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miércoles, 29 de julio de 2026

Cómo enseñar a nuestros hijos la verdadera solidaridad

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Educar a nuestros hijos en la verdadera solidaridad exige superar la pantalla, ejercitar el ejemplo en casa y cambiar la lástima por una empatía real

Nuestros hijos han nacido dentro de un mundo de extensas redes sociales. Una noticia cruza el planeta en segundos, el dolor de una familia aparece en una pantalla y una tragedia lejana se vuelve imagen, comentario o tendencia. Nunca habíamos estado tan conectados y, sin embargo, quizá nunca había sido tan fácil dejar de ser sensibles y empáticos.

Más allá de la hiperconexión

redes sociales

La encíclica Magnífica Humanitas habla de una "solidaridad de hecho": nuestras vidas ya están entrelazadas por la economía, la tecnología, la cultura y las comunicaciones. Lo que ocurre en un lugar termina afectando a muchos otros. 

Pero esa inevitable cercanía, todavía no es una verdadera solidaridad. Para que lo sea, debe convertirse en una decisión consciente: reconocer que no somos simples espectadores de la vida ajena, sino personas ligadas unas con otras. Esto es enseñar a nuestros hijos la verdadera solidaridad

Esta enseñanza es especialmente urgente para nuestros hijos. La pantalla puede acercar caras y, al mismo tiempo, levantar un muro invisible. Vemos al otro, pero no escuchamos su respiración; leemos su historia, pero no sentimos su tristeza; reaccionamos con una cierta indiferencia  y seguimos adelante.

Aprender a ver con el corazón

Por eso, educar en la solidaridad significa enseñar a mirar de nuevo. Mirar sin prisa y con sensibilidad. Notar al compañero que está solo, al amigo que necesita ser escuchado, al familiar que está agotado, al vecino que atraviesa una dificultad. La empatía comienza cuando dejamos de pensar únicamente en nosotros mismos y hacemos un espacio interior para preguntarnos qué pueden estar sintiendo los demás.

Nuestros hijos no aprenderán esto mediante largos sermones, sino observando cómo vivimos. Aprenderán la sensibilidad cuando nos vean escuchar sin interrumpir, tratar con respeto a quien nos sirve, acercarnos al enfermo, detenernos ante quien necesita ayuda y evitar la burla contra quien es diferente. La solidaridad se aprende en esos pequeños detalles que parecen gotas, pero que lentamente formarán un río.

La familia la primera escuela de empatía

También se cultiva dentro del hogar. Cuando un hijo aprende a reconocer el cansancio de su madre, la preocupación de su padre o la tristeza silenciosa de una hermana, comienza a salir de sí mismo. La familia puede ser la primera escuela de la empatía solidaria, ese lugar donde descubrimos que amar no consiste solamente en recibir cuidados, sino también en aprender a cuidar.

Es necesario explicarles que ser solidario no es sentir lástima. La lástima se observa desde arriba; la empatía se coloca al lado. La verdadera solidaridad no reduce al otro a su necesidad, sino que reconoce su dignidad. No pregunta solamente: "¿Qué puedo darle?", sino también: "¿Qué puedo comprender?", "¿cómo puedo acompañarlo?", "¿en qué parte de sus problemas puedo ayudar a resolverlo?".

El valor del bien, sin espectáculo

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Vivimos en una época que premia la exhibición. A veces parece más importante mostrar una buena acción que realizarla en silencio. Por eso conviene enseñar a nuestros hijos que la bondad no necesita un escenario. Hay actos de amor que no se publican, abrazos que no se fotografían y ayudas que no buscan reconocimiento. Allí, precisamente, la solidaridad recupera su pureza.

Ser sensibles con los demás no significa vivir abrumados por todo el dolor del mundo. Significa no tener un corazón frío. No podemos resolver cada problema, pero siempre podemos evitar la indiferencia. Podemos escuchar, incluir, consolar, compartir, defender y acompañar. Especialmente a los más débiles, a los que son más vulnerables, a los torpes y marginados. En fin, es estar atentos a los que nos pueden necesitar.

El ejemplo de los padres

Transmitimos lo importante de ser sensibles con las grandes causas de nuestro tiempo, como el cuidado del planeta o no discriminar a los inmigrantes y descalificar a los extranjeros. Son tiempos de vivir la caridad con sensibilidad y empatía y somos los papás los que la enseñamos primero con el ejemplo. 

Guillermo Dellamary, Aleteia

Vea también    Catequesis del Papa Francisco sobre la Familia: La experiencia de un hermano
que te quiere



martes, 8 de mayo de 2018

AMÉRICA - Obispos de América Latina crean “Puentes de solidaridad” para ayudar a los migrantes venezolanos


Vaticano: Puentes de solidaridad

Ciudad del Vaticano - “Puentes de solidaridad - Plan Pastoral integrado para ayudar a los migrantes venezolanos en Sudamérica”, así se llama el proyecto presentado ayer, 7 de mayo, en la sala de prensa del Vaticano y elaborado por ocho Conferencias Episcopales de Sudamérica con la colaboración de la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. Se trata de un plan pastoral que pretende acoger, proteger, promover e integrar a los venezolanos que se ven obligados a emigrar. Acompañándoles en en cada fase de su viaje, desde la partida, hasta la llegada y también en su posible regreso a casa.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, (OIM) debido a la crisis política y económica, cientos de miles de venezolanos han escapado a países cercanos en los últimos 2 años y en este tiempo han sido muchas las iniciativas de las iglesias particulares en defensa y ayuda de los mismos como Fides ha venido documentado (véase Fides 8 y 10/02/2018;1- 6 y 24/03/2018; 11/04/2018...)
“Es una situación que empuja a muchos venezolanos a buscar el modo de aliviar su sufrimiento marchándose a otro país, - comenta el p. Arturo Sosa, Superior General de la Compañía de Jesús después de la conferencia de prensa - por eso este proyecto de las 8 conferencias es un gesto real de solidaridad muy importante... En estos momentos los venezolanos necesitan esta ayuda y por eso este es un modo de contribuir, viendo el sufrimiento de las personas y tratando de encontrar la forma de dar un apoyo”.

Las Conferencias Episcopales de Brasil, Colombia, Ecuador, Chile, Perú, Bolivia, Paraguay y Argentina, con este plan se proponen proporcionar servicios de acogida para los migrantes más vulnerables, ayudándolos a encontrar alojamiento y trabajo pero sobre todo como dice el p. Sosa “integración en la sociedad a la que llegan” porque esto es algo muy importante.
El plan se pondrá en marcha en los próximos días y tendrá una duración inicial de dos años, además también estará dirigido a las personas más vulnerables ya presentes en cada uno de los ocho países de acogida y se espera que pueda servir de modelo para otras naciones afectadas por problemas migratorios. (LG) (Agencia Fides 08/05/2018)