sábado, 31 de enero de 2026

Cómo vencer al ego en las luchas de poder del matrimonio

 

Pareja - discutiendo
Cuando el amor deja de querer ganar y renuncia al orgullo, abraza la humildad que sana. Eligiendo cada día que el amor sea hogar y no un ring para comatir 

Hay matrimonios que se parecen a una casa con dos tronos. Cada quien se sienta en con dignidad herida, y entonces ya no se habla para encontrarse… se habla para vencer. Cuando una pareja se convierte en tribunal, el amor deja de ser hogar y se vuelve campo de batalla por ego. 

Competencia vs. alianza matrimonial

El matrimonio nació para ser alianza, no competencia. "Un nosotros" que no aplasta al "yo", sino que lo vuelve más luminoso. Pero el ego, guardián interno, puede crecer como incendio: empieza como chispa de defensa y termina como humo de control.

Cuando el ego manda, la conversación deja de ser puente y se vuelve muro. Se discute para imponer, se escucha para responder, se ama con condiciones. Las luchas de poder rara vez nacen "por lo que pasó hoy". Vienen de raíces antiguas: carencias no resueltas, inseguridades aprendidas, heridas que quizá ni recordamos, pero que siguen dictando reacciones. 

A veces no es la frase lo que duele, sino el eco que despierta: la sensación de ser ignorado, minimizado, reemplazado. Y ahí el ego levanta su armadura: "Si cedo, pierdo". "Si pido perdón, me humillo". "Si no tengo razón, no valgo".

Ambos contra el problema

pareja-hablando

En ese punto aparece una ilusión peligrosa: creer que controlar es lo mismo que estar a salvo. Entonces surgen actitudes  que desgastan: querer tener siempre la razón, usar el silencio como castigo, guardar resentimientos y reclamos. Se entra en la lógica de “yo contra ti”, cuando lo sano sería “los dos contra el problema”.

El ego, además, suele disfrazarse de amor. Se presenta como "preocupación" y termina siendo vigilancia. Se presenta como "cuidado" y termina siendo posesión. Se presenta como "sacrificio" y termina siendo chantaje. Su voz favorita es: "Si me ama, debería…". Y cada "debería" es una cuerda que aprieta.

Cuando hay baja autoestima, el ego se vuelve hambriento. Necesita ser confirmado, aplaudido, obedecido. Si no lo es, se siente amenazado. Por eso muchas luchas no son sobre dinero o tareas domésticas, sino sobre identidad: "¿Soy suficiente para ti?". Y si la respuesta no llega con claridad, el ego intenta fabricarla con dominio. 

Relaciones asimétricas (tóxicas)

Donde uno domina y el otro se somete. Puede parecer paz, pero es una paz disfuncional. Con el tiempo, esa desigualdad produce resentimiento, tristeza silenciosa y distancia. En su versión más tóxica, el control se vuelve manipulación. No es amor: es poder con perfume.

El cuerpo paga la factura. Las discusiones repetidas activan alarmas internas: sube el estrés, se rompe el descanso, la ternura se vuelve escasa. Por eso el matrimonio no solo se enfría: se enferma. Y donde debía haber refugio, se instala una guerra fría. Pero el ego no se vence con violencia. No se aplasta: se educa. 

Se coloca en su sitio, como se doma un caballo fuerte para que corra a favor del camino y no contra el jinete. Superarlo no significa perder voz ni vivir de rodillas; significa dejar de confundir amor con dominio. Ceder no siempre es rendirse: muchas veces es sembrar.

¿Qué podemos hacer para evitar discusiones innecesarias?

Todo inicia con una decisión interior: dejar de pelear por ganar y empezar a luchar por comprender. Porque el ego ama el resultado; el amor ama el vínculo.

1Autoindagación honesta

No la que busca culpables, sino la que busca raíces. Pregúntate: ¿qué estoy protegiendo cuando me cierro? ¿qué miedo se esconde detrás de mi necesidad de tener razón? ¿qué herida se activa cuando necesito controlar? Esa conversación contigo mismo desarma el conflicto antes de que estalle. Te vuelve humano. Y lo humano abre puertas.

2Fortalecer el amor propio sin convertirlo en egoísmo

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Cuando uno se valida por dentro, deja de exigirle al otro que cure lo que solo el alma puede trabajar. Un matrimonio no es una muleta emocional: es una danza. Dos personas completas que eligen caminar juntas.

3Empatía como arte

El ego solo mira su espejo; la empatía mira el rostro del otro. Cambia el lenguaje del combate por el lenguaje del encuentro. En vez de acusar, revela tu experiencia: “Me siento herido y no sé cómo expresarlo sin defenderme”. Cuando alguien se atreve a mostrar su vulnerabilidad, el amor tiene oportunidad de volver.

4La gratitud

La gratitud no niega los problemas; los coloca bajo una luz más amable. Agradecer lo cotidiano, reconocer lo que sí funciona, decir “gracias por estar”, abre una ventana donde solo había pared.

ksanchez, Aleteia

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