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domingo, 6 de octubre de 2019

Privilegios de los que solo puede gozar una pareja casada y no una que vive en unión libre

Vivir juntos antes de casarse parecería tener sus ventajas. Permite pasar más tiempo juntos, conocer aspectos de la otra persona que solo se ven cuando está en su «hábitat», y también ver si ambos son lo suficientemente compatibles como para comprometerse a vivir juntos para toda la vida. Y si la cosa no funciona, mejor saberlo antes de asumir un compromiso definitivo. 
Vista así, la decisión de vivir juntos parece una win-win situation —en la que todos ganan—. En efecto, se tendría todos los privilegios del matrimonio, pero sin los riesgos de comprometerse para toda la vida. ¿Esto es así? ¿Hay acaso privilegios a los que solo se accede en el matrimonio? Creo que sí. Intentaré exponer tres en este artículo. Pero antes, una aclaración.

Hablemos claro

Antes de casarse, uno no conoce totalmente a la otra persona: conoce solo lo suficiente para animarse a dar ese paso juntos. El hecho de empezar a vivir juntos permitirá que cada uno vaya descubriendo aspectos del otro que no conocía. Se irán conociendo cosas buenas, que harán que la convivencia sea más agradable.
Pero se conocerán también cosas de la otra persona que tal vez no sean tan agradables. Algunas de estas podrán irse mejorando; sin embargo, habrá que aprender a vivir con otras que no puedan cambiarse por ser parte de la «esencia» de la otra persona. De ahí que empezar a convivir genera siempre cierta incertidumbre.
Cuando uno se casa, se compromete a amar a la otra persona hasta la muerte. No se trata de un amor entendido como un sentimiento, porque no es posible comprometerse a sentir cosas fuertes por alguien, ya que los sentimientos no son algo que se pueda controlar libremente.
Solo un amor entendido como decisión puede durar toda la vida —decisión de buscar el bien y lo mejor para la otra persona—. El amor consiste, pues, en una elección: «te elijo a ti, elijo comprometerme a buscar tu bien».

1. Una elección permanente

En el ser humano, ninguna decisión es definitiva. Uno permanentemente aprende cosas nuevas, lo cual hace que pueda cambiar de parecer respecto de decisiones ya tomadas. Una relación de pareja no es la excepción. ¿Cómo sé que la otra persona no se va a despertar un día sintiéndose diferente? ¿Cómo sé que no voy a cambiar de opinión respecto a esa persona?
Al casarse, uno asume un compromiso para toda la vida. Pero uno no se compromete a que sus sentimientos hacia la otra persona no vayan a cambiar. De hecho, van a cambiar, pues la vida matrimonial no está libre de dificultades. A lo que uno se compromete es a renovar la elección del otro —el «sí acepto» del matrimonio— todos los días. Y esto es algo que uno sí puede sostener incluso cuando los sentimientos momentáneamente son adversos. 
Antes de casarse, ninguno de los dos sabe si le va a gustar lo que empiece a descubrir del otro. Que les guste todo o no es algo que ninguno puede controlar. Lo que sí saben ambos es que asumen juntos el compromiso a volver a elegirse todos los días «en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, durante toda la vida». Este es un privilegio de los esposos. No se está juntos para ver si la cosa funciona, sino para hacerla funcionar. El amor matrimonial empieza a debilitarse cuando se olvida que la elección del otro debe renovarse todos los días.

2. Una donación total

En el amor de pareja, la búsqueda del bien de la otra persona está llamada a ir adquiriendo progresivamente la forma de una donación. «Busco tanto tu bien que te entrego lo mejor que tengo: te entrego mi persona». En la medida que esta donación es recíproca, es inseparable de la aceptación del don que la otra persona hace de sí.
Llevado esto al matrimonio, el amor matrimonial no solo adquiere la forma de una elección permanente, sino también de una donación. La vida matrimonial no es otra cosa que un estado de donación y aceptación permanente. ¿En qué consiste la vida matrimonial? En amar entregándose mutuamente todos los días. De ahí que las expresiones «soy tuyo» o «soy tuya», dichas comúnmente en el marco del amor, tienen un significado más fuerte en el matrimonio.

