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sábado, 14 de febrero de 2026

7 perversiones del feminismo conservador: cuando desmontar lo woke no es suficiente

Las reflexiones de Ann Burns, fundadora de The feminine project, son un contundente argumento que recuerda que el problema del feminismo nunca será el adjetivo -progresista o conservador- sino el olvido y rechazo de la virtud esencial que comparte con toda ideología.

Frente a un feminismo woke, el de corte conservador corre el riesgo de olvidar toda alusión o raíz de la virtud en la feminidad: Ann Burns, de The Feminine Project, ofrece una alternativa.

Frente a un feminismo woke, el de corte conservador corre el riesgo de olvidar toda alusión o raíz de la virtud en la feminidad: Ann Burns, de The Feminine Project, ofrece una alternativa.

Desde hace meses -según algunos, incluso tras la pandemia- los grandes postulados woke estarían viéndose reemplazados por un “giro” o “pendulazo”, de modo que un hartazgo generalizado estaría llevando a la sociedad y especialmente a las nuevas generaciones a rechazar el discurso imperante y a profesar de forma reaccionaria su contrario. Sucede con el rechazo a los discursos transgénero, con la pérdida de apoyos y donaciones a los impulsores del Orgullo LGBT, con el incremento de la religiosidad entre las nuevas generaciones e incluso en mujeres jóvenes que, desvinculándose del feminismo, pasan a orbitar en torno al universo de las tradwifes o directamente a considerarse como tales.

Ann Burns, escritora en medios como Crisis, es una de esas jóvenes que se define orgullosamente como esposa y madre y reconoce que hasta no hace mucho disfrutaba de contemplar los intentos de reivindicar la feminidad en detrimento de un feminismo en descomposición.

Sin embargo, pronto empezó a ser consciente de que no bastaba con oponerse al feminismo.

“Como la feminidad parece estar hoy más `de moda´, me pregunto si realmente estamos reivindicando lo femenino o si, simplemente, estamos restaurando una vieja decadencia moral”, escribe la fundadora de The Feminine Project en su último artículo de Crisis.

Menciona varios ejemplos de corte conservador que se encuentran en plena promoción del regreso del sonado desfile de lencería de Victoria’s Secret o calendarios de chicas conservadoras MAGA que ha llegado a ser conocido como “Making America Hot Again”. Un “ardid antifeminista” que, en lugar de femenino, solo estaría impulsando lo que Burns cuestiona como una “pornografía suave”.

A lo largo de su artículo en Crisis, la escritora advierte de esta y otras 7 “perversiones” del nuevo “feminismo conservador” que, según ella, sobresale en detrimento de la verdadera feminidad.

1º La feminidad no es reaccionaria

Según Burns, los mencionados son solo algunos ejemplos que muestran que “no se celebra lo femenino”, sino que “simplemente intentamos ser más seductores que nuestros oponentes”.

Burns reivindica que, al contrario que el feminismo conservador, “la feminidad no es reaccionaria”:

“Todo el movimiento es reaccionario. Y la cuestión es que, a pesar de todos estos intentos de hacer que la feminidad sea "cool", parece haber un abismo de desconfianza entre los sexos. Los hombres están hartos de la farsa y todos se están volviendo locos”.

La esposa y madre subraya que la verdadera feminidad, lejos de ser reaccionaria, es “un don que nos dio Dios”, y por tanto “no es tóxica ni un problema”.

“Necesitamos la feminidad. Las mujeres son el corazón de la sociedad, y un corazón débil engendrará una cultura moribunda. En este momento, estamos presenciando lo que parece un cambio de rumbo. Los hombres están (con razón) hartos del feminismo y ansiosos por recuperar su rol. Para las mujeres, creo que la solución es bastante sencilla. Es importante que abracemos lo femenino y erradiquemos cualquier perversión tóxica de nuestras vidas”.

2º La maternidad sí es suficiente

Si bien se intenta celebrar a las mujeres como madres, continúa, los conservadores parecen creerse la mentira de que "la maternidad no es suficiente" al promover no la maternidad, sino a las madres que eligen trabajar, liderar y ocupar puestos de poder.

“La maternidad es un puesto de tiempo completo; es superior a una carrera; es una vocación. Sí, algunas mujeres deben trabajar, pero no deberíamos decirles que pueden hacerlo todo. Es una mentira, una mentira que hiere a las familias”.

3º María, modelo frente a la autocompasión

La escritora considera que una de las características más preciadas de la feminidad es su perseverancia, especialmente a la hora de sufrir o acompañar al sufriente.

“Una madre desea eliminar el dolor y el sufrimiento de sus seres queridos, más que nada. Pero no puede; en cambio, persevera. Sostiene sus cuerpos magullados y febriles y capea la tormenta en serena calma. El corazón de la madre permanece tierno cuando el mundo es frío y amargo. Sufre con su amado”, escribe Burns.

Menciona como “ejemplo supremo” a la Virgen María.

Desde su fíat hasta su paso por la cruz, explica, “toda su vida estuvo marcada por el amor y la receptividad. Nunca pidió que el sufrimiento desapareciera. Al contrario, permitió que su corazón fuera traspasado. La Santísima Madre, nuestra Mater Dolorosa , es nuestro ejemplo de verdadera feminidad”.

