
Una comida compartida puede convertirse en un momento tan especial que puede parecerte que ya estás en el cielo. ¿Cómo hacer de cada experiencia en la mesa familiar un banquete para el alma?
1Cuidar los detalles exteriores
Una mesa bien puesta, la actitud,… que todo diga: Dios cuida de ti. Y que se note especialmente los días especiales: fiestas, aniversarios…
2Compartir tareas
Poner la mesa, servir, fregar... Todo cambia cuando cada uno tiene una responsabilidad y se involucra en el proceso.
3Eliminar las distracciones
Pantallas, mascotas... pueden distraernos de compartir las alegrías familiares.
4Oración
Se trata de expresar que en ese momento en que comemos juntos no estamos solos: hemos invitado a Dios y Él ha entrado. En Polonia, por ejemplo, existe la tradición de dejar un puesto libre de más en la mesa, para Dios o para quien pueda llegar. Algunos días especiales también se puede aprovechar el momento de la comida para leer la Palabra de Dios y comentarla. Hay muchas maneras de alabar a Dios en la comida por su Providencia, su sobreabundancia y su creatividad. Bendecir la mesa y agradecer a Dios es ponerle en medio de la familia realmente.
5Servicio mutuo
La mesa es una gran oportunidad para estar pendientes de lo que el otro necesita, desea, prefiere. Muchas obras de misericordia se pueden hacer alrededor de la mesa: escuchar al que está contando algo, dejarle el mejor trozo al otro, dar de comer al hambriento y de beber al sediento...
6Cuidar la conversación
Escuchar y lograr que el otro se exprese es un arte. Para acoger a las personas en la conversación ayuda: hacer preguntas abiertas, evitar discusiones innecesarias y temas que tensen el ambiente, hablar de los sueños, de lo que de cada uno lleva en el corazón…
Seguramente hay otros momentos más adecuados para disciplinar o para abordar conversaciones difíciles. La mesa es un lugar ideal para conocerse, para aumentar la confianza, para cultivar la memoria familiar y contar historias con temas importantes que ayudan a educar. También para descubrir alguna necesidad que requiere una conversación posterior a solas.
7Sacrificios
La entrega generosa para construir hogar -que Cristo aprecia- pasa por servir y cocinar, pero también se expresa en renunciar a comer lo que apetece, postergar algo que estaba haciendo, juntarme con alguien, educar a los pequeños,... Brindar protección y seguridad exige sacrificio porque implica desprenderse de egoísmos y de actitudes infantiles.
8Valorar la sobremesa
Un regalo que España ha dado al mundo es ese tiempo compartido de charla, de agradecimiento, después de comer. Cuando ya no hay platos, hay historias, y en esas sobremesas se construye un nosotros más fuerte.
Patricia Navas, Aleteia
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