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miércoles, 1 de mayo de 2024

Sergio Rodríguez: «La enfermedad para mí ha sido un arma superpoderosa que me ha dado Dios»

Milagrosamente ha sobrevivido a dos cánceres terminales


Sergio RodríguezSergio Rodríguez ha contado su testimonio hablando del sentido del sufrimiento y de cómo Dios ayuda en la enfermedad

Sergio Rodríguez Cuadrado ha tenido fecha anunciada para su muerte y no una vez sino dos. Precisamente dos han sido los cánceres terminales que le detectaron y que estaban acabando de manera agresiva con su vida, pero igualmente por dos veces milagrosamente y sin que los médicos encontraran razones científicas para ello los tumores desaparecieron. Su profunda fe fue clave para afrontar un sufrimiento enorme, al que encontró sentido y el cual le ha servido para afrontar su vida junto a su mujer y sus hijos.

En esta entrevista con Marta Peñalver para la Revista Misión, Sergio habla de su historia, la cual ha recogido en el libro Una segunda oportunidad (Palabra):

El cáncer no fue su primera experiencia cercana a la muerte, ¿no?

Cierto. En mi despedida de soltero una vaquilla me pegó una cornada en el cuello y casi no lo cuento. Este hecho me hizo replantearme varias cosas: cómo quiero morir, cuál es la actitud que quiero tener ante la muerte, si estar agradecido o ser un amargado. Me ayudó a hacerme consciente de que me voy a morir y de que tengo que prepararme.

Y poco después, llegó el cáncer. ¿Cómo fue su primera reacción cuando le dieron el diagnóstico?

Se me vino el mundo encima. Pensé que se acababa todo, fue muy duro. Me resulta difícil explicar esa emoción tan fuerte que sentí.

¿Qué le pesaba más, el miedo o la situación que dejaba?

Miedo a la muerte no he tenido, pero sí al dolor físico. Pensaba en cómo se quedaría mi familia, en el dolor que les podía causar esta situación… Eso me ha pesado siempre mucho.

¿Se agarró a la fe?

Sí. Con el primer cáncer le pedí a Dios que se hiciera su voluntad, sólo necesitaba que me diera fuerzas. Con el segundo, ya no tuve dudas. Notaba Su presencia.

¿Cómo ha afectado a su familia esta experiencia de enfermedad?

Los dos linfomas, pero en concreto este último, nos han marcado mucho a todos. Mis hijos son como son, en gran medida, por lo que han vivido. Han sufrido muchísimo, pero también han rezado mucho y creo que les ha acercado a Dios. Y a María, mi mujer, y a mí, nos ha unido mucho. Hemos vivido la presencia de Dios de una manera muy intensa. Lo hemos visto en cada circunstancia. Como ejemplo, cuando peor lo estábamos pasando en el hospital apareció un amigo sacerdote, y su visita fue como un bálsamo. Es algo totalmente palpable. Y, después, cuando se pasa todo, dejas de recibir esas gracias que Dios te da para ese momento porque ya no las necesitas.

¿Ha llegado a echar de menos esa presencia de Dios?

Sí, es como la noche oscura de la que hablan los santos. Cuando has sentido a Dios tan cerca y ese momento pasa, se echa de menos esa presencia de Dios tan fuerte que todo lo iluminaba.

¿Tiene sentido su enfermedad?

Lo tiene. Siempre he estado cerca de Dios y de la Iglesia, pero es cierto que cuando empecé a trabajar mi corazón tendía más a ganar dinero y a triunfar, que a Dios. Creo que Dios salió a mi rescate con el primer linfoma para que me acercara a Él de nuevo. Ahí descubrí que el sufrimiento tiene un poder redentor enorme. Durante ese primer cáncer estuve ofreciendo mi sufrimiento por dos situaciones muy concretas en las que luego Dios intercedió. La enfermedad para mí ha sido un arma superpoderosa que me ha dado Dios. Podía utilizarla o no, pero me daba la posibilidad de hacer mucho bien y ser corredentor con Cristo,  que es a lo que estamos llamados los cristianos. Así empecé a ofrecer mi sufrimiento por las almas del purgatorio y por intenciones particulares.

¿Y el segundo linfoma?

Este linfoma lo he ofrecido mucho más, hasta el punto de que desde entonces llevo conmigo un listado de las peticiones porque, aunque el cáncer haya desaparecido, sigo teniendo secuelas que ofrezco. Incluso una vez me llamó una telefonista para venderme un seguro y terminó pidiéndome que rezara por su padre enfermo. Y no porque yo vaya catequizando por ahí, pero mis -conversaciones muchas veces derivan en eso… Así que la lista es larga. Ofrecer el sufrimiento puede salvar almas.

¿Se ha preguntado por qué Dios le curó dos veces milagrosamente?

Me lo cuestioné muchísimo con el primer linfoma porque me tenía que haber muerto esa noche, Nochebuena, y me curé. Fue algo espectacular. A veces le he preguntado a mi mujer: “¿Por qué me he curado?” . Y ella me dice: “Pues quizá para que seas un buen padre cristiano”. Y aunque a mí me parece poco, porque soy muy peliculero, igual tiene razón (ríe), pero Dios sabrá. Con esto he aprendido que todo lo que viene de Dios tiene un sentido y ojalá siempre le diga que sí.

En el libro dice que ha aprendido que cuanto más dura es la prueba, mayor es la gracia. ¿Qué gracias le ha traído el cáncer?

La mayor ha sido poder vivir con paz una enfermedad que hace sufrir muchísimo, tanto física como emocionalmente. La he vivido notando Su amor en cada cosa que pasaba. El primer linfoma me cambió el corazón: pude reorganizar mis -prioridades y poner primero a Dios. Además, me permitió ver el sufrimiento de los demás. Yo era una persona fría. Veía a una persona sufrir y no era capaz de sentir nada. Desde entonces veo el sufrimiento y sufro; me revuelve por dentro.

¿Cambiaría su historia por no pasar por dos cánceres?

No lo cambiaría. A mí no me gusta sufrir, eso que quede claro. Pero los frutos de estos dos cánceres no los cambiaría. Y tampoco quiero olvidarlo, porque ahora mi vida es otra.

¿Después de lo que ha vivido cómo se plantea el futuro?

Ya no pongo el corazón en él. Vivo el presente, y cada día doy gracias por vivir ese día porque tendría que haber muerto hace diecinueve años y aquí estoy. Me dejo llevar por Dios, Él sabrá.

