domingo, 14 de enero de 2024

¿Conoces el secreto de la oración continua?

 

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"Estén prevenidos y oren incesantemente" (Lc 21, 36)... Ya nos resulta muy difícil aguantar unos minutos de oración, pero hay una virtud que puede ayudarnos a ser audaces y tenaces en la oración

Cuando se trata de rezar, la osadía y la perseverancia sirven. Esta es la enseñanza de la Escritura, desde el pacto de Abraham (Gen 18) hasta la parábola del amigo inoportuno (Lc 11, 5-8).

La audacia y la tenacidad son las garantías de la eficacia. La oración entonces es el resultado de la virtud cardinal de fuerza.

Que no se apague el deseo de rezar

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Zeynep Demir - Shutterstock

Como sugiere la liturgia, no rezamos el Padrenuestro, nos atrevemos a decir (audemus dicere) -con qué escalofrío- «Padre Nuestro».

Es una audacia increíble cuando pensamos en atrevernos a llamar a la puerta de la eternidad para pedir lo que necesitamos.

Nunca nos atreveríamos a hacerlo si el propio Señor no nos hubiera invitado a ser audaces mediante su enseñanza.

No tengamos miedo de despertar al que nunca duerme (Sal 121), porque el Padre está siempre trabajando (Jn 5,17).

No tengamos miedo de llamar a la puerta de Dios, de arrojar nuestros pobres corazones de piedra hacia Él como si estuviéramos apedreando el cielo.

Solicitemos vivamente a la Providencia, pues hemos aprendido que nuestro deseo de recibir será siempre infinitamente inferior a su deseo de darnos.

La importancia del deseo

Aquí, además, está el secreto de la oración continua: el deseo. «Tu oración es tu deseo«, dijo san Agustín.

¿Cuándo cesa la oración? No cuando la lengua está en silencio, sino cuando el deseo se agota. Así que la verdadera cuestión es: ¿qué pasa con nuestro deseo de rezar?

El Señor nos da como ejemplo, para enseñarnos que debemos orar siempre sin cansarnos, una viuda inquisitiva que toca el tambor toda la noche en presencia de un juez inicuo (Lc 18, 1-8).

¿Qué deseo tiene esta mujer? ¿Qué revuelta le da esta obstinación? En su pelea nocturna contra la puerta de la iniquidad, no se desarma. Conduce tenazmente esta batalla antes del amanecer.

Uno no se deja llevar fácilmente cuando ama. La comparación vale lo que vale, pero ¿esperamos a Dios con el mismo ardor que muestra la viuda?

¿Acaso no hemos permitido que el fuego de nuestros corazones somnolientos se consuma? Nada más, al parecer, alimenta la poderosa fragua de nuestro deseo, que ese jadeante aliento de esperanza que es básicamente la oración.

No desanimarse

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Shutterstock

Un cristiano, efectivamente, reza constantemente como respira. Sin discutir que, por muy ocupado que esté para respirar, no puede hacer nada más, pero es cierto, por otra parte, que no puede hacer nada más sin respirar.

¿Las ocupaciones de este mundo lo dejan sin aliento? Que se tome el tiempo para la oración, esta gran respiración restauradora.

No hay necesidad de agitarse, que se mantenga allí, a la puerta del tabernáculo, simplemente, tranquilo y esperanzado.

Que no sea como ese niño que, de repente, en la calle, ya no ve a su madre: empieza a correr en todas las direcciones, va, viene, vuelve, entra en pánico, hace zigzag llorando, ¡pero se equivoca! Si tiene suficiente razón y fortaleza para detenerse y esperar sin moverse, su madre lo encontrará más rápido.

Esa es la paradoja: ¡cuanto más tiempo la espere el niño, más rápido lo encontrará su madre! Todo lo que tienes que hacer es esperar y llamar.

¿Acaso es que cree, entonces, este niño que es el único que está buscando en la noche? ¿Tiene tan poca confianza en su madre? ¿No sabe que ella es la más preocupada de los dos y que será la que hará la mayor parte del viaje para buscarlo?

Así es con el Señor. ¿Tan poca fe tenemos en Él? ¿No sabemos que está muy impaciente y que ya ha salido en busca de los que le esperan y le claman sin desanimarse?

