domingo, 24 de julio de 2016

El amor de un padre por su hijo enfermo le hace recorrer 300 kilómetros empujando la silla de ruedas


El amor de un padre por su hijo enfermo le hace recorrer 300 kilómetros empujando la silla de ruedas



El pasado 12 de junio, cuando la Iglesia celebró el Jubileo de las personas enfermas y discapacitadas en el marco del Año Santo de la Misericordia, se pudo ver por las calles de Lourdes a un hombre empujando con energía una silla de ruedas con un sonriente niño en ella. Era el empuje final para una peregrinación muy especial, emprendida por David Ludtke, que vive en Estrasburgo. Partió desde Villelongue-de-La-Salanque, o Vilallonga de la Salanca, en el Rosellón, cerca de Perpiñán, donde viven sus padres: un recorrido de 300 kilómetros paralelo a la frontera pirenaica franco-española. El objetivo: rezar allí por el milagro que mejore la situación del pequeño Hugo, afectado por una parálisis cerebral. Y, por el camino, ir concenciando a la gente sobre este problema y recaudando fondos para el proyecto La Sonrisa de Hugo.


Arriba, la familia Ludtke, al completo, con la basílica al fondo.
Abajo, rezando ante Nuestra Señora.



"He querido dar a conocer a mi hijo y la sonrisa que ilumina su rostro", dice David, quien explica que la finalidad de la asociación La Sonrisa de Hugo es dar a conocer la situación de estas personas y financiar algunos tratamientos particularmente caros.



Breve reportaje sobre Hugo, a su llegada a Lourdes

viernes, 22 de julio de 2016

El que logre parar a este taxista, a cambio de “una sonrisa” podrá viajar en su compañía

En las calles de Cracovia circula un taxi con el famoso monje Leon Knabit

El que logre parar a este taxista, a cambio de “una sonrisa” podrá viajar en su compañía

La acción es un elemento más de la campaña de promoción de la región polaca de Malopolska bajo el lema “La juventud es un estado de ánimo”, asociado con la próxima JMJ.

El taxi que llevará al Padre Knabit estará esperando a los viajeros en distintas zonas de Cracovia.

Para averiguar dónde encontrarlo en cada momento, es necesario seguir la acción en el perfil de Malopolska en Snapchat (malopolskasnap), donde aparecerá la información actualizada sobre los trayectos, incluidos los relatos de las experiencias de los usuarios.

Cualquier persona que logre subir a ese taxi, no sólo podrá conocer y hablar con el Padre Knabit León, sino también recibirá una bolsa con los regalos típicos de la región de Malopolska.

Como parte de la acción “La juventud es un estado espiritual,” pudimos ver ya al Padre Knabit como paracaidista o como usuario de tranvías de Cracovia. La campaña se lleva a cabo en los perfiles oficiales de Malopolska en las redes sociales.

jueves, 21 de julio de 2016

Mujer, ¡quédate en (santa) paz!

Tan pronto como abrimos los ojos por la mañana, pasamos al modo “tengo que” y cuando algo sale mal, tenemos un gran sentimiento de culpa

Mujer, ¡quédate en (santa) paz!


En nuestros enormes bolsos guardamos cuadernos con escritos hasta los bordes, llenos de tareas y planes por realizar, con la esperanza de que al final del día todo nos salga con éxito. Mal, si las cosas salen de otra manera.

“Otra charla pseudo intelectual”: seguramente, este tipo de pensamiento aparecerá en tu cabeza cuando empieces a leer este texto.

Con la creencia de que ya lo habías oído todo, volverás a tus tareas y seguirás pensando en lo que has hecho ya y en lo que tienes pendiente para hoy.

Entonces, todo empieza.Sentimos la presión de ser una buena madre, esposa, mujer con éxito, empleada del mes. 

Queremos ser todo esto a la vez. Queremos ser las mujeres a las que les va bien en todo.

Divididas entre las expectativas de los demás hacia nosotras y la brutal realidad, experimentamos una dolorosa decepción.

Una vida insuficiente
Si los demás disfrutan de sus vidas tan bien organizadas, ¿por qué a mí no me sale?

Leemos acerca de las mujeres que a una edad temprana tienen su propio negocio, desarrollan su gran plan de cada día a la perfección, e incluso cocinan la cena para sus hijos.

