miércoles, 10 de agosto de 2016

Aborté a mi hijo y, con él, toda mi vida

Testimonio aportado a Despacho Pro familia: ojalá ella encuentre también alguien que la ayude

Aborté a mi hijo y, con él, toda mi vida

Salí de mi hogar paterno a la universidad, con la idea de que una persona independiente, es aquella que solo se compromete consigo misma, antes que con cualquier cosa. Era mi visión de la mejor forma de conquistar al mundo. Una visión de independencia a ultranza, un valor al que se debían subordinar el resto de los demás valores.

Paradójicamente construía mi vida a base de renuncias y compromisos. Así, renuncie a muchas carreras para estudiar ingeniería, con tal compromiso, que por mi dedicación, pronto tuve acceso al éxito profesional. Igual renuncie en su momento, a un cómodo trabajo en una empresa, por otro más exigente pero mejor pagado; renunciaba muchas veces a dormir ocho horas cuando el logro de una meta lo imponía.Renunciaba y me comprometía cuando las circunstancias coincidían con mi filosofía de conveniencia.

En otros campos en donde no encontraba este sentido de conveniencia: elegía, pero sin comprometerme. Hacerlo así, era para mí era el culmen de la madurez de quien siempre tiene el control de su vida. Eso pensaba.

Esta actitud terminaría costando una vida humana… la de mi hijo.

Mi historia puede lamentablemente no tener nada de original, pero contiene todo el drama de la vida de tres personas, aunque una de ellas no llegara a ver la luz.

Una de esas historias de un hombre y una mujer que coinciden en una “libre relación” sin más compromiso que la simple convivencia para pasarla bien. Ambos coincidíamos en el concepto ideologizante de que independencia es igual a libertad, y libertad igual a la ausencia de compromiso. Los dos vivíamos con un yo exacerbado, individualista, que por supuesto excluía la noción del amor humano como posibilidad de verdadero encuentro personal.

Por descuido, concebimos un hijo. Como distaba de ser deseado, nos referimos a él solo como “el producto de nuestra relación” sin pensar ni remotamente en ponerle nombre y apellidos, pues apareció como una agresión a nuestros respectivos proyectos de vida; un atentado a nuestros interesas vitales.“Algo” no “alguien” que había entonces que reprimir y por ello apelamos a la cultura mediática de términos como: “el derecho sobre mi cuerpo”, “no se trata aun de una persona” “modernidad y libertad”. Conceptos que metimos en nuestras entrañas después de haber vaciado de su verdadero significado a las palabras: persona y justicia. Al hacerlo, lo que realmente hicimos fue vaciar nuestras propias vidas, esterilizándolas, para luego sufrir estúpida y neciamente el resto de nuestra existencia.

El supuesto ejercicio de nuestra “madura libertad” en realidad ocultaba el temor a un compromiso que nos complicara la vida, un temor que nos convirtió en asesinos. Dimos la espalda a la verdad de que el verdadero sentido de la libertad es elegir, y que el elegir establece un compromiso de amor; más que nada tratándose de un hijo, de una nueva vida.

Pensábamos mal y actuamos de la misma manera.

Lo redujimos así a una cuestión por la que habríamos de pasar, por lo que consideramos una mala noche en una mala posada, nada más falso. Actuamos con una pseudo fortaleza que pronto se derrumbó, pues bien sabíamos que ambos éramos cómplices en una maldad por la que nos habíamos animado mutuamente a llegar a la puerta de la clínica con un embarazo ya de semanas, en donde nos cubrieron de tristes eufemismos para comprar nuestras consciencias.

Nos convertimos en cómplices de médicos y enfermeras en un: “aquí no ha pasado nada”.

Pero si había pasado.

Al principio pudimos anestesiar nuestras consciencias hablando del asunto como si nada, fingiendo que lo pasado no nos atañía ni afectaba, pero pronto el sentimiento de culpa se manifestó en ambos con irritabilidad, nerviosismo, desasosiego. Era evidente que mi novia sufría más que yo una perdida en la más profunda intimidad de sus ser personal, y empezó a desesperarse.

Le propuse matrimonio, no por amor, sino en un absurdo intento por resarcirla emocionalmente. Y nos casamos por lo civil.

Teníamos recursos,  así que planeamos unas largas vacaciones en busca de una magia que nos permitiera desechar lo que considerábamos aun un duelo pasajero; una culpa sin fundamento y una situación anecdótica por la que no creíamos necesitar reestructurar nuestro ser espiritual. Pero entramos en un callejón sin salida.

