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viernes, 6 de abril de 2018

¿Por qué estamos tan pendientes del móvil?

Los analistas aspiran a profundizar en las causas económicas, sociales y culturales que llevan a usuarios de todas las edades a pasar entre tres y cuatro horas al día pendientes de sus ‘smartphones’

PHONE;
Un propietario cualquiera de un smartphone o de una tableta táctil que tenga entre 25 y 34 años y que resida en un país rico dedicará unas tres horas al día a moverse por diferentes aplicaciones móviles. Si el navegante es menor —de 18 a 24 años— incluso invertirá más tiempo en esta actividad; y si es mayor —de 35 a 54—, la media bajará aproximadamente una hora por jornada.
Los usuarios que han cumplido 55 o que incluso han superado esta edad ocupan el último lugar en la clasificación, con la mitad de horas que los más jóvenes, según los datos que maneja la consultora especializada comScore. El 90% de las apps más populares pertenecen a empresas como Google, Facebook, Amazon, eBay o Apple. Los responsables de estas compañías y los profesionales del marketing son conscientes de que los internautas se conectan muchas veces al día, aunque por pocos minutos en cada ocasión.
Lo hacen tanto para comunicarse con otras personas como para entretenerse, de acuerdo con los resultados de esta investigación. Además, no importa si se trata de un fin de semana, de una fecha festiva o laborable. De todos modos, los gigantes tecnológicos no están solos en este ecosistema tan variado, que tiende a una saturación que, minuto a minuto, lo está volviendo más complejo, si cabe.
Los periodistas, su público y los consumidores de las redes sociales prestan su atención cíclicamente a nuevos servicios, y entonces su popularidad se dispara, se vuelven globales y, por lo general, su fama se va apagando en pocas semanas. Mientras tanto, las organizaciones verdaderamente destacadas siguen mandando en la Web. Transcurren los meses y los años y, a pesar de escándalos como los causados por la utilización espuria de datos personales, no parece que haya nadie con capacidad para erigirse en un rival serio que amenace esta hegemonía.
El interés creciente de estas multinacionales por las áreas de la cuarta revolución industrial que más prosperarán —el big data, el aprendizaje automático, la inteligencia artificial, la realidad virtual y aumentada, el blockchain, la internet de las cosas, la robótica— permite prever que su dominio se incrementará. El alcance del pronóstico es enorme si se tiene en cuenta que las relaciones de poder y los procesos que cuestionan esta mecánica se han configurado a lo largo de la historia en el terreno de la comunicación.
Por esta razón, cualquier innovación tecnológica que afecte este campo repercutirá en los cambios económicos, culturales… Como ha escrito el profesor Manuel Castells, la red y sus múltiples derivados son una “segunda piel”. No producen ningún efecto por sí solos, pero son la plataforma y el vehículo para que se plasmen y se desarrollen fenómenos más complejos que, como recuerdan los analistas, no deben ser estudiados exclusivamente en clave digital.
En síntesis, las horas que jóvenes y mayores pasan con sus dispositivos móviles trabajando, protestando, sufriendo, aburriéndose, divirtiéndose, riendo, etc. no son únicamente relevantes por lo que tecnológicamente comportan, sino por lo que significan desde innumerables puntos de vista: el laboral, el político, el lúdico, el sentimental, el espiritual… Porque tras la supuesta dependencia psicológica habrá algo más.
Josep Lluís Micó, aleteia





martes, 9 de mayo de 2017

Libros o tabletas: ¿Qué es mejor para los niños?

¿Cumplen la misma función dentro del desarrollo cerebral y cognitivo infantil? ¿Cuál de los dos medios beneficia en mayor medida el aprendizaje de los niños?