Por el padre Guillaume de Menthière, Aleteia, Edifa

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- San Juan Pablo II




















El actor Chris Pratt revela la forma fácil en que está leyendo la Biblia

Chris Pratt à Hollywood


El actor de 'Guardianes de la Galaxia' comparte cómo está conociendo las Escrituras en un año... ¡o quizá más!

El actor Chris Pratt compartió recientemente una historia en Instagram sobre cómo está aprendiendo más sobre la Biblia.

En un breve relato, el padre de tres hijos explicó cómo está utilizando el podcast La Biblia en un año para familiarizarse con las Escrituras.

Mientras completaba su impresionante plan de ejercicios, Pratt explicó que mientras salía a correr escuchaba el podcast y que ya había llegado al día 222. Sin embargo, también compartió que «probablemente será más como La Biblia en un año y medio, pero estoy haciendo mi mejor esfuerzo».

En otra historia, el héroe de acción también dio una idea de lo que había estado escuchando mientras corría: «Walking with Wise Men«, por si tienes curiosidad. Y también expresó lo mucho que había disfrutado utilizando la aplicación Hallow, y su admiración por el también actor y devoto católico Mark Wahlberg, de quien dijo que había hecho un «gran trabajo» en el proyecto.

Aunque es interesante ver cómo estas celebridades adoptan su fe en su vida cotidiana, también es alentador que compartan esta información con sus numerosos seguidores en las redes sociales. Pratt tiene la asombrosa cifra de 45,8 millones de seguidores, que pueden sentirse inspirados para saber más sobre la Biblia o incluso sobre su propia fe.

Cerith Gardiner, Aleteia


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Una gran, sencilla y comprensiva catequesis del Papa Francisco sobre la gula

 


Audiencia General Del 10 De Enero En El Aula Pablo VI Del Vaticano Foto: Vatican Media

Audiencia general del Papa 10 de enero de 2024 sobre la gula

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 10.01.2024).- Por la mañana del miércoles 10 de enero el Papa Francisco concedió la tradicional audiencia general en el Aula Pablo VI del Vaticano. Continuando con el ciclo de catequesis sobre las virtudes y los vicios, el Pontífice profundizó en el vicio de la gula. Ofrecemos a continuación la catequesis del Papa traducida por ZENIT al castellano:

***

En esta catequesis que estamos haciendo sobre los vicios y las virtudes, hoy nos centramos en el vicio de la gula.

¿Qué nos dice el Evangelio al respecto? Fijémonos en Jesús. Su primer milagro, en las bodas de Caná, revela su simpatía por las alegrías humanas: se preocupa de que la fiesta acabe bien y regala a los novios una gran cantidad de buen vino. A lo largo de su ministerio, Jesús aparece como un profeta muy diferente del Bautista: si Juan es recordado por su ascetismo -comía lo que encontraba en el desierto-, Jesús es, en cambio, el Mesías que vemos a menudo en la mesa. Su comportamiento suscita escándalo en algunos, porque no sólo es benévolo con los pecadores, sino que incluso come con ellos; y este gesto demostraba su deseo de comunión y cercanía con todos.

Pero hay algo más. Aunque la actitud de Jesús ante los preceptos judíos nos revela su plena sumisión a la Ley, se muestra, sin embargo, comprensivo con sus discípulos: cuando son sorprendidos in fraganti, porque tienen hambre y recogen unas espigas en día de sábado, les justifica, recordándoles que el rey David y sus compañeros, pasando necesidad, también habían comido de los panes sagrados (cf. Mc 2, 23-26). Y Jesús enuncia un nuevo principio: los invitados a la boda no pueden ayunar cuando el novio está con ellos; ayunarán cuando el novio les sea arrebatado. Ahora todo es relativo a Jesús. Cuando él está en medio de nosotros, no podemos llorar; pero a la hora de su pasión, entonces sí, ayunamos (cf. Mc 2,18-20). Jesús quiere que estemos alegres en su compañía-Él es el Esposo de la Iglesia-, pero también quiere que compartamos sus sufrimientos, que son también los sufrimientos de los pequeños y de los pobres.

