Jaime Montoya, autor detrás del himno para la visita de León
XIV a Perú, cuenta a Aleteia cómo nació la canción que estuvo a punto de no
escribir
Cuando Jaime Montoya se enteró de que había
ganado el concurso con una canción dedicada al Papa León XIV, para su visita a Perú, apenas podía creerlo. Detrás del
reconocimiento no estaban solamente unas semanas de composición y ensayos a
distancia, sino más de 30 años dedicados a la música católica.
Lo más curioso es que, por poco, decide no participar.
Jaime vio la convocatoria “León de la Esperanza”, impulsada
por el Instituto Nacional de Radio y Televisión del Perú (IRTP), la Conferencia
Episcopal Peruana y el Arzobispado de Lima, a finales de mayo. Y aunque le
interesó, sabía que había una dificultad: actualmente reside en Barcelona,
España. Al saber que tendría que estar en Lima en caso de ser finalista,
decidió no continuar.
Sin embargo, apareció la posibilidad de trabajar con un coro
a distancia. Nuevamente dudó, hasta que una de sus integrantes, Carla,
insistió: “Nosotros nos arreglamos. Tú dinos y lo hacemos”. Así fue como empezó
a trabajar en la melodía junto al Coro Aguchita.
“Lo veo como oportunidades que a veces el Señor te da: te da
la primera y la rechazas, la segunda y la rechazas, y en la tercera te agarra y
te manda a estar ahí, como Jonás”.
Una canción a contrarreloj
Aunque lleva décadas haciendo música, reconoce que escribir
letras suele ser la parte que más se le dificulta. Una canción puede tomarle
tres o cuatro meses, pero esta vez tendría apenas un par de semanas para
completar todo el proceso.
Primero terminó la melodía. Para crear la letra imaginó a
los fieles viendo pasar al Pontífice y gritando “¡Papa León!”, seguido por una
respuesta: “hermano del camino”.
A partir de ahí, las palabras comenzaron a fluir y escribió
la canción en tres o cuatro días. La grabó y la envió al coro para que pudieran
ensayarla y grabar sus voces. Como ellos estaban en Perú y Jaime en Barcelona,
la diferencia horaria convirtió los ensayos en todo un reto: cuando el coro se
reunía a las ocho de la noche, para él eran las tres de la madrugada.
“Nos conectábamos [por videollamada] para repasar y luego
entrar a un pequeño estudio a grabarlo y enviarlo. Decidimos probar suerte.
Nosotros los compositores tenemos fe en nuestra canción porque nos gusta y
sabemos que puede ser elegida. Fue muy intenso. La disponibilidad de los chicos
y tener esa disposición para dar el talento que Dios te da al servicio ayuda
muchísimo”.
“Hermano del camino”
Para escribir la letra, Jaime investigó la vida de Robert
Prevost y su labor misionera en Perú. Le llamaron especialmente la atención las
imágenes del entonces misionero recorriendo caminos difíciles y atravesando
zonas inundadas para llevar ayuda a las comunidades.
Aquello le mostró a un pastor dispuesto a salir de la
comodidad para encontrarse con los demás. Por eso quiso presentar al Papa, no
como una figura distante, sino como alguien que camina junto a los demás
cristianos.
“A veces tenemos la tentación de ver que el sacerdote -o
Dios- solo está en el templo, pero es el sacerdote y es Dios quien va a la
búsqueda y a la ayuda del pueblo. Esto es un poco lo que veía de la vida del
ahora Papa León”.
Musicalmente también quiso conservar sus raíces. Hijo de
padre ayacuchano y madre piurana, Jaime eligió la saya, un ritmo del altiplano
de Perú y Bolivia que conoce bien tras décadas fusionando música católica con
sonidos andinos. Encerrado en su cuarto en Barcelona, armó la maqueta
instrumental integrando quena, zampoña, charango y bombo.
Todo este proceso fue dando forma a la intención detrás de
la canción: transmitir a quien la escuchara que el Papa León y los fieles
forman parte de una misma familia.
“Eres mi hermano, somos iguales ante Dios; no es solo que
nos indiques el camino, estás en el camino y nos ayudas y empujas a caminar”.
Un camino que comenzó a los 14 años
El premio es más que una hermosa melodía de tres minutos: es
el reflejo de toda una historia.
Cuando Jaime tenía 14 años participaba en el coro de su
parroquia. Más adelante, su párroco le ofreció asistir a un curso de
preparación de coros. Allí conoció al Grupo Siembra, cuyos músicos ya admiraba.
Al terminar el taller, su director le comunicó que buscaban
un nuevo integrante. Meses después, Jaime fue elegido. Él no podía creerlo.
Con Siembra llegaron los viajes por Perú, las grabaciones,
los festivales y las giras internacionales. En 1995 recorrieron durante dos
meses España, Italia, Suiza y Francia. “Esa ha sido mi formación y mi vida
musical”, explica.
Décadas después, aquel recorrido culminó en una canción que
casi no llega a escribir. Sin embargo, aquella melodía parecía destinada a ser
escuchada: terminó por ganar el concurso.
Ahora, a unos meses de la llegada de León XIV a Perú, Jaime
alista su regreso a su país, donde espera reencontrarse con sus raíces y
participar en las actividades en torno al himno.
“Tenía fe en la canción, pero saberte ganador entre tantas
canciones presentadas te da un regocijo enorme, una alegría inmensa y un
agradecimiento a Dios”.
Y quizá por eso su canción habla precisamente de caminar: de
un Papa que acompaña, de una Iglesia que sale al encuentro y de una fe que,
para Jaime, se vive junto a los demás.
Yohana Rodríguez, Aleteia
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