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viernes, 26 de diciembre de 2025

5 hábitos simples de los santos que podemos incorporar a nuestro día a día


 

En nuestra día a día podemos olvidar que la santidad no se encuentra solo en las grandes obras, sino en los gestos sencillos vividos con amor. Estos cinco hábitos, inspirados en los santos, pueden ayudarnos en nuestra vida espiritual.

La cuenta de Instagram Un Católico Bien recordó que, aunque a veces pensamos que crecer espiritualmente requiere acciones extraordinarias, la realidad es muy distinta.

“A veces pensamos que para crecer en la vida espiritual necesitamos hacer cosas enormes, pero los santos nos enseñan lo contrario: Dios transforma el corazón a través de los detalles más pequeños”, indicó.

En su publicación compartió cinco hábitos simples que vivían los santos y que pueden convertirse también en prácticas cotidianas para nuestra vida de fe:

1) Santa Teresita del Niño Jesús

Sonreír cuando algo te cuesta.

Para ella, amar era seguir sonriendo incluso cuando le costaba. No porque fuera falsa, sino porque quería regalarle a Dios ese pequeño sacrificio.

2) San Francisco de Sales

Actuar lento cuando estés enojado.

Él mismo se describía como una persona impulsiva. Su truco: moverse y hablar muy lento (como en cámara lenta) para evitar reaccionar desde la ira.

3) Santa Teresa de Calcuta

Hacer lo que no quieres primero.

Si había una tarea que le incomodaba, la hacía antes que cualquier otra, ofreciéndola por alguien. Es una manera hermosa de combatir la pereza y crecer en donación.

4) San Pío de Pietrelcina

Ofrecer molestias pequeñas por alguien.

“Nada se desperdicia si se ofrece”. Un dolor de cabeza, el tráfico, la ansiedad del día… Su hábito era convertir cada incomodidad en oración por una persona concreta.

5) San Juan Bosco

Educar (y corregir) siempre con alegría.

Él evitaba corregir desde el enojo. Su hábito: primero hacer reír, luego enseñar. Creía que un corazón alegre aprende mejor.

¿Qué otro hábito agregarías a la lista?

Harumi Suzuki, churchpop

Vea también   La Vivencia Familiar: el secreto de la felicidad de todos los involucrados



domingo, 18 de febrero de 2024

Estas son las 3 batallas que debes enfrentar al despertar


Generar buenos hábitos en nuestra vida, para vencer las batallas convertidas en vicios, nos lleva a un desarrollo personal constante y un mayor bienestar

Mucho se habla de los hábitos, pero ¿cómo podemos incorporarlos a nuestra rutina diaria para vencer batallas? Esa es la gran pregunta que resolveremos en este artículo.

Vencer estas 5 batallas nos ayudará a tener una mejor rutina, ya que, si queremos encontrar el balance perfecto para todas las áreas de nuestra vida, es importante empezar a tomar el control.

La psicóloga Carmen Hernández, quien trabaja con jóvenes y a adolescentes, compartió para Aleteia la importancia de generar buenos hábitos en nuestro día a día:

Los hábitos son un reflejo de nuestro interior, por lo que debe haber una congruencia. Si tus hábitos son buenos, tendrás una mejor calidad de vida, al igual que una buena salud emocional».

Los buenos hábitos nos ayudarán a vencer las primeras batallas a las que nos enfrentamos al comenzar el día; y esto, desarrollará la fortaleza necesaria para enfrentarnos a batallas más grandes durante el resto del día. 

De esta forma, podremos contrarrestar los malos hábitos -que nos llevan a bajar la guardia permitiendo que se conviertan en vicios- en nuestra vida integral. 

Por ello, hemos hecho una selección de estos hábitos que puedes empezar a realizar desde que amanece.

Happy-man

1
PRIMER BATALLA: LA PEREZA

Siempre le echamos la culpa al despertador y éste se llega a convertir en nuestro peor enemigo. A quién no le ha pasado que, después de tener un sueño profundo y encantador, de pronto suena la alarma para indicar que ¡es hora de levantarse! 

Seguramente tu primer reacción es posponer la alarma para descansar unos minutos más, pero al hacer eso, ¿qué crees? Ya perdiste la primer batalla del día que fue contra la pereza. 

Así que aquí te va la solución: aplica el minuto heroico, propuesto con san Josemaría Escrivá de Balaguer en su libro Camino.

«El minuto heroico. Es la hora exacta de levantarte. Sin vacilar: un pensamiento sobrenatural y … ¡Fuera! El minuto heroico: ahí tienes una mortificación que fortalece tu voluntad y no debilita tu naturaleza» (206).

2
SEGUNDA BATALLA: OLVIDARTE DE TU ORACIÓN DE LA MAÑANA

Esta y el resto de batallas se relacionan con la primera debido a que aplazar el despertador provoca que nos despertemos tarde, con un retraso en toda la rutina, lo que conlleva que muchas veces nos olvidemos de saludar a Dios. 