¿Qué diría a alguien que esté pasando ahora por algo parecido?

Mucha gente me pedía que hablara con amigos o familiares que estaban en mi situación y hoy todavía haría lo mismo: les hablaría de Dios, les diría que Dios los ama, que Él ha pasado por algo mucho peor por nosotros y que no duden del amor de Dios. Y, por supuesto, que no dejen de luchar.  Estas enfermedades a veces acaban con el ánimo antes que con la salud, y los enfermos bajan los brazos y dejan de pelear.

ReL

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domingo, 13 de febrero de 2022

El mejor plan de pastoral de Mons. Vadell


 

Con inmensa pena recibimos ayer la noticia del fallecimiento de nuestro querido Mons. Antoni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona, cuya cercanía hemos tenido el privilegio de disfrutar en la comisión de Primer Anuncio de la Conferencia Episcopal.

No hace mucho, nos contaba un sacerdote amigo que Toni -así le llamaban los cercanos- que después de ingresar en el hospital por segunda vez al poco de haber recibido el alta, le dijo al cardenal cuando le fue a ver: "Aquí estoy, preparando el plan de pastoral más importante de mi vida".

En comparación con ese plan, quedaban pequeñas sus responsabilidades como auxiliar de Barcelona y labores tan importantes que le habían encargado, como la tan sonada restructuración de las parroquias de la Ciudad Condal.

Oyendo tal afirmación, se difuminaba esa imagen suya que había quedado en la retina de toda la Iglesia de España, en la que aparecía presentando las conclusiones del Congreso de Laicos de 2020 con toda su calidez, y se desvanecía el impacto que las mismas están teniendo en los planes de la Conferencia Episcopal.

Pensando en sus palabras, también quedaban lejanas tantas reuniones por Zoom, losnencuentros y planes que estaba liderando para hacer llegar a todas las diócesis de España y sus hermanos en el episcopado la llama del Primer Anuncio.

Todas aquellas reuniones, encuentros, trabajos, desvelos e ilusiones, todos los momentos de inspiración y genuino liderazgo episcopal, tenidos en nada comparados con el gran plan de pastoral del bisbe Toni que no era otro que plegar las velas y llegar al cielo para abrazarse a su Padre terminando la buena carrera aferrado a la cruz de Cristo.

El plan definitivo, el plan secreto, la piedra angular de todo ministerio. La esencia de toda renovación, el motor de todo cambio…agarrarse a la cruz de Cristo y recibir el abrazo del Padre, llevado en alas del Espíritu Santo… ¡Qué poderoso recordatorio de por qué estamos en este "tinglado" de la evangelización y la renovación de la Iglesia!

Gracias, bisbe, porque con tu pascua, nos has recordado algo que nunca debemos perder de vista a la hora de trabajar para Dios y para su Iglesia. Estamos aquí para llegar al Padre, y nuestra misión primordial es alcanzar a Cristo dejándonos alcanzar por El. Aunque habláramos las lenguas de los ángeles, aunque diéramos todo a los pobres, aunque hiciéramos congresos y llenáramos auditorios, aunque removiéramos Roma con Santiago… si al final no nos vale para correr y coronar la buena carrera, de nada sirve.

Todo nuestro plan consiste en que un día Jesús, al pasar se fijó en nosotros y nos dijo "sígueme" y de eso se trata todo el trabajo pastoral que podemos hacer. Estamos aquí para seguir a Cristo y, aunque suene a tópico, llegar al cielo. En comparación con eso, todo lo demás palidece, se difumina, es relativo… y esa es la certeza a la que llegó el bisbe Toni al final de su carrera. 

Pero hay truco, no se trata de una meta individualista, de calentarnos con la estufa y salvarnos nosotros solos. Como decía nuestro consiliario, nos salvamos o nos condenamos en racimo. El truco es que en esta carrera, cuantos más seamos mejor llegamos y menos nos toca cargar a cada uno en la medida en la que nos sobrellevamos y acompañamos como Iglesia. No es para nada una meta individualista y quizás por eso da tanto trabajo peregrinar por esta tierra.

Por eso, yo al plan de pastoral del bisbe me apunto, al plan de los que pierden la vida para ganarla, de los que en la debilidad son fuertes y de quienes son tan necesitados como el más alejado al que quieren llegar. Porque todos necesitamos salvación y solo en la medida en que somos salvados, redimidos y restaurados, podemos apenas reflejar el gran tesoro de la misericordia que Dios ha tenido con nosotros.

Querido Toni, el Señor ha estado grande con tu vida, y tu partida es un misterio que nos interpela en la misma medida que nos duele. Estoy seguro de que a partir de ahora, tu ministerio episcopal triunfante seguirá siendo luz e inspiración para cuantos aún estamos afanados en entender el plan de pastoral que tú tan bien comprendiste. Le pido a Dios que desde la realización del plan maestro que es el cielo, nos ayudes con tu intercesión y cariño, igual que lo hiciste en tus días terrenos. 

¡Bendito sea Dios por tu mejor plan de pastoral!

Tote Barrera, ReL

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jueves, 30 de diciembre de 2021

El obispo Vadell, poco antes de empeorar, hablaba así de la vocación, el sacerdocio y el amor

El obispo auxiliar de Barcelona, de 49 años y enfermo, explica lo que ha aprendido


El obispo Toni Vadell en el congreso de laicos de principios de 2020


El domingo 19 de diciembre el cardenal Omella pedía oraciones por el obispo auxiliar de  Barcelona, Toni Vadell, de 49 años, hospitalizado con cáncer de páncreas. Se organizó rápidamente un encuentro de oración y muchos fieles oran por él desde entonces. Pasan los días y Vadell se mantiene grave pero estable en el Hospital Clínico de la Ciudad Condal.

Vadell llegó a Barcelona en 2017, pero en poco tiempo ganó muchas simpatías, especialmente trabajando con los jóvenes y las personas más volcadas en nueva evangelización, entre otros ámbitos.

La revista Fons Vitae, de la Hermandad de Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, lo entrevistó unos días antes de empeorar su estado de salud y publicó la entrevista en su número 18, de diciembre de 2021. Allí podemos conocer la vocación y espiritualidad de uno de los obispos más jóvenes de España.

