Queremos llevar el amor del Hijo de Dios a todos los hombres. Ha permitido que le abran el Corazón con una lanza para que esté abierto para todos. Que el Corazón de Jesús nos ayude a ser sus testigos. Para ello invocamos la ayuda de la Madre de Dios, Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús.
El evangelizador laico Gabriel Castillo es conocido por su
canal de YouTube, Gabi
After Hours, y por su gran devoción a la Virgen María.
Recientemente, lanzó un libro titulado El
poder del Rosario, en el que explica la historia de esta devoción, sus
beneficios y ofrece sugerencias e ideas para quienes desean incorporar esta
práctica en su vida diaria.
En una entrevista con ChurchPOP durante la conferencia SEEK 2026, realizada en Fort Worth, Texas
(Estados Unidos), Castillo animó a las personas a rezar el Rosario, afirmando
que “es uno de los mayores cambios” que se pueden hacer para mejorar la vida,
especialmente para quienes buscan un “avance espiritual”.
También mencionó que, según muchos santos, doctores de la
Iglesia y papas, el Rosario es la oración más importante después de la Santa
Misa.
“Cuando se reza correctamente”, explica Castillo, “el
Rosario es la mayor oración para disponer el alma a recibir más gracias en los
sacramentos; es la mayor oración para discernir la santa voluntad de Dios y
luego tener la fuerza y el valor para cumplirla, y la mayor oración para vencer
el vicio”.
Tanto si deseas empezar a rezar el Rosario como si quieres
rezar más misterios cada día, Castillo comparte cinco consejos prácticos para
convertir este propósito en una realidad.
1) Lleva siempre un Rosario contigo.
“Sirve como un recordatorio físico de que tengo
influencia en el resultado de los acontecimientos humanos, de que tengo la
capacidad de orar, de generar cambios y de aportar gracias para situaciones
difíciles. Y es un recordatorio de la presencia de Nuestra Señora”, indica.
Castillo comenta que siempre lleva su Rosario en las manos,
“pero todos deberían intentar llevar un Rosario a donde vayan, ya sea en el
bolsillo, en la cartera o en un bolso”.
2) Ten una buena intención.
“Cada vez que empiezas un nuevo hábito, realmente
necesitas tener claro tu por qué”, afirma Castillo. Por eso, anima a tener una
intención fuerte para no perder el enfoque.
También sugiere añadir un límite de tiempo y explica por
qué:
“Di: ‘Voy a rezar el Rosario todos los días por esta
intención durante nueve días o 54 días’. No porque vayas a dejar de rezar en
ese momento, sino para que lo veas como una meta: después seguiré corriendo la
carrera, pero ese es mi objetivo, paso a paso”.
3) No seas escrupuloso.
“Hay que entender que el Rosario, aunque es un ramillete
de rosas para Nuestra Señora, también es un arma en la mano del cristiano. Por
eso, cuando empiezas a rezar el Rosario, el demonio lanzará un ataque frontal
para hacer todo lo posible para que te detengas. Escucharás una voz en tu
cabeza que dice: ‘Reza después, no eres bueno en esto, estás perdiendo el
tiempo’; eso viene del enemigo”.
Castillo añade que las dos tentaciones principales son la
distracción y el desánimo.
“Conformate con rezar mal el Rosario, pero termínalo al
final del día, porque el único Rosario malo es el Rosario que no se reza. Y la
oración es como un músculo: mientras más oras, mejor te vuelves”.
Asegura que más importante que lo que sientes es la
constancia, que es un “signo de madurez espiritual”. Por eso, la clave es la
perseverancia.
4) No es necesario ‘volver a empezar’ después del primer
Rosario.
Si tu objetivo es rezar más de cinco misterios al día, no
tienes que repetir las oraciones iniciales cada vez que comiences un nuevo
grupo.
“El Rosario, tal como fue concebido originalmente, estaba
pensado para que todos los misterios se repartieran a lo largo del día, así que
la introducción de esa oración tan larga puede hacerse por la mañana y omitirse
en el resto de los Rosarios”.
Lo mismo ocurre con la Salve Regina y otras
oraciones adicionales que normalmente se rezan al final del Rosario. También
hay libertad en el orden de los misterios que se rezan.
“Aunque animo a las personas que van a rezar varios
Rosarios a hacerlo en orden secuencial para recorrer toda la vida de Cristo a
lo largo del día. Si solo vas a rezar dos o tres, recomiendo rezar el mismo
misterio varias veces al día, porque lo tienes fresco en la mente y es fácil
volver a esa fuente santa de inspiración”.
5) ¡Haz un plan!
Este consejo es para personas de todos los estados de vida y
sirve en muchos aspectos.
“Si quieres tener éxito en algo, pero especialmente en la
vida espiritual, necesitas tener una regla de vida”.
Castillo recomienda reservar un momento para orar,
preferiblemente por la mañana, para poder mantener la presencia de Dios a lo
largo del día y de las actividades.
“No sabemos qué va a pasar durante el día, no sabemos
dónde Jesús nos va a llamar ni dónde vamos a ver su rostro en alguien que sufre
o está necesitado, pero al rezar por la mañana ya tienes la gracia de tu lado”.
