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lunes, 6 de enero de 2020

4 bellas tradiciones para celebrar la Epifanía con tu familia

Queda todavía mucha Navidad por festejar.
 Aquí tenéis 4 bonitas maneras de recibir a los Reyes Magos
Epiphany CROWN
Todos el 6 de enero celebramos el Día de los Reyes Magos, la fiesta de la Epifanía. (Aquí en el Perú la celebramos el Domingo). La Epifanía es un día santo que celebra la revelación de Jesús a los tres Reyes Magos, hombres muy sabios que llegaron a Belén siguiendo una inusual estrella en el cielo.
Aunque no se celebra igual en todas las culturas, la Epifanía es un día con una larga historia y muchas tradiciones hermosas. Aquí tenéis cuatro que encantan a nuestra familia.

1. Los Reyes Magos llegan a nuestro Portal de Belén 

Es una tradición sencilla. Un amigo llamado Randy aquí en Estados Unidos me contó la historia de cómo descubrió la “llegada” de los Reyes Magos al portal de Belén en Epifanía. Pocos días después de Navidad, se percató que su esposa los había alineado sobre una mesa cercana y no en la escena del portal. Una mañana habían desaparecido y preguntó a su esposa adónde habían ido. Ella le dijo que los Reyes Magos deben avanzar poco a poco cada día hasta la escena en torno al pesebre, hasta que por fin lleguen el día 6.
A los niños en especial les encanta mover a los Reyes Magos. Cada día dan un pasito. A veces se turnan para moverles.
En algunas culturas, como la española, el Día de Reyes es una gran celebración. Es el día escogido por la mayoría de la población para hacerse los regalos de la Navidad. La tarde-noche del 5 de enero llegan los Reyes Magos a las ciudades de España mostrando todo su poderío una cabalgata que llena de ilusión a niños y mayores. En el desfile, camellos, personas de diferentes culturas (los Reyes venían de Oriente) y, para los que no se han portado bien, carbón.
Si no compartes esta cultura, los Reyes Magos pueden traer a los niños un detalle, un regalo que les haga recordar la fiesta que se celebra. También, pueden realizar manualidades en familia como fabricar figuritas de papiroflexia o coronas personalizadas.

2. Roscón de Reyes

El pastel de Epifanía o el roscón o rosca de Reyes, según la cultura, es sin duda lo mejor de la Epifanía porque, bueno, los dulces están deliciosos. La “tarta real” también se come durante el carnaval de Mardi Gras en Nueva Orleans, pero yo prefiero este dulce en Epifanía porque encaja mejor con la estación. 
No estoy seguro de que los Reyes Magos imaginaran que la gente celebraría el aniversario de su agotador viaje a través de un desierto abrasador sacando los dulces y dándose el capricho, pero así ha surgido la tradición y yo estoy encantado con el resultado.
Pero la rosca de Reyes o pastel de Epifanía no es un dulce cualquiera. Oculta sorpresas en su interior. Las sorpresas pueden ser un muñeco, una moneda, una figurita de porcelana o cualquier objeto que pueda esconderse en el pastel. A los niños les encanta la emoción de descubrir qué oculta su porción de pastel, si consiguen arrebatar un pedazo al control de papá.
También hay quien disfruta colmando el pastel con sorpresitas simbólicas para repartir la alegría entre todos. Pero poned atención, porque no es un goce carente de riesgos, ya que si un adulto encuentra la figurita o el haba, le tocará pagar el roscón.

3. La fiesta de la Duodécima Noche

En algunos lugares, como Reino Unido, la fiesta continúa en Epifanía. Mientras en otros países ya cesan las celebraciones tras la noche de fin de año y se dedican a esperar el final del invierno, otros aprovechan la Epifanía como la excusa perfecta para descorchar el champán, calentar un vino caliente especiado (como el wassail inglés) y celebrar con los amigos. En Reino Unido, la fiesta tradicional es la víspera de la Epifanía y se llama Twelfth Night o Duodécima Noche, último día de celebración navideña.
Hay una forma de entretenimiento muy minusvalorada en nuestra era digital: reunirse y cantar a coro. En mi círculo de allegados lo hacemos y aunque nuestras voces no son de lo más melodioso, todo sea dicho, pasamos un rato divertidísimo. ¡Que no paren los villancicos después del 26 de diciembre!
Dejad que suenen durante los 12 días de Navidad y en especial en esta última noche, reuníos para cantar juntos. Para nosotros, el villancico We Three Kings es el éxito asegurado de Epifanía. Si entre vosotros hay cantantes voluntariosos, podéis organizar que cada estrofa la cante una persona diferente para representar a cada uno de los Reyes. Gana puntos extra quien venga vestido con galas reales.

