
¿Sabías que convives día a día con un pecado que pasa muy desapercibido? Si eres de los que se quejan seguido por pequeñeces o se molestan cuando alguien no hace las cosas de la manera en la que crees que es correcta, entonces capaz te sorprenda saber que convives con el pecado del orgullo o la soberbia.
No notamos que está ahí, pero pesa igual
Así nos lo presenta fray Columba Jordan en su segmento «Little by little» (poco a poco). De una manera un tanto cómica, pero a la vez muy misericordiosa, nos abre los ojos a este pecado que muchas veces pasa inadvertido, pero que puede hacernos miserables.
La soberbia es el pecado capital que nos lleva a jugar a ser Dios, incluso sin darnos cuenta. Sobre todo cuando vives la vida en un tira y afloja con la realidad para que todo vaya en la dirección que quieres y crees que es la mejor para ti. Supuestamente creemos en la voluntad de Dios, pero cuando algo no nos gusta, nos resistimos e intentamos ir contracorriente. Al final, no llegamos a ningún lado ni tampoco crecemos espiritualmente.
Quejarnos es también resistirnos
Aunque no nos guste para nada, decimos que aceptamos lo que Dios quiere para nosotros… pero nos quejamos a viva voz durante todo el proceso. Quejarse es algo muy sutil; incluso se vuelve una costumbre hacerlo todo el tiempo.
Si nos quejamos, no estamos aceptando su voluntad realmente; seguimos en rechazo de lo que nuestro Padre bueno nos está preparando. Y olvidamos que Él quiere lo mejor para nosotros, siempre.
Es verdad, el día a día se vuelve complicado: estás apurado, cansado, atareado. Y es en las pequeñas cosas cotidianas, como tender la cama o lavar los platos, donde la queja se hace presente porque estás molesto y no tienes los recursos suficientes para tomártelo con gracia. Olvidas que Dios está ahí mismo.
Como Marta, que tenía a Dios visitándola en su casa y, en lugar de disfrutar su presencia, se quejaba del desorden que la rodeaba y de la falta de ayuda de su hermana María. ¿Cuántas veces hemos sido Marta y hemos perdido la oportunidad de ser María?
Con la soberbia perdemos el encuentro con Dios
La soberbia nos conduce a la queja y al rechazo de lo que Dios nos tiene preparado. Con esto en mente, fray Columba Jordan nos invita a ponderar día a día: sea lo que sea que te pase hoy, que puedas preparar tu corazón para recibirlo; que puedas recibir la gracia de Dios; que desees su voluntad y no la tuya; que creas y confíes en que lo que te pase será para tu bien.
Si te sumerges en el caudal de gracia que es la voluntad de Dios y, en lugar de luchar contra tu realidad, empiezas a aceptarla… Como cuando se pincha la rueda del auto y no te queda otra que lidiar con ello: en vez de enojarte, aceptas esa realidad e incluso puedes mirarla desde otro enfoque, sonreír, mirar al cielo y pensar: «Seguro me preparaste algo bueno detrás de esto; ¿cuál será la bendición oculta que recibiré si, en lugar de enojarme, lo acepto y lo soluciono incluso con alegría?».
Puedes intentar actuar así, por más difícil e imposible que suene. La verdadera transformación comienza cuando dejas de resistirte y acoges la voluntad de Dios.
Ve de a poco, con las cosas pequeñas: tender la cama, lavar los platos, levantarte al sonido de la primera alarma… Empieza a hacerlas con la expectativa de encontrarte con Dios en ellas. Abre tu corazón con fe; Dios realmente es bueno, realmente está en todo y podrás verlo en todo.
La mirada sacramental y la gracia en lo inesperado
Fray Columba Jordan nos dice que esta es la mirada sacramental del mundo. La mirada católica de que Dios se sirve y se ocupa de todo, pero debemos comprometernos con nuestra fe. Hay gracia infinita en la Eucaristía, pero si no comprometes tu fe, si te mantienes en tu soberbia y orgullo de no aceptar lo que viene del Padre, entonces no podrás aprovechar sus frutos.
Como se menciona en un estudio de Fabio Rosini de 2023 (El arte del buen combate): «La condena de la soberbia es la de ser el camino principal que conduce a la soledad […] es la vía principal del aislamiento». En definitiva, terminas aislándote y quedándote solo, lejos de Dios.
Reconocer la soberbia para vencerla
Pero si, por el contrario, cambias esta actitud y ves todo como un «signo externo de la realidad interna de que todo es una manifestación de Dios intentando llegar a nosotros con cosas buenas», todo cambia.
Si tan solo permaneces con la expectativa de que Dios pueda estar escondido en cada situación fea, lo encontrarás. Porque tu fe está comprometida en recibir la gracia que esta situación te quiere brindar. ¡Porque hay gracia en todo! Él siempre te da la gracia suficiente para cada momento, bueno o malo, si tan solo abres tu corazón con fe para recibirla.
Fray Columba Jordan lo muestra de una forma muy cómica: Dios, ansioso, esperando ser encontrado, tratando de llamar nuestra atención en medio de cada situación. Pero, a veces, sin frutos porque, en lugar de buscarlo, nos ganan la soberbia y la queja.
Si aceptas dejar de quejarte y comienzas a estar expectante de encontrar al Dios vivo en todas las situaciones, lo encontrarás envuelto en ellas, como un regalo. Y será mejor que cualquier otro encuentro íntimo que hayas tenido con Él. Dios nació en medio de un establo, rodeado de animales sucios y malolientes.
Muchos lo esperaban, pero jamás se imaginaron encontrarlo ahí. Así trabaja Dios; esta es su metodología: se esconde en los lugares menos pensados, pero siempre te está esperando. Así que no te distraiga la queja para poder encontrarte con Él cada día, en cada momento.
Chula Rotela, CatholicLink
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