Ante la cantidad de recursos virtuales que existen hoy para el desarrollo de los niños, se teme que la lectura pase al olvido siendo “un error del cual nos arrepentiremos”.
Los libros son para los niños la puerta de entrada a un mundo de fantasía, imaginación y desarrollo de competencias fundamentales de la etapa. Sin embargo la lectura y la narración, han ido perdiendo el interés de los padres modernos, quienes ahora prefieren para sus hijos la estimulación a través de tabletas y juegos electrónicos.
Ante esta situación, expertos advierten que la lectura en la infancia es una actividad que no se puede sustituir por ninguna otra, pues sus beneficios son excepcionales tanto en esta etapa como en las posteriores, y a diferencia de lo que muchos pensarían, las tabletas no son tan favorecedoras como sí lo son los libros.
Mitos sobre las tecnologías y la educación
Catherine L’Ecuyer, investigadora y divulgadora de temas relativos a la educación, habla en una entrevista concedida al ABC de España, sobre su más reciente publicación Educar en la realidad, un libro en el que desvela con evidencias una serie de mitos educativos y demuestra que la mejor preparación para utilizar las nuevas tecnologías tiene lugar en la realidad; es decir, que la mejor preparación para el mundo on-line es el mundo off-line. La autora respondió a las siguientes inquietudes:
¿Por qué hay que educar en la realidad?
Una viñeta del humorista gráfico Faro describe un padre subiendo la montaña con sus dos hijos. Les dice “mirad hijos míos, que puesta de sol tan bonita”, a lo que sus hijos responden, “jolines, papá, ¡dos horas caminando para ver un fondo de pantalla!”. Hoy, nuestros hijos pueden padecer déficit de realidad, y eso repercute en el aprendizaje.
El hecho de que nuestros hijos sean nativos digitales, ¿favorece a su cerebro para agilizar el aprendizaje?
No. Ese es otro mito tecnológico. El cerebro es plástico, pero no es infinito. Todos tenemos limitaciones que marcan nuestra naturaleza y cuando intentamos sobrepasarlas, nos pasa factura, tanto a los inmigrantes como a los nativos digitales.
Los estudios resaltan, por ejemplo, que el multitarea tecnológico lleva al colapso de la memoria de trabajo, superficialidad en el pensamiento, dificultad para enfocar y desenfocar la atención. Los estudios dicen que nos lleva a ser “enamorados de la irrelevancia”.
Uno de los atractivos de los centros escolares es que dispongan de pantallas interactivas digitales. ¿Es una mejora con respecto a la pizarra tradicional?
No está demostrado que den mejores resultados académicos que la pizarra tradicional.
¿Pero hacen daño?
Personalmente no creo que las pizarras digitales hagan daño en los niños mayores, si se usan de la forma en que se usaría una pizarra tradicional, con un ritmo que se armoniza al orden interior del alumno. En la etapa infantil no se justifica su uso porque la literatura científica dice que existe un déficit en el aprendizaje realizado a través de la pantalla con respecto a una demostración en directo (el llamado «Video Deficit Effect»).
¿Las tabletas o los libros?
La sustitución masiva del libro de texto es un error del que nos arrepentiremos en unos años. En Primaria, el uso de la tableta puede interferir con el aprendizaje de la lectoescritura. No es lo mismo la educación individualizada que puede dar una tableta, que la educación personalizada que solo da un maestro capaz de arrancar lo mejor de cada alumno.
Si el fin de la educación es buscar la perfección de la que es capaz el niño, es preciso discernir de qué es capaz cada niño. Ese trabajo no lo puede realizar una herramienta digital, por muy buenos que sean el dispositivo y los algoritmos de sus aplicaciones, porque ese discernimiento requiere sensibilidad. Y la sensibilidad es profundamente humana, no digital.
En vez de invertir en arsenal tecnológico, habría que invertir en bajar ratios y en formar y remunerar mejor a los maestros.
En su libro reconoce que está demostrado que la tableta motiva a los alumnos.
Los estudios dicen que motiva más porque gusta más. Pero que a los niños les guste la tableta no es un criterio educativo. A los niños también les encantan las golosinas. La motivación que procuran esos dispositivos es una motivación para la diversión, no para el aprendizaje. La prueba de todo ello es que esa motivación externa no lleva a una mejora en los resultados académicos.
¿Nos equivocamos los padres cuando ponemos Internet (y todo lo que ello supone) en manos de niños de temprana edad?
En la infancia, las pantallas no son herramientas neutras porque tienen un efecto que la literatura llama “de desplazamiento”.
Mientras un niño está en internet está dejando de hacer mil cosas que aportan mucho más a su buen desarrollo. En esa etapa toca experimentar, tocar, sentir, ver la realidad, estrenarla en directo y, sobre todo, desarrollar virtudes que luego permitirán usar esas estupendas herramientas de forma responsable.
El uso responsable de la conducción no se consigue dándole las llaves de un Ferrari a un niño de 10 años. Tampoco se consigue desarrollar la orientación espacial de un niño de 4 años jugando al escondite en un centro comercial de 40 mil metros cuadrados un sábado por la tarde.
Antes de adentrarse en el mundo online, uno ha de tener la cabeza muy bien amueblada. Todo tiene su tiempo.