Frente a ella, observa que el nuevo feminismo conservador adolece del engaño prometeico de tratar de huir del sufrimiento a toda costa, de modo que la queja, la insistencia y el victimismo aparecen rápidamente cuando no estamos dispuestas a cargar con nuestras cruces.

“Muchas mujeres han adoptado una mentalidad anticonceptiva en lugar de aprender a confiar en la abundancia de Dios. Es una fuerte tentación abdicar, huir, cuando las cosas se ponen difíciles. Pero en la feminidad de una mujer, ella guarda otro secreto: puede permanecer glorificando a Dios y confiando en su providencia.

4º La compasión se fundamenta en la caridad

En este sentido, la escritora se refiere a la compasión injustificada como a otra “perversión tóxica”:

“Las mujeres estamos conectadas con las relaciones, y es fácil manipular nuestras emociones. Puede parecer inofensiva, pero la compasión injustificada puede generar aprobación o justificar conductas pecaminosas. La compasión debe tener sus raíces en la caridad”.

5º El control no es fruto de la feminidad

Del mismo modo, observa que al mismo tiempo que se rechaza el empoderamiento feminista, “muchas mujeres se ven tentadas a entrometerse, a controlar a sus esposos, hijos adultos y a quien puedan”.

“Es parte de la maldición de Eva (Génesis 3:16). Y encima, murmuran. Todos estos son rasgos tóxicos que destruyen la familia y hieren profundamente las almas. La intromisión, el control y el chisme no son frutos de la feminidad; son productos de nuestra naturaleza caída que debemos esforzarnos por eliminar. En cambio, el corazón femenino es radicalmente receptivo. Es una fuente de bondad, reverencia y compasión”.

6º La caricatura de la mujer herida: sus peligros

La escritora aborda en último lugar la “letalidad” de una perversión “tan aceptada como normalizada” en los medios, música y la narrativa femenina, y es la extensión de la creencia entre muchas mujeres de que no son amadas.

Una creencia especialmente peligrosa para la feminidad, ya que “cuando una mujer actúa creyendo que no la aman, se desespera. Siente envidia y se obsesiona consigo misma. Es una extraña forma de orgullo que rechaza el amor de su Padre Celestial y dice: “No, te equivocaste al crearme´”.

Como consecuencia, Burns advierte de que la mujer que asume este error puede buscar validación y aprobación por todos los medios, generalmente alejados de toda virtud y bondad:

“Esta herida en su corazón obstaculiza su capacidad de amar, cuidar y atender los deberes de su vocación. Puede obsesionarse con su apariencia física, vestirse con inmodestia, perseguir la vanidad, el poder y las cosas efímeras de este mundo. Al final, siente que tiene mucho que demostrar, una mentalidad que lleva a muchas mujeres a traicionar su feminidad”.

Concluye orientando la mirada de la mujer hacia la virtud y la feminidad frente a una creencia que es “triste y sumamente problemática”:

“Es fundamental que una mujer busque sanación de cualquier herida que la haya llevado a esta falsa creencia; tal vez no tuvo un buen padre, o tal vez experimentó un trauma terrible, o tal vez se avergüenza de su feminidad. Sea lo que sea, debe llegar a conocer y aceptar el amor de Cristo. Cristo está más cerca de nosotras que nosotras mismas”.

7º No se debe demostrar nada a nadie solo ser fieles a la feminidad

A modo de conclusión, Burns remarca que las mujeres no necesitan demostrar su valía en la vida, ni siquiera ante un mundo insensible, ya que “el valor de una mujer proviene de Dios, que la amó hasta la existencia y le dio el don de la feminidad, un don resplandeciente, destinado a ser compartido, a brillar y a resucitar una cultura en decadencia”:

“Sí, hay muchas perversiones tóxicas, y debemos estar alerta. No se trata de sumarse al caos. Se trata simplemente de ser fieles a nuestra misión. Así que, deshazte de tus rasgos tóxicos. Acepta el don que Dios te dio”. 

ReL

Vea también    El hombre y la mujer en el plan de Dios



sábado, 8 de marzo de 2025

¿Cuánto ha dañado el feminismo a la natalidad? 4 lecciones de madres de familias numerosas

 «Criar un hijo es un 1% de felicidad y 99% de preocupación» ; aseguran feministas como Corinne Maier

Feministas del 8 de marzo en Madrid.

Manifestantes feministas del 8 de marzo en Madrid.

Hay invierno demográfico en España: si en 1981 la tasa de fecundidad rondaba los 2 hijos por mujer, en 2023 la cifra se había partido por dos, superando levemente el 1,1. Hace casi 10 años que España tiene más muertes que nacimientos.

Entre las causas están aquellas corrientes feministas más hostiles al matrimonio, a la familia y en general a la maternidad.

Los máximos exponentes de ese feminismo consideran que la maternidad es una limitante imposición de un hipotético patriarcado del que deshacerse.