¿Cómo vencerla? 

Dedica unos breves minutos al despertar para dar gracias a Dios por el nuevo día que te ha permitido, siendo conscientes de que cada día es un nuevo comienzo y una buena oportunidad para ser nuestra mejor versión. 

No olvides encomendar tus actividades y todo tu día a María Santísima, para que te ayude a vencer las tentaciones y el pecado con templanza durante el día.

3
TERCER BATALLA: LA IMPUNTUALIDAD

Recuerda que tenemos un Dios de orden, por lo que también nosotros debemos ser ordenados en nuestra vida, dedicando un tiempo para cada cosa. 

El tiempo de los demás es igual de valioso que el tuyo por lo que es necesario hacerse el hábito de llegar temprano a cada cita, a la escuela o el trabajo. 

Si no saldrás de casa, ponte horarios establecidos para cada cosa, de tal forma que puedas cumplirlas en tiempo y forma. 

Laren Hutch, Aleteia


lunes, 9 de octubre de 2023

Elimina 3 vicios matutinos que perjudican el resto de tu día

Mulher acordando


Estamos tan inmersos en el estilo de vida que llevamos que no nos damos cuenta de lo fácil que sería lograr mejoras concretas en nuestro día a día

Cada nuevo día que comienza es una oportunidad más de vivir de la mejor manera que podamos; no obstante, frecuentemente el optimismo y la alegría duran poco y, para el momento en el que debemos salir de casa, ya estamos estresados, apresurados y de mal humor.

Las razones pueden ser muchas. Puede que esto sea el síntoma una situación personal en la que hay que trabajar, o puede ser que esto sea consecuencia de malos hábitos o costumbres. Aquí tres vicios matutinos que quizá no sabías que pueden ser nocivos para ti.

1CONEXIÓN ONLINE

Nastolatka budzi się i ziewa w łóżku po przespanej nocy

Es maravilloso todo lo que podemos hacer desde nuestros smartphones. El avance tecnológico y el Internet nos permiten vivir una vida más cómoda y con muchas oportunidades; sin embargo, controlar su uso representa un reto enorme para nuestra época.

Si, apenas despiertas, tomas el teléfono para revisar y controlar el e-mail, Whatsapp, Instagram, Twitter u otras rede social, podrías estar contectándote a la vida de los demás -o a tu trabajo- antes que contigo mismo.

Esto hace que la inundación de cosas externas marque el inicio de la nueva jornada, convirtiéndola en un flujo sin dirección. El inicio de un nuevo día no debería ser así. Busca ser el protagonista consciente que comienza la jornada serenamente con una oración de agradecimiento o de ofrecimiento, cuidando la higiene y el aspecto personal, saludando con una sonrisa o con un beso a la familia, haciendo un desayuno saludable y preparando una jornada de trabajo productiva y constructiva.

2NOTICIAS NEGATIVAS

noticias

Lo sabemos: los medios de comunicación dan prioridad a lo que causa sensación. Y esto, en un mundo como el nuestro, es todo lo que destruye: desgracias, tragedias, crisis, problemas, divisiones, peligros, amenazas…

Claramente es necesario ser consciente de los problemas del mundo (en la medida en la que sirve para ayudar a resolverlos y no solo para lamentarse), pero el inicio de la jornada no es el momento más adecuado para esto.

Las malas noticias solo estimulan la rabia, angustia y miedo; y estos, a su vez, la liberación de cortisol, que es la hormona del estrés.

Iniciar el día estresado nos predispondrá a continuar el resto del día en ese estado de tensión, lo cual afectará nuestra salud a corto, mediano y largo plazo.

Mejor opta por respetar la serenidad y armonía al iniciar el día.

3DAR VUELTAS Y VUELTAS A LA MENTE

Apenas ha comenzado el día y ya te estás “pre-ocupando”: preocuparse es ocuparse anticipadamente por algo que no ha sucedido o que no se puede resolver en el momento.

Al comienzo de un nuevo día es bueno establecer las tareas del día, organizar las prioridades y tener un panorama completo sobre las cosas que tenemos pendientes; sin embargo, hacerlo incluso antes de salir de la cama o enfocar mal esos deseos de aprovechar bien el día no nos ayudará a cumplir con nuestras metas, ni a conservar la salud.

Es importante recordar que hay un momento para cada cosa, y en cada momento hay que hacer lo que toca. La Palabra de Dios dice:

«No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción».

Mt 6, 34

Aprende a vivir el momento presente. Si en el desayuno ya estás pensando o hablando sobre lo que tienes que hacer en el trabajo, ni estás trabajando en ese momento ,ni estás haciendo un desayuno saludable.

