Mostrando entradas con la etiqueta ESTILO DE VIDA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ESTILO DE VIDA. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de octubre de 2023

Elimina 3 vicios matutinos que perjudican el resto de tu día

Mulher acordando


Estamos tan inmersos en el estilo de vida que llevamos que no nos damos cuenta de lo fácil que sería lograr mejoras concretas en nuestro día a día

Cada nuevo día que comienza es una oportunidad más de vivir de la mejor manera que podamos; no obstante, frecuentemente el optimismo y la alegría duran poco y, para el momento en el que debemos salir de casa, ya estamos estresados, apresurados y de mal humor.

Las razones pueden ser muchas. Puede que esto sea el síntoma una situación personal en la que hay que trabajar, o puede ser que esto sea consecuencia de malos hábitos o costumbres. Aquí tres vicios matutinos que quizá no sabías que pueden ser nocivos para ti.

1CONEXIÓN ONLINE

Nastolatka budzi się i ziewa w łóżku po przespanej nocy

Es maravilloso todo lo que podemos hacer desde nuestros smartphones. El avance tecnológico y el Internet nos permiten vivir una vida más cómoda y con muchas oportunidades; sin embargo, controlar su uso representa un reto enorme para nuestra época.

Si, apenas despiertas, tomas el teléfono para revisar y controlar el e-mail, Whatsapp, Instagram, Twitter u otras rede social, podrías estar contectándote a la vida de los demás -o a tu trabajo- antes que contigo mismo.

Esto hace que la inundación de cosas externas marque el inicio de la nueva jornada, convirtiéndola en un flujo sin dirección. El inicio de un nuevo día no debería ser así. Busca ser el protagonista consciente que comienza la jornada serenamente con una oración de agradecimiento o de ofrecimiento, cuidando la higiene y el aspecto personal, saludando con una sonrisa o con un beso a la familia, haciendo un desayuno saludable y preparando una jornada de trabajo productiva y constructiva.

2NOTICIAS NEGATIVAS

noticias

Lo sabemos: los medios de comunicación dan prioridad a lo que causa sensación. Y esto, en un mundo como el nuestro, es todo lo que destruye: desgracias, tragedias, crisis, problemas, divisiones, peligros, amenazas…

Claramente es necesario ser consciente de los problemas del mundo (en la medida en la que sirve para ayudar a resolverlos y no solo para lamentarse), pero el inicio de la jornada no es el momento más adecuado para esto.

Las malas noticias solo estimulan la rabia, angustia y miedo; y estos, a su vez, la liberación de cortisol, que es la hormona del estrés.

Iniciar el día estresado nos predispondrá a continuar el resto del día en ese estado de tensión, lo cual afectará nuestra salud a corto, mediano y largo plazo.

Mejor opta por respetar la serenidad y armonía al iniciar el día.

3DAR VUELTAS Y VUELTAS A LA MENTE

Apenas ha comenzado el día y ya te estás “pre-ocupando”: preocuparse es ocuparse anticipadamente por algo que no ha sucedido o que no se puede resolver en el momento.

Al comienzo de un nuevo día es bueno establecer las tareas del día, organizar las prioridades y tener un panorama completo sobre las cosas que tenemos pendientes; sin embargo, hacerlo incluso antes de salir de la cama o enfocar mal esos deseos de aprovechar bien el día no nos ayudará a cumplir con nuestras metas, ni a conservar la salud.

Es importante recordar que hay un momento para cada cosa, y en cada momento hay que hacer lo que toca. La Palabra de Dios dice:

«No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción».

Mt 6, 34

Aprende a vivir el momento presente. Si en el desayuno ya estás pensando o hablando sobre lo que tienes que hacer en el trabajo, ni estás trabajando en ese momento ,ni estás haciendo un desayuno saludable.

Aleteia Redacción

Vea también    Guía de Pecadores - Fray Luís de Granada












domingo, 13 de agosto de 2023

En el matrimonio, perdonar trae el bien a muchas vidas

 

shutterstock_423190030.jpg


Puede que los beneficios del perdón no sean obvios cuando estás enfadado o resentido, pero el acto de perdonar trae el bien a muchas vidas

Las discusiones, las tensiones y los enfrentamientos son inevitables en un matrimonio. Pero la tradición cristiana ofrece un tesoro inestimable: el perdón.

