
Somos una Iglesia en salida, por lo tanto, es necesario crecer en comunidad, lo cual implica esfuerzo, constancia y mucha sinceridad con Dios y con nosotros mismos. Sin embargo, pueden llegar a existir algunas actitudes perjudiciales en las que una mujer puede caer pero que se pueden evitar.
Vivir la fe implica hacernos humildes y escuchar la voz de Dios para saber lo que realmente nos pide en la Iglesia. Las mujeres, desarrollan un papel importante, por lo que vale la pena analizar algunas actitudes peligrosas que pueden afectar la manera en que vivimos expresamos la fe con los demás. A continuación te mostraremos algunas de las actitudes que puedes evitar y dar un buen testimonio de fe.
1Llevar una doble moral

Esta primera trampa es muy peligrosa, ya que nos podemos ver envueltas en una actitud que cambia dentro y fuera del templo. Evitemos que la vanidad y la falta de empatía se apoderen, abriendo paso a una actitud aparentemente amistosa, pero al salir comienza la crítica y la ofrenda hacia los demás.
2Actitud de chisme
Muchas veces el morbo puede ganar, permitiendo que los chismes se esparzan a modo de una aparente “preocupación” por la persona; o bien, a través de rezos en voz alta, por lo que debemos tener cuidado y evitar compartir información sobre los demás. Ya que esto solo creará juicios y división entre la comunidad.
3Modelo intachable
Otra de las actitudes en las que podemos caer es en la de la figura perfecta. Se muestra una apariencia virtuosa y se busca ganar el cariño de los demás mediante obsequios o aparentes actos de bondad.
4Actitud de realeza
En esta trampa, podemos encontrar una actitud en la que busca reconocimiento al servir en la Iglesia, así como también se puede caer en la tentación de ser el centro de atención.
5Maniobras trianguladas
Cuando se cae en esta peligrosa trampa, puede haber una aparente preocupación genuina hacia los demás, mientras que de manera inconsciente crea división en lugar de unión, alejando a personas de la comunidad.
María como el mejor modelo para las mujeres

Basta con solo ver a María y comenzar a imitar sus admirables virtudes. Por lo tanto, si queremos evitar caer en estas peligrosas trampas del maligno para generar discordia dentro de la comunidad de la Iglesia, podemos acercarnos confiadamente a María para perseguir sus glorias, como lo llama san José María de Ligorio, siendo ella la más virtuosa.
Su ejemplo, no solo ayudará a las mujeres dentro de la Iglesia, sino también en la vida cotidiana, es decir en la familia, en el trabajo y en el cuidado del hogar y de los hijos.
San José María de Ligorio presenta a María en su obra Las Glorias de María, como aquella mujer profundamente humilde, mostrándose pequeña ante Dios y haciendo en todo momento su voluntad. No obstante, también destaca que "María fue más grande por su humildad que por su maternidad divina".
Karen Hutch, Aleteia
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