4. Bendición con tiza

La primera vez que me actualicé con los tiempos y empecé a usar los medios sociales, me percaté de que tenía amigos que a principios de enero compartían fotografías de las puertas de sus casas con una fórmula algebraica incomprensible escrita con tiza sobre el marco exterior.
El año pasado, lo que vi fue esto: “20 + C + B + M + 18”. ¡Qué enigma tan delicioso! Pronto me enteré de que no era un problema matemático que todo el mundo dibujaba espontáneamente sobre su puerta en un arranque de histeria colectiva, sino que es una tradición de Epifanía.
El número del año se divide en dos partes y las letras de en medio son las iniciales de los nombres tradicionales de los Reyes Masgos que siguieron la estrella: Gaspar (Caspar en latín), Melchor y Baltasar. Las letras también son el acrónimo de la frase latina Christus mansionem benedicat, es decir, “Que Cristo bendiga esta casa”. El signo ‘+’ representa la señal de la cruz.
Serviría cualquier tiza, pero aseguraos de que la ha bendecido un sacerdote antes. Muchos párrocos ya bendicen una cesta entera de tizas con la llegada de la Epifanía, pero si vuestro párroco no lo hace, podéis acercarle la vuestra y pedirle que la bendiga. Avisadle con tiempo para que pueda encontrar las oraciones apropiadas, pero seguro que lo hará encantado. Una vez estéis en casa ante la puerta de entrada, escribid la marca en familia y recordad que los símbolos representan la presencia del amor y la gracia en vuestro hogar. La tiza termina borrándose con el tiempo o se limpia con la lluvia, pero la bendición se mantiene.
Michael Rennier/Aleteia Francés, Aleteia

miércoles, 21 de noviembre de 2018

7 actitudes que pueden robarle el verdadero significado a esta Navidad (y cómo combatirlas)


Estamos a puertas de empezar el Adviento, tiempo que a todos los cristianos nos debería llenar de ilusión y que deberíamos aprovechar como una época litúrgica especial para crecer en el espíritu. Ciertamente nos ilusionamos, coincide el fin de año, las celebraciones y los eventos de cierre abundan.

Lejos de poder dedicar el tiempo suficiente a nuestro espíritu pareciera que el mes de diciembre se transformara en un huracán de desorden y caos del que parecemos no poder escapar. Algunos se mentalizan y tratan de hacer las cosas lo mejor posible, otros planifican, pero a la hora de la verdad, nada se cumple y diciembre y la Navidad les pasan por encima. Otro tanto cae en el pesimismo y una fiesta de tanta alegría, se vuelve en la disculpa para el mal humor, la tristeza y también la crítica.
En CatholicLink hemos descubierto algunas actitudes que se van presentando año a año y que se acentúan con el paso de la edad, que nos van alejando del verdadero sentido de la Navidad: la alegría y celebración porque «ha nacido el Salvador: el mesías, el Señor». Aquí te las presentamos junto a algunas sugerencia para poder combatirlas. Que este año, el Adviento no te tome desprevenido.

1. Agárrense todos que se vienen las compras

Entre la decoración que cada vez parece ser más elaborada y exótica y los miles de regalos que debemos "hacer", el salir de compras es la actividad más realizada e irrenunciable del mes de diciembre. No contentos con esto, astutamente los genios del marketing han elaborado una serie de eventos en que las "rebajas" y ofertas inundan no sólo los centros comerciales sino también invaden el ciber espacio. Por donde sea, comprar se convierte en toda una obligación y pobre del que no lo haga. Total, Navidad se trata de los regalos o ¿no?
Es verdad que la Navidad merece una celebración especial y que un regalo simboliza, de alguna manera el cariño y la consideración que tenemos el uno por el otro, más si somos familia. Pero en esa compradera loca, nos olvidamos del regalo más grande, aquel que no se compra. Y que además este regalo, nuestro Salvador vino al mundo de la manera más sencilla y pobre posible. Nació en un pesebre, entre animales, hierva seca y suciedad. El tesoro más grande que tuvo (y que trajo) fue el amor. Así pues, antes de que empiece toda este locura, detengámonos un momento a pensar en esto. Es verdad que es una época litúrgica de un atractivo y celebración especial pero no dejemos que la celebración no le gane al sentido. A ser medidos, a considerar a los que no tienen y ejercitarnos en el amor. No necesitamos comprar ¡tanto! A ver si esta navidad nos volvemos creativos y regalamos algo que el dinero no puede comprar, te dejamos algunas ideas aquí.

