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jueves, 11 de octubre de 2018

Así es cómo un amor puede enfriarse y comienzan los malentendidos

Ante la dura exigencia del ganarse la vida y la educación de los hijos, los esposos pueden descuidar su relación afectiva. Como le sucedió a este matrimonio que nos comparte su experiencia. 

MAŁŻEŃSTWO TO KRZYŻ
Soy asesor de empresas y con frecuencia recurro al término sinergia que hace referencia a la capacidad de trabajar en equipo por parte de dos o más personas para encontrar una mejor solución que aquella que se lograría por cuenta propia. Es decir: no es tu forma o la mía, sino una mejor, una más elevada.
“¿Cómo te fue?”, suele preguntarme mi esposa cuando regreso de una de mis “magistrales conferencias”.   “¡Magnífico! Seguí tus sugerencias y casi me sacan en hombros!”,  le respondo entusiasmado.  Y ella termina esbozando  una amplia sonrisa.
No era así hace un tiempo, ya que cuando me ufanaba de mis aptitudes de experto en comunicación, mi esposa se me quedaba viendo con la expresión de quien analizara el perfil de un sapo. Tenía sus razones.
Y es que a mí se me podía aplicar el dicho: “Candil de la calle y oscuridad en la casa”, pues yo, un “experto” no estaba comunicándole mi cariño.  
Empecé a preocuparme cuando un día en cierto lugar público quise tomarla de la mano y la retiró con discreción. Luego, empezó a poner cara de enfado cuando yo le contaba tal anécdota; a reclamarme por mis tiempos de trabajo o salidas con mis amigos; y con frecuencia, a expresar celos sin razón alguna. Al menos así lo consideraba, pues le era fiel, responsable y muy trabajador.
Y llegamos a un enfriamiento tal en la relación que ella reaccionó volcando todo su amor en nuestros nuestros hijos. A mí no se me ocurrió otra cosa que refugiarme en el trabajo y en el alcohol.
Por fortuna recomenzamos.
Para evitar reincidir en lo que consideré el problema, pretendí atacarlo haciendo un chequeo de la calidad de mi amor, con un formato que me saqué del manga, parecido al que uso en el diagnóstico de clima organizacional en las empresas. 
Eran cuatro preguntas puntuales en las que para entonces estaba seguro de sacar un diez. 
Estas fueron:
  • ¿Cumplo con todas las responsabilidades como principal proveedor de todo lo materialmente necesario para el hogar? Respuesta: sí.
  • ¿Me involucro satisfactoriamente en las labores domésticas?  Respuesta: sí.
  • ¿Me implico totalmente en la educación de los hijos?  Respuesta: sí.
  • ¿Te sabes amada por mí? Respuesta: Sí, pero no lo siento.
Ella se sabía, pero no se sentía amada.  Se volvían a encender los focos rojos. ¿Qué pasaba? 
Un mal día le hice la observación de que ya no se arreglaba igual que antes, ¡Jamás lo hubiera hecho! Pues eso detonó en “un dime y te diré” que nos asustó.  
Le pedí entonces que solicitáramos ayuda profesional, en donde nos quedó claro que teníamos problemas de incomprensión, agravados por una mala comunicación que mi esposa confundió con  falta de amor, perdiendo la confianza.  
No fue fácil recuperarla, pues hizo falta mucha humildad para reconocer errores como:
  • Adoptábamos una actitud crítica ante el menor conflicto. 
  • Con frecuencia sumábamos a ello una emocionalidad inútil y dañina.
  • No sabíamos corregirnos con delicadeza y terminamos reprimiendo nuestros pensamientos y sentimientos.
  • Pasada la tormenta, después del enfado seguía la ardua tarea de desenfadarnos, tras más de una vez habernos ofendido, algo que iba dejando pozo, de tal forma, que cada vez tardábamos más en reconciliarnos.
  • Por todo lo anterior no conciliábamos nuestros respectivos puntos de vista ante situaciones o problemas que requerían de nuestra mutua ayuda, de acuerdo a nuestras capacidades naturales. 
  • Por lo que estábamos afectando y desaprovechando uno de los nobles fines del matrimonio: la complementariedad y mutua ayuda.
Lo más grave: 
Yo consideraba que era suficiente con que mi esposa se supiera amada, pues en mi psicología de varón no entendía  que por mis incomprensiones, le estaba haciendo pensar y sentir que ya no me gustaba, que en mí no despertaba ya emociones y que la había empezado a dejar de amar. 
Afortunadamente  estamos recomenzando por el camino correcto, poniendo en el centro de todo el  valor de nuestra relación afectiva y velando por mantener la confianza en nuestro amor. 
Amo profundamente a mi esposa y soy consciente de que debo ayudarle a mantener una actitud positiva hacia sí misma, segura de merecer ser amada. Estoy seguro de que ella también desea lo mismo para mí. 
Es posible distinguir tres tipos de amor humano:
  1. Gustarse: apela a lo corporal
  2. Querer: algo más emocional, afectivo, propio del corazón
  3. Amar: definitivamente volcado a la esfera más espiritual del hombre, al alma).
Lo ideal sería que los esposos se gustasen, se quisiesen afectivamente y cuidaran de su amor personal.
Por lo contrario, se pueden encontrar tres tipos de egoísmo:
  1. físico: acaparamiento sexual
  2. afectivo: afán posesivo
  3. espiritual: orgullo.

