martes, 20 de enero de 2026

Siempre disponible ¿Cómo librarse del síndrome del camaleón?

motivación vs desmotivación

Siempre de acuerdo, siempre disponibles, algunas personas terminan adaptándose a todo... hasta olvidarse de sí mismas. Este es el síndrome del camaleón

Detrás de esta imagen tranquilizadora de gran adaptabilidad, a veces se esconde una profunda falla: la de no saber ya lo que realmente se desea. Muchos avanzan entonces en modo "piloto automático", ajustando constantemente su actitud a las expectativas de los demás, estando siempre sonriente y disponible. Es lo que los expertos denominan el "síndrome del camaleón".

No se trata de una enfermedad, sino de un sufrimiento silencioso: el de no escuchar ya la propia voz interior. "No es un trastorno, ni un término reconocido médicamente, sino una expresión utilizada para describir ciertas actitudes, una forma de sobrevivir en entornos en los que no es realmente posible ser uno mismo", explica Isabelle Rederstorff, psicoterapeuta y coach de desarrollo personal.

¿Qué hay detrás del síndrome del camaleón?

hombre - triste

Detrás de este síndrome se esconde una estrategia antigua, que a menudo se origina en la infancia. "Muchas personas han aprendido que la seguridad afectiva depende de la capacidad de agradar, de adaptarse, de no molestar e incluso de apoyar. El niño comprende muy pronto que será querido siempre y cuando sea obediente, amable, útil o competente. Sus impulsos espontáneos se dejan de lado para cumplir con las expectativas".

En la edad adulta, esta sobreadaptación se traduce en una sonrisa permanente, una disponibilidad incondicional y una discreta discreción. Son personas que se ríen cuando hay que reír, que ocultan su malestar, que aceptan muchas cosas. Parecen sociables, cómodas, pero por dentro se sienten vacías, con emociones confusas, con la impresión de vivir en piloto automático.

En el trabajo, en pareja, en la amistad, los camaleones se adaptan constantemente.

Viviendo a través de los demás

"A menudo me dicen que siempre estoy dispuesta, que siempre estoy de acuerdo...", afirma Julie, de 34 años, enfermera radióloga. "Pero, en realidad, ya no sé lo que quiero. Incluso en el restaurante, dejo que los demás elijan. Tengo la impresión de vivir a través de ellos, no para mí". En el trabajo, en pareja, en la amistad, los camaleones se adaptan constantemente. Captan las señales emocionales de los demás con extrema delicadeza.

"Es como si tuvieran antenas muy sensibles. Eso les permite ser empáticos, pero les cuesta mucha energía: captan todo... excepto a sí mismos", destaca Isabelle Rederstorff. Pierre, de 42 años y padre de familia, creyó durante mucho tiempo que esta capacidad era una fortaleza: "Pensaba que adaptarme me convertía en una persona fácil de tratar. Pero a fuerza de decir que sí, me agoté. Tenía la impresión de ser un actor permanente, sin quitarme nunca la máscara".

Salir del "síndrome del camaleón"

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¿Cómo salir de este mecanismo? "El primer paso es darse cuenta de que, efectivamente, algo no va bien", subraya la experta. A menudo, el agotamiento o el cansancio son las primeras señales. La clave es entonces volver al cuerpo: "El cuerpo no engaña. Dice lo que está bien o mal, lo que aprieta o alivia. Esta atención a las sensaciones simples —cansancio, deseo, tensión, placer— se convierte poco a poco en un punto de referencia".

Isabelle Rederstorff propone un ejercicio concreto: cerrar los ojos, respirar profundamente cinco veces y luego dejar que surja la pregunta: ¿cómo me siento, aquí y ahora? "No busques una respuesta precisa, simplemente siente. Deja que el cuerpo hable, sin analizar ni juzgar.

Este momento de pausa, aunque sea muy breve, a menudo ayuda a ralentizar y a reconectar con uno mismo". Por último, poner palabras a lo que se ha callado, a veces con la ayuda de un terapeuta, abre una puerta: "Hablar, comprender, permite reintroducir el movimiento allí donde todo se había congelado en la adaptación".

Claire de Campeau, Aleteia

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