Queremos llevar el amor del Hijo de Dios a todos los hombres. Ha permitido que le abran el Corazón con una lanza para que esté abierto para todos. Que el Corazón de Jesús nos ayude a ser sus testigos. Para ello invocamos la ayuda de la Madre de Dios, Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús.
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sábado, 3 de abril de 2021
domingo, 20 de septiembre de 2020
Un corto sobre los mártires de Canet dirigido por un adolescente: «Fueron un modelo radical de amor»
Martín García vendió decenas de bizcochos en la parroquia para financiar el rodaje
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| Martín, con uno de los actores que interpreta a uno de los milicianos que asesinó a los siete mártires de Canet de Mar |
Sólo tenía 15 años cuando Martín García decidió que haría una película sobre los mártires de Canet de Mar, siete jóvenes misioneros del Sagrado Corazón que fueron apresados y posteriormente fusilados por milicianos en septiembre de 1936 cuando huían a Francia del odio anticatólico durante la Guerra Civil. (Puede conocer en profundidad su historia aquí).
Estos mártires ya beatos tenían todos entre 20 y 28 años. Esta juventud y valentía es lo que llamó la atención a Martín, este joven católico que ahora con 18 años ha cumplido su sueño y ha podido rodar y por fin mostrar al mundo su cortometraje, titulado Los siete mártires de Canet de Mar.
Con la mayoría de edad recién alcanzada y como estudiante de Formación Profesional, Martín se empeñó en contar la historia de estos jóvenes mártires para mostrar al mundo su perseverancia y su fe en Dios a pesar del sufrimiento. Para lograrlo se dedicó a vender bizcochos en la puerta de su parroquia para conseguir fondos para comprar el material o a pedir a sus amigos, profesores e incluso a feligreses de su parroquia que salían de misa que participaran como actores.

Martín, dando instrucciones durante el rodaje
El resultado ya está visible. Es un corto hecho con fe y amor, no sólo suyo sino de todos los voluntarios que han participado. Es también una forma de aprender para poder cumplir su sueño de ser cineasta, pero también será una herramienta de evangelización, sobre todo cuando muchos jóvenes ya no han oído hablar de Jesucristo. Sobre todo y mucho más hemos dialogado con Martín en Religión en Libertad:
-Ahora tienes 18 años, aunque empezaste a rodarlo con sólo 16. Cuando otros chicos de tu edad quieren ser youtubers, se dedican a jugar online o estar en las redes sociales tú decidiste contar la historia de unos mártires de hace 84 años. ¿Por qué un chico tan joven como tú decidió hacer esto?
-Me gusta hacer cine desde los 10 años más o menos. Cuando tenía 14 años grabé en el colegio con mis compañeros mi primer corto para la asignatura de inglés. Lo hacíamos durante el recreo. Era algo que me gustaba. Cuando terminé quise hacer otro corto que me aportase no sólo experiencia sino un poco de ingresos también para seguir mejorando. Por eso pensé en hacer esta historia. El plan era presentar el corto al concurso que se organiza en las jornadas martiriales en Barbastro, ganar experiencia y con un poco de suerte ganar el primer premio también. Finalmente, no pude presentar el corto al concurso porque se canceló. Es una pena. Pero después de tantos contratiempos a lo largo del rodaje terminas acostumbrándote.
Vea aquí el cortometraje sobre los mártires de Canet realizado por Martín
-¿Por qué elegiste concretamente la historia de los siete mártires de Canet de Mar, cuando son miles de mártires los que hay de esta época?
Es una historia que leí en la revista Ave María, me gustó y enseguida me puse a prepararla. Me llamó especialmente la atención el hecho de que fuesen tan jóvenes, y su huida por el bosque en dirección a Francia, donde yo viví tres años.
-¿Nos puedes contar a grandes rasgos qué es lo que más te llama la atención de los protagonistas de tu cortometraje?
-Me gusta su valentía. Sintieron miedo como nosotros, pero lucharon contra él y lo vencieron porque no renegaron de su fe. Porque, como escribió monseñor Munilla el otro día en Instagram, “da más fuerza saberse amado, que saberse fuerte.” Ellos se sabían débiles pero muy amados por Dios y en Él pusieron su confianza.
-Supongo que no ha sido fácil cumplir este sueño. De hecho, hemos sabido que vendías bizcochos para poder comprar el material para el rodaje. ¿Cómo ha sido todo este proceso?
-Mi madre y mi hermana me ayudaron mucho haciendo bizcochos. Los vendíamos al salir de misa. Los colocábamos en una mesa y los vendíamos a 5 euros. La gente fue muy generosa, sin conocerme compraban. Yo les explicaba que era para hacer un cortometraje sobre la vida de 7 religiosos que murieron mártires y gracias a ellos conseguimos 800 euros en un verano.