La especialista en feminismo, género y familia María Calvo lo explica así: "Según ellas, para que la mujer tenga valor social y éxito, debe quedarse su vida para sí, ser autorreferenciada y que los hijos se configuren como la tiranía de la procreación, como una carga o un problema cuya solución es el aborto".


Es cierto que en España se dan también muchos otros condicionantes que llevan a que nazcan muy pocos bebés. 

La incorporación de la mujer al mercado laboral, la precariedad económica, el rechazo al compromiso, la reducción del matrimonio o el retraso en la decisión de formar una familia, la generalización de los anticonceptivos, el nihilismo o la renuncia a la vocación comunitaria son algunos de ellos.

Sumado a esos elementos, el feminismo hegemónico o bien influye o bien opera de forma militante para reducir la natalidad desde sus mismos orígenes y especialmente desde su eclosión a partir de los años 80 del siglo XX.

Feminismo e invierno demográfico

Siguiendo sus propios hitos en España, se observa una relación directa de las grandes caídas de la natalidad con los episodios y reivindicaciones centrales del feminismo:

En 1981, la legalización del divorcio fue una de las primeras “conquistas del feminismo” de la transición y según el portal Divorciadas y divorciados implicó “un gran impulso a la autonomía de las mujeres que pudieron decir basta e iniciar una vida independiente”.

Una independencia que se encontraría estrechamente vinculada a la reducción de la natalidad: entonces la tasa de natalidad era de 1,95 hijos por mujer y solo seis años después se había reducido a 1,49, caída a la que también contribuyó el aborto legalizado en 1985.

Desde aquel año se sucedieron medidas legislativas dirigidas en teoría a fortalecer las reivindicaciones feministas. Parte de ese esfuerzo cristalizó en la ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género de 2004, que si bien no ha logrado reducir el número de supuestas víctimas de “violencia machista”, sentó las bases del movimiento MeToo y la inoculación de la creencia de que existe una violencia contra la mujer "por el hecho de ser mujer".

Así se lee en las primeras líneas de la ley:

“La violencia de género […] se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”

Para 2004, cuando la ley entró en vigor, el número de hijos por mujer se había reducido a 1,32.

El siguiente descenso se produjo poco después de 2010, cuando se promulgó la llamada “Ley orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo”.

Como se lee en su preámbulo, se trata de una dirigida a “reconocer el derecho a la maternidad libremente decidida, que implica, entre otras cosas, que las mujeres puedan tomar la decisión inicial sobre su embarazo y que esa decisión, consciente y responsable, sea respetada”.

Entre otras promesas, las administraciones públicas se comprometía a promover “el acceso a métodos anticonceptivos seguros y eficaces” y a “garantizar el acceso público y universal a prácticas clínicas efectivas de planificación de la reproducción, mediante el uso de métodos anticonceptivos”.

Ocho años después tendría lugar la explosión social del feminismo militante bajo el movimiento MeToo, cuando la tasa de natalidad ya se encontraba en un reducido 1,2, muy lejos del mínimo de 2,1 hijos por mujer que marca el nivel de remplazo generacional.

Tabla del número de hijos por mujer.

Tabla del Instituto Nacional de Estadística sobre la evolución de la tasa de fecundidad.

Sería a partir de 2018 cuando proliferarían desde el feminismo hegemónico consignas como “todos los hombres son violadores en potencia” o “la sexualidad es machista”. Sea la relación evidente o no, lo cierto es que desde el año del MeToo hasta 2023, la natalidad volvió a reducirse a poco más del 1,1, cifra que se encuentra peligrosamente cerca de que, de media, haya menos de un hijo por mujer en el país.

¿Se trata de una relación directa? ¿Es el feminismo antinatalista? ¿Por qué las feministas decidirían voluntariamente no tener hijos como un signo de su dedicación?

Las feministas hablan sobre maternidad

Abundan las referentes del feminismo, clásicas o más modernas,  que responden a estas preguntas:

Simone de Beauvoir

“Ya se ha visto que las servidumbres de la maternidad han quedado reducidas por el uso -confesado o clandestino- del control de la natalidad; pero la práctica del mismo no está universalmente extendida ni es rigurosamente aplicada… El control de la natalidad y el aborto legal permitirían a la mujer asumir libremente sus maternidades. De hecho, una deliberada voluntad, en parte, y el azar, también en parte, son los que deciden la fecundidad femenina”.

“Pero el embarazo es, sobre todo, un drama que se representa en el interior de la mujer… el feto es una parte de su cuerpo y es también un parásito que la explota; ella lo posee y también es poseída por él; ese feto resume todo el porvenir, y, al llevarlo en su seno, la mujer se siente vasta como el mundo; pero esa misma riqueza la aniquila, tiene la impresión de no ser ya nada”.

Shulamith Firestone

“El núcleo de la opresión femenina hay que buscarlo en sus funciones procreadoras y de crianza”.