Incluso si no tienes tiempo por la mañana para terminar todo
el Rosario, al menos comienza con una decena; luego reza otra en el camino,
otra a la hora del almuerzo, etc.
“No necesariamente tiene que quitarte más tiempo de tu
día”, añade.
Consejo extra: visualiza.
Inspirado en San Francisco de Sales, Castillo recomienda
“visualizar el misterio como si estuviera sucediendo en el mismo lugar donde te
encuentras”.
Él explica:
“Si estás caminando y rezas el quinto misterio doloroso,
y ves un árbol, detente un momento y visualiza a Jesús colgado de ese árbol.
Con los ojos abiertos, si estás conduciendo, visualiza a Jesús con la corona de
espinas y las manos atadas, sentado a tu lado en el asiento del copiloto”.
“Esta es una forma de entrar realmente en el misterio, y
entonces los Padres Nuestros y las Avemarías pasan a un segundo plano —son
importantes—, pero queremos intentar vivir dentro de ese misterio, y las
Avemarías pasan como una canción, como un pequeño temporizador que nos indica
cuándo detenernos y pasar a la siguiente meditación”.
“Cuando rezas el Rosario de esta manera, es radicalmente
transformador”, concluye.
Esta forma de oración que consiste en leer, meditar, orar y contemplar la Palabra de Dios es una fuente genuina de la espiritualidad cristiana, y a ella nos invita nuestra Regla
La Lectio Divina nos ayuda a adquirir un suave y muy vivo amor, y a aprender la supereminente ciencia de Jesucristo.
Esta es una forma antigua de orar con la Palabra de Dios. Según algunos recursos disponibles en la web, el origen de la lectio divina se remonta a los primeros cristianos, especialmente a Orígenes, un teólogo del siglo III que consideraba que el enfoque en Cristo era la clave para interpretar las Escrituras.
Orígenes fue el primero en utilizar la expresión «Lectio divina» y recomendaba leer la Biblia con atención, constancia y oración. La práctica monástica se estableció por primera vez en el siglo VI por San Benito de Nursia y luego se formalizó como un proceso de cuatro pasos por el monje cartujo Guigo II en el siglo XII. La Lectio Divina se ha mantenido viva a lo largo de los siglos y ha experimentado un renacimiento en el siglo XX gracias a las reformas del Concilio Vaticano II y al apoyo de los Papas.
Pasos para la Lectio Divina:
1LECTURA
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Se lee un pasaje bíblico con atención, tratando de comprender el sentido literal y el contexto histórico y cultural. Se puede repetir la lectura varias veces, subrayando las palabras o frases que más nos llamen la atención.
2MEDITACIÓN
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Se reflexiona sobre el mensaje que Dios nos quiere transmitir a través del texto. Puedes preguntarte: ¿Qué me dice Dios a mí en este pasaje? ¿Qué me enseña sobre su amor, su voluntad, su plan? ¿Qué me pide que cambie, que haga, que deje de hacer?
3ORACIÓN
Oración por la Vida
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Se responde a Dios con palabras de alabanza, acción de gracias, petición o arrepentimiento. Se le expresa lo que sentimos en nuestro corazón, lo que deseamos, lo que necesitamos. Se le pide que nos ayude a vivir según su Palabra.
4CONTEMPLACIÓN
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Se guarda silencio y se deja que Dios nos hable al corazón. Se trata de estar en su presencia, de admirar su belleza, de gozar de su amor. Se puede repetir una palabra o frase del texto que nos haya tocado especialmente.
La Lectio Divina se puede practicar individualmente o en grupo. Lo importante es hacerlo con regularidad, con fe y con amor. Así podremos crecer en nuestra relación con Dios y con los demás.
Conoce más sobre la Biblia:
Matilde Latorre, Aleteia
¿Quieres probar la Lectio Divina?
La lectura orante de la Sagrada Escritura es una vieja práctica de la Iglesia. Es el método de meditación de los monjes benedictinos. Descubre esta forma especial de escuchar la voz del Espíritu Santo
La Lectio Divina es, junto con la liturgia (Misa, Oración de las Horas) y el estudio, una de las formas de saborear y nutrirse de la Palabra de Dios.
«El Evangelio es el cuerpo de Cristo», escribió el gran biblista san Jerónimo (345-420). «Comemos la carne y bebemos la sangre de Cristo en el misterio de la Eucaristía, pero también en la lectura de las Escrituras».
En este sentido, san Juan Pablo II decía que «la primacía de la santidad y de la oración sólo es concebible a partir de una renovada escucha de la Palabra de Dios».
«Es necesario que esta escucha se convierta en un encuentro vital que nos permita extraer del texto bíblico la palabra viva que desafía, guía y configura la existencia», añadía.
El objetivo de la Lectio Divina no es, por lo tanto, hacer a alguien erudito, sino intensificar su comunión con Dios, a quien conocemos cada vez mejor gracias al contacto personal que tenemos con Él a través las Escrituras, donde se entrega.
La Lectio Divina no es una mera lectura, pero sí que pasa por la lectura. No es un estudio, excesivamente intelectual, pero hace uso de la inteligencia.