Dios, que es misericordioso, nos invita a perdonar a nuestro prójimo, y en un matrimonio, nuestro primer prójimo es nuestro cónyuge. «Que no se ponga el sol sobre vuestro enojo», exhorta San Pablo (Ef, 4-26). Por eso, en los cursos de preparación al matrimonio se nos aconseja, por ejemplo, que no nos vayamos a dormir enfadados.

Por desgracia, eso no siempre es posible. El perdón es un proceso que, dependiendo de la profundidad de la herida, puede ser largo y doloroso. Incluso cuando el perdón no se da inmediatamente, el mero deseo de perdonar es algo bueno.

El punto de partida está, en palabras de San Ignacio de Loyola, en «el deseo del deseo de perdonar». Cesar las hostilidades, seguir dándose los buenos días y desear continuar juntos el camino ya significa que estamos en la senda del perdón.

Hacer las paces no significa necesariamente olvidar el sufrimiento o la injusticia del pasado, sino permitir que una relación vuelva a su cauce y siga adelante.

El perdón es un camino de vida. Negarse a perdonar conduce al resentimiento, a la ira e incluso al odio. Es más, perdonar tiene innumerables beneficios, que se comparten al menos de cuatro maneras. El Padre Patrick Langue, sacerdote jesuita de la diócesis de Versalles (Francia), identifica cuatro personas o grupos de personas que se benefician del perdón.

1EL PERDÓN ES BUENO PARA QUIEN LO DA

El perdón es, en definitiva, una forma de cuidar de nosotros mismos. De hecho, según algunos estudios, el perdón tiene un impacto positivo en nuestra salud. Permanecer en conflicto mantiene las tensiones internas, y nuestro cuerpo se resiente por ello.

«No perdonar es hacerse daño a uno mismo», dice el padre Langue. «En lugar de curar el daño que nos ha hecho nuestro cónyuge, lo perpetuamos, rascamos la herida y la infectamos». Para él, «nos corresponde limitar el mal causado, reducirlo, aniquilarlo. Eso nos libera del dolor».

2EL PERDÓN ES BUENO PARA EL OTRO CÓNYUGE

El perdón engendra perdón. Hay algo contagioso en el perdón. ¿Quién no ha experimentado esta reciprocidad? A veces basta con pedir perdón humilde y sinceramente a nuestro cónyuge para que él se dé cuenta de su parte de responsabilidad y pida perdón también. «El perdón que ofrezco les permite pedirme perdón a mí. Podrán liberarse del mal, y crecerá su deseo de hacer el bien», señala el P. Langue. «Es una de las formas más fuertes de decirles que les quiero».

3EL PERDÓN ES BUENO PARA LA PAREJA

«El perdón es una gracia para la pareja», afirma el sacerdote jesuita. «Cada acto de perdón es un tesoro para el «nosotros» conyugal», porque el perdón permite que el matrimonio perdure. El perdón es quizá el elemento más importante para garantizar que el amor perdure. «Solo el perdón puede evitar que el amor se desvanezca como los colores que se destiñen al sol», y «solo el perdón puede asegurar un futuro para los que están unidos por el sacramento del matrimonio», dice el P. Langue.

4EL PERDÓN ES BUENO PARA LOS NIÑOS

El perdón entre un padre y una madre es un regalo maravilloso para sus hijos. En primer lugar, sirve de ejemplo. Demuestra que sí, que el perdón es posible, y no, que no es un signo de debilidad, sino todo lo contrario. Además, se restablece la paz en la pareja y, por tanto, en toda la familia, y los hijos se sienten mucho mejor por ello. «El perdón expresado entre los padres alimenta su paz interior (la de los hijos), exorciza sus ansiedades, establece firmemente su esperanza en la durabilidad de la familia y les enseña a perdonar».

«Si quieres ser feliz un solo día, véngate; si quieres ser feliz siempre, perdona», solía decir el famoso predicador francés P. Lacordaire. Pero la felicidad no se gana de una vez por todas. Como los seres humanos somos imperfectos por naturaleza, sin duda tendremos que perdonar muchas veces a lo largo de nuestra vida matrimonial.

La buena noticia es que cuanto más entrenado esté nuestro corazón para perdonar, más fácil nos resultará hacerlo. Esto exige otra forma de vigilancia: no abusar nunca del perdón de nuestro cónyuge, lo que, para el P. Langue, equivale a una «profanación del amor».

Mathilde De Robien, Aleteia


12 pasos para aprender a perdonar

shutterstock_570312790

Un camino tanto psicológico como espiritual...

