viernes, 3 de octubre de 2025

Sacerdote explica la importancia de persignarse al pasar frente a una iglesia


 

El sacerdote de San Antero (Colombia), P. Melson Correa, explicó por qué los católicos se persignan al pasar frente a una iglesia. Este sencillo gesto, que muchos realizan casi por costumbre, tiene en realidad un significado de fe y reverencia. ¡No dejes de practicarlo con conciencia!

En un video publicado en su cuenta de Instagram, el sacerdote recordó que persignarse frente a un templo no es una práctica vacía, sino una muestra de respeto y reconocimiento a la presencia real de Cristo en el Sagrario.

“No es un gesto sin sentido: es un acto de reverencia, reconocimiento y respeto a la presencia de Cristo que está en el templo. Al pasar por fuera, lo saludamos y reconocemos que Él está allí”, señaló.

El padre Melson indicó que al hacer este gesto reconocemos que en ese lugar “está Jesús vivo en la Eucaristía”.

“Ahora entendemos por qué muchas personas, algunas sin saberlo y otras teniendo claro el sentido de este gesto, al pasar por el frente de una iglesia siempre saludan al Rey de Reyes, que está allí dentro esperándolos. Y por eso, tú que ahora viste este video, no vuelvas a pasar frente a una iglesia sin hacer tu señal de la cruz, porque ya sabes por qué lo haces”.

Finalmente, el sacerdote animó a los fieles a detenerse un instante y saludar al Señor cada vez que crucen frente a una iglesia.

“Hazlo con el corazón, porque no saludas a un edificio… sino al Señor mismo que te espera en el Sagrario”.

Harumi Suzuki, churchpop

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El «milagro» de Sophia, mejora con una bala en el cerebro tras el ataque a su escuela en Minneapolis


Dos niños murieron en ese tiroteo y otros 15 fueron ingresados en centros hospitalarios por múltiples heridas.

Dos niños murieron en ese tiroteo y otros 15 fueron ingresados en centros hospitalarios por múltiples heridas.

La niña Sophia Forchas tenía una bala alojada en el cerebro tras el tiroteo en una escuela católica de Minneapolis del pasado 27 de agosto. Hoy, milagrosamente, se recupera junto a su familia. 

Sophia dejará esta semana cuidados intensivos y comenzará una rehabilitación. De 12 años, recibió un disparo en la cabeza cuando un hombre armado abrió fuego durante una misa colegial en la Iglesia Católica de la Anunciación en la mañana del 27 de agosto.

Signos prometedores

Robin Westman, el autor del tiroteo de Minneapolis, explicó en qué consistiría la matanza en un vídeo que publicó en sus redes.

Dos niños murieron en ese tiroteo y otros 15 fueron ingresados en centros hospitalarios por múltiples heridas. El hospital en el que se encuentra Sophia emitió un comunicado a petición de la familia en el que se informa sobre su estado de salud.

"Los médicos nos advirtieron que estaba al borde de la muerte. Las oraciones han sido muy valiosas. Que Sophia haya sobrevivido a este terrible ataque es un milagro. Su recuperación es verdaderamente milagrosa", señala el hospital. 

El comunicado dice que "continúa progresando de forma constante, mostrando signos prometedores de recuperación neurológica". La joven tiene que hacer frente a ahora a un largo camino de rehabilitación.

La madre de Sophia es asistente médica en Hennepin Healthcare, en el centro de Minneaopolis y llegó al trabajo para ayudar después del tiroteo sin saber que su propia hija se encontraba entre los heridos.

Tras el incidente, las posibilidades de supervivencia de Sophie parecían nulas. En un comunicado que difundió la familia el pasado 12 de septiembre, se indicaba que "los médicos nos advirtieron que estaba al borde de la muerte", pero que mostraba signos de mejoría y podía respirar por sí sola.

El hermano de Sophia, de 9 años, también estaba en el momento del tiroteo. "Aunque salió ileso, el trauma de presenciar un suceso tan aterrador, y saber que su hermana resultó gravemente herida, es algo que ningún niño debería experimentar jamás", decía la página de la familia.

La familia abrió una página en GoFundMe con el objetivo de recaudar dinero para cubrir los gastos médicos en la recuperación de Sophia. Ya se han recaudado más de un millón de dólares.

ReL

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¿Damos más peso al pecado que a la misericordia de Dios?

 

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Muchos cristianos creen que su pecado es tan grande que no alcanzan el perdón de Dios, por lo que no dejan actuar en ellos su misericordia

La naturaleza humana es compleja: sus pensamientos y sistema de creencias cambian de persona a persona y nadie es igual a otro. Pero Dios a todos nos ama igual y desea que nos salvemos. Y también que creamos que, por más grande que sea nuestro pecado, su misericordia todo lo alcanza.

Las heridas del alma que impiden ver

Cometer pecados nos viene de herencia: desde que Adán y Eva perdieron la gracia y el paraíso, nos dejaron en situación de pecado original:

"Y dijo al hombre: 'Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol que yo te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa. Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida.... Entonces expulsó al hombre del jardín de Edén, para que trabajara la tierra de la que había sido sacado'" (Gn 3, 17; 23).

Sabemos que el Bautismo es el remedio definitivo para ese mal. Sin embargo, nuestra inclinación al mal se mantuvo.

Pero Jesús nos regaló el sacramento de la Reconciliación para volver a los brazos del Padre amoroso. Lo único que nos impide ver cuánto nos ama son las heridas que llevamos en el alma, muchas veces disfrazadas de autosuficiencia o soberbia.

