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miércoles, 16 de abril de 2025

Los «perrhijos» que criticó el Papa se normalizan, según un estudio: «Ocupan el lugar de los hijos»

El 19% de las personas sin hijos y el 10% de los padres con perro lo consideran uno más de la familia

Hombre con su perro.

Cada vez más optan por tener mascotas y no hijos.En enero de este 2025 se conocían los datos publicados por la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC), que recoge los animales censados: en España, a mediados de 2023, había más de diez millones de perros y cerca de un millón de gatos. Mientras, en enero de ese mismo año había 1.786.406 niños de entre 0 y 4 años, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Bautizado como el fenómeno de los “perrhijos”, también fue confirmado por Revista Misión a principios de 2024, cuando se confirmaba que ya había más perros como mascotas que hijos menores de 14 años. Lo preocupante, explicaba el redactor jefe de la revista Javier Lozano, no eran solo las cifras, sino la humanización creciente con la que son tratados los animales de compañía.

Ambos fenómenos, el del incremento en el número de mascotas de compañía, la disminución del número de hijos y la humanización de dichos animales han confluido recientemente en un estudio de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE), donde la investigadora Enikő Kubinyi parece haber demostrado que sí existe la relación entre tener cada vez más perros y menos hijos: aunque según las cifras del estudio los perros no son considerados hijos como tal, cada vez son más quienes los consideran miembros de la familia e incluso se priorizan sobre las relaciones humanas.

El estudio, publicado en Current Directions in Psychological Science, busca dar explicación a la sorprendente fenómeno del 19% de personas sin hijos y 10% de los padres que admiten valorar a su perro, al menos en parte, más que a cualquier otra persona.

"Algunos dicen que los perros son los nuevos niños, mientras que otros consideran esta idea indignante. El Papa Francisco, por ejemplo, ha dicho que es egoísta que las personas sin hijos mimen a sus mascotas", señala Kubinyi.

La investigadora se refería así a las palabras del pontífice en su audiencia del 5 de enero de 2022, en la que, lamentando el fenómeno del invierno demográfico, subrayó:

“La gente no quiere tener hijos, o solamente uno y nada más. Y muchas parejas no tienen hijos porque no quieren o tienen solamente uno porque no quieren otros, pero tienen dos perros, dos gatos… Sí, perros y gatos ocupan el lugar de los hijos”.

Kubinyi observa que, como contrapartida, se podría afirmar que tener un perro puede aumentar las tasas e indicadores de felicidad.

“Las familias con hijos son más propensas a tener perros, y algunas parejas ven a su mascota como un 'niño de prácticas', un paso preparatorio para formar una familia. Las mujeres también tienden a encontrar más atractivos a los hombres con perros, lo que podría aumentar las posibilidades de paternidad”, menciona.

Una de las conclusiones fundamentales de la investigadora es que el número de hijos no disminuye de forma directa porque el número de perros aumente, pero tras ambos fenómenos observa una transformación de las relaciones sociales que afecta a la misma familia.

Hablando de Hungría, lugar de realización del estudio y considerado socialmente como un bastión en lo que a promoción de la familia se refiere, el 90% de los adultos admiten no dedicar una hora semanal al cuidado de los niños pequeños.

Entre las conclusiones del estudio, se destacan:

-El 19% de las personas sin hijos y el 10% de los padres con perro consideran a su "amigo de cuatro patas" no sólo como parte integrante de la familia, sino también como capaz de crear relaciones intensas y más reales que las que existen entre los seres humanos.

-Muchos dueños de perros no quieren convertirse en padres, pues ya se sienten 'padres y madres' de sus perros.

-El 90% de los padres húngaros no dedica ni una hora a la semana al cuidado de niños pequeños y cada vez más optan por no tener hijos ante la ausencia de ayudas en su crianza y educación. 