Funciones de la lectura en la infancia
Además de las apreciaciones de la experta, es necesario reconocer las funciones principales de la lectura en la niñez, y por eso, las razones por las que no se debe extraer de la labor educativa:
– Estimula la imaginación, el lenguaje y la creatividad del niño.
– Fomenta actividades cerebrales. La lectura a cargo de los padres, permite que el niño realice ejercicios cerebrales de abstracción, memorización y asociación.
– Comprensión lectora. Es el momento idóneo para iniciar el aprendizaje de la comprensión lectora. Estudios demuestran que la mayoría de los problemas académicos de los universitarios, se deben a carencias en la etapa escolar.
– Aprendizaje. Se ha comprobado que la lectura es uno de los mejores medios de adquisición de conocimientos, por ello es importante desarrollar un buen nivel de comprensión lectora desde las primeras edades.
– Es una actividad que fortalece el vínculo paternal, pues es un espacio de intimidad que les provee estabilidad emocional y seguridad a los pequeños. Estudio ha comprobado que es la actividad más enriquecedora para un niño menor de tres años en su relación con la madre, más que ver televisión, e incluso que jugar los dos.
– Los libros no suponen ningún riesgo para los niños, como sí lo pueden ser las pantallas a edades tempranas.
Aunque la tecnología muchas veces nos deslumbre con sus alcances y creatividad, hay funciones de la interacción humana que jamás podrán ser reemplazadas por la virtualidad. Actividades como jugar al aire libre, divertirse en familia, leer un libro junto a los hijos; son y serán las mejores y más valiosas enseñanzas.
Artículo originalmente publicado por lafamilia.info

jueves, 6 de abril de 2017

Ayunar de celular, de móvil, de computadora, tablet

La crítica desairada siempre será inútil, así que no nos queda otra que hacer un ejercicio de mesura: ya que el móvil se ha vuelto imprescindible, pongámosle límites para que no se convierta en un monstruo.




ayunar del movil, del celular


Carmen Castiella, aleteia
Del whatsapp al correo electrónico, de la página del banco al periódico, de facebook a instagram…Todo sin levantar la mirada ni apenas parpadear para humedecer los ojos. Las pantallas secan los ojos y de paso el alma. No dramatizo. Es dramático.

Gula de “likes” buscando la aprobación continua del grupo. Gula de conocimiento porque, en cuanto nos falta un dato, ahí está Google y su inmediatez en la respuesta. La biblioteca más grande de la historia, pero también la más desordenada. Un gigante sin cabeza. Pura dispersión. Gula de mensajes y respuestas. La red es un océano de náufragos pidiendo atención.
No quiero ser un erizo, actitud estéril que tiene todas las de perder frente al avance imparable de la era digital. La crítica desairada siempre será inútil, así que no nos queda otra que hacer un ejercicio de mesura: ya que el móvil se ha vuelto imprescindible, pongámosle límites para que no se convierta en un monstruo.

 movil exagerado

Propongo 24 horas de desconexión digital. 24 horas de liberación y descanso. 24 horas ganadas al tiempo. 24 horas de levantar la mirada al cielo y caer en la cuenta de hasta qué punto el dichoso y omnipresente aparato nos hace mirar hacia abajo…
No basta con silenciarlo. Hay que mantenerlo desconectado.
Menos móvil es más intimidad con las personas con las que estás.
Menos móvil es más atención y menos distracción.
Menos móvil es más puntualidad porque no puedes avisar de que llegas tarde.
Menos móvil es más conciliación porque estás para ellos. Hand-free-papás.
Menos móvil es más tiempo y menos prisa.
Menos móvil es más conocimiento y menos información.
Menos móvil es más serenidad y menos inmediatez.
Menos móvil es más ejemplo para nuestros hijos.
Menos móvil es más concentración y menos interrupción.
Menos móvil es más recogimiento.
Menos móvil es más realidad.

movil exagerado

Menos móvil para custodiar nuestra cabeza y nuestro corazón, para educar nuestros sentidos y no vivir permanentemente volcados hacia el exterior.
Veréis que el ayuno tecnológico sabe a gloria. En mi caso, ni rastro de síndrome de abstinencia. Comprobadlo y repetiréis. Parece que el uso compulsivo del móvil puede ser más un mal hábito que una adicción y eso es esperanzador.
Después de probar el ayuno, viene la dieta de mantenimiento. Hay mil variables que se adaptan a mil circunstancias. Yo sigo una que consiste en apagar el móvil cada día a las 19.00 horas y volverlo a encender a las 9.00 de la mañana del día siguiente. La vida familiar fluye cuando no hay permanentes interrupciones.

 ayunar del móvil y del celular


miércoles, 20 de julio de 2016

¿Cómo educar a los niños en el uso de la tecnología?

Debemos enseñarles a vivir verdaderamente conectados y a hacer un uso correcto de los recursos digitales

¿Cómo educar a los niños en el uso de la tecnología?