Obispo Toni Vadell entrevistado por revista Fons Vitae

El obispo Toni Vadell, entrevistado por los sacerdotes de la revista Fons Vitae, en diciembre de 2021,  pocos días antes de empeorar su estado de salud

Vocación y formación

Vadell explica en la entrevista que su vocación sacerdotal despertó cuando tenía unos 12 o 13 años, en su infancia en Mallorca, y creció con los años. "Dos aspectos influyeron particularmente: la familia y la parroquia. En familia vivíamos la fe, íbamos a Misa el Domingo, rezábamos en casa. Y en la parroquia fue muy importante la experiencia con los niños (esplai) y especialmente el grupo de oración y amistad en el que empecé a tener experiencia de la oración, oración que me llevó a ir intuyendo que el Señor me llamaba a ser sacerdote", recuerda Vadell.

Entró en el seminario menor con 14 años. "Me marcaron en esos 4 años del Seminario Menor, la experiencia de amistad. También recuerdo especialmente los encuentros vocacionales en los que acogíamos a adolescentes y les mostrábamos con nuestra cercanía la belleza de la vocación. Particularmente, estoy convencido que muchas vocaciones se despiertan en la niñez".

Como seminarista en Mallorca, aprendió mucho de los párrocos con los que se iba formando. "Con ellos fue creciendo el deseo grande que tenía de ser cura de parroquia", dice. Los formadores del Seminario, añade, "nos ayudaron a entender al sacerdote como enamorado de Jesucristo, hombre que encuentra la fuente de su vida sacerdotal en la Eucaristía".

Ya como sacerdote, recuerda, "disfruté especialmente en el campo de pastoral con jóvenes, en la pastoral familiar en las parroquias de San José Obrero y Corpus Christi. En esos años disfruté acompañando espiritualmente a la gente".

Recuerda que las parroquias mallorquinas de Corpus y San José que tenían colegio parroquial. "Los sábados teníamos la Misa con las familias del colegio. Eran celebraciones bellísimas cuyo recuerdo me caldea el corazón. La experiencia en la Unidad de Pastoral de la Mare de Déu, en unos pueblos del centro de la isla fue maravillosa, sobre todo en el trabajo en equipo".

Obispo Vadell con chavales en campamentos

Un cura de isla en la Roma universal

Después realizó en Roma sus estudios de Pastoral Juvenil y Catequética.

"Roma me cambió. Llevaba ocho años de cura. Me enamoré de la Iglesia. Venía de una iglesia pequeña, de una iglesia de una isla y descubrí la Iglesia Universal, la iglesia de los carismas, de los movimientos, como el Espíritu Santo genera tanta vida. Después tuve que volver a la iglesia particular sabiendo que no podía dejar de respirar desde la Iglesia Universal. Estar cerca del Papa, ir a una Universidad Pontificia y en el Colegio Español y confrontar la experiencia pastoral con lo que se me proponía en la universidad fue una gran riqueza. También participé en una parroquia de Roma con un grupo de scouts. Allí en Roma tuve la oportunidad de hacer los ejercicios espirituales de mes con motivo de mis 10 años de sacerdote", detalla.

[La Hermandad de Hijos de Nuestra Señora organiza unos ejercicios espirituales de mes en el verano de 2022].

Evangelizar hoy, en un mundo pagano

De vuelta a la isla, el obispo de Mallorca le puso al frente de la Pastoral de Nueva Evangelización en 2013.

"Estamos en un mundo pagano, hostil a la fe", constata. "Estamos como en el “destierro de Babilonia”. Desde este situarnos en el mundo en el que estamos es clave cuidar nuestra identidad y no diluirnos como el resto de Israel que en Babilonia se mantuvo fiel a la promesa del Señor", comenta el obispo.

Obispo Vadell en una tertulia con jóvenes

Obispo Vadell en una tertulia con jóvenes

"Evangelizar significa vivir en este mundo sin contemporizar, haciendo nuestra propuesta con toda su belleza y radicalidad: sin proselitismo, pero con mucha alegría. Se trata de ser testigos de una manera nueva de vivir la realidad, viviendo y anunciando el Kerigma que es que Cristo cambia la vida. Y todo esto realizarlo desde la vida de fraternidad. No podemos anunciar el Evangelio solos", añade.

Obispo por sorpresa

A los 45 años le nombran obispo auxiliar para Barcelona. "No me lo esperaba para nada. En mi caso no había habido ni “quinielas”. Me sorprendió la llamada del nuncio. Y ¡obispo auxiliar de Barcelona!… siendo de un pueblo. A lo largo del verano antes de la ordenación me entró el miedo y me ayudó la palabra de un sacerdote amigo: “El Señor te ha llamado, fíate”. Me serenó mucho esta palabra del sacerdote. Me preocupaba perder la “cercanía con la gente”. Le pedí al Señor no perder esta cercanía para no 'perderme'", explica.

Tras cuatro años en Barcelona, declara: "Estoy orgulloso de los curas jóvenes de Barcelona, me llenan el corazón. Tienen un gran ardor apostólico, amor a la Iglesia. Es muy interesante poderlos acompañar en sus inicios de su ministerio".

Habla de cómo ve al sacerdote que exigen nuestros días. "Tiene que ser un hombre enamorado de Jesucristo, hombres de oración y de la Iglesia. Que no vaya de “llanero solitario”, frente el peligro de individualismo. Que encontremos en la Eucaristía fuente de nuestro ministerio, contemplativos en la escucha de las personas, anunciando el evangelio siendo personas de comunión y de fraternidad".

Obispos Vadell y Gordo en su ordenación episcopal en 2017

Los obispos Toni Vadell y Sergi Gordo en su ordenación episcopal en 2017 en la Sagrada Familia de Barcelona

"Yo me he enamorado de Barcelona", admite en esta entrevista. "Me llamó la atención la diversidad eclesial en Barcelona. He disfrutado en el trabajo de evangelización de los jóvenes y con las familias. Ha sido también hermoso el trabajo en la pastoral de la salud y de los tanatorios. Últimamente como fruto de la beatificación de Joan Roig acompaño, juntamente con el Director del Secretariado de Pastoral con jóvenes, a un grupo de jóvenes profesionales".

La enfermedad, también por sorpresa

En 2021 llegó el anuncio de su enfermedad. Le sorprendió y después le hizo reflexionar.

"Me ha sorprendido la enfermedad y me ha sorprendido el Señor con su cercanía, con la consolación que siento escuchando la palabra de Dios, con la Eucaristía. En la capilla una paz me invade. Siento como el Señor me cuida y también la cercanía de María. Me conmueve y me sorprende la compañía de la Iglesia y su cuidado".

