viernes, 2 de octubre de 2026

40 años de una pastoral oficial para homosexuales... que en España casi no se aplica

En 1986, Doctrina de la Fe, en «Homosexualitatis Problema», pedía una pastoral cercana a las personas con sentimientos homosexuales y fiel a la doctrina; eso es Courage, pero en España hay grupos solo en 2 diócesis. Los obispos no han hecho su trabajo.

Amistad cristiana sincera, no sexualizada, basada en la fe, con oración, acompañada por sacerdotes... eso ofrece Courage en muchos países

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    El 1 de octubre de 1986, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó una carta a los obispos (Homosexualitatis Problema, [con firma del cardenal Ratzinger, nota de Rel]) con instrucciones para la atención pastoral a las personas homosexuales. 

    Este difícil “problema” (tal como lo plantea la Carta), lo afronta con esa maravillosa “contradicción” propia de la fe cristiana: verdad y caridad, siempre unidas. No hace falta explicar aquí lo que dice la Carta en materia de doctrina sobre la homosexualidad, pues el Catecismo ya lo resumió muy bien posteriormente.

    Esa claridad doctrinal, un faro que sigue atrayendo conversos en un mundo relativista, choca con una aplicabilidad muy relativa. En Estados Unidos y Canadá la Carta llegó para confirmar una pastoral activa: Courage International, fundado en 1980, se le había adelantado seis años.

    Pero ¿y España? ¿Cumplieron los obispos de la Conferencia Episcopal Española lo que pide la Carta? 

    • “Esta Congregación, por consiguiente, anima a los obispos para que promuevan en sus diócesis una pastoral que, en relación con las personas homosexuales, esté plenamente de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia” (numeral 15).

    Busco y rebusco, y previo a la aparición en 2021 de Courage en Toledo (ahora disuelto por decisión del arzobispo), no encuentro a un solo sacerdote en toda España que fuera nombrado oficial y públicamente para atender a las personas homosexuales. 

    Antes de eso, solo encuentro dos realidades promovidas por obispos y congregaciones religiosas: acompañamiento psicoafectivo y grupos pro LGTB.

    Unos dirán: ¿Qué pasa con los fieles que desean cambiar su orientación sexual para poder formar una familia o entrar al orden sagrado? ¿Acaso no merecen ser atendidos? Otros añadirán: ¿Y qué pasa con los fieles que consideran que el estilo de vida gay no tiene nada de malo? ¿Acaso los tenemos que echar de la Iglesia?

    Preguntas legítimas, pero la Iglesia española se ha centrado solo en estas dos y ha olvidado la más importante: ¿qué hacemos con las personas homosexuales que simple y llanamente quieren ser castas? 

    Es la misma pregunta que se hizo la Carta hace 40 años.

    Y esta pregunta tiene prioridad por varias razones: en primer lugar, porque sí entra dentro de los parámetros de la Iglesia. La sanación psicoafectiva o la teología queer, aún si pueden ser realizadas por miembros de la Iglesia, son pretensiones extra-eclesiales. La labor de la Iglesia es acompañar personalmente a cargar con la cruz. Sanación psicológica y lucha social pueden venir después, ya en una salida al mundo donde el clero ni pincha ni corta.

    Segunda razón, porque el grupo que la Carta y el Catecismo sí llaman a atender es mucho mayor: aquellas personas que todos conocemos y nadie nombra, presentes en todas partes —clero, familias, seminarios, parroquias, monasterios, conventos— y que cargan por defecto con incomprensión y soledad, caminando entre la deshonestidad o el rechazo.

    Repetidamente me encuentro a sacerdotes jóvenes y bien formados, que reconocen que su única formación sobre la atracción al mismo sexo se había limitado a cuestiones psicológicas, y que era una sorpresa para ellos la posibilidad de que un laico abrace una soltería casta y feliz. 

    ¡Cuánto bien espiritual habría surgido si desde los años 80 se hubiera aplicado la Carta sin más, afrontando la cuestión homosexual con naturalidad!

    Y he aquí una ironía clerical: ahora que las llamadas “terapias de conversión” son sistemáticamente perseguidas, la CEE viene a quejarse de que se está atacando su atención espiritual a las personas homosexuales, haciendo énfasis que eso no tiene nada de terapéutico. 

    Que me disculpen los señores obispos. ¿Qué atención espiritual? 

    Aparte de unos silenciosos grupos de Courage en dos diócesis, ¿actualmente quién está atendiendo en España esta realidad que afecta a miles de fieles?

    Aunque sea con 40 años de retraso, el remedio sería sencillo: que cada diócesis tuviera al menos un sacerdote encargado públicamente de esta pastoral, que los seminarios formaran en el tema sin eufemismos, que se apoyara con estabilidad a iniciativas como Courage. 

    Más allá del confesionario y del director espiritual, ¿qué puede hacer hoy una persona homosexual para vivir en castidad? 

    ¿Habrá algún día un solo sacerdote que en nombre de la Conferencia Episcopal Española pueda decir “yo respondo”? 

    • Lorenzo Carrera Bloise es miembro de Courage y contó su testimonio personal en el blog del P. Jesús María Silva, aquí en ReL.

    Lorenzo Carrera Bloise, ReL

    Vea también      Los homosexuales pueden cambiar

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