Aleteia Redacción

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sábado, 3 de junio de 2023

Microhábitos: cómo lograr el éxito en las pequeñas cosas de cada día

shutterstock_2018571389.jpg           

El psicólogo Guillermo Dellamary propone una mirada positiva a la lucha que supone alcanzar las virtudes. La clave está en trabajar "los pocos diarios"

Como muchas modas, nos ha llegado esta idea de Stephen Guise, quien subraya la importancia que tienen los pequeños hábitos cotidianos para alcanzar tus objetivos.

Se trata de enfatizar la trascendencia que tiene el mantener viva la motivación y la fuerza de voluntad para conseguir tus sueños.

El problema es que tras los buenos hábitos cotidianos, en los que debemos perseverar, se encuentran los enemigos naturales del éxito, que son:

  • la pereza,
  • la procrastinación,
  • dejar las cosas a medias,
  • desanimarse ante los primeros fracasos,
  • perder la continuidad en los objetivos
  • y andar picando por aquí y por allá.

Tenemos que comprender mejor cómo funciona la mente, y un concepto que sí vale la pena considerar es la idea del autor. Dice que «hacer poco todos los días es infinitamente mejor que hacerlo mucho solamente unos días, porque las acciones que se realizan a diario se convierten en hábitos adquiridos y útiles para la vida

No es una idea nueva, pero sí muy oportuna, ante una oleada de inmensos distractores que evitan que las personas se mantengan atentas y concentradas en lograr sus metas y no brincar de tema en tema y perder el tiempo en tantas cosas inútiles que nos ofrece el consumo en las redes sociales.

Finalmente, hay que desarrollar hábitos saludables, que en automático hagamos las cosas. Ya con una inercia tan fluida que incluso las hagamos de manera automática.

Se supone que los buenos hábitos influyen directamente en nuestro mundo inconsciente y trabajan a nuestro favor para que hagamos las cosas que nos hemos propuesto, sin que las dejemos a un lado por los múltiples motivos que nos apartan de lo que verdaderamente vale la pena.

Digamos que los buenos hábitos ya nos ahorran la necesidad de reflexionar y tomar decisiones de cada cosa que es buena para conseguir lo que queremos. Simplemente lo hacemos y ya, porque el hábito ya está instaurado y funcionando sin mucho esfuerzo más allá del que nos llevó a tenerlo como un estilo de vida.

Más que mantener un alto nivel de motivación, requerimos una mayor fuerza de voluntad que nos permita sostener un comportamiento constante y a prueba de los múltiples sabotajes que nosotros mismos nos autoimponemos.

Así que más vale la pena fortalecer nuestra voluntad y adquirir la determinación de realizar esos pequeños hábitos, pero hacerlo todos los días.

Perseverar es la clave

Tener éxito en la vida es un largo camino que no todos alcanzan a conquistar. Y los que sí lo logran, es debido a que han sabido hacerlo con constancia.

De aquí la importancia que tienen los buenos hábitos, que al fin y al cabo son las virtudes que tanto ponderamos en la filosofía cristiana. Son esas características que forman el carácter y le dan un sentido al esfuerzo que realizamos.

Hacer el bien todos los días a nosotros mismos y al prójimo es una receta muy simple pero muy efectiva.

Una persona bien sabe que dejar de fumar es un bien para sí mismo, pero no puede dejar el cigarro, porque no tiene la fuerza de voluntad suficiente para hacerlo. 

Entonces cae en una irresistible dependencia de la cual no es fácil salir. El hábito de fumar se hizo poco a poco y haciéndolo todos los días, y por ello de igual modo el dejarlo es poco a poco y haciéndolo todos los días. Pero claro, lo que da placer es mucho más fácil hacerlo, que el abstenerse de ello. Comer en abundancia lo que es muy sabroso, aunque no sea una alimentación equilibrada, siempre será mucho más atractivo que comer lo nutritivo aunque no sea tan agradable al paladar.

El poder de la constancia es una lucha cotidiana por realizar las cosas que son buenas y convenientes, más allá del placer y del dolor.  Se convierten en un imperativo, y se hacen porque se hacen, se van a realizar llueve o truene. Se elimina el espacio a la pereza y a la procastinación.

No hay renuncia ni desánimo, se va a continuar con el propósito, sin darle oportunidad a un permiso para dejar la continuidad que nos hemos propuesto. Es cumplir con tu palabra y ser muy firme en doblegar las debilidades del momento, que pueden impedir que consigas tus metas y objetivos.

Si te propusiste dejar de fumar, lo vas a cumplir, en todo momento, aunque se te antoje fuertemente. Es un no tajante a las ganas de volver a tomar el cigarrillo; es más, ni tenerlo en la mano ni ir a comprar una nueva cajetilla.

La perseverancia es una fuerza que nos hace cumplir nuestras promesas. Por eso sabemos que es una gracia que recibimos del amor de Dios y de su misericordia, porque nosotros somos débiles y propensos a fallar y a ceder pronto a nuestros antojos y caprichos.