Había sido más fácil sacar a nuestro hijo del vientre de su madre que sacarlo de nuestras mentes y corazones, el tiempo se encargó de hacérnoslo ver. El mal uso de nuestra libertad nos hizo sus reos, pues constantemente nos encontrábamos como anclados en el pasado, sin interés por el futuro y sin ilusión por amar y ser amados; por lo tanto, sin ilusión por otro hijo ante un duelo no resuelto.

Nos obsesionamos por imaginar a nuestro hijo en la edad y características que tendría, de haber nacido; de cómo serían sus facciones, su carácter, su sonrisa, su forma de decirnos que nos quería; y desviábamos nuestra vista cuando en algún lugar público aparecía un niño en el que creíamos ver características semejantes. Con un cada vez más fuerte sentimiento de culpa pensábamos recurrentemente en: cómo no se nos ocurrió esto o aquello, para no haber tomado esa decisión.

Finalmente terminamos culpándonos el uno al otro y nuestra relación no pudo seguir adelante.

Han pasado algunos años, no tengo su dirección, desconozco su paradero.

Espero en Dios que  ella aproveche este año jubilar, para que al igual que yo, consciente del pecado se acerque a la reconciliación. Que encuentre quien la anime como lo han hecho conmigo.

Pienso que la herida aun cicatrizada nunca nos dejara de doler, pero lo más importante es la posibilidad de reconstruir cada uno nuestro ser, y escapar de ese oscuro callejón sin salida.

De volver a la fe.

Redactado por Orfa Astorga de Lira. Máster en matrimonio y familia, Universidad de Navarra.

sábado, 6 de agosto de 2016

Prohíben mitra y báculo en el funeral del obispo de Mindong, ¡y los fieles se los hacen con flores!



Prohíben mitra y báculo en el funeral del obispo de Mindong, ¡y los fieles se los hacen con flores!
El cadáver del obispo Huang, de Mindong, con su báculo y mitra hechos con flore


Vincent Huang Shoucheng, obispo de la diócesis china de Mindong, murió el 30 de julio a los 93 años dejando una comunidad cristiana vivísima y un gran ejemplo como pastor fiel a Roma. 

De sus 60 años como sacerdote, pasó 35 en prisión, campos de trabajo o arresto domiciliario.

De los 90.000 católicos de su diócesis, más de 80.000 pertenecen a la Iglesia clandestina, no reconocida por las autoridades comunistas, con 45 sacerdotes, más de 200 monjas, más de 300 laicos consagrados y cientos de catequistas, según datos de la agencia AsiaNews.

Por el contrario, la jerarquía paralela controlada por las autoridades comunistas, con el obispo oficialista Zhan Silu, apenas cuenta con algunas parroquias y una docena de sacerdotes. 


 A modo de venganza, al morir el obispo Vincent Huang Shoucheng, las autoridades prohibieron que en el funeral se exhibiesen sus símbolos episcopales, que no reconocían: se prohibió que se le velara con la mitra y el báculo. Solo permitieron que visitiese su cruz pectoral y su anillo.

Pero sí dieron permiso para que se le honrase con flores... y entonces fue cuando los fieles colocaron las flores formando una mitra y un báculo de adornos florales. 

Aunque la Policía limitaba mucho los accesos, miles de fieles consiguieron llega a la Catedral local para despedirse de su pastor: unos 3.000 dentro del templo, y otros 10.000 fuera.


Los observadores comparan este funeral con el del pasado obispo, en 2005, monseñor Xie Shiguang.

Hace 11 años, tomar fotografías era imposible. Hoy, con la abundancia telefófonos móviles lo imposible era prohibirlas. En aquel año se prohibió hacer una procesión funeral. Esta vez se ha permitido un cortejo de 20 vehículos. 


Al obispo Huang le sucede Vincent Guo Xijin, de 58 años de edad, que tampoco cuenta con el reconocimiento estatal como obispo y que ya ha estado en prisión en tres oportunidades.

viernes, 5 de agosto de 2016

10 formas de mantener la serenidad y evitar el estrés para reforzar vuestra relación matrimonial


10 formas de mantener la serenidad y evitar el estrés para reforzar vuestra relación matrimonial



La web profamilia de consejos para padres (varones) AllProDad.com ha elaborado una lista de ideas para mantenerse serenos en las dificultades cotidianas de la vida familiar y matrimonial. Aunque se ha redactado pensando en el lector masculino norteamericano, los consejos pueden aplicarlos sin dificultad también las esposas, y en todo el mundo.

