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martes, 27 de febrero de 2024

Después de 62 años sin Misa, estos católicos siberianos mantuvieron su fe

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En el corazón de Siberia, el pequeño pueblo de Wierszyna alberga una población predominantemente católica polaca. Durante la época de la dictadura comunista, sus habitantes consiguieron preservar y transmitir su fe, sin iglesia, Misa ni sacerdote... durante seis décadas

Wierszyna. Este nombre, difícil de pronunciar, es el de un pequeño milagro. En primer lugar, fue un milagro de la vida cuando una comunidad de colonos polacos se trasladó ahí hace cien años, desafiando las inclemencias del tiempo para hacer de este pueblo -de las profundidades de Siberia- un lugar donde vivir.

El segundo milagro fue el milagro de la fe, ya que la dictadura comunista no logró vencer la piedad de los habitantes de Wierszyna, que vivieron sin iglesia, sin Misa ni sacerdote durante más de seis décadas. Aún hoy, la población de este pueblo de 800 almas es casi exclusivamente polaca. Viven prácticamente aislados del mundo, en una región donde las temperaturas pueden descender hasta -55°C en invierno.

Todos los días festivos excepto… Semana Santa

Este pueblo, a unos 140 km de Irkutsk, es un fenómeno: en la lejana Siberia, sus habitantes han conservado durante generaciones la lengua de sus antepasados. También han conservado su parroquia y su iglesia. La iglesia de san Estanislao, que sigue en pie, fue construida por inmigrantes polacos en 1915, poco después de su llegada. Los servicios religiosos se celebraron allí hasta 1928 o 1929, cuando las autoridades comunistas decidieron demolerla. Sin embargo, ante las enérgicas protestas de los residentes, los bolcheviques abandonaron la idea de destruir la iglesia. Cerrada, la iglesia fue devastada desde dentro por las autoridades.

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L’église Saint-Stanislas de Wierszyna

La fe ha sobrevivido, cultivada en secreto dentro de las familias. La Eucaristía no se celebró en este pueblo durante 62 años. En aquella época, una de las habitantes, Magdalena Mycka, bautizaba a los niños del pueblo «con agua», y los habitantes rezaban en casa, salvando así la lengua polaca y transmitiendo la fe. También intentaron preservar las fiestas católicas, excepto la Pascua. «No tenían contacto con Polonia, por lo que carecían de calendario y no sabían cuándo era el Domingo de Resurrección», explica el padre Karol Lipiński, sacerdote de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada y actual párroco de la parroquia polaca de Wierszyna.

Renovación de la liturgia

La parroquia renació tras la caída del comunismo en Rusia. El primer sacerdote que volvió a visitar el pueblo fue el padre Tadeusz Pikus (más tarde obispo), entonces párroco de los polacos en la URSS. Celebró misa en 1990 en el edificio de la escuela del pueblo. También luchó con las autoridades locales para devolver la iglesia a los fieles y devolverle su carácter sagrado, a pesar de que el edificio iba a convertirse en museo.

«A aquella primera Misa acudió mucha gente, muchos adultos vieron a un cura por primera vez en su vida. Los que nacieron después del cierre de la iglesia podían tener más de 60 años y asistir a una Misa a la que nunca habían ido», explica el padre Lipiński.

Dos años más tarde, el 19 de diciembre de 1992, se celebró la primera Misa en una iglesia restaurada, presidida por el actual Ordinario de la diócesis de la Transfiguración de Novosibirsk, el obispo Joseph Werth. Así es como renació la liturgia en Wierszyna, y cómo la realidad de la Resurrección y la presencia de Cristo en el pan y el vino vuelven a estar presentes.

Por supuesto, 60 años de ateísmo forzado han pasado factura, y a la población le sigue costando aclimatarse a una vida parroquial salpicada de oficios. Pero la tenacidad de los habitantes y del clero local para volver a situar la iglesia en el corazón de la vida del pueblo es ya un increíble testimonio de fe.




sábado, 28 de octubre de 2023

La historia del beato sacerdote y mártir que ayudó a liberar a Polonia del comunismo


 

El 19 de octubre de cada año, la Iglesia celebra la fiesta del Beato Padre Jerzy Popiełuszko, un mártir cuya vida y muerte heroicas contribuyeron a la liberación de Polonia del régimen comunista.

El Padre Jerzy era un sacerdote católico polaco y Capellán de “Solidaridad”, el Sindicato independiente y autónomo “Solidarnosc”. Este sindicato fue el principal movimiento social que se oponía al régimen comunista en Polonia.

Fue ordenado sacerdote en 1972 por el mentor de San Juan Pablo II, cardenal Stefan Wyszyński, que le pidió celebrar Misa para los trabajadores en huelga.

En febrero de 1982, comenzó a celebrar "Misas por la Patria" el último domingo de cada mes por la libertad de Polonia.

Basó sus actividades pastorales y enseñanzas en el mensaje “No te dejes vencer por el mal, antes bien vence el mal con el bien” (Romanos 12:21), las enseñanzas del Papa Juan Pablo II y el Primado Stefan Wyszynski, así como en la firmeza, el coraje y el apoyo a los perseguidos.

Sus sermones no estaban llenos de odio ni agresión hacia el régimen comunista, sino de amor y empatía por aquellos que sufrían a causa de él. También llenaban de esperanza a la gente, porque el Padre Popiełuszko enfatizaba repetidamente que la Cruz es nuestra victoria y que Jesús lo conquista todo.

A medida que sus sermones llegaron a más personas
en toda Polonia, el régimen comunista decidió que
era una amenaza.