Requiere fe, para que se pueda establecer un diálogo entre Dios y el hombre, porque es a Él a quien nos dirigimos cuando oramos.
¿Por dónde empezar?
Si eres un principiante, deberías empezar por leer el Nuevo Testamento, sobre todo los Evangelios. Se puede escoger un pasaje del Evangelio de la Misa del día o del domingo que viene, o leer un libro continuamente.
Cuando se tiene más experiencia, se puede hacer una lectura transversal eligiendo un tema. Por ejemplo, buscar lo que Jesús dice sobre el bautismo u observarlo durante las comidas con sus discípulos. Entonces es posible comparar y contrastar los diferentes pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento.
Puede ser útil utilizar la misma Biblia una y otra vez, para «circular en ella» con creciente familiaridad. Se pueden usar marcas para anotar los pasajes favoritos a los que será un placer volver en los días de sequía.
Finalmente, antes de comenzar, es bueno recordar que la Lectio Divina es personal, pero no individual; se hace en la Iglesia, bañada en la Tradición.
¿Cómo practicar la Lectio Divina?
A pesar de las diferentes prácticas, el procedimiento sigue siendo el mismo. Guigues II el Angélico lo resume así:
«Busca leyendo y encontrarás mientras meditas; llama mientras oras y se te abrirá en la contemplación«.
Sigue cuatro etapas sucesivas, como los peldaños de una escalera por la que el hombre sube y baja entre la tierra y el cielo: leer, meditar, orar, contemplar. Inspirémonos de esto.
1.INVOCAR EL ESPÍRITU SANTO
Jesús nos prometió que el Espíritu Santo nos recordaría todas las cosas. Nuestra cooperación es nuestro esfuerzo por leer, pero es el Espíritu Santo quien hace de la Escritura una palabra viva. Podemos rezarle así: «¡Ven Espíritu Santo, Padre de los pobres, abre e ilumina mi corazón y mi mente!» «Abrir la Escritura y leerla, según san Jerónimo, es desplegar las velas del Espíritu Santo, sin saber en qué orilla vamos a desembarcar. «
2.LEER SIN PRISA
Leemos el texto elegido como si fuera la primera vez, de manera sencilla y humilde, sin tener en cuenta todo lo que podamos saber sobre él, todo lo que podamos haber leído o escuchado sobre él como comentario. Si esto no es posible, el pasaje elegido puede ser leído en voz alta o copiado lentamente.
3.CENTRARSE EN EL CONTEXTO
¿Qué pasó justo antes de eso? ¿Dónde tiene lugar la escena? ¿Está Jesús solo con una persona o está con sus discípulos o con una multitud?
¿A qué hora del día tiene lugar esto? ¿En qué época del año? ¿Durante una fiesta litúrgica? Si es así, ¿cuál? ¿Cuál es su significado para Israel?
También debemos interesarnos por la realidad del contexto, los objetos de la escena, etc.
Por ejemplo: las seis tinajas de las bodas de Caná (Juan 2:1-11) contienen cada una de 80 a 120 litros, ¡no son jarras modestas!
O, cuando Jesús se encuentra con la mujer samaritana cerca de un pozo (Juan 4:1-42), darse cuenta de que en un país de clima cálido, un pozo es una riqueza, un lugar de encuentro, pero también que cuesta conseguir acceso al agua, etc.
En fin, no hay que ser demasiado rápido en darle un sentido espiritual al texto y truncar el sentido literal. Por ejemplo, cuando Jesús habla de «manantial que brotará hasta la Vida eterna» (Juan 4:14). ¿Qué es un manantial de agua? ¿Y el agua viva? ¿El agua es vital? Etcétera.
4.INTERESARSE POR LAS PALABRAS, LOS GESTOS Y LOS SILENCIOS
Es necesario estudiar no sólo las palabras, sino también los gestos y los silencios de los personajes, empezando por los de Jesús. ¿A quién se dirige? ¿Cuáles son los sentimientos de los actores? No hay que dudar en dejarse impresionar por las palabras y gestos chocantes o aparentemente contradictorios.
Ejemplos: «Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra» (Lucas 6:29); o, un pastor dejando 99 ovejas para buscar una (Lucas 15:4-7). Entonces, ¡un pasaje conocido puede convertirse en algo nuevo!
5.
MEDITAR Y CONTEMPLAR COMO LA VIRGEN MARÍA
«María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lucas 2:19).
Se relee el texto a la luz del Verbo, porque todo lo que Jesús dice y hace es revelación y don de su persona y por tanto del Padre y del Espíritu Santo. Tratamos de contemplar la Trinidad descubierta a través de este texto.
Pero también, reflexionamos sobre lo que este texto ilumina en nosotros, en nuestra vida y en nuestra relación con Dios. ¿Y qué nos dice Dios para hoy? (Y no: ¿qué dice Dios a los hombres en general y en lo absoluto?) Porque
«Yo les diré a quién se parece todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica. Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida» (Lucas 6, 47-48).
Al frecuentar a Dios en la Escritura, terminamos actuando de acuerdo a su palabra que nos forma.
