viernes, 21 de noviembre de 2025

5 hábitos de los Blanchard, familia de Arizona con 6 hijos y 3 vocaciones... padre incluido

 Obispos valientes, vidas de santos, una patena y un cáliz para «jugar a misa»... Todo suma

Nathan, uno de los seis hijos de la familia Blanchard, espera su ordenación sacerdotal el próximo 2026.

Nathan, uno de los seis hijos de la familia Blanchard, espera su ordenación sacerdotal el próximo 2026.

Aunque muchos podrían pensar que son algo fuera de lo común, los Blanchard se consideran "una familia normal". Sin embargo, las familias de seis hijos no abundan, y menos las que acaban albergando a uno o más religiosos en un mismo hogar. La reciente ordenación diaconal de Nathan, el cuarto de los seis hermanos, es la tercera vocación de la familia junto con su hermana, religiosa, y su padre, diácono. “Somos una familia normal”, dijo Christina, madre de la familia numerosa a The Catholic Sun, “no creo que seamos muy diferentes [a otras familias]… Dios llama a quien quiere de entre aquellos que crían a sus hijos y lo hacen lo mejor que pueden. Es algo que nos llena de humildad y nos maravillamos de lo que hace Dios”.

La pregunta que puede surgir al presenciar casos como el suyo es: ¿Cómo pueden darse tantas vocaciones en la misma familia? La familia no oculta detalles respecto a la vocación de cada uno de ellos, incluso los hábitos que han seguido desde la misma infancia.

Greg, un padre marcado por un obispo valiente

Para Gregory, el padre de familia, su andadura como diácono comenzó en noviembre de 2020, tras su ordenación.

Aquel mismo año, relató en el portal de la parroquia de San Francisco de Asís que empezó a ser consciente de su llamado al diaconado nueve años atrás, en el marco de las llamadas del obispo Olmsted a hombres “dispuestos a dar un paso valiente en la fe y en seguir al Señor”.

Un llamado que, en último término, quedó plasmado en la valiosa exhortación Into the Breach -En la brecha- de 2015, que en un marcado llamado al combate espiritual comenzaba:

“Hombres, no dudéis en participar en la batalla que se libra a su alrededor, la batalla que hiere a nuestros hijos y familias, la batalla que distorsiona la dignidad tanto de las mujeres como de los hombres. Esta batalla a menudo está oculta, pero es real. Es principalmente espiritual, pero está matando progresivamente el ethos cristiano que queda en nuestra sociedad y cultura, e incluso en nuestros propios hogares. El mundo está siendo atacado por Satanás. Esta batalla se está librando en la Iglesia misma, y la devastación es demasiado evidente”.

El documento pronto mutó en una exitosa adaptación audiovisual, acompañada de multitud de estadísticas que reflejaban esa devastación, elementos que para Greg fueron un auténtico llamado personal.

“En mi corazón escuché por primera vez la vocación de ser diácono. Al hablar con mi esposa y mi pastor, descubrí que este llamado se confirmaba. A través de los dos años de estudio en el Instituto Catequético Kino y cinco años de formación, he sido enormemente bendecido al ir donde el Padre me llama”, escribió.

Gregory Blanchard, en su ordenación diaconal.

Gregory Blanchard, en su ordenación diaconal.

Nathan, jugando al sacerdocio desde los dos años

En el momento de la ordenación, su hijo Nathan tenía 23 años. Preguntado por lo que sintió entonces, solo pudo describirlo como un episodio impactante que lo removió interiormente.

“Solo espero que algún día Dios me permita seguir los pasos de mi padre”, respondió.

Cinco años después, Nathan espera su inminente ordenación diaconal, que tendrá lugar el próximo 22 de noviembre, uno de los últimos pasos en su camino de preparación al sacerdocio.

“Será un día lleno de alegría”, expresa confiado el padre de familia. Con el joven Nathan, son 55 los seminaristas que integran la diócesis de Phoenix.

Cristina, madre del diácono, explica que, en su caso, la vocación le acompaña prácticamente desde que tiene uso de razón.