El artículo recuerda que el estrés y la presión pueden dañar a la relación matrimonial (y a medio plazo, a toda la familia) pero hay formas eficaces y sencillas de combatirlo, sobre todo si ambos esposos son conscientes de colaborar en ello.

1. Pon siempre a tu cónyuge primero
Todos tenemos muchas cosas agobiantes entre manos, pero a la hora de priorizar, una persona casada ha de tenerlo claro: el cónyuge va antes que todos los demás asuntos.

2. Divertíos
Los esposos han de encontrar momentos no sólo para estar juntos, sino para reírse juntos. Juegos, excursiones, películas, picnics… todo eso ayuda, pero reír juntos es una gran medicina para la relación conjunta.

3. Planificad juntos el tiempo que compartiréis
El tiempo de calidad que comparten los esposos no deben ser ratos improvisados, que al final nunca llegan. La relación matrimonial es la prioridad de un matrimonio. Si hace falta,hay que escribir bien grande “relajarnos juntos” en el calendario familiar.

4. No te agobies por cosas menores
“Cuando sientas los primeros indicios de estrés, pregúntate, ¿de verdad se trata de un tema moral, importante?; si no lo es –y en 9 de cada 10 casos no lo es- déjalo pasar. Que vuestro tema de conversación sean vuestras prioridades. Recordad siempre lo que de verdad importa. Simplificad vuestro estilo de vida. Celebrad lo que aportáis el uno al otro”.

5. Entregaos con generosidad... y juntos
Ayudad en un comedor popular, sed voluntarios en la parroquia o comunidad religiosa, apuntaos en un grupo que ayude a los necesitados, implicaos en causas, juntos. Eso os unirá y os dará perspectiva.

6. Comunicaos con claridad y respeto
Los malentendidos son una gran fuente de estrés y tensiones. Mantén informado a tu cónyuge, y exprésate con amor y buenos modales. 

7. Di la verdad
Quien dice la verdad no se estresa intentando recordar todas las mentiras que tienen que gestionar. Las personas sin secretismos tienen mucho menos estrés en sus relaciones.


8. Abrazaos, tomaos de la mano, tened contacto físico
El contacto físico reduce el estrés. Vale la pena tomar de la mano al cónyuge al pasear, apretujarse juntos en el mismo sofá para ver la TV, abrazarse. Haz el propósito deliberado de expresar tu afecto mediante el contacto físico.

9. En vez de criticar lo malo, céntrate en potenciar lo bueno
En la relación matrimonial, no es muy útil criticar los defectos del cónyuge (o los propios) y es un generador de estrés. Es más eficaz centrarse en potenciar los puntos buenos: alabarlos, suscitarlos, promoverlos, animar a que se empleen más y mejor…

10. Vive con lo que tienes
En algunos países, muchos matrimonios se sobre-endeudan porque intentan llevar un tren de vida agobiante, con gastos y deudas insostenibles. Muchas cosas que causan esa deuda (coches o casas demasiado grandes o caros) probablemente no merecen la pena el estrés que se paga por ellos. De nuevo, el consejo es vivir con más sencillez, centrados en la relación de pareja, no en las cosas.

jueves, 4 de agosto de 2016

El porqué traje 100 pares de ropa interior de Turquía, justo antes del intento de golpe de estado

Una parroquia generosa y un día libre de Lesbos ofreció un interesante y agotador día de compras

El porqué traje 100 pares de ropa interior a Turquía, justo antes del intento de golpe de estado

Edward Mulholland, aleteia
Anteriormente en estas crónicas escribí sobre el cambio de perspectiva generado al distribuir ropa a los refugiados.

Preferirías morir a ponerte eso. Si ir de compras con tu hija adolescente ya es en sí un infierno, no va a dejar de ser tiquismiquis sólo porque esté atravesando un episodio traumático en su vida. De hecho es peor. Se sienta ahí con su mirada fulminante y volviendo los ojos por todo. De todas formas, alguna ropa de la que sacan es de pana, porque toneladas de donaciones son de ropa de invierno. Así que así es el gran día para el que has estado esperando tres semanas.
A medida que continuaba la distribución de ropa, el suministro de pantalones cortos y ropa interior para hombres se redujo hasta cero. Nadie quiere ir por ahí en vaqueros o con cualquier pantalón más grueso durante una semana en la que las temperaturas rozan los 38 grados y donde el único cobijo es una unidad de vivienda para refugiados (RHU) construida por la ONU, con cuatro pequeñas ventanas; visto lo visto, esperaba con impaciencia a que llegara una donación que pusiera remedio a la situación. Mis últimos días clasificando ropa han producido mucha vestimenta de invierno pero pocos artículos útiles hasta el momento.