Preparan ellas mismas una cena de cuatro platos para sus amigos y tienen fondos para pasar sus vacaciones en un apartamento a las orillas del océano.

Tú, sin embargo, de nuevo llegaste tarde al trabajo porque te dormiste, no has acabado el proyecto, discutiste con tu marido, y el piso se parece a un hogar por el que pasó el huracán.

Esta situación tiene dos salidas: se puede disfrutar de una taza de café, relajarse después de todo el día de locura y pensar que después de todo, no pasa nada, o caer en la culpabilidad.

¿Qué es lo que elegimos normalmente? La segunda opción. Somos muy malas. No somos suficientemente hermosas, ni emprendedoras, ni organizadas, ni trabajadoras.

Nos convertimos en una bola de la frustración y decepción de nosotras mismas y de nuestras vidas. ¿Esta mujer exitosa que aparece en la portada de una revista nos lo reprocha? No, nosotras mismas nos hacemos daño.

Sé amable contigo misma
A veces, el único y nuestro peor enemigo somos nosotras mismas. Nos entregamos a la presión del perfeccionismo.

Tan pronto como abro los ojos por la mañana, me cambio al modo de “tengo que”. Tengo que hacer fotos para el blog, tengo que escribir un texto, tengo que planear mi vida para los próximos años, y cuanto antes abrir un negocio propio. Si no lo hago, se va a terminar el mundo.

Yo era todo un gran remordimiento caminando por el mundo, porque una vez más he fallado, porque no he dado de mí lo mejor. Como si lo que hago o lo que dejo de hacer, fuera lo único que demostrara mi valía.

No disfruto entonces de las cosas pequeñas como: una conversación con mi novio mientras tomamos el café por la tarde, el relajante y pausado paseo por las orillas del río Vístula, o visitar a la ciudad.
El sentimiento de la culpa suele ser mucho más fuerte. ¡Con qué frecuencia caemos en esta trampa! Conozco, sin embargo, una receta para nuestras exageradas demandas.

Desde hace algún tiempo, tan pronto como empiezo a ejercer presión tan poco saludable sobre mí misma, me digo, “Magda, basta”. 

¡Créeme, funciona! ¿De dónde ha salido esto? Hace poco leí un texto del profesor Victor Osiatyński:
Levantarse por la mañana, hacerse la raya en el pelo y “a paseo” o, con otras palabras, olvidarse de nosotros mismos. No repetirnos constantemente: tengo que esto, tengo que aquello, no subirse la barra demasiado ni hacer planes imposibles de cumplir.(…) Si una persona pretende lograr o planificar demasiado, se dará cuenta de que nunca estará satisfecha. O tal vez, para sentirse satisfecho, es suficiente limitarse a hacer sólo las cosas necesarias, justas, dignas, buenas, sin exigirse hacer más de lo que uno mismo puede lograr.
Cada vez que leo esto, recupero el equilibrio. Esto no quiere decir que no me tenga planificar, ni ponerme metas. Pero si en lugar de la perfecta cena, preparo sándwiches con queso, saco del horno un pastel quemado y no voy a tener fuerzas para trabajar por la noche, ¿tengo que pensar mal de mí misma?

Tengo derecho a sentirme mal, a estar cansada y triste.
No me convertiré de la noche a la mañana en la directora general de mi propia empresa ni en la madre perfecta de los futuros genios. Es un gran alivio cuando pienso que todo tiene su tiempo ¡y no tengo que hacerlo todo a la vez!

Por eso te pido, por favor, sé buena contigo misma. Mantén la calma.

miércoles, 20 de julio de 2016

¿Cómo educar a los niños en el uso de la tecnología?

Debemos enseñarles a vivir verdaderamente conectados y a hacer un uso correcto de los recursos digitales

¿Cómo educar a los niños en el uso de la tecnología?

Me he encontrado con esta serie de videos que me parece muy interesante en cuanto a la enseñanza del uso del celular, sus ventajas y peligros. Esto me ha llevado a pensar en cómo es que los padres estamos abordando la educación de los hijos en este tema específico. ¿Estamos haciendo algo en concreto?