"Pensaba en una escena de D. Bosco que estuvo muy enfermo. Al lado de su ventana los jóvenes hacían turnos para que se curara. En un momento dado se puso bien y les dice: “Cada momento de mi vida será para vosotros”. La compañía de la Iglesia me provoca esto: deseo cada momento de mi vida hasta que me llame al paraíso que sea para la Iglesia. Veo que este tiempo es para reenamorarme de la Iglesia que ama a su pastor. Me siento tan cuidado y amado que deseo ser para la Iglesia".

Anima a los que sufren a confiarse "en Cristo Resucitado que pasa por la Cruz".

"Ayer, hablando con un señor que tenía un cáncer me comentaba que tenía la fe muy aparcada. Yo le decía que, si pudiera, que rezara, que le contara al Señor lo que le pasaba. Hay gente que dice que “esto es un mal sueño que pasará”. Esto me rebela, porque esto no es un mal sueño, sino que es la experiencia de la realidad de la vida y es un paso del Señor. Se trata de mirarlo desde el Señor. No es fácil, es gracia, pero hay que pedirla", detalla.

"En este momento me siento muy agradecido a la educación que he recibido a lo largo de toda mi vida. En los momentos más difíciles “tiro” de la experiencia de educación del cuidado de tanta gente a lo largo de toda mi vida: catequesis, retiros, ejercicios, colegios, peregrinaciones, profesores…", enumera. "Sembremos… que luego se cosechará".

Como San José: a veces hay que acoger sin entender

También San José le sirve de modelo. "Él acoge el plan de Dios sin entender muchas cosas, es un plan que pasa por él. Esto me ayudó a acoger el plan de Dios sin entender por qué en este momento de mi vida tengo un cáncer. Para el Señor nada pasa porque sí. San José me ayuda a acoger esta enfermedad como parte del plan de Dios. Y hacerlo como él, como “padre en la ternura”.

"Si miramos al hombre y miramos a Dios nunca seremos pesimistas", añade. Trabajando con catecúmenos, con personas que anhelan en su interior algo grande, ha visto que "la persona humana no se conforma con una respuesta mediocre. El vacío del corazón expresa algo mucho más grande. Nosotros tenemos a Jesucristo vivo en nuestra vida", comenta.

Su lema episcopal es "Alegraos siempre en el Señor". "Una religiosa me preguntó si había estado triste en algún momento. Le dije que al principio me conmovió la noticia de la enfermedad, pero nunca he tenido momentos de tristeza. Entiendo que es una gracia del Señor vivir siempre, también ahora, 'alegres en el Señor'".

A los sacerdotes les exhorta: "Sed sacerdotes enamorados del sacerdocio, enamorados de vuestra vocación. Sed sacerdotes siempre y en todo de esta vocación maravillosa que el Señor nos ha regalado".

ReL

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viernes, 5 de febrero de 2021

Oración a Santa Águeda, patrona de los pacientes con cáncer de mama

 Santa Águeda

Créditos: Wikipedia.

El 5 de febrero es la fiesta de Santa Águeda, la santa patrona de los pacientes con cáncer de mama. 

Recordamos a como una mártir del siglo III. El emperador romano Decio requirió que todos los ciudadanos hicieran sacrificios a dioses falsos o enfrentaran la muerte.

Santa Águeda eligió este último.

Sin embargo, uno de los magistrados dijo que si tenía relaciones sexuales con ella, desestimaría sus cargos. Ella se negó y, por lo tanto, fue castigada. La metieron en la cárcel, la torturaron, la golpearon y le cortaron los pechos.

En medio de este sufrimiento, dijo: “Hombre cruel, ¿te has olvidado de tu madre y del pecho que te alimentaba, que te atreves a mutilarme así?”.

Por eso la Iglesia la recuerda como la santa patrona de los enfermos de cáncer de mama.

Oración a Santa Águeda, patrona de los pacientes con cáncer de mama

Santa Águeda, mujer valiente,
por tu propio sufrimiento nos hemos sentido impulsados
a pedir tus oraciones por las que sufrimos de cáncer de mama.

Ponemos a ( nombre de la persona ) ante ti
y te pedimos que intercedas en su nombre.

Desde donde estás en la salud de la vida eterna,
todas las heridas sanaron
y todas las lágrimas secaron,
ora por ( intención de oración ),
y por todos nosotros.

Ora para que Dios nos dé Su santa bendición de salud y sanidad.
Y recordamos que fuiste víctima de tortura
y que aprendiste, de primera mano,
de la crueldad e inhumanidad de los hombres.

Te pedimos que ores por nuestro mundo entero.
Ruégale a Dios que nos ilumine
con un “genio para la paz y la comprensión”.

Pídele que nos envíe su espíritu de serenidad
y que nos ayude a compartir
esa paz con todos los que encontramos.

De lo que aprendiste
de tu propio camino de dolor,
pídele a Dios que nos dé la Gracia que necesitamos
para permanecer santos en las dificultades,
sin permitir que nuestra ira
o nuestra amargura nos alcance.

Ora para que seamos más pacíficos y más caritativos.
Y desde tu santo paso en nuestro cuerpo místico, la Iglesia,
ora para que, en nuestro lugar y tiempo, creemos juntos
un mundo de justicia y paz.

Amén.

Santa Águeda, patrona de quienes sufren cáncer de mama, ¡ruega por nosotros!

ChurchPOP


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lunes, 7 de diciembre de 2020

Este hombre vivió un “milagro de conversión” tras ser diagnosticado de cáncer



Scott Collier, conocido como ‘Catfish’, fue diagnosticado con cáncer en estado IV a los 43 años en febrero de 2018. La primera cirugía reveló un tumor grande y células cancerosas en todo su abdomen. Los médicos le dijeron que solo le quedaban de semanas a meses de vida. Entonces, Scott enfrentó una batalla doble: luchar contra el cáncer y abrir su corazón para el perdón.

Antes de su diagnóstico, Scott vivía en Denver (Colorado, Estados Unidos), a dos casas de la casa de Shirley y su hija Rosalie, que a su vez es madre de la pequeña Neveah. Entonces Scott vivía solo, se dedicaba a trabajar fuera de casa en un empleo que odiaba y se preparaba para vender su propiedad.