Después de dos semanas ininterrumpidas de trabajo, ya me tocaba mi primer día libre. La gente de la ciudad hablaba de un bazar en la ciudad turca de Ayvalik, nada más cruzar Mitilene. El billete de ferri para un día, jueves, que parte a las 9 am y vuelve de Turquía a las 6 pm, sale por el módico precio de 6 euros. Para mayor atractivo, no hacía falta visado para un viaje de un día. Así que mi plan era ver si podía obtener parte de la tan necesitada ropa en Turquía.

Mi esposa Valerie ha estado al mando de la retaguardia en Estados Unidos y le pregunté si podíamos hacer circular un mensaje a un grupo de Yahoo compuesto mayormente de compañeros feligreses de la iglesia de San Benedicto, allí en Atchison, Kansas. Calculé que con unos pocos cientos de dólares podría conseguir al menos 50 pares de pantalones cortos, que harían mucho bien a la situación del campamento. Mi alegría fue máxima cuando Valerie me informó de que en dos días se habían recaudado mil dólares. Me sorprendió muy gratamente la generosidad de mi comunidad.
Otra ONG nos ha ofrecido algo más de ropa y se ha prestado a llevarse algo de la ropa de invierno para dejarnos sitio en nuestros contenedores para los artículos de verano. El miércoles fui con otro voluntario al almacén, que gestiona la Fundación Swisscross y, como era de esperar de los suizos, estaba perfecta y meticulosamente organizado. Sin embargo, entre la ropa que habían enviado el miércoles había pocas bermudas o ropa interior para hombre. Luz verde a Operación Turquía.
Durante los 90 minutos que duró el viaje, no pude dejar de pensar en todos los que habían cruzado ese trayecto bajo el abrigo de la noche en una balsa inflable, en especial la familia que no lo había conseguido la noche anterior. Ya a bordo, conocí a una pareja de estadounidenses que habían sido voluntarios en un campamento más grande, el de Moria, dirigido por la policía griega. Con 2.100 residentes (detenidos, porque oficialmente es un centro de detención), las condiciones sonaban mucho peor que en Kara Tepe. Me prometieron ayudarme a cargar con todas las cosas de vuelta al barco si mi misión resultaba exitosa.
A medida que nos aproximábamos a Ayvalik, una encantadora ciudad marítima con unos pinos romanos que contrastaban con los densos olivares de Lesbos, pude ver los minaretes color blanco tiza de la mezquita principal y las robustas torres de una fortaleza construida, indudablemente, para protegerse de los menos bienvenidos visitantes europeos de siglos anteriores.

Soy capaz de descifrar algunos signos griegos, pero el turco es un misterio absoluto para mí. Me limité a seguir a la multitud. Después de unos dos kilómetros, empezamos a serpentear por calles secundarias y el panorama empezó a tomar el aspecto de un bazar, con vendedores ambulantes dentro de una calle cubierta con collagelonas superpuestas que protegía del fiero sol a los vendedores. Había vestidos, pañuelos, camisetas y mucho más colgando de la maraña de lienzos sobre nuestras cabezas. De las mesas brotaban artículos de todo tipo, desde zapatillas Nike hasta chales árabes. Y así durante bloques enteros, quizás diez manzanas o más.

Me detuve a regatear en varios puestos, pero no conseguía que los vendedores bajaran de 35 liras turcas (TL), unos 2,60 euros aquel día, por pantalón corto. Mejor que los precios griegos, pero todavía lejos de ser una ganga. Por fin encontré un vendedor con un gran puesto en el que vendía vaqueros y otros pantalones cortos de un tejido vaquero, pero más fino.

El precio era de 25 TL, pero cuando le dije que necesitaba cien pares, me convertí en su mejor amigo. Acordamos que 15 TL el par, pero insistí en que el pago tenía que ser con tarjeta de crédito. El bazar debe de ser una cosa familiar, porque me llevó a una tienda cuatro puestos a la izquierda y allí deslicé mi tarjeta por valor de 1.500 liras turcas, más una limonada que cerraba el trato.

Seleccionamos una gran variedad de tallas, que colmaron un maletón enorme y otra bolsa grande hasta arriba. Empecé a preocuparme por cómo llevaría todo aquello de vuelta al puerto, porque aquello ya pesaba cerca de 50 kilos y todavía no había terminado con mis compras.