-Dado que las personas actualmente no perciben el nivel de apoyo social y confianza al que están biológicamente adaptadas, buscan alternativas. La cultura occidental apoya este cambio y presenta la tenencia de perros de forma positiva. La evolución biológica de los perros, con la proliferación de perros falderos de tamaño pequeño, también contribuye a que se les considere "niños".

José María Carrera Hurtado, ReL

Vea también    Catequesis del Papa Francisco sobre la familia

















viernes, 6 de mayo de 2022

Qué bueno que existas

 

Chłopiec z psem


Una lección de amor infantil que llega al consultorio de Aleteia.

Llevamos a Dogo al veterinario y nos dijo que era hora de dormirlo, que ya estaba muy viejo, que sufría y solo daría molestias.

—¡Jamás lo haré, y lo cuidaré por siempre! —exclamó mi hijo de ocho años, con gran determinación acerca de nuestra mascota.

Lo cierto era que todos queríamos a Dogo, que desde cachorro y durante su plenitud nos proporcionó placentera compañía, pues era gracioso y juguetón. Además de ello, prestó siempre un valioso servicio como celoso guardián de nuestro hogar.

Ahora, casi ciego, sin algunos dientes y muy escasas energías, pasaba mucho tiempo echado, por lo que presentaba dolorosas laceraciones a causa de ello. Amén de contar con otros y diversos achaques.

—Pero, hijo… —traté de argumentar, coincidiendo con lo dicho por el veterinario.

—¡Papá, para mí siempre será bueno que Dogo exista, y él me necesita! —me atajó con vehemencia.

Un chispazo de luz en mi conciencia, y comprendí. 

Mi hijo estaba aprendiendo a amar con la más noble voluntad de que es capaz una persona, al decir: “qué bueno que existas” aun cuando ya no me proporciones placer o utilidad.

Amar implica cuidar

Mi hijo estaba aprendiendo a amar con la más noble voluntad de que es capaz una persona, al decir: “qué bueno que existas” aun cuando ya no me proporciones placer o utilidad.

Mas aún, en la determinación de su actitud, se podía interpretar: “En tus limitaciones, no solo no me ocasionas molestias, sino que por ti puedo seguir saliendo de mí hacia tu bondad, y eso me hace crecer y ser feliz. También sé que mi amor te hace feliz, y es lo único que necesitas para seguir viviendo”.

Eres mío y yo soy tuyo.

con mucho cariño se esmeró en atenderlo para que estuviera lo más cómodo posible, sin sentirse nunca solo. En un misterio de amor, Dogo, haciendo un esfuerzo, movía la cola y le devolvía su amor a lametones, hasta que una mañana ya no despertó.

Por su mascota, mi hijo había vivido una sublime lección que luego habrá de vivir en su relación con las personas, sobre todo con quién habrá de elegir para compañera de su vida: la verdad del amor auténticamente personal.

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El aprendizaje de mi hijo le servirá en el futuro para cuidar el auténtico amor incondicional.

Una capacidad que forma parte de nuestro ser, por la que las personas podemos amar, más allá del placer o la utilidad que nos pueda proporcionar la existencia del amado. Una capacidad que trasciende nuestros solos sentidos, para captar en la otra persona su más profundo valor, su más profunda verdad, por la que merece ser amada en sí misma, y por sí misma.

Una verdad que se puede expresar desde nuestro interior con palabras como: no te quiero porque me procuras placer al disponer de ti, para mí; no te quiero, porque para mí es útil que existas; no te quiero porque me sea necesario que existas para satisfacer mis carencias.

Te quiero solo por ser quién eres, y … “qué bueno que existas en ti, y por ti misma, y me entrego a ayudarte a llevar a la plenitud lo mejor de ti misma”

old person
Matrimonio anciano.

Por ello, te amaré en la plenitud de tu atractivo y capacidades. O, cuando en el ocaso de su existencia, te encuentres desprovisto de todo, en los límites de la vejez o la enfermedad. Desprovisto de todo, menos de la capacidad de dar y recibir amor cuando más lo necesites.