Educar a nuestros hijos en la era digital supone consideraciones que a los padres de hace unos 30 años atrás jamás se les hubieran ocurrido. Pero también es cierto que, aunque hayan pasado un centenar de años, educar a los hijos sigue siendo lo mismo: una responsabilidad de los padres. Puede parecer muy obvio, pero con los cambios en la sociedad, con la introducción de la mujer en el mundo laboral y el avance del mundo virtual, la dinámica familiar ha cambiado tanto que, a veces, esta tarea se delega a terceros, se deja a los niños solos y la tecnología se convierte en la mejor niñera, incluso en presencia de los padres. Y el concepto de velar por el bienestar de los hijos queda diluído o peor aún, olvidado. Los hijos en etapa de formación siempre serán responsabilidad de los padres y es ahí donde debemos volver a mirar.


Existenn muchos comerciales que nos advierten de los efectos del mal uso de las nuevas tecnologías y existe como una relación de amor – odio sobre todo con respecto a las redes sociales y la desconexión del ser humano. No perdamos de vista que las nuevas tecnologías no son malas en sí mismas. Ellas son parte clave en la sociedad actual: todos las usamos, son necesarias y sumamente útiles, pues sus aplicaciones parecen ser casi ilimitadas. Su progreso ha sido tan veloz que, prácticamente, hemos empezado a utilizar herramientas muy poderosas casi a ciegas, armando legislaciones y reglas sobre la marcha.

Mientras que para los nacidos hace más de 30 años lo usual era salir a jugar a la calle con los amigos, nuestros hijos se encierran «solos» en sus habitaciones a jugar con sus amigos o peor aún, a jugar con perfectos desconocidos, recibiendo información cargada de violencia y elementos sexualmente explícitos, e incluso poniendo su vida en riesgo a través del contacto con desconocidos en redes sociales. Muchas veces los padres ni siquiera están enterados de estas posibilidades.

Hace 20 o 30 años la sociedad aún protegía a la familia. Acceso a algún material nocivo para la infancia era muy difícil y el horario de protección al menor funcionaba. Los videojuegos casi no existían (o no eran de acceso masivo), los juegos se daban al aire libre y los diálogos casi siempre eran mirándose a los ojos.

Estas experiencias son una gran ventaja para formar a los niños actuales. Los padres nacidos en esa generación estamos en la capacidad de enseñar a nuestros hijos a vivir verdaderamente conectados y a hacer un uso correcto de los recursos digitales. Y eso es importantísimo: si nosotros no transmitimos esto, ¿quién lo transmitirá a generaciones futuras?
Herederos de un concepto de libertad muy fuerte, nuestros hijos claman por independencia, intimidad y autonomía. Pero a la vez reclaman la conexión humanay el interactuar con otros. Lo primero que tienen a mano es una red, que mal utilizada, está provocando justo lo contrario: la fragmentación de las relaciones interpersonales dentro y fuera de la familia.

¿Cómo educar a los niños en el uso de la tecnología?

Recordemos que los padres estamos a cargo y para hacernos cargo verdaderamente aparece la necesidad, primero de formación como padres y segundo en el uso de las nuevas tecnologías y sus alcances. Aprendamos a usarlas correctamente y enseñemos a nuestros hijos.

Y con enseñar no me refiero a enseñar el uso en sí de la tecnologías (lo más probable es que nuestros hijos nos lleven bastante ventaja en esto) sino de la forma en cómo es más conveniente usar la tecnología para el bien de los hijos y de la familia. Si queremos que nuestros hijos no sean dependientes de las pantallas y luego no se «despersonalicen» debido a su uso excesivo y desmedido, es necesario establecer como padres algunos límites. Algunos ejemplos: demoremos el acceso a éstas lo máximo posible en los niños, tengamos una sala común en la familia para el computador y el televisor, no promovamos el acceso a la tecnología sin vigilancia (no televisor o computador en el cuarto) y utilicemos filtros. Fomentemos el diálogo, especialmente desde temprana edad, inculquemos la confianza y la apertura para compartir experiencias, temores y curiosidades. Para esto el compartir actividades al aire libre y con otros es vital.