Corinne Maier

“Tengo razones para odiar a los niños. No es que esté en posición de defender una reducción de la tasa de natalidad. Teniendo dos hijos, no puedo decirle a los demás: "No hagas lo que yo hice". No obstante, sí me parece hipócrita esconderme detrás de una pantalla de humo idealista ("No hay nada más hermoso que la sonrisa de un niño") para justificar mis cuestionables decisiones en la vida. Es hora de dejar de vender la idea de que los bebés producen un hechizo de felicidad. ¡Basta de esta gran ilusión! En mi experiencia, la realidad es muy diferente: criar a un hijo es 1% de felicidad y 99% de preocupación”.

Susan Brownmiller

“Yo estaba de manifestación en Nueva York y pensé: ¿qué cartel debería llevar para esto? Hice un cartel que decía `El aborto es algo bueno´ y no le gustaba a la gente con la que me manifestaba. Fui demasiado lejos. Pero es algo bueno. Sabes que realmente es algo bueno”.

Alicia Miyares

"Porque vivo en democracia y soy demócrata acepto las reglas de juego que deslindan derechos de pecados y ley de religión. Ninguna mayoría política nacida de las urnas, por muy absoluta que sea, está legitimada para convertir los derechos en delitos y obligarnos a seguir principios religiosos mediante sanción penal. Porque yo decido, soy libre y vivo en democracia, exijo que se mantenga la actual Ley de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo por favorecer la autonomía moral, preservar la libertad de conciencia y garantizar la pluralidad de intereses de todas las mujeres".

La maternidad, antídoto contra el vacío feminista

Si estas declaraciones son representativas de la relación del feminismo con la maternidad, se dan infinidad de casos que refutan en la práctica postulados como los mencionados.

Muestra de ello es la reciente investigación de Catherine Pakaluk, economista de la Catholic University of America, esposa, madre de ocho hijos y autora de Hannah's Children. The Women Quietly Defying the Birth Death.

Se trata de un texto con testimonios de 55 mujeres que están desafiando no solo el invierno demográfico, sino también toda una cosmovisión feminista sobre la maternidad.

Cuatro lecciones de la maternidad al feminismo

Katie Breckenridge recoge en National Catholic Register 4 casos que transmiten contundentes lecciones, argumentos y réplicas a las doctrinas feministas:

1º Matrimonio, antídoto frente al individualismo, estímulo y forja de virtud

Una de las entrevistadas por Pakaluk es Shaylee, madre de siete hijos, que reconoció cómo la crianza de sus hijos junto a su marido está fomentando la confianza y el conocimiento de ambos, lo que en cierta manera suple el poco tiempo que tienen para ambos comparado al que tendrían con menos hijos.

Muestra de los beneficios de la paternidad, y especialmente la numerosa, es el caso de Eileen, que con seis hijos reconoce que no hay nada que le guste más que ver a su marido forjarse y aspirar al nivel de “virtud heroica necesario para satisfacer las necesidades de la familia”.

“Realmente es un estímulo para el amor, crea y forja una profundidad y una altura que no sabías que podías forjar”, confiesa la madre.

2º El hijo como don y no como carga

Una de las razones que feministas como Corinne Maier exponen para no tener hijos es la dificultad y perjuicios de cara al beneficio o bienestar personal de la madre. Para madres de familia numerosa como las entrevistadas por Pakaluk, el argumento no podría estar más alejado de la realidad: la mayoría de las que participaron en su estudio reconocieron valorar más tener a sus hijos que las horas de sueño “perdidas”, su comodidad, la carrera o el estatus. Para ellas, los hijos son en sí mismos una razón que ayuda a superar las dificultades aparejadas.

También se argumenta la dificultad de mantenimiento o el elevado coste del mismo, lo que nuevamente es refutado por el estudio de Pakaluk: Las mujeres que eligen morir a sí mismas consideran a sus hijos como dones y confían en que Dios les dará “su propia fuente de sustento y beneficio para la familia y para el mundo”.

3º Los hijos, mucho más que un bien de consumo 

También frente al argumento feminista de los perjuicios que ocasionan los hijos, Pakaluk ha comprobado en primera persona con decenas de testimonios que no se puede juzgar la paternidad sin vivirla.

Tras sufrir un bombardeo doctrinal que les dice a las mujeres que su única motivación deben ser los estudios y su carrera, acaban por creer que un hijo supone perder esa oportunidad.

Al publicar los resultados del estudio, Pakaluk ha comprobado que antes de tener hijos, “el valor de lo que estas mujeres han conocido -estudios, carrera profesional…- supera el valor del hijo que no conocen”, pero tras tenerlo, destacaron que sus hijos no solo eran mucho más que un bien de consumo como lo veían antes, sino que además sentían incluso más alegría conforme llegaba un nuevo miembro a la familia.

Madre e hijo juegan en el mar, y una luz los baña

Madre e hijo juegan en el mar, y una luz los bañaXavier Mouton, en Unsplash

4º La maternidad es trascendencia

Como cuarta lección de la maternidad, se constata que las mujeres que participaron en el estudio se reconocieron a salvo de la inmadurez, el egoísmo o de ser inútiles gracias a la maternidad, que también contribuía a que fuesen más abnegadas, empáticas, generosas y solidarias.