6.REZAR PARA FINALIZAR
Dom Chautard llamó a la Lectio el «proveedor de la oración». Para concluirla, se puede invocar al Espíritu Santo y hacer surgir la oración de adoración, de súplica y de acción de gracias que provoca.
7.GUARDAR LA PALABRA EN NUESTROS CORAZONES
La Lectio Divina nos lleva a recordar a Dios «rumiando» sus palabras con el murmullo del corazón:
«El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él» (Juan 14, 23).
Escribir un pasaje, una palabra que nos ha hablado puede ayudarnos, o aprenderla de memoria, o copiarla, lentamente, o compartir la Palabra con alguien (sin comentarla).
No hay que desanimarse por la aparente sequedad o impotencia de la Lectio, y atreverse a quedarse con una pregunta, con dos palabras contradictorias, con una palabra chocante, y repetirlas una y otra vez en nuestro corazón.
Lo esencial es tomarse un tiempo con Jesús. La oración se alimentará entonces de todas las expectativas que la Palabra de Dios habrá cavado en nosotros.
Quién no se ha distraído en la oración por ruidos, visiones, olores y otras sensaciones... ¿Y si en lugar de intentar combatirlos, los transformarmos? Aquí tienes cuatro ejercicios de San Ignacio de Loyola para aprender a orar con los cinco sentidos y saborear el amor de Dios
¿Quién no ha experimentado ese profundo deseo de concentración para conectar con uno mismo y finalmente se ha visto abrumado por una ola de distracciones?
Son banales pero insistentes, provenientes del cuerpo, la imaginación, los ruidos externos, los olores o incluso las conversaciones de los demás…
¿La consecuencia? Desanimado, comienza a tratar inconscientemente a sus cinco sentidos (vista, tacto, oído, olfato y gusto) como enemigos de la oración. Como si fueran aptos para el contacto con el mundo cotidiano pero impidieran el contacto con Dios.
La tentación es entonces luchar contra ellos para liberarse de ellos. Evidentemente, el resultado es peor: luchar contra la naturaleza no es ni positivo ni productivo.
Para san Ignacio de Loyola, la oración es un encuentro del hombre íntegro con Dios. Todo lo que tiene valor en la naturaleza humana es muy precioso cuando se ora.
Los cinco sentidos pertenecen enteramente a la naturaleza del hombre, y la naturaleza es el camino y el lugar del encuentro con Dios.
Para Dios, insiste san Ignacio, es importante el hombre íntegro. Después de todo, Dios no nos creó como ángeles, sino como seres humanos: tanto corporales como espirituales. Esta es la razón precisa para no alejarse de los cinco sentidos durante la oración.
Al contrario, es fundamental dejar que el Espíritu Santo los transforme y purifique a través de la Palabra de Dios.
Contemplar las escenas del Evangelio con todo el ser
Cuando te tomas el tiempo para sentir las cosas, como contemplar un hermoso paisaje durante mucho tiempo o hacer que la música resuene dentro de ti después de un concierto, las experiencias adquieren otra dimensión. Así lo afirma el padre jesuita François Marty, autor de Sentir y gustar (Cerf):
“En el Evangelio, vemos a Jesús participando en comidas y fiestas como en Caná, admirando los lirios del campo. Jesús llora por su amigo Lázaro, en otro momento exulta de alegría, finalmente, se deja tocar por los enfermos que encuentra.
Cuando tomo una escena del Evangelio, con mis sentidos, puedo ver la escena, escuchar a los personajes, sentir sus emociones, tocar al leproso con Cristo, sentir el viento de la tempestad con los discípulos…
Contemplar una escena de esta forma me permite adentrarme con todo mi ser y no solo con la cabeza, con mi inteligencia, como en un trabajo de clase donde tienes que diseccionar un texto para hacer un comentario sobre él”.
Pero, ¿cómo hacerlo en la práctica? He aquí cuatro ejercicios de san Ignacio de Loyola para aplicar los cinco sentidos en su oración.
1MIRAR
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“El primer punto es ver las personas con la vista de la imaginación, meditando y contemplando en particular sus circunstancias; y sacar algún provecho de lo que vemos»
Ejercicios Espirituales 122
Este ejercicio pasa por la mirada: se trata de “conectar” tu mirada imaginaria. Así que cierra los ojos y con esa mirada interior observa a los personajes que participan en una determinada escena evangélica. Comienza con una imagen general, luego “concreta” poco a poco los eventos, los lugares, los personajes. Después, también con tu mirada imaginaria, sigue viendo los detalles. Son precisamente estos detalles los que te permitirán entrar en un conocimiento interior de Jesús, María, José u otros personajes del Evangelio.
2ESCUCHAR
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“El segundo: oír con el oído lo que hablan o pueden hablar, y reflexionando en mi interior sacar algún provecho de ello».
Ejercicios Espirituales 123
Ahora estás invitado a sintonizar. «Escuchar» es mucho más difícil que oír. En lugar de escuchar las palabras del Evangelio, déjate llevar por la imaginación escuchando las palabras de los personajes contemplados. Entonces serán tus palabras las que hablarán. Ellos adaptarán su lenguaje y el pasaje bíblico en cuestión se convertirá en su espejo. La distancia que te separa de estos personajes disminuirá naturalmente. Además, al verlos y escucharlos, la imagen que tienes de ti mismo cambiará.