Y finalmente, pero creo que es lo más importante, eduquemos en virtudes. Sin honestidad, sin generosidad, sin fortaleza, sin templanza, los niños y jóvenes serán incapaces de modular sus propios actos en cualquier ámbito sobre todo en uno tan poderoso e influyente como el mundo virtual.
Por Catholic Link


¿Cómo educar a los niños en el uso de la tecnología?

martes, 19 de julio de 2016

¿Tuviste sexo antes del matrimonio? Lo que importa es a partir de ahora

No ser virgen no es impedimento para que alguien viva de forma casta
¿Tuviste sexo antes del matrimonio? Lo que importa es a partir de ahora


Hemos recibido mensajes de algunos lectores hablando de la dificultad de vivir la castidad en el noviazgo. A pesar del deseo de ser fieles en ese sentido, están frecuentemente dudando.
Al hablar con amigos católicos y confirmados, me doy cuenta que los que ya no son vírgenes se sienten un poco pesimistas. Es como si hubieran entrado en un ciclo del cual no logran salir. Es como si Dios no fuera poderoso o suficiente para liberarlos de la condición de pecado.

En teoría, para una pareja que nunca ha tenido relaciones sexuales, vivir la castidad sería más factible.

Sin embargo, cuando la virginidad de ambos ya no existe, es común que sientan como si ya no tuvieran nada más que resguardar, que preservar. En el fondo, piensan: “Si ya pecamos contra la castidad una vez, ¿qué diferencia hay en hacerlo otra vez?”.
Sería muy bueno que pudiéramos hacerle esta pregunta a san Agustín (tuvo un hijo fuera del matrimonio), a santa Pelágia (fue prostituta), a santa Margarita de Cortona (vivió nueve años con su novio) y a muchos otros santos que fueron ejemplo de castidad, a pesar de sus faltas antes de su conversión.

No ser virgen no es impedimento para que alguien viva de forma casta.

Más aún es ver el testimonio de jóvenes católicos contemporáneos a nosotros. Siguiendo el consejo de una confirmada mía, busqué en Youtube los videos de una pareja llamados Jason y Crystalina Evert. Me encantaron.

Jason y Crystalina trabajan evangelizando en la página Catholic Answers. Ellos ofrecen conferencias en escuelas de Estados Unidos sobre la relación amorosa cristiana, y cautivan al público con su lenguaje simple, espontáneo y sincero.

Ese lindo romance hace que la gente sienta incluso pena de Romeo y Julieta, aquellos dos pobrecillos pegajosos y desesperados.

A pesar de saber que su novia no es virgen, Jason no tiene esa mentalidad de “ella le dio a otros, tendrá que darme también a mí”. Él la ve como una muchacha pura, pues efectivamente ella se convirtió, por la gracia de Dios.


Jason dice que “no importa lo que sucedió en el pasado, todos podemos recomenzar”.
Si no te has casado y ya tuviste experiencias sexuales, reza y reflexiona sobre lo que dice san Pablo:“Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo” (2 Co 5,17).   Desconfía de ti mismo, amigo, sé realista en relación a la propia franqueza. Pero ten fe en Cristo, confía en Él.
Es una gran ofensa –es una gran burrada– dudar de que Dios puede hacer de nosotros criaturas nuevas, capaces de cumplir con su plan para nuestras vidas. ¡Si fue justamente para eso, que Él derramó su sangre en la cruz!

¿Tuviste sexo antes del matrimonio? Sí, cargarás con marcas y recuerdos, lo que sucedió no puede desaparecer. Pero lo que interesa realmente es a partir de ahora y para adelante. Lo que interesa es si crees que, en Cristo, puedes –y debes– nacer de nuevo.Y esta persona que nacerá de nuevo es casta, es pura a los ojos de Dios.

“Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios.» Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?» Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto” (Jn 3, 3-7).

lunes, 18 de julio de 2016

¿Qué es Pokemon GO?

Se está convirtiendo en todo un fenómeno social

¿Qué es Pokemon GO?

Nació como un videojuego más; pero se ha convertido en lo que los críticos de la sociedad mediatizada llaman ahora “un fenómeno social”. Se llama Pokemon GO y apenas tiene una semana (el 6 de julio) que salió en Japón, país de origen, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. Cerca de 10 millones de personas en este momento se encuentran enganchadas a la aplicación de teléfonos móviles.

Pokémon GO es un videojuego de aventura en realidad aumentada desarrollado por Niantic, Inc. para dispositivos iOS y Android. Es free-to-play, contiene microtransacciones, pero su descarga y desarrollo son completamente gratuitos. El juego permite al usuario buscar, capturar, luchar y comerciar con Pokémon escondidos en el mundo real.
Miles de vídeos e imágenes en Internet de los usuarios capturando estos pequeños monstruos en los lugares más remotos del planeta, dan buena muestra del éxito viral del videojuego. Tal ha sido su éxito que en apenas cinco sesiones bursátiles, las acciones de Nintendo han crecido 48 por ciento y su cotización ha crecido en 10.000 millones de dólares.