A partir de ese momento, la policía lo siguió, hostigó y detuvo constantemente. Su casa fue allanada dos veces y sufrió atentados con bombas. Su automóvil fue rociado con pintura.

A pesar de todo esto, no renunció a su ministerio. Además, siguiendo las palabras de Jesús en Mateo 25, cuidó de los menos afortunados y de los necesitados, como las familias numerosas, los pobres y las personas recluidas en campos de prisioneros.

Recaudó alimentos y medicinas para ellos, asistió a las audiencias de los arrestados por interferir con la ley marcial y apoyó a los prisioneros políticos.

En 1983, fue arrestado.

El gobierno comunista afirmó:

“En sus sermones, abusaba de la libertad de conciencia y religión  de tal manera que  los incluía permanentemente, además de su contenido religioso, contenido político difamando a las autoridades estatales y, en particular, calumniaba que estas autoridades utilizaban la falsedad, la hipocresía y la mentira, mediante legislación antidemocrática que destruye la dignidad humana y priva a la sociedad de libertad de pensamiento y acción, con lo que, abusando de la función de sacerdote, hizo de las iglesias un lugar de propaganda antigubernamental perjudicial para los intereses de la República Popular Polaca”.

El Padre Popieluszko enfrentó una condena de 10 años. Fue liberado como resultado de la intervención de la Iglesia y su condena fue anulada tras el programa de amnistía de 1984.

El acoso, los arrestos, las múltiples interrogaciones y la creciente propaganda mediática en contra del Padre Jerzy no lo hicieron renunciar, por lo que el gobierno comunista decidió que debía morir.

El 19 de octubre de 1984, el Padre Popiełuszko fue a la parroquia de los Holy Polish Martyrs' Brothers en Bydgoszcz por invitación de la Pastoral de los Trabajadores.

Mientras regresaba a Varsovia ese mismo día, los agentes del Servicio de Seguridad del Ministerio del Interior secuestraron a Jerzy Popiełuszko y a su conductor, Waldemar Chrostowski.

Obligaron al sacerdote a salir de su automóvil, lo golpearon y lo arrojaron al maletero de los agentes comunistas. Su conductor logró escapar saltando de un automóvil en movimiento. 

Los eventos posteriores solo son conocidos a través
de los testimonios de los ejecutores del secuestro y
asesinato.

Mientras estaba encerrado en el maletero, el Padre Jerzy intentó escapar. Los agentes tuvieron que detenerse varias veces y golpearlo hasta que finalmente perdió el conocimiento.

Finalmente, ataron al sacerdote de tal manera que cualquier intento de enderezar las piernas resultaba en estrangulación. Los asesinos testificaron más tarde ante el tribunal que condujeron hasta una presa en el Vístula en Wloclawek.

Allí, desde una altura considerable, arrojaron al sacerdote al agua. Es probable que en ese momento, el Padre Popiełuszko todavía estuviera vivo. La autopsia de su cuerpo mostró signos de tortura.

El funeral, al que asistieron alrededor de 1 millón de personas, se convirtió en una importante manifestación anti comunista.

El 31 de diciembre de 1989, después de muchas protestas, Polonia se liberó. 

El 6 de junio de 2010, el Papa Benedicto XVI beatificó
al Padre Jerzy Popiełuszko.

Hasta el día de hoy, el Padre Popiełuszko nos inspira a vivir el Evangelio, predicar la verdad de Dios y mantenernos firmes en nuestras creencias.

Su historia también nos recuerda que debemos hacerlo con amor, empatía y amabilidad, especialmente cuando hablamos con los menos afortunados, aquellos que sufren, aquellos que no conocen a Dios y aquellos que aún no han experimentado el amor y la empatía de los demás.


























lunes, 19 de junio de 2023

Impactante vídeo: 1.400 seminaristas en peregrinación

Pielgrzymka seminarzystów na Jasną Górę

Casi 2.000 jóvenes se preparan para convertirse en sacerdotes en Polonia y la mayoría de ellos caminaron
al santuario de la Virgen de Czestochova

El centro de peregrinación de Jasna Góra en Czestochowa acogió la sexta peregrinación de teólogos de Polonia este mes de junio. Más de 1.400 hombres participaron en ella.

El punto álgido de la peregrinación fue la Misa en la Basílica de Jasna Góra, celebrada en latín y presidida por el prefecto de la Congregación para el Clero, monseñor Lazzaro You Heung-sik.

El cardenal surcoreano Lazarus You Heung-sik dijo en su homilía:

«Recordad que en el Evangelio, el primero es el servidor de todos […]

Este es nuestro Caná de Galilea, donde podamos encontrarnos siempre con la certeza de que seremos recibidos y abrazados por la Madre celestial, que quiere elevaros a vosotros, futuros sacerdotes, en el seguimiento de Jesús».

Después, en una entrevista a @JasnaGóraNews, el cardenal enfatizó lo importante que es que los cristianos vivan la palabra de Dios: 

«Ser cristiano significa vivir según la palabra; el que no hace esto no es cristiano. Jesús dijo que el que vive de la palabra de Dios edifica su casa sobre roca, y si no, la edifica sobre arena. Por eso es tan importante que los teólogos, los futuros sacerdotes, vivan realmente la Palabra de Dios».

El sacerdocio es servicio

«El sacerdocio significa servir y estar disponible para Jesús y los demás. El sacerdocio es un servicio fiel que sólo puede realizarse si quien sirve se entrega por completo a Aquel a quien sirve», declaró ese día el paulino Arnold Chrapkowski.

Peregrinación de seminaristas polacos

«Cada sacerdote debe primero seguir a Cristo, quien se dijo siervo y lavó los pies de sus discípulos. Esta es nuestra misión fundamental», agregó su compañero Mariusz Tabulski.