Así lo cuenta Shaylee, al remarcar que si bien la maternidad es lo más difícil que ha hecho en su vida, también es “lo más gratificante que podía imaginar”, pues comprobó cómo sus hijos la ayudaban a ser la mujer que debía ser.

En último término, algunas de las encuestadas como Shaylee o Terry llegaron a considerar que la familia es “sagrada y eterna”, e incluso acabaron valorando que las relaciones familiares perduren más allá de la muerte, que tener hijos sea equiparable a traer almas al mundo que serán eternas o que sus sufrimientos y preocupaciones como madres son minúsculos comparados a la eternidad. 

José María Carrera, ReL

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lunes, 9 de septiembre de 2024

«Al feminismo lo mueve la venganza; a la fe, el perdón»: influencer exfeminista relata su conversión

                            Clara Cuevas no quería ser parte de lo que llamaba
                              una «Iglesia machista»  «
Hoy me siento liberada»



Tras años engrosando las filas del feminismo violento, Clara Cuevas sufrió una conversión y regreso a la fe de su infancia que no había detallado... hasta ahora.









Por primera vez tras años de poner fin a su militancia en lo que llama un "feminismo violento", la influyente creadora de contenidos mexicana Clara Cuevas ha descrito su regreso a la Iglesia y transición a la vivencia de la fe y la evangelización. El vídeo ha trascendido en YouTube muy por encima de sus 26.000 suscriptores, que se unen a otros 150.000 seguidores en su cuenta de Instagram que cada día reciben una poderosa perspectiva evangelizadora marcada por la caridad, pero también por la contundencia ante los engaños del feminismo que ella misma sufrió. Además de las redes, su podcast "El plan D", donde se propone vivir la fe "en un mundo que no quiere saber de Jesús", se ha escuchado en todo el mundo y superado el medio millón de reproducciones.

Teniendo en cuenta que el feminismo presume de buscar la liberación de la mujer, puede resultar paradójico que hoy Cuevas se describa "liberada" de un movimiento marcadamente "ideológico" en el que comenzó a militar a los 20 años.

Cautivada por un feminismo extraño: "Solo quedaba sacar la rabia"

Durante 15 años, Cuevas era archiconocida por su influyente labor como "booktuber", reseñando libros desde YouTube. Llegado un momento, comenzó a observar en el feminismo una tendencia "cautivadora" y aún sin desearlo, la materia comenzó a hacerse omnipresente en los libros que recibía y reseñaba.

Sin apenas darse cuenta, se encontraba inmersa en un "feminismo extraño, en el que poco a poco sentía que estaba oprimida, que nadie podía hacer nada por mí y mi condición de vivir y nacer bajo el patriarcado. Lo único que quedaba era abrazar ese dolor para de ahí sacar la rabia y mover el sistema del que había nacido".

La radicalización fue sutil. El feminismo empezó siendo bandera, luego un identificador y después "un radar" que diferenciaba a quien era verdaderamente feminista y quien quiere oprimir.

"Una época marcada por la violencia"

Cuevas se explaya en lo que recuerda como una época marcada por la violencia, pero también por el dogmatismo, pues "opinar sobre el movimiento era casi una condena". Y si preguntaba a otras feministas sobre cualquier duda, la respuesta era siempre la misma: "Es culpa del patriarcado".

Cuevas entendía que ese era "el motor de lucha para derrocar". Pero había una pregunta que siempre volvía: "¿Y qué más?".

Radicalizada, Cuevas se recuerda como una mujer "muy enfadada" -la líder provida Olivia Gans detalla los motivos de la rabia en feministas abortistas- y con el único deber de "mostrar a todos que el sistema estaba mal" y, a las que no se daban cuenta de su hipotética opresión, "despertarlas".

Pronto llegó la consigna feminista que afirmaba que "todos los hombres son violadores". Cuevas cuenta que, "desde el sentimiento, la fórmula era casi perfecta"… con la salvedad de que tenía tres hermanos y un padre. Afirmarlo categóricamente suponía meterlos también a ellos "en el mismo caso y crimen", pero en esta ocasión, la respuesta que recibía del feminismo era: "Lo dices desde tu privilegio, no puedes verlo de otra forma porque hemos crecido en una estructura patriarcal".

Clara Cuevas detalla que buscando la liberación en el feminismo, encontró la libertad en la fe:

"Los argumentos del aborto eran convincentes, no científicos"

Lejos de resolverse, las opacidades y dudas dentro del movimiento continuaron. Y la siguiente en llegar fue la del aborto. Por su experiencia cultural, Cuevas seguía muy de cerca la narrativa del movimiento feminista y en el caso del aborto, la recuerda especialmente "cautivadora", especialmente "si solo damos entrada a los sentimientos y dejamos el sentido común en tercer plano".

"No es que los argumentos fueran científicamente buenos", explica, "eran sentimentalistas y convincentes, bajo una narrativa que manipula la forma de ver los hechos, regidos por los sentimientos". El problema, dice hoy, es que "los sentimientos no pueden regir nuestra forma de vivir por el simple hecho de que son volubles y cambiantes".