En Estados Unidos, lidera las descargas en las tiendas de Apple y Google, Nintendo quería extender cuanto antes el uso de la aplicación, para lo que estaba previsto que fuese lanzada de forma escalonada por todo el planeta. Sin embargo, la descarga masiva del juego ha saturado los servidores y obligado a la multinacional japonesa a solucionar los problemas técnicos antes de permitir que el mundo disfrute de su último gran éxito.

El videojuego requiere que el usuario recorra el mundo para descubrir toda clase de Pokémon, que aparecen dependiendo de la zona en la que se encuentres y el mapa que muestra el lugar donde se encuentra, así que, la calles que aparecen en Pokémon GO son las mismas que en el mundo real.

Además, los mapas de Pokémon GO integran diferentes Pokéstops o Poképaradas que permiten conocer museos, instalaciones artísticas, monumentos y lugares históricos, entre otros. Utiliza la realidad aumentada y de acuerdo con el concepto original, los entrenadores podrán capturar Pokémon hasta completar una colección.

Otro objetivo es adiestrarlos para que ganen batallas frente a otros. Haciendo uso del GPS del teléfono, la app le avisará con una vibración y una luz intermitente cuando el usuario se encuentre cerca de un Pokémon. Cuando la persona o “entrenador Pokémon” enciende la cámara de su teléfono, se puede encontrar con una imagen de un Pokémon, superpuesta sobre la escena real tras el lente.

Para capturar las criaturas, se utilizan Poké Ball. Esa es la característica por la que se considera que el juego es de realidad aumentada, permite ver la realidad mezclada con un elemento de ficción a través de un dispositivo tecnológico.

Sin embargo, no todo es diversión: a través de un comunicado, la policía de O’Fallon, en Misuri (Estados Unidos), reveló que un grupo de delincuentes se encuentra usando Pokémon GO, para asaltar a los jugadores y quitarles sus smartphone. De acuerdo a su publicación, las autoridades policiales detuvieron a cuatro personas, de entre 16 y 18 años de edad, acusadas de robar a los jugadores de Pokémon GO en las llamadas “Pokeparadas”.

Las “Pokeparadas” son diversos puntos de una ciudad donde los jugadores de Pokémon GO pueden acudir para conseguir pokébolas, pokémon, entre otras herramientas para el juego. Dichas “poképaradas” pueden ser observadas por todos los usuarios que descargaron Pokémon GO en sus smartphone. Por ese motivo, los delincuentes sabían el lugar exacto donde llegarían sus víctimas para asaltarlas. Y las asaltaron.

domingo, 17 de julio de 2016

¿Es posible vivir la austeridad en el mercado del consumismo? 5 preguntas que debes responder





María Belén Andrada, catholic-link
«Recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevarte contigo nada de lo que has recibido, solo lo que has dado» decía el pobrecillo de Asís. Así mismo, no podremos llevarnos ni nuestra casa, ni nuestro smartphone, ni nuestro par de zapatos, ni tantas cosas. Pero… ¿significa que no tenemos que tenerlas? Aunque no pueda usar mi celular en el Cielo, en la tierra sí me hace falta. A excepción de aquellas personas a las que Dios pide un voto de pobreza absoluta –como se la pidió al gran santo que fue Francisco–, el grueso de la población se mueve entre cosas, con cosas y deseando cosas. Cosas, cosas, cosas, más cosas… ¿Cómo vivir la austeridad y la sobriedad siendo personas que trabajan, ganan un salario, salen a cenar, etc.?

Te comparto algunas preguntas, cuyas respuestas podrían marcarte un itinerario para conseguir el equilibrio entre la austeridad y el ritmo de vida moderno.

1. ¿Lo necesito?

No voy a hablar de cantidades ni de diversidades. Lo que mi hermano puede necesitar, es distinto de lo que yo podría necesitar. Pero ¿qué implica el «necesito»? Según la Real Academia Española una necesidad es la «carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida». Esta definición me asusta, porque… ¿no me compraré una blusa nueva, porque no es menester para la conservación de mi vida?