Me he encontrado con esta serie de videos que me parece muy interesante en cuanto a la enseñanza del uso del celular, sus ventajas y peligros. Esto me ha llevado a pensar en cómo es que los padres estamos abordando la educación de los hijos en este tema específico. ¿Estamos haciendo algo en concreto?

Educar a nuestros hijos en la era digital supone consideraciones que a los padres de hace unos 30 años atrás jamás se les hubieran ocurrido. Pero también es cierto que, aunque hayan pasado un centenar de años, educar a los hijos sigue siendo lo mismo: una responsabilidad de los padres. Puede parecer muy obvio, pero con los cambios en la sociedad, con la introducción de la mujer en el mundo laboral y el avance del mundo virtual, la dinámica familiar ha cambiado tanto que, a veces, esta tarea se delega a terceros, se deja a los niños solos y la tecnología se convierte en la mejor niñera, incluso en presencia de los padres. Y el concepto de velar por el bienestar de los hijos queda diluído o peor aún, olvidado. Los hijos en etapa de formación siempre serán responsabilidad de los padres y es ahí donde debemos volver a mirar.


Existenn muchos comerciales que nos advierten de los efectos del mal uso de las nuevas tecnologías y existe como una relación de amor – odio sobre todo con respecto a las redes sociales y la desconexión del ser humano. No perdamos de vista que las nuevas tecnologías no son malas en sí mismas. Ellas son parte clave en la sociedad actual: todos las usamos, son necesarias y sumamente útiles, pues sus aplicaciones parecen ser casi ilimitadas. Su progreso ha sido tan veloz que, prácticamente, hemos empezado a utilizar herramientas muy poderosas casi a ciegas, armando legislaciones y reglas sobre la marcha.

Mientras que para los nacidos hace más de 30 años lo usual era salir a jugar a la calle con los amigos, nuestros hijos se encierran «solos» en sus habitaciones a jugar con sus amigos o peor aún, a jugar con perfectos desconocidos, recibiendo información cargada de violencia y elementos sexualmente explícitos, e incluso poniendo su vida en riesgo a través del contacto con desconocidos en redes sociales. Muchas veces los padres ni siquiera están enterados de estas posibilidades.

Hace 20 o 30 años la sociedad aún protegía a la familia. Acceso a algún material nocivo para la infancia era muy difícil y el horario de protección al menor funcionaba. Los videojuegos casi no existían (o no eran de acceso masivo), los juegos se daban al aire libre y los diálogos casi siempre eran mirándose a los ojos.

Estas experiencias son una gran ventaja para formar a los niños actuales. Los padres nacidos en esa generación estamos en la capacidad de enseñar a nuestros hijos a vivir verdaderamente conectados y a hacer un uso correcto de los recursos digitales. Y eso es importantísimo: si nosotros no transmitimos esto, ¿quién lo transmitirá a generaciones futuras?
Herederos de un concepto de libertad muy fuerte, nuestros hijos claman por independencia, intimidad y autonomía. Pero a la vez reclaman la conexión humanay el interactuar con otros. Lo primero que tienen a mano es una red, que mal utilizada, está provocando justo lo contrario: la fragmentación de las relaciones interpersonales dentro y fuera de la familia.

¿Cómo educar a los niños en el uso de la tecnología?

Recordemos que los padres estamos a cargo y para hacernos cargo verdaderamente aparece la necesidad, primero de formación como padres y segundo en el uso de las nuevas tecnologías y sus alcances. Aprendamos a usarlas correctamente y enseñemos a nuestros hijos.

Y con enseñar no me refiero a enseñar el uso en sí de la tecnologías (lo más probable es que nuestros hijos nos lleven bastante ventaja en esto) sino de la forma en cómo es más conveniente usar la tecnología para el bien de los hijos y de la familia. Si queremos que nuestros hijos no sean dependientes de las pantallas y luego no se «despersonalicen» debido a su uso excesivo y desmedido, es necesario establecer como padres algunos límites. Algunos ejemplos: demoremos el acceso a éstas lo máximo posible en los niños, tengamos una sala común en la familia para el computador y el televisor, no promovamos el acceso a la tecnología sin vigilancia (no televisor o computador en el cuarto) y utilicemos filtros. Fomentemos el diálogo, especialmente desde temprana edad, inculquemos la confianza y la apertura para compartir experiencias, temores y curiosidades. Para esto el compartir actividades al aire libre y con otros es vital.

Y finalmente, pero creo que es lo más importante, eduquemos en virtudes. Sin honestidad, sin generosidad, sin fortaleza, sin templanza, los niños y jóvenes serán incapaces de modular sus propios actos en cualquier ámbito sobre todo en uno tan poderoso e influyente como el mundo virtual.
Por Catholic Link


¿Cómo educar a los niños en el uso de la tecnología?