Otro aspecto importante. Jesús deja caer la distinción entre alimentos puros e impuros, que era una distinción hecha por la ley judía. En realidad -enseña Jesús- no es lo que entra en el hombre lo que lo contamina, sino lo que sale de su corazón. Y así, diciendo «hizo puros todos los alimentos» (Mc 7,19). Por eso el cristianismo no contempla los alimentos impuros. Pero la atención que debemos tener es la interior: por tanto, no en el alimento en sí, sino en nuestra relación con él. Y Jesús deja claro en esto que lo que hace la bondad o maldad, digamos, de un alimento, no es el alimento en sí, sino la relación que tenemos con él. Y lo vemos, cuando una persona tiene una relación desordenada con la comida, miramos su forma de comer, come de prisa, como con ganas de saciarse y nunca se sacia, no tiene una buena relación con la comida, es esclavo de la comida.

Esta relación serena que Jesús estableció con respecto a la comida debería ser redescubierta y valorada, sobre todo en las sociedades de la llamada opulencia, donde se manifiestan tantos desequilibrios y patologías. Se come demasiado o demasiado poco. A menudo se come en soledad. Se extienden los trastornos alimentarios: anorexia, bulimia, obesidad… Y la medicina y la psicología intentan tratar la mala relación con la comida. Una mala relación con la comida produce todas estas enfermedades.

Son enfermedades, a menudo muy dolorosas, relacionadas sobre todo con tormentos de la psique y el alma. Comer es la manifestación de algo interior: la predisposición al equilibrio o a la desmesura; la capacidad de dar las gracias o la arrogante pretensión de autonomía; la empatía de quien sabe compartir la comida con los necesitados, o el egoísmo de quien lo acapara todo para sí. Esta pregunta es muy importante: dime cómo comes y te diré qué alma posees. En la forma de comer se revela nuestra interioridad, nuestros hábitos, nuestras actitudes psíquicas.

Los antiguos Padres llamaban al vicio de la gula con el nombre de «gastrimargia», término que puede traducirse como «locura del vientre». La gula es una «locura del vientre». Y también existe este proverbio: hay que comer para vivir, no vivir para comer. La gula es un vicio que se injerta en una de nuestras necesidades vitales, como comer. Tengamos cuidado con esto.

Puede ser una imagen de 4 personas

 

Si lo leemos desde un punto de vista social, la gula es quizá el vicio más peligroso, el que está acabando con el planeta. Porque el pecado de quien sucumbe ante un trozo de tarta, bien mirado, no causa grandes daños, pero la voracidad con la que nos hemos desatado, desde hace unos siglos, hacia los bienes del planeta está comprometiendo el futuro de todos. Nos hemos abalanzado sobre todo, para hacernos dueños de todo, ¡cuando todo estaba consignado a nuestra custodia, no a nuestra explotación! He aquí, pues, el gran pecado, la ira del vientre: hemos abjurado del nombre de hombres, para tomar otro, «consumidores». Y así se llama hoy en la vida social: ‘consumidores’. Ni siquiera nos dimos cuenta de que alguien empezó a llamarnos así. Estábamos hechos para ser hombres y mujeres «eucarísticos», capaces de dar gracias, discretos en el uso de la tierra, y en cambio el peligro es que nos estamos convirtiendo en depredadores, y ahora nos estamos dando cuenta de que esta forma de «gula» ha hecho mucho daño al mundo. Pidamos al Señor que nos ayude en el camino de la sobriedad, y que las diversas formas de gula no se apoderen de nuestras vidas.

 Traducción del original en lengua italiana realizada por el director editorial de ZENIT.





















Gracias a Infancia Misionera se atienden a 4 millones de niños y 2.500 proyectos evangelizadores


Un grupo de niños en el campamento de Infancia Misionera de 2023 en Javier, Navarra

 

Este domingo 14 de enero se celebra en España la jornada de Infancia Misionera, la Obra Pontificia con la que el Papa apoya el trabajo que los misioneros realizan con los más pequeños en los 1.123 territorios de misión.

Gracias a la generosidad de los donantes –muchos de ellos niños, que se convierten en cómplices de los misioneros–, se sostienen más de 2.500 proyectos infantiles de educación, salud, protección de la vida y evangelización. Así, cuatro millones de niños al año encuentran en la Iglesia católica una familia.

En la India, Saráth -un niño de 14 años- trabajaba en una tetería. Los misioneros del Hogar Don Bosco Child Labour Mission de Davengere le rescataron y le dieron la oportunidad de volver a estudiar. En Kenia, los servicios sociales derivaron a Caroline al Hogar San Juan Eudes de la diócesis de Kitui, donde ha encontrado una familia. En Ruanda, Lambert vivía con miedo porque a los albinos como él en muchos casos les asesinan. Se refugió en la parroquia, donde encontró un lugar seguro para vivir.