Creo que al hablar de necesidad como necesidad, es muy poco lo que podríamos nombrar como tal. Pero podría ser cierto que «necesito”» una computadora, porque mi trabajo me lo demanda. «Necesito» un auto, porque en mis circunstancias familiares sería conveniente, ya que tengo seis hijos a los que llevar a la escuela y a distintas actividades. «Necesito» un traje, porque soy presidente de una empresa y, por caridad, buen ejemplo, etiqueta y demás, tengo que dar una buena impresión.

En fin, quizás la «necesidad» esté marcada por un criterio mucho más exigente que el del diccionario: el de la propia conciencia, la rectitud de intención y la reflexión respecto a la utilidad de nuestra adquisición.

«Yo necesito pocas cosas y las pocas que necesito, las necesito poco» (San Francisco de Asís).

2. ¿Qué pasaría si no lo compro?

Una vez respondida la primera pregunta, podemos llegar a la conclusión de que quizás sí, necesitamos realizar una compra. Pero la verdad es que… ¡ahora mismo no tengo dinero! Entonces, aunque necesite un auto: 1. espero; 2. realizo un préstamo; 3. empiezo una novena a San Expedito.

Quizás no tenga a mano una estampa a San Expedito o quizás no tengo credibilidad bancaria para realizar un préstamo. Entonces… espero. La austeridad, más que a «no tener» es la que debe llevarnos a no apurarnos, a no desesperarnos, a buscar los mejores precios, a sopesar opciones, no ser impulsivos. Me atrevería a decir: ¡saber amar este tiempo en el que no tengo lo que me hace falta! Porque quizás en esa espera siga pasando alguna necesidad, que trae consigo alguna incomodidad, y eso no es malo: podemos ofrecer tales incomodidades por aquellos que tienen incluso menos que nosotros, podemos llevarlas con alegría y una sonrisa y, una vez obtenido lo que deseábamos, ser mucho más agradecidos.

Esto por un lado. Por otro, en este punto quisiera que reflexionemos también sobre la cantidad de lo que tenemos. ¿Es verdaderamente imprescindible que tenga el mismo modelo de pantalón en distintos colores? ¿Tres bolígrafos, uno por si se me pierde el de repuesto? Acumulamos o tenemos «por las dudas», sin preguntarnos si realmente es útil, necesario o si hace una diferencia tenerlo como no tenerlo.

También, claro, dependerá la situación de cada uno. Quizás sí me hace falta tener 3 blusas iguales, porque es parte de un uniforme y por mi contexto no me da tiempo de lavarlo todos los días y qué se yo: cada quien debe reflexionar, con sinceridad, sobre su propia vida.

«No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt 6, 19-21).

3. ¿Para qué lo quiero?

Aquí podemos analizar si lo queremos porque nos ayudará a trabajar, estudiar, servir mejor… o si es un lujo innecesario, que responde a un capricho. O quizás nos haga la vida más cómoda, pero es un costo que podríamos suprimir. Quiero compartirles un fragmento de una entrevista que hicieron a San Josemaría Escrivá de Balaguer, donde el santo comparte algunos matices de lo que hablamos:

«Sacrificio: ahí está en gran parte la realidad de la pobreza. Es saber prescindir de lo superfluo, medido no tanto por reglas teóricas cuanto según esa voz interior, que nos advierte que se está infiltrando el egoísmo o la comodidad indebida. Confort, en su sentido positivo, no es lujo ni voluptuosidad, sino hacer la vida agradable a la propia familia, y a los demás, para que todos puedan servir mejor a Dios. La pobreza está en encontrarse verdaderamente desprendido de las cosas terrenas; en llevar con alegría las incomodidades, si las hay, o la falta de medios. Es además saber tener todo el día cogido por un horario elástico, en el que no falte como tiempo principal —además de las normas diarias de piedad— el debido descanso, la tertulia familiar, la lectura, el rato dedicado a una afición de arte, de literatura o de otra distracción noble: llenando las horas con una tarea útil, haciendo las cosas lo mejor posible, viviendo los pequeños detalles de orden, de puntualidad, de buen humor. En una palabra, encontrando lugar para el servicio de los demás y para sí misma: sin olvidar que todos los hombres, todas las mujeres —y no sólo los materialmente pobres— tienen obligación de trabajar: la riqueza, la situación de desahogo económico es una señal de que se está más obligado a sentir la responsabilidad de la sociedad entera. El amor es lo que le da sentido al sacrificio».

