
Muchos esposos se asustan cuando surgen diferencias: en las emociones, en la forma de pensar, en los hábitos, en los deseos, en la espiritualidad. Las ven como una señal de que no son compatibles o de que se están alejando. Pero precisamente las diferencias son una oportunidad para que Dios nos moldee a imagen del otro.
¿Cómo puede un matrimonio a entender las diferencias como oportunidad?
Uno de los mayores errores que cometemos los cónyuges es pensar que una buena relación es aquella en la que estamos en sintonía, tenemos intereses similares, un estilo de vida y una forma de actuar parecidos.
Pero la verdad es justo lo contrario. Dios nos ha creado diferentes precisamente para enriquecernos, no para destruirnos. Las diferencias nos enseñan a amar de forma más madura y menos egoísta.
Cuando dejamos de esperar que nuestra pareja se convierta en nuestro clon, por fin se abre un espacio para que se convierta en la mejor versión de sí mismo, y nosotros también a su lado.
1ella siente, él resuelve: diferentes lógicas emocionales

La mujer llega a casa alterada por el trabajo. El hombre la escucha durante 15 segundos y ya le ofrece soluciones: "Dile a tu jefe que se aparte. O cambia de departamento".
Ella piensa: "¿Por qué no me escucha? ¿Por qué no me apoya?".
Él piensa: "¿Por qué habla si no quiere resolver el problema?".
¿Qué está pasando realmente?
Ella procesa sus emociones hablando. Él procesa sus emociones en silencio y resolviendo problemas. No es un error. No es incompatibilidad. Es complementariedad.
El camino a seguir:
El hombre debe decir: "Veo que te ha afectado. Cuéntame más sobre ello".
La mujer debe añadir: "Por ahora no necesito soluciones. Solo tu cercanía".
Así, las diferencias se convierten en un regalo: uno aporta estabilidad, el otro sensibilidad.
2Cuando uno necesita orden y el otro espontaneidad
Ejemplo: Ella quiere planear el fin de semana. Él vive según su inspiración: "Ya se verá". Ella se siente sola, como si tuviera que dirigir la familia. Él se siente agobiado, como si no pudiera respirar. Son dos actitudes legítimas ante la vida. Ninguna es mejor que la otra.
De hecho, se necesitan mutuamente: la pareja espontánea aporta frescura, alegría y relajación; la pareja estructurada aporta estabilidad, organización y seguridad.
El camino a seguir:
Acuerden un 50/50: un día planifica ella, al día siguiente él. O bien: el plan básico lo establece la pareja ordenada, y la iniciativa para los momentos de relajación, la pareja espontánea. Dios no quiere que uno gane. Quiere que ambos se enriquezcan.
3Cuando uno lleva el peso de las preocupaciones, el otro no se da cuenta
Muchos cónyuges dicen: "Todo recae sobre mí. Él/ella no se da cuenta de todo lo que hago". Pero a menudo la diferencia no radica en el sentido de la responsabilidad, sino en cómo nos han educado.
Algunos crecieron en familias en las que se hablaba abiertamente de las cosas;
otros, en familias en las que las preocupaciones se llevaban en silencio;
algunos están acostumbrados a pedir ayuda;
otros no saben hacerlo porque no tuvieron ese ejemplo de niños.
El camino a seguir:
Hagan un "repaso de responsabilidades": ¿quién se encarga de qué? Establezcan microrespuestas semanales, por ejemplo: "Esta semana tú te encargas de lavar la ropa y yo de la comunicación con la escuela".
Expresa tus expectativas: no con reproches, sino con verdades sobre lo que ocurre en tu corazón, cómo te sientes.
Cuando comprendemos de dónde proviene la actitud del otro, ya no lo vemos como un enemigo, sino como una persona con su propia historia.
4¿Cuál es el denominador común de todas las diferencias?
Las diferencias se convierten en un problema cuando las vemos como una amenaza. Las diferencias se convierten en una bendición cuando las vemos como un regalo.
Los cónyuges se alejan cuando: piensan que deben ser iguales; una de las partes domina y la otra pierde su voz; interpretan las diferencias como un defecto; defienden más rápidamente sus derechos que su relación.
Los cónyuges crecen cuando: entienden las diferencias como complementariedad; juzgan menos y escuchan más; aprenden a hablar el idioma del otro; permiten que la diferencia los enriquezca.
5Cómo cambiar la perspectiva en la práctica

- En lugar de "¿Por qué eres así?", pregunta "¿Qué te ha enseñado eso?".
La pregunta cambia la dinámica de un ataque a la curiosidad.
- En lugar de demostrar, elige explicar tu mundo interior
"Esas palabras me dolieron porque me recuerdan la sensación de mi infancia, cuando no me escuchaban".
En ese momento, tu pareja ya no ve un "ataque", sino tu corazón.
6Una vez a la semana, elijan una diferencia y disfrútenla
Pregúntense:
¿Cómo nos complementa esta diferencia? ¿Dónde nos ha salvado la última vez? ¿Cómo enriquece nuestra vida precisamente por eso?
Por ejemplo:
Él se mantiene tranquilo cuando ella "entra en pánico". Ella siente lo que él no percibe. Él mantiene el orden, ella mantiene la calidez. Ella cultiva las relaciones, él protege los límites. No son debilidades. Son dones.
Urška Leskovšek, Aleteia
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