Su vida transcurría sin mayor novedad hasta que conoció a Neveah, de 5 años, que solía montar bicicleta tratando de llamar su atención. “Un día me pidió que arreglara sus ruedas de entrenamiento. Hice lo que haría cualquier ser humano. Dejé lo que estaba haciendo, le compré un nuevo juego de ruedas de entrenamiento y se las puse”, dijo a National Catholic Register.

Sin embargo, después de ese encuentro su rutinaria vida empezó a cambiar. “Al día siguiente, me pidió que se las ajustara, y luego al día siguiente, algo más. Antes de darme cuenta, todas las noches estaba en su casa jugando a las ‘chapadas’ o pasando tiempo con su familia”, dijo.

La amistad que entabló con sus vecinas fue “hermosa” y se volvió muy cercana: iban a Misa juntos muchas veces, se reunían todos los años en el Día de la Madre y viajaron a la montaña, una de las actividades que le apasionaban a Scott.

Cuando Neveah alcanzó edad para ingresar al colegio, Scott convenció a Shirley y Rosalie para que la dejaran asistir al Colegio Católico de la Anunciación y se convirtió en su padrino de Confirmación. Para Scott la amistad con la niña “inició el proceso de curación de su corazón”.

“Nunca me preocupé por alguien en el mundo como me preocupé por ella. Entiendo lo que significa amar incondicionalmente a alguien”, dijo. “Ella irrumpió, derribó mis muros y me permitió preocuparme por los demás. Ella fue el principio de Dios obrando en mi corazón”, agregó.

Antes de conocer a Neveah, Scott dijo que su corazón era “negro”, que su perspectiva de vida era típicamente oscura y que siempre estaba enojado con la gente.

Según sus padres, Scott era sensible desde niño hasta la edad adulta, tendía a guardar rencor y se resentía con facilidad. Durante muchos años, Scott se distanció de sus padres, se aisló de sus amigos cada vez que experimentó dolor o enojo, luchó contra una depresión grave e incluso cuestionó su valor a los ojos de Dios.

“La mayor parte de mi vida quise cambiar todo. Me sentí muy miserable. Luché contra la depresión toda mi vida. Odiaba mi trabajo [corporativo]. Antes del cáncer, pasaba mucho tiempo preocupándome y estando ansioso y enojado por las cosas más pequeñas”, dijo.

Para el P. Michael O’Loughlin, padre espiritual de Scott, dijo que “el amor no fue fácil para él”. Explicó que sentía que no encajaba y se decepcionaba fácilmente con las relaciones. “Exigió algo más profundo. Esperaba algo más profundo”, explicó el sacerdote.

En el hospital, Scott tuvo una repentina convicción de reconciliarse con amigos y familiares. Fue así que, con ayuda del P. O’Loughlin, dijo que reconoció que su lado emocional y espiritual estaban “enredados” en “un cáncer de su propio tipo”, y resolvió que necesitaba ser sanado interiormente.

Scott buscó reconciliar las relaciones en su vida: Llamó a las exnovias a las que lastimó o que lo lastimaron, se reunió con exjefes con quienes su empleo terminó mal y llamó a sus padres como un primer paso para enmendar su relación con ellos.

“No creo que ninguno de nosotros comprenda la profundidad del trabajo por el que pasó, la rutina diaria del trabajo que puso para perdonar”, dijo el sacerdote. Lynn Collier, la madre de Scott, dijo que en cuanto recibió la llamada de su hijo, su “mayor temor era que muriera solo. Fue un alivio que nos llamara, que quisiera reconciliarse. Allí había perdón”.

Desde entonces, sus padres se mudaron a Colorado y lo acompañaron durante su tratamiento y siempre que lo necesitó. Scott recibió su enfermedad con total aceptación y tras la primera cirugía de extirpación del tumor, vivió un inesperado “milagro”.

Sentí que “todo el dolor con el que viví la mayor parte de mi vida - la lucha, la ansiedad, la dificultad, la depresión -, todo desapareció. Todo se fue a través del cáncer. Era casi como si el cáncer fuera una respuesta a mi iniciativa espiritual”, dijo.

Señaló que de alguna manera el cáncer fue un alivio para él, pues antes de eso “no podía vivir, pues estas cosas me estaban atascando, eran cancerosas en mi curación”, dijo. “Fue el cáncer lo que me hizo erradicar muchas de las cosas que me impedían vivir”, añadió.

Un año antes de su diagnóstico, Scott renunció a su trabajo en busca de algo más significativo. En ese entonces, “mi idea de vivir era viajar en motocicleta a Alaska [meta que llegó a cumplir]. La idea de Dios de vivir era deshacerme del cáncer dentro de mí”, dijo.

Tras la cirugía, Scott aprendió a creer que Dios es bueno y que fue amado de una manera que antes no entendía. Comprendió que su valor venía de Dios y no de otras personas. También le ayudó a recibir cada día con una actitud de que Dios tenía el control.

En enero de 2019, Scott fue declarado libre del cáncer y muchas personas lo llamaron un “milagro”, pero para el P. Francis Therese, que lo conoció hace 20 años en el noviciado cuando Scott discernía la vida religiosa, “fue un milagro de conversión, y ese fue el más importante”.

Luego de esto, Scott vendió todas sus posesiones: su casa, moticicletas y demás bienes materiales. Su plan era caminar por el sendero de los Apalaches y escuchar lo que Dios pondría en su corazón. “Siempre le gustó estar a solas con Dios. Vio este tiempo como un regalo de Dios y quiso usarlo para el Reino”, dijo el P. O'Loughlin.

Pero, tras unos días de caminata, Scott volvió a enfermarse. A finales de julio de 2019, le diagnosticaron cáncer por segunda y última vez. Su amigo Jonathan Carlson relató que tras la noticia Scott le dijo que “realmente no quiero morir, pero estoy de acuerdo con eso si eso es lo que Dios quiere”.

“De una manera similar a la de Job”, Scott “se sometería a Dios. Él vio con una santa y celosa ambivalencia que si vivía, glorificaría a Dios, y si moría, glorificaría a Dios”, pues conocía el dolor de morir y la esperanza de curarse, dijo el P. O'Loughlin.

Su segundo combate contra el cáncer implicó mucho más sufrimiento físico y dolor. En menos de un año y poco después de mudarse a la casa de sus padres, falleció el 8 de junio de 2020, en medio de una multitud de amigos de todo el mundo que oraban por él.