Tan profunda es esta necesidad de amar y ser amados, que muchos enfermos y ancianos languidecen ante la falta de amor, por lo que declinan y se van antes de su hora, cuando podían haber vivido más tiempo, hasta llegar a ser como el cabo de una vela encendida que se agota dando luz.

Un amor, por ser personal, cuenta siempre con la fuerza del espíritu para amar de esa forma profunda y auténtica, por la que la realidad amada es percibida y querida, en su medida de ser y de verdad.

Por Orfa Astorga de Lira

En Aleteia te orientamos gratuitamente, escríbenos a: consultorio@aleteia.org

Vea también      La Manifestación del Amor de Dios a los hombres

























lunes, 12 de agosto de 2019

En España hay casi el doble de mascotas que de niños

Y mientras, la familia no ocupa un lugar de relieve
 en el mundo de la política, la empresa y la cultura

DOG

En España se han registrado hasta el año pasado unos 13 millones de animales de compañía, según el veterinario Armando Solís, presidente de la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC). En España, añade, “hay más animales de compañía que niños menores de 15 años”, declaró a El País.
En realidad, en España la natalidad ha caído en picado, un 30 por 100 en los últimos 10 años, mientras el número de mascotas se ha duplicado. El número de niños menores de 15 años se eleva a 6,2 millones y el número de defunciones es superior al de los nacimientos.
Estas estadísticas para animales no son exactas, porque no son pocas las personas y familias, especialmente en el sector agrícola, que no registran a sus perros ni a sus gatos. Los perros están en más del 40 por 100 de los hogares (hay 6,8 millones de perros), mientras que los gatos están solo en un 15 por 100 (hay 2,7 millones de gatos). El número de perros aumenta, mientras disminuye el número de gatos, según la Fundación Affinity.
También hoy otros animales en las casas, como peces, conejos, pájaros, etc. La gente vive cada vez más sola y encuentran compañía en los animales. Los animales, en general, son muy cuidados, reciben muchas atenciones de sus propietarios, aunque sufren también muchos abandonos. El año pasado fueron abandonados más de 150.000 perros.
Este fuerte incremento en España de mascotas se debe a que cada vez hay más personas solas: ancianos/as, soltero/as, viudos/as, divorciados/as, etc. Conviene saber antes de ir a una adopción, que las mascotas cuestan bastante dinero.
El gasto en un perro oscila entre los 800 y los 2.000 euros al año. Los gastos son en cuidados veterinarios, comida, vestimenta, seguridad (seguro contra posibles pérdidas), peluquería, etc. El negocio de las mascotas mueve unos 200 millones de euros anuales en veterinaria, y unos 800 millones en producción y elaboración de alimentos.
