jueves, 2 de octubre de 2025

7 consejos para vencer la pereza en lo cotidiano … y crecer en la vida espiritual


Recopilaron algunos consejos del Mons. José Ignacio Munilla sobre cómo lograr vencer la pereza y crecer en el amor a Dios.



La pereza no solo influye en nuestras tareas diarias, también puede convertirse en un serio obstáculo para la vida espiritual. Para combatirla, las Carmelitas Samaritanas del Corazón de Jesús compartieron 7 consejos que ayudan a vencer esta tentación.

En una publicación en su cuenta de Instagram, las monjas recopilaron algunos consejos del Obispo de Orihuela-Alicante (España), Mons. José Ignacio Munilla, sobre cómo lograr vencer la pereza y crecer en el amor a Dios.

1) Desenmascara lo que pueda haber detrás de la pereza

Detrás de la pereza se esconde la acedía, que es esa tristeza interior de no gozar de los dones de Dios, ese no poner tu corazón en Dios.

Modo de combatir

Ponernos en presencia de Dios y gozar de ello y recibir el don de la conversión. Mira a ver donde está puesto tu corazón.

2) Sé responsable en el descanso

No confundir la pereza con el cansancio. Que el cansancio no sea una excusa.

Modo de combatir

Comprender que es un deber descansar bien porque tus fuerzas son de Dios. No las malgastes durmiendo mal. Guardar “como oro en paño” ese tiempo de descanso que Dios me da.

3) Establece metas y fija prioridades

Si estás paralizado por todas las cosas que tienes que hacer, al final no haces ninguna.

Estrategia

Tener un cuadernillo y un bolígrafo en el bolsillo. Sentarse e ir anotando lo urgente, lo importante y ¡hacerlo! No dejar las cosas importantes para después.

4) Cuida el orden y el orden cuidará de ti

La pereza suele verse rodeada de un cierto caos.

Consejo

Cuando uno tiende al desorden es muy práctico darse un paseo de una hora. En esa hora respiras, mueves el cuerpo, te vienen ideas, vas pensando, anotas ideas…

5) Simplifica, elimina distracciones

Elimina distracciones, no hagas dos cosas a la vez. Las cosas son bastante más sencillas, somos nosotros las que la liamos.

6) Acción con inspiración eucarística

¿Cómo dar ese paso a la acción cuando uno está atrapado por la pereza? La entrega de Cristo en la Eucaristía tiene que inspirar nuestra entrega en cada momento. Es bueno poner una intención y dar nuestro sacrificio por algo o alguien en particular, por ejemplo, decir: “lo ofrezco por mi vecino que está hecho polvo”.

7) Disfruta del paso que has dado

La pereza genera desánimo y baja autoestima, pero cada pequeño avance es un motivo para dar gloria a Dios. Reconoce la gracia recibida y pide siempre a Jesús la perseverancia para continuar.

Las monjas señalan que no es necesario luchar solo, sino que hay que pedir a Jesús la gracia de la perseverancia.

“Recuerda: El mejor momento para empezar es ahora. Rezamos por ti”, concluyeron.
Harumi Suzuki, churchpop

Vea también    Vicios capitales y virtudes opuestas:
Acedia y pereza


¿Luchas con la ira? Acude a San Jerónimo, el de carácter fuerte que aun así llegó al cielo


 

¡Incluso los santos lucharon con la ira!

El 30 de septiembre es la fiesta de San Jerónimo, sacerdote, Doctor de la Iglesia y conocido por su fuerte carácter.

Durante su vida en la tierra, San Jerónimo asumió la gran tarea de traducir las Sagradas Escrituras al latín. ¡La Iglesia confió en su traducción durante siglos!

Sin embargo, Jerónimo también se ganó una notable reputación por su carácter irritable, lo que lo convierte en un santo intercesor especial para los tiempos modernos.

San Jerónimo era terco y de lengua afilada en sus debates académicos. No siempre enseñaba el Evangelio con espíritu de bondad.

Vale la pena aclarar que el sentimiento de ira en sí mismo no es pecado, pero puede fácilmente conducirnos a la cólera u otras ocasiones de pecado. Actuar según nuestros impulsos de enojo puede resultar en algunos de los peores comportamientos humanos.

El ejemplo de San Jerónimo muestra que no tiene por qué ser así.

Consciente de sus debilidades, San Jerónimo realizó grandes actos de penitencia. Expresaba profundo arrepentimiento después de sus arrebatos de ira. No excusaba su enojo; más bien, buscaba superarlo.

Algunos dicen que su espíritu penitente lo ayudó en su camino a la santidad y que Dios lo redimió a través de esa lucha particular. ¡Lo santificó!

Según National Catholic Register:

“En el arte, Jerónimo suele aparecer con una piedra, con la que se golpeaba el pecho arrepintiéndose de sus pecados. Una vez, al ver una pintura del gran santo, el Papa Sixto V comentó: ‘Haces bien en llevar esa piedra, porque sin ella la Iglesia nunca te habría canonizado’. Sus palabras son un hermoso recordatorio de que no son las grandes obras de los santos las que los llevaron a la eternidad”.

Hoy en día es fácil dejarnos llevar por la ira. Con todo lo que ocurre en nuestra cultura, nuestra indignación muchas veces está, por así decirlo, justificada.

Sin embargo, ¿y si miramos a San Jerónimo para que nos ayude a calmar nuestro temperamento y transformar nuestra ira en algo más virtuoso?

¿Y si nuestras luchas también nos ayudan a crecer en humildad?

San Jerónimo alcanzó la santidad porque, aunque era un hombre débil y pecador, nunca dejó de buscar la misericordia de Dios. En medio de sus luchas con su temperamento difícil, siempre buscaba acercarse más a Cristo.

La próxima vez que te veas dominado por la ira o tentado a dejarte llevar por tu mal genio, ¡pide la intercesión de San Jerónimo! Te sorprenderá cuánto pueden ayudarte sus oraciones.

Aquí tienes una poderosa oración a la misericordia de Cristo compuesta por San Jerónimo:

Oh Señor, muéstrame Tu misericordia y alegra mi corazón. Soy como el hombre que iba camino a Jericó y fue asaltado por ladrones, herido y dejado medio muerto. Oh Buen Samaritano, ven en mi auxilio. Soy como la oveja que se extravió. Oh Buen Pastor, búscame y llévame de regreso a casa según Tu voluntad. Permite que habite en Tu casa todos los días de mi vida y que te alabe por los siglos de los siglos con quienes allí se encuentran. Amén.

¡San Jerónimo, ruega por nosotros!

Caroline Perkins, churchpop

Vea también     La ira tiene seis hijas




“Hija de Dios, sierva del Padre”: Cantante brasileño bautiza a su hija en la Iglesia Católica


 

El último fin de semana, el cantante Luan Santana y su esposa Jade Magalhães celebraron el bautizo de la pequeña Serena, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, en Cotia (Brasil).

Más que un evento familiar, el bautizo fue un acto de fe: la entrega de su hija a Dios, en una ceremonia marcada por la oración, la emoción y la presencia de familiares y amigos cercanos.

La fe en el centro de la familia

La relación de Luan y Jade, hecha de idas y vueltas a lo largo de los años, encuentra ahora su plenitud en la maternidad y la paternidad vividas a la luz de la fe. El bautizo de Serena se convierte en un hito: muestra que el verdadero recomienzo de una pareja se da cuando el amor humano se abre al amor divino.

El propio Luan lo expresó en sus redes sociales:

“Bautizo de nuestra Serena, hija de Dios, sierva del Padre, que la sangre de Nuestro Señor Jesucristo te proteja de todo mal”.

Detalles llenos de significado

La ceremonia contó con la presentación de un coro y con símbolos que remitieron a la fe: rosarios personalizados, recuerdos religiosos e incluso un pastel en forma de flor, signo de pureza.

En la sencillez de la capilla y en la belleza de la liturgia quedó claro: lo que se celebraba no era solo el nacimiento de una hija, sino el renacimiento de una familia en Cristo.

Serena, hija amada de Dios

El nombre Serena parece profético: paz, luz y esperanza. Al recibir el bautismo, ella se convierte, como todos los bautizados, en heredera de la promesa de Cristo, llamada a caminar en la santidad.

Al final, el bautizo de la hija de uno de los artistas más grandes de Brasil muestra algo esencial: la fe no es solo tradición, sino el mayor legado que los padres pueden dejar a sus hijos.

Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros.

Serena, hija de Dios, sé siempre luz en este mundo.

Cleiton Ramos, churchpop

Vea también    El Sacramento del Bautismo - A. von Speyr


miércoles, 1 de octubre de 2025

La estrecha relación de Santa Teresita con los ángeles

 

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La más joven de las Doctoras de la Iglesia sabía con certeza que, en los ángeles, encontramos no solo protección, sino un ejemplo de obediencia y pureza

Si buscamos lo que santa Teresita de Lisieux dice de los ángeles, no debemos esperarnos un tratado complicado sino, más bien, un collar de melodías que mana de su corazón. Los santos ángeles formaban parte de su experiencia espiritual desde pequeña.

"Me consagro a vuestro servicio"

A los 9 años, antes de su primera comunión, santa Teresita se consagró a los santos ángeles como miembro de la congregación de los santos ángeles con las siguientes palabras:

"Me consagro solemnemente a vuestro servicio. Yo prometo, frente al rostro de Dios, a la santa Virgen María y a mis compañeras seros fiel e intentar imitar vuestras virtudes, en particular vuestro fervor, vuestra humildad, vuestra obediencia y vuestra pureza".

Años después, ya como aspirante, había prometido honrar con una devoción especial a los santos ángeles y a María, su augusta Reina:

"Quiero hacer lo mejor para corregir mis defectos, adquirir virtudes y cumplir con todos mis deberes como colegiala y cristiana".

La devoción de la congregación

Su devoción no pudo mas que crecer, pues esta congregación practicaba también una particular devoción al ángel de la guarda rezando la siguiente oración:

"Ángel de Dios, príncipe del cielo, guardián vigilante, guía fiel, pastor amoroso, yo me regocijo de que Dios te haya creado con tanta perfección, de que Él te haya santificado por Su gracia y, finalmente, de que te haya coronado de gloria por haber perseverado en Su servicio. ¡Que Dios sea siempre alabado por los muchos bienes que te concedió! ¡Bendito seas por todo el bien que nos haces, a mí y a mis compañeras! Yo te entrego mi cuerpo, mi alma, mi memoria, mi inteligencia, mi imaginación y mi voluntad. Gobiérname, ilumíname, purifícame; dispón de mí como quieras” (Manual de la Congregación de los Santos Ángeles, Tournai).

"Me sentía atraída a invocar a los espíritus celestiales"

El solo hecho de que Teresa de Lisieux, Doctora de la Iglesia, hubiera hecho esta consagración y rezado estas oraciones -como una niña generalmente no hace, por supuesto- hace que esto forme parte después de su doctrina espiritual madura.

De hecho, en sus años de madurez, no solo se acuerda con alegría de estas consagraciones, sino que se encomienda de varias formas a los santos ángeles, como veremos más tarde. Eso da testimonio de la importancia que concede a este vínculo con los santos ángeles.

En Historia de un alma escribe:

"Casi inmediatamente después de mi entrada en la abadía, ingresé en la congregación de los santos ángeles. Me gustaban mucho los ejercicios de devoción que en ella se prescribían, pues sentía una especial inclinación a invocar a los bienaventurados espíritus celestiales, y en particular al que Dios me dio para que fuera el compañero de mi destierro".

 Marcello Stanzione, Aleteia

               Vea  también      Escritos de Santa Teresa de Lisieux

 


Entre el pansexualismo y el sexo tabú: el pudor

 

El pudor no es vergüenza sino respeto. Surge de valorar profundamente el sexo.

El pudor no es vergüenza sino respeto. Surge de valorar profundamente el sexo.

Muchos piensan que hasta mitad del siglo XX la sexualidad, mejor dicho, el sexo, era un tema tabú. Estaba casi prohibido hablar de él, incluso pensar en él. Y esta realidad estaba escondida, oculta, casi encerrada en una habitación oscura. Habría que analizar más a fondo tal idea, pero grosso modo, sin matizar mucho, el sexo, sobre todo en sus características más biológicas, eróticas y hedonistas, era tratado con cierto respeto.

A partir de la revolución sexual de mayo del 68, el péndulo se abalanzó hacia el lado contrario. En nuestra época podemos afirmar que estamos en el extremo contrario. El sexo parece ser el punto común, casi el principal, de la cultura, la publicidad, el arte, la conversación, la educación… Hasta la educación de los niños pequeños parece que debe estar hipersexualizada.

El sexo -y hablo de sexo y no de sexualidad- nos rodea por todas partes. Y en muchos casos hasta nos agobia, nos satura; el deseo de sexo pide más sexo, y al final sentimos que ese desenfreno sexual no satisface el corazón. A corto plazo parece darnos la felicidad, pero a medio y largo plazo anhelamos algo más profundo, más sentido. Queremos pasar del sexo al amor, a sentirnos amados y a amar a alguien. Y ese paso no es tan sencillo ni tan automático.

Creo que una clave para responder a este movimiento pendular extremista entre el sexo tabú y el pansexualismo está en la recuperación del pudor, el verdadero pudor. Pero ¿qué es el pudor? ¿Qué encierra esta palabra, tan despreciada como desconocida y malinterpretada?

Para unos el pudor es una vergüenza injustificada a exponer el cuerpo y sus caracteres sexuales o a trivializar y bromear con cualquier tema relacionado con el sexo. En cambio el pudor no es vergüenza sino respeto. Y no está motivado por el sexo en sí, por su fisicidad, sino por lo que esconde, por su profundidad e intimidad. Surge de valorar profundamente el sexo. Y como toda realidad valiosa, hay que cuidarla y protegerla.

Podríamos concluir citando a Carlos Beltramo, investigador del proyecto Educación de la Afectividad y Sexualidad Humana: “El pudor oculta cosas buenas, en cambio la vergüenza esconde cosas malas”.

Mi sexo, mi sexualidad, es algo valioso, tan valioso como mi intimidad. Y mi yo más íntimo no se lo regalo a cualquiera, ni me meto en la intimidad de cualquiera. Ciertamente, si yo no respeto y valoro mi cuerpo, tampoco respetaré y valoraré el cuerpo del otro. Lo consideraré simplemente como algo con lo que jugar y disfrutar, igual que el niño disfruta con un balón o el amante de los coches con un coche. Juego con ese “juguete” (cosa, animal o persona) y cuando me canso dejo el juguete en una esquina y busco un nuevo juguete.

San Juan Pablo II escribía en Amor y Responsabilidad que “el pudor no se refiere al bien mismo cuanto al hecho de exteriorizarse lo que debería permanecer oculto: es esa exteriorización lo que se experimenta como un mal”. Dicho en otras palabras, los órganos sexuales, y su exposición, no son buenos ni malos en sí mismos, sino por el significado, el sentido, la intimidad que ellos encierran.

El pudor, en el fondo, es una forma de comunicación, comunicación de mi yo con el otro, y comunicación de mi yo con el mundo, con la sociedad. Y una de las revoluciones que todavía estamos asimilando es la “revolución de la comunicación”, comunicación virtual que no puede olvidar la comunicación corporal, presencial. Quizás las redes sociales están provocando una excesiva sobreexposición, perdiendo o trivializando nuestra propia intimidad. Y fruto de esta comunicación virtual minusvaloramos la intimidad y, consecuentemente, el pudor.

“El pudor sexual", concluye San Juan Pablo II, "no es una huida frente al amor, es un medio para llegar hasta él”.

José Francisco Vaquero, ReL

Vea también   Castidad, dignidad y pudor