Un vendedor más pequeño me suministró los 100 pares de ropa interior, pero esta vez nada de tarjeta. Tuve que pagar con una mezcla de dólares y euros. Así llené la tercera y última bolsa que tenía.
Todavía me faltaban unas cuantas horas antes de que partiera el ferri, así que hice algunas compras para mí y le confié mi cargamento a mi nuevo amigo Yunus, que lo guardaría bajo los tablones de su puesto. Hay veces en que hay que escuchar al instinto y confiar en la gente.
Cuando volví donde Yunus, después de comprar y comer, había otro vendedor con él que intentaba venderme más pantalones cortos, esta vez pantalones de baloncesto con el logotipo de la NBA. Obviamente imitaciones, pero de calidad decente y con el suplemento de unos bolsillos con cremallera. Me llevé 50 pares, pero rechacé los de color rosa (ellos insistían en que los habían visto en jugadores de la NBA) porque estaba seguro de que los refugiados en Kara Tepe no se pondrían ese color.

Yunus, de 25 años y con unos chocantes ojos azules, me preguntó si era cristiano. Le dije que sí. Él dijo que era musulmán y sacó rápidamente su iPhone para mostrarme imágenes de su reciente viaje a la Meca. “¡Hiciste el hach!”, comenté.

Estaba muy entusiasmado por ello y consiguió expresar que fue una experiencia increíble (¡aunque no mencionó a la mujer que estaba detrás de él en todas las fotos!). A pesar de los casi 38 grados, compartimos un té caliente. Para mí ya había llegado la hora de volver y todavía me quedaba un buen trecho.


Yunus pidió a dos ayudantes que me echaran una mano con las otras bolsas porque yo iba arrastrando la maleta grande, y así nos abrimos camino por el bazar hasta la calle principal donde estaban los taxis.
Les di una propina de 20 TL a cada uno (más o menos lo que me había costado la comida), puesto que, de todas formas, me quedaban billetes turcos y no pensaba que fuera a volver. Se mostraron muy agradecidos.


Success! Edward Mulholland

A mi llegada al puerto, suspiré de alivio al encontrar a mis amigos estadounidenses, que me sacaron de un buen apuro ayudándome a cargarlo todo en el barco de vuelta a Mitilene. Yo iba delante, empujado por la masa de codazos de los cansados compradores, pero tuve que retroceder para rescatar a uno de mis colaboradores porque le habían parado en la aduana y, obviamente, no habría acertado a responder convincentemente a preguntas del tipo “¿has empaquetado tú todo esto?”, “¿te han entregado algo más para que lo transportes?”.

Sin mencionar intentar explicar los cientos de artículos de ropa interior. Los funcionarios de aduanas griegos fueron muy atentos y me contaron que, en circunstancias normales, tendría que pagar un impuesto por las mercancías, pero lo condonaron porque iba para el campamento de Kara Tepe.


Me costó seis euros y 90 minutos. A los futuros herederos de estos pantalones, este mismo trayecto les costó dos mil euros o más y largas horas mortificantes. A algunos les costó la vida.


Mis amigos estadounidenses me llevaron en coche los cuatro kilómetros hasta Kara Tepe y sobre las 8:30 pm dejamos las cosas en el contenedor, donde los que clasifican la ropa nos recibieron con los brazos abiertos, conocedores de la imperiosa necesidad de pantalones cortos y ropa interior.


No creo que vuelva a intentar realizar otro pedido de “adquisición y transporte”. Mi “día libre” fue agotador.


Durante mi turno de noche al día siguiente, las noticias alertaron sobre un golpe de Estado en Turquía y sobre el cierre de los puentes de todo el Bósforo. No tenía claro si los ferris desde Mitilene habían quedado interrumpidos.


Di gracias a Dios porque el bazar hubiera estado abierto el día antes.
Y todo esto para poder dar ropa interior y pantalones cortos a unos cuantos hombres, unos hombres que no sabrán de dónde ha salido esa ropa. Pero Dios sabe que salió de unos generosos corazones en Atchison, Kansas, y de la mano amiga de unos desconocidos.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Vivió la JMJ de Madrid con su novia, la de Cracovia como seminarista, irá a Panamá como sacerdote

La JMJ, un "camino privilegiado" para la vocación al sacerdocio




Son numerosos los sacerdotes que vieron nacer su vocación en una Jornada Mundial de la Juventud a la que acudían sin esa intención, o que la maduraron en ella si la llevaban. 