3OLER Y GUSTAR
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«El tercero: oler y gustar con el olfato y con el gusto la infinita suavidad y dulzura de la divinidad, del alma y de sus virtudes y de todo, según fuere la persona que se contempla, reflexionando en sí mismo; y sacar provecho de ello».
Ejercicios Espirituales 124
Este ejercicio es un poco más difícil. En la contemplación, el uso del olfato y del gusto puede parecer realmente sorprendente.
Pero para san Ignacio de Loyola, la percepción de los dones de Dios se vuelve más intensa, más rica y más completa gracias en particular al gusto y al olfato.
Además, cuando vamos en busca de perfumes en la Biblia, encontramos entonces perfumes volátiles, esencias o inciensos, o incluso perfumes fijados en la materia, en aceite, los que están destinados a unciones y cuidados corporales.
Nos maravillamos de que la tierra ofrezca así sus bienes: el aroma de las flores y el de los frutos, la savia de los árboles y de las diversas hierbas, también de las aceitunas de las que se exprimirá el aceite.
El Creador dio diferentes sabores a diferentes cosas, pero la bondad, el amor, las virtudes también tienen su sabor y su fragancia.
En este ejercicio, el santo jesuita quiere que saborees el gusto de la dulzura, la ternura, la bondad y así conducirte a la bondad, la ternura y el amor de Jesús.
El ser perfumado por excelencia es Cristo. Tan pronto como uno se interesa de cerca en la vida de Cristo, ve que está enmarcada por perfumes.
En su nacimiento, está la mirra ofrecida por uno de los Reyes Magos. Y después de su muerte, las especias aromáticas que las mujeres llevan al sepulcro.
4TOCAR
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“El cuarto: tocar con el tacto, por ejemplo abrazar y besar los lugares donde esas personas pisan y están colocadas, procurando siempre sacar provecho de ello».
Ejercicios Espirituales 125
En este ejercicio san Ignacio nos invita a un compromiso que es un signo exterior de fe. Por ejemplo, puedes besar el icono que está justo frente a ti, en el lugar de tu oración.
Este simple gesto eliminará la distancia histórica que nos separa de los acontecimientos evangélicos y nos permitirá descender a nuestro corazón.
Gustar plenamente el amor de Jesús
Orar con los cinco sentidos puede parecer difícil al principio, pero con la práctica, esta oración contemplativa te permite saborear plenamente el amor de Jesús y alcanzar un gozo profundo, como lo describen los grandes místicos.
Cuando leemos en la Biblia «El Señor es mi pastor» o «Tú eres mi roca» o «Eres precioso a mis ojos y te amo» podemos entonces dejar que surjan en nosotros todas las imágenes y sensaciones, tomar tiempo para saborear y saborearlos.
Como confiesa el Padre Marty, te permite ver lo que te conviene, lo que te da vida, lo que te da alegría y paz. Así podemos sentir hacia dónde nos está llamando el Señor hoy.
El Papa Francisco ha llegado en la tarde del sábado a Eslovaquia. Tras una bienvenida oficial en el aeropuerto, se dirigió a la Nunciatura en Bratislava. A las 16.40, el salón de la Nunciatura acogió un encuentro con 9 líderes de distintas iglesias protestantes y ortodoxas y un representante de la comunidad judía, a los que dirigió un discurso sobre la tentación de acomodarse en una época consumista.
Iván Elko, obispo de la mayor iglesia luterana del país (a la que pertenece un 6% de los eslovacos), y representante del órgano ecuménico del país, pronunció unas palabras de bienvenida al Papa, antes de su discurso.
Del tamaño de Aragón, dos tercios son católicos
Eslovaquia es apenas un poco más grande que Aragón, cuenta con 5,4 millones de habitantes y su capital, Bratislava, tiene 425.000 habitantes. La población tiene un 80% de etnia eslovaca, un 10% de etnia húngara y el resto de diversas minorías centroeuropeas. Es un país menos industrializado, mucho más rural y mucho más religioso que su vecina la República Checa, de quien se separó en 1989, al caer el Muro de Berlín.
Un censo de hace diez años calcula que un 62% de los eslovacos son católicos de rito latino (8 diócesis), a los que se suma otro 4% (200.000 fieles) que son católicos de rito bizantino con 270 parroquias y 3 diócesis en el país, organizada como una iglesia oriental 'sui iuris' desde 2008 (autónoma dentro del catolicismo).
Los luteranos de la Iglesia Evangélica Confesión de Augsburgo son un 6% (unas 300.000 personas), y todos los demás protestantes juntos suman otro 3 o 4%. Las otras denominaciones que acudieron al encuentro con el Papa (Iglesia de Hermanos, metodistas, husitas, bautistas, reformados, vetero-católicos y ortodoxos) en realidad suman muy pocos fieles.
Tras la persecución atea, ¿un esclavitud peor?
El Papa señaló a los líderes de las distintas denominaciones cristianas que "el viaje de sus comunidades se reanudó después de los años de persecución atea, cuando la libertad religiosa era obstaculizada o severamente puesta a prueba".