Según el II Análisis Científico sobre el Vínculo entre Personas y Animales publicado por la Fundación Affinity concluye que España es una sociedad especialmente ‘petfriendly’ (amante de las mascotas). En cuanto a número de mascotas (especialmente perros y gatos) España está por debajo de México, Argentina, Brasil, Estados Unidos, Polonia, Australia e Italia, según datos de Pet Ownership Internationally. Según esta organización, a nivel mundial, entre los animales domésticos domina el perro (33 por 100), seguido del gato (23 por 100), los peces (12 por 100) y los pájaros (6 por 100), y el 57 por 100 de los hogares dicen tener “alguna mascota”.
Hay quien trata al perro como su fuera un hijo, lo que es un error, dice Affinity, porque el perro siempre se sentirá mejor si se le trata como un perro. Hay perros pequeños que parecen salidos de un festival de belleza, con sus rizos, sus vestidos de colores –brillantes por la noche, para que no se pierdan—sus campanillas y todo un etcétera de complementos. Y ¡ya quisieran muchos centros de asistencia sanitaria tener los servicios que tienen las de los perros!
Hay también cementerios para perros, y las leyes de los países son cada vez más duras para proteger a los animales, no solamente contra los malos tratos, sino también contra los abandonos.
En realidad –declaró la socióloga Miriam Fernández Nevados a “Antena 3 TV” — las mascotas aumentan en las ciudades porque estas no están bien adaptadas para los niños. Las ciudades están llenas de barreras, no solo arquitectónicas, sino de convivencia, que hacen la vida difícil para los niños. Una mascota exige una responsabilidad y un coste menores. Pero una mayor protección de la familia no significa una desprotección de los animales de compañía.
Contrariamente, en España como en otros países de su entorno, las leyes del aborto son cada vez más laxas. ¿Un perro en lugar de un niño? No son pocos los que así lo prefieren, al no sentirse “suficientemente maduro/a para ser padre/madre”, o lo que equivale a decir que entre sus prioridades no está tener un hijo/a. Puede ser por un problema laboral (conciliación trabajo/familia, precariedad entre los jóvenes), o de pareja (¿inestable?), un problema de tiempo, el coste muy alto de la vivienda en las ciudades, tener otras prioridades como viajar, el divorcio, los bajos salarios, etc. Según la fundación Funcasel número de mujeres entre los 18 y los 44 años que no quieren tener hijos aumentó en España de 1,06 millones a 1,21 millones en los últimos 20 años.
Y, sin embargo, ni las ciudades, ni los animales de compañía, ni los seres humanos tienen futuro alguno si no hay un recambio generacional, sin un número de nacimientos equilibrado que recupere el actual desfase generacional. Los dirigentes públicos, tanto políticos, como económicos (empresarios y directivos) y culturales, no ponen a la familia en el lugar que le corresponde en su escala de prelaciones, y en poco se valora un nuevo nacimiento. La familia no se siente apoyada públicamente, sino más bien descalificada cuando se tienen tres o cuatro hijos. Por eso ha causado enorme sorpresa la elección de la presidenta de la Comisión Europea, la doctora alemana Ursula von der Leyen, que tiene siete hijos, y es capaz de conciliar familia y trabajo político.
Salvador Aragonés, Aleteia