¡Dejad de empeñaros en querer perdonar! Y sin embargo… “¡Perdona a tu hermano!”. Muchos padres repiten esta orden cuando sus hijos se pelean, con la creencia de que el perdón se da por petición, incluso en pleno conflicto.

Tal vez lo hayas vivido cuando eras pequeño, cuando te veías forzado, hirviendo en tu interior de rabia o humillación, a murmurar con la boca pequeña las palabras “te perdono”, con tal de sentir que se relajaba la mano de tu padre apretando tu brazo y luego poder ir a tu cuarto a expresar a solas tu pena e incomprensión.

Tus padres se equivocaban, el perdón depende únicamente de nuestra voluntad de perdonar. El perdón tampoco impide la justicia ni exige el arrepentimiento del agresor, tampoco borrará lo sucedido ni te dará una superioridad moral.

La cuestión es, ¿cómo perdonar, en pareja o en familia, las pequeñas ofensas o las grandes heridas, e incluso lo impensable, como el adulterio o el deceso de un hijo?

Jean Monbourquette, psicólogo canadiense, nos marca la ruta con un camino interior de 12 etapas desarrolladas en Cómo perdonar: perdonar para sanar, sanar para perdonar, de la editorial Sal Terrae.

El autor propone un camino espiritual y psicológico que requiere que busquemos en nuestra alma aquello que somos incapaces de realizar solos.

Las condiciones previas al perdón son:

  1. La elección de no vengarse y poner fin a la ofensa. No hay necesidad de continuar sufriendo, tú eres responsable de restaurar tu propia dignidad y rechazar la condición de víctima. Vengarte, ya sea a través de pequeñas alusiones o con un contraataque directo, no serviría más que para alimentar tu rencor, retrasar la paz, como una herida cuya cicatrización evitaras voluntariamente.

La curación psicológica es la fase emocional de tu camino:

  1. Reconocer tu herida y tu pobreza. Tu sufrimiento puede ser una mezcla de vergüenza y humillación, y aceptarlos te evita que se disfracen de ira o negación.
  2. Compartir tu herida con alguien. Encuentra en tu entorno una persona que te ayude a verbalizar tus emociones, a tomar perspectiva y sentirte comprendido.
  3. Identificar bien tu pérdida para hacerle el duelo. ¡No le quites importancia! Las heridas no son comparables, el sufrimiento de cada uno es único. Identificar la herida permite entenderla mejor sin negarla ni dejarse abrumar. ¿Qué fibra sensible de tu interior ha tocado esta ofensa?
  4. Acepta tu ira y tus ganas de venganza. Eres… ¡normal! Admite tu ira para evitar que se proyecte contra otra persona o contra ti mismo, y encuentra válvulas de escape saludables, como el deporte.
  5. Perdónate a ti mismo.¿Te sorprende? Sin embargo, corres el riesgo de querer parecer demasiado vulnerable, confiado, paciente… Pide la gracia de encontrar la compasión por ti mismo.
  6. Comprender al ofensor, puede ser posible después de un tiempo de trabajo de curación en tu herida y te ayudará a diferenciar el acto de la persona.
  7. Encuentra un sentido a la ofensa, por difícil que pueda parecer. Cada una de las heridas, una vez sanadas, puede convertirse en una oportunidad para crecer. Pregúntate por ejemplo qué has descubierto sobre ti mismo, tus límites o fragilidades, qué recursos nuevos puedes identificar, en qué van a cambiar las relaciones con los demás.

Por último viene la etapa de perdón integral, que hace un llamamiento a todos tus recursos espirituales.

  1. Siéntete digno de perdón y perdonado. Realiza la experiencia de dejarte amar de manera incondicional, por una fuente de Amor que te sobrepasa y que podrías llamar Dios si eres creyente. En esta certidumbre de ser amado y con la gran fuerza interior que procura, podrás continuar tu camino del perdón.
  2. Deja de empeñarte en querer perdonar. Tu perdón es más grande que tú, requiere más generosidad que la puramente humana. Pide esa fuerza a Dios.
  3. Ábrete a la gracia de perdonar, ¡permite que Dios actúe en tu interior!
  4. Decide si terminar la relación o renovarla. Este perdón te permite reencontrar tu libertad en la relación. Valora si es posible recuperar la relación entre los dos, aunque a veces es necesario ponerle fin. De todas formas, tu perspectiva sobre ti mismo y sobre el ofensor habrá cambiado profundamente, aunque no haya reconciliación o tu ofensor haya fallecido.

