Mostrando entradas con la etiqueta Esclavitud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esclavitud. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de noviembre de 2024

Cómo luchó el cristianismo contra la esclavitud

LAbolition-de-lesclavage-dans-les-colonies-francaises-en-1848

Solo una religión ha hecho de la esclavitud una cuestión moral: el cristianismo. El autor Jean-Pierre Montembault muestra en uno de sus libros cómo la Iglesia católica permitió, no sin dificultades, la desaparición progresiva de la esclavitud en tierras cristianas y la destrucción de sus fundamentos ideológicos

Si bien la esclavitud se abolió en las colonias francesas en 1848, su desaparición en el continente se remonta a mucho antes: se remonta a un edicto de Luis X promulgado en 1315, un edicto que, en sí mismo, no hacía sino confirmar una realidad que existía desde hacía varios siglos, en el reino de Francia pero también entre sus vecinos.

Mucho antes de Voltaire y la filosofía de la Ilustración, las sociedades occidentales ya no toleraban esta práctica. La esclavitud en tierras cristianas estaba en vías de desaparición… ya en el siglo VIII.

Cambiar las mentalidades antes que las leyes

¿Cómo fue posible este proceso? Jesucristo no es un revolucionario en el sentido marxista del término. No abordó directamente la cuestión de la esclavitud, pero aportó nuevos valores que condujeron a un nuevo comportamiento. A los ojos de Dios, los poderosos no son superiores a sus súbditos. Al hacer del amor al prójimo la condición imperativa para la felicidad eterna, al lavar él mismo los pies de sus apóstoles, Cristo, con sus palabras y sus actos, "subvirtió" las concepciones morales de la época y socavó los cimientos de la esclavitud. En el cielo, "los primeros serán los últimos, y los últimos, los primeros" (Lc 13, 30).

Al cambiar los paradigmas de la gente, la Iglesia católica consiguió mejorar las condiciones de vida de los esclavos, elevando después su estatus jurídico antes de lograr su emancipación total. Es fácil olvidar que la esclavitud prácticamente desapareció del continente europeo a mediados de la Edad Media y nunca ha vuelto.

La Iglesia ha logrado esta hazaña defendiendo la naturaleza universal del ser humano, considerando a cada persona como un ser humano de pleno derecho por el que Cristo se sacrificó. Ha proclamado que todos los hombres son hermanos en Cristo, todos iguales en dignidad, todos salvados por la misma redención y todos llamados a la misma felicidad eterna. Antes de cambiar las leyes, cambió las mentes. "Rodney Stark, historiador de la religión, señala que solo ella llegó a la conclusión teológica de que la esclavitud era un pecado".

Esclavos canonizados

Desde los primeros siglos, la igualdad de los seres humanos se reflejó en el acceso de todos a los sacramentos, desde el sacerdocio hasta el más alto cargo. Calixto I fue esclavo. La Eucaristía no estaba reservada a los hombres libres.

En cuanto a la confesión, condenaba indirectamente la esclavitud. Somos responsables de nuestros actos, de todos nuestros actos. Pero, ¿cómo podemos serlo si somos esclavos? Por último, la canonización de los esclavos también desempeñó un papel importante en esta revolución de la mente. En un mundo extremadamente consciente del estatus social, los propietarios de esclavos se arrodillaban ante un santo, que a veces había sido esclavo en su vida terrenal.

Una vez establecidos los principios morales, la Iglesia Católica tuvo que encontrar la manera de ponerlos en práctica, sin provocar una revolución o una guerra civil que habría hecho más mal que bien. Se utilizaron varios medios, cada uno de los cuales aportaba una piedra a la construcción de una sociedad sin esclavos.

Por ejemplo, la servidumbre -una realidad radicalmente distinta- sustituyó a la esclavitud. Además, la proclamación de la paz de Dios prohibió la deportación de poblaciones civiles y su esclavización. Estos son solo dos ejemplos; ha habido muchos otros.