-¿Cómo reaccionaba la gente cuándo se lo explicabas?
- Todos reaccionaron muy generosamente y me animaban a seguir. Recuerdo que un señor me dio un billete de 20 euros y me pidió 2 bizcochos. Cuando le iba a dar el cambio me dijo que no hacía falta. Recuerdo también con mucha ilusión esas señoras mayores que me daban en la mano un montón de monedas, quizás no llegaban a los 5 euros, sin querer bizcocho a cambio, y hasta se disculpaban por no poder darme más. Otras me compraban un bizcocho pero no se lo llevaban, eran diabéticas.
-¿Y de dónde has sacado los actores?
- La mayor parte de los actores son gente de mi parroquia, Santo Cristo de la Misericordia en Boadilla del Monte. Otros son antiguos profesores míos, uno de ellos del colegio Veracruz del que proceden también varios protagonistas del cortometraje, otros son antiguos compañeros míos en dicho colegio. El resto son de Schola Cordis Iesu.
Cuando estuve buscando actores esperaba al final de la misa en mi parroquia para preguntar a la gente que salía y que yo pensaba que lo harían bien si estaban interesados. Muchos de ellos aceptaron con gusto sin conocerme. Cuando lo pienso, me doy cuenta que han sido muy generosos y valientes por dar su tiempo cuando no tenían ninguna garantía de que el proyecto llegara a buen puerto.
-¿Cuál es tu objetivo con esta historia?
-Por un lado mejorar como cineasta, pero dándole también una gran importancia a la evangelización. Me gustaría que este corto lo vieran muchos católicos de España, especialmente para que nos sirva de ejemplo a seguir.

-¿Qué crees que les puede aportar?
- Creo que les puede aportar un poco de conocimiento de nuestra propia historia y tener un modelo a seguir en dar la vida por amor a Dios de forma radical, sin medias tintas.
- Y tú, Martín, ¿Cómo vives la fe en este momento?
Soy el mayor de una familia numerosa católica. Pertenecemos al Apostolado de la Oración, en concreto a Schola Cordis Iesu, fundada en Barcelona en 1925 por el padre Ramón Orlandis, S.I.
-¿Qué es y qué significa para ti Scholas Cordis Iesu?
- Schola Cordis Iesu es una sección del Apostolado de la Oración, es una familia de familias que nos reunimos semanalmente para compartir un rato de formación y la Santa Misa. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús es el pilar y el carisma de este grupo, complementado con la doctrina de Santo Tomás de Aquino, de San Ignacio de Loyola y de Santa Teresita del Niño Jesús.
Soy de Schola desde que nací, porque iba con mis padres. Allí formé también parte del primer grupo de Tarsicios, niños adoradores en el Tibidabo de Barcelona. Más tarde nos mudamos a Biarritz (Francia) por el trabajo de mi padre y seguimos yendo a Schola en San Sebastián. Ahora voy al grupo que hay en Madrid.
Schola me ha aportado y me aporta la formación básica y sólida de un cristiano y la posibilidad de convivir con jóvenes de mi edad con los que compartimos una misma forma de ver la vida, especialmente en los campamentos de verano donde nos reunimos jóvenes de toda España.
Javier Lozano / ReL
Vea también Los 7 Mártires Misioneros del Sagrado Corazón de Canet del Mar - fotos e información
viernes, 24 de enero de 2020
3 sacerdotes Misioneros del Sagrado Corazón asesinados en Guatemala Mártires
El Papa Francisco ha aprobado con firma de este jueves 23 de enero el reconocimiento como mártires de 13 nuevos beatos, entre los que están 3 sacerdotes capuchinos asesinados en Manresa en 1936 y 3 sacerdotes Misioneros del Sagrado Corazón asesinados en Guatemala en 1980. Los otros mártires son laicos asesinados entre 1980 y 1991 por odio a la fe durante la Guerra Civil guatemalteca.
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| José María Gran Cirera, de Barcelona, Misionero del Sagrado Corazón y sacerdote en Guatemala, asesinado en 1980 - la Iglesia reconoce su martirio |
Los sacerdotes Misioneros del Sagrado Corazón españoles en Guatemala en 1980
Los tres misioneros españoles que subirán a los altares como mártires son el barcelonés José Mª Gran Cirera (que nació en 1945 y estudió en el Colegio San Miguel, que sigue muy activo a cargo de la congregación), el navarro Faustino Villanueva (nacido en Yesa, hizo el noviciado en Canet de Mar y trabajó también en Nicaragua) y el asturiano Juan Alonso Fernández (ordenado en Logroño, trabajó unos años de misionero también en Indonesia).
Todos eran parte de la misión entre los mayas quichés de Guatemala. Les asesinaron militares o sicarios ligados a los militares.