En Polonia, casi dos mil teólogos se están preparando para recibir el sacramento del orden sacerdotal y alrededor de 1400 de ellos participaron en la peregrinación de este año. Desde 1999, la peregrinación se realiza cada cinco años.


Aleteia Polaco, Aleteia 

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de manera muy especial




















viernes, 20 de enero de 2023

Tuvo y crió a 5 hijos, y con 3 de ellos cuando estaba paralítica

Amor de madre


Todos los días se ofrecía a la Santísima Virgen y rezaba por su familia: "El amor vence el miedo y salva la vida"

La Nochebuena de 1945 en la casa de la familia Czekaj en el pueblo de Zielenice, Polonia, fue especial. No solo porque la guerra había terminado recientemente, sino que la suegra de Aniela Czekaj anunció a toda la familia que Aniela, que había quedado paralítica desde hacía cuatro años, estaba esperando un bebé.

No es una noticia fácil

La noticia generó muchas preguntas y temores sobre Aniela y el futuro de tres niños: el niño por nacer y sus dos hermanos mayores, Stefan, de 8 años, y Kazio, de 5 años. En el caso de Adam, el esposo de Aniela, también hubo algo de culpa. Después de años de abstinencia autoimpuesta después de que Aniela enfermara, recientemente habían decidido volver a la intimidad conyugal. Fue idea de ella. Pero, ¿y si ella moría ahora o empeoraba?

Adam también se sentía culpable por sumar trabajo y preocupar a su madre, quien cuidaba a su nuera y también de los niños mientras él trabajaba en el campo o en la finca.

En agosto nació un hijo sano y gordito, Joseph. Más tarde, Aniela dio a luz a dos hijos más, ambos niñas, la menor a los 42 años. Después de muchos años, murió en la vejez, sobreviviendo a su esposo por varios años. Aunque nunca se levantó de la cama, de ninguna manera se puede decir que no participó en la crianza de sus hijos. Aprendió a hacer muchas cosas con una sola mano, como cambiar pañales a los bebés.

Cuando Stefan fue a su Primera Comunión, el sacerdote habló de Aniela como un modelo para otros padres, porque ella le había enseñado muy bien las oraciones y las verdades de la fe. Vivió para ver casarse a sus hijos y disfrutó de sus nietos. Ella y Adam dijeron en su vejez que tenían una vida buena y feliz, aunque no fácil.

Casados en la Fiesta de la Exaltación de la Cruz

La historia de la familia Czekaj fue descrita por el reverendo Jan Sledzianowski en su libro No te dejaré hasta la muerte (en polaco, I nie opuszczę cię aż do śmierci). Aniela y Adam habían crecido en el mismo pueblo, se conocían desde niños y cantaban en el coro de la iglesia. A él, ella gustaba porque era alegre, pero no fanfarrona ni atolondrada. Se casaron el 14 de septiembre de 1936, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Pronto les nacieron tres hijos, uno de los cuales murió en la infancia.

Entonces, una noche de agosto de 1942, después de un día completo de trabajo en la cosecha, sucedió algo que cambió el destino de toda la familia para siempre. Aniela, de 29 años, se despertó en la noche con un terrible dolor de cabeza. Había experimentado migrañas antes, pero este dolor era excepcional. Por la mañana, descubrió con horror que tenía una parálisis parcial en el brazo y la pierna izquierdos. El médico dijo que la causa fue un derrame cerebral.

Adam llevó a su esposa a un hospital en Cracovia. Allí, los médicos determinaron que Aniela «no estaba sola, es decir, que estaba embarazada. Sin pedir permiso, se le practicó un aborto con el pretexto de realizar una operación necesaria.

Cuando Aniela se enteró de lo sucedido, quedó destrozada. Además, después de que mataron al bebé, la condición de Aniela se deterioró mucho. Antes podía ponerse de pie e incluso dar algunos pasos apoyándose contra la pared, pero ahora como mucho podía sentarse apoyada en almohadas. Ante la falta de progreso en el tratamiento, Adam la llevó a casa para la Navidad de 1942.

Los padres de Adam, que vivían con ellos, creyeron desde el comienzo de la enfermedad de su nuera que su lugar estaba en casa con su esposo e hijos. El anciano Sr. Czekaj dijo una vez en una reunión donde se elogiaba la colectivización que tenía dos objeciones a la idea: que los tres granjeros de un pueblo vecino que habían decidido colectivizar estaban borrachos, y que si todo era comunal, entonces «su Aniela» tendría que ir a un asilo de ancianos.

Cuando el hijo de la familia Czekaj, Joseph (aquel cuya aparición en el mundo fue anunciada por su abuela en una memorable Nochebuena de 1945) se casó, dijo a su esposa e invitados que nunca había habido discordia, ira o peleas en su hogar.

El amor salva

A lo largo de los años de la enfermedad de Aniela, a veces la gente le decía a su esposo que «era una pena que un campesino fuera lisiado». Otro conocido le instó a serle infiel para satisfacer sus necesidades, lo que rechazó categóricamente. «Siempre vi nuestro matrimonio como una verdadera unión exclusiva, fiel e indivisible hasta la muerte, a pesar de la enfermedad incurable», dijo.

En el libro, Adam Czekaj recuerda que cuando Aniela le propuso después de cuatro años de enfermedad que volvieran a vivir como marido y mujer, aceptó la idea de que nunca se recuperaría. Su alegría en la vida volvió. Dejó de tener miedo. Todos los días se ofrecía a la Santísima Virgen y rezaba por su familia, a la que no podía sostener con su trabajo. «El amor vence el miedo y salva la vida», respondió ella cuando él expresó sus dudas.