3. Se vive el verdadero significado que tienen las relaciones sexuales

Las relaciones sexuales son casi inevitables en toda convivencia. Sin embargo, en el matrimonio adquieren un sentido particular: vienen a expresar el estado de donación permanente que supone la vida matrimonial. «Te entrego mi cuerpo como expresión de la entrega permanente y total de mi persona», «recibo tu cuerpo como expresión de la aceptación permanente y total de tu persona» (te recomiendo la conferencia online: «¿Hasta dónde llega un católico en la cama?»).
Este es otro privilegio de los esposos. La donación permanente que cada uno hace de su persona se expresa y se hace más fuerte con la mutua entrega de una relación sexual.
Puedes leer más artículos sobre estos temas entrando a www.amafuerte.com

Daniel Torres Cox, catholic-link

lunes, 18 de febrero de 2019

¿Relaciones vacías? Guía práctica para ahogar el amor (+18)

La sexualidad humana es un tema complejo. Abarca todo en el ser humano, influye en su manera de ser, de relacionarse con los demás y también en el rol que cada uno juega en la familia y en la sociedad. Hace poco leí un artículo, «Designed for Sex. What We Loose When We Forget What Sex Is For. By J. Budziszewski»(Diseñados para el sexo. Lo que perdemos cuando olvidamos para qué es el sexo, por J. Budziszewski, profesor de Gobierno y Filosofía de la Universidad de Texas). El artículo presenta un ejemplo muy claro y útil para este tema. Aquí la traducción: «Supongamos que existe un joven que está más interesado en utilizar sus pulmones para drogarse oliendo goma. Qué pensarías de mi si te digo, “esto es interesante –yo creo que el propósito de mis pulmones es oxigenar mi sangre– pero, el propósito de sus pulmones es ¿drogarse? Pensarás de mi que soy un tonto y con razón”. El propósito de los pulmones está en el diseño de los mismos. Él no cambia el propósito al utilizarlos para drogarse; simplemente lo viola».
Entonces, ¿para qué han sido diseñadas las relaciones sexuales? El diseño natural, biológico de éstas es la procreación. Esto es indiscutible y quien las tenga debe saberlo y tenerlo presente siempre. Involucrarse en una relación sexual con otra persona debería implicar el aceptar la posible paternidad y maternidad del uno y del otro. Simple naturaleza. Otro propósito de la sexualidad, un propósito más psicológico y espiritual, es el de la unión (de los esposos) en un marco de amor. Es una verdad que esta unión viene acompañada de un gran placer, pero no confundamos: el propósito no es el placer que otorga. Así como el joven que prefiere utilizar sus pulmones para drogarse, de la misma manera estamos cayendo en la locura de querer eliminar el propósito de las relaciones sexuales y simplemente centrarnos en el placer que producen. Llegados a este punto podemos preguntarnos: ¿cuáles han sido y son las consecuencias de hacer esto? El video es muy claro y muy duro a la vez. Muchos nos podemos sentir identificados con su contenido: haz que no parezca amor,porque efectivamente tener una relación sexual por simple placer, no es amor. Por el contrario dista bastante de serlo y las heridas que produce son por demás, muy profundas.
*Advertencia el video contiene un lenguaje fuerte y explícito. No apto para menores.

La revolución sexual y el feminismo celebran que cada uno sea dueño de su propio cuerpo y haga con él lo que le plazca.Ingenuamente muchos nos hemos comido ese cuento y hemos caído. Utilizamos nuestro cuerpo simplemente por placer en una falsa búsqueda del amor. Las relaciones modernas no necesitan ataduras, si siento deseo puedo calmarlo con cualquiera. Es irónico pero mientras por un lado celebramos la libertad de tener «amigos con derecho», por el otro lado las mujeres sufrimos los dolores de un corazón herido cuando ese «amigo con derecho» no quiere serlo más. Y los hombres se vuelven incapaces de entablar relaciones comprometidas y serias. El efecto en los hombres es grave, al no poder llevar relaciones a largo plazo, su capacidad para ser padres, para sostener y formar familia va desapareciendo.
«(…) Hoy tantos jóvenes comienzan su amor diciéndose: “Y si las cosas no van bien, nos separamos y tan amigos”. Esto, dicen, es más civilizado. Pero yo no estoy nada seguro de que ese amor con reserva sea verdadero amor» (José Luis Martin Descalzo).
No es una locura pues que las uniones sexuales sean destinadas para vivirse dentro del matrimonio. Solo dentro de este compromiso la unión plena y por amor es efectiva. En el matrimonio aceptamos la potencial maternidad y paternidad del uno y del otro y no solo vivimos de apetencias y gustos. En ese contexto elegimos voluntaria y libremente amar. Fuera de él, esto es inexistente. Como nos dice de nuevo Descalzo: «un amor condicionado es un amor putrefacto. Un amor “a ver cómo funciona” es un brutal engaño entre dos. Un amor sin condiciones puede fracasar; pero un amor con condiciones no solo es que nazca fracasado, es que no llega a nacer».
En estos tiempos es una necesidad el ser valientes y enfrentarnos a un mundo que nos ha hecho creer una locura, cuyas consecuencias vemos día a día. No solo emocionales y espirituales como el video nos lo muestra, pensemos un poco en la cantidad de abortos por embarazos no deseados, en la proliferación de enfermedades de transmisión sexual y en el desarraigo e individualismo de la juventud. 
«Hace falta una cruzada de virilidad y de pureza que contrarreste y anule la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia, y esa cruzada es obra vuestra»(San José María Escrivá).
Silvana Ramos, catholic-link