Carlson dijo que durante su proceso de sanación interior, Scott hizo innumerables amigos católicos y no católicos, con quienes entablaba un diálogo de fe y los llevaba a la iglesia con Mons. Charles Chaput, entonces Arzobispo de Denver.

Mantuvo el sentido del humor todo el tiempo: hizo nuevos amigos, viajó mucho, incluso con su intravenoso en la mano, mandó a hacer su propio ataúd con unos monjes trapenses y hasta bromeó con recogerlo él mismo. “Parecía tan en paz con lo que estaba sucediendo […]. No le tenía miedo a la muerte. Sabía que el cielo no estaba aquí”, dijo Jonathan Ghaly, amigo de Scott.

El P. O'Loughlin dijo que poco antes de morir, Scoot le envió dos mensajes de texto diciéndole el nombre de las personas que luchó toda su vida por perdonar. “Toda su misión era perdonar a todos. Para él era muy importante decir ‘te perdono’ y ‘lo siento’”, dijo Ghaly.

Scott dispuso pagar la matrícula de la escuela de Neveah hasta que termine la secundaria. Hoy, ella comenzó octavo grado. Él tenía afinidad por los que no encajaban del todo, por el “extraño”, pues era como ellos, dijo el P. O'Loughlin. Se sentía como un extraño en este mundo, pero convirtió esta experiencia en su misión al servicio de los demás, agregó.

En la Misa de funeral, el sacerdote dijo que si bien Scott no será reconocido por obras como las que realizó Santa Teresa de Calcuta, “sabía muy, muy bien algo que todavía estoy tratando de perforar en mi corazón, y es: un alma a la vez. Él buscó a ese ‘paria’ e invirtió completamente en esa persona”. “Scott sabía que su corazón inquieto estaba hecho para Dios, y quería que otros como él también lo supieran. Él los conduciría a Cristo de una manera hermosa”, explicó.

Para el sacerdote, más que su batalla contra el cáncer, lo sorprendente fue su batalla por las almas, incluida la suya. Él siempre buscó alinear su corazón con Dios, sabiendo que cada día podría terminar en vida o muerte, dijo.

“Era un hombre común que luchó con la fe, con su humanidad, y que estaba dispuesto a dejarte entrar. Sabía a dónde iba y estaba absolutamente seguro de Jesucristo. Quería estar con Dios”, dijo Carlson.

ACI Prensa

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domingo, 14 de junio de 2020

BELLO MENSAJE DE UN PROFESOR DE RELIGIÓN

Manuel Velo, profesor de Religión con varias décadas de experiencia y secretario de la delegación de enseñanza de la diócesis de Getafe (Madrid), lleva cuatro años luchando contra el cáncer. Desde la postración de la enfermedad, en este vídeo dirigido a sus compañeros de profesión, gravemente amenazada por la reforma educativa en ciernes en España, ofrece una profunda reflexión sobre la naturaleza de su trabajo pastoral y sobre la confianza en los planes de Dios.

jueves, 7 de mayo de 2020

Ricardo, el joven con cáncer cuyo testimonio provoca conversiones y que impresiona hasta a su obispo

Este joven de Barcelona ha provocado una «ola de oración» que traspasa fronteras y hasta credos

Testimonio de Fe

Ricardo Pareja es un joven de Barcelona de tan sólo 21 años y que está viviendo la mayor prueba de su vida en medio de la pandemia de coronavirus. Se trata de un cáncer que detectaron entre los pulmones y que le mantiene hospitalizado. Perteneciente al Camino Neocatecumenal es el quinto de nueve hermanos de una familia que sabe lo que es tener intensos encuentros con Dios, pues su padre vivió una impresionante experiencia de conversión que le llevó de “punky” y drogadicto a católico y padre de familia numerosa. De hecho, esta historia fue la más leída en ReL en el año 2019.
En todo momento este joven se ha agarrado a la fe y a su alrededor se ha creado una enorme cadena de oración que ha traspasado fronteras e incluso religiones. Ha llegado también al obispo auxiliar de Barcelona, Antoni Vadell, que quedó muy impresionado con su testimonio de fortaleza, habló con él y de la impresión que le causó centró su homilía en la catedral de Barcelona en Ricardo y la lucha que desde la fe está haciendo contra el cáncer desde su cama del hospital.
"Bombardear el cielo con oraciones"
“Bien vale un tumor maligno para la hermosura de lo que estoy viviendo”, dijo Ricardo a su padre, que lo recoge en las redes sociales y que además añade que “mi hijo está espiritualmente a tope, el Señor lo está haciendo pequeño para que sea Cristo quien se manifieste a través suyo”. 
A continuación, el padre de este joven pedía “bombardear el cielo a oraciones”, especialmente el Rosario en este mes de mayo, por lo que a través de las redes se está expandiendo esta campaña para rezar diariamente este Rosario y se ofrezca por este joven deportista.
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Ricardo, en el centro con una camiseta blanca y azul, junto a sus padres y sus ocho hermanos
La historia del joven Ricardo la ha dado a conocer su novia Mónica, lo que ha permitido viralizar esta historia y conseguir esta auténtica “ola de oración y comunión”, como la define el obispo Vadell.
Una enfermedad en medio de la pandemia
Todo comenzó hace algo más de tres meses cuando Ricardo empezó a tener una sensación de malestar, flojera y fiebre. Fue al médico en varias ocasiones pero tras varias pruebas y análisis le decían que no había nada anormal.
“Cuando empezó el confinamiento la situación era la misma y su salud empeoraba. Ahora estamos en medio de una pandemia mundial y quiso esperar pensando que lo suyo no era tan urgente como lo de los contagiados por el coronavirus”, cuenta Mónica.
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Al final se pasaba todo el día recostado en la cama sin fuerzas, y tras una nueva prueba quedó ingresado en el hospital. Cuatro días después de haber sido hospitalizado le hicieron un TAC y le detectaron un tumor maligno entre los pulmones.
Ricardo habla de de Dios a tiempo y a destiempo
“Desde ese preciso instante comenzamos a combatir orando intensa y masivamente toda su familia, su comunidad, su parroquia, el grupo del rosario, seminarios enteros, congregaciones, etc. La historia de Ricardo está llegando a muchas partes de España y del mundo. Hermanos y hermanas de Italia, Latinoamérica, África, Francia, etc. Amigos y hasta conocidos musulmanes que rezan ahora en el Ramadán. Incluso hay gente alejada de Dios que ahora está rezando por él”, explica su novia.
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Mónica asegura que en el hospital le acompaña por las noches: “Puedo ver cada día que paso a su lado cómo Dios está con Ricardo y él con Dios. A cada enfermera, médico o paciente que pasa por su habitación le da una palabra de parte de Dios y le muestra la alegría que lleva dentro por todo lo que Dios le está regalando a través de esta enfermedad, la unión con su familia, la oración y la intimidad tan profunda que tiene con el Señor. Todo el que cruza una palabra con él no se queda indiferente, se va contento y más cerca de Dios”.
El obispo Vadell, impresionado con el testimonio de Ricardo
De la misma opinión que Mónica es ahora el obispo Vadell tras haber hablado con este joven. Tanto que decidió centrar su homilía en la catedral en el testimonio de Ricardo.
“Ayer pude hablar con él y al final me quedé con este agradecimiento en el corazón diciendo: pero, ¿cuál es el secreto de este chico? ¿Cómo está viviendo esta situación de dolor que está pasando? Porque él es muy consciente de lo que está pasando”, explicaba el obispo auxiliar de Barcelona.
Y se repetía, “¿cómo es posible que lo viva con esta esperanza, con esta sencillez en el corazón, con esa alegría? ¿Cuál es el secreto de Ricardo? ¿Es una persona superdotada, con cualidades excepcionales? No, él me decía: ‘sólo soy un pobre de 21 años, un pecador’”.
Para el obispo, Ricardo Pareja lo que tiene es “una gran intimidad con el Señor, este es su secreto”. En su opinión, “este secreto” no es que sea un “superhéroe” y pueda “afrontar la enfermedad con mucha fortaleza”. Y entonces, ¿de dónde le viene esta fuerza? “De la intimidad con el Señor, de ser discípulo”, señala.
El secreto de Ricardo
Monseñor Vadell recordaba su conversación con el joven, y esto le decía Ricardo: “El Señor me quiere mucho, el Señor me cuida mucho y la Virgen me sostiene”. Y todo esto a sus 21 años, en el hospital y con su vida en juego..
Según el prelado “este es el secreto de Ricardo y de tantas personas que en la oscuridad de la vida son capaces de vivir mirando esta luz”. Y es que recordó que Jesús sabe que las personas no son perfectas. Él quiere que “vivamos en comunión, y el secreto para la comunión es tener al Señor en el centro”.
Para ello puso de nuevo el ejemplo de Ricardo, donde “el Señor ha generado a su alrededor a través de su enfermedad una ola de comunión y oración impresionante, de muchas personas… Él me decía que hay personas alejadas de la fe que han vuelto a rezar y se han vuelto a encontrar con Jesús sirviéndose de este frágil joven”.
"Pon un Ricardo en tu vida"
“¿Te gustaría vivir con esta clave que Ricardo ha descubierto en esta situación de cruz y dolor? Pídele al Señor que quieres ser su discípulo”, indicó el obispo Vadell en su homilía.
Quien haga esto –añadió- “encontrará un Ricardo en su vida y se preguntará ‘por qué él vive así” produciéndose esa “atracción” hacia Jesús que provocan estas personas. Por ello animó a todos: ¡Pon un Ricardo en tu vida, a alguien que esté tan cerca del Señor!”.
Javier Lozano / ReL