Cuando el heteropatriarcado cede el asiento al feminismo

Pero entonces, en agosto de 2018, el debate sobre el aborto estaba en plena efervescencia, especialmente en Argentina, donde se despenalizó finalmente en 2020. Cuevas recuerda que en plena campaña por la despenalización, 1 día antes del debate en el congreso, el New York Times dedicó una página entera a advertir a los legisladores.

"Queremos enviar un mensaje a los senadores argentinos de que el mundo está observando para ver si harán lo correcto por las mujeres y pondrán fin al grave sufrimiento causado por la criminalización del aborto", aseveraba el mensaje del Times, acompañado del slogan de la percha, en referencia a su utilización como herramienta abortiva.

Portada del Times.

`Queremos enviar un mensaje a los senadores argentinos de que el mundo está observando´, advirtió el Times. 

A Cuevas no le "salían las cuentas". "¿Por qué un movimiento oprimido que vive aplastado bajo el patriarcado tendría el apoyo de uno de los periódicos más importantes del mundo?", se planteó. Tampoco obtuvo respuestas y las preguntas eran cada vez más.

Cautivada por Edith Stein: "No podía ser real"

La exfeminista relata que aquella crisis existencial se vio acompañada de una "sanación física" de Dios en su vida aún no relatada. Y comenzó a sospechar que había "algo más" y que, al contrario de lo que le mostraba el feminismo, sus preguntas tenían respuesta. Cuevas abandonó las redes sociales, su círculo de influencia cultural y comenzó a cuestionar sus convicciones con argumentos "de ambos lados".

En plena búsqueda de respuestas, una amiga católica de la universidad le regaló un libro de Edith Stein, en la vida religiosa Teresa Benedicta de la Cruz.

Clara Cuevas.

`¿Cómo una Iglesia tan machista y patriarcal le dio un lugar a esta mujer? No podía ser cierto´, pensó Cuevas al conocer a Edith Stein. 

"El feminismo aún me tenía atada. Pero abrí el libro y descubrí que Stein, una santa católica con estudios filosóficos y apasionada por la mujer, existía. No lo entendía. Para mí, desde la ignorancia, las mujeres santas eran `piadositas, calladitas, escondidas´. Pero Edith estaba fuera de ese estilo que no me llamaba la atención", detalla. Y también le surgieron preguntas: "¿Cómo una Iglesia tan machista y patriarcal le dio un lugar a esta mujer?".

Para ella, el caso de Stein "no podía ser real" y le hizo replantearse los fundamentos de su propia vida. Identificándose con en el momento en que la santa fue llamada a "salir de sí misma", Cuevas pensaba que si abandonaba su militancia, su dedicación como reseñadora y en redes sociales, perdería su propia identidad. Sabía que Dios la llamaba, pero ella no quería ser parte de lo que creía que era "una Iglesia machista".

Obteniendo respuestas: "No podemos ser sacerdotes, pero sí santas"

Pero la exfeminista estaba decidida a no vivir más bajo las dudas y abordó de lleno la narrativa feminista sobre la Iglesia. "¿Es machista solo porque las mujeres no pueden ser sacerdotes? ¿Por qué no podemos ser Papa?". Pronto descubrió que aquel cliché era fruto de la convicción de que ser sacerdote suponía ser poderoso, cuando realmente "es una vocación, y si bien todos los hombres pueden serlo, no todos son llamados. Uno no lo elige, se le escoge", comprendió. Convertida en toda una estudiosa de la doctrina de la Iglesia, comprendió que "creer que ser cura es tener poder es desconocer la tradición y el magisterio". "No podemos ser sacerdotisas, pero podemos ser santas, y eso es a lo que todos los bautizados estamos llamados", menciona.

Guiada por Stein, Cuevas profundizó en el estudio de la Biblia y la Iglesia y comprendió el diferencial de la doctrina católica sobre otras.

El feminismo, dice, "solo da una respuesta lineal y todas caen en la misma conclusión. [La Iglesia] daba sentido a mis dudas, no se quedaban incompletas. Me ayudó a entender que no soy parte de un movimiento, una bandera, un color, una idea, sino que soy una hija, una persona, una mujer que está hecha para amar y ser amada".

De la venganza al perdón: "Me siento liberada"

También halló la diferencia del perdón. En el feminismo, si te equivocas, habrá quien te diga `seamos hermanas´, pero otro sector acabará con tu carrera y te difamará. Y si como feminista te equivocas, ¿a quién consultas? ¿cuál es la jerarquía? ¿A quién rindes cuentas?", se planteó. Mientras que en el cristianismo "hay misericordia, comprensión de que Cristo es a quien debo observar y de redireccionarnos a Jesús cuando fallamos", el feminismo "está movido por la venganza" y "tú eres tu dios, el presidente y el dueño".

Durante su relato, Cuevas pidió una sincera disculpa a todas las personas a las que hirió tras su abandono del feminismo y su conversión, hoy convencida de que "los corazones no se convierten por la humillación y la soberbia, sino por el testimonio, misericordia y encuentro".