Aunque sea algo espiritual, el perdón no es una cuestión de religión. Su valor curativo está demostrado: disminuye la ansiedad, alivia la depresión, calma los arrebatos de ira y aumenta la autoestima.

Cassandra, a quien abandonó su marido dejándola sola con dos hijos de corta edad, cayó en una depresión. Hoy puede dar testimonio del recorrido de perdón que ha finalizado: el perdón que se ha dado a sí misma y el perdón que ha dado a su marido le han permitido redescubrir una nueva fuerza vital en ella y quitarse la pesada losa de sus espaldas; ha dejado de menospreciarse.

Y ahora, tú también, para ser libre, ¡perdona!

Bénédicte de Dinechin , Aleteia 

Vea también      Permiso - Perdón - Gracias:  Papa Francisco






















viernes, 21 de enero de 2022

14 cosas con las que los hijos de familias numerosas pueden identificarse

FAMILY


Si en tu familia sois unos cuantos, seguro que algunas de estas experiencias te sonarán mucho

Criarme con ocho hermanos fue sin duda una bendición, aunque no siempre lo valorara por entonces. Ahora que estoy en mi cuarta década, puedo mirar atrás a mi infancia y apreciar todo el esfuerzo y el sacrificio que hicieron mis padres y, sin duda, puedo decir que su apertura a tener una prole tan grande fue el mayor regalo que he recibido nunca.

Así que, para honrar a todos los padres que han dado a sus hijos suficientes hermanos y hermanas como para componer su propio equipo de baloncesto (¡y con algunos suplentes!), aquí presento un reconocimiento a todo lo especial y único de criarse en una familia numerosa.

1QUE TE LLAMEN POR OTROS NOMBRES

Cuando tu madre te llama para que vayas a ayudar, se referirá a ti de cualquier manera menos por tu propio nombre. Mi madre solía repasar la lista de sus hijos por orden de nacimiento hasta que terminaba por llegar a mi nombre. Tenía suerte, al ser la número 5 no tenía que irse muy lejos. Mi hermana más pequeña, sin embargo, tenía que esperar unos cuantos minutos hasta que apareciera su nombre e, incluso entonces, ¡a veces se le colaba antes el nombre del perro!

2¡ACOSTUMBRARTE A QUE NO HAYA UN MOMENTO DE TRANQUILIDAD!

Encontrar algún rato a solas siempre fue una tarea difícil. Incluso durante la ducha, estabas condenada a que te interrumpiera algún hermano o hermana mayor que intentaba prepararse para algo que consideraba más urgente o quizás algún hermano menor que solo quería decir “hola”. Lo mejor es que todo esto me preparó para mi vida como madre, cuando el disponer de tiempo a solas es un lujo que no hay que menospreciar (¡aunque después de cinco minutos de silencio puedo empezar a sentirme sola!).

3COMPARTIR HABITACIÓN (AL MENOS HASTA QUE EL MAYOR SE VA DE CASA)

Los dormitorios siempre fueron un tema candente en mi familia. Quién tenía qué dormitorio y con cuál hermano o hermana. Solamente un par de hermanos –los dos mayores– tenían sus propias habitaciones. Yo compartí la mía con hermanos mayores y menores en diferentes etapas de mi infancia y cada compi de habitación nuevo aportaba algo único al cuarto. Esto no solo nos ayudó a estrechar lazos, sino que también implicaba que teníamos que confrontar los problemas directamente y, también, compartir unos cuantos secretos.

4EXPERIMENTAR LA ALEGRÍA DE LA ROPA “HEREDADA”

Todavía puedo recordar el cárdigan morado de mi hermana mayor al que le tuve echado el ojo durante varios años. El sentimiento de satisfacción cuando por fin terminó en mis manos fue inconmensurable. No me importaba que tuviera un par de agujeros de polillas o que las mangas hubieran dado de sí un poco. ¡Estaba vistiendo el cárdigan de mi hermana mayor!

5¡Y LA ALEGRÍA DE TENER TU PROPIA ROPA!

SHOPPING

La Navidad significaba a menudo recibir un vestido nuevo. Sí, nuevo de verdad, flamante, ¡sin usar por nadie antes! Esas pequeñas excepciones a la norma eran prendas atesoradas y cuando terminaban por ser “heredadas” por mis hermanas pequeñas la sensación era de estar confiándoles un bebé recién nacido. Sin duda nos enseñó a ser agradecidas por las cosas que atesorábamos en nuestra vida, y la lección continúa hasta hoy día.