Guillermo Dellamary, Aleteia 

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miércoles, 22 de marzo de 2023

Rutinas para fortalecer cuerpo y espíritu en Cuaresma

 

(Traducción:Tiempo para la Biblia,Hacer Tareas.Trabajo desde la casa)

Un lindo momento del año, la Cuaresma, tiempo de reflexión y, por qué no, de comenzar buenos hábitos que ayuden a nuestra familia a acercarnos más a Dios

Implementar ciertas rutinas en nuestro día nos ayudarán a cuidar nuestra salud pero además fortalecerán nuestro espíritu.

Para cuidar nuestra salud es necesario el orden. Es una virtud fundamental para tener y crear buenos hábitos.

Para ordenarnos podemos establecer distintas rutinas durante el día: una en la mañana, otra en la noche, alguna rutina espiritual y de actividades físicas.

Esto no solo beneficia a nuestro bienestar físico sino también espiritual, ya que nos ayuda a disminuir el estrés, a mejorar nuestras relaciones o la fuerza muscular, lo que permite prevenir lesiones.

Quizás ya tengamos alguna de ellas establecida. Si es así, es momento de sumar alguna más. Si no tenemos rutinas, aprovechemos este tiempo de Cuaresma para empezar a elegir una que se adapte mejor a nuestro ritmo de vida  y tareas diarias.

Tengamos presente que nuestro cuerpo es la creación de Dios. Necesitamos cuidarlo ya que por medio de él podemos alabarle. En el Catecismo de la Iglesia católica se explica claramente su valor y el cuidado que debemos prestarle:

«(…) Por consiguiente, no es lícito para el hombre despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, tiene que considerar su cuerpo bueno y digno de honra, ya que ha sido creado por Dios y ha de resucitar el último día.»

(CIC, 364ss)

Rutinas durante el día: en la mañana

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Puedes comenzar ofreciendo todo tu día a la gloria de Dios. Por ejemplo, una rutina puede iniciar levantándote en el horario que te fijaste, ni un minuto más, evitando la pereza.

Tomar un vaso de agua y dedicar unos minutos a leer la Biblia.

Realizar 10 o 15 minutos de oración en silencio es tomarse un tiempo para tener una conversación mano a mano con Jesús, hablarle con tu corazón y escuchar lo que él te quiere pedir o darte.

Desayunar, pero no lo primero que encuentre sino planificar tus desayunos, sanos, nutritivos, para estar bien alimentado y desarrollar con normalidad todas las actividades del día de la mejor manera. No podemos descuidar nuestro cuerpo y salud.

Prepararse para la jornada, ropa, vianda, mochilas, lo que se necesite dejar organizado.

Estas son algunas ideas pero puedes planificar tus propias rutinas de la mañana o elegir 1 o 2 para comenzar a ponerlas en práctica.

Rutinas de la noche

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Un hombre lee la Biblia.

En la noche se acerca el tiempo de descansar, por lo tanto las actividades deben fomentar el silencio interior. Es momento de olvidarnos de las preocupaciones para así tener un descanso de calidad.

Un ejemplo de rutina para la noche, sería:

  • Cenar temprano en familia, una comida saludable y ligera, y salir a caminar.
  • Realizar alguna actividad sin usar la tecnología, como puede ser pintar, dibujar, leer, entre otras.
  • Rezar el rosario, incluso se puede hacer durante la caminata si se prefiere, o en familia.
  • Aseo general, ponerse el pijama, lavarse los dientes…
  • Leer un cuento a los hijos. Si se tiene niños pequeños se pueden incluir rutinas con ellos.
  • Escuchar música suave, rezar, leer.
  • Hacer un breve examen de conciencia: en presencia de Dios revisa tu día preguntándote si tu comportamiento ha sido como un hijo de Dios en los distintos ámbitos que frecuentas: hogar, trabajo o amigos.
  • Hacer un acto de gratitud, agradecer a Dios por todo lo que pudiste hacer o recibir en el día, y acto de contrición, por los aspectos en lo que he fallado en el día.

Rutina espiritual

La rutina espiritual, en este caso los momentos de oración, los podemos incluir perfectamente en las rutinas de la mañana y la noche, del mismo modo que las lecturas. Estarían faltando los sacramentos (Eucaristía y Penitencia son los que podemos recibir con frecuencia). En el caso de la Eucaristía, organicémenos para ir a Misa: es algo que podemos planificar de acuerdo a nuestros tiempos y horarios y establecer una rutina con ello.

Rutina de movimiento

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Un niño pasea con su abuelo.