Joanna Operacz, Aleteia 

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sábado, 5 de marzo de 2022

Ucrania: «No veo que la guerra debilite la fe, sino más bien lo contrario»

UKRAINE



Impactante testimonio del Padre Grzegorz Draus desde Leópolis (Ucrania): "Los días nos parecen meses"

«Leópolis sigue siendo una ciudad menos peligrosa que otras de Ucrania. Hay alertas de ataques aéreos, pero gracias a Dios no ha habido bombardeos. Acogemos a los refugiados que se dirigen a la frontera», explica el padre Grzegorz Draus, de la parroquia de San Juan Pablo II de Leópolis, a la fundación internacional Aid to the Chruch in Need (ACN). La parroquia es un oasis en el camino hacia Polonia, asegura el sacerdote.

«Los primeros refugiados llegaron el viernes, segundo día de la guerra. De viernes a domingo vinieron 60 personas, entre ellas 35 niños», describe el padre Grzegorz.

«Oficialmente» sólo hay una habitación para invitados en el salón parroquial, pero han habilitado alojamientos en todas las habitaciones disponibles, añade. Los feligreses ayudan trayendo colchones, ropa de cama y alimentos.

La gente viene de Kiev, Yitomir, Zaporiyia, Pershotravensk, cerca de Mykolaiv, Kamianské, Krivói Rogy muchos otros lugares. «Llegan agotados y muy asustados. El viaje a través de Ucrania ahora toma mucho tiempo, las carreteras están congestionadas y hay muchos puestos de control. Una familia de ocho miembros que ha llegado esta noche desde la región de Mykolaiv (a unos 800 km de distancia) llevaba tres días en carretera».

Ucrania: Ayuda a la Iglesia Necesitada

La mayoría continua hacia la frontera después de uno o dos días, algunos hacia Transcarpacia. «Saben que tendrán que esperar en la frontera dos días más», añade el padre Draus. La parroquia abarca la parte sur de Leópolis, y la propia iglesia está situada en los límites de la ciudad, en una carretera principal que va hacia el sur. «Es difícil moverse porque hay puestos de control instalados en las carreteras donde se controla a los viajeros para proteger la ciudad de los saboteadores», comenta el padre a ACN.

La comunidad también ayuda a organizar otros puntos de acogida para personas que huyen de la guerra. «Hemos donado mantas y colchones a una familia de la parroquia que está organizando la asistencia en su ciudad natal, fuera del paso fronterizo de Shehyni/Medyka, para los que hacen fila a pie en la frontera, la cola es de 37 kilómetros», dice el sacerdote.

Como en el centro Juan Pablo II hay clases para niños con autismo, tres familias de Kiev con niños autistas han pedido ayuda. «Si Dios quiere, vendrán y se quedarán con nosotros y los profesores les darán clases».

La gente en Ucrania mide la guerra en días: El primer día de la guerra, el tercer día de la guerra… «Los días se me hacen muy largos, me parecen meses», dice el padre Grzegorz.

El domingo acudió a la santa misa menos gente de lo acostumbrado, una quinta parte de los fieles que van habitualmente, porque muchos evitan salir de sus casas.

Sin embargo, en medio de las dificultades, el padre Draus experimenta signos de unidad en la fe: «Desde el sábado por la tarde hasta el domingo por la noche, bautistas y evangélicos (pentecostales) de Kiev, Yitomiry y Zaporiyia pasaron la noche en el salón parroquial. Todos estuvieron después en la celebración de la misa compartiendo su experiencia con nosotros», añade. «No veo que la guerra debilite la fe, sino más bien lo contrario. Los fieles que acudieron al servicio, entre ellos más de veinte niños, se quedaron más tiempo y rezaron juntos. Dios está ahí para ayudar».

En respuesta al estallido de la guerra en Ucrania, ACN ha lanzado un paquete de ayuda de emergencia por valor de un millón de euros. Según el presidente ejecutivo de ACN, el Dr. Thomas Heine-Geldern, el dinero beneficiará a los sacerdotes y religiosos que trabajan en parroquias, refugiados, orfanatos y residencias de ancianos de todo el país.

Ayuda a la Iglesia Necesitada, Aleteia

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viernes, 6 de agosto de 2021

La doctora que ayudó a dar a luz a unas monjas violadas


MADELEINE PAULIAC


Madeleine Pauliac fue la salvación de unas religiosas polacas embarazas a causa de la agresión sexual de los soldados del ejército ruso

Las guerras son negros agujeros de dolor. En las guerras afloran los instintos más indeseables de la raza humana. También las almas más puras y valientes. Esta es una historia dramática, también de grandeza humana, de solidaridad femenina; una historia de sanación de cuerpos y almas.

Las mujeres acostumbran a ser las principales víctimas civiles en los conflictos armados; la violación es una de las vejaciones más humillantes y vergonzosas que sufren. A los soldados  capaces de cometer tales atrocidades contra personas inocentes, no les importa la identidad de estas mujeres.

En la primavera de 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial estaba llegando a su fin, los soldados del ejército rojo se replegaban desde Berlín y ponían rumbo a casa.

En el camino, en Polonia, lejos de llevar la paz tan deseada en aquellas tierras, sembraron el terror entre la población civil. Y religiosa.

Violadas, y algunas asesinadas

Un convento de monjas polacas fue atacado por un grupo de soldados soviéticos que durante días las violaron sistemáticamente. Algunas de ellas fueron asesinadas tras sufrir infinidad de vejaciones. De las que sobrevivieron, algunas quedaron embarazadas. Todas quedaron marcadas para siempre por el dolor y la humillación.