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lunes, 3 de febrero de 2020

Le diagnosticaron cáncer y que moriría en seis meses: esta noticia le acercó a Dios y aún hoy vive

Salvador Mendiola relata cómo está viviendo desde la fe su lucha contra la enfermedad

Salvador sigue luchando contra el cáncer, pero apoyado en Dios lo hace con mucho más ánimo / Fotos- Desde la Fe
Salvador sigue luchando contra el cáncer, pero apoyado en Dios
lo hace con mucho más ánimo / Fotos- Desde la Fe

Salvador Mendiola siempre ha sido católico, pero ha sido en la dura prueba de la enfermedad donde ha conocido verdaderamente a Dios y ha sentido plenamente su amor. Esta es la paradoja del cristianismo, descubrir el amor en medio del dolor y el sufrimiento. Pero esta es la experiencia de este mexicano y de tantas otras personas que han abrazado la cruz. 
Todo comenzó en diciembre de 2014 cuando Salvador notó la aparición de varios quistes en su ingle izquierda. Le realizaron varias pruebas pero no fue hasta 2017 cuando recibió una fatal noticia por parte de los médicos: sufría un cáncer no operable y le daban una “expectativa de vida de seis meses”.
Tal y como relata al semanario mexicano Desde la Fe, el diagnóstico fue muy impactante para Salvador y su esposa. Ambos fueron conscientes de que para poder alargar su vida debería someterse a un duro tratamiento de quimioterapia que mermaría mucho su salud y que le haría acabar perdiendo su trabajo y por tanto el sustento económico de la familia. Además, le tocaría aparcar su gran pasión: el movimiento scout.
Salvador es presidente de la Federación Mexicana de Escultismo A.C., una red que une a movimientos, centros educativos, brigadas, entre otros, que participan en el movimiento Scout.
Este hombre había crecido en una familia muy católica, donde él y sus nueve hermanos desde niños rezaban de rodillas alrededor de la cama de sus padres. Salvador recuerda que su padre “guiaba la oración y antes de pedir algo a Dios, le agradecía por el don de la vida y las bendiciones recibidas en familia. De manera que yo me acostumbré a dar gracias al Señor. Pero así tan de pronto, no me imaginaba que en la enfermedad también encontraría cosas por las cuales sentir gratitud”.
El cáncer y el duro tratamiento serían una dura prueba para Salvador. Desde el primer día de tratamiento comenzaron las náuseas, diarreas, hipersensibilidad a la luz y otros muchos malestares.
Salvador Mendiola durante su lucha contra el cáncer.
En un mes llegó a perder 27 kilos. Con la primera quimioterapia empezó a perder el pelo; con la segunda se le paralizó el intestino; la tercera le provocó infecciones en la piel; la cuarta una dolorosa fibrosis, y con la quinta perdió el apetito.
“Estuve a punto de morir cuatro veces: por peritonitis, por anemia, por neutropenia y por neumonía. Sé que pude sobrevivir gracias que agarraba con mucha fuerza mi cruz, y le decía a Dios: ‘¡Adelante, cuento contigo!’”, cuenta este católico mexicano.
De hecho,  Salvador recuerda especialmente un momento concreto. Una de aquellas tardes se hallaba muy triste cerca de la Iglesia de San Matías. Apoyado de un bastón tomó asiento en un banco del templo y preguntó directamente a Dios “para qué servía alguien como yo. Ahí, pensando en eso que me afligía, comencé a disfrutar el atardecer, me llené de una inusual paz que sólo podía ser de Dios”.
En 2020 la recuperación continúa. Sus mejorías de salud son visibles, y su fe hoy es más fuerte que nunca.
Desde ese momento, su ánimo mejoró enormemente y se abandonaba totalmente a la voluntad de Dios. Esto se tradujo en una mejora ante los tratamientos y una mayor fuerza para afrontarlos.
“Tuve que cambiar mis trajes y camisas por pants y sudaderas; mis zapatos por tenis, y mi corbata por bufanda y cubrebocas. He retirado de mi dieta las malteadas, tacos al pastor y refrescos, y he incluido vegetales crudos, granos, frutos y complementos nutritivos. Sigo vivo, recuperando salud, y agradecido con Dios por el apoyo que he recibido, sobre todo de parte de los scouts y mi esposa Ale”, afirma Salvador, que sigue luchando contra el cáncer pero confiando totalmente en cumplir la voluntad de Dios.
ReL