Realizar ejercicio es muy beneficioso para la salud física y también espiritual, por lo que es importante tratar de establecer una rutina de actividad física, con un horario establecido. Se puede optar por subir escaleras, caminar, bailar, ir a un gimnasio, andar en bicicleta, practicar un deporte o cualquier otra actividad que sea de su agrado o tenga la posibilidad de realizar.

Recuerda que todo hábito se crea poco a poco, no es de un día para el otro. Lo importante es comenzar por algo. Por ejemplo, si se elige la rutina de la mañana, se puede hacer el desayuno saludable, que es fundamental para llevar una buena jornada y los 10 o 15 minutos de oración en silencio. Y luego de establecida esta rutina agregar otra.

María Eugenia Brun, Aleteia

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domingo, 13 de diciembre de 2020

Castidad es improvisación

 Castidad es improvisación

La castidad es una virtud, es decir, un hábito bueno. Sin embargo, no se trata de un hábito en el sentido ordinario del término. En efecto, cuando hablamos de hábitos, solemos hablar de algo que se hace de manera casi automática. Y, si lo hacemos de manera automática, en el fondo, pareciera que perdemos la libertad: es como si estuviéramos “determinados” para obrar siempre de la misma manera. ¿Eso ocurre también con la castidad?

Hábito como algo mecánico

Todo hábito se adquiere mediante la repetición de actos. De esta forma, mientras más sostengo en el tiempo un acto libremente realizado, más se va instalando en mí el hábito de actuar de esa manera.

Veamos un ejemplo. Debido a la pandemia, nos hemos acostumbrado a saludar con el puño, con el codo, chocando los zapatos, o simplemente de lejos… Una vez que termine la pandemia, lo esperable es que volvamos a nuestros saludos de antes. Eso sí: es probable que las primeras veces terminemos dándole el puño o el codo a alguien que nos tienda la mano. ¿Por qué? Porque saludar de esa manera era algo que hacíamos automáticamente, casi sin pensar. Algo que se nos había hecho un hábito. Pero no debemos entender la castidad de la misma manera.

Castidad como hábito

Como todo hábito, la castidad se adquiere mediante la repetición de actos libres. ¿Cuál es el acto propio de la castidad? Ordenar las fuerzas del mundo de la sexualidad hacia el amor. Y aquí hay una gran diferencia con respecto al “saludo COVID”: la ordenación que exige la castidad puede hacerse de muchas formas diversas.

El acto propio de la castidad es más bien una suerte de actitud interior, que se exterioriza a través de diversas acciones. Hablamos de una manera de vestir, de una manera de bailar, de una manera de mirar, de una manera de sacarnos fotos y publicarlas, de una manera de comentar las fotos de otros, de una manera de abrazar, de una manera de hablar o mandar mensajes, de una manera de tocar, de una manera de besar, o —en el caso de los esposos— de una manera de tener relaciones sexuales.

Pero a esto cabe agregar que la castidad puede exteriorizarse con diversas actitudes, algunas de ellas incluso opuestas respecto de una misma acción. ¿Cómo es esto? Tomemos el caso de las relaciones sexuales. Una pareja de enamorados o novios está llamada a abstenerse de relaciones sexuales, viviendo la castidad. En cambio, una vez que están casados, las relaciones sexuales se les presentan como algo propio de la vivencia de la castidad. Así, en torno a una misma acción —tener relaciones sexuales—, la castidad se vive de manera distinta, según varíen las circunstancias. Y algo similar puede decirse de las demás acciones.

Manejar, un deporte, o un instrumento musical

Las diversas maneras según las cuales se exterioriza la vivencia de la castidad nos obligan a no entenderla como un hábito mecánico. En cambio, se la puede asimilar más bien al “hábito” de aprender a manejar algún vehículo, de aprender a tocar un instrumento musical, o de aprender algún deporte.

Estas tres actividades tienen en común que no se adquieren de la noche a la mañana, sino que requieren tiempo. Pero, además, no se adquieren realizando un único acto, sino mediante acciones diversas, todas tendientes a un mismo objetivo.

Nótese que estas actividades se aprenden “en la cancha”: ningún futbolista se hizo bueno leyendo libros sobre el fútbol, ningún ciclista se hizo virtuoso escuchando podcasts sobre cómo andar en bicicleta… Estas habilidades se adquieren obrando “aquí y ahora”, es decir, en situaciones concretas. Y, al ser concretas, resultan también cambiantes; por lo tanto, exigen de nosotros respuestas diversas.

Castidad e improvisación

Lejos de consistir en la realización invariable de un mismo comportamiento, la castidad está más vinculada con la improvisación. En efecto, el futbolista virtuoso no es el que hace siempre la misma jugada, sino el que sabe adaptarse a distintas situaciones y a diversos rivales.