Mientras todo esto sucedía, había llegado a Polonia una joven doctora francesa. Se llamaba Madeleine Pauliac. Nacida en Villeneuve-sur-Lot el 16 de septiembre de 1912, no era la primera vez que se incorporaba al engranaje de guerra.

Durante meses había trabajado sin descanso en el hospital de París mientras participaba en distintas operaciones de la Resistencia. Ayudó a paracaidistas aliados, ocultó a judíos en su propia casa y llegó a participar en doscientas operaciones del Escuadrón Azul de ambulancias de la Cruz Roja.

A principios de 1945 era una de las doctoras más reconocidas del ejército francés, ascendida a teniente y llegando a ser recibida por el general Charles de Gaulle.

Madeleine fue enviada a Moscú en una misión de repatriación de los prisioneros de guerra franceses. En mayo de ese mismo año fue trasladada a Varsovia, a un hospital de la Cruz Roja Francesa.

Mientras trabajaba sin descanso curando a los soldados antes de regresar a su Francia natal, Madeleine fue testigo del caos que asolaba la capital polaca en la que los soldados del ejército ruso campaban a sus anchas sin ningún tipo de control y cometiendo todo tipo de tropelías.

Ante tan terrible dolor

Pero Madeleine no podía imaginarse que podían ser capaces de lo que les hicieron a unas monjas benedictinas de la zona cuando estas se pusieron en contacto con ella. Era una de las pocas mujeres sanitarias a la que podían acudir. Madeleine dejó escrito en su diario estas escuetas pero duras palabras después de visitar su convento:

«Había veinticinco monjas, quince fueron violadas y asesinadas por los rusos. Las diez restantes fueron violadas, algunas cuarenta y dos veces y otras treinta y cinco o cincuenta veces. Nada de eso sería de una importancia mayor si no hubiese sino porque cinco de ellas estaban embarazadas».

Humilladas y ultrajadas, las religiosas tenían un insoportable dolor en su cuerpo y su alma. Algunas sentían una terrible desesperación por haber perdido su virginidad y pensaban que terminarían yendo al infierno por ello.

Las que habían quedado embarazadas sufrieron un terrible dilema moral puesto que algunas de ellas, por miedo o desesperación pidieron a Madeleine que las ayudara a abortar. Otras tuvieron a sus bebés con su ayuda.

Madeleine Pauliac fue mucho más que una doctora para aquellas mujeres heridas. Las escuchó, las consoló e intentó compartir con ellas su dolor en un hermoso acto de amor al prójimo. No las juzgó, no opinó sobre sus decisiones, simplemente estuvo a su lado cuando necesitaban un atisbo de luz en la terrible oscuridad que había quedado sumido su hogar.

Muerte prematura

Además de acudir al convento siempre que podía continuaba con su labor en el hospital francés de Varsovia y viajaba por todo el territorio polaco en busca de soldados heridos.

Su heroica labor terminó abruptamente el 13 de febrero de 1946 cuando falleció en un accidente de tráfico. Tenía treinta y cuatro años. Su cuerpo fue repatriado y descansa en su pueblo natal. Madeleine Pauliac fue condecorada póstumamente con la Legión de Honor y la Cruz de Guerra de Francia.

En 2016, la directora de cine Anne Fontaine llevó a la gran pantalla la historia de Madeleine y las religiosas polacas en la conmovedora película Las inocentes.

Sandra Ferrer, Aleteia

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lunes, 24 de mayo de 2021

¿Por qué Polonia aguanta mejor la descristianización de Occidente y la fe sigue en su ADN?

 

Damian Bryl, obispo de Kalisz, explica por qué el país defiende la vida y la familia



Polonia es una nación culturalmente polaca, pues esta fe va en el ADN de la nación

La historia de Polonia está llena de luchas, sufrimientos, ocupaciones de su territorio y también de una gran fe. La catolicidad ha ido siempre de la mano del pueblo polaco y forma parte de lo más profundo de su espíritu nacional. En los buenos momentos, y sobre todo en los más complicados.

Comprender que el catolicismo es una parte fundamental de la cultura y del ser polaco puede ayudar a entender por qué Polonia aguanta mucho mejor que el resto de Occidente el tsunami de la descristianización, aunque tampoco es inmune a esta secularización.

Así lo pone de manifiesto en una entrevista con CARF (Centro Académico Romano Fundación) el nuevo obispo de Kalisz, monseñor Damian Bryl, un prelado de 51 años que se formó en España tras doctorarse en la Universidad de Navarra con una tesis sobre el pensamiento de Juan Pablo II con respecto a los laicos.

Polonia no sólo defiende su firme catolicidad sino que se considera un bastión de la defensa de la vida, la familia y la herencia cristiana en Europa. Este posicionamiento le ha provocado numerosos ataques por parte de otros países y organismos internacionales al no querer plegarse al globalismo, la ideología de género y el aborto.

Sin embargo, monseñor Bryl advierte que estas ideologías también hacen mella en los polacos, sobre todo entre los jóvenes. Por ello, explica que aunque los indicadores de religiosidad en Polonia son más alto que en Europa Occidental los obispos “no están muy contentos”.

Estatua dedicada a Juan Pablo II en Kalisz (Polonia)

Estatua dedicada a Juan Pablo II en Kalisz (Polonia),diócesis de Damian Bryl

Tal y como señala, tienen en sus manos estudios que muestran “un aumento de las tendencias de secularización en las generaciones más jóvenes, lo que es motivo de preocupación. Además, la pandemia ha reducido en gran medida la oportunidad de practicar la fe a través de la participación en la Eucaristía o en la vida parroquial. Me temo que algunos de los fieles, después de la eliminación de todas las restricciones sanitarias, que en sí han sido necesarias, no volverán a la Iglesia”.