4. ¿Qué hago si me falta?

¿Me quejo? ¿Lloro? (aunque suene ridículo, puede pasar) Es fácil lamentarse, a veces en serio y a veces en tono burlón, pero quejarse al fin, señalando lo que no tenemos. Desde lo pequeño hasta lo grave. ¡Pero eso nos distrae del agradecimiento! ¿Qué? ¿agradecer lo que no tengo? Sí. Si somos agradecidos –y digo «si somos», porque en muchas oportunidades también nos falta dar gracias por las tantísimas cosas que tenemos–, lo somos cuando recibimos. Son pocas o nulas las ocasiones en las que nos detenemos a pensar en que quizás no tenemos lo que deseamos porque… nos conviene. ¿Por qué? Ni idea. ¿Para qué? Hay que preguntárselo a Dios: ¿quieres, Señor, que me esfuerce más?, ¿quieres que aumente mi fe, que pida más o que confíe más? ¿Que sea más desprendida? ¿Es que me falta amor, y quieres purificar mis afectos? ¿Tal vez me falta ser más generosa?

«Por tanto, no os preocupéis, diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿qué beberemos?” o “¿con qué nos vestiremos?” Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que vuestro Padre celestial sabe que necesitáis todas estas cosas. Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mt 6, 25-34).

5. Si de verdad lo necesito ¡debo siempre volver al inicio!

Si nos fijamos, cada pregunta al ir respondiéndola, nos lleva de vuelta a la primera. Si no pasa nada, si solo es un capricho, si no me ayuda en mi trabajo o estudio ni para hacer apostolado, si solo me lleva a lloriquear por carecer de ello… no lo necesito.

Cuando puse este subtítulo, me puse a pensar en «el inicio». Quizás, como estamos en medio del mundo y necesitamos varias cosas para poder –como fui diciendo antes– trabajar, estudiar e incluso hacer un mejor apostolado y la vida más amena a los demás, no usaremos un par de hojitas a lo Adán y Eva, pero podemos, aunque sea como ejercicio, pensar en un tiempo más simple. Si antes –en la época de nuestros abuelos o, más cerca aún, de nuestros papás– podían vivir, sobrevivir y ser felices con menos… ¿será que de verdad nos hace falta lo que tenemos en mente o es una necesidad incentivada?

¡Advertencias!
1. Es fácil engañarse a uno mismo y a los demás: En todos los puntos que mencioné cito la sinceridad con uno mismo, por sobre todo. Porque muchas veces nuestras conciencias son muy condescendientes y no nos dejan sufrir ni siquiera un poquito. Y no está mal, a veces, pasar incomodidades, negarnos algunas cosas. O al menos esperarlas con paciencia.

2. Ser desprendidos no es sinónimo de no tener: La pobreza no está en «no tener», sino en qué hacemos con lo que tenemos y en cómo nos relacionamos con lo que tenemos; el fin de los medios con los que contamos. Por eso, si somos desprendidos,  todos podemos vivir esta virtud aunque «tengamos muchas cosas».

3. Es fácil caer en el extremismo: Reitero: no es malo tener cosas. No hay que, por escrúpulos, confundirse y no querer tener nada llegando a una situación donde nos mostramos andrajosos, faltamos a la caridad, no realizamos nuestro trabajo de la mejor manera, no adquirimos los estudios y la formación que podríamos tener para ser mejores profesionales –y por ende aportar a una mejor sociedad–, etc. Para evitar esto, hay que volver a la primera advertencia y también asincerarse si uno vive una falsa pobreza por descuido, pereza o algún malentendido desprendimiento o fariseísmo, que en realidad es la soberbia que quiere ser «compadecida».

4. A veces nos podrá faltar lo necesario… Fuera del auto, la casa, la blusa o las cosas que mencioné… pueden llegar tiempos en que falten cosas verdaderamente necesarias. ¿Si me quedo sin trabajo? ¿Si no tengo para dar de cenar a mis hijos? ¿Si no puedo pagar mis estudios? Igualmente, creo que algunos consejos aplican: agradecer la pobreza que nos identifica con Cristo, al mismo tiempo que, con confianza y oración, poner los medios humanos para obtener aquello de lo que se carece.