Algunos ejemplos de niños apoyados por Infancia Misionera

Son solo una pequeña muestra de los más de cuatro millones de niños que son ayudados al año por Infancia Misionera.

Tú también puedes ayudar a Infancia misionera pinchando en este enlace. 

En su mayoría son ayudas fijas, que apoyan el funcionamiento ordinario de escuelas, hospitales, orfanatos, catequesis… Para sostener este trabajo un año más, la Iglesia en España celebra este domingo 14 de enero la Jornada de Infancia Misionera con el lema “Comparto lo que soy”. Con lo que se recaude, se podrá continuar apoyando el trabajo de los misioneros el año que viene.

Los niños, cómplices de los misioneros

¿De dónde vienen los fondos para financiar estos proyectos?  Lo peculiar de Infancia Misionera es que muchos de los donantes también son niños.

Desde su fundación hace 180 años, esta Obra Pontificia invita a los más pequeños a participar en la misión de la Iglesia con su oración y sus donativos. De este modo, forman una red mundial, cuyo lema fundacional es “Los niños ayudan a los niños”.

Para esta Jornada, Infancia Misionera en España invita a todos los niños a rezar por los misioneros y por los niños del mundo. Además, les anima a colorear y montar sus propias “huchas del compartir”, para poder depositar sus donativos. Y también les ofrece participar en el XI concurso nacional de dibujos de Infancia Misionera, que está abierto hasta el 15 de enero.

Por otro lado, se ha preparado para ellos el vídeo “Comparto lo que soy”, en el que un grupo de niños que forman un equipo de fútbol encuentran inspiración en un misionero para volver a jugar unidos.

El vídeo ha sido producido por la compañía Stellarum Films, especializada en contenidos católicos y que cuenta con grandes éxitos entre sus trabajos, como “Un Dios prohibido”, “Claret” o “Luz de Soledad”. La protagonista y sus pequeños compañeros de rodaje son alumnos del Colegio Arenales de Carabanchel, en Madrid, que ha colaborado generosamente con las Obras Misionales Pontificias en esta pequeña obra cinematográfica.

ReL









































sábado, 13 de enero de 2024

¿Casarse por la Iglesia o por lo civil? Seis razones por las que el matrimonio religioso «marca la diferencia»

Del sacerdote Ignacio Amorós: no se puede romper;
previene de los celos, invita a dar la vida…


Cada vez menos se casan, en general, pero particularmente "por la Iglesia". Quizá una de las razones haya que buscarlas en que la sociedad no encuentra motivos para acudir al sacramento en lugar de a una unión civil. El sacerdote Ignacio Amorós ofrece seis poderosos argumentos en "Tocar a Dios. Los sacramentos de la Iglesia hoy".

 

Cada vez son menos las parejas que se casan "por la Iglesia". La última memoria de actividades de la Conferencia Episcopal Española correspondiente a 2022 cifra en algo más de 35.000 los matrimonios católicos celebrados en todo el año en España.

Diez años antes, en 2012, los matrimonios celebrados fueron casi 63.000 y hace 15 años, las 113.000 bodas celebradas triplicaban las de 2022.

No son pocos quienes hablan de una "caída en picado" a la que cuesta encontrar una explicación clara.

La Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española explicaba el descenso en 2017 en base a "la falta cada vez mayor de capacidad de comprometerse las personas", lo que a su vez puede deberse a "la falta de fe", ya sea religiosa o de mera "confianza en el otro".

También aludía a una tendencia generalizada "que no cree en el amor",  lo que también se explica con cifras: de los 84.512 divorcios y separaciones que tuvieron lugar solo en 2022, más de la mitad tenían hijos, por lo que al menos 42.000 jóvenes -solo en un año- han visto destruido el concepto de amor y seguridad familiar de su hogar.

Por su parte, el director de la Cátedra Amoris Laetitia de la Universidad de Comillas, Fernando Vidal, argumenta que esta disminución podría deberse al "desenganche de los católicos no practicantes respecto a la Iglesia", así como el hecho de "abandonar los formalismos": según él, "una proporción alta de los matrimonios por la Iglesia no tenía motivaciones realmente religiosas", sino más bien sociales o de tradición.