Pero además, el obispo de Kalisz alerta de agentes anticatólicos con una influencia importante en el país. “En otoño fuimos testigos de graves disturbios sociales de naturaleza principalmente antigubernamental, cuyas causas han sido muy variadas. Lo que es significativo, sin embargo, es que fueron utilizados y dirigidos descaradamente por fuerzas anticatólicas y antirreligiosas que están presentes en Polonia y que son influyentes en el país. La ciudadanía en general estaba consternada por esto, tanto que pronto cesaron las provocaciones antirreligiosas. Lo menciono para que la gente sea consciente de que en todos los países hay movimientos de diversa índole, incluida Polonia, que pueden esperar pacientemente para así aprovechar su oportunidad de provocar, insultar y ridiculizar a la Iglesia y la religión”, reflexiona Bryl.

Yendo a la religiosidad de Polonia, el obispo cree que existen varias razones que lo explican. En primer lugar –agrega- “es la gracia de Dios que el pueblo polaco no ha merecido, aunque hay que reconocer que ha colaborado con ella más de una vez. En nuestra historia polaca tenemos hermosos ejemplos de períodos en los que sentimos la guía de Dios de manera particularmente intensa”.

Para explicarlo expone varios ejemplos: “la decisión de Mieszko I, el gobernante polaco, de bautizar Polonia en 966, el glorioso martirio de San Adalberto y San Estanislao, la renovación religiosa y política bajo Kazimierz el Restaurador quien contribuyó a la completa cristianización de Polonia con la contribución significativa de la Orden Benedictina. También el reinado de Santa Jadwiga, que propició la cristianización de Lituania, las dramáticas circunstancias de los votos de L'viv de 1656 del rey Jan Kazimierz que colocó a toda la nación bajo el reinado de la Santísima Virgen María. Finalmente el difícil momento de los 123 años de ocupaciones durante los cuales la Iglesia fue el único espacio público donde pudimos nutrir libremente la cultura nacional. Y así hasta el siglo XX, marcado por la gracia del cardenal primado Stefan Wyszyński y el pontificado de Juan Pablo II”.

Monseñor Damian Bryl, obispo de Kalisz

En su opinión, la religiosidad de los polacos ha estado enormemente influida por el “destino común de la Iglesia y la nación”. En su historia, Polonia ha tenido –afirma monseñor Bryl- períodos de gran esplendor, pero también de amenaza para su existencia. La Iglesia Católica compartió destino con la nación en su miseria y angustia”.

Concretamente, menciona los 123 años de ocupaciones por parte de Rusia, Prusia y Austria en los que perdieron su condición de Estado. En aquel momento, la Iglesia Católica fue –según explica el obispo- la única institución que resistió y luchó por la independencia, y pudo mantener esa independencia apoyándose en la Santa Sede. Es por eso que la nación polaca sintió que la Iglesia no era una agencia de potencias extranjeras. Lo mismo sucedió durante las guerras mundiales o el régimen comunista. Así, el destino común en la desgracia unió a la nación polaca y la Iglesia Católica, lo que tiene una influencia considerable en la forma actual de la religiosidad polaca”.

Pero además Damian Bryl añade un factor más que consolida esta alta religiosidad. Asegura que “los polacos son una nación familiar, pero de una manera específicamente polaca”.

Para explicar esta afirmación, el prelado de Kalisz señala que debido a lo sucedido en los dos últimos siglos este pueblo ha desarrollado “la convicción de que el entorno familiar es un refugio seguro y de ayuda mutua”.

Monseñor Damian Bryl, obispo de Kalisz

En contraposición y debido a esa misma experiencia, “los polacos desconfían de las instituciones estatales, e incluso de las instituciones sociales o cívicas. Se trata de una desconfianza aprendida resultado del dramático giro de los acontecimientos en la historia de nuestra patria”.

“La familia es el entorno de vida básico de los polacos y la religiosidad juega un papel muy importante en este entorno. La fuerte posición de los abuelos, a quienes a menudo se les confía el cuidado de la generación joven también ayuda a consolidar la religiosidad de los polacos”, añade.

Monseñor Damian Bryl profundiza también en la fuerte defensa de la vida y la familia que caracteriza a Polonia en estos momentos. Él considera que la “batalla última por las almas de la humanidad es la familia”, pues esta institución da al hombre “una experiencia de arraigo”.

“La ausencia de la familia es una gran brecha para el hombre que no se puede reemplazar fácilmente. Así, la familia como entorno fundamental para el crecimiento humano es el último bastión aún no conquistado definitivamente por fuerzas hostiles a Dios, a la Iglesia y al hombre, que buscan romper todos los lazos que unen a la humanidad con Dios Creador, Salvador y Santificador”, añade este obispo polaco.

De este modo, alerta que “la Christianitas en la vida pública ya ha sido significativamente destruida y reemplazada por el concepto de Estado liberal; la Iglesia Católica es blanco de ataques e intentos de burla sin precedentes, y ahora ha llegado el momento de la familia. La ferocidad de los ataques a la familia, y la forma sistemática en que se llevan a cabo, hace necesario ver no solo la mano humana en esto sino también la implicación del espíritu maligno”.

Por otro lado, Bryl se muestra orgulloso de que “muchas iniciativas en defensa de la familia y la vida en Polonia estén conectadas con la fuerte identidad católica de nuestra nación. Me gustaría enfatizar que muchas iniciativas al servicio de la familia no provienen directamente de la Iglesia sino de personas que, refiriéndose a su identidad católica y a la misión bien entendida de los laicos en la Iglesia y en el mundo, hacen todo lo posible por fortalecer la vida familiar y defender la vida desde la concepción”.