Pero ahora, con más libertad, hay tentación de volver a una esclavitud peor, interior, dijo.
Otra esclavitud, más cómoda, con pan, pero esclavitud
Citó la leyenda del Gran Inquisidor que escribió Dostoievski, personaje que asegura que el hombre no quiere la libertad, sino "una esclavitud más cómoda, la de someterse a quien decida por ellos, para tener pan y normas"
"Queridos hermanos, esto no nos pasa a nosotros; ayudémonos a no caer en la trampa de quedar satisfechos con pan y poco más", advirtió el Papa Francisco.
"¿Los cristianos hemos perdido un poco el ardor del anuncio y la profecía del testimonio? ¿Es la verdad del evangelio lo que nos libera? ¿O nos sentimos libres cuando ganamos la zona de confort que nos permite seguir tranquilamente sin repercusiones?", planteó el Pontífice.
También recordó las palabras de Jesús ("que sean uno para que el mundo crea"): "quizás hayamos perdido el ímpetu en la búsqueda de la unidad que Jesús imploró, una unidad que ciertamente requiere la libertad madura de opciones fuertes, renuncias y sacrificios, pero es la premisa para que el mundo crea".
El Papa en la nunciatura de Bratislava con líderes de diversas denominaciones cristianas
Europa libre de ideologías, ¿sin unidad cristiana?
"¿Cómo podemos soñar con una Europa libre de ideologías, si no tenemos el valor de anteponer la libertad de Jesús a las necesidades de grupos individuales de creyentes? Es difícil reclamar una Europa más fecunda por el Evangelio sin preocuparse por el hecho de que todavía no estamos plenamente unidos entre nosotros", insistió.
Recordó el papel histórico de dos hermanos de sangre, Cirilo y Metodio, santos patronos del país, griegos del s.IX que evangelizaron a los pueblos eslavos y que él llamó -citando la 'Slavorum Apostoli' de Juan Pablo II- "precursores del ecumenismo".
Contemplación y acción conjunta por los pobres
Animó a los cristianos eslavos a fomentar la contemplación, "esa fe vivencial, que sabe acoger el misterio. Ayudarnos unos a otros a cultivar esta tradición espiritual, que Europa tanto necesita: el Occidente eclesial, en particular, tiene sed de ella, para redescubrir la belleza de la adoración de Dios y la importancia de no concebir la comunidad de fe principalmente sobre la base de una eficiencia programática funcional".
Después animó al ecumenismo de la acción conjunta. "Si bien todavía no somos capaces de compartir la misma mesa eucarística, podemos acoger juntos a Jesús sirviéndole en los pobres. Será una señal más evocadora que muchas palabras, que ayudará a la sociedad civil a entender, especialmente en este período difícil, que solo estando del lado de los más débiles saldremos todos juntos de la pandemia", añadió. Y, como suele hacer en estos encuentros, finalizó pidiendo: "por favor, oren por mí".
Abrirse a la novedad, pero sin desarraigarse"; "no sirve recriminar el pasado, es necesario ponerse manos a la obra para construir juntos el futuro"... así se dirigió el Papa Francisco a los políticos, diplomáticos y personalidades eslovacas reunidas en el jardín del Palacio presidencial en Bratislava en esta mañana de lunes.
De hecho, al llegar al Palacio, dos niños con trajes tradicionales recibieron al Papa con el signo del pan y la sal. Y el Papa centró su discurso a los políticos y la sociedad civil en este tradicional gesto de varios países eslavos de ofrecer pan y sal como signo de acogida y bendición. Los símbolos del pan y la sal, también presentes en el Evangelio con su propia simbología, le sirvieron como hilo conductor.
Así, por ejemplo, recordó "cuántas personas ilustres fueron encerradas en la cárcel, permaneciendo libres interiormente y ofreciendo luminosos ejemplos de valentía, coherencia y resistencia a la injusticia. Y, sobre todo, de perdón.Esta es la sal de vuestra tierra", proclamó.
También ha advertido contra " los colonialismos ideológicos" y ha contrastado que si "hace algunos decenios, un pensamiento único coartaba la libertad [refiriéndose a la dictadura comunista]; hoy otro pensamiento único la vacía de sentido, reconduciendo el progreso al beneficio y los derechos sólo a las necesidades individualistas".
La presidenta eslovaca presenta al Papa en el Palacio presidencial
Eslovaquia tiene el tamaño de Aragón y 5,4 millones de habitantes (80% de etnia eslovaca, un 10% de etnia húngara y el resto de diversas minorías). Dos tercios de los eslovacos son católicos, un 10% luteranos y casi todos los demás no son religiosos.
El lugar del encuentro con las autoridades fue construido en 1760 y es la residencia presidencial de Eslovaquia desde 1996. Aquí estrenó algunas de sus obras musicales el gran compositor católico Joseph Haydn en el s.XVIII, fue cuartel general alemán durante la Segunda Guerra Mundial y residencia de jefes durante la dictadura comunista.