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Eventos, eventos y más eventos

Empieza diciembre y el calendario parece que en cualquier momento va a entrar en erupción. Desde las reuniones de fin de año en el trabajo, en el colegio, los intercambios de regalos con los amigos, las cenas de solidaridad, las campañas navideñas, el encendido de las velas de adviento, y ¡ay si nos tocan cumpleaños en diciembre! Parece que necesitáramos días de 48 horas. La planificación de la cena, las eternas discusiones de si este año nos toca con tu familia o con la mía. En fin.

Mientras tanto la liturgia nos recuerda que el Adviento es un tiempo de espera. Alguien llega. Cuando esperamos a alguien necesitamos prepararnos debidamente, más aún si estamos hablando del mismo Cristo. ¿Cómo puedo prepararme en este tiempo y hacer un poco de pausa, de oración si ni siquiera tengo tiempo para mí mismo? Hacer un ejercicio de templanza y aprender a decir que no, serán nuestros mejores aliados. No necesitamos ir a todos los eventos, no necesitamos estar de aquí para allá. Qué tal invitamos a nuestros amigos a encender una vela de adviento y nos concentramos en ese momento. Qué tal si dejamos tiempo en calma para la familia y contagiamos de ese amor a todos. No pasa nada si nos perdemos de algunas reuniones sociales si a cambio pasamos un tiempo preparándonos para Dios.

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Mientras más grande el regalo, ¿mejor?

Otra angustia en la que caemos muchos es el tamaño de los regalos. Y cuando me refiero al tamaño ya no me refiero solo a lo físico sino a la cantidad de ceros que adornan su precio. Pareciera que mientras más caro o más grande el regalo, mejor. Como si la medida de mi amor fuera el dinero que gasto en la persona amada.

Es verdad que cuando amamos, cuando alguien es importante para nosotros queremos darle lo mejor que podemos y en ese sentido se puede entender lo del regalo caro. Pero no son pocas las veces en que solo nos enfocamos en el tamaño del regalo, en quedar bien nosotros y no en la persona a la que se lo regalamos. Incluso nos endeudamos y nos hacemos de problemas grandes que al final afectan a todos.Pareciera que valoramos más cómo hemos quedado ante el otro que el bien y la bondad que ese regalo contiene. Y nos pasa al revés que empezamos a valorar el amor que nos dan de acuerdo a la medida del regalo y terminamos exigiendo en lugar de aceptar lo que el otro puede dar.

¿Qué tal si en lugar de regalos materiales regaláramos experiencias de amor? Detalles que hemos hecho nosotros mismos pensando en el otro. Qué tal si regalamos nuestro tiempo, palabras amables, esa ayuda concreta que hace tiempo nos pidieron. Qué tal si vamos sin expectativas, dispuestos a aceptar el amor del otro sinceramente. A veces no solo dejamos la billetera vacía sino también un corazón que lo que más espera es cariño y afecto. El mejor regalo eres tú mismo.


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El espíritu antinavideño

Existe también el otro lado de la moneda. Como respuesta a toda esta celebración frenética y que muchos consideran casi sin sentido cristiano, no falta aquel que se resista o cualquier tipo de celebración. Contribuyendo a que esta no se de con su actitud y mala onda. Aquel que desde el inicio amenaza a no ir a la cena familiar, a pasarla solo en casa o salir de viaje a algún lugar remoto para que nadie lo moleste. Se puede entender la molestia con respecto a las celebraciones exageradas y la pérdida del sentido pero falta ver que esa actitud de enojo y amargura encierra de alguna manera egoísmo y solo se centra en lo que uno siente y espera.