Artículo realizado por Orfa Astorga, responsable del Consultorio Matrimonial y familiar de Aleteia. Consúltanos en: consultorio@aleteia.org 

Vea también: ¿Qué tienen en común el sexo en el matrimonio y la santa misa?

Y:                    La evangelización de la sexualidad: ¡para la alegría de los esposos!





domingo, 11 de febrero de 2018

En Cuaresma, 3 consejos del Papa para “no dejar enfriar el amor”

En el mensaje para la Cuaresma 2018, el Pontífice desea ayudar a vivir con “gozo“ y con “verdad” estos tiempos amenazados por “falsos profetas” que apagan la “caridad en los corazones”. 

“Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”, es el titulo del mensaje del papa Francisco para la Cuaresma 2018 difundido este martes 6 de febrero de 2018 por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
En el mensaje anual, Francisco indicó que la Cuaresma es un tiempo de preparación y conversión “con todo el corazón” y “con toda la vida”.
El Papa además invita, no solo a los fieles católicos, a reflexionar sobre aquellas cosas que enfrían el corazón. Y se dirige a las personas de buena voluntad “dispuestos a escuchar a Dios”.
“Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros”, expresó.
Así instó a “invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos”.

Falsos profetas 

El Papa como lo hizo Jesús, denunció las formas que asumen los falsos profetas hoy, que comparó a “encantadores de serpientes” que se aprovechan de las “emociones humanas para esclavizar” y llevan a el “placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad”.
Denunció el encanto de la “ilusión del dinero”, que hace “esclavos del lucro” o de “intereses mezquinos”. Y reflexionó sobre “cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad”.

1. Oración 

El Papa en nombre de la Iglesia ofreció en este tiempo de Cuaresma “el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno”.
“El hecho de dedicar más tiempo a la oraciónhace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida”.

2. Limosna 

“El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida”.
Bajo el ejemplo de los Apóstoles, invitó a “compartir nuestros bienes con los demás”. Esto vale especialmente “en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades”.
“Y – continuó- cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?”.

3.  Ayuno

El ayuno, “por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre”.
Por otro lado, indicó que el ayuno, expresa “la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre”.

Otros falsos profetas 

Otros falsos profetas – continuó – “ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles”.
En este sentido, se presentan las drogas para los jóvenes, la relaciones de «usar y tirar», las “ganancias fáciles pero deshonestas”, una “vida completamente virtual”, entre otras falsas promesas.
Los estafadores “que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar”. Es el “engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás”.
Los falsos profetas presentan “el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre”.
El Papa invita a cada uno a “discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas”.
“Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien”.

¿Cuales son las señales de un corazón frío? 

El Papa cita a Dante Alighieri, en su descripción del infierno, quien “se imagina al diablo sentado en un trono de hielo;[2] su morada es el hielo del amor extinguido”. ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?, preguntó.
El amor se enfría- según el Papa y citando el Evangelio – cuando hay avidez por el dinero; a esta “le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él”.
Igualmente esto se “transforma en violencia que se dirige contra “el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas”.
La caridad se enfría contra la Tierra. “La tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés”.
El amor se enfría también en nuestras comunidades debido a “la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero”.
La Iglesia recuerda en Cuaresma, los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto invitando a imitar al Mesías en el ayuno y la oración. La Cuaresma, es periodo de cuarenta seis días, desde el miércoles de ceniza hasta la Víspera de la Resurrección.
Ary Waldir Ramos Díaz, aleteia