Una reflexión útil para abordar el descenso de matrimonios podría ser, en lugar de por qué la gente no se casa por la Iglesia, plantearse las razones por las que la gente debería hacerlo.

Quizá ser consciente de que no muchas parejas y novios cristianos puedan dar estas razones, y que incluso jóvenes de formación cristiana renuncian a dar el "sí quiero" ante el altar, es lo que ha llevado al sacerdote Ignacio Amorós a responder concretamente a esta pregunta en su libro Tocar a Dios. Los sacramentos de la Iglesia hoy (Nueva Eva).

Licenciado en ADE, doctor en Teología y colaborador de las Misioneras de la Caridad, Rodríguez-Fraile desarrolla en Tocar a Dios una suerte de catequesis sobre los sacramentos, salpicada de arte e imágenes ilustrativas y combinando las explicaciones sencillas y directas con argumentos sesudos fundamentados que ante todo tienen una misión: dar al lector razones para creer, pues como él mismo explica, "a Dios no siempre lo vas a poder sentir, pero siempre lo vas a poder tocar".

¿Por qué casarse por la Iglesia cuando cada vez menos lo hacen? Ofrece seis razones:

1º Marca una diferencia

Una de las primeras preguntas que se plantea el sacerdote es la diferencia entre un matrimonio cristiano y uno no cristiano.

"Casarse por la Iglesia es un sacramento y todo lo que sucede es diferente, porque cuentas con Dios en tu matrimonio. Los esposos reciben una gracia de Dios para poder vivir esa realidad natural de manera sobrenatural y santificarse. Es de ley natural que dos personas se enamoren. Jesucristo eleva el matrimonio natural a la categoría de sacramento para que los enamorados puedan recibir su ayuda y su gracia específica para amarse cada día mejor y para que el matrimonio sea para siempre".

2º Mucho más que un acuerdo que se puede romper

Entre otras razones, el sacerdote valora el matrimonio -"unión de un hombre y una mujer abiertos a la vida y con un reconocimiento público"- como "mucho más que un acuerdo que se puede romper por cualquiera de las partes".

"Es una alianza libre con Dios, indisoluble" y que tiene como fines la transmisión de la vida y el bien de los esposos, lo que no tiene por qué darse en las uniones civiles. En el matrimonio, en resumen, los contrayentes juran hacerse el bien mutuo y procurar los hijos.  "Es el amor de dos amigos que se ha vuelto exclusivo y en el que se entrega la intimidad sexual. Un amor total y fiel".

3º La "ayuda especial": "Hace que el amor no dependa del sentimiento"

El sacerdote comprende los miedos que pueden surgir antes de "dar el paso", preguntas como "¿Seré capaz?" o "¿Y si pasa esto o lo otro?". Pero menciona que, en el matrimonio, "Dios otorga gracias especiales que permite a los esposos perfeccionar y santificar su amor". Entre ellas, menciona "el vínculo conyugal" que, por encima de lo familiar, lo religioso o de la amistad "es exclusivo y perpetuo". "Un candado de amor" para que este "no dependa de los sentimientos ni nada circunstancial". Se refiere al segundo efecto del matrimonio, la gracia, que permite "saber amar más perfectamente al otro para ser fuel, perdonar, tener paciencia… perfecciona el amor".

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4º Antídoto contra los celos, el egoísmo y los juegos de intereses

Comenta que por su propia naturaleza, el matrimonio "sana el desorden de buscarse a sí mismo y del egoísmo". Al ser "para entregarse por amor", es más fácil de evitar los "juegos de intereses de yo te doy esto y tú me das lo otro" o "yo no te molesto en esto si tu no me molestas con lo otro". También previene de los celos, ya que surgen de una "inseguridad y desconfianza" en el cónyuge que la gracia del matrimonio y Dios "ayuda a sanar".

5º Amar hasta dar la vida

Bastan 5 minutos preguntando a Google para que arroje cientos de respuestas sobre lo que más valoran los contrayentes en las parejas de hecho: "El apoyo incondicional o de corazón a ideas locas de uno", "respetar el espacio de cada uno"…

Valorando un estudio de la red social Badoo sobre las relaciones de pareja, la psicóloga y sexóloga María Esclapez afirma que "si una relación sale mal, puedes encontrar a más personas con las que construir una relación sana". Esta y otras profesionales valoran "las diez cualidades de la pareja perfecta", que son "la honestidad, la lealtad, el sentido del humor, la personalidad divertida, estabilidad, confianza, cuidado, el apoyo, la apariencia física o el dinero".