Pasa alguien por la calle: ¿miro o no miro? Si decido mirar, ¿cómo miro? Abro Instagram y me aparece su foto, ¿le doy “me gusta”? ¿La comento? Y si decido comentar, ¿qué digo? Estamos en una fiesta y ponen “Hawai”: ¿la saco a bailar? Si bailamos, ¿Cómo bailamos? Termina “Hawai” y empieza “La Jeepeta”: ¿seguimos bailando?

Son innumerables las situaciones en las que se pone en juego la castidad. Sin embargo, hay una constante: lo que se busca es ordenar las fuerzas del mundo de la sexualidad hacia el amor. Vivir la castidad implica procurar el bien de la otra persona, es decir, amar, y no usar. Esta es la norma rectora, que deberá ser aplicada de manera diversa según lo exijan las circunstancias de cada caso.

Con la castidad ocurre como con el fútbol, la bicicleta, o la guitarra: mientras más me entreno, más desarrollo mis habilidades, y voy adquiriendo cada vez una mayor destreza —en el caso de la castidad, para amar—. El amor y las relaciones interpersonales invaden todos los ámbitos de la vida; de ahí que permanentemente estemos “jugando el partido” de la castidad, incluso cuando nos encontramos solos. Como todo entrenamiento, no siempre resulta fácil, pero el tiempo hace ver que el esfuerzo vale la pena.

Daniel Cox, amafuerte.com

Vea también  Pasajes bíblicos para vencer las tentaciones contra la castidad





viernes, 14 de junio de 2019

¿Te acostumbraste a vivir en pecado? (Un fuerte testimonio)



Ocurrió en un país centroamericano durante la guerra civil.  Un amigo me narró este hecho. Llegó para realizar unas reuniones de negocios. En su trayecto del aeropuerto al hotel, en la calle vio algunas personas tiradas, muertas de un disparo. Horrorizado cuestionó al taxista su frialdad, le preguntó por qué no se inmutaba. El hombre conducía como si nada en medio de aquellos muertos.
“Esto es diario. Si vive aquí, se acostumbrará”.
Luego le narró historias espeluznantes de lo que a diario ocurría.
Mi amigo pensó:
“¿Cómo un ser humano se puede acostumbrar a la tragedia?”
He pensado en esto con cierto temor y dolor.  Sabes que las personas sufren y te acostumbras, no haces nada por ellas.  El sufrimiento se convierte en parte del paisaje y no le prestas atención.
Hay mañanas en las que me siento a reflexionar y pienso mucho estas cosas, me pregunto: “¿Por qué?” Y creo que se nos adormece la conciencia. Ocurre con frecuencia ante el pecado. El demonio lo sabe bien y lo aprovecha en nuestra contra.
El pecado nos mortifica, pero lo callamos, y tratamos de enterrarlo en la conciencia, algo imposible.
Te daré un ejemplo sencillo. Compra un diario, cualquiera y lee los encabezados. “Muerte, robos, corrupción”. Leerás situaciones indignantes. Llegará el día en que no te vas a inmutar. Te acostumbras a leer estas noticias y al final ni les prestas atención. Hasta que la tragedia toca tu puerta y te preguntas por qué no hiciste algo antes, para evitarlo.
Suelo decir que el demonio es malo con ganas, no tiene escrúpulos y el tiempo para él no es un problema, se sienta tranquilo a esperar que estemos débiles, pasando una aflicción para tendernos una trampa y hacernos caer.
La Beata sor María Romero solía decir:
“Alerta con las tentaciones. El que ha caído una vez, es difícil que no se caiga dos veces. Pero, “fiel es Dios en no permitir que seamos tentados más allá de nuestra fuerza” (1 Co, 10, 13). El Señor nos invita a hacer lo que Él hizo y cómo lo hizo: “Aléjate de mí satanás”.
No te acostumbres al pecado, ni lo veas como algo natural, que a nadie le hace daño. Al contrario, un pecado pequeño que parece poca cosa te lleva a uno más grande hasta que terminas alejándote de Dios.
¿Qué te recomiendo hoy? Si puedes, un “examen de conciencia honesto” y una buena confesión sacramental.
No le des gusto al demonio, no dejes que te venza, sal de esa terrible oscuridad que te mortifica.
Con Dios por delante, podrás recuperar la gracia y un alma pura. Esfuérzate. Vale la pena.
¡Dios te bendiga!



Claudio de Castro, Aleteia



















lunes, 30 de julio de 2018

¿La pereza me está neutralizando?