sábado, 4 de mayo de 2019

Le aconsejaron abortar cuando le diagnosticaron un cáncer porque la niña moriría: hoy tiene 10 años

Sarah acababa de convertirse y su fe le ayudó a afrontar la enfermedad

Sarah con su pequeño. La detección del cáncer le llegó al año siguiente de su conversión, y la fe fue determinante para las decisiones que tuvo que tomar.
Sarah con su pequeño. La detección del cáncer le llegó al año siguiente de su conversión,
 y la fe fue determinante para las decisiones que tuvo que tomar.

La facilidad con la que algunos médicos aconsejan a una madre que aborte en caso de un diagnóstico de cáncer choca una y otra vez con la abundancia de errores en la previsión: niños que, o bien nacen sanos tras haberse presionado para que fuesen abortados por supuestas enfermedades; niños que nacen efectivamente enfermos pero se convierten en la alegría y razón de vivir de sus padres y no en la anunciada carga imposible de sobrellevar; o, como en el caso de Sarah Wickline Hull, niños que debían morir para que se le aplicase a su madre un tratamiento teóricamente incompatible con la supervivencia del bebé.
Lo cuenta Diego López Marina en ACI Prensa tras hablar con la protagonista de los hechos, que tiene hoy 40 años y vive en Luisiana (Estados Unidos) junto a su marido Patrick y sus dos hijas. La mayor, la co-protagonista de la historia.
Dos propuestas de aborto
En 2008, a Sarah le diagnosticaron un “linfoma de células grandes anaplásico” poco frecuente y agresivo: "Yo estaba embarazada y no podía respirar. Se pensó que era bronquitis o neumonía, pero terminó siendo un linfoma no Hodgkin. No podía creerlo porque era mi primer hijo. Estaba muy asustada, por mí y por mi bebé”.
Sarah se había convertido al catolicismo en 2007 y cuenta que su fe la ayudó a salir adelante y afrontar los momentos más difíciles: “Si no hubiera tenido fe no sé cómo hubiera logrado atravesar todo esto, especialmente por la enseñanza de la Iglesia sobre el sufrimiento: el saber ofrecerlo por otros”.
Dio a conocer esta historia una década después a raíz de aprobarse en el estado de Nueva York el aborto hasta el día antes del nacimiento. En su perfil de Facebook, Sarah ofrecía una foto suya con su hija recién nacida (ver abajo), y una clara toma de posición: "Se está hablando de la necesidad médica del aborto para salvar la vida de la madre. Yo fui una de esas madres".
En efecto, como cuenta a ACI Prensa, había luchado contra la infertilidad durante años, por fin había logrado quedarse embarazada, y el cáncer le fue diagnosticado en la vigésima semana de gestación
“Nunca olvidaré cuando el primer médico, un oncólogo, mencionó el aborto”, que habría sido un aborto denominado tardío. Ella rechazó la idea: "Preferiría morir y dar a luz”. Un segundo médico le insistió en considerar el aborto tras enumerar los problemas que podría tener su bebé: “Me mantuve firme y me negué. Él dijo: ‘Eso está bien. El bebé probablemente será abortado espontáneamente de todos modos'”.
Tratamiento compatible
Por fin, una tercera opinión médica fue la de un doctor que conocía casos similares y le explicó el alto índice de bebés que sobreviven a tratamientos de quimioterapia: “Fue difícil conseguir un médico obstetra debido a mi enfermedad y el embarazo. Pero encontré a uno que había visto un caso similar al mío. Pasé a través de diferentes retos, pero Dios puso a las personas correctas en el momento preciso”.
Definieron un tratamiento de quimioterapia seleccionando los medicamentos compatibles con la vida del bebé: “Cada vez que tenía una quimio oraba a Nuestra Señora de Guadalupe, ante su imagen. Pedía que tome a mi bebé y la proteja”. Su esposo la acompañaba en las quimioterapias y su madre la atendía a tiempo completo.
A las 34 semanas de gestación nació la niña. Ella necesitó un año para reponerse del todo: "Aún sigo enferma. Mi sistema inmune no funciona correctamente y no puedo salir mucho, pero, al final, el cáncer fue una bendición. Cambió mis prioridades, mis pensamientos y ahora sé que lo más importante que les puedo dar a mis hijos es la fe y estoy agradecida por todo el tiempo que tenga para cumplir con eso”.
Hope for Two
“Si más doctores fueran preparados para saber que es posible que un bebé esté bien inclusive en terribles enfermedades como el cáncer, más gente lo intentaría. Hay muchas mujeres con las que he estado en contacto y hay una organización maravillosa de ayuda y sin fines de lucro llamada Hope for Two [Esperanza para los dos]”, explicó Sarah a ACI Prensa.
Hope for Two fue fundada en 1997 por tres mujeres que habían pasado la experiencia de un embarazo unido al cáncer. Se define como una red para brindar "apoyo y esperanza" a madres a quienes se les diagnostica la enfermedad durante la gestación.
En febrero de 2012, la revista médica The Lancet publicó una serie de artículos con estudios que avalan la compatibilidad de algunos tratamientos de quimioterapia con la vida del feto después del primer trimestre. En la misma línea aportó otros datos un artículo de noviembre de 2015 en The New England Journal of Medicine.
ReL