Es a continuación –señala- cuando la Iglesia jerárquica “se une a ellos, invitada o solicitada por ellos para apoyar las buenas obras. Estoy muy feliz por esto porque es un signo de la madurez de los laicos y el fruto del legado espiritual del Papa San Juan Pablo II, quien nos educó como miembros de la comunidad de la Iglesia para defender con valentía la familia”.

Puede leer aquí la entrevista íntegra con el obispo Damian Bryl en CARF

J. Lozano / ReL

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sábado, 11 de mayo de 2019

Miles de católicos de países exsoviéticos se citan en Kiev en un encuentro del Camino Neocatecumenal


El encuentro con el iniciador del Camino Neocatecumenal reunirá a miles de personas en Ucrania
El encuentro con el iniciador del Camino Neocatecumenal
 reunirá a miles de personas en Ucrania

Un año después del encuentro del Camino Neocatecumenal con el Papa Francisco con motivo del 50 aniversario del inicio del Camino en Roma, la capital de Ucrania acogerá un nuevo encuentro en el que participarán los países de la ex Unión Soviética y Polonia.
 
Se trata de un encuentro vocacional que tendrá lugar en el “Palaz Ucraina”, este mismo sábado 11 de mayo y que estará guiado por el equipo responsable a nivel internacional del Camino, Kiko Argüello, María Ascensión Romero y el P. Mario Pezzi.
Cuna del cristianismo del Oriente europeo

En el encuentro, tras la presentación de la asamblea, Argüello anunciará el Kerigma, la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Cristo. Después, pedirá que el Señor suscite vocaciones al sacerdocio y a la vida contemplativa e invitará a que las familias que sientan la llamada de Dios a ir en misión en cualquier parte del mundo muestren su disponibilidad.
 
De cara a los horrores del comunismo durante la Unión Soviética, este encuentro será un motivo para dar gracias en esta ciudad “cuna de la cultura cristiana de todo el oriente europeo”, como dijo Juan Pablo II en 2001, por la sangre que han vertido tantos mártires ofreciendo su propia vida por los hombres y el Evangelio.
En el libro "El Kerigma", Kiko Argüello relata su experiencia y explica el nacimiento del Camino Neocatecumenal. Lo puede adquirir AQUÍ
 
Será presidido por Monseñor Vitaliy Kryvytskyi, obispo de Kiev-Zhytomyr, y le acompañarán otros 7 obispos de Ucrania. De ellos, 2 pertenecen a las Iglesias Greco-católicas. Asistirá también el primer secretario de la Nunciatura Apostólica en el país, así como 130 sacerdotes, entre ellos también varios de la Iglesia greco-católica. Se unirán además representantes de otras Iglesias como la Ortodoxa o la Protestante.
 
Entre las autoridades civiles que acudirán al encuentro se encuentran algunos ministros de Ucrania, así como la Embajadora de España.
 
También está prevista la presencia de los seminarios Redemptoris Mater de Kiev, Vinnytsia, Uzhgorod, Varsovia, Talin y Riga; así como de dos seminarios diocesanos de Ucrania.
 
En total, se espera la presencia de más de 4.200 personas procedentes de Moldavia, Georgia, Kazajistán, Estonia, Rusia, Letonia, Bielorusia, Lituania, Polonia y por supuesto, de Ucrania.
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El Papa Francisco presidió en 2018 en Tor Vergata la celebración por el medio siglo de existencia de esta realidad eclesial
Papa Francisco: “El Camino es un don de Dios”
En el encuentro celebrado en Tor Vergata (Roma) el 5 de mayo de 2018, el Papa Francisco afirmó que el Camino “es un don de Dios para la Iglesia de nuestro tiempo”.
 
En numerosas ocasiones, el Santo Padre ha mostrado su apoyo a este carisma, y en concreto a Kiko Argüello, María Ascensión Romero y al P. Mario Pezzi, invitándolos a continuar con su labor evangelizadora alrededor del mundo.
El Camino en Ucrania
El Camino Neocatecumenal en Ucrania comenzó precisamente de la mano del P. Mario Pezzi en 1984, quien fue el primer misionero-itinerante en llevar el carisma a este país junto al P. Janez Bokavsek. Gracias a este pequeño germen del anuncio del Kerigma durante el comunismo, el Camino es en la actualidad una realidad con unos 3.000 hermanos reunidos en 80 comunidades presentes en cada una de las diócesis católicas y algunas greco-católicas de Ucrania. 
 
En el país hay 8 missio ad gentesasí como varias familias en misiónhermanos y hermanas en misión y 3 seminarios internacionales misioneros Redemptoris Mater, de los cuales han sido ordenados ya 12 presbíteros.
 
Por primera vez, estarán reunidos los hermanos de todas las comunidades del Camino de Ucrania.































martes, 26 de julio de 2016

«Cariño, ¿y si metemos 300 peregrinos de la JMJ en el jardín? Serán jóvenes amables y con fe...»


«Cariño, ¿y si metemos 300 peregrinos de la JMJ en el jardín? Serán jóvenes amables y con fe...»
Robert y Malgorzata Wolski son un matrimonio polaco que con la fe venció al alcoholismo
 y hoy viven agradecidos y acogedores



María Martínez, del semanario Alfa y Omega, desplazada a Cracovia para cubrir la Jornada Mundial de la Juventud, cuenta la historia de un matrimonio generoso, Robert y Malgorzata, que ha colocado a 300 jóvenes peregrinos en su jardín, con tiendas prestadas por el ejército y con un sistema de baños y agua aportado por ellos. Pero todo empezó cuando Robert decidió enfrentarse a su alcoholismo el día que murió San Juan Pablo II. Esta es la historia. 


