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jueves, 2 de octubre de 2025

¿Luchas con la ira? Acude a San Jerónimo, el de carácter fuerte que aun así llegó al cielo


 

¡Incluso los santos lucharon con la ira!

El 30 de septiembre es la fiesta de San Jerónimo, sacerdote, Doctor de la Iglesia y conocido por su fuerte carácter.

Durante su vida en la tierra, San Jerónimo asumió la gran tarea de traducir las Sagradas Escrituras al latín. ¡La Iglesia confió en su traducción durante siglos!

Sin embargo, Jerónimo también se ganó una notable reputación por su carácter irritable, lo que lo convierte en un santo intercesor especial para los tiempos modernos.

San Jerónimo era terco y de lengua afilada en sus debates académicos. No siempre enseñaba el Evangelio con espíritu de bondad.

Vale la pena aclarar que el sentimiento de ira en sí mismo no es pecado, pero puede fácilmente conducirnos a la cólera u otras ocasiones de pecado. Actuar según nuestros impulsos de enojo puede resultar en algunos de los peores comportamientos humanos.

El ejemplo de San Jerónimo muestra que no tiene por qué ser así.

Consciente de sus debilidades, San Jerónimo realizó grandes actos de penitencia. Expresaba profundo arrepentimiento después de sus arrebatos de ira. No excusaba su enojo; más bien, buscaba superarlo.

Algunos dicen que su espíritu penitente lo ayudó en su camino a la santidad y que Dios lo redimió a través de esa lucha particular. ¡Lo santificó!

Según National Catholic Register:

“En el arte, Jerónimo suele aparecer con una piedra, con la que se golpeaba el pecho arrepintiéndose de sus pecados. Una vez, al ver una pintura del gran santo, el Papa Sixto V comentó: ‘Haces bien en llevar esa piedra, porque sin ella la Iglesia nunca te habría canonizado’. Sus palabras son un hermoso recordatorio de que no son las grandes obras de los santos las que los llevaron a la eternidad”.

Hoy en día es fácil dejarnos llevar por la ira. Con todo lo que ocurre en nuestra cultura, nuestra indignación muchas veces está, por así decirlo, justificada.

Sin embargo, ¿y si miramos a San Jerónimo para que nos ayude a calmar nuestro temperamento y transformar nuestra ira en algo más virtuoso?

¿Y si nuestras luchas también nos ayudan a crecer en humildad?

San Jerónimo alcanzó la santidad porque, aunque era un hombre débil y pecador, nunca dejó de buscar la misericordia de Dios. En medio de sus luchas con su temperamento difícil, siempre buscaba acercarse más a Cristo.

La próxima vez que te veas dominado por la ira o tentado a dejarte llevar por tu mal genio, ¡pide la intercesión de San Jerónimo! Te sorprenderá cuánto pueden ayudarte sus oraciones.

Aquí tienes una poderosa oración a la misericordia de Cristo compuesta por San Jerónimo:

Oh Señor, muéstrame Tu misericordia y alegra mi corazón. Soy como el hombre que iba camino a Jericó y fue asaltado por ladrones, herido y dejado medio muerto. Oh Buen Samaritano, ven en mi auxilio. Soy como la oveja que se extravió. Oh Buen Pastor, búscame y llévame de regreso a casa según Tu voluntad. Permite que habite en Tu casa todos los días de mi vida y que te alabe por los siglos de los siglos con quienes allí se encuentran. Amén.

¡San Jerónimo, ruega por nosotros!

Caroline Perkins, churchpop

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martes, 23 de junio de 2020

¿Qué tienen que ver los ángeles con el Sagrado Corazón de Jesús?