Es el caso del joven de 32 años cuyo testimonio recoge Vincenzo Faccioli Pintozzi en Asia News:

"La JMJ es un camino privilegiado para la vocación al sacerdocio. Al menos, lo fue para mí. Y todos estos chicos aquí en el Campus Misericordiae para estar cerca del Papa me hacen pensar que hay muchas vocaciones no escuchadas. Tengo grandes esperanzas de que la Iglesia ponga en marcha un plan más funcional para ayudar a los jóvenes a escuchar la llamada, al igual que la tuve durante la JMJ". Luca tiene 32 años, viene de la diócesis de Chieti-Vasto en Molise (Italia) y esta de Cracovia era su segunda Jornada.

Desenlace imprevisto
Durante la primera, Madrid 2010, sintió la llamada al sacerdocio; este es su último año de seminario: "En Panamá en 2019 voy a estar allí, como sacerdote si Dios quiere. Para mí será la última: 35 años en realidad es la fecha límite para ser considerado joven".

En los caminos de la explanada de Brzegi Wieliczka -que hospedó la vigilia de oración y la gran misa conclusiva del Papa Francisco con los jóvenes de todo el mundo- Lucas ve "una imagen muy emblemática. Son tantos los caminos que cada uno tiene... Yo tenía delante algunos hace años. Los senderos no son claros, no se ven dónde terminan, tienen curvas que van en direcciones desconocidas. Pero todos parecen más o menos atractivos a la luz del sol, rodeado de gente hermosa. En este campo seguro que es así, pero por desgracia en la vida no es así".

Él había llegado a Madrid justamente porque "uno de los caminos que seguía en la época parecía prometedor. Pero no fue así. Mi novia, Lucía, me había convencido del viaje porque me veía triste y de mal humor. ‘Vas a ver -me dijo- que todo será más claro'. Durante la vigilia de ese día oí una voz que no podía pasar por alto, y he estado feliz. Que conste que con Lucía", bromea, "quedé en buenos términos".

Ayudar al discernimiento
Ahora asiste al Seminario Mayor, y este año fue ordenado diácono: "Espero, si Dios quiere, llegar a Panamá en 2019 como sacerdote. Me pondría a disposición de aquellos que se enfrentan a muchos caminos, tratando de averiguar si pueden o no llegar a la vida religiosa, pero no sólo esto. Entre esos caminos hay también la misión de laicos o de consagrados, el matrimonio, los hijos, la vida en suma. Me gustaría poder dar mi ayuda porque sé lo que significa no tener bien claro el camino”.

La esperanza de Lucas es que también la Iglesia emprenda un camino de una manera más decisiva a favor del discernimiento vocacional: "Encontré en Madrid centros con gente capacitada, dispuestos y entusiastas; en Cracovia parece ser lo mismo. En Italia no siempre los encargados de la misma tarea han tenido o tienen la misma actitud. Me gustaría que todos entendieran que descubrir finalmente el camino que Dios ha elegido para nosotros es todo en la vida. Es cierto que hay muchos sacerdotes frustrados en el mundo, pero pienso en todas las personas que viven la misma frustración tal vez porque no entendían que podían consagrarse y no lo hicieron".

martes, 2 de agosto de 2016

Ellos hablan de Dios en entrevistas, usan camisetas con mensajes religiosos y hasta desafían a políticos en nombre de sus convicciones

Ellos hablan de Dios en entrevistas, usan camisetas con mensajes religiosos y hasta desafían a políticos en nombre de sus convicciones

hamilton

Pueden ser criticados por burócratas y patrocinadores, pero no dejan de usar su prestigio para anunciar la fe que profesan. Durante competiciones o entrevistas, ellos dedican sus victorias a Dios y lo señalan como la principal motivación para superar límites.
Conoce a los 10 atletas que no tienen miedo de mostrar su religiosidad en público:

Kaká

Foto: Reuters

El jugador brasileño dedica sus victorias y goles en el campo a Dios, a veces hasta con camisetas que vuelven más explícita su fe. Nació en un hogar cristiano, se volvió una estrella en el mundo evangélico, gracias a los frecuentes y valientes testimonios.

Kobe Bryant

Kobe Bryant y familia. Foto: Bigstock

El jugador de baloncesto es católico y ya ha contado en entrevistas que su fe lo ayudó a enfrentar el momento más difícil de su vida. Bryant fue acusado de violación en 2001 y buscó en la religión un apoyo para enfrentar la situación. En ese momento, dijo que un sacerdote católico se volvió su mejor consejero.

