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Pablo de Maio
Pablo de Maio es un católico argentino que experimentó una impresionante conversión gracias al arcángel san Miguel. Tal fue la potencia de lo que vivió que ahora vive entregado en recuperar la devoción al príncipe de la milicia celestial. Sobre esta conversión y la importancia del arcángel en la vida de los cristianos habla en esta interesante entrevista con Isabel Molina en la revista Misión.
Yo venía de un estilo de vida pernicioso, en situación de pecado grave permanente, cuando el arcángel san Miguel entró a mi vida en abril de 2010. Estaba abocado a la lujuria, a las relaciones informales. Pero mi incongruencia era tal que, aunque estaba alejado de Dios, iba a Misa. No comulgaba, pero iba a la iglesia. Y en un momento determinado comencé a rezar el Rosario todos los días, porque algo me decía: “Por aquí te estás perdiendo”.
Un día me desperté para ir a trabajar y el pensamiento de san Miguel me martillaba la cabeza. Tal es así que cuando llegué a la oficina fui a una tienda de imágenes católicas y compré la primera imagen de san Miguel que tuve. Ahí empecé a investigar sobre el papel preponderante de este arcángel en la economía de la salvación humana y en la historia de la humanidad.
Nunca. Antes de que san Miguel llegara a mi vida yo buscaba a la Santísima Virgen María para tener un encuentro personal con Ella. Por eso comencé a rezar el Rosario. Ella me llevó al Arcángel para iniciar mi proceso de conversión, porque yo vivía en un vicio del que es muy difícil salir. Hay personas que viven en situación de adulterio o de fornicación y creen que es normal, pero los pecados de la carne carcomen el alma y arrastran a muchas almas a la perdición.
Tan pronto empecé a leer sobre san Miguel, me encontré con la Coronilla Angélica y comencé a rezarla por mi cuenta. Esta oración fue pedida por el propio san Miguel a la carmelita portuguesa Antonia d’Astonac. Aunque mucha gente no la conoce, después del Rosario, esta coronilla es fundamental para fortalecernos en el combate espiritual hasta el día en que cerremos los ojos definitivamente. Consiste en nueve salutaciones angélicas en honor de san Miguel y de todos los ángeles.
El 29 de septiembre de ese mismo año, fiesta de los santos arcángeles san Miguel, san Gabriel y san Rafael, fui a la Parroquia de san Miguel Arcángel en Bartolomé Mitre, un templo de más de 225 años aquí en Buenos Aires. Esa visita fue el sello de oro. Yo ya venía investigando sobre san Miguel, pero aún no me había metido de lleno. Cuando entré en la iglesia y miré a la derecha, donde está la imagen de san Miguel en una pintura bellísima y antiquísima, sentí una fuerza que me hizo ponerme de rodillas automáticamente. Y algo me decía: “Reza, reza, reza”. Fue un antes y un después.
Comprendí cuánto había ofendido a Dios y al prójimo, porque el cuerpo es templo del Espíritu Santo, como dice san Pablo, y si ya estaba mal dañar mi propio cuerpo, era peor dañar el cuerpo de los demás. Me puse a llorar. Era como si san Miguel me metiera su espada y me extirpara un tumor maligno; me hizo una cirugía espiritual. Ese fue el inicio de mi conversión hacia una madurez espiritual, que es una de las funciones de este arcángel.
Cuando uno comienza un proceso de conversión tiene que dar un paso inicial: poner lo suyo para hacer una renuncia a todo lo viejo y putrefacto para abrazar lo nuevo y santo que viene de Dios, porque Él es misericordioso y justo, pero no hace “magia”. En ese proceso, san Miguel se encarga de educarte y de darte fuerza para el combate espiritual incluso mientras duermes porque la tentación va a seguir estando y cuanto más quieras acercarte a Dios, puede hacerse más fuerte. El demonio no quiere perder un alma. Él es astuto y sabe cómo tentarte. Cuando yo empecé este proceso se me aparecían mujeres bellísimas. Para combatir la tentación recomiendo leer El combate espiritual del padre Lorenzo Scupoli, una lectura obligada para todo cristiano. Es un libro maravilloso que san Francisco de Sales llevaba consigo.
Tras mi conversión comencé a ayudar al padre Carlos Mancuso, un exorcista muy reconocido que fue mi director espiritual hasta que falleció. Colaboré con él en más de 2.000 exorcismos, y recuerdo que en uno de ellos un demonio me dijo: “Si dejas de hacer esto, te doy oro”, porque durante muchos años yo también corrí detrás del dinero.
Él es muy celoso de sus devotos y los defiende. Por eso está representado como un guerrero, con espada y hábito romano; también es celoso de que cumplamos los mandamientos y las bienaventuranzas; y es maestro de obediencia, una virtud que es protección, porque todo lo que se aleja de Dios se corrompe. Yo me alejé de Dios y fui corrompido por el espíritu de la lujuria y de la mentira. El demonio, que desobedeció por soberbia, te promete independencia, pero lo que te da es separación. En cambio, san Miguel, siempre que lo invoques con recta intención, te acerca a Dios y a la Virgen María, Reina y Señora de todo lo creado, también del mundo angélico.
Que está íntimamente ligado a la Eucaristía, en la sagrada comunión y en la adoración eucarística. El mismo san Miguel te lleva a la Eucaristía. Poco tiempo después de abrazar la devoción, sin darme cuenta, estaba adorando la Eucaristía y comprendí el sentido de la Santa Misa. Hoy la Misa y la Adoración no me pueden faltar.
El devoto de san Miguel es firme en la oración y en la confesión frecuente. Muchas personas me dicen: “Yo le pido perdón a Dios y ya está”. Y les respondo: “Entonces dile a Dios que te dé la comunión”. La soberbia nos hace creer que no necesitamos de este sacramento, pero sin la reconciliación no habría salvación. Por eso, para iniciar un proceso de conversión, recomiendo hacer una confesión general: prepararla con un buen examen de conciencia y escribir la propia historia de vida desde el punto de vista espiritual. Y, por último, el devoto propaga la devoción a san Miguel, porque al abrazarla no puedes quedártela para ti mismo.
En 2014 llevé a Roma una petición, respaldada por muchísimas firmas, para que se restableciera la oración a san Miguel al final de la Misa. Me gustaría reiterar esta petición al Santo Padre León xiv, pues es un deseo que nace de lo más hondo de mi corazón. Estoy convencido de que recuperar esta oración sería un golpe decisivo contra Satanás. También quisiera invitar a todas las parroquias a tener una imagen de san Miguel porque él protege no sólo el sagrario, sino también a toda la comunidad parroquial. Si se encomiendan a él verán que muchas cosas comienzan a cambiar.
ReL
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