Temo que se haya convertido en hábito, no quiero esa desidia transformada en forma de vida

Dicen que la pereza es el peso que me tira por tierra en ese espacio en el que me muevo entre el deseo de hacer algo y su realización.
Me detengo ante ese muro infranqueable que me impide vislumbrar hacia donde estoy caminando.
Es la ceguera que no me permite ver la catedral que estoy construyendo cuando aparentemente sólo estoy cargando piedras.
Es la pereza una fuerza irresistible que me lleva a caer muy bajo en una pobre inactividad. Es como una parálisis que arruina todos mis deseos de seguir luchando.
Dicen que hay un momento en la carrera de larga duración en el que todo tiembla. Las fuerzas flaquean, dudo y no me creo capaz de llegar a la meta.
Son esos momentos en los que creo que el partido está perdido, aunque yo vaya ganando. Es el desánimo que me hace tirar la toalla antes de tiempo, o dejar de correr creyendo que ya he perdido, aunque aún quede tiempo para luchar por la victoria.
No sé si es un gen, o un don natural, o una gracia divina, lo que me permite seguir luchando a pesar del desánimo, en medio de la noche, al borde del precipicio.
Venciendo la pereza y la acedía que podrían acabar con todos mis sueños y echar por tierra mis ilusiones.
Comentaba un entrenador de fútbol: “No ganan siempre los buenos, ganan los que luchan. Como en las grandes batallas, a veces no gana el mejor, sino el que está más convencido”.
Pero a veces me levanto y siento que me puedo comer el mundo sin apenas esfuerzo. Otras veces es tan pesada la roca que tengo que mover que prefiero quedarme quieto sin hacer nada.
Entre el comienzo del deseo y la satisfacción de haber llegado a la meta existe un largo camino que a veces me cuesta recorrer.
Comienza con un trote ligero cuando parezco dispuesto a llegar lo más lejos posible. Pero a menudo me encuentro caminando despacio a mitad de la carrera.
No sé cómo se hace para no perder nunca de vista la meta que deseo, la cima de la montaña, el sueño que he cuidado en el alma.
No sé cómo no distraerme viendo otros paisajes atractivos junto a mi camino. Lugares de descanso, espacios de paraíso, mares, ríos y verdes valles. Mientras que el esfuerzo y el sacrificio van socavando mi ánimo.
Me gustaría tener el premio sin haber tenido que jugar, lograr llegar a la meta sin haber corrido en exceso. Obtener la flor que nace más alta sin haber tenido que trepar las alturas.
Es un deseo insano e inmaduro que a veces me lleva a la pereza. Temo que se haya convertido en hábito. No quiero esa desidia transformada en forma de vida. No quiero ser así, me lo repito.
Decido levantarme cada mañana con una ilusión nueva, haciendo lo de siempre, de una manera diferente.
Tal vez puedo inventarme planes nuevos, dejar de hacer algunas cosas de las que hacía siempre, sólo por cambiar algo.
Podría inventarme nuevos retos casi inalcanzables pensando que sería capaz de tocarlos algún día si me dejara llevar por la fuerza del viento.
Tal vez podría incluso modificar en algo las metas que sueño, los finales que imagino. Ese ideal que sembró Dios un día en lo más profundo de mi alma.
Veo que me visita a veces el demonio del mediodía, como así lo llaman algunos, seduciéndome para caer en la pereza y el desánimo.
Suele llegar a esa edad en la que la vida ya no es sólo futuro sino un presente inmediato cargado de pasado.
al mirar hacia delante, surge la ansiedad. Puedo pensar que he realizado mucho más de lo que soñaba cuando era joven. O puedo pensar que me pesa demasiado lo que vivo y me agobia por no haber conseguido todo lo que esperaba.
En cualquier caso me muevo en la eterna duda: puedo cambiar las cosas y hacerlas de forma diferente, o puedo dejarlas como están y seguir caminando.
Puedo mejorar algunas, o puedo romper con otras porque no todo tiene que ser siempre igual. Puedo dejar el camino que sigo y empezar otro, demasiado drástico.
Haga lo que haga creo que lo importante es que deje que Dios entre en mi vida, entre los muros de mi alma.
Que Dios barra el polvo de mi pereza y ponga en orden lo que no está en orden y comience en mí una obra nueva. Él sí que puede hacer que cambien las cosas en mí. Lo tengo claro, yo solo no puedo cambiarlas.
Comenta el padre José Kentenich: “La prueba de la autenticidad del amor ha de consistir en una seria santificación de sí mismo, en una enérgica educación de sí mismo al servicio de la Santísima Virgen y del apostolado: – Les pido esa santificación. Es la coraza que han de ponerse, la espada con la cual luchar por sus deseos”[1].
Sólo me queda por reconocer que la mayor parte de las cosas que tengo y que hago no van a cambiar nunca.
Soy el que soy y miro con nostalgia la imagen que sueño de mí mismo. Conozco ese peso de mi alma cuando cae en la pereza.
Tengo que aceptar que tal vez me acompañe siempre como parte de la cruz sagrada el peso de mi vida. Eso lo entiendo, lo acepto y lo quiero.
Pero no tiro la toalla y sigo recorriendo los caminos que tengo ante mis ojos. “Es erróneo que un luchador de Dios aquí en la tierra se deje abatir por las dificultades. Las dificultades deben ser para nosotros una tarea”[2].
No me desanimo. No dejo de luchar y de aspirar a ser santo, a ser de Dios, a ser más niño. Sigo luchando por mis deseos.