David Luiz

Foto: Wikimedia Commons

Otro jugador de fútbol famoso por sus demostraciones de religiosidad en el campo. Él no se avergüenza de poner la mano en la cabeza de los compañeros y orar por ellos en momentos difíciles como en los pénaltis. En 2015, fue bautizado en la Iglesia Hillsong, de París, donde vive, y forma parte del movimiento evangélico Yo escogí esperar, que predica la castidad antes del matrimonio.

Manny Pacquiao

Foto: divulgación

Primer campeón mundial de boxeo en ganar en ocho categorías de peso diferentes, y con seis títulos mundiales en su carrera, el filipino es un cristiano evangélico fervoroso que ha vuelto público su deseo de volverse pastor, y ha incluso construido un templo en su ciudad natal. Pacquino nació en una familia católica, pero se volvió evangélico tras haber oído la voz de Dios en un sueño, lo que lo convenció de que llevaba una “vida descontrolada”.

Vitor Belfort

Foto: reproducción/Facebook

El luchador MMA es evangélico y deja siempre en evidencia su fe, sea en los agradecimientos que hace a Dios tras sus luchas, en el modo de hablar y actuar en las entrevistas que da, o hasta incluso por medio de su pelo. Sí, alguna vez ha optado por un corte de pelo en forma de cruz.

Tim Tebow

Foto: reproducción/Facebook

El jugador de fútbol americano es hijo de misioneros bautistas y nació en Filipinas. Estudió en la Universidad de Florida, donde se volvió quarterback en la época de los estudios, y sobresalió como uno de los mejores jugadores universitarios de la historia. Tras cada victoria, Tim se arrodillaba en el campo y hacía una rápida oración. El gesto se volvió una marca suya y recibió el nombre de “tebowing”. Le gusta citar versículos bíblicos en las pinturas de la cara que los profesionales del deporte suelen hacer.

Clint Dempsey

Foto: reproducción/YouTube

El jugador fue capitán de la selección norteamericana de fútbol que disputó la Copa del Mundo de 2014, siendo el autor del gol más rápido de la competición. Él es católico y contó en una entrevista, que tras la muerte de su hermana de 12 años a causa de una aneurisma, él abandonó a Dios, volviendo a sus caminos años más tarde en la universidad, en un grupo de estudio bíblico. Dijo que la fe en Cristo le da la fuerza para seguir adelante.

Meseret Dejar

Foto: Reuters

La corredora etíope es cristiana ortodoxa y sobresalió en la Olimpiadas de Londres de 2012, cuando al cruzar la línea de llegada de los 5 mil metros, dedicó su victoria a la Virgen María, mostrando a las cámaras del mundo entero la imagen de la virgen con el niño Jesús, que llevó con ella durante todo el recorrido.

Lewis Hamilton

Foto: reproducción/Facebook

El piloto de fórmula 1 es católico y ya dijo en una entrevista que Dios es quien le da sus dones. En sus corridas siempre usa un collar con un crucifijo y reza antes de cada salida. En 2014, fue al Vaticano a conocer personalmente al Papa Francisco acompañado de su entonces novia, la cantante Nicole Scherzinger (foto).

Matt Birk

Foto: archivo personal

Católico y padre de seis hijos, Birk generó noticia en 2013 cuando se rehusó a encontrarse con el presidente Obama tras la conquista del Super Bowl de su equipo, el Baltimore Ravens. Él alegó que las declaraciones de apoyo del presidente a la Planned Parenthood, la mayor red de clínicas de aborto de Estados Unidos, motivaron su decisión. Birk es un militante activo del movimiento provida en los Estados Unidos, que busca revertir la legalización del aborto en el país.

lunes, 1 de agosto de 2016

Amores de JMJ: Sebastián y Agnieszka se conocieron en la de Madrid y dos años después se casaron


Mexicano y polaca han revivido en Cracovia aquellos momentos
Amores de JMJ: Sebastián y Agnieszka se conocieron en la de Madrid y dos años después se casaron
Sebastián y Agnieszka: las JMJ son semillero de vocaciones sacerdotales
 y religiosas, pero también de matrimonios.
ReL
Sebastián Jiménez y Agnieszka Piotrowski, mexicano y polaca respectivamente, se conocieron el 16 de agosto de 2011 durante la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Madrid.


Ahora son marido y mujer y tienen dos hijos. Han vuelto a vivir una JMJ, esta vez en Cracovia, Polonia, la tierra de San Juan Pablo II, a quien también le agradecen por su matrimonio. ACI Prensa contó su historia.