"Durante esa época, en mi ignorancia, no fui el rostro de Cristo. Hoy me siento liberada", concluye antes de dirigir un último mensaje: "No eres una ideología, un color, un pasado, tu rabia o las injusticias. Eres un hijo e hija de Dios, eres amado y hay respuestas a todas esas dudas que has intentado que las heridas respondan. Hay respuesta, y es lo que yo he encontrado en el magisterio, el evangelio y el silencio de la adoración".

J.M.C., ReL

Vea también    La mujer cristiana constructora del "nuevo feminismo".


viernes, 27 de octubre de 2023

Seis sugerencias de Carrie Gress para desintoxicarse de hiper-feminismo y llevar una vida más feliz

                     Es una de las impulsoras de la Teología del Hogar


Carrie Grass es una de las impulsoras de la llamada Teología del Hogar, y una gran crítica de la ideología feminista como contraria al interés y la felicidad de las mujeres.

 

La utilidad, la productividad y el poder han suplantado a las virtudes con las que solíamos caracterizar a la mujer, sostiene Carrie Gress, quien acusa de ello al feminismo.

Carrie, doctora en Filosofía y madre de cinco hijos, es una impulsora de la llamada Teología del Hogar y ha escrito varios libros sobre la Virgen María como modelo individual y social. En sus artículos y conferencias denuncia la ideología feminista como perjudicial para los intereses y la felicidad de las mujeres.

En una de sus colaboraciones en The Federalist, ofrece algunos consejos sobre cómo liberarse de ese lastre.

Seis maneras de desintoxicarse del feminismo marxista para llevar una vida más feliz

Mientras que los hombres todavía pueden comparar al "buen hombre" con el "hombre real", no quedan categorías para comparar a una "buena mujer" frente a una "mujer real". La mayoría de nosotros operamos sin saberlo con las categorías marxistas que nos ha inculcado a la fuerza el feminismo, en particular la propaganda de Betty Friedan sobre la toxicidad del hogar y la libertad que se obtiene a través del trabajo. Estas ideas poco examinadas sobre la feminidad son las que hoy nos proporcionan el ideal. La utilidad, la productividad, el poder y el control han suplantado a las virtudes con las que solíamos identificar a una buena mujer, como la bondad, la compasión y la fidelidad.

¿Cómo desintoxicarse de este veneno cultural y antropológico?

Desintoxicarse de feminismo es especialmente difícil porque la mayoría de las mujeres ni siquiera somos conscientes del agua salobre en la que nadamos. El resultado es una idea poco definida sobre cómo deberían ser una feminidad y una humanidad sanas. El feminismo ha definido su propia posición y también ha definido a su oposición, la no feminista, con tanta eficacia que lo único que nos viene a la mente son imágenes de mujeres con túnica roja y cofia en cultos de fertilidad, esposas "felpudo" o mujeres según el modelo de Las esposas de Stepford [novela de 1972 de Ira Levin que ridiculiza a las amas de casa: ha dado lugar a dos versiones cinematográficas, Las esposas de Stepford (1975) y Las mujeres perfectas (2004)]. Nos han alimentado con un modelo cultural dicotómico poco saludable. 

Feministas disfrazadas de túnica roja.

En su novela El cuento de la criada (1985), la activista Margaret Atwood describe una sociedad 'distópica' que rinde culto a la fertilidad, y caracteriza a sus practicantes con un atavío que ha sido luego utilizado por el movimiento feminista para caricaturizar el 'heteropatriarcado'.

Sin embargo, en nuestra vida cotidiana y nuestras relaciones personales solemos encontrarnos con mujeres que no encajan en ninguno de los extremos: mujeres que son mucho más interesantes, atractivas, sanas, convincentes e incluso buenas. Son el tipo de mujeres que deberíamos aspirar a ser. Pero hay que esforzarse para conseguirlo.

He aquí seis maneras de empezar:

1. Abandonar la culpa

Las feministas nos recuerdan con frecuencia que debemos sentirnos culpables por no estar agradecidas por todo lo que el feminismo ha hecho por nosotras. Como la mamá más querida, el feminismo nos regaña para que nos conformemos recordándonos que tenemos una deuda de gratitud con él por nuestras carreras y nuestra educación. Esta táctica nos mantiene a la mayoría sintiéndonos culpables en lugar de mirar detrás de la cortina. ¿Era necesario destruir toda la cultura para que las oportunidades profesionales mejorasen? ¿Era necesario tirar a los hombres y a los niños debajo del autobús para que se materializaran tales ventajas?

Una entrevista a Carrie Gress sobre "repensar el feminismo".

No sentirnos culpables ante el feminismo nos libera para observar los aspectos positivos y negativos del movimiento, en vez de dejar que los aspectos negativos se escondan a plena vista. Ciertamente no tratamos así otros ámbitos de la vida, como el gobierno o los medios de comunicación, así que ¿por qué deberíamos hacerlo con el feminismo?

2. Dejar de esperar que el feminismo se reforme

Una objeción que escucho con frecuencia sobre el feminismo, particularmente entre los cristianos, es que deberíamos usarlo como un lugar para construir puentes. La esperanza es que si los cristianos pueden afirmar que ellos también son feministas, entonces tienen un terreno común entre las mujeres no religiosas para extender lo que esperan que sea la rama de olivo de la fe. Esta suposición, sin embargo, se basa en la idea de que el feminismo es elástico y puede significar lo que queramos que signifique.

