viernes, 16 de octubre de 2026

La increíble historia del mendigo que donó más de 4 millones de euros a iglesias y monasterios

Dobri Dobrev terminaría convirtiéndose en el mayor benefactor de numerosas iglesias y monasterios de Bulgaria.

Lo más sorprendente de su historia es que decidió hacerse mendigo por motivos religiosos.

Lo más sorprendente de su historia es que decidió hacerse mendigo por motivos religiosos.

    Cada mañana emprendía una caminata de veinte kilómetros para pedir limosna. Vestía siempre de negro, llevaba una larga barba blanca y apenas poseía nada. 

    Quienes lo veían en las calles de Sofía (Bulgaria) pensaban que era simplemente un anciano pobre que intentaba sobrevivir. Muy pocos imaginaban que aquel mendigo terminaría convirtiéndose en el mayor benefactor de numerosas iglesias y monasterios de Bulgaria.

    Mendigo por vocación

    Su nombre era Dobri Dobrev, aunque para la mayoría era simplemente el "Abuelo Dobri". Falleció en 2018 a los 103 años, pero su recuerdo sigue vivo y muchos búlgaros llegan a considerarlo un auténtico santo popular por una vida marcada por la pobreza voluntaria, la generosidad heroica y una profunda fe cristiana.

    Vivía con una pensión de 95 dólares al mes.

    Vivía con una pensión de 95 dólares al mes.ARCHIVO

    Lo más sorprendente de su historia es que decidió hacerse mendigo por motivos religiosos. Mientras gran parte del mundo identifica la pobreza con una desgracia, Dobri la abrazó como una vocación. Durante décadas se dedicó a recoger donativos que después entregaba íntegramente para la restauración de templos, monasterios y obras de caridad.

    Su imagen se hizo inseparable de la catedral de Alejandro Nevski, en Sofía, uno de los lugares más emblemáticos de la Iglesia ortodoxa búlgara. Allí permanecía largas horas recibiendo pequeñas monedas de los viandantes. Sin embargo, el dinero rara vez pasaba por sus manos para beneficio personal.

    Solo a la catedral llegó a donar más de 25.000 dólares. Distintos monasterios e iglesias del país también recibieron aportaciones que oscilaron entre varios miles y más de diez mil dólares. Algunas estimaciones sostienen que a lo largo de su vida entregó millones de dólares obtenidos gracias a las donaciones recogidas entre la gente corriente.

    Su capacidad de sacrificio impresionaba incluso a quienes lo conocían bien. Cada día recorría cerca de veinte kilómetros entre su pueblo natal de Baylovo y la capital búlgara para continuar su misión. Era un caminante infatigable que transformó la mendicidad en una forma radical de servicio.

    La vida de Dobri tampoco estuvo exenta de sufrimiento. Su padre murió durante la Primera Guerra Mundial y fue criado por su madre. Años después, durante los bombardeos de Sofía en la Segunda Guerra Mundial, una explosión próxima le provocó una pérdida casi total de audición que arrastró durante el resto de su vida.

    Lejos de endurecerlo, aquellas dificultades parecieron fortalecer su compasión. Los niños lo adoraban y los animales se acercaban a él con confianza. Quienes se cruzaban en su camino no solo le entregaban una limosna: muchas veces le pedían una bendición.

    En un país donde la corrupción ha sido durante años una preocupación recurrente, Dobri se convirtió en un símbolo moral. Su figura empezó a difundirse a través de los medios de comunicación y las redes sociales como ejemplo de una generosidad absolutamente desinteresada.

    La admiración popular alcanzó tal nivel que en 2013 fue reconocido como personalidad del año por una agencia de noticias búlgara. Para muchos ciudadanos representaba la prueba de que todavía existen personas capaces de vivir para los demás sin buscar fama ni recompensas.

    Quizá el detalle más impactante se descubrió tras su muerte. Cuando entraron en la humilde habitación donde vivía, situada junto a una iglesia de Baylovo, encontraron muy pocas pertenencias. Aunque tenía una cama, prefería dormir en el suelo. Sobre una mesa descansaban sus escasos bienes: un trozo de pan y medio tomate.

    Mientras había entregado enormes cantidades para restaurar iglesias y ayudar a otros, él subsistía con una pequeña pensión mensual equivalente a unos 95 dólares.

    Hoy, años después de su fallecimiento, un gigantesco mural de diez plantas en Sofía mantiene viva su memoria. También continúan las voces que piden su canonización. Para muchos búlgaros, aquel anciano que parecía no tener nada fue, en realidad, uno de los hombres más ricos espiritualmente de su generación. 

    • (ReL publicó sobre la figura de Dobri Dobrev ya en 2013, y de nuevo en 2018, cuando murió, pero este artículo de 2026 amplía la información y su contexto).
    • ReL



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