Jesucristo con su nacimiento nos trae el regalo más grande, la vida misma. ¿Cómo podemos negarnos a celebra con nuestra presencia a las personas que más nos aman? Si las fiestas de Navidad se han convertido en un verdadero tormento, ayuda a que se encuentre el sentido. No contribuyas con una actitud de soledad y división. Más bien habla y recuerda con cariño y respeto lo que en estas fiestas necesitamos celebrar y contribuye desde donde de toca a realizarlo. Aprende a manejar tu emociones y contribuye construir un ambiente de unión en tu familia y con los tuyos.

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La nostalgia que nos toma por sorpresa año a año

Otra actitud frecuente y muchas veces incontrolable, es esa nostalgia constante durante las fiestas. La Navidad se ha convertido en el símbolo de la unión familiar. Recordamos nuestra infancia, aquellos tiempos hermosos en los que compartíamos con muchos que ya no están. Recordamos el cariño de nuestros padres, la ilusión de los regalos, los niños que jugaban con nosotros, la fantasía del momento y tantas otras cosas más que ya no volverán. Recordamos a los que han partido y bueno, la nostalgia y la tristeza aparecen. Pareciera que fuera incontrolable. Los desfiles de lágrimas abunda se hacen frecuentes. La gente que se encuentra en situaciones difíciles de pobreza y abandono parece que se sintieran aún más pobres y abandonadas. ¿Qué puedo hacer yo frente a esto?
El papa Francisco ya nos decía un tiempo atrás que la alegría del cristiano es fundamental. Y creo justo cuando la nostalgia aparece necesitamos hacer uso de la alegría de manera urgente . Si nos encontramos tristes y nostálgicos volvamos los ojos a ese niño en el pesebre que nos ha traído la alegría de la vida eterna, de la promesa de reunirnos con todos los que partieron antes que nosotros. Aprendamos a vivir el presente, y enfrentarlo con lo que tenemos al lado. Llevemos la buena nueva a los que sufren, consolemos y acompañemos a los que están solos. A veces el mejor antídoto para vencer a la tristeza es salir de uno mismo y cuidar al otro.

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Nada será lo suficientemente bueno

El perfeccionismo. El perfeccionismo en Navidad crece a velocidades increíble. La decoración tiene que estar impecable, ser la más admirada. La cena tiene que ser la más deliciosa e impresionante. Los vestidos, la música, todo tiene que ser "de primera". Y cuando nos damos cuenta del menor detalle, todo el esfuerzo y "cariño" que se le puso al evento se va por la borda. Ay de aquel que toque el chocolate antes de haber dado permiso a servirse. O de la primera gota que ensucie el mantel, o si tu pequeño osa en ensuciarse aquel vestido que con "tanto" esfuerzo conseguiste. Y ni que decir si te das cuenta que la celebración del vecino estuvo mejor...
Recordemos que la sencillez y humildad fueron las características que marcaron el nacimiento de Cristo. Que el amor, la ternura y la calidez fueron sus primeros adornos. Que la naturaleza entera se conmovió ante tamaño evento. No existirá nunca celebración en la tierra que este a la altura de nuestro Salvador y sin embargo, Dios se conmueve con aquellos detalles que nacen del corazón que ama. Dios no busca perfección, busca que nos amemos sinceramente.

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Al final, lo importante es que la foto salga bien

Entre los adornos, la decoración perfecta, la mesa linda, la ropa adecuada y las fotos perfectas no nos damos abasto. Más vale como se ve que cómo se siente. Qué mejor lugar para exponer "tanta belleza" que las redes sociales. Navidad se convierte en un espectáculo y nos olvidamos del pequeño niño en un pesebre y si aparece seguramente será como fondo a un selfie...
Las redes sociales no son malas por sí mismas, y sin embargo encierran un riesgo grande que es el de vivir de apariencias, de crear falsas imágenes y aparentar quienes somos. Es esta hermosa celebración no nos libramos de esto, pasamos más momentos agarrados de nuestro celular tomando las mil fotos que compartiendo con la familia, mirándonos a los ojos y celebrando el mejor regalo que podamos haber recibido. Recuerda desde ya, que la Navidad no se trata de apariencias, ni de quién sale mejor en la foto, Navidad se trata del amor más auténtico que haya podido existir, deja tu celular de lado y comparte el amor con quienes más aprecias. Sé tú mismo, que tu vida no sea un estado de Facebook.

Silvana Ramos, catholic-link