Por desgracia, los hilos dominantes del feminismo han abrazado claramente durante siglos tres características definitorias: aplastar el patriarcado (o igualitarismo radical); el amor libre (o el fin de la monogamia sexual); y el ocultismo, como se detalla en mi libro The Anti-Mary Exposed: Rescuing the Culture from Toxic Femininity. No se puede construir ningún puente cuando estos tres elementos se oponen fundamentalmente a la fe cristiana y a la verdad sobre la prosperidad humana.

3. Averiguar qué es una mujer

Matt Walsh ha hecho de What is a woman? [¿Qué es una mujer?]  una pregunta popular, pero todavía son pocos los que pueden responderla con algo más que "una hembra humana adulta".

Con su documental 'What is a woman? [¿Qué es una mujer?]' (2022) de éxito viral desde hace más de un año, Matt Walsh puso a la ideología de género ante sus contradicciones.

También en este caso, las mujeres necesitan conceptos más ricos a la hora de pensar qué son las mujeres. El feminismo comenzó generalmente con la pregunta "¿Cómo hacemos que las mujeres sean más como los hombres?" en lugar de "¿Cómo ayudamos a las mujeres en cuanto mujeres?". Nuestra comprensión de la feminidad se ha borrado porque priorizaba lo masculino sobre lo femenino.

La respuesta más obvia que da cuerpo a la definición de mujer es la maternidad. Las mujeres son madres, no solo biológicamente, sino también psicológica y espiritualmente. Las mujeres son madres de los demás. Lo vemos en la riqueza de nuestras relaciones con la familia, los amigos y los compañeros de trabajo. Una madre crea un refugio donde otras personas pueden ser nutridas, amadas y protegidas para alcanzar su pleno potencial.

4. Dejar de luchar contra los hombres

A la mayoría de nosotras nos han enseñado desde la primera infancia que podemos hacer cualquier cosa tan bien como los hombres, si no mejor. Cuesta mucho trabajo apagar esta voz programada, dada la frecuencia con la que se repite. Los hombres no deben ser nuestros enemigos. Sí, ciertamente, hay hombres malos, igual que hay mujeres malas. Vilipendiar a todos los hombres mientras se exalta (y se cree) a todas las mujeres no ha dado a las mujeres ningún tipo de superioridad moral. Solo ha alimentado los peores tipos de envidia y desconfianza, al tiempo que ha intensificado la guerra entre los sexos a un nuevo nivel.

5. No temas la palabra con "H"

En la última década se ha producido un auge de lo que podríamos llamar artes del hogar: repostería, cocina, punto, diseño de interiores y jardinería. A pesar de su popularidad, las labores del hogar siguen siendo una palabra tabú, que a menudo evoca condescendencia. Aquí también hay un vestigio del éxito de Friedan al calificar el hogar de "cómodo campo de concentración". Esta reacción instintiva ante el hogar necesita un análisis que ayude a eliminar la programación feminista.

Carrie Gress explica sucintamente en EWTN qué es la "teología del hogar".

El hogar no debe ser solo un hotel, sino el lugar donde una familia aprende a amar y a ser amada, y donde los niños aprenden quiénes son. El hogar es la base, el lugar de solaz, crecimiento, comodidad, seguridad y auténtica caridad. Las mujeres desempeñan un papel integral en todo ello en las múltiples etapas de la vida. Como las demás etapas, estar en casa ofrece sus dones específicos que pueden formar y definir el carácter de una mujer.

6. Poner a Dios por encima de uno mismo

El feminismo se alimenta del narcisismo y del mito de que una mujer puede ser una isla. Ha predicado una visión de autosuficiencia y autocreación que borra la guía, el amor, la providencia y las reglas de Dios. Erradicar los Diez Mandamientos, y reescribir Génesis 3 (la tentación y caída de Adán y Eva) como una historia en la que Eva adquiere de la serpiente un conocimiento especial, estuvo desde el principio en el guión feminista.

La supresión de estos principios rectores ha dado paso a la idea de que las mujeres podemos vivir como queramos y seguir prosperando como seres humanos. Pero la naturaleza humana no es tan flexible como a las feministas les gustaría, y por eso las mediciones de la felicidad femenina muestran claramente que las mujeres de hoy son profundamente infelices, más infelices que cuando llegó la segunda ola del feminismo en los años 60.

[Lee en ReL este artículo de Carrie Gress: Por qué el asalto cultural a la feminidad natural impide la plenitud de la mujer]

Cómo crecer, realizarse y llevar una vida fructífera ha sido claramente establecido para nosotros a través de la tradición judeo-cristiana. Tenemos una hoja de ruta. Y tenemos un medio directo de llegar a Dios, de oír su voz mientras Él oye la nuestra, y de vivir su amor. Aquí es donde debe encontrarse nuestra identidad, no en los valores fugaces y efímeros que ofrece el feminismo.

Traducción de Verbum Caro.