Todos esos parámetros pueden ser buenos e incluso necesarios, pero entre ellos no se menciona una condición que para el sacerdote Rodríguez-Fraile también es crucial y diferencial del matrimonio: el objetivo de "amar hasta dar la vida". "La imagen que mejor refleja el amor en el matrimonio es Cristo crucificado. Ahí vemos a Cristo, el Esposo, entregando su vida por su Esposa, la Iglesia. Eso es lo que vemos en el matrimonio cristiano. Por eso dicen que el amor en el matrimonio tiene forma de cruz, porque se entrega totalmente".

6º Misión de hacer feliz y santo al otro

Otro rasgo que marca la diferencia entre las parejas de hecho y el matrimonio es que este es "un camino para llegar al Cielo". Así, un matrimonio cristiano no se basará en el "respeto al espacio de cada uno" o a "las ideas locas", sino en la "misión de hacer feliz y santo al otro, de ir juntos al Cielo". En ninguna fórmula como en "el matrimonio por la Iglesia" se encuentra tan arraigado el llamado a los contrayentes de "entregarse, ser generoso, cuidar las formas, sacrificarse y buscar en todo hacer feliz" al otro.

José María Carrera, ReL

























martes, 9 de enero de 2024

Respeto y Reverencia ante la Eucaristía

 


















El decálogo del matrimonio, según expertos

Pareja matrimonio feliz noviazgo


Especialistas en terapia conyugal reunieron 10 reglas que cualquier matrimonio debería seguir para cuidar el amor que se tienen

Al matrimonio todaa las parejas llegan convencidas, motivadas, emocionadas y dispuestas a sacar adelante la relación; sin embargo, en la convivencia diaria comienzan a presentarse situaciones que pueden desgastar ese amor sagrado que hay en la pareja.

Los católicos saben que, al casarse, asumen un compromiso inquebrantable, pero muchas veces -por la misma inexperiencia- no saben cómo mantener ese compromiso y cuidar del amor de pareja que se ve amenazado por vicios y malas decisiones.

Para ellos, Aleteia rescata los diez mandamientos del matrimonio que el Profesor Felipe Aquino expone en su libro Familia, santuario de vida. Estas 10 reglas fueron elaboradas por un equipo de psicólogos y especialistas americanos que trabaja en terapia conyugal.

Beautiful couple hugging and looking at each other

1
ALGUIEN DEBE BUSCAR LA CALMA

Hay que evitar a toda costa la explosión. Cuanto más complicada es la situación, más necesaria es la calma. Entonces, será preciso que uno de los dos accione el mecanismo que asegure la calma de ambos ante la situación conflictiva. Es necesario convencernos de que la explosión no traerá nada bueno. Todos sabemos bien cuáles son los frutos de una explosión. Por tanto, conviene anticiparse y evitar que la explosión llegue a producirse.

2
NO GRITARSE EL UNO AL OTRO

A no ser que la casa esté ardiendo, no es necesario gritar.

Quien tiene buenos argumentos no requiere alzar la voz, pues -irónicamente- entre más grita una persona, menos escucha le brinda su interlocutor. Muchas veces gritamos porque necesitamos imponer aquello que no conseguimos con los argumentos y la razón.

3
SI ALGUIEN TIENE QUE GANAR, QUE SEA EL OTRO.

Perder una discusión puede ser un acto de inteligencia y amor. Dialogar jamás será igual que discutir por la simple razón de que la discusión presupone un vencedor y un derrotado. Por tanto, si por descuido nuestro, el diálogo se transforma en discusión, permite que el otro «venza», para que esta situación termine más rápidamente.

La discusión en el matrimonio es sinónimo de guerra; una lucha sin gloria. «La victoria en la guerra debería ser conmemorada con un funeral», decía Lao Tsé. ¿Qué ventaja hay en ganar una disputa contra aquel que es nuestra propia carne? Es preciso que el matrimonio tenga la determinación de no provocar peleas. No podemos olvidar que basta una pequeña nube para esconder el sol. A veces una pequeña discusión esconde por muchos días el sol de la alegría en el hogar.