Rumbo a Madrid
Sebastián de 29 años de edad, cuenta que el viaje a Madrid lo hizo solo, acompañado luego por un grupo de la ciudad de León. Ya en España recuerda que llegó a un lugar equivocado y fue auxiliado por una voluntaria africana, algo que consideró un signo porque por ese entonces había pensado en la posibilidad de ir a servir a ese continente.

Agnieszka, Aga como le dice él con cariño, tiene ahora 28 años. En 2011 viajó desde Alemania donde vivía, a Madrid, en medio de algunos cuestionamientos sobre si ingresar a un convento o formar una familia.

Sebastián: pasión madridista
Un día, “después de las catequesis de la mañana y como buen fan del Real Madrid me dispuse a conocer el estadio Santiago Bernabéu. Al salir recordé que de camino había una tienda de equipajes y decidí entrar”, relata Sebastián.

“Ya con la nueva maleta en una mano y en la otra mi inseparable cámara me encontré con un grupo de polacas que estaban haciendo burbujas de jabón. Debo decir que es una de las cosas que más me gusta fotografiar. Dudé en pedirles tomar una foto, pero dejé la vergüenza de un lado y con un pésimo inglés pude conseguir el permiso para realizar unas cuantas fotografías”.

Sebastián narra que el encuentro fue breve pero intercambiaron direcciones de Facebook para compartir luego con ellas las fotografías. Él les regaló un rosario.

Agnieszka: a la espera de una señal
El día de la vigilia en la base de Cuatro Vientos, con dos millones de jóvenes reunidos bajo la lluvia y ante Benedicto XVI, Aga había rezado y le había pedido un signo a Dios: “si ella veía al Papa al día siguiente en primera fila lo entendería como una señal para ir al convento; si lo veía en la segunda fila sería entendido como formar una familia. Al día siguiente se despertó tarde y se dispuso con unas amigas a asearse, después de muchos minutos de espera y querer regresar a su sector, unos policías no las dejaron pasar ya que el Papa se acercaba con el papamóvil. Y fue así como Aga vio al Santo Padre en la fila 2”, recuerda Sebastián.

Ambos volvieron a México y Alemania respectivamente; y un día ella le habló por Facebook. Comenzaron a conversar, siguieron las llamadas por teléfono y después de un tiempo se enamoraron.

Bajo el manto de la Guadalupana
Después Aga tuvo la oportunidad de viajar a México para una peregrinación a la Basílica de la Virgen de Guadalupe.

“Aga no tenía todo el dinero para completar los gastos del viaje pero con la ayuda del padre y una tía pudo realizarlo. Por fin nos volveríamos a reunir, después de tanto tiempo la pude ver y abrazar. Fue al terminar la Misa en polaco en la Iglesia de San Felipe Neri en la Ciudad de México”.


Sebastián cuenta que “el momento culmen fue a los pies de nuestra Madre María de Guadalupe, ahí le pedí que nos guiara en nuestras decisiones y nos abriera los caminos necesarios para continuar juntos. Otro momento emotivo fue poder ver juntos la estatua de San Juan Pablo II que está en la explanada de la Basílica”.

“A él le confiamos nuestra relación, él podía comprendernos bien ya que tiene las dos nacionalidades la polaca por nacimiento y la mexicana por ‘adopción’, así que no nos podía fallar, teníamos la mejor combinación”, recuerda.

La boda, un año de JMJ
En el segundo viaje que Aga realizó a México decidieron casarse. Se casaron en 2013, año de la JMJ de Río de Janeiro. Ahora tienen dos hijos pequeños: Patricio y María Guadalupe.

“La vida no ha sido fácil ni mucho menos en otro país, con otro idioma y cultura; pero esas pruebas nos ayudan aumentar nuestra fe y a saber que Aquel que nos permitió encontrarnos providencialmente, al mediodía ese 16 de agosto, siempre está de nuestro lado y nunca nos deja solos”, explica Sebastián.

Pese a los problemas que tienen y ante los diversos atentados ocurridos en Alemania en los últimos días, ellos viven cargados de esperanza y “echándole ganas” a la familia. Aga está a poco de terminar la carrera de derecho.

Ahora han vivido juntos, cinco años después, una nueva Jornada Mundial de la Juventud "pero de una manera muy especial", evoca Sebastián: "En la tierra de mi esposa y de nuestro intercesor, San Juan Pablo II, ahí donde comenzó todo”, concluye.