Un problema moral

Para comprender este cambio de paradigma, basta con observar el nuevo concepto de guerra que surgió en la Edad Media. Además de la paz de Dios para la población civil, se introdujo un sistema de rescate para los soldados hechos prisioneros.

En la antigüedad, ser hecho prisionero significaba la muerte o la esclavitud. En la Edad Media, la práctica del rescate no solo evitó los montones de cadáveres en los campos de batalla, sino que sustituyó a la esclavitud.

El rescate era una fuente de beneficios considerables y no convertía al prisionero en una bestia de trabajo: su carcelero tenía que darle alojamiento, comida y ropa mientras esperaba el pago. Tampoco podía obligarle a realizar trabajos pesados y le interesaba mantenerle en buen estado de salud. Un preso muerto suponía una pérdida de ingresos.

La revolución mental que supuso para el cristianismo la abolición de la esclavitud allanó el camino para la entrada de Occidente en la Modernidad

Los monasterios también desempeñaron un papel fundamental, sobre todo al promover el valor del trabajo manual para las élites. Una comparación con otras civilizaciones (china, india, musulmana, etc.) muestra claramente cómo el pensamiento cristiano representó una auténtica ruptura con el pasado.

Ninguna otra civilización consideró la esclavitud como un problema moral y no tuvo problemas de conciencia al practicarla a gran escala. Por ejemplo, muchos negreros musulmanes financiaban su peregrinación a La Meca mediante el comercio de esclavos. Poseer muchos esclavos era signo de riqueza y poder.

El cristianismo, en cambio, desarrolló una visión diferente del hombre y sembró la noción de culpa en la mente de la gente. Una práctica percibida como natural se convirtió en un grave pecado.

Entrar en la modernidad

Más tarde, a partir del Renacimiento, el retorno de la esclavitud en ciertas colonias, y solo allí, sacó a la luz un aspecto poco conocido de este periodo: la llegada de costumbres más paganas vinculadas en particular a la exaltación de la Antigüedad.

El desarrollo de la mitología en la pintura y el retorno de un pensamiento más esclavista son algunas de sus consecuencias. La Iglesia católica tuvo grandes dificultades para combatir este nuevo estado de ánimo, sobre todo porque algunos de sus prelados, más preocupados por sus prebendas que por los cuerpos y las almas de sus fieles, no transmitieron las numerosas condenas romanas.

Por último, la revolución mental llevada a cabo por el cristianismo, al abolir la esclavitud, permitió a Occidente entrar en la Modernidad. No en vano dominó el mundo durante siglos gracias a su ventaja técnica y científica, ventaja que demuestra la exactitud y la profundidad de las palabras de Cristo: "Buscad primero el reino de Dios y lo demás se os dará por añadidura". (Mt 6, 33)

Jean-Pierre Montembault, aleteia

Vea también      ¿Qué hay de verdad en tantas otras leyendas negras?



lunes, 13 de septiembre de 2021

Tras el comunismo, ¿una esclavitud peor, más sutil? El Papa habla a líderes cristianos eslovacos


 

El Papa Francisco ha llegado en la tarde del sábado a Eslovaquia. Tras una bienvenida oficial en el aeropuerto, se dirigió a la Nunciatura en Bratislava. A las 16.40, el salón de la Nunciatura acogió un encuentro con 9 líderes de distintas iglesias protestantes y ortodoxas y un representante de la comunidad judía, a los que dirigió un discurso sobre la tentación de acomodarse en una época consumista.

Iván Elko, obispo de la mayor iglesia luterana del país (a la que pertenece un 6% de los eslovacos), y representante del órgano ecuménico del país, pronunció unas palabras de bienvenida al Papa, antes de su discurso.