viernes, 16 de noviembre de 2018

Cuando las mascotas ya no lo son sino que se convierten en humanoides (fotos).


Las mascotas muchas veces sustituyen a los hijos.
No cuestan tanto dinero, esfuerzo y preocupaciones 


Cuando las  mascotas ya no lo son sino que se convierten en humanoides



Cuando las  mascotas ya no lo son sino que se convierten en humanoides



Cuando las  mascotas ya no lo son sino que se convierten en humanoides



Cuando las  mascotas ya no lo son sino que se convierten en humanoides



Cuando las  mascotas ya no lo son sino que se convierten en humanoides



Cuando las  mascotas ya no lo son sino que se convierten en humanoides

Cuando hay tantos niños huérfanos que en la casa podrían convertirse en personas que reciben cariño y educación y se convierten en personas valiosas para la familia y la sociedad
















jueves, 8 de noviembre de 2018

Creo que quiero más a mi mascota que a las personas, ¿está mal?

La importancia de la madurez afectiva para ser feliz

DITKA
Nika Hölcl Praper
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Jesús habló de dos mandamientos: amar a Dios y amar al prójimo. Amar al que está en mi camino, al más cercano.
Pero hoy el mundo vive en confusión. Dice el padre José Kentenich: “¡Cuánta confusión! ¡Cuánta fractura se observa en la naturaleza humana! Se comprende entonces por qué tanta gente ama más a los perros que a su prójimo, pone más cuidado y amor en su perro que en la crianza de un ser humano. ¡Cuánto se ha degradado el ideal de hombre!”[1].
El orden de las prioridades. El amor a las cosas, a los propios sueños, a los caprichos, a los animales, a los hobbies, antes que el amor a mi prójimo. ¿Está tan roto el hombre por dentro? ¿Cuáles son sus valores?
Yo mismo estoy roto. Digo amar y me busco a mí mismo. Quiero entregar la vida por alguien, pero en cuanto el dolor es demasiado fuerte, opto por mí.
Me elijo a mí. Y dejo de lado mis promesas. Amar al prójimo como a mí mismo. Me protejo, me cuido, me importa todo lo que me pueda pasar.
Tal vez me quiera mal y no me cuide de verdad. Pero me importa todo lo mío mucho más que lo que veo a mi alrededor. Así de sencillo.
No quiero sufrir y evito el dolor. Y el amor implica sacrificio. Supone renunciar a mí mismo tantas veces para cuidar a aquel que se me ha confiado. Como el amor de una madre por su hijo. Está dispuesto a darlo todo por amor.
El amor de concupiscencia busca poseer el bien amado. Es el amor que siento por el que me ama. Un amor que quiere poseer y tiende hacia mi bien.
No es donación, es búsqueda que quiere satisfacer el deseo. Este amor al prójimo que me ama tendrá que madurar y hacerse oblaciónUn amor que busque la felicidad de la persona amada.
No es suficiente con amar para satisfacer mi propia sed. Mi amor ha de madurar y crecer. Estoy llamado a amar a los que me aman con libertad, sin crear dependencias. Amarlos buscando su bien, la satisfacción de sus deseos.
A menudo me veo girando en torno a mi ego. Mi orgullo, mi egoísmo, mi autocomplacencia. Digo que amo con la boca, pero mis gestos me contradicen.
No soy fiel a mis palabras. Me guardo siempre esperando que el otro me dé más de lo que yo entrego. Mido. Llevo cuentas del bien y del mal. No funciona. El equilibrio nunca se da en el amor.
Normalmente el amor es asimétrico. Eso me agrada. Quiero aprender a amar al otro más de lo que me ama. Con más ternura, de forma más incondicional, sin medir, sin llevar cuentas ni del bien ni del mal.
Un amor así no es sencillo. ¡Cuántos vínculos rotos! ¡Cuántas personas fracasan en sus relaciones personales! No logran ser buenos esposos, buenos padres y madres, buenos hijos.
Sus relaciones fundamentales fracasan porque no han madurado en su vida afectiva. Siguen conjugando todos los verbos en primera persona.
Quieren ser felices ellos. Si es posible con las personas a las que aman. Y si no es posible, sin ellos. No importa.
Saben que el amor es lo más importante en sus vidas, pero ponen otras cosas por delante. Su fama, sus proyectos, sus trabajos, sus hobbies, sus deseos.
Ponen por delante el cuidado de sus intereses y la persona amada pasa a un segundo plano. No importa su vida. La que importa es la mía. Esa forma de amar me acaba hiriendo y enfermando.
Y en medio de mis heridas ya soy incapaz de amar bien. Porque temo que me hagan daño de nuevo. No quiero sentirme otra vez despreciado.
Y entonces amo menos, me comprometo menos, me doy menos. Construyo muros en lugar de puentes.
La herida de amor pesa en el alma. Es la herida que me incapacita para crear vínculos sanos, profundos y maduros.
A menudo no cuido las relaciones que creo tan importantes. Digo que sí, que me importan, pero luego mi vida con sus intereses ocupa el primer lugar de todos mis esfuerzos.
Me sorprende la pobreza del amor humano en tantas personas. Sin la renuncia es imposible que el amor crezca.
Tengo que ser capaz de amar a mi prójimo más que a mí mismo. Ponerlo en el centro mientras yo y mis intereses pasamos a un segundo plano.
No es tan fácil, pero es el verdadero camino de la felicidad. Un amor que se alegra con el bien de mi prójimo. Un amor que supera todas mis incapacidades. Un amor así es el que quiero, capaz de sacrificarse, capaz de entregarse sin medida, capaz de buscar siempre el bien del otro.

[1] Kentenich Reader Tomo 3: Seguir al profeta, Peter Locher, Jonathan Niehaus

Carlos Padilla Esteban, Aleteia