***

A Robert y Malgorzata Wolski les cambió la vida la muerte de Juan Pablo II. Ese 2 de abril, tirado en el sofá mientras su mujer seguía las noticias por televisión, él se dio cuenta de que tenía que salir del alcoholismo que lo había llevado al borde de la muerte. Lo consiguió, asegura, gracias a la intercesión del Papa polaco. La adicción fue «lo que nos acercó más a la Iglesia y el uno al otro».

El jardín y el prado que rodean la casa de Robert y Malgorzata, a las afueras de Cracovia, se convertirá en un pueblo en miniatura. 300 jóvenes alemanes y austríacos llenarán las 30 tiendas militares que el Ejército ha prestado a esta familia.

«Mi empresa de construcción se ha encargado de montar los baños, las duchas, y la cocina» –cuenta Robert a este semanario–. Al frente de la comida estará «mi mujer, con ayuda de una compañía de cáterin».


A su lado, Malgorzata comparte que lo que más los ha movido han sido sus peregrinaciones a Czestochowa con la parroquia de Bolechowiche. «Sabemos que es difícil encontrar alojamiento. A veces, la gente tiene miedo de a quién van a meter en casa. Nosotros, no. Estamos seguros de que van a ser jóvenes con fe y muy amables».

Gracias en buena parte a su generosidad, Bolechowiche, con solo 3.500 habitantes, acogerá a 900 jóvenes, el doble de lo que les pidió la organización.

Una decisión como la de este matrimonio no se improvisa. El coadjutor de su parroquia, el padre Mickal Kania, explica que los Wolski «son muy hospitalarios. Las fiestas de la parroquia son siempre en su casa, y se han implicado mucho en la capilla de adoración prolongada –de 8 a 17 horas cada día– que hemos puesto en marcha como preparación para la JMJ». Robert no le da importancia: «Podemos dedicar tiempo a los demás, no solo a nuestros hijos».

Los Wolski con el padre Michal Kania, su hija Carolina y su hijo Jakub

Cuando eran novios bajo vigilancia 
La historia de su familia, que se fraguó en los tiempos de la caída del comunismo, es como la de tantas otras. Robert y Malgorzata se conocieron en Primaria. Ella venía de una familia de granjeros, y el padre de él trabajaba en la siderurgia.

A finales de los 80, cuando ella tenía 16 años y él 17, «la invité a mi casa, puse música romántica, le pedí que saliera conmigo… Y me dijo que no», recuerda él, riéndose. Un tiempo después, empezaron a salir, aunque «siempre teníamos que llevarnos a su hermano» de carabina. Tras seis años de noviazgo, «nuestros padres nos dijeron: “Todo el mundo habla de vosotros. Casaos, o dejadlo”. Claro, era un pueblo pequeño».

Se casaron en 1994, y unos años después llegaron Jakub y Karolina.

Malgorzata había estado de joven en el coro parroquial y en grupos de oración y Robert había sido monaguillo; pero al principio de su matrimonio su vida de fe se limitaba a la Misa de los domingos.

«Lo que nos acercó más a la Iglesia y el uno al otro –reconoce él– fue mi alcoholismo».

Esta adicción, que había comenzado cuando trabajaba como bombero, lo puso al borde de la muerte cuando sus hijos tenían 7 y 3 años, respectivamente. «Llegué a pesar 46 kilos, y mi hígado no funcionaba. Una vez, me ingresaron con tanto alcohol en sangre que necesité tres semanas, recibiendo transfusiones, para desintoxicarme. Los médicos decían que no había ninguna esperanza».


«Lo que más me ayudó fue la oración»
Robert prefiere que cuente la historia su mujer, que «era la que por aquel entonces estaba sobria y rezando para que Dios me devolviera a ella». Pero «fueron momentos tan duros» que ella, con los ojos húmedos, al principio solo acierta a decir: «Lo que más me ayudaba era la oración».

En seguida se repone, y cuenta cómo el 2 de abril de 2005 todo cambió. Juan Pablo II, el Papa polaco que siendo obispo de Cracovia había visitado su parroquia cuando ellos eran todavía niños, agonizaba. Mientras veía la televisión «recuerdo que pensé que él se estaba muriendo en el Vaticano, y mi marido se estaba muriendo en casa, tirado en el sofá, sin ser consciente de lo que pasaba a su alrededor».

Pero Robert era más consciente de lo que parecía: «En ese momento toqué fondo. Me di cuenta de que tenía que dejar de beber. Y lo conseguí». A partir de ese día, poco a poco, cambió. «Creo que la intercesión de Juan Pablo II le ayudó», confiesa su mujer.

Por eso, tiene un deseo para los jóvenes que van a participar en la JMJ, como sus hijos: «Espero que les ayude a tener fe en Dios y a seguirle, y a creer en el poder de la oración. Es lo que te ayuda en los momentos difíciles».

Lavabos para 300 en el patio de los Wolski

Este verano va a ser muy importante para Jakub, el hijo de Robert y Malgorzata. Antes de empezar la universidad el próximo curso, vivirá su primera JMJ como miembro del equipo responsable de su arciprestazgo.

«Tengo muchas ganas de experimentar el encuentro con el Papa Francisco, que puede enseñarnos a ser más humildes. La jornada es también un momento para hacernos la pregunta de qué es importante en nuestra vida, de qué queremos ser como cristianos». Él tiene dos sueños: estudiar Turismo en la Universidad Juan Pablo II, de Cracovia, para «ser guía en los santuarios de Polonia»; y, el más importante, «ser como mi padre: tener mi propia familia y ser feliz».