Del tamaño de Aragón, dos tercios son católicos

Eslovaquia es apenas un poco más grande que Aragón, cuenta con 5,4 millones de habitantes y su capital, Bratislava, tiene 425.000 habitantes. La población tiene un 80% de etnia eslovaca, un 10% de etnia húngara y el resto de diversas minorías centroeuropeas. Es un país menos industrializado, mucho más rural y mucho más religioso que su vecina la República Checa, de quien se separó en 1989, al caer el Muro de Berlín.

Un censo de hace diez años calcula que un 62% de los eslovacos son católicos de rito latino (8 diócesis), a los que se suma otro 4% (200.000 fieles) que son católicos de rito bizantino con 270 parroquias y 3 diócesis en el país, organizada como una iglesia oriental 'sui iuris' desde 2008 (autónoma dentro del catolicismo).

Los luteranos de la Iglesia Evangélica Confesión de Augsburgo son un 6% (unas 300.000 personas), y todos los demás protestantes juntos suman otro 3 o 4%. Las otras denominaciones que acudieron al encuentro con el Papa (Iglesia de Hermanos, metodistas, husitas, bautistas, reformados, vetero-católicos y ortodoxos) en realidad suman muy pocos fieles.

Tras la persecución atea, ¿un esclavitud peor?

El Papa señaló a los líderes de las distintas denominaciones cristianas que "el viaje de sus comunidades se reanudó después de los años de persecución atea, cuando la libertad religiosa era obstaculizada o severamente puesta a prueba".

Pero ahora, con más libertad, hay tentación de volver a una esclavitud peor, interior, dijo.

Otra esclavitud, más cómoda, con pan, pero esclavitud

Citó la leyenda del Gran Inquisidor que escribió Dostoievski, personaje que asegura que el hombre no quiere la libertad, sino "una esclavitud más cómoda, la de someterse a quien decida por ellos, para tener pan y normas"

"Queridos hermanos, esto no nos pasa a nosotros; ayudémonos a no caer en la trampa de quedar satisfechos con pan y poco más", advirtió el Papa Francisco.

"¿Los cristianos hemos perdido un poco el ardor del anuncio y la profecía del testimonio? ¿Es la verdad del evangelio lo que nos libera? ¿O nos sentimos libres cuando ganamos la zona de confort que nos permite seguir tranquilamente sin repercusiones?", planteó el Pontífice.

También recordó las palabras de Jesús ("que sean uno para que el mundo crea"): "quizás hayamos perdido el ímpetu en la búsqueda de la unidad que Jesús imploró, una unidad que ciertamente requiere la libertad madura de opciones fuertes, renuncias y sacrificios, pero es la premisa para que el mundo crea".

El Papa en la nunciatura de Bratislava con líderes de diversas denominaciones cristianas

El Papa en la nunciatura de Bratislava con líderes de diversas denominaciones cristianas

Europa libre de ideologías, ¿sin unidad cristiana?

"¿Cómo podemos soñar con una Europa libre de ideologías, si no tenemos el valor de anteponer la libertad de Jesús a las necesidades de grupos individuales de creyentes? Es difícil reclamar una Europa más fecunda por el Evangelio sin preocuparse por el hecho de que todavía no estamos plenamente unidos entre nosotros", insistió.

Recordó el papel histórico de dos hermanos de sangre, Cirilo y Metodio, santos patronos del país, griegos del s.IX que evangelizaron a los pueblos eslavos y que él llamó -citando la 'Slavorum Apostoli' de Juan Pablo II- "precursores del ecumenismo".

Contemplación y acción conjunta por los pobres

Animó a los cristianos eslavos a fomentar la contemplación, "esa fe vivencial, que sabe acoger el misterio. Ayudarnos unos a otros a cultivar esta tradición espiritual, que Europa tanto necesita: el Occidente eclesial, en particular, tiene sed de ella, para redescubrir la belleza de la adoración de Dios y la importancia de no concebir la comunidad de fe principalmente sobre la base de una eficiencia programática funcional".

