posibilidades de disfrute. Con el tiempo el sexo dejará de ser algo atractivo.
Cecilia Zinicola, Aleteia

Vea también Bienes y Exigencias del Amor Conyugal




viernes, 22 de febrero de 2019

Una cosa sobre sexo que es urgente difundir

El amor conyugal es un regalo que alimenta el espíritu de los esposos




El amor es el ingrediente principal en la unión conyugal. Y quién es el amor sino Dios. Amor sin sexo seguirá siendo amor, pero sexo sin amor, sin Dios como centro… Piénsalo.
El amor conyugal significa la entrega mutua de los cónyuges, en todas sus dimensiones, como un hombre y una mujer.
A cuántos de nosotros se nos enseñó que el sexo era algo sucio, asqueroso y pecaminoso. Se nos habló únicamente de “lo malo” en vez de enaltecer sus bondades. Y claro, muchos llegamos al matrimonio con nulos conocimientos sobre este. Lo poco que sabíamos era por lo que platicábamos entre los amigos y si bien nos iba, lo que aprendimos en el curso prematrimonial.
El sexo en sí mismo no contiene nada malo, todo lo contrario. Si Dios mismo lo creó quiere decir que en él todo es “bueno y perfecto”. Que es un don, un regalo de su parte para transmitirnos su amor y permitirnos participar de la plenitud de su amor.
Es bueno y se tornará aún más perfecto -pleno- cuando se haga dentro del marco para el cual fue creado, entre uno hombre y una mujer unidos en matrimonio sacramental. Dios mismo le dio ese toque de placer el cual es fruto de esta unión perfecta y nunca su fin.
Cuando no tenemos claro todo esto y elegimos tener prácticas sexuales fuera de su marco sagrado, entonces sí se torna como algo “tóxico”, que nos daña y no conviene a nuestro espíritu. También cuando lo utilizamos como mero objeto de placer; cuando le restamos dignidad y lo ponemos en un plano meramente “animal” dejándonos llevar por pasiones y deseos desordenados; cuando lo vemos solo como un “derecho” -porque es mi cuerpo y yo hago con él lo que quiero- hasta denigrarlo con prácticas tipo Sodoma y Gomorra o masoquistas, entre otras, y no como una dádiva divina.
Aquí el sexo me está restando dignidad como persona y no me está poniendo en comunión con Dios, sino todo lo contrario.
Si de verdad fuéramos conscientes de todo lo que se transmite por medio del acto sexual, de toda la “información” espiritual -por ponerle un nombre- que se comunica por medio de esta entrega…
Y es que no se comparten solo cuerpos, también hay fusión de espíritus, de todo el ser. Todo lo que esa persona traiga cargando espiritualmente se lo va a transmitir a esa otra con la que elija tener relaciones íntimas. Y así sucesivamente con todas las que se haya involucrado.
Te lo explico con un ejemplo.
Ese esposo -le llamaremos Mario- que viaja a Las Vegas por asuntos de negocios le es infiel a su esposa con otra mujer que conoció: Pat. Se “mete” con ella una noche de copas. Total, nadie se va a enterar porque “What happens in Vegas stays in Vegas!”.
¡Sí, cómo no! El señor va de regreso a su hogar creyendo que ahí muere el asunto y que jamás volverá a saber de Pat. Pero no, no va solo y no lo sabe. De hoy en adelante le acompañará toda la historia espiritual de la mujer con la que se acostó.
Peor aún, Pat había tenido intimidad con muchos hombres más. Digamos que era una mujer de una moral muy relajadita y eso de tener sexo la primera noche pues se le daba. Entonces, ella a su vez trae cargando toda la historia espiritual de cada uno con los que se ha acostado, misma que esa noche de copas le transmitió a Mario.Y seguramente, esos que en su momento se involucraron con ella, también lo hicieron con otras más y así sucesivamente.
Como ven Mario no va solito en el avión, ahora le acompaña su gran familia espiritual de quién sabe cuántos miembros. ¡Y no lo sabe! Y te apuesto a que tú que ahora me lees tampoco lo sabías…
Necesitamos recobrar nuestra dignidad como personas y darle a ese acto sagrado el valor que Dios mismo le dio. La intimidad sexual es una “delicia” y no uso esta palabra en la connotación sensible solamente, sino como un gozo que es fruto del amor, del Espíritu Santo.
Es decirle a mi cónyuge: “Quiero ser uno contigo para siempre y quiero demostrarte con cada parte de mi ser cuánto te amo”.
El cuerpo habla, transmite amor y también necesita sentirlo. Es expresarte que por amor estoy listo para darme, para entregarme y recibirte como un todo que somos tú y yo, como una ofrenda de nuestra persona y de nuestro mutuo amor.
De hecho, si observamos el diseño del corporal de uno y de otro nos damos cuenta de que el cuerpo del varón está diseñado para entregarse por entero a su mujer y el de la mujer para recibirle. Hay un embone perfecto.
Hemos escuchado que la frase “hacer el amor” no está bien empleada porque el amor no se hace, sino que el amor ya es y el amor es Dios.
Efectivamente, el amor en plenitud es Dios, pero a este hay que accionarlo, ponerle cuerpo. De hecho, una pareja cuando se casa elige amarse como Dios ama -de manera libre, total, fiel, fructuosa- y hace votos en el altar respondiendo a las preguntas que les hace el sacerdote.
Esas promesas se hacen en el altar y luego esas se cumplen en la noche de bodas cuando se entregan el cuerpo. Es decir, primero fueron palabras, promesas espirituales y ahora las hacemos vida, las llevamos al plano del cuerpo para elevarlas al espíritu y unirnos con Dios.
El sexo -intimidad conyugal- es una renovación verdadera de las promesas nupciales. Esto es, se pone carne sobre las palabras dichas. Por eso esta es una unión santa, sagrada.
Además de ser el signo por medio del cual Dios transmite su gracia sacramental a la pareja, alimenta el espíritu de los esposos. Así como el agua es para el bautismo, la unión sexual es para el matrimonio.
Papás, necesitamos romper este círculo vicioso de desinformación y, peor aún, de mala información que estamos transmitiendo a nuestras nuevas generaciones. Es imperativo que nos “formemos” adecuadamente sobre este tema, con personas e instituciones que nos muestren el sexo como lo que es, un regalo del amor de Dios.
A ver, ¿cuántos de ustedes han estudiado la Teología del Cuerpo” de san Juan Pablo II? ¿Cuántos de ustedes se escandalizaron al leer Hacer el amor es hacer oración y ni siquiera se pusieron a investigar el significado y la profundidad de estas palabras?
Si no nos ponemos las pilas, será el mundo -que hoy por hoy está volteado de cabeza- quien se siga encargando de “formar” -o malformar-  a nuestros hijos. No basta con ser empresarios exitosos o ser eruditos en tal o cual tema, hay que formarnos de manera integral -cuerpo, mente, espíritu- y esto es urgente que lo hagamos ya.
Estamos inmersos en un letargo espiritual impresionante y temas como este -el sexo como mi derecho y sin freno alguno- está secuestrando los corazones y las voluntades de las personas más vulnerables. ¡Despertemos! 

Luz Yvonne Ream, Aleteia