jueves, 29 de enero de 2026

¿Sabías que el laico tiene una espiritualidad propia?

 

Iluminados por la Doctrina Social de la Iglesia, podemos precisar que el fiel laico, dado que tiene una vocación y misión particulares, también tiene una espiritualidad propia y auténtica

La palabra ‘espiritualidad’ es utilizada por muy diversas personas, y con muy diversos significados, orientaciones y fines. A primera vista, pareciera que no existe una definición formal y universal; pero mirando más al fondo es fácil encontrar un elemento común y constitutivo: La espiritualidad es la manera en que vivimos la vida a partir de la experiencia con Dios (para los teístas) o con el-lo trascendente (para los ateos).

Entre el universo de espiritualidades, la cristiana es fuente inagotable, auténtica y segura de espiritualidad toda vez que tiene a Dios Hijo como origen y meta. De ella han surgido muchas experiencias de encuentro y seguimiento de Jesucristo que han dado origen a diferentes escuelas y tradiciones de espiritualidad.

La espiritualidad laical

Hablar de una ‘espiritualidad laical’ conlleva una precisión particular que identifica la manera en que los laicos se encuentran con Jesucristo y lo testifican en el mundo; es decir, en la sociedad secular en la que viven, definida esta como ‘índole secular’.

La espiritualidad laical, enseña el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI), “(...) edifica el mundo según el Espíritu de Jesús: hace capaces de mirar más allá de la historia, sin alejarse de ella; de cultivar un amor apasionado por Dios, sin apartar la mirada de los hermanos, a quienes más bien se logra mirar como los ve el Señor y amar como Él los ama” (n. 545).

Características de la espiritualidad laical

La espiritualidad laical, enraizada en la Divina persona y Evangelio de nuestro Señor Jesucristo; posee las siguientes características:

1íntima y activa

“Es una espiritualidad que rehuye tanto el espiritualismo intimista como el activismo social” (CDSI, n. 545).

En efecto, la espiritualidad laical evita la tentación del intimismo que aísla; así como del activismo que priva de la raíz cristiana. La síntesis saludable se puede resumir en una espiritualidad íntima (no intimista) y activa (no activista). Son como las dos alas de un ave que, de manera conjunta y sincronizada, le permiten remontar altos vuelos. 

2integral e integradora

Es una espiritualidad que “sabe expresarse en una síntesis vital que confiere unidad, significado y esperanza a la existencia, por tantas y diversas razones contradictoria y fragmentada” (CDSI, n. 545).

En medio de tantas contradicciones por las que transita el laico –que amenazan con fragmentarlo y dispersarlo–, el laico está equipado para una experiencia espiritual integral e integradora que lo une, lo concentra, lo llena de significado y de esperanza.

3testimonio de vida

Contribuye, desde su índole secular, a la santificación del mundo a modo de fermento que trabaja desde adentro. Para ello es esencial el testimonio de vida como acto primordial que cimenta el anuncio de la Buena Nueva (CfLumen Gentium, 31).

4itinerario cristiano

Se fortalece en el itinerario cristiano: “La adhesión a la Palabra de Dios; la celebración litúrgica del misterio cristiano; la oración personal; la experiencia eclesial auténtica, enriquecida por el particular servicio formativo de prudentes guías espirituales; el ejercicio de las virtudes sociales y el perseverante compromiso de formación cultural y profesional” (CDSI, n. 546).

5Armoniza sus diferentes dimensiones

Es una espiritualidad que armoniza la vida personal, familiar y social con la fe: “En la experiencia del creyente, en efecto, ‘no puede haber dos vidas paralelas: por una parte, la denominada vida espiritual, con sus valores y exigencias; y por otra, la denominada vida secular, es decir, la vida de familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura” (CDSI, n. 546, citando Christifideles laici, 59).

Hasta aquí podría decirse que las características señaladas son más o menos comunes a toda espiritualidad cristiana, lo cual es cierto; pero entonces, ¿qué característica es particular e identitaria de los laicos? Es fácil identificarlo:

6mundo como lugar de encuentro con Jesús

Es una espiritualidad ‘a ras del suelo’ pues tiene al mundo –su mundo: sociedad– como lugar teológico de encuentro y experiencia con Jesús. Por ello, esta forma de vida cristiana es perfectamente compatible con la vida social, económica, política, familiar y cultural en la que vive el laico; y, aún más, no solo compatible sino necesaria y natural a su estado de vida. 

En conclusión, se trata de una espiritualidad que se particularmente se identifica con la Iglesia que vive en el mundo sin ser del mundo (cf. Jn 17,14-16). Ahí, justamente, se realiza el encuentro con Cristo y ahí, también, se testimonia tal encuentro: “a los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios” (Lumen Gentium, n. 31).

Esta relación tan íntima entre el ser laico y ser Iglesia queda manifiesto en el magisterio con aquella audaz y profética palabra del Papa Pio XII:

“Los fieles, y más precisamente los laicos, se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad humana. Por tanto ellos, ellos especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía del Jefe común, el Papa, y de los Obispos en comunión con él. Ellos son la Iglesia (...)”

(Discurso a los nuevos Cardenales, 20 Febrero 1946).

Luis Carlos Frías, Aleteia

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