Después animó al ecumenismo de la acción conjunta. "Si bien todavía no somos capaces de compartir la misma mesa eucarística, podemos acoger juntos a Jesús sirviéndole en los pobres. Será una señal más evocadora que muchas palabras, que ayudará a la sociedad civil a entender, especialmente en este período difícil, que solo estando del lado de los más débiles saldremos todos juntos de la pandemia", añadió. Y, como suele hacer en estos encuentros, finalizó pidiendo: "por favor, oren por mí".

P.J.G./ReL


Vea también      Televisión: Estupidez en serie

Mensaje del Papa a los políticos eslovacos

Abrirse a la novedad, pero sin desarraigarse"; "no sirve recriminar el pasado, es necesario ponerse manos a la obra para construir juntos el futuro"... así se dirigió el Papa Francisco a los políticos, diplomáticos y personalidades eslovacas reunidas en el jardín del Palacio presidencial en Bratislava en esta mañana de lunes.

De hecho, al llegar al Palacio, dos niños con trajes tradicionales recibieron al Papa con el signo del pan y la sal. Y el Papa centró su discurso a los políticos y la sociedad civil en este tradicional gesto de varios países eslavos de ofrecer pan y sal como signo de acogida y bendición. Los símbolos del pan y la sal, también presentes en el Evangelio con su propia simbología, le sirvieron como hilo conductor.

Así, por ejemplo, recordó "cuántas personas ilustres fueron encerradas en la cárcel, permaneciendo libres interiormente y ofreciendo luminosos ejemplos de valentía, coherencia y resistencia a la injusticia. Y, sobre todo, de perdón. Esta es la sal de vuestra tierra", proclamó.

También ha advertido contra " los colonialismos ideológicos" y ha contrastado que si "hace algunos decenios, un pensamiento único coartaba la libertad [refiriéndose a la dictadura comunista]; hoy otro pensamiento único la vacía de sentido, reconduciendo el progreso al beneficio y los derechos sólo a las necesidades individualistas".

La presidenta eslovaca presenta al Papa en el Palacio presidencial

La presidenta eslovaca presenta al Papa en el Palacio presidencial

Eslovaquia tiene el tamaño de Aragón y 5,4 millones de habitantes (80% de etnia eslovaca, un 10% de etnia húngara y el resto de diversas minorías). Dos tercios de los eslovacos son católicos, un 10% luteranos y casi todos los demás no son religiosos.

El lugar del encuentro con las autoridades fue construido en 1760 y es la residencia presidencial de Eslovaquia desde 1996. Aquí estrenó algunas de sus obras musicales el gran compositor católico Joseph Haydn en el s.XVIII, fue cuartel general alemán durante la Segunda Guerra Mundial y residencia de jefes durante la dictadura comunista.

Una presidenta pro-aborto y pro-ideología LGTB

La presidenta Zuzana Čaputová llevó al Papa a la Sala de Oro del Palacio. Čaputová es la líder del partido Eslovaquia Progresista, a favor del aborto y el 'matrimonio' del mismo sexo, incluso con entrega de niños a parejas del mismo sexo (es decir, haciéndoles crecer sin padre o sin madre). Presentó su familia al Papa. Según Wikipedia, tiene dos hijos, se divorció en 2018 y convive con otro hombre desde entonces.

El Papa regaló a la presidenta una medalla pontificia con la figura de la Virgen de los siete dolores, patrona de Eslovaquia, y con la doble cruz que es uno de los símbolos del país europeo.

En el Libro de Honor, el Santo Padre escribió: "Peregrino en Bratislava, abrazo con afecto al pueblo eslovaco y rezo por este país de raíces antiguas y rostro joven, para que sea un mensaje de fraternidad y de paz en el corazón de Europa”.