6QUE TE CONOZCAN CONSTANTEMENTE COMO LA HERMANA O HERMANO DE ALGUIEN

Siendo la cuarta persona en mi familia que asistía al mismo instituto, durante muchos años se me conoció únicamente como “la hermana de Sian”. Si a eso le sumas que hay un notable parecido entre todos mis hermanos, también me conocían como “la hermana de David”, “la hermana de Robert” y, en ocasiones, como “la hermana de Jonathan”. Una cosa era segura: nadie me llamaba nunca por mi nombre. Por entonces solía molestarme, pero estaba mezclado con un gran sentimiento de orgullo y de pertenencia.

7RARAMENTE SENTIR QUE TE OFENDEN

Tener un montón de hermanos viene acompañado de un montón más de oportunidades para la risa y la broma, a menudo a expensas de otro de los hermanos. Los hermanos son rápidos a la hora de señalar con amor todos tus defectos, cosa que no hace sino endurecer tu piel para la vida en el gran mundo exterior.

8CONSEGUIR UNA AGUDA HABILIDAD NEGOCIADORA DESDE MUY JOVEN

Entre hacer trueques para conseguir la última galleta y convencer a tus padres de que necesitas el coche más que tu hermana, ganas unas impresionantes habilidades dignas de un negociador en situación con rehenes.

9EMOCIONARTE POR LAS DOS OCASIONES EN QUE TE TOCA ABRIR EL CALENDARIO DE ADVIENTO

ADVENT CALENDAR

Uno de los problemas de tener muchos hermanos es que parece eterno lo que tarda en llegarte el turno con el calendario de Adviento. Peor aún es que, cuando por fin llega la extraña ocasión de abrir una ventanita en tu día especial, un hermano más pequeño ya lo ha hecho antes, así que el resto de la mañana se pasa reorganizando los turnos.

10TENER SUFICIENTES PERSONAS CON LAS QUE JUGAR A JUEGOS DE MESA

Esto es un chollo. Cuando quieres jugar a un juego de mesa (o a cualquier otro juego), por lo general hay suficientes personas a las que persuadir para que se sumen. Sin embargo, con una mayor participación vienen también mayores probabilidades de mal espíritu deportivo y peleas sobre a quién le toca jugar. Pero, en definitiva, todo es entrenamiento útil para la gestión de conflictos.

11VALORAR DE VERDAD TU CUMPLEAÑOS

CAKE

El único día del año que de verdad eres la reina del baile es tu cumpleaños. En ese día, tus hermanos y hermanas hacen un esfuerzo especial por ti y además también puedes tener tu comida favorita y tarta.

12SABER SIEMPRE QUE TIENES ARDIENTES DEFENSORES 

Recuerdo una vez cuando una chica me estaba acosando en la escuela por formar parte de una familia numerosa irlandesa, dedicándome la ristra habitual de insultos. Se lo mencioné a mi hermana y al día siguiente me acompañaron mis cuatro hermanos mayores en el patio. Aquel día se terminó el acoso.

13DISFRUTAR LAS VACACIONES

En las familias numerosas, la mejor parte de las vacaciones no era ir a algún lugar especial, sino reunirte por fin con los hermanos mayores que se habían marchado a la universidad o incluso atrevido a emanciparse y mudarse de casa. Aunque esto implicara que quizás tenías que renunciar a tu dormitorio, no te importaba si eso significaba pasar tiempo con tu hermano o hermana mayor. Después de todo, estar todos juntos significaba que la familia se sentía completa.

Y como adultos…

14DISFRUTAR DE CELEBRACIONES INTERMINABLES

Entre bodas, bautizos, nacimientos y todas las demás ocasiones familiares especiales, raro es el mes en el que no hay nada que organizar o nadie al que homenajear. Y con la siguiente generación cada vez más mayor, estas celebraciones no harán sino crecer y colmarnos a todos de alegría y de pequeñines correteando alrededor.

Desde tener padrinos y madrinas a disposición hasta ofrecer un mentor o un oído atento, tus hijos siempre serán cuidados y amados por una multitud (a veces muy terca en sus opiniones, pero siempre bien intencionada) de titos y titas.

Cerith Gardiner, Aleteia 

Vea también        Las ventajas de la familia numerosa