José María Gran Cirera, asesinado a los 35 años,
era Misionero del Sagrado Corazón en Guatemala
Un artículo del año 2000 en El País daba detalles del asesinato en 1980 del misionero Gran Cirera, que entonces tenía 35 años. Se había criado en el Ensanche barcelonés y tenía un título de perito industrial. Pero como misionero su vida no era nada urbana ni industrial. Él iba a caballo por las montañas de Chajul y le acompañaba con una mula su sacristán, el laico Domingo Batz, también mártir, para hacer misa en la localidad de Xeixojbitz. En un camino boscoso y solitario recibió 7 tiros el sacerdote y dos su acompañante.
era Misionero del Sagrado Corazón en Guatemala
Un artículo del año 2000 en El País daba detalles del asesinato en 1980 del misionero Gran Cirera, que entonces tenía 35 años. Se había criado en el Ensanche barcelonés y tenía un título de perito industrial. Pero como misionero su vida no era nada urbana ni industrial. Él iba a caballo por las montañas de Chajul y le acompañaba con una mula su sacristán, el laico Domingo Batz, también mártir, para hacer misa en la localidad de Xeixojbitz. En un camino boscoso y solitario recibió 7 tiros el sacerdote y dos su acompañante.
Su primo Juan Picas, desde Barcelona, explicó que cuando el Ejército empezó a reclutar soldados a la fuerza entre los jóvenes de las aldeas de Chajul, el misionero les había presentado resistencia. Las mujeres organizaron una protesta, fueron reprimidas con fuerza desmedida y el sacerdote Gran Cirera les abrió las puertas de la iglesia para refugiarlas. "Aquello fue su sentencia de muerte", explicó Picas. Abrir la iglesia a los perseguidos fue el detonante. Sus restos descansan en Chajul.
A Faustino Villanueva, de 49 años, lo mataron un mes después pero no en una selva lejana ni aislada, sino en su propio despacho parroquial, en la parroquia de Joyabaj, el 10 de julio de 1980, a las ocho y media de la tarde. Dos jóvenes llegaron en una moto grande. Querían ver al sacerdote, diciendo "padrecito, padrecito". La cocinera les llevó al despacho y allí ella fue testigo de cómo le pegaron dos tiros en la cabeza.
"Todo porque ayudaba a los pobres", rememoraba Emilia Villanueva, su hermana, hace 20 años. "Él debía estar amenazado, porque la Embajada les había avisado. Nosotros le decíamos que cómo iba a volver allí . Pero él decía que aquella gente no podía estar sin él. Siempre pensaba en volver, era su misión, su vocación", contaba Juliana Villanueva, la otra hermana de Faustino.
P. Juan Alonso Fernández tenía 48 años cuando lo asesinaron. Ordenado sacerdote en 1960, ese mismo año llegó a la misión de El Quiché. Estuvo unos años en Guatemala, después en Indonesia, y después volvió a Guatemala, escogiendo explícitamente uno de los lugares más duros. Cuando otros misioneros del Sagrado Corazón se vieron en la obligación de dejar sus puestos, él se ofreció para quedarse a atender a sus fieles quichés.

Juan Alonso Fernández en fotos de su juventud, en la prensa al ser asesinado en 1981
Fue asesinado el 15 de febrero de 1981. Unos individuos armados lo asaltaron cuando iba en moto en La Barranca, en la carretera entre Cunén y Uspantán. Lo tiraron al suelo, lo apalearon rompiéndole una pierna y después le mataron de 3 disparos. Dos días antes un grupo de militares lo había llevado a su cuartel para interrogarlo entre amenazas, insultos y burlas soeces. Sus restos mortales reposan en Lancetillo, en la Zona Reyna.
En una carta había escrito: "Yo sé que mi vida corre peligro, no deseo que me maten, aunque tengo algún presentimiento. Pero, por miedo, jamás negaré mi presencia".
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