La presidenta eslovaca con el Papa en la Nunciatura de Bratislava

La presidenta eslovaca con el Papa en la Nunciatura de Bratislava, el domingo por la tarde, al poco de llegar a Eslovaquia 

***

Discurso del Papa Francisco a políticos y diplomáticos en el jardín del Palacio presidencial en Bratislava

Señora Presidenta
miembros del Gobierno y del Cuerpo Diplomático,
distinguidas Autoridades civiles y religiosas,
señoras y señores:

Expreso mi gratitud a la Presidenta Zuzana Čaputová por las palabras de bienvenida que me ha dirigido, también en nombre de ustedes y de la población. Saludo a todos ustedes, manifestándoles mi alegría de estar en Eslovaquia.

Vengo como peregrino en un país joven pero de historia antigua, en una tierra de raíces profundas situada en el corazón de Europa. Verdaderamente me encuentro en una “tierra media”, que ha visto muchas transiciones. Estos territorios han sido frontera del Imperio romano y lugar de interacción entre el cristianismo occidental y oriental.

De la gran Moravia al Reino húngaro, de la República checoslovaca a hoy, han sabido, en medio de no pocas pruebas, integrarse y distinguirse de un modo esencialmente pacífico. Veintiocho años atrás el mundo admiró el nacimiento sin conflictos de dos países independientes.

Esta historia llama a Eslovaquia a ser un mensaje de paz en el corazón de Europa. Es lo que sugiere la gran franja azul de su bandera, que simboliza la fraternidad con los pueblos eslavos. Fraternidad es lo que necesitamos para promover una integración cada vez más necesaria. Esta urge ahora, en un momento en el que, después de durísimos meses de pandemia, se plantea, junto a muchas dificultades, una anhelada reactivación económica, favorecida por los planes de recuperación de la Unión Europea.

Todavía se puede correr el riesgo de dejarse arrastrar por la prisa y la seducción de las ganancias, generando una euforia pasajera que, más que unir, divide. Además, la sola recuperación económica no es suficiente en un mundo donde todos estamos conectados, donde todos habitamos una tierra media. Que este país, mientras en varios frentes siguen luchas por la supremacía, reafirme su mensaje de integración y de paz, y Europa se distinga por una solidaridad que, atravesando las fronteras, pueda volver a llevarla al centro de la historia.

La historia eslovaca está marcada de manera indeleble por la fe. Deseo que ésta ayude a alimentar de modo connatural propósitos y sentimientos de fraternidad. Pueden inspirarse en las grandiosas vidas de los santos hermanos Cirilo y Metodio. Ellos difundieron el Evangelio cuando los cristianos del continente estaban unidos; y todavía hoy unen las confesiones de esta tierra. Eran reconocidos por todos y buscaban la comunión con todos: eslavos, griegos y latinos. La solidez de su fe se traducía así en una apertura espontánea. Es un legado que ustedes están llamados a recoger, para ser también en este tiempo un signo de unidad.

Queridos amigos, que esta vocación a la fraternidad no desaparezca nunca de sus corazones, sino que acompañe siempre la simpática autenticidad que los caracteriza. Ustedes saben reservar gran atención a la hospitalidad. Me sorprenden las expresiones típicas de la acogida eslava, que ofrece a los visitantes el pan y la sal. Y quisiera ahora inspirarme en estos dones sencillos y preciosos, impregnados de Evangelio.

El pan, elegido por Dios para hacerse presente entre nosotros, es esencial. La Escritura invita a no acumularlo, sino a compartirlo. El pan del que habla el Evangelio siempre se parte. Es un fuerte mensaje para nuestra vida cotidiana; nos dice que la riqueza verdadera no consiste tanto en multiplicar cuanto se tiene, sino en compartirlo equitativamente con quien tenemos a nuestro alrededor. El pan, que partiéndose evoca la fragilidad, invita en particular a hacerse cargo de los más débiles. Que nadie sea estigmatizado o discriminado. La mirada cristiana no ve en los más frágiles una carga o un problema, sino hermanos y hermanas a quienes acompañar y cuidar.