[1] Kentenich Reader Tomo 1: Encuentro con el Padre Fundador, Peter Locher, Jonathan Niehaus
[2] J. Kentenich, Las fuentes de la alegría sacerdotal

 Carlos Padilla Esteban, aleteia






lunes, 12 de marzo de 2018

10 cosas que tienes que hacer antes de morir

Una santa monja falleció el mes pasado, la sabiduría que nos dejó es digna de meditación y memoria

SISTER MARIA CARITAS NOTES
Nunca olvidaré el momento en que conocí a sor Caritas. Su salud se había estado resintiendo y acababa de mudarse a Boston para la última fase de su vida.
Un día, andaba por el vestíbulo cuando me percaté de una hermana anciana a unos 15 metros de mí. A medida que caminaba hacia ella, abrió los brazos como para envolverme en su fino cerco. Pensé: “Está claro que esta hermana me confunde con otra persona. No la conozco”.
Pero sor Caritas no se había confundido. Estaba llena de alegría por ver a una joven hermana. Me abrazó, me miró a los ojos y empezó a acribillarme a preguntas. Nunca olvidaré su bienvenida. De hecho, puedo decir con total sinceridad que nunca antes un desconocido me había recibido con tantísimo amor.

Cortesía de las Hermanas de San Pablo

La hermana María Caritas, FSP, falleció el 1 febrero. No era famosa ni reconocida. Vivió una vida oculta, sobre todo en estos últimos años en Boston. Previamente estuvo instalada en Toronto y tenía familia cercana en la zona.
Le resultó muy difícil cuando le pidieron que se mudara a Boston por su salud. Sin embargo, al final, aunque le costara la mudanza, sor Caritas se rindió a la voluntad de Dios.
Sor Caritas siempre fue una persona de carácter fuerte. Sor Anne Flanagan escribió sobre ella en un artículo reciente: “Se crió en Sicilia, con un carácter tan fuerte y decidido como el de su apellido: ¡Forte!”.
Angelica Forte nació en Italia, tercera hija de unos padres amorosos a quienes habían aconsejado que la abortara. En vez de eso, sus padres rezaron novena tras novena y Angelica nació sana. Su familia la calificó de “bebé milagro”.
De joven, sor Caritas tuvo muchos pretendientes. De hecho, cuando decidió entrar en el convento, su madre la llevó a un sacerdote y le pidió que la convenciera para casarse con un joven especialmente apropiado.
La joven Angelica, que había intentado explicar a su madre que su corazón ya pertenecía a Jesús, finalmente se puso de pie y plantó ambas manos en el escritorio del sacerdote. “¡Padre! ─exclamó─ ¡Diga a mi madre que si tanto le gusta ese joven, puede quedárselo!”.
Sor Caritas conservó su espíritu aguerrido y hermoso a lo largo de su tiempo en la vida religiosa. Fue misionera en Canadá, para lo que había de saber tanto francés como inglés.
Se enfrentó a mucho sufrimiento en su vida, incluyendo una debilitante enfermedad al final, pero en cada padecimiento se encomendó a Dios y confió en Su amor.
En una ocasión, escribió el secreto de su vida religiosa: “No hago nada para mí misma y, por tanto, veo lo positivo en lo que es necesario hacer y no me contengo en absoluto”.
Sor Caritas fue un ejemplo para sus hermanas, sobre todo en la forma en que asumió muy en serio su nombre religioso de Caritas, caridad. Intentó, con la gracia de Dios, ser caritas para quienes le rodeaban.

Cortesía de las Hermanas de San Pablo – El rosario y otras posesiones de la Hermana Caritas

Solía escribir pequeñas notas de ánimo para sí misma en su diario: “Caritas, no te canses; reza, reza, reza”. La determinación con que intentó vivir a la altura de su nombre fue un hermoso homenaje al Dios a quien tanto amó y que es Amor en sí.
Después de la muerte de sor Caritas, las hermanas encontraron esta lista en su diario. Captura el espíritu de la forma sencilla y hermosa con que intentó encarnar caritas en su vida y ofrece un plan de vida y amor para todos nosotros.

Cortesía de las Hermanas de San Pablo

10 cosas que nunca lamentaré haber hecho antes de morir:
  • Hacer el bien a todo el mundo. 
  • No hablar mal de nadie. 
  • Reflexionar antes de hablar. 
  • No hablar estando abatida. 
  • Ayudar a los menos afortunados.
  • Admitir mis errores. 
  • Ser paciente con todos. 
  • Escuchar, pero no chismorrear. 
  • No creer cosas desagradables sobre otras personas.
  • Prepararme para la muerte. (Este estaba subrayado)
Theresa Noble, aleteia