Porque creemos que no necesitamos de Dios y que todo lo que nos aqueja lo podemos resolver solos.

Así es que, cuando reconocemos que el pecado nos duele y nos ha separado del Señor, es el momento de volvernos a Él como el hijo pródigo:

"Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo'" (Lc 15, 18-19).

Acercarse sin temor

Ciertamente, el temor se presenta de muchas maneras y una de ellas es la vergüenza: "¿qué va a pensar el padre de mí?", el temor a ser juzgados o regañados se convierten en impedimentos para que el perdón de Dios se desborde en nosotros.

Es cuando requerimos hacer un acto de fe en la misericordia divina, que quiere que todos nos salvemos y que sigue enviando voces - a veces la Santísima Virgen o el mismo Señor Jesús que se aparecen a algún místico en revelaciones privadas - para que nos recuerden que su amor no se acabará nunca.

Pero también que requiere de nuestra conversión, porque quien no se salve será por su propia culpa. Porque su confianza en Dios falló o porque no se esforzaron o porque se sintieron demasiado indignos.

No obstante, la mayor prueba de su perdón amoroso es su Palabra:

"Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna" (Jn 3, 16).

No dejemos que esas trampas nos atrapen. El Señor siempre está esperando para perdonarnos con su infinita misericordia, acerquémonos como los niños a su Padre celestial y rindámonos a su amor.

Mónica Muñoz, Aleteia

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jueves, 2 de octubre de 2025

3 cosas que debes tener en cuenta antes de comulgar


 

Muchos católicos desconocen lo que la Iglesia enseña sobre la preparación necesaria para recibir dignamente la Eucaristía. Por ello, los Heraldos del Evangelio compartieron tres condiciones fundamentales que todo fiel debe cumplir antes de acercarse a comulgar.

En su cuenta de Instagram, los sacerdotes señalaron que, lamentablemente, por falta de catequesis básica, muchos olvidan lo esencial al momento de recibir a Jesús Eucaristía.

Por ello, compartieron tres aspectos que no deben pasarse por alto:

1ra condición: Ayuno eucarístico

La Iglesia establece el ayuno de, al menos, una hora antes de comulgar. Nada de alimentos ni bebidas, excepto agua y medicamentos. Este ayuno nos ayuda a despertar el deseo y la reverencia para el encuentro con el Señor en la Eucaristía.

2da condición: Recogimiento y preparación

No entre en la fila de la comunión sin saber lo que va recibir. Es Dios mismo quien se hará presente en nuestro corazón, alimentando nuestra alma y fortaleciendo nuestro espíritu para las luchas.

Una notificación en su teléfono puede “echar por la borda” las gracias que Dios deseaba derramar en ese momento. Silencie su teléfono, silencie su corazón para escuchar la voz de Dios.

Haga actos de fe: “Creo, Señor, que estás presente en la Eucaristía. Deseo tenerte en mi corazón. Transfórmame, Señor…”. Hable con Jesús antes, durante y después de la comunión.

3ra condición: Estado de gracia

La Eucaristía no es un “derecho automático” de los católicos. Para recibir a Nuestro Señor en la Eucaristía, debemos tener nuestra alma limpia de pecado mortal. Si no está en estado de gracias, acuda a la confesión antes de entrar en la fila de la comunión. Si está en gracias pero no puede comulgar por otro motivo, haga una comunión espiritual. Pero nunca, jamás reciba a Jesús Eucarístico en pecado mortal: sería un sacrilegio.

En los comentarios de la publicación, una usuaria preguntó si era posible hacer comunión espiritual en pecado mortal. Los Heraldos respondieron que no es recomendable.

“¡Salve María! La Comunión espiritual une de verdad a Jesús, pero no debe hacerse en estado de pecado mortal, porque la amistad con Dios está rota y debe repararse. Lo más recomendable es confesarse cuanto antes. Si no hay posibilidad inmediata, quien está en pecado mortal primero necesita hacer un acto sincero de contrición, con el firme propósito de confesarse en cuanto pueda. De lo contrario, la Comunión espiritual no le aprovecharía nada, e incluso sería una falta de reverencia, aunque no un sacrilegio. Además, la Comunión espiritual se puede hacer en cualquier momento del día, pero lo esencial es el estado del alma”.

Si estás por comulgar, te dejamos una oración para preparar tu corazón para este momento.

Oración de San Juan Crisóstomo

¡Oh Señor!, yo creo y profeso que Tú eres el Cristo Verdadero, el Hijo de Dios vivo que vino a este mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Acéptame como participante de tu Cena Mística, ¡oh Hijo de Dios!

No revelaré tu Misterio a tus enemigos, ni te daré un beso como lo hizo Judas, sino que como el buen ladrón te reconozco.

Recuérdame, ¡Oh Señor!, cuando llegues a tu Reino.
Recuérdame, ¡oh Maestro!, cuando llegues a tu Reino.
Recuérdame, ¡oh Santo!, cuando llegues a tu Reino.

Que mi participación en tus Santos Misterios, ¡oh Señor! no sea para mi juicio o condenación, sino para sanar mi alma y mi cuerpo.

¡Oh Señor!, yo también creo y profeso que lo que estoy a punto de recibir es verdaderamente tu Preciosísimo Cuerpo y tu Sangre Vivificante, los cuales ruego me hagas digno de recibir, para la remisión de todos mis pecados y la vida eterna. Amén.

¡Oh Dios!, se misericordioso conmigo, pecador.
¡Oh Dios!, límpiame de mis pecados y ten misericordia de mí.
¡Oh Dios!, perdóname, porque he pecado incontables veces.

Harumi Suzuki, churchpop

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