4
SI ES INEVITABLE LLAMARLE LA ATENCIÓN, HAZLO CON AMOR

La otra parte tiene que entender que la crítica tiene el objetivo de sumar y no de dividir. La crítica solo tiene sentido cuando es constructiva; y esa es amorosa, sin acusaciones ni condenaciones. Antes de apuntarnos un defecto esaconsejable presentar dos cualidades del otro. Eso funciona como un anestésico para que se pueda hacer la cura sin dolor.

Y lo más importante: reza por el otro antes de abordarle en un problema difícil. Pide al Señor y a Nuestra Señora que preparen su corazón para recibir bien lo que tienes que decirle. Dios es el primer interesado en la armonía del matrimonio.

5
NUNCA ECHAR EN CARA LOS ERRORES DEL PASADO

La persona es más que sus errores y a nadie le gusta ser caracterizado por sus defectos.

Toda vez que acusamos a alguien de sus errores pasados, estamos trayéndolos de vuelta y dificultando que se libre de ellos. Es preciso que esto no ocurra en los momentos de discusión. En estas horas lo mejor es mantener la boca cerrada.

En los tiempos horribles de la «guerra fría», cuando pendía sobre el mundo todo el peligro de una guerra nuclear, como una espada de Damocles sobre nuestras cabezas, el Papa Pablo VI avisó al mundo: «la paz se impone solamente con la paz, por la clemencia, por la misericordia, por la caridad».

Tomás de Kempis, en la Imitación de Cristo, enseñó: «primero consérvate en paz, después podrás pacificar a los demás». Por tanto, para haber vida en el matrimonio, es preciso que haya paz; y 3sta tiene un precio: nuestra madurez.

6
PROHIBIDA LA FALTA DE ATENCIÓN

La felicidad nace de las pequeñas cosas. La falta de atención para con el cónyuge es triste en la vida del matrimonio y demuestra desprecio por el otro. Sé atento a lo que el otro dice, a sus problemas y aspiraciones.

7
NO APLAZAR LA CREACIÓN DE ACUERDOS

Al día siguiente, a la semana siguiente, al mes siguiente, el problema podría ser mayor.  No se puede dejar acumular problema sobre problema sin plantear y trabajar en una solución.

¿Tú usarías la misma jarra que usaste el día anterior para poner la leche, sin antes lavarla? La leche ciertamente se volverá ácida. Lo mismo sucede cuando discutimos sin resolver los conflictos de ayer.

Los problemas de la vida conyugal son normales y exigen atención y valor para enfrentarlos.

8
CARIÑO AL MENOS UNA VEZ AL DÍA

Muchos tienen reservas enormes de ternura, pero olvidan expresarlas en voz alta. No basta amar al otro, es preciso decirlo también con palabras. Muchos hombres tienen dificultad en este punto, algunos por problemas de educación, pero la mayoría porque aún no se han dado cuenta de su importancia.

«Te amo», «eres muy importante para mí»,  «sin ti no habría conseguido vencer este problema», «tu presencia es importante para mí», «tus palabras me ayudaron mucho», «gracias»… Di esto al otro con toda sinceridad y experimentarás lo importante que es.

9
ADMITIR Y PEDIR PERDÓN

Admitir un error no es una humillación, sino un acto de madurez y respeto. Cuando nos equivocamos no tenemos dos alternativas honradas, solo una: reconocer el error, pedir perdón y procurar remediar lo que hicimos mal, con el propósito de no repetirlo. Esto es ser humilde.

Cuando tenemos el valor de pedir perdón, venciendo nuestro orgullo, eliminamos casi en seguida el motivo de conflicto en la relación, y la paz vuelve a los corazones.

10
PARA PELEAR SE REQUIEREN DOS

Es la sabiduría popular la que enseña esto. Tomar la iniciativa de poner un alto a la discusión será siempre un gesto de grandeza, madurez y amor. Y la mejor manera de lograrlo será no alimentar la discusión. Muchas veces es por el silencio que la calma vuelve al corazón; otras veces será por un abrazo cariñoso, o por una palabra amiga.

Felipe Aquino, Aleteia

Vea también       Alguna dificultades en el matrimonio
- San Juan Pabo II