El pan partido y compartido equitativamente recuerda la importancia de la justicia, de dar a cada uno la oportunidad de realizarse. Es necesario esforzarse para construir un futuro en el que las leyes se apliquen a todos por igual, sobre la base de una justicia que no esté nunca en venta. Y para que la justicia no permanezca como una idea abstracta, sino que sea concreta como el pan, es necesario emprender una seria lucha contra la corrupción y que ante todo se fomente e imponga la legalidad.

Además, el pan se une inseparablemente a un adjetivo: cotidiano (cf. Mt 6,11). El pan de cada jornada es el trabajo, que ocupa gran parte de ella. Del mismo modo que sin pan no hay nutrición, sin trabajo no hay dignidad. En la base de una sociedad justa y fraterna rige el derecho de que a cada uno se le conceda el pan del trabajo, para que nadie se sienta marginado y se vea obligado a dejar la familia y la tierra de origen en busca de mejores oportunidades.

«Ustedes son la sal de la tierra» (Mt 5,13). La sal es el primer símbolo que Jesús emplea enseñando a sus discípulos. Esta, en primer lugar, da gusto a los alimentos, y lleva a pensar en ese sabor sin el cual la vida se vuelve insípida. No bastan ciertamente estructuras organizadas y eficientes para hacer buena la convivencia humana, se necesita sabor, se necesita el sabor de la solidaridad.

Y como la sal sólo da sabor disolviéndose, así la sociedad encuentra gusto a través de la generosidad gratuita de quien se entrega por los demás. Es hermoso que a los jóvenes, en particular, se los motive en este sentido, para que se sientan protagonistas del futuro del país y lo tomen en serio, enriqueciendo con sus sueños y su creatividad la historia que los ha precedido.

No hay renovación sin los jóvenes, que a menudo son engañados por un espíritu consumista que marchita la existencia. Muchos, demasiados en Europa se arrastran en el cansancio y la frustración, estresados por ritmos de vida frenéticos y sin saber cómo encontrar motivaciones y esperanza. El ingrediente que falta es el cuidado por los demás. Sentirse responsables de alguien da gusto a la vida y permite descubrir que lo que damos es en realidad un don que nos hacemos a nosotros mismos.

La sal, en los tiempos de Cristo, además de dar sabor, servía para conservar los alimentos, preservándolos del deterioro. Me gustaría que nunca dejen que los fragantes sabores de sus mejores tradiciones se estropeen por la superficialidad del consumo y las ganancias materiales. Y mucho menos de los colonialismos ideológicos.

En esta tierra, hasta hace algunos decenios, un pensamiento único coartaba la libertad; hoy otro pensamiento único la vacía de sentido, reconduciendo el progreso al beneficio y los derechos sólo a las necesidades individualistas.

Hoy, como entonces, la sal de la fe no es una respuesta según el mundo, no está en el ardor de llevar a cabo guerras culturales, sino en la siembra humilde y paciente del Reino de Dios, principalmente con el testimonio de la caridad.

Vuestra Constitución menciona el deseo de edificar el país sobre la herencia de los santos Cirilo y Metodio, patronos de Europa. Ellos, sin imposiciones y sin coacciones, fecundaron la cultura con el Evangelio, generando procesos beneficiosos. Es esta la senda, no la lucha por la conquista de espacios y de relevancia, sino el camino que indican los santos, el camino de las Bienaventuranzas. De allí, de las Bienaventuranzas, surge la visión cristiana de la sociedad.

Los santos Cirilo y Metodio también han mostrado que custodiar el bien no significa repetir el pasado, sino abrirse a la novedad sin desarraigarse. Vuestra historia cuenta con muchos escritores, poetas y hombres de cultura que han sido la sal del país. Y como la sal quema sobre las heridas, así sus vidas han pasado con frecuencia a través del crisol del sufrimiento. Cuántas personas ilustres fueron encerradas en la cárcel, permaneciendo libres interiormente y ofreciendo luminosos ejemplos de valentía, coherencia y resistencia a la injusticia. Y sobre todo de perdón. Esta es la sal de vuestra tierra.