Una presidenta pro-aborto y pro-ideología LGTB
La presidenta Zuzana Čaputová llevó al Papa a la Sala de Oro del Palacio. Čaputová es la líder del partido Eslovaquia Progresista, a favor del aborto y el 'matrimonio' del mismo sexo, incluso con entrega de niños a parejas del mismo sexo (es decir, haciéndoles crecer sin padre o sin madre). Presentó su familia al Papa. Según Wikipedia, tiene dos hijos, se divorció en 2018 y convive con otro hombre desde entonces.
El Papa regaló a la presidenta una medalla pontificia con la figura de la Virgen de los siete dolores, patrona de Eslovaquia, y con la doble cruz que es uno de los símbolos del país europeo.
En el Libro de Honor, el Santo Padre escribió: "Peregrino en Bratislava, abrazo con afecto al pueblo eslovaco y rezo por este país de raíces antiguas y rostro joven, para que sea un mensaje de fraternidad y de paz en el corazón de Europa”.
La presidenta eslovaca con el Papa en la Nunciatura de Bratislava, el domingo por la tarde, al poco de llegar a Eslovaquia
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Discurso del Papa Francisco a políticos y diplomáticos en el jardín del Palacio presidencial en Bratislava
Señora Presidenta miembros del Gobierno y del Cuerpo Diplomático, distinguidas Autoridades civiles y religiosas, señoras y señores:
Expreso mi gratitud a la Presidenta Zuzana Čaputová por las palabras de bienvenida que me ha dirigido, también en nombre de ustedes y de la población. Saludo a todos ustedes, manifestándoles mi alegría de estar en Eslovaquia.
Vengo como peregrino en un país joven pero de historia antigua, en una tierra de raíces profundas situada en el corazón de Europa. Verdaderamente me encuentro en una “tierra media”, que ha visto muchas transiciones. Estos territorios han sido frontera del Imperio romano y lugar de interacción entre el cristianismo occidental y oriental.
De la gran Moravia al Reino húngaro, de la República checoslovaca a hoy, han sabido, en medio de no pocas pruebas, integrarse y distinguirse de un modo esencialmente pacífico. Veintiocho años atrás el mundo admiró el nacimiento sin conflictos de dos países independientes.
Esta historia llama a Eslovaquia a ser un mensaje de paz en el corazón de Europa. Es lo que sugiere la gran franja azul de su bandera, que simboliza la fraternidad con los pueblos eslavos. Fraternidad es lo que necesitamos para promover una integración cada vez más necesaria. Esta urge ahora, en un momento en el que, después de durísimos meses de pandemia, se plantea, junto a muchas dificultades, una anhelada reactivación económica, favorecida por los planes de recuperación de la Unión Europea.
Todavía se puede correr el riesgo de dejarse arrastrar por la prisa y la seducción de las ganancias, generando una euforia pasajera que, más que unir, divide. Además, la sola recuperación económica no es suficiente en un mundo donde todos estamos conectados, donde todos habitamos una tierra media. Que este país, mientras en varios frentes siguen luchas por la supremacía, reafirme su mensaje de integración y de paz, y Europa se distinga por una solidaridad que, atravesando las fronteras, pueda volver a llevarla al centro de la historia.
La historia eslovaca está marcada de manera indeleble por la fe. Deseo que ésta ayude a alimentar de modo connatural propósitos y sentimientos de fraternidad. Pueden inspirarse en las grandiosas vidas de los santos hermanos Cirilo y Metodio. Ellos difundieron el Evangelio cuando los cristianos del continente estaban unidos; y todavía hoy unen las confesiones de esta tierra. Eran reconocidos por todos y buscaban la comunión con todos: eslavos, griegos y latinos. La solidez de su fe se traducía así en una apertura espontánea. Es un legado que ustedes están llamados a recoger, para ser también en este tiempo un signo de unidad.
Queridos amigos, que esta vocación a la fraternidad no desaparezca nunca de sus corazones, sino que acompañe siempre la simpática autenticidad que los caracteriza. Ustedes saben reservar gran atención a la hospitalidad. Me sorprenden las expresiones típicas de la acogida eslava, que ofrece a los visitantes el pan y la sal. Y quisiera ahora inspirarme en estos dones sencillos y preciosos, impregnados de Evangelio.
El pan, elegido por Dios para hacerse presente entre nosotros, es esencial. La Escritura invita a no acumularlo, sino a compartirlo. El pan del que habla el Evangelio siempre se parte. Es un fuerte mensaje para nuestra vida cotidiana; nos dice que la riqueza verdadera no consiste tanto en multiplicar cuanto se tiene, sino en compartirlo equitativamente con quien tenemos a nuestro alrededor. El pan, que partiéndose evoca la fragilidad, invita en particular a hacerse cargo de los más débiles. Que nadie sea estigmatizado o discriminado. La mirada cristiana no ve en los más frágiles una carga o un problema, sino hermanos y hermanas a quienes acompañar y cuidar.
El pan partido y compartido equitativamente recuerda la importancia de la justicia, de dar a cada uno la oportunidad de realizarse. Es necesario esforzarse para construir un futuro en el que las leyes se apliquen a todos por igual, sobre la base de una justicia que no esté nunca en venta. Y para que la justicia no permanezca como una idea abstracta, sino que sea concreta como el pan, es necesario emprender una seria lucha contra la corrupción y que ante todo se fomente e imponga la legalidad.