“Tenía menos de dos años y apenas podía hablar. Se subía a la silla del celebrante de la misa ante el altar [de la Iglesia] y decía: `Padre Nathan, Padre Nathan´”, relata ella. Con cinco años, recibía su deseado regalo de cumpleaños, una patena y un cáliz de cerámica para que pudiera “jugar” a celebrar misa con sus hermanos. Y conforme crecía, llegó a plantearse ser incluso astronauta o cuidador del zoológico, pero el deseo del sacerdocio siempre emergía de nuevo.

La llamada “definitiva” tuvo lugar en un retiro de verano, antes de acceder a séptimo grado -en torno a los 12-13 años, equivalente a primero de secundaria en España-.

“Estábamos en misa y desconecté”, recuerda. “Estaba arrodillado antes de la comunión y me di cuenta de que simplemente estaba haciendo lo que tenía que hacer por inercia. Lo que sucedió después [al ir a comulgar] no fue cosa mía. El Señor habló muy directamente y me dijo: 'Nathan, quiero que seas sacerdote´”.

El joven pasó el resto de la misa entre lágrimas, ahora convencido y seguro de cuál sería su misión en la vida. Nada más graduarse, comenzó una primera etapa en el seminario que alternó con experiencias misioneras, académicas y laborales mientras discernía su lugar.

Tras varios meses como misionero en Comayagua (Honduras), regresó a Estados Unidos y en 2024 ingresó en un nuevo seminario, el de la Asunción, donde espera finalizar su preparación sacerdotal en junio de 2026.

René, marcada por las vidas de los santos

Si a Greg, el padre, le persiguió el llamado durante años y a Nathan casi durante toda una vida, para René, una de las hermanas mayores del futuro sacerdote, fue mucho menos. Todo sucedió en poco más de un año.

Actualmente integra la orden de las Hermanas Dominicas de María, Madre de la Eucaristía, con sede en Ann Arbor, Michigan. Allí reside desde 2010, aunque no profesó sus votos perpetuos hasta 2018.

El papel de René fue, según la familia, crucial en la vocación de su hermano Nathan. Para él, dijo Greg, “fue muy alentador que su hermana se entregara al Señor. Tiene una personalidad muy audaz. Es el tipo de persona que se entrega por completo”, dijo.

Como para muchos otros, los pilares en la vocación de René comienzan por su hogar, en la infancia, acostumbrada a leer y escuchar historias de santos.

Aquellos cuentos, escribió la hermana en otra ocasión, “empezaron a sembrar la semilla del deseo de santidad y a preguntarme cómo Dios me llama a ser santa. Ese creciente interés floreció aún más durante un encuentro con una monja dominica en un retiro juvenil diocesano, que rápidamente derivó en una visita a la casa madre de Michigan. Ingresé a la comunidad justo después de terminar la secundaria”, escribió la hermana en otra ocasión.

Recapitulando, los Blanchard plantean algunos de los pasos que consideran cruciales en el fomento y desarrollo vocacional de la familia al completo.

1º Nunca presionar

Greg, ingeniero de una empresa fabricante de dispositivos médicos, asegura que tanto él como su mujer nunca intentaron orientar a sus hijos hacia una profesión o vocación concreta, pero tampoco los desalentaron.

2º El objetivo, que los hijos conozcan a Dios

“Nuestro objetivo principal siempre fue educarlos para que conocieran al Señor, [para que supieran] quién es Dios, y para que tuvieran una vida de oración”.

3º Nunca infravalorar la capacidad espiritual de un niño

“Los niños pueden empezar a rezar a una edad temprana. Se dan cuenta de que pueden hablar con Dios”.

4º No ser conformistas

Entre otras cosas, los Blanchard explican que lejos de conformarse, intentaban ofrecer a sus hijos las oportunidades más variadas de práctica religiosa, como la asistencia a retiros.

5º Motivar las grandes preguntas desde niños

Los Blanchard también animaron a sus hijos desde la infancia a descubrir quiénes eran cada uno de ellos. “¿Quién soy yo y qué quiere Dios que haga según eso? Conocerse a uno mismo es sumamente importante, y creo que hemos intentado que lo hicieran”, agrega la madre. 

José María Carrera, ReL

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