La pandemia, en cambio, es el crisol de nuestro tiempo. Esta nos ha mostrado que es muy fácil, a pesar de estar todos en la misma situación, disgregarse y pensar solamente en uno mismo. Volvamos a comenzar reconociendo que todos somos frágiles y necesitados de los demás. Ninguno puede aislarse, ya sea como individuo o como nación. Acojamos esta crisis como un «llamado a repensar nuestros estilos de vida» (Carta enc. Fratelli tutti, 33). No sirve recriminar el pasado, es necesario ponerse manos a la obra para construir juntos el futuro.

Me gustaría que lo hicieran con la mirada dirigida hacia lo alto, como cuando miran sus espléndidos montes Tatras. Allí, entre los bosques y las cumbres que señalan el cielo, Dios parece más cercano y la creación se revela como la casa intacta que durante siglos ha acogido tantas generaciones. Sus montes conectan cimas y paisajes variados en una cadena única, y trascienden los límites del país para unir en la belleza pueblos diversos. Cultiven esta belleza, la belleza del conjunto. Esto requiere paciencia y esfuerzo, valentía e intercambio, entusiasmo y creatividad. Pero es la obra humana que el cielo bendice. Que Dios los bendiga, que bendiga esta tierra. Nech Boh žehná Slovensko! [¡Que Dios bendiga a Eslovaquia!]
























viernes, 8 de febrero de 2019

Para que las víctimas de la trata sean acogidas: pídelo con Francisco

El Video del Papa de febrero: "no podemos lavarnos las manos ante la esclavitud actual"

Lo vemos diariamente en los noticieros y en la prensa. Les llamamos migrantes económicos, refugiados, clandestinos, extracomunitarios, desplazados, menores no acompañados, caravanas, o como se quiera, olvidando muchas veces que son personas. 
Ellos son millones, se escapan cada día de sus tierras, debido a la guerra, al hambre, las persecuciones políticas, religiosas, o a las situaciones de pobreza extrema, enfrentando abusos de todo tipo. Lo que en cambio no vemos es, a las organizaciones criminales que lucran con esto, esclavizando a hombres, mujeres y niños, laboral o sexualmente, para el comercio de órganos, para hacerlos mendigar o delinquir. 




En El Video del Papa de febrero Francisco nos recuerda que la esclavitud “no es cosa de otros tiempos” y que “no podemos lavarnos las manos si no queremos ser, de alguna manera, cómplices de estos crímenes contra la humanidad”. 
En colaboración con Talitha Kum, la red mundial de la vida consagrada comprometida contra la trata de personas, la sección “Migrantes y Refugiados” del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, el Servicio Jesuita a Refugiados, la Pontificia Academia de las Ciencias y el Apostolado del Mar; La Red Mundial de Oración del Papa se suma a la jornada mundial de oración y reflexión contra la trata de personas, bajo el hashtag #JuntosContraLaTrataDePersonas. 
Conmemorando el 8 de febrero, día en el que murió Santa Josefina Bakhita, Francisco nos invita a rezar “por la acogida generosa de las víctimas de la trata de personas, de la prostitución forzada y de la violencia”.










martes, 18 de septiembre de 2018

¿Por qué me cuesta tanto ponerme en camino?

Me pongo en camino y me pregunto hoy qué es lo que me detiene. ¿Dónde me ato, me esclavizo y así dejo de crecer?

Man on Bridge
Hoy Jesús va de camino, se pone en marcha, sale de su hogar. Hace como tantas veces en el Evangelio. Recorre la tierra de los hombres. Lugares conocidos. Se encuentra con los que más lo buscan y necesitan.
Me conmueve ese Jesús humano que pasa por mi vida: En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Jesús camina con los suyos. Con aquellos que lo siguen, con los que no se han dado la vuelta para abandonarlo.
Hoy Jesús ya no teme quedarse solo. Va con los que lo aman y Él los ama. Yo tampoco voy solo. No recorro la vida solo. A veces puede parecérmelo. Toco esa soledad con Dios. Pero no estoy solo. Amo a muchos. Muchos me aman.
Jesús no era un solitario. Necesita la soledad. La frecuenta también más de lo que yo lo hago. Sube a un monte solitario. Se aleja de las masas que quieren tocarlo. Pero a menudo va acompañado. Con muchos. Rodeado de sus discípulos y de tantos heridos que encuentra en el camino.
A veces temo vivir escondido. Sin hacer el esfuerzo por salir fuera de mí. Sin recorrer ningún camino. Sin visitar aldeas nuevas que no conozco. Temo aburguesarme y esperar a que la vida me toque de alguna forma. Si me necesitan me buscarán, pienso. Y me quedo quieto. No salgo. No me arriesgo.
Por eso me gusta que Jesús camine por los pueblos. Se abaja. Deja de mirar a las alturas y mira al hombre que sufre, al hombre enfermo. Al herido. Se abaja desde la montaña, desde lo alto. Jesús tenía el corazón ordenado. Anclado profundamente en Dios y en los hombres. Pero en mi corazón no sucede lo mismo.
Siento lo que explicaba el P. Kentenich: La virginal primavera, la blancura de la nieve, la pureza de los ojos de los niños despierta todo lo grande que llevamos en el alma. Goethe decía: – ¡Ay! ¡Dos almas moran en mi pecho!: Una apunta con fuerza hacia abajo; y la otra lo hace con igual fuerza hacia arriba.
Tengo un gran anhelo por los ideales que me alegran y me elevan. Hacen que mi corazón vibre y se enamore. Y entonces, cuando es así. Cuando logro subir a las alturas y me encuentro con Dios en lo hondo de mi alma.
En esos momentos me siento con fuerzas para ponerme en camino e ir hacia los hombres. Pero a veces me dejo llevar por esa fuerza interior que tira de mí hacia abajo. No hacia los hombres, sino hacia la pereza, la dejadez, el egoísmo, la comodidad, la tristeza.
Dejo entonces de salir para servir. Y sólo pienso en mí, en lo que necesito, en lo que a mí me hace falta. Jesús camina para servir. Sale de su hogar, de su comodidad, para buscar.
Leía el otro día: Hazte al camino, deja tu tierra… ¿Qué tierra? Procura que la Iglesia, que hasta ahora estaba como un bloque inmóvil, se distienda y desprenda interiormente; que tenga el valor de abrir las ventanas, de quitar el cerrojo a puertas y ventanas, para permitir que sople el espíritu del mundo en sus recintos, y dejar que su propio espíritu, el espíritu de la Iglesia, sople en el mundo totalmente cambiado de hoy.
Quiero un corazón abierto, libre, grande. Un corazón que esté dispuesto a amar siempre, a buscar siempre al necesitado. Me quiero poner en camino con Jesús.
Como explica el P. Kentenich el camino es largo: En el orden de la vida espiritual tenemos un largo camino. Hay que pasar del egocentrismo absoluto al amor oblativo, totalmente descentralizado de uno mismo, a semejanza del inmenso amor de Dios.Un amor que no se busca a sí mismo, sino que se entrega siempre.
Me pongo en camino y me pregunto hoy qué es lo que me detiene. ¿Dónde me ato, me esclavizo y así dejo de crecer? Me es fácil quedarme donde me encuentro.
Hoy escucho que Jesús se pone en camino y recorre la tierra de los hombres. Me pongo en camino. Voy al encuentro de quien me necesita. ¿Quién quiere estar cerca de mí? ¿A quién le abro o cierro la puerta de mi vida? 


Carlos Padilla Esteban, Aleteia