Además, el pan se une inseparablemente a un adjetivo: cotidiano (cf. Mt 6,11). El pan de cada jornada es el trabajo, que ocupa gran parte de ella. Del mismo modo que sin pan no hay nutrición, sin trabajo no hay dignidad. En la base de una sociedad justa y fraterna rige el derecho de que a cada uno se le conceda el pan del trabajo, para que nadie se sienta marginado y se vea obligado a dejar la familia y la tierra de origen en busca de mejores oportunidades.
«Ustedes son la sal de la tierra» (Mt 5,13). La sal es el primer símbolo que Jesús emplea enseñando a sus discípulos. Esta, en primer lugar, da gusto a los alimentos, y lleva a pensar en ese sabor sin el cual la vida se vuelve insípida. No bastan ciertamente estructuras organizadas y eficientes para hacer buena la convivencia humana, se necesita sabor, se necesita el sabor de la solidaridad.
Y como la sal sólo da sabor disolviéndose, así la sociedad encuentra gusto a través de la generosidad gratuita de quien se entrega por los demás. Es hermoso que a los jóvenes, en particular, se los motive en este sentido, para que se sientan protagonistas del futuro del país y lo tomen en serio, enriqueciendo con sus sueños y su creatividad la historia que los ha precedido.
No hay renovación sin los jóvenes, que a menudo son engañados por un espíritu consumista que marchita la existencia. Muchos, demasiados en Europa se arrastran en el cansancio y la frustración, estresados por ritmos de vida frenéticos y sin saber cómo encontrar motivaciones y esperanza. El ingrediente que falta es el cuidado por los demás. Sentirse responsables de alguien da gusto a la vida y permite descubrir que lo que damos es en realidad un don que nos hacemos a nosotros mismos.
La sal, en los tiempos de Cristo, además de dar sabor, servía para conservar los alimentos, preservándolos del deterioro. Me gustaría que nunca dejen que los fragantes sabores de sus mejores tradiciones se estropeen por la superficialidad del consumo y las ganancias materiales. Y mucho menos de los colonialismos ideológicos.
En esta tierra, hasta hace algunos decenios, un pensamiento único coartaba la libertad; hoy otro pensamiento único la vacía de sentido, reconduciendo el progreso al beneficio y los derechos sólo a las necesidades individualistas.
Hoy, como entonces, la sal de la fe no es una respuesta según el mundo, no está en el ardor de llevar a cabo guerras culturales, sino en la siembra humilde y paciente del Reino de Dios, principalmente con el testimonio de la caridad.
Vuestra Constitución menciona el deseo de edificar el país sobre la herencia de los santos Cirilo y Metodio, patronos de Europa. Ellos, sin imposiciones y sin coacciones, fecundaron la cultura con el Evangelio, generando procesos beneficiosos. Es esta la senda, no la lucha por la conquista de espacios y de relevancia, sino el camino que indican los santos, el camino de las Bienaventuranzas. De allí, de las Bienaventuranzas, surge la visión cristiana de la sociedad.
Los santos Cirilo y Metodio también han mostrado que custodiar el bien no significa repetir el pasado, sino abrirse a la novedad sin desarraigarse. Vuestra historia cuenta con muchos escritores, poetas y hombres de cultura que han sido la sal del país. Y como la sal quema sobre las heridas, así sus vidas han pasado con frecuencia a través del crisol del sufrimiento. Cuántas personas ilustres fueron encerradas en la cárcel, permaneciendo libres interiormente y ofreciendo luminosos ejemplos de valentía, coherencia y resistencia a la injusticia. Y sobre todo de perdón. Esta es la sal de vuestra tierra.
La pandemia, en cambio, es el crisol de nuestro tiempo. Esta nos ha mostrado que es muy fácil, a pesar de estar todos en la misma situación, disgregarse y pensar solamente en uno mismo. Volvamos a comenzar reconociendo que todos somos frágiles y necesitados de los demás. Ninguno puede aislarse, ya sea como individuo o como nación. Acojamos esta crisis como un «llamado a repensar nuestros estilos de vida» (Carta enc. Fratelli tutti, 33). No sirve recriminar el pasado, es necesario ponerse manos a la obra para construir juntos el futuro.
Me gustaría que lo hicieran con la mirada dirigida hacia lo alto, como cuando miran sus espléndidos montes Tatras. Allí, entre los bosques y las cumbres que señalan el cielo, Dios parece más cercano y la creación se revela como la casa intacta que durante siglos ha acogido tantas generaciones. Sus montes conectan cimas y paisajes variados en una cadena única, y trascienden los límites del país para unir en la belleza pueblos diversos. Cultiven esta belleza, la belleza del conjunto. Esto requiere paciencia y esfuerzo, valentía e intercambio, entusiasmo y creatividad. Pero es la obra humana que el cielo bendice. Que Dios los bendiga, que bendiga esta tierra. Nech Boh žehná Slovensko! [¡Que Dios bendiga a Eslovaquia!]