Ayudan a comprender, entre otras cosas, el verdadero significado de ser manso

Tenemos grandes riquezas y tesoros que a veces desconocemos y pensamos que son algo “normal” o “superfluo”, y sin embargo son grandes gracias que Dios nos da para que nuestro corazón ame como Él y encuentre la paz, la verdad y la belleza que solamente vienen de Él.
De entre estos tesoros sobresale el culto al Sagrado Corazón de Jesús. Ya el Papa pío XII, en la Encíclica Haurietis Aquas del 15 de mayo de 1956, que “este culto, si consideramos su naturaleza peculiar, es el acto de religión por excelencia, esto es, una plena y absoluta voluntad de entregarnos y consagrarnos al amor del Divino Redentor, cuya señal y símbolo más viviente es su Corazón traspasado”.
Y es que, como afirma san Juan Pablo II, el corazón ardiente de Jesús es la fuente de la vida de amor de los santos, ángeles y hombres. El corazón Divino es, continúa Juan Pablo II, el espacio vital de los bienaventurados: el lugar donde ellos permanecen en el Amor (Jn 15,9), sacando de Él gozo perenne y sin límite (cfr. Angelus del 12/11/89).
Pero como es propio del amor darse, entregarse, así los ángeles salen de este “espacio vital” o, según descripción de Jacob, suben y bajan de este Sagrado Corazón y vienen hasta nosotros los hombres para encendernos en este amor Divino.
Por ello, estas criaturas espirituales nos ayudan a crecer en el conocimiento de este amor que brota del Divino Corazón y a permanecer en él.
Sin embrago, esta ayuda que nos prestan los santos ángeles brota de este fuego de amor del Corazón de Jesús. Al tener como “espacio vital” este Divino Corazón, los ángeles contemplan la plenitud del amor misericordioso del Amor del Redentor hacia los hombres.
Ellos, los ángeles, ven en primer lugar a su Señor, contemplan su Corazón traspasado por cada hombre y se admiran al ver el corazón humano-Divino de su Señor.
Es desde ese corazón manso y humilde (Mt. 11,29) desde nos contemplan los ángeles y ante el cual se admiran al ver el corazón humano del Hijo de Dios y el amor extremo y mayor con el que nos ha amado a cada uno de nosotros.
Pero los ángeles entienden que este corazón de Jesús, Redentor y Señor de la Creación, es un corazón manso y humilde, y por ello buscan que el nuestro tenga también estos rasgos.
La mansedumbre, ha dicho Juan Pablo II, consiste en vivir en Dios. “No se trata de cobardía, sino del auténtico valor espiritual de quien sabe enfrentarse al mundo hostil no con ira, no con violencia, sino con benignidad y amabilidad; venciendo el mal con el bien, buscando lo que une y no lo que divide, lo positivo y no lo negativo, para ‘poseer así la tierra’ y construir en ella la ‘civilización del amor‘” (cfr. Homilía del 2/2/85).
A este amor nos llevan los ángeles, a vivir con Él, dentro de Él y dar testimonio de este amor mediante un amor sin egoísmo, sin orgullos ni deseos de venganza, sino un amor puro y bondadoso. Un amor capaz de tener compasión y ser misericordioso con los hermanos.
Los santos ángeles contemplan este Divino amor, lo adoran y se asombran ante este misterio grande, pero van más allá: nos contemplan dentro de este Divino Amor y nos ayudan a hacer memoria del amor con el que cada uno ha sido comprado.
Todo ello para que tengamos un corazón como el de Jesús: manso y humilde.
Fernando Cárdenas Lee, Foyer de Charite Aleteia



jueves, 18 de julio de 2019

7 consejos del Papa Francisco para buscar ser humildes

Si no hay humillación, no hay verdadera humildad, advierte el Papa a los cristianos que deben tener cuidado de no caer en esa humildad falsa y como la comida chatarra, es decir “confeccionada en serie”.

POPE AUDIENCE JUNE 26; 2019

La humildad hace parte de las enseñanzas más revolucionarias del evangelio.  “No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos” (Filipenses 2:3-8). 
El papa Francisco en sus homilías en Santa Marta ofrece el modelo de Jesús, que “en los momentos difíciles, en los momentos en que se desata el diablo”, donde es acusado, “por el Gran Acusador a través de tanta gente, tantos poderosos; sufre, ofrece su vida y reza” (18.09.2018). 
Jesús encarnó la compasión y dos rasgos que acompañan su humildad: la mansedumbre y la ternura. Si no hay humillación, no hay verdadera humildad, advierte el Papa a los cristianos que deben tener cuidado de no caer en esa humildad falsa y como la comida chatarra, es decir “confeccionada en serie”. (29.01.2018).

1. Cercanos a los otros, huir de grupitos de poder. 

Francisco pide que el cristiano esté cerca a la gente, y no a los poderosos o a los ideólogos de turno. En especial, se refiere a los pastores de la Iglesia para que no sean cómplices de los “grupitos de los poderosos, de los ideólogos. Estos nos envenenan el almas, no nos hacen bien” (18.09.2018). Así, se pierde humildad y se entra en el juego de los intereses personales.

2. El humilde entiende el poder como servicio, al estilo de Jesús.

El Obispo de Roma subraya que la autoridad y el poder de Jesús radican en “la humildad”, “la mansedumbre, la cercanía, la capacidad de compasión y la ternura” (18.09.2018).  El humilde acepta la humillación y es capaz de tolerar, de llevar sobre tus espaldas una humillación. 

3. El humilde sabe comunicar con Dios.

El Papa recuerda que “en el Evangelio, cuando Jesús no estaba con la gente, estaba con el Padre, orando. Y la mayor parte del tiempo en la vida de Jesús, en la vida pública de Jesús, Él la pasó en la calle, con la gente” y por demás rezando y entregando su espíritu a un bien superior.

4. El humilde gana autoridad, la autoridad del ejemplo.  

“La humildad de Jesús, es lo que le da autoridad a Jesús, lo acerca a las personas. Él tocaba a la gente, abrazaba a la gente, miraba a la gente a los ojos, escuchaba a la gente. Cercano. Y esto le daba autoridad” (18.09.2018). 
El Papa invita a no ir por el mundo “creyéndose superior a los demás o buscando algún interés humano” pues, jamás se logrará “abrir el corazón de nadie”, porque “su palabra no tendrá autoridad”. Una autoridad que proviene del “propio ejemplo, no con la autoridad de uno que habla desde arriba, pero al que la gente no le interesa”. Y explicó que “ésta no es autoridad: es autoritarismo”. “Ante la humildad, ante el poder del nombre de Cristo con el que el apóstol realiza su oficio si es humilde, los demonios escapan”, porque no soportan, que curen los pecados (07.02.2019).

5. El humilde es amable, manso, no regaña, educa. 

En sus homilías, destaca como Jesús es modelo de humildad. “Jesús dice: ‘Aprended de mí que soy humilde y amable de corazón’: amable de corazón. Esa mansedumbre. Él era amable, no regañaba. No castigaba a la gente. Era amable. Siempre con mansedumbre” (18.09.2018).

6. El humilde se enfada ante la injusticia. 

El papa Francisco indica que Jesús, que era humilde, también se molestaba por las injusticias contra Dios. “¿Se enfadaba Jesús? ¡Sí! Pensemos a cuando vio la casa de su padre convertida en un negocio, para vender cosas, cambiar monedas. Allí se enfadó, tomó la fusta y mandó fuera a todos. Pero porque amaba al Padre, porque era humilde ante el Padre, tenía esta fortaleza”.

7. La humildad es aceptar las tribulaciones, no a la falsa humildad. 

Sin embargo, destacó, que Jesús “cuando la gente lo insultaba, aquel Viernes Santo, y gritaba ‘crucifíquenlo’, él permanecía en silencio porque tenía compasión de aquellas personas engañadas por los poderosos del dinero, del poder. Él estaba en silencio. Rezaba”.
El Pontífice enseña que la oración es la clave de la humildad para los cristianos. En el momento de la tribulación rezar al Padre. “La oración también le llevó a la Cruz, con fortaleza”. Jesús no se vence ante su dolor, su cruz, su martirio y tiene la humilde actitud de pensar en ese momento en los demás, aún cuando lo están maltratando,  e “incluso allí tenía la capacidad de acercarse y curar el alma del ladrón arrepentido” (18.09.2018).
La humildad es considerarse a sí mismo un hombre o mujer con defectos, pero deseosos de dejarse transformar por el amor y dejarse perdonar. Esto es, vivir “un verdadero y profundo arrepentimiento” y no es justificarse inmediatamente frente a la ofensa, tratando de parecer bueno: “Si no sabes vivir una humillación, tú no eres humilde”, y añadió que “ésta es la regla de oro” de la humildad (29.01.2018). 
Ary Waldir Ramos Díaz, Aleteia




jueves, 26 de julio de 2018

6 maneras de cultivar la humildad




Rece las Letanías de la Humildad del Cardenal Merry del Val (¡se llevará una sorpresa mayúscula!) que terminan con la siguiente